Cuadernos del Hipogrifo. Revista de Literatura Hispanoamericana y Comparada






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Cuadernos del Hipogrifo. Revista de Literatura Hispanoamericana y Comparada

ISSN 2420-918X










JUAN REJANO, EDITOR DE REVISTAS CULTURALES EN EL EXILIO
Iliana Olmedo

(El Colegio de México–CONACYT)
Resumen. La actividad de Juan Rejano en la edición, realizada durante décadas, supone una importante aportación al desarrollo de la cultura en México, ya que su perspectiva revolucionó el concepto de suplemento cultural. Las publicaciones que coordinó muestran a Rejano como un ejemplo inmejorable del acercamiento gradual de los exiliados al entorno de llegada. A través de las distintas publicaciones en las que fue director o codirector, se identifican los paradigmas editoriales comunes entre ellas, su posición frente a la situación española y la presencia que tuvieron en México. También se analizan las ideas de difusión y de publicación periódica de Rejano; en el otro lado, se perfila la línea editorial de estas publicaciones respecto a las dos áreas que a Rejano preocupaban más: la creación poética y la política, para, en último término, determinar la participación de Rejano, como exiliado, en la configuración del campo de producción cultural y del canon literario mexicano.
Abstract. Juan Rejano’s publishing activity, carried out during decades, signify an important contribution to Mexican cultural development, because his work transforms the concept of cultural supplement. Rejano is a major example of the gradual approach of the Spanish exiles intellectuals to Mexico. These publications, where Rejano was the editor or the co-editor, show different paradigms that allow us to identify their position towards to Mexico and to Spain. Lastly, this paper determines Rejano’s participation, as exiled, in the configuration of the field of cultural production and in the canon of Mexican literature.
Palabras clave. Juan Rejano, Suplementos Culturales en México, Revistas de Exilio, Revistas Culturales en México
Keywords. Juan Rejano, Mexican Cultural Supplements, Exile Magazines, Cultural Magazines in Mexico

Las actividades de Juan Rejano1 en la edición comenzaron durante los años previos a la guerra en la madrileña Cenit, de la que llegó a ser «secretario literario» (Giménez Siles R. 1974: 28). Mientras que en el periodismo desempeñó funciones directivas en el diario El Popular (Aznar M. 2000: 11), de Málaga, y en el cordobés Amanecer. También fue redactor de las revistas Postguerra, La Gaceta Literaria, Nueva España, Revista Popular y Sur (Giménez Siles R. 1974: 28). Junto con José Moreno Villa, Emilio Pardos y Manuel Altolaguirre, editó la malagueña Litoral (1926-1927 y 1929). En los años de la guerra Rejano participó de manera activa «en el periodismo» (Hernández A. 1990: 340), en la elaboración y factura de los medios de difusión del PCE, como Frente Rojo, incluso cuando se reducía a una página. Durante el trayecto de España a México, Rejano «llevó la dirección literaria» de la última entrega del boletín que compartía el nombre del buque que lo transportaba: Sinaia. Diario de la primera expedición de republicanos españoles a México (1939). El propósito del boletín consistía en informar a los exiliados acerca de los pormenores de su nueva situación y aclarar dudas sobre México. También notificaba sobre «Lo que pasa en el mundo» y «Lo que pasa abordo». La hechura del boletín, formado únicamente por dieciocho entregas –una por cada una de las semanas que duró el trayecto– en ciclostil,2 muestra las habilidades de Rejano para organizar con pocos recursos un medio de difusión eficaz, que diera noticia, informara y al mismo tiempo brindara datos esenciales –históricos, sociales, cotidianos– acerca del lugar al que llegarían los exiliados y la circunstancia que dejaban atrás. Desde estas cuartillas se perciben las facultades periodísticas de Rejano, un editor capaz de conjuntar y coordinar colaboradores diversos, propuestas y puntos de vista. Muestran su idea del periodismo entendido como herramienta de comunicación.

Este estudio traza el perfil de Juan Rejano como editor en México a través de las distintas publicaciones en las que fue director o codirector; a partir del discurso de cada una se identifican los paradigmas editoriales comunes entre ellas, su posición frente a la situación española y la presencia que tuvieron en México. Analiza también su línea editorial respecto a las dos áreas que le preocupaban más: la creación y la política. Para, en último término, determinar la participación de Rejano, como exiliado, en la configuración del campo de producción cultural y del canon literario mexicano.


  1. Otras revistas culturales


La labor editorial de Rejano se inserta dentro de dos escenarios, por un lado están las publicaciones literarias de autores mexicanos que no representan un conjunto cerrado y en las que, de hecho, colaboraron varios exiliados españoles. Por ejemplo, la revista encabezada por Octavio Paz, Taller (1938-1941), en la que figuraron ciento dos colaboraciones de las cuales «cuarenta y tres o fueron firmadas por españoles o trataron temas españoles» (Sheridan G. 1995: 294 y Núñez C. 2012: 73) o Rueca (1941-1952), impulsada por mujeres, entre ellas, la exiliada Ernestina Champourcín (Urrutia E. 2006: 367-85). También estaban activas las dos revistas dirigidas por Octavio Barreda, a quien Rejano consideraba «un espíritu abierto a todos los aires que pueden hacer de su patria un país ensamblado en la cultura universal» (Rejano J. 1947a: 3): la variopinta El Hijo Pródigo (1943-1946) y la gaceta Letras de México (1937-1947). En ambas colaboraron varios exiliados españoles. También apareció en esos años Cuadernos Americanos (1942-), que incluía a mexicanos y españoles en su dirección: Jesús Silva Herzog y Juan Larrea. Esta revista era heredera directa de España Peregrina (1940) y compartía su posición ideológica respecto a América. España Peregrina (1940), formada únicamente por ocho números, dirigida por Juan Larrea, José Bergamín y Josep Carner y órgano de la Junta de Cultura Española, se concentraba en la crítica y el ensayo principalmente, sobre todo en aquellos que analizaban la situación de España, valoraban el destierro y discutían el estado de las artes. Aunque también tuvo cabida la poesía. De acuerdo con James Valender y Gabriel Rojo, «Si bien España Peregrina (1940) dio voz al espíritu combativo de los republicanos españoles en la primera hora de exilio, la transformación (o transfiguración) de esta revista, a partir de 1943, en CA, reflejó, en efecto, un deseo por parte de buen número de dichos españoles de ubicar preocupaciones ideológicas y culturales dentro de un ámbito, ya no sólo español, sino hispanoamericano en general» (Valender J. y Rojo G. 1999:18). Otra revista que apareció en ese momento y en la que publicó principalmente su círculo editorial fue Tierra Nueva (1940-1942), donde conjuntaron talentos Alí Chumacero, Jorge González Durán, José Luis Martínez y Leopoldo Zea. Su existencia fue breve y terminó su ciclo al comenzar los años cuarenta.

En este panorama diverso y utilizando sus bases, Rejano crea sus propios proyectos de difusión. Desde su llegada a México se vinculó con publicaciones periódicas, en revistas primero: Romance (1940-1941), Ars (1942), la nueva versión de Litoral (1944), Ultramar (1947), y, más tarde, en el suplemento cultural del diario El Nacional, la Revista Mexicana de Cultura (1947-1957 y 1969-1975). Muchas de estas publicaciones tienen una intención política clara y otras la mantienen subyacente o al margen, pero el denominador común entre ellas es la preocupación constante por analizar aspectos de la cultura española.

La actividad editorial de Rejano sigue dos líneas definidas: la integración con el medio cultural y la iniciativa de promoción tanto de sus compañeros exiliados como del pensamiento de estos respecto a España. Ambas vertientes aparecen en las obras que publica al comienzo del exilio –La esfinge mestiza. Crónica menor de México (1945) y El Genil y los olivos (1944)– y en los temas que trata en su columna semanal de El Nacional, a lo largo de las casi tres décadas que la mantiene. De esta manera, la actuación editorial de Rejano siempre intenta vincular a exiliados y mexicanos, así como presentar las ideas antifranquistas que dan sentido al exilio.

Las tres primeras revistas que promueve Rejano surgen en el marco de la Segunda Guerra Mundial, donde la expectativa del regreso a España y la posibilidad de intervenir como intelectual en el panorama sociopolítico marca la actuación de los escritores en el exilio. En los años cuarenta los exiliados se enfrentaban a la destrucción de Europa, que lleva en la misma medida a la idealización como a la exploración de América; en la década siguiente, la propuesta cambia a la reconstrucción de Europa en medio del contexto de la Guerra Fría. Esta transformación provoca la mutación de intenciones. El exilio se prolonga y, al no mostrar señales de fin próximo, los exiliados concluyen que las tareas en contra de Franco deben realizarse desde ahí, pensarse desde la distancia y a partir de la propia trinchera. Surgen estrategias de acción para actuar desde el exilio y, puesto que se trata de escritores, una de las mejores palestras serán las revistas, en principio de fácil elaboración y, sobre todo, movilidad. Sin embargo, la duración de todas las que Rejano planeó fue breve debido a la falta de financiamiento, esto demuestra que este tema no era menor cuando se hablaba de hacer revistas de cultura y que incluso influía en la línea de la publicación.

Rejano, junto con otros intelectuales, planea publicaciones en las que se presente al gran público el trabajo que los españoles realizan y la cultura de la que provienen. Aquí se sitúan Romance, Ars, la RMC e incluso Litoral (aunque en este proyecto solo contribuyeron exiliados españoles). En el otro lado, Rejano participa en la elaboración de espacios donde se discute el estado de las cosas en ultramar y que analizan las condiciones que pueden permitirles el regreso. Son revistas de índole más política que literaria, en su mayoría asociadas al Partido Comunista, como Nuestro Tiempo (1949-1953)3, donde formó parte del consejo de redacción. También fue vocal de la Unión de Intelectuales Españoles de México y participante activo del Boletín de información de la UIE (1956-1961), que se proponía servir de lugar de encuentro para los intelectuales españoles esparcidos alrededor del mundo. Rejano colaboró, «con distintos grados de responsabilidad» (Aznar M. 2000: 16), también en: España Popular (1940-1968);4 España y la Paz (1951-1955), y Nuestras Ideas (1957-1961).5 Y publicó textos en revistas dirigidas al núcleo exiliado y dedicadas a discutir España, entre ellas, Las Españas (1946-1950; 1950-1956); Nuestra Bandera (1940-1944) o Mujeres antifascistas españolas (1946-1950).

En los años cincuenta la apuesta de las revistas culturales se traslada a la aceptación de la cultura europea y a una propuesta de paz mundial. Para la década siguiente, se piensa más en incidir en el entorno mexicano y en buscar vías para la convivencia, manteniendo, por supuesto, la idea del regreso a corto o mediano plazo y, por tanto, la preocupación por España. De esta manera, la trayectoria de Rejano en el mundo de la edición de publicaciones periódicas sufre un desplazamiento gradual, de un primer objetivo (en la década de los cuarenta) de acción en el espacio español pasa a uno hispanoamericano (en los cincuenta) y finalmente aborda el mexicano (en los sesenta y setenta). Esto demuestra, como afirma Francisco Caudet, que «Los proyectos culturales y editoriales de los exiliados fueron mexicanizándose» (Caudet F. 2006: 25).



  1. La idea de difusión de Juan Rejano


Juan Rejano considera a la difusión una de las tareas ineludibles del intelectual, cuya misión implica también incidir en el conocimiento político y moral del lector, informarlo de la situación social, darle herramientas para juzgarla y explicarle su papel en ella. Al salir de España, Rejano continúa la labor editorial que había comenzado durante la preguerra al coordinar el diario Sinaía. Su papel consistía en organizar los contenidos, revisar los textos y ordenarlos. Explica: «Tracé el plan, reuní a los escritores, periodistas y pintores que venían a bordo y, después de discutir mi guión, cada uno aceptó la responsabilidad de llenar unas páginas» (Rejano J. 1967: 1). Este diario cumplía un papel plenamente informativo, por un lado, testimoniaba las actividades cotidianas, la ubicación del buque, las novedades y, por otro, exponía en breves textos las condiciones y situación de México, como «Las ideas del presidente Cárdenas», publicado en el segundo número. Además de que se reflexionaba acerca del pasado y de la inevitabilidad de volver y al mismo tiempo de olvidar a España.

En el boletín Sinaía (1939) quedan expuestas las ideas que los exiliados tenían de México y qué esperaban del país que en esos momentos les resultaba por completo desconocido. No por nada es en sus páginas donde se publicó por primera vez el conocido «Entre España y México» de Pedro Garfias que fue una suerte de condensador de los sentimientos desatados tras la partida y de las expectativas frente a México, lugar en el que se esperaba lograr la armonía entre exiliados y mexicanos. De esta manera, señala James Valender, «Todo en México, el poeta está seguro, va a coincidir con los valores que él mismo ha defendido como republicano durante la Guerra Civil» (Valender J. 2007: 31). Además de que promueve una transformación de la imagen del español que va a América. Como ha demostrado Francie Cate-Arries, los exiliados asignan una nueva connotación a la palabra conquista y conquistador, por un lado le dan el sentido de liberar a España del franquismo6 y, por otro, «serves to invert the tradicional positions of Spanish Conquered and Mexican Conquered» (Cate-Arries F. 2000: 235), como sucede también en los versos finales del poema de Pedro Garfias, «Pero eres tú, esta vez, quien nos conquistas,/ y para siempre, ¡oh, vieja y nueva España!» (Garfias P. 1939: 19). Cambiar este significado se plantea como uno de los principales objetivos de los refugiados, que buscan redefinirse frente a los mexicanos, creando una nueva identidad de españoles-refugiados opuesta a la de español-viejo residente. Explica Francisco Caudet al analizar el número doble (8 y 9) de España Peregrina (1940) dedicado a conmemorar el 12 de octubre, «de esa España renegaban, dando fe de su solidaridad con los intereses espirituales de América, sobre los que, por su calidad de intelectuales, podían actuar» (Caudet F. 1977: 67).



  1. Grado de integración


El primer proyecto editorial en el que Rejano se implicó en México fue la revista «popular e hispanoamericana» Romance (1940-1941)7, cuyo primer número apareció en febrero de 1940 gracias a Rafael Giménez Siles, fundador de la conocida Compañía Iberoamericana de Publicaciones (CIAP), editor de revistas como El Estudiante y Post-guerra en el Madrid republicano y dedicado promotor cultural (Montero E. 1974: 8) con quien Rejano ya había trabajado durante los años previos a la guerra. De acuerdo con Francisco Caudet (Caudet F. 2000: 138) el Boletín Informativo de la editorial Cenit «es un claro antecedente más de la revista Romance», en el que habían colaborado Rejano y Giménez Siles. La idea era elaborar una revista quincenal de alcance iberoamericano que diera cabida a la crítica y el ensayo. Rejano explica su aspiración en 1956: «En ella logramos reunir a los mejores escritores de México e Hispanoamérica, juntamente con los españoles que habían salido a la emigración. No hubo discriminaciones. No nos movió un criterio de grupo ni de capilla» (Rejano J. 1956: 10).

La revista Romance tenía como guía de trabajo la integración, «Abogaba por una comunidad de lengua que superara los límites que imponen las fronteras nacionales» (Caudet F. 2000: 136) y promovía el acercamiento de intelectuales de distintas geografías. De hecho, el nombre de la revista provenía de la idea de unidad lingüística del romance. De acuerdo con Teresa Fèrriz, esta revista es indispensable para comprender el inicio «del proceso de aculturación del exilio español en México» (Fèrriz T. 2003: 327), aunque una de sus principales preocupaciones era la discusión de España desde el exilio como forma de establecer un vínculo con el pasado y afirmar su deber de intelectuales comprometidos con el presente. Esta revista se publica mientras el conflicto en Europa está en pleno desarrollo, de ahí que tanto la discusión de la Guerra Civil y sus consecuencias como el conflicto armado europeo sean uno de los principales temas de discusión en la revista.

Debido a las discrepancias que surgieron entre el grupo que financiaba y los editores, los exiliados se deslindaron del proyecto. El comité de redacción que secundaba a Rejano estaba formado por exiliados: Miguel Prieto, Lorenzo Varela, José Herrera Petere, Antonio Sánchez Barbudo y Adolfo Sánchez. La diagramación corrió a cargo de Miguel Prieto. Romance contaba con el patrocinio de EDIAPSA, que tenía financiamiento del gobierno mexicano (Santonja G. 2003: 59). Era una compañía de edición bajo la regencia de Rafael Giménez Siles y que seguía el modelo de la Compañía Iberoamericana de Publicaciones (CIAP). Debido a las exigencias comerciales de la empresa, su relación con los editores se hizo cada vez más difícil y Rejano y su consejo abandonaron el proyecto en el número 16 (septiembre de 1940). A petición del grupo financiador, Martín Luis Guzmán se haría cargo de la nueva época, que solo duraría hasta mayo de 1941.

A partir de ensayos filosóficos, históricos y literarios, reseñas y creación en prosa narrativa y poética, ilustrados con obra gráfica, Romance defendía una cultura humana, que tuviera efecto sobre el hombre. Alejada del discurso del arte por el arte que había caracterizado la cultura española en los años previos a la República y había ejercido una influencia considerable en México, la literatura que aparece en la revista busca el diálogo con el lector. Entre las firmas frecuentes se encuentran mexicanos: José Revueltas y Ermilo Abreu Gómez y exiliados: Luisa Carnés y Paulino Masip. Esta idea se vinculaba directamente con el proyecto de difusión de Rejano, que la consideraba una labor ineludible del intelectual y que marcará todos sus proyectos editoriales. Aunque algunos de estos sufrirán algunos le darán mayor o menor importancia dependiendo de los patrocinadores, los colaboradores o el consejo de redacción, pero la intención subyacente siempre será llegar al pueblo. Así lo expresa Rejano en el número 7 de Romance: «el hombre, sobre todo, que lleva delante una labor de creación necesita encontrarse consigo mismo, volver a sí y en sí, no pare sentirse aristocráticamente por encima de los demás, sino para estar, desde lejos, más cerca de ellos» (Rejano J. 1940: 9). Intentaba promover una cultura humanista, explica Fèrriz: «El humanismo tantas veces proclamado en Romance, implicaba una revalorización del pueblo y, con él, la posibilidad de hacer converger los planteamientos republicanos con los esbozados por los intelectuales latinoamericanos» (Fèrriz T. 2003: 130). Esta intención de difundir la literatura, que fue uno de los sustentos fundacionales de la revista, sería una de las causas que a largo plazo provocaron las discrepancias entre Rejano y los patrocinadores de Romance y que, finalmente, lo llevarían a abandonar el proyecto, puesto que la revista nunca logró plena solvencia económica (Fèrriz T. 2003: 31).



  1. Capacidades editoriales


Los primeros objetivos de Romance (1940-1941) de ser una publicación de alcance hispanoamericano realizada en conjunto por exiliados y mexicanos se transformaron en la revista Ars (1942-1943), impulsada económicamente por mexicanos y centrada en temas locales, aunque dirigida por el exiliado Juan Rejano. Este desplazamiento de intereses muestra la inevitable fuerza de integración que el entorno ejerce sobre los exiliados y la voluntad de Rejano por continuar desempeñándose en el ámbito editorial.

En palabras de Rejano, la revista Ars «dedicaba sus páginas, principalmente a las artes plásticas, aunque también publicaba poemas y notas de crítica literaria» (Rejano J. 1956: 10). Pese a que Ars consta solo de cinco números, el primero apareció en enero de 1942 y el último en mayo de 1943, la calidad de cada uno le otorga un lugar especial dentro de las publicaciones periódicas editadas en México. Se trata de una revista de costo alto, que cuenta con financiamiento local –patrocinada por la agencia editora mexicana–, centrada en cuestiones de artes plásticas, se subtitulaba: Revista de arte y análisis pictórico, pero también contaba con un espacio, menor, para otras vertientes artísticas. Contenía secciones de libros, música y teatro. Bajo la dirección de Agustín Velázquez Chávez, importante intelectual mexicano dedicado al promoción cultural (Valender J. 2000: 147), la revista Ars tenía como secretario de redacción a Juan Rejano, que se había hecho de un nombre en el medio tras su labor en Romance. No obstante, como Rejano explica, la carga editorial recaía principalmente en sus manos, ya que «El editor no se ocupaba más que del diseño» (Rejano J. 1956: 10). Entre sus colaboradores figuraban por igual exiliados y mexicanos: Samuel Ramos, José Moreno Vila y Alfonso Reyes, aunque la mayoría de los temas y reseñas se refieren a México.

Uno de los objetivos de Ars fue la difusión del arte latinoamericano y varios de sus colaboradores pertenecían a esta geografía y publicaron textos particulares acerca de la creación plástica de donde eran originarios. Afirma Velázquez Chávez que «Nos admira haber obtenido que escritores y artistas de América nos hayan enviado estudios sobre el arte de su nación –que por primera vez se logran– y contamos ya con un material de crítica sobre la evolución del pensamiento crítico europeo –antiguo y moderno– que nos indica que comenzamos a dar dirección a nuestros propósitos» (Velázquez Chávez A. 1942: 2). Para completar este panorama, Rejano elije un pintor español, Pablo Céspedes, y así demuestra su solvencia como crítico de arte en la segunda entrega de la revista. Llama la atención que Rejano destaque el carácter particular del pintor a partir de un rasgo nacional, «Lo primero que hay que afirmar en Céspedes es su cordobeismo. No aludido a lo que algún moderno aprendiz de filósofo llamaría el accidente geográfico. Voy hacia lo que más importa: la razón espiritual» (Rejano J. 1942: 29). Es por tanto este hispanismo una forma compartida de naturalezas espirituales que discrepan en sus rasgos particulares, pero a las que hermana el origen.

En Ars destaca, como en otras publicaciones lideradas por Rejano, la preocupación por afirmarse como una revista que quiere integrar autores de distintas latitudes y mostrar un perfil americano: «Nuestras páginas están abiertas a los artistas y escritores de América» (Rejano J. 1942: 65). La convivencia de colaboradores, intelectuales españoles (Max Aub, Wenceslao Roces, Gustavo Pittaluga, Arturo Souto, Adolfo Vázquez) y mexicanos (Alí Chumacero, Wilberto Cantón) revela el ánimo aglutinador de la revista. Sin embargo, Luisa Carnés fue la única mujer que participó en esta revista. Del mismo modo, las intenciones de cohesión de distintos grupos políticos se ven oscurecidas por el propósito de la revista de funcionar como órgano de discusión de España desde el exilio. Iniciativa que Rejano, como comunista, no podía soslayar.



  1. Idea de cultura de Rejano


El siguiente proyecto editorial en el que participa Rejano en México es la revista Litoral. Cuadernos mensuales de poesía, música y pintura (1944)8. La historia de esta publicación comienza en Málaga antes de la guerra, cuando fue publicada por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre de 1926 a 1929; en una segunda época, de mayo a junio de 1929, se les sumó José María Hinojosa. En 1944 y en el marco del exilio, un grupo de poetas, entre ellos los fundadores de la anterior, además de Rejano, Moreno Villa y Giner de los Ríos, se dieron a la tarea de recuperar la publicación, en su tercera época, y empezaron a editar una versión a partir del modelo previo, dedicada a la crítica –el ensayo breve– y a la poesía. Esta nueva etapa consta de dos números, más uno especial dedicado «A la memoria de Díez Canedo» que había fallecido durante la edición de las anteriores entregas. De acuerdo con James Valender, la brevedad del proyecto se debió a «la falta de financiamiento» (Valender J. 1995: 311). Como ha señalado el mismo estudioso, lo que más sorprende de esta publicación es que sus editores pretendieron resucitar no solo una revista, sino un modelo dentro de un contexto que exigía nuevas perspectivas. De ahí que su proyecto de «mantener la continuidad de la cultura a pesar de la ruptura que había traído la Guerra Civil» (Valender J. 1995: 301) solo se concretara con muchas contradicciones. Sobre todo porque esta nueva versión no puede evitar «una preocupación política y social» (Valender J. 1995: 301). Lo que resulta es una revista de poesía que incluye ensayos de discusión.

Varias revistas literarias estaban vigentes en México, no obstante, los poetas españoles emprendieron su proyecto. Explica Rejano en un artículo: «Era un renacimiento poético de jubilosa fertilidad. Litoral ocupó en él un destacadísimo lugar. Y no solo por lo que como revista representó entre las expresiones renovadoras de la poesía de aquel tiempo, sino por los libros que al amparo de su nombre lanzara» (Rejano J. 1956a: 4). Ya que la revista funcionó también como editorial, en su primer número explica que pretendía sacar «dos series de libros de poesía: una de obras nuevas y otra de antologías individuales» (1944). Uno de los dos primeros fue El Genil y los olivos (1944) de Juan Rejano, cuya distribución exclusiva corría a cargo del Fondo de Cultura Económica (FCE). La revista revela una idea común de poesía, compartida por este grupo de poetas «empeñados en reivindicar la existencia y la continuidad de una misma línea de poesía espiritual española» (Valender J. 1995: 320). Esta línea poética, desarrollada en la vertiente de una poesía íntima, se encuentra también en Romance (Férriz T. 2003: 275), en las comentarios críticos de Rejano publicados en Ars, en la propuesta poética que promueve en la RMC y, en último término, en la misma obra de Rejano (Hernández T. 2008). La vinculación de Rejano con Litoral revela su preocupación por realizar un trabajo poético sólido aparte de su labor editorial, sobre todo, porque Rejano emprendió su carrera poética en el exilio.


  1. Idea del exilio



Rejano no puede deslindarse de su deber hacia España. Pese a que Ultramar. Revista Mensual de Cultura (1947) en cierta manera es una revista que se encamina más a la integración con lo local, su mirada sigue puesta en España. Así, se localiza más en la senda de Romance que de Ars. De hecho, de acuerdo con Manuel Aznar, el Boletín de información de la UIE (1956-1961), era la materialización tardía de lo que hubiera sido Ultramar (1947) de no haberse malogrado (Aznar M. 2008: XLIX), es decir, que los intereses de Rejano de mantener el diálogo entre exiliados seguían siendo prioritarios en los años cincuenta. Debe recordarse que antes de proyectar la revista Ultramar, Rejano había colaborado directamente con Las Españas (1946-1963) que James Valender (Valender J. 1993: 12) localiza como precedente directo de Ultramar. Ambas eran revistas que buscaban enjuiciar y debilitar el franquismo. De ahí que Ultramar sea una revista todavía muy preocupada por los problemas sociopolíticos de España.

La vida breve de la revista Ultramar9 se confina al año 1947 en la que se publicó su primer y único número, cuya edición corrió a cargo de Juan Rejano. Miguel Prieto figuraba como el director artístico y Daniel Tapia como secretario de redacción. En la portada se anuncian las secciones, que serán el diagrama que empleará Rejano en sus publicaciones posteriores: literatura, arte, crítica, bibliografía. De ahí la conclusión de Valender: «Es obvio que Ultramar no quiere ser simplemente una hoja literaria más, sino una revista de cultura general que abarque las ciencias exactas al igual que las artes plásticas, la política al igual que la literatura» (Valender J. 1993: 9). El mismo Rejano consideraba que «pudo haber sido un valioso órgano de expresión cultural» (Rejano J. 1956a: 4), ya que la revista pretende realizar una tarea de difusión y, al mismo tiempo, dar a conocer a los autores del exilio que contaban con trayectorias sólidas previas. Con este objeto, aparece la entrevista que Luisa Carnés, firmada con el pseudónimo N. Valle, hace al doctor Manuel Márquez, reconocido oftalmólogo y antiguo catedrático universitario (Valle N. 1947: 19). La entrevista de Carnés también sirve para asentar la postura política de la revista y se localiza dentro de la propuesta discursiva expresada en el texto Reloj de Arena que, aunque sin firma, coincido con Valender en que la autoría corresponde a Rejano (Valender J. 1993: 14). Carnés planteaba a los intelectuales desterrados como encargados de mermar el franquismo y Márquez representaba el modelo ideal del refugiado español, tanto que concluye equiparando su figura con Antonio Machado, el símbolo del destierro. En primer lugar, Márquez no tenía una vinculación política directa con ningún partido, se consideraba genéricamente antifascista, declara en la entrevista: «Nunca tuve una opinión política. No pertenecía ni pertenezco a partido político alguno» (Márquez M. 1947: 19). Y estaba convencido de que el único recurso para la modificar la situación en España era el restablecimiento de la República, como representante legítima de la voluntad popular. Además de trabajar para sobrevivir, sin preocuparse por enriquecerse, realizaba visitas médicas –gratuitas o de bajo precio– a mexicanos e impartía clases, es decir, trabajaba tanto por el bien de España, pensando en el regreso, como por el bien de México, como estación transitoria que se mira con gratitud.

Ultramar aspira a dialogar con el interior de España y con los exiliados y, de manera tangencial, acercar a sus lectores, exiliados, a México. En el artículo editorial sin firma, «Razón y conducta», aparecido en Ultramar y probablemente elaborado por Rejano, se explicaba su intención de establecer un diálogo entre escritores (locales y refugiados), «Nuestro propósito ahora, en esta nueva empresa, como antes en cuantos trabajos emprendimos, no es el de aislarnos ni encerrarnos como intelectuales a la comunicación inteligente con nuestros hermanos de América...» (Anónimo 1947: 2). Este proyecto se refleja en el nombre de la publicación, que aludía a un pasado histórico compartido y subrayaba la condición de libertad americana. De acuerdo con Valender, el ánimo de integración americana se deja de lado para favorecer el tema de España (Valender J. 1993: 17). Si existe algún denominador común en las publicaciones periódicas editadas por Rejano, este se halla en el interés por crear un diálogo hispánico, que acerque a españoles y latinoamericanos (incluidos los mexicanos). Hay una intención clara de apertura hacia las culturas locales, pero no para uniformizarlas sino para encontrar en lo local, identificado como elemento que define lo nacional, un carácter universal.



  1. Americanismo


Después de mostrar una constancia de publicación mensual, la revista Ars dejó de salir un año y reapareció en 1943 con un solo número en el que Agustín Velázquez explicó los objetivos de la revista. El primero era actuar frente a la crisis mundial resultante de la guerra europea: «La revista Ars quiere exponer en el campo del arte y de la crítica, lo legítimo de esta crisis; hacer acto de presencia en ella» (Velázquez Chávez A. 1942: 2). En segundo lugar, el director señalaba una de las inquietudes generalizadas del momento, ¿cuál sería el papel de América frente a la Europa en guerra? Se trata de afirmar una cultura propia americana con sus características autóctonas, pero que también tome algunos rasgos de la tradición dada por Europa para continuarla, Ars intenta «recoger una voz americana consciente de su ascendencia. Un anhelo de superación nos hace ver nuestra tradición: nuestro legado indio, nuestra hispanidad, y nos lleva a indagar con mayor esmero en los valores de la cultura europea, en lo histórico y en lo profano de ella» (Velázquez Chávez A. 1942: 2). Ars compartía la aspiración de Romance que buscaba presentar una «voluntad universalista al propiciar una primera identificación con los americanos» (Fèrriz T. 2003: 108) que abarcara a toda Latinoamérica y que se extendiera hacia España; sin embargo, como ha señalado Valender, «A diferencia de otras propuestas americanistas del momento (piénsese, por ejemplo, en la visión mesiánica de América que Juan Larrea defendía desde las páginas de los recién inaugurados Cuadernos Americanos), Ars no le daba la espalda a Europa como causa perdida» (Valender J. 2000: 150). Tampoco lo hacía Romance y ninguno de los proyectos de Rejano, pese a que algunos intelectuales mexicanos compartían la visión de Larrea, entre ellos Silva Herzog, y propugnaban la idealización de América como el lugar donde sucedería el futuro negado a Europa10. Esta actitud frente a Europa refleja la intención de apropiarse la estafeta de la cultura que defendieron los exiliados durante los primeros años de su llegada a México. Deben recordarse aquí los versos de León Felipe que, de acuerdo con Manuel Aznar, «respondían a una realidad histórica y venían a constatar la superioridad ética y estética de la España peregrina, de aquella España del éxodo y del llanto que, según el poeta, se había llevado en 1939 la canción» (Aznar M. 1999: 3).

La propuesta editorial de Rejano se identifica con categorías como el panhispanismo, que incluye a España. Esta propuesta ofrece a los exiliados una integración a la cultura mexicana a la vez que el arraigo a una comunidad más dilatada, de dimensiones continentales. Ars en ningún sentido clausura el lazo con Europa, por el contrario, lo afianza: «el panamericanismo (un panamericanismo de ninguna manera peleado con la gran tradición europea, sino todo lo contrario), le dio bases para una labor más amplia y más permanente, invitando a los mexicanos a ver su propia cultura en relación con las expresiones artísticas continentales» (Valender J. 2000: 158). Este panamericanismo incluía inicialmente a Estados Unidos, pero empieza a cuestionarse a partir de 1944 (González A. 2009: 26).

La fundación de las revistas América, en 1940, y Cuadernos Americanos, en 1942, pretendía un acercamiento al continente americano, de ahí que CA se propusiera no solo «to promote literature, but to deal with American political, social, and economical issues as well» (Brushwood J. 1989: 35-36). Sin embargo, como ha señalado Valender, ninguna de las dos revistas tenía el objetivo de Ultramar, que consistía en aproximar a España a América al «abrir un camino medio entre los dos extremos: entre un americanismo que no se interesaba mucho por el futuro de España, por un lado, y un españolismo que miraba hacia la realidad americana, por otro» (Valender J. 1993: 13). Esta aspiración de hispanismo busca una comunión americana ajena a la posición que simplificaba el concepto únicamente a España y se opone a la propuesta franquista de hispanidad. Ese discurso que legitimaba una política autoritaria y que se refugiaba en la imagen de la España Imperial en el franquismo. «Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, el franquismo quedó aislado del resto de Europa, pero siguió usando el discurso de la Hispanidad como ideología unificadora de sus diferentes ‘familias’ políticas y como instrumento de apertura al exterior» (Navarro Santiago J. 2006: 395).

El americanismo fue trazando su perfil con el paso del tiempo. De una postura que lo asociaba con la utopía empezó a aceptarse como parte de una aspiración de universalidad, acorde con las posturas cosmopolitas y universalistas en boga en la década de los sesenta. Al analizar el libro Centauro al sol (1959), del colombiano Germán Pardo García, Juan Rejano señala: «Su americanismo bien definido en la primera parte de la obra se ha abierto más a lo universal. (...) Lo que ocurre es que, al despojarse de ciertas alusiones más o menos directas, por exigencias del nuevo clima poético, lo que han perdido en fácil evidencia lo han ganado en autenticidad» (Rejano J. 1959: 5. El énfasis es mío). No solo alude a una realidad determinada sino que sugiere un paisaje general (que se identifica mediante la sugerencia de lo americano). «Y es que lo nacional o si se prefiere, lo continental, que en este caso forma una unidad étnica, no se traduce mejor a expresiones artísticas recurriendo a simples nominaciones de la geografía física y humana» (Rejano J. 1959: 4). El americanismo era una forma de dar centralidad a la creación realizada en América y, al mismo tiempo, dotarla de carácter universal. Además, para los exiliados representaba una vía de acercamiento al entorno mexicano, ya que este objetivo no solo ayudaba a su integración en el medio cultural, sino que les permitía justificar su lugar en México. Es decir, al discutir América, los exiliados se identificaban con una comunidad hermanada por la lengua. Esta preocupación, que había sido directriz de Romance, se reitera en Ultramar, «La forma en que se pretende reconciliar la preocupación patriótica con el interés por la realidad americana es uno de los temas de la importante declaración de propósitos que ocupa las páginas centrales del boletín» (Valender J. 1993: 9). De esta manera, al volver hispánica la preocupación española, Rejano conciliaba una cultura continental con la propia cultura de su país, sobre todo a partir de la lengua.

Al observar la trayectoria de las primeras revistas editadas por Rejano, pareciera que la mirada puesta en España se vuelve un obstáculo para desarrollar temas locales. De hecho, Manuel Aznar concluye que las revistas de exiliados (como Ultramar) empiezan teniendo la intención de vincularse con los autores americanos, para después tener la preocupación de asociar a los autores del exilio con los que quedaron en España (Aznar M. 2008: XXXVIII). Sin embargo, el estudio de la RMC muestra que el ánimo de integración se mantuvo vigente durante toda la trayectoria editorial de Rejano.


  1. La Revista Mexicana de Cultura


En un artículo publicado en la RMC, Rejano discute la falta de apoyos económicos a las revistas culturales. «El destino de las revistas literarias es casi siempre triste. Nacen bajo un relámpago de entusiasmo, y después, tras de vivir una vida difícil, mueren de la peor manera: entre el silencio, la indiferencia y el hastío» (Rejano J. 1947a: 3). Estas palabras venían a cuenta a partir de la inminente desaparición de una de las revistas de Barreda, Letras de México o El Hijo Prodigo, «que se encuentran en una situación económica muy precaria, tan precaria que una de ellas tendrá que desaparecer para que la otra pueda sostenerse» (Rejano J. 1947a: 3). Sus palabras también eran causadas por la experiencia de Rejano, que se había implicado en varios proyectos editoriales y todos habían resultado de corta duración. Tras el fracaso de Ultramar, de la que solo vio la luz un único número, en ese mismo 1947, Rejano se traslada a El Nacional, para trabajar de la mano de Fernando Benítez en la sección cultural del diario y en su suplemento dominical, La Revista Mexicana de Cultura. Después de haber participado en proyectos editoriales, cuyos núcleos estaban formados principal o únicamente por exiliados, Rejano se implica en la RMC de la mano de un mexicano. Benítez dejó la dirección al año siguiente para inaugurar, en el diario Novedades, el suplemento México en la Cultura. El diseño de los dos suplementos culturales, al igual que Romance, corrió a cargo de Miguel Prieto. Rejano conjunta en la RMC toda su experiencia previa como editor. Al igual que en las revistas que coordinó antes, en la RMC el predominio del ensayo será la pauta. Hay cabida para el texto científico, el ensayo literario o histórico, la noticia de actualidad y sendas páginas dedicadas al cine y la poesía, incluso comparten colaboradores. La principal distancia entre publicaciones se encuentra en que la RMC busca apropiarse de lo mexicano, colaboradores y textos reseñados trasladan su punto de vista a México; en cambio en algunas publicaciones anteriores, como Romance, reseñaba mayormente «a los escritores desterrados» (Fèrriz T. 2000: 274). De esta manera, parece haber una correlación entre los objetivos y el lugar a donde se enfoca el interés de la publicación y la atención que dedican a distintos autores de geografías diversas. Cuando Benítez abandona la RMC, la edición corre a cargo de Juan Rejano, hasta 1957, que decide salir. Después de once años, en los que pasan varios editores e incluso se cambia el nombre del suplemento11, Rejano vuelve a la dirección y retoma el nombre anterior. A partir de febrero de 1969 se inicia una nueva etapa de la RMC. En el número que cierra el año 1969, aparece una «Breve nota autocrítica» sin firma, pero que acusa los rasgos discursivos y retóricos habituales de Rejano, en la que se enlistan los objetivos principales del suplemento dominical. «Una de las aspiraciones esenciales de la Revista Mexicana de Cultura es precisamente esa: dar posibilidades a las nuevas generaciones, estimular constantemente a los que empiezan, tomar parte en su formación ofreciéndoles los medios para que ellos mismos se orienten y encaucen» (Anónimo 1969: 2). La RMC representa un esfuerzo por concretar el proyecto que Rejano había empezado a esbozar en Romance y Ultramar. Comparte sus intenciones de comunión literaria hispánica y de alcanzar una universalidad basada en el estudio y el uso de lo local. Esta revista consigue, por tanto, una mayor influencia en el campo cultural mexicano.

Moverse dentro de una publicación cuyo financiamiento estaba fuera de sus manos permite a Rejano desarrollar una labor editorial constante. Desde ese fuero, Rejano podía incluir las preocupaciones y temas españoles siempre y cuando mantuviera el espacio igualmente abierto a las expresiones locales, lo cual le dio un carácter ecléctico que fue muy rico para el suplemento. Rejano trataba de mantener la RMC al margen de las polémicas, sobre todo porque implicaban distintos grupos de escritores con los que él, como personaje fuereño, no quería discrepar. Sin embargo, su papel como editor le impide una completa neutralidad y el suplemento se ve inmerso en varias polémicas entre escritores mexicanos durante su dirección. Rejano publica a los dos partes, da testimonio de los sucesos y las posturas involucradas, así participa directamente en la conformación del panorama cultural. Las revistas proyectadas por Rejano representan una apuesta por la difusión de la cultura y el arte y, más que nada, la confianza en el periodismo como medio que puede alcanzar a amplios grupos. En todas las revistas en las que participó Rejano hay una vocación popular, de acercarse al pueblo y darle herramientas.

El trabajo en la edición de Rejano muestra que los exiliados españoles incidieron de manera activa en el medio cultural mexicano. Su voluntad de integración se expresa desde Romance que, «a diferencia de otras publicaciones impulsadas por el exilio que incluían la referencia más o menos explícita a España desde su mismo título, plantea la búsqueda de la identidad perdida desde la afirmación del nuevo entorno y muestra la voluntad desterrada de encontrar un lugar propio, aunque este fuera transitorio, en América» (Fèrriz T. 2003: 17). Así como en las revistas que dirige Rejano se observa una preocupación inalienable por la situación española, su trayectoria revela un gradual ir hacia el lugar de acogida y una forma cada vez más clara de acercamiento a México. De hecho, así como un empeño de Ars era la conexión con el espacio americano, la RMC aspira a convertirse en un auténtico espacio de interacción entre escritores con independencia de su nacionalidad.

Las revistas que editó Rejano renovaron el panorama cultural periodístico mexicano. Sobre Ultramar y Romance señala James Valender: «Son dos revistas importantes, que marcan toda una época en la historia de la cultura mexicana e hispanoamericana» (Valender J. 1993: 7), bajo su ascendente se conforma uno de los suplementos culturales mexicanos más influyentes, la Revista Mexicana de Cultura, que dará espacio a escritores e ilustradores (nuevos y consagrados, mexicanos y españoles). El trabajo editorial de Rejano supone un esfuerzo por hacerse de un territorio dentro del panorama cultural mexicano y, al mismo tiempo, expresa la voluntad de Rejano de construir espacios públicos para el diálogo.
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