Esclavitud de por acá (la de ébano y la de los otros) y la historia paralela (Primera Parte: Años 1000 a. C.—1824 d. C.)






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títuloEsclavitud de por acá (la de ébano y la de los otros) y la historia paralela (Primera Parte: Años 1000 a. C.—1824 d. C.)
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Costa de los Granos, Liberia. La American Colonization Society desembarca el primer cargamento de negros libres repatriados.

Un negro en Palacio. Entre 1821 y 1854, el Perú es escenario de un largo periodo donde los bandoleros y salteadores de caminos hacen de las suyas. El caso más sonado fue el protagonizado por el negro León Escobar, quien, con una partida de hombres armados, hizo lo que no habían logrado ni los realistas ni los patriotas en sus buenos tiempos: tomó por asalto la ciudad de Lima (20 de diciembre de 1835) e ingresó al Palacio de Gobierno para sentarse en el sillón presidencial. Semejante "hazaña" le costó caro, pues fue detenido de inmediato y fusilado once días después.



1822-1824

Los negros y las gestas de la Independencia del Perú. Bajo la promesa de libertad si la campaña militar contra los realistas era un éxito, miles de negros participaron y tuvieron una destacada actuación en las luchas por la Independencia del Perú. Incluso se sabe de regimientos enteros conformados sólo por negros.



Figura 39. Montonero de color peruano de la época de la Independencia.
Acuarela de Pancho Fierro. La Independencia del Perú. Educored.edu.pe.



1823

Chile. La Constitución de 1823 se pronuncia contra la esclavitud: "Artículo 8.- En Chile no hay esclavos: el que pise su territorio por un día natural será libre. El que tenga este comercio no puede habitar aquí más de un mes, ni naturalizarse jamás." Esclavitud y Trata de Negros en América. (Nota_53)



1824

9 de diciembre. La batalla de Ayacucho sella la independencia de Perú de España, mientras en Lima se elevaban voces interesadas que pedían la anulación de los decretos de San Martín, aduciendo conveniencia privada y pública.

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3. Notas al margen de la primera parte

(Advertencia al amable lector: Los hipervínculos que siguen a continuación estaban operativos en la fecha de cierre de este trabajo: 1 de octubre de 2006)

(Nota 1) Algunas notas sobre la esclavitud en América. Revista Arbil, anotaciones de pensamiento y critica. # 42
http://www.arbil.org/(42)irab.htm

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(Nota 2) Tupaj Amaru, un indomable guerrero que se pasea en los Andes.
http://www.pusinsuyu.com/html/tupaj_amaru.html

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(Nota 3) Historia de la República del Perú. La falaz prosperidad del guano (1842-1866) Tomo 6. Empresa Editora El Comercio. Lima, 2005.
Párrafo de esta obra citado en el artículo: La inmigración china al Perú. Portal de la Asociación Peruano China (APCH) http://apchjovenes.com/blog/?p=11

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(Nota 4) Fuente: Trabajo forzoso en América Latina.
Artículo publicado el 13 de mayo de 2005.
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/
specials/newsid_4537000/4537895.stm


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(Nota 5)

Figura 58

Dimensión Gráfica de la Trata de Esclavos

Escribe José Luís Gómez

El término "trata" es un eufemismo conveniente que busca eliminar la dimensión ética del concepto implícito en "la trata de esclavos". Un término mucho más apropiado es el de "comercio negrero", pues la palabra "negrero" ha conservado la carga de infamia que implica rebajar al ser humano a la categoría de mercancía. En cualquier caso, ambos términos se nos presentan en el siglo XXI como lejanos, como desprovistos de verdadero significado. Y ese es precisamente el objetivo de esta dimensión gráfica: aproximar a nosotros el concepto de la esclavitud, procurar, en lo posible a través de la fotografía, que adquiera vida la institución de la esclavitud. Por ello mismo he creído conveniente agrupar las imágenes en dos secciones: La trata (las distintas fases de la comercialización de los esclavos negros), y el negrero. Repitamos que no se trata de procesos distintos, son únicamente dos perspectivas de presentar un mismo proceso deshumanizante.

La primera fase de la trata era la captura de los negros en sus propias aldeas. Según incrementó la demanda de esclavos, se extendió también a lo largo del continente africano. Aunque llegaban esclavos de las más diversas regiones de África, la inmensa mayoría provenían de la costa occidental, de Senegal a Angola; sobre todo de la región al norte del río Congo. Las consecuencias inmediatas fueron la despoblación, el aumento de la población anciana, el abandono de la agricultura, la corrupción de las estructuras sociales.

Se calcula que para 1600 se habían transportado 900.000 esclavos africanos. La demanda iba en aumento y los portugueses pierden el monopolio que poseían en el transporte de esclavos. Para 1700 se calcula que otros 2.750.000 de esclavos negros había sido transportados a América. Para entonces habían entrado ya en el comercio negrero los holandeses, los ingleses, los daneses y los franceses. A lo largo de la costa africana existían ahora 40 "factorías" de esclavos (Meltzer). Por lo general los esclavos eran primero vendidos a intemediarios que los transportaban a las "factorías" donde negociaban las ventas a los europeos.

Desde el comienzo se prestó especial cuidado a la "calidad de la mercancía". Se preferían esclavos fuertes, sanos y jóvenes, no sólo en vistas al precio que aportaría su venta, sino también en vistas a los rigores de una travesía transatlántica de semanas (a veces meses). Resulta en este contexto de interés el grabado de un "cargamento" de esclavos liberados por el barco británico el Undine (destaca sobre todo el predominio de adolescentes).

El esclavo negro, como mercancía, era también marcado con hierro caliente, de modo semejante al usado para marcar el ganado. Esta práctica continuó hasta mediados del siglo XIX. La deshumanización de este proceso se acentúa cuando se considera el texto del siguiente anuncio reproducido en 1853 en los Anti-Slavery Tracts:
"Veinte dólares de recompensa.- Joven negra huida, de nombre Molly, 16 ó 17 años de edad; marcada recientemente en el carrillo izquierdo con ‘R’, y con un trozo cortado de su oreja del mismo lado; la misma letra en la parte interior de sus dos piernas".


Este diseño pertenece al barco negrero Brookes cuya capacidad máxima era de 451 esclavos, destinando a cada uno de ellos un espacio de 183 cm. por 40 cm. (menos espacio para las mujeres y niños). Según acusaciones de la Asociación Abolicionista en 1789, el Brookes llegó a llevar "cargamento" de 609 esclavos (en la fotografía ampliada se encuentran más detalles sobre el diseño del barco y la disposición de su "cargo" de esclavos). El transporte en estas condiciones llevaba consigo un alto índice de mortandad, que queda bien dramatizado en los siguientes datos de cuatro barcos negreros capturados durante el inicio de la prohibición de la trata en la década de los 30 (Martínez).

Buques

Embarcados

Muertos

Cintra

970

214

Brillante

621

214

Commodore

685

300

Explorador

560

300

Un grabado en el Harper's Weekly de 1860 muestra la extensión de este "cargamento" de seres humanos, en varias dimensiones, pero sobre todo en dos pertinentes para nuestro propósito: a) el espacio limitado en compartimentos dónde sólo podían estar sentados, y b) Las condiciones físicas en que llegaban los que sobrevivían a la travesía. Estas condiciones sirven para colocar en perspectiva las estadísticas anotadas más arriba. Los principales puertos oficiales de llegada en el Caribe fueron Cartagena de Indias y Veracruz.

La muerte de los esclavos negros durante la travesía transatlántica se debía en ocasiones a cusas todavía más siniestras que las de la muerte por las condiciones en las que eran transportados. Antes de la prohibición de la trata, estas causas incluían entre otras el miedo a las enfermedades o la falta de alimentos. En ambos casos se arrojaban al mar a los esclavos, bien para evitar el posible contagio bien para aligerar la "carga" (los seguros no se hacían cargo de los esclavos que perecían por enfermedad, pero sí de los que perecían ahogados durante la travesía). Después de la prohibición de la trata, la causa podía ser simplemente la de evitar ser capturados.

El ejemplo que nos proporciona Castelar representa el punto final del tránsito, la llegada de la "mercancía" a su nuevo destino: "Se venden dos yeguas de tiro, dos yeguas del Canadá; dos negras, hija y madre; las yeguas, juntas o separadas; las negras, la hija y la madre, separadas o juntas." Con la llegada al destino sólo se iniciaba la vida en la esclavitud, una realidad difícil de comprender incluso a través de los vívidos testimonios e imágenes que nos han llegado.

Fuente: Proyecto Ensayo Hispánico – Emilio Castelar.

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(Nota 6) Gómez añade también que No obstante, recordemos que la esclavitud no era algo nuevo, se trataba más bien de una nueva etapa en una de las instituciones más poderosas de la antigüedad. En España, por ejemplo, se encontraba legislada con precisión, a mediados del siglo XIII, en Las siete partidas de Alfonso el Sabio. El título 21 de la Parte Cuarta se titula "De los siervos", cuya ley primera establece que "son tres maneras de siervos. La primera, es de los que cativan en tiempos de guerra, seyendo enemigos de la fe. La segunda, es de los que nascen de las siervas. La tercera es quando alguno es libre e se desea vender".

Fuente: Cronología: Esclavitud y trata negros en América. Antología del Ensayo Hispánico – Emilio Castelar.
http://www.ensayistas.org/antologia/XIXE/
castelar/esclavitud/c-esclavitud.htm


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(Nota 7) Los cronistas españoles Martín de Murúa y Miguel Cabello de Balboa recogieron esta historia según la cual el entonces príncipe y futuro inca, Tupac Yupanqui (Cusco ¿1471? – Cusco 1493), hijo del inca Pachacutec, en una de sus expediciones por la costa norte peruana, fue donde tuvo conocimiento de unas islas lejanas y decidió ir en pos de ellas, alistó una impresionante flota de balsas y zarpó con 20.000 hombres, llegando a unas islas llamadas Ninchumbi y Aguacchumbi. Algunos historiadores piensan que llegó a la Polinesia, específicamente a la isla Mangareval, donde, en el siglo XVIII, sus habitantes relataban una leyenda de un jefe llamado inca que venia del este. El mismo relato existe en las islas Marquesas. Lo cierto es que retornó a los dos años trayendo consigo gente negra, sillas de latan, pellejos y quijadas de caballos que fueron conservadas en la fortaleza de Sacsayhuamán.

Fuentes: Tupac Yupanqui. Vikipedia, la enciclopedia libre.
http://es.wikipedia.org/wiki/T%C3%BApac_Yupanqui

Tupac Yupanqui. El inca que descubrió Oceanía.
Peruredes.com.
http://www.peruredes.com/Historia/yupanqui.htm

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(Nota 8) El mismo portal agrega que: Hernán Cortés, por ejemplo, cuando se disponía a conquistar la región de Tepeaca, después de la Noche Triste, le escribía a Carlos I con toda naturalidad: «Hice ciertos esclavos, de que se dio el quinto a los oficiales reales»... De ellos se ayudaban los conquistadores como guías, porteadores y constructores, y a veces incluso como fieles guerreros aliados. El problema moral de conciencia por entonces -como en los tiempos de San Pablo- no se planteaba, en modo alguno, sobre el tener esclavos, sino sobre el trato bueno o malo que a los esclavos se daba.

Así las cosas, «si los indios coincidían con los combatientes españoles en cuanto a considerar legítimo el derecho a tener esclavos a los que les hacían la guerra, la Iglesia y la Corona tuvieron que empeñarse no sólo en una lucha ideológica con los diversos grupos y culturas indígenas, sino que también se vieron obligados a convencer a sus propios españoles acerca de que el indio debía ser una excepción en lo que atañe a esclavitudes y servidumbres. Ambos, indios y españoles, tuvieron que ser reeducados en función de la confluencia de una nueva ética: la que se fundaba en el cristianismo y en la igualdad de trato entre cristianos» (Esteva 167).

En este sentido, «lo que aprendieron [los indios] de los españoles fue precisamente el protestar contra la esclavitud y el tener derecho a ejercer legalmente acciones contra los esclavistas» (168). Y éste, como veremos, fue ante todo mérito de la Iglesia y de la Corona.

Como es natural, el empeño por cambiar la mentalidad de indios y españoles sobre la esclavitud de los naturales de las Indias hubo de prolongarse durante varios decenios, pero se comenzó desde el principio. En efecto, los Reyes Católicos iniciaron el antiesclavismo de los indios cuando Colón, al regreso de su segundo viaje (1496), trajo a España como esclavos 300 indios de La Española, y le obligaron a regresarlos de inmediato, y como hombres libres.

Alertados así sobre el problema, los Reyes dieron en 1501 rigurosas instrucciones al comendador Nicolás de Ovando, en las que insistían en que los indios fuesen tratados no como esclavos, sino como hombres libres, vasallos de la Corona. Recordaremos aquí brevemente las acciones principales de la Iglesia y la Corona para la liberación de los indios.

Por parte de la Iglesia, el combate contra la esclavización de los indios vino exigida tanto por misioneros como por teólogos y juristas. La licitud de la esclavitud, según hemos visto, estaba por entonces íntimamente relacionada con la cuestión gravísima de la guerra justa, y ésta con el problema de los títulos lícitos de conquista, como ya vimos brevemente más arriba (53-56). Pero, en referencia directa a la esclavitud de los indios, hemos de recordar, por ejemplo, el sermón de Montesinos (1511), la enseñanza del catedrático salmantino Matías de Paz (1513), la carta de fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, al virrey Mendoza; la carta de los franciscanos de México al Rey, firmada por Jacobo de Tastera, Motolinía, Andrés de Olmos y otros; las intervenciones de Las Casas; las tesis de la Escuela de Salamanca, encabezada en esta cuestión por Diego de Covarrubias y Leyva, contra Sepúlveda, apoyadas por Soto, Cano, Mercado, Mancio, Guevara, Alonso de Veracruz (+Pereña 95-104); y poco más tarde las irrefutables argumentaciones del jesuita José de Acosta, apoyadas en buena medida en Covarrubias.

Por parte del Estado, recordaremos primero las numerosas y tempranas intervenciones antiesclavistas de altos funcionarios reales, algunas de las cuales ya hemos referido más arriba (45-47). Núñez de Balboa, por ejemplo, en 1513, escribe al Rey desde el Darién, quejándose del mal trato que Nicuesa y Hojeda dan a los indios, «que les parece ser señores de la tierra», y que una vez que se hacen con los indios «los tienen por esclavos» (Céspedes, Textos 53-54). En 1525, a los cuatro años de la conquista de México, don Rodrigo de Albornoz, contador de la Nueva España, escribe también al Rey, denunciando que con la costumbre de hacer esclavos «se hace mucho estrago en la tierra y se perderá la gente de ella y los que pudieran venir a la fe y dominio de V. M., si no lo mandare remediar luego y que en ninguna manera se haga sin mucha causa, porque es gran cargo de conciencia» (+Castañeda 65-66). Unos diez años más tarde, don Vasco de Quiroga, oidor real en México, refuta uno tras otro con gran fuerza persuasiva todos los posibles supuestos legítimos de esclavización de los indios, en aquella Información en derecho de la que ya dimos noticia (208-209). «Naturalmente, estos autores no intentan negar el derecho de cautiverio, fruto de la guerra, sino conseguir una excepción con los indios americanos» (Castañeda 66; +68-88, 125-136).

La Corona hispana, atendiendo estas voces, prohíbe desde el principio la esclavización de los indios en reiteradas Cédulas y Leyes reales (1523, 1526, 1528, 1530, 1534, Leyes Nuevas 1542, 1543, 1548, 1550, 1553, 1556, 1568, etc.), o la autoriza solamente en casos extremos, acerca de indios que causan estragos o se alzan traicionando paces -caribes, araucanos, chiriguanos-. En 1530, por ejemplo, en la Instrucción de la Segunda Audiencia de México, el Rey prohíbe la esclavitud en absoluto, proceda ésta de guerra, «aunque sea justa y mandada hacer por Nos», o de rescates (+Castañeda 59-60).

Pero también llegaban al Rey informaciones y solicitudes favorables a la esclavitud de los indios, formuladas no sólo por conquistadores y encomenderos, sino también por religiosos dominicos y franciscanos, que, al menos en algunos lugares especialmente bárbaros, «aconsejaron la servidumbre de los indios», contra la primera idea de los Reyes Católicos (López de Gómara, Historia gral. I,290).

Pedro Mártir de Anglería, en una carta de 1525 al arzobispo de Cosenza, refiere: «El derecho natural y el canónico mandan que todo el linaje humano sea libre; mas el derecho romano admite una distinción, y el uso contrario ha quedado establecido. Una larga experiencia, en efecto, ha demostrado la necesidad de que sean esclavos, y no libres, aquellos que por naturaleza son propensos a vicios abominables y que faltos de guías y tutores vuelven a sus errores impúdicos. Hemos llamado a nuestro Consejo de Indias a los bicolores frailes Dominicos y a los descalzos Franciscanos, que han residido largo tiempo en aquellos países, y les hemos preguntado su madura opinión sobre este extremo. Todos, de acuerdo, convinieron en que no había nada más peligroso que dejarlos en libertad» (+Cortés 38).

Los españoles de Indias aducían contra la prohibición de la esclavitud «varias razones, y al parecer, de peso: que los hombres de armas, no viendo provecho en conservar la vida de sus prisioneros, los matarían; que siendo el sistema de hueste el usual de la conquista, y siendo los esclavos parte fundamental y a veces única del botín, nadie querría embarcarse en nuevas guerras contra los indios; que si impedían los rescates se cerraban las posibilidades de que muchos indios conocieran el cristianismo y abandonaran la idolatría; que los indios, viendo que sus rebeliones no podían ser castigadas con el cautiverio, se estaban volviendo ya de hecho incontrolables» (Castañeda 60). Todas estas presiones teóricas y prácticas explican que la Corona española, a los comienzos, quebrase en algún momento su continua legislación antiesclavista, como cuando en 1534 autoriza de nuevo el Rey, bajo estrictas condiciones, la esclavitud de guerra o de rescate.

Pero inmediatamente vienen las reacciones antiesclavistas, y entre ellas quizá la más fuerte la del oficial real don Vasco de Quiroga: «Diré lo que siento, con el acatamiento que debo, que la nueva provisión revocatoria de aquella santa y bendita primera [1530] que, a mi ver por gracia e inspiración del Espíritu Santo, tan justa y católicamente se había dado y proveído, allá y acá pregonado y guardado sin querella de nadie, que yo acá sepa»... (+Castañeda 118). Las Leyes Nuevas de 1542, y las que siguen a la gran disputa académica de 1550 entre Las Casas y Ginés de Sepúlveda, reafirmaron definitivamente la tradición antiesclavista de la Iglesia y la Corona. Así en 1553 ordena el Rey «universalmente la libertad de todos los indios, de cualquier calidad que sean», y encarga a los Fiscales proceder en esto con energía, «de forma que ningún indio ni india deje de conseguir y conservar su libertad».

Por lo demás, «la persecución de que se hizo objeto a quienes practicaban la esclavitud de los indios se fue generalizando a medida que se acentuaba el papel de la Iglesia en Indias, y a medida también que la Corona española aumentaba sus controles funcionarios sobre los españoles» (Esteva 184). Esta persecución comenzó muy pronto, y no eximió tampoco a los poderosos, como vimos ya en el caso de Colón, o podemos verlo en el de Hernán Cortés, que en el juicio de residencia de 1548, fue acusado de tener trabajando en sus tierras indios esclavos de guerra o rescate, a los que se dio libertad.

1492, 1550... En aquel dramático encuentro de indios y españoles, es evidente que los indios, mucho más primitivos y subdesarrollados, en un marco de vida moderna absolutamente nuevo para ellos, vinieron a ser el proletariado de la nueva sociedad que se fue desarrollando, con todo los sufrimientos que tal condición social implicaba entonces -no mayor, probablemente, a los que, por ejemplo, se daban en el XIX durante la revolución industrial entre los mismos ingleses, o a los que en el XX se experimentan en los suburbios y lugares más deprimidos de América-.

La esclavitud, en las Indias hispanas, desde el comienzo, cedió el paso a la encomienda, con el repartimiento de indios, y ésta institución no tardó mucho en verse sustituida por el régimen de las reducciones en pueblos. En todo caso, es preciso reconocer que, ya desde 1500, al abolir la esclavitud de los indios, «la Corona española se adelantaba varios siglos a la abolición de la esclavitud en el mundo» (Pereña, Carta Magna de los Indios 106).

Fuente:
http://www.corazones.org/diccionario/esclavitud.htm
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