Esclavitud de por acá (la de ébano y la de los otros) y la historia paralela (Primera Parte: Años 1000 a. C.—1824 d. C.)






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(Nota 9) Fuente: Abolicionismo en América: Hacia un Estudio Comparativo de Historia Mundial, Omar H. Ali, Ph.D. Departamento de Historia.
http://pages.towson.edu/oali/CASO.htm

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(Nota 10) La investigadora María Milagros Carazas Salcedo, cuando optaba por el grado de Magister en Literatura Peruana y Latinoamericana, escribe en su tesis de grado lo siguiente: La historia peruana actual afirma que eran catorce los expedicionarios de Francisco Pizarro quienes atravesaron la línea trazada con su espada en la arena, para seguir el viaje al Sur y no regresar con el Comisionado Tafur a Panamá. Una relectura más atenta y documentada corrige lo acontecido en el segundo viaje de la expedición de Almagro y Pizarro en busca del Tahuantinsuyu, entre 1525 y 1527. En realidad los que continuaron el viaje fueron más bien catorce, con mayor exactitud los trece españoles y un negro de Guinea. No se sabe con seguridad cuál fue su nombre pero por lo menos se tiene noticias que era un esclavo que acompañaba a Alonso de Molina.

Fuente: Introducción de la Tesis Imagen(es) e identidad del sujeto afroperuano en la novela peruana contemporánea. Facultad de Letras y Ciencias Humanas. Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), Lima, 2004. Documento en formato PDF:
http://sbib.unmsm.edu.pe/bibvirtualdata/
Tesis/Human/Carazas_SM/PDF/


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(Nota 11) Este embarque de 1529 no llegó a concretarse pero fue el inicio de la introducción de esclavos en territorio del otrora imperio inca. Ahora se sabe que quienes acompañaban a los conquistadores eran mandingas y biafranos vendidos en San Jorge de la Mina y Cabo Verde, las dos grandes factorías negreras portuguesas. De hecho, la Capitulación de Toledo (26 de junio de 1529) era un documento legal firmado entre Francisco Pizarro y el rey de España, Carlos V, mediante el cual no sÓlo se autorizaba a Pizarro a colonizar y poblar Sudamérica sino que, además de lo arriba citado respecto a los mandingas y biafranos que iban con ellos en sus viajes, otorgaba a Pizarro y sus hombres diferentes cargos, rangos y salarios para realizar la empresa conquistadora:

1. Para Francisco Pizarro: los títulos de Gobernador, Capitán General, Adelantado y Alguacil Mayor de la Nueva Castilla. Extensión de su gobernación 200 leguas (1.110 km) al sur del pueblo de Santiago, Ecuador (aproximadamente hasta la actual Chincha). Sueldo: 725 mil maravedíes al año.

2. Para Diego de Almagro: Gobernador de la Fortaleza de Tumbes. Título: Hidalgo. Sueldo: cien mil ducados.

3. Para Bartolomé Ruiz: el cargo de Piloto Mayor del Sur.

4. Para Pedro de Candia: el cargo de Jefe de Artillería.

5. Para los trece caballeros de la isla del Gallo, títulos de Hidalgos.

Fuente: Capitulación de Toledo - Vikipedia, la enciclopedia libre.
http://es.wikipedia.org/wiki/Capitulaci%C3%B3n_de_Toledo

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(Nota 12) Crónica del Perú, Tercera Parte, cap. LXXII, Pontificia Universidad Católica del Perú y Academia Nacional de la Historia. Lima, 1987, pp. 286.

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(Nota 13) La única baja española fue la de un esclavo negro que murió arrollado por la multitud cuando los miles de indios, asustados por el estruendo de las armas y la atropellada de la caballería españolas, trataron de huir despavoridas de la plaza de Cajamarca. Fue, efectivamente, la única baja que tuvieron los españoles de Francisco Pizarro. Por el lado de los indígenas, miles murieron en tan desigual encuentro.

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(Nota 14) Máx Hernández, uno de los más talentosos estudiosos de la realidad peruana, escribe al respecto: El diseño político de la metrópoli se afianzaba sobre una maraña de criterios de exclusión. El más extremo de éstos lo constituye el régimen de esclavitud que rigió para el contingente venido de África muy en los inicios de la Conquista para quienes vinieron después, y para sus descendientes. Si bien la esclavitud existía desde la Antigüedad, la magnitud del fenómeno y la asociación de esclavitud con la raza asociados a la conquista y colonización del Nuevo Mundo introdujeron –como apunta Aldo Ferrer- dimensión étnica, determinado que no existían diferencias culturales tan grandes entre los esclavistas y los esclavizados. Si bien el 80% de las "piezas de ébano" traídos a la América hispano-portuguesa fueron al Brasil y al Caribe, no hubo zona del Nuevo Mundo a la que no llegaran.

Fuente: ¿Es otro el rostro del Perú? Identidad, Diversidad y Cambio. Editorial Agenda Perú. Lima, marzo de 2000.

Disponible en Internet, en formato PDF en la dirección:
http://www.agendaperu.org.pe/pdfs/
pub-02.pdf#search=%22%C2%BFEs%20otro%20el%
20rostro%20del%20Per%C3%BA%3F%22




Figura 59. Piezas de ébano I: Una vez arribaba al puerto el barco negrero, los esclavos eran hacinados en lugares de ordinario húmedos, estrechos y malolientes, siendo el primer propósito engordarlos un poco para obtener un buen precio por ellos en el mercado.
Grabado del siglo XVII: una escena cotidiana, venta de esclavos en el puerto de Cartagena de Indias.
Colección del Archivo General de Colombia.

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(Nota 15) La denuncia del dominico de Las Casas. En su obra arriba mencionada, de las Casas hace un pormenorizado recuento del acontecer en cada una de las provincias y colonias españolas en América. Bajo estas líneas, en lo que concierne al Perú, al autor no le tiembla la mano cuando describe las atrocidades cometidas por los españoles contra indios y esclavos:

DE LOS GRANDES REINOS Y GRANDES PROVINCIAS DEL PERÚ

En el año de mil e quinientos e treinta y uno fué otro tirano grande con cierta gente a los reinos del Perú, donde entrando con el título e intención e con los principios que los otros todos pasados (porque era uno de los que se habían más ejercitado e más tiempo en todas las crueldades y estragos que en la tierra firme desde el año de mil e quinientos y diez se habían hecho), cresció en crueldades y matanzas y robos, sin fee ni verdad, destruyendo pueblos, apocando, matando las gentes dellos e siendo causa de tan grandes males que han sucedido en aquellas tierras, que bien somos ciertos que nadie bastará a referirlos y encarecerlos, hasta que los veamos y conozcamos claros el día del Juicio; y de algunos que quería referir la deformidad y calidades y circunstancias que los afean y agravian, verdaderamente yo no podré ni sabré encarecer.

En su infelice entrada mató y destruyó algunos pueblos e les robó mucha cantidad de oro. En una isla que está cerca de las mesmas provincias, que se llama Pugna, muy poblada e graciosa, e rescibiéndole el señor y gente della como a ángeles del cielo, y después de seis meses habiéndoles comido todos sus bastimentos, y de nuevo descubriéndoles los trojes del trigo que tenían para sí e sus mujeres e hijos los tiempos de seca y estériles, y ofreciéndoselas con muchas lágrimas que las gastasen e comiesen a su voluntad, el pago que les dieron a la fin fué que los metieron a espada y alancearon mucha cantidad de gentes dellas, y los que pudieron tomar a vida hicieron esclavos con grandes y señaladas crueldades otras que en ellas hicieron, dejando casi despoblada la dicha isla.

De allí vanse a la provincia de Tumbala, ques en la tierra firme, e matan y destruyen cuantos pudieron. Y porque de sus espantosas y horribles obras huían todas las gentes, decían que se alzaban e que eran rebeldes al rey. Tenía este tirano esta industria: que a los que pedía y otros que venían a dalles presentes de oro y plata y de lo que tenían, decíales que trujesen más, hasta que él vía que o no tenían más o no traían más, y entonces decía que los rescebía por vasallos de los reyes de España y abrazábalos y hacía tocar dos trompetas que tenía, dándoles a entender que desde en adelante no les habían de tomar más ni hacerles mal alguno, teniendo por lícito todo lo que les robaba y le daban por miedo de las abominables nuevas que de él oían antes que él los recibiese so el amparo y protectión del rey; como si después de rescebidos debajo de la protección real no los oprimiesen, robasen, asolasen y destruyesen y él no los hubiera así destruído.

Pocos días después, viniendo el rey universal y emperador de aquellos reinos, que se llamó Atabaliba, con mucha gente desnuda y con sus armas de burla, no sabiendo cómo cortaban las espadas y herían las lanzas y cómo corrían los caballos, e quién eran los españoles (que si los demonios tuvieren oro, los acometerán para se lo robar), llegó al lugar donde ellos estaban, diciendo: "¿Dónde están esos españoles? Salgan acá, que no me mudaré de aquí hasta que me satisfagan de mis vasallos que me han muerto, y pueblos que me han despoblado, e riquezas que me han robado". Salieron a él, matáronle infinitas gentes, prendiéronle su persona, que venía en unas andas, y después de preso tractan con él que se rescatase: promete de dar cuatro millones de castellanos y da quince, y ellos prométenle de soltarle; pero al fin, no guardándole la fee ni verdad (como nunca en las Indias con los indios por los españoles se ha guardado), levántanle que por su mandado se juntaba gente, y él responde que en toda la tierra no se movía una hoja de un árbol sin su voluntad: que si gente se juntase creyesen que él la mandaba juntar, y que presto estaba, que lo matasen. No obstante todo esto, lo condenaron a quemar vivo, aunque después rogaron algunos al capitán que lo ahogasen, y ahogado lo quemaron. Sabido por él, dijo: "Por qué me quemáis, qué os he hecho? ¿No me prometistes de soltar dándoos el oro? ¿No os di más de lo que os prometí? Pues que así lo queréis, envíame a vuestro rey de España", e otras muchas cosas que dijo para gran confusión y detestación de la gran injusticia de los españoles; y en fin lo quemaron.

Considérese aquí la justicia e título desta guerra; la prisión deste señor e la sentencia y ejecución de su muerte, y la cosciencia con que tienen aquellos tiranos tan grandes tesoros como en aquellos reinos a aquel rey tan grande e a otros infinitos señores e particulares robaron.

De infinitas hazañas señaladas en maldad y crueldad, en estirpación de aquellas gentes, cometidas por los que se llaman cristianos, quiero aquí referir algunas pocas que un fraile de Sant Francisco a los principios vido, y las firmó de su nombre enviando traslados por aquellas partes y otros a estos reinos de Castilla, e yo tengo en mi poder un traslado con su propia firma, en el cual dice así:

"Yo, fray Marcos de Niza, de la orden de Sant Francisco, comisario sobre los frailes de la mesma orden en las provincias del Perú, que fué de los primeros religiosos que con los primeros cristianos entraron en las dichas provincias, digo dando testimonio verdadero de algunas cosas que yo con mis ojos vi en aquella tierra, mayormente cerca del tractamiento y conquistas hechas a los naturales. Primeramente, yo soy testigo de vista y por experiencia cierta conoscí y alcancé que aquellos indios del Perú es la gente más benévola que entre indios se ha visto, y allegada e amiga a los cristianos. Y vi que aquéllos daban a los españoles en abundancia oro y plata e piedras preciosas y todo cuanto les pedían que ellos tenían, e todo buen servicio, e nunca los indios salieron de guerra sino de paz, mientras no les dieron ocasión con los malos tractamientos e crueldades, antes los rescebían con toda benevolencia y honor en los pueblos a los españoles, dándoles comidas e cuantos esclavos y esclavas pedían para servicio.

"Ítem, soy testigo e doy testimonio que sin dar causa ni ocasión aquellos indios a los españoles, luego que entraron en sus tierras, después de haber dado el mayor cacique Atabaliba más de dos millones de oro a los españoles, y habiéndoles dado toda la tierra en su poder sin resistencia, luego quemaron al dicho Atabaliba, que era señor de toda la tierra, y en pos dél quemaron vivo a su capitán general Cochilimaca, el cual había venido de paz al gobernador con otros principales. Asimesmo, después déstos dende a pocos días quemaron a Chamba, otro señor muy principal de la provincia de Quito, sin culpa ni haber hecho por qué.

"Asimesmo quemaron a Chapera, señor de los canarios, injustamente. Asimesmo a Luis, gran señor de los que había en Quito, quemaron los pies e le dieron otros muchos tormentos porque dijese dónde estaba el oro de Atabaliba, del cual tesoro (como pareció) no sabía él nada. Asimesmo quemaron en Quito a Cozopanga, gobernador que era de todas las provincias de Quito. El cual, por ciertos requerimientos que le hizo Sebastián de Benalcázar, capitán del gobernador, vino de paz, y porque no dió tanto oro como le pedían, lo quemaron con otros muchos caciques e principales. Y a lo que yo pude entender su intento de los españoles era que no quedase señor en toda la tierra.

"Ítem, que los españoles recogieron mucho número de indios y los encerraron en tres casas grandes, cuantos en ellas cupieron, e pegáronles fuego y quemáronlos a todos sin hacer la menor cosa contra español ni dar la menor causa. Y acaesció allí que un clérigo que se llama Ocaña sacó un muchacho del fuego en que se quemaba, y vino allí otro español y tomóselo de las manos y lo echó en medio de las llamas, donde se hizo ceniza con los demás. El cual dicho español que así había echado en el fuego al indio, aquel mesmo día, volviendo al real, cayó súbitamente muerto en el camino e yo fuí de parecer que no lo enterrasen.

"Ítem, yo afirmo que yo mesmo vi ante mis ojos a los españoles cortar manos, narices y orejas a indios e indias sin propósito, sino porque se les antojaba hacerlo, y en tantos lugares y partes que sería largo de contar. E yo vi que los españoles les echaban perros a los indios para que los hiciesen pedazos, e los vi así aperrear a muy muchos.

Asimesmo vi yo quemar tantas casas e pueblos, que no sabría decir el número según eran muchos. Asimesmo es verdad que tomaban niños de teta por los brazos y los echaban arrojadizos cuanto podían, e otros desafueros y crueldades sin propósito, que me ponían espanto, con otras innumerables que vi que serían largas de contar.

"Ítem, vi que llamaban a los caciques e principales indios que viniesen de paz seguramente e prometiéndoles seguro, y en llegando luego los quemaban. Y en mi presencia quemaron dos: el uno en Andón y el otro en Tumbala, e no fuí parte para se lo estorbar que no los quemasen, con cuanto les prediqué. E según Dios e mi conciencia, en cuanto yo puedo alcanzar, no por otra causa sino por estos malos tractamientos, como claro parece a todos, se alzaron y levantaron los indios del Perú, y con mucha causa que se les ha dado. Porque ninguna verdad les han tractado, ni palabra guardado, sino que contra toda razón e injusticia, tiranamente los han destruído con toda la tierra, haciéndoles tales obras que han determinado antes de morir que semejantes obras sufrir.

"Ítem, digo que por la relación de los indios hay mucho más oro escondido que manifestado, el cual, por las injusticias e crueldades que los españoles hicieron no lo han querido descubrir, ni lo descubrirán mientras rescibieren tales tractamientos, antes querrán morir como los pasados. En lo cual Dios Nuestro Señor ha sido mucho ofendido e su Majestad muy deservido y defraudado en perder tal tierra que podía dar buenamente de comer a toda Castilla, la cual será harto dificultosa y costosa, a mi ver, de la recuperar".

Todas estas son sus palabras del dicho religioso, formales, y vienen también firmadas del obispo de Méjico, dando testimonio de que todo esto afirmaba el dicho padre fray Marcos.

Hase de considerar aquí lo que este Padre dice que vido, porque fué cincuenta o cien leguas de tierra, y ha nueve o diez años, porque era a los principios, e había muy pocos que al sonido del oro fueran cuatro y cinco mil españoles y se extendieron por muchos y grandes reinos y provincias más de quinientas y setecientas leguas, que las tienen todas asoladas, perpetrando las dichas obras y otras más fieras y crueles. Verdaderamente, desde entonces acá hasta hoy más de mil veces más se ha destruído y asolado de ánimas que las que han contado, y con menos temor de Dios y del rey e piedad, han destruído grandísima parte del linaje humano. Más faltan y han muerto de aquellos reinos hasta hoy (e que hoy también los matan) en obra de diez años, de cuatro cuentos de ánimas.

Pocos días ha que acañaverearon y mataron una gran reina, mujer del Inga, el que quedó por rey de aquellos reinos, al cual los cristianos, por sus tiranías, poniendo las manos en él, lo hicieron alzar y está alzado. Y tomaron a la reina su mujer y contra toda justicia y razón la mataron (y aun dicen que estaba preñada) solamente por dar dolor a su marido.

Si se hubiesen de contar las particulares crueldades y matanzas que los cristianos en aquellos reinos del Perú han cometido e cada día hoy cometen, sin dubda ninguna serían espantables y tantas que todo lo que hemos dicho de las otras partes se escureciese y paresciese poco, según la cantidad y gravedad dellas.

Fuente: Brevísima relación de la destruición de las Indias. Por los cronistas Fray Bartolomé de las Casas y Sebastián Trujillo (impresor de libros). Sevilla, Año de MDLIL.
http://presencias.net/indpdm.html
http://presencias.net/miscel/ht4028d.html



Figura 60. Tapa de la primera edición de Brevísima relación de la destruición de las Indias, Sevilla 1552. Historiadores de Indias.
Del portal spanisharts.com
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