Esclavitud de por acá (la de ébano y la de los otros) y la historia paralela (Primera Parte: Años 1000 a. C.—1824 d. C.)






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títuloEsclavitud de por acá (la de ébano y la de los otros) y la historia paralela (Primera Parte: Años 1000 a. C.—1824 d. C.)
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(Nota 16) Las Leyes Nuevas de Indias representaron un total giro en la vida de las nuevas colonias de la metrópoli, pero sólo en los lugares donde fueron plenamente cumplidas.

El texto original, en sus puntos concernientes a los indígenas decía:

...7. Y porque nuestro principal intento y voluntad siempre ha sido y es de la conservaçión y agmento de los indios y que sean instruidos y enseñados en las cosas de nuestra sancta Fée cathólica y bien tratados como personas libres y vasallos nuestros, como lo son, encargamos y mandamos a los del dicho nuestro Consejo [de las Indias] tengan siempre muy gran atençión y espeçial cuidado sobre todo de la conservaçión y buen govierno y tratamiento de los dichos indios y de saber cómo se cumple y executa lo que por Nos está ordenado y se ordenare para la buena governaçión de las nuestras Indias y administraçión de la justiçia en ellas, y de hazer que se guarde, cunpla y execute, sin que en ello haya remissión, falta, ni descuido alguno.

20. Porque una de las cosas mas prinçipales que en las Abdiençias han de servirnos es en tener muy espeçial cuidado del buen tratamiento de los indios y conservaçión dellos, mandamos que se informen siempre de los exçesos y malos tratamientos que les son o fueren fechos por los governadores o personas particulares, y cómo han guardado las Ordenanças e Instruçiones que les han sido dadas y para el buen tratamiento dellos están fechas, y en lo que se oviere exçedido o exçediere de aquí adelante tengan cuidado de lo remediar castigando los culpados por todo rigor, conforme a justiçia; y que no den lugar a que en los pleitos de entre indios o con ellos se hagan proçessos ordinarios ni aya alargas, como suele acontesçer por la maliçia de algunos abogados y procuradores, sino que sumariamente sean determinados, guardando sus usos y costumbres, no siendo claramente injustos, y que tengan las dichas Abdiençias cuidado que así se guarde por los otros juezes inferiores.

21. Iten, ordenamos y mandamos que de aquí adelante por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so titulo de revelión ni por rescate ni de otra manera, no se pueda hazer esclavo indio alguno, y queremos sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son.

22. Ninguna persona se pueda servir de los indios por vía de naburia ni tapia ni otro modo alguno contra su voluntad.

23. Como avemos mandado proveer que de aquí adelante por ninguna vía se hagan los indios esclavos, ansí en los que hasta aquí se han fecho contra razón y derecho y contra las Provissiones e Instruçiones dadas, ordenamos y mandamos que las Abdiençias, llamadas las partes, sin tela de juizio, sumaria y brevemente, sóla la verdad sabida, los pongan en libertad, si las personas que los tovieren por esclavos no mostraren título cómo los tienen y poseen ligítimamente. Y porque a falta de personas que soliciten lo susodicho los indios no queden por esclavos injustamente, mandamos que las Abdiençias pongan personas que sigan por los indios esta causa, y se paguen de penas de Cámara, y sean hombres de confiança y diligençia.

24. Iten, mandamos que sobre el cargar de los dichos indios las Audiençias tengan espeçial cuidado que no se carguen. O en caso que esto en algunas partes no se pueda escusar, seha de tal manera que de la carga inmoderada no se siga peligro en la vida, salud y conservaçión de los dichos indios; y que contra su voluntad dellos y sin ge lo pagar, en ningund caso se permita que se puedan cargar, castigando muy gravemente al que lo contrario hiziere. Y en esto no ha de ayer remisión por respecto de persona alguna.

25. Porque nos ha sido fecha relación que de la pesquería de las perlas averse hecho sin la buena orden que convenía se an seguido muertes de muchos indios y negros, mandamos que ningund indio libre sea llevado a la dicha pesquería contra su voluntad, so pena de muerte. Y que el obispo y el juez que fuere a Veneçuela hordenen lo que les paresçiere para que los esclavos que andan en la dicha pesquería, ansí indios como negros, se conserven y çessen las muertes. Y si les paresçiere que no se puede escusar a los dichos indios y negros el peligro de muerte, çesse la pesquería de las dichas perlas, porque estimamos en mucho mas, como es razón, la conservaçión de sus vidas que el interese que nos pueda venir de las perlas.

Dentro de este contexto, citando a los españoles y sus intereses en el Nuevo Mundo, así como nuevas reglas de juego entre los colonizadores (en este caso, el de Francisco Pizarro y sus socios), la norma contemplaba, a resumidas cuentas, los siguientes puntos:

* La creación de un Consejo de Indias para cautelar la vida socioeconómica en las colonias americanas.

* La fundación de dos nuevas audiencias (la de Perú y la de Confines, entre Guatemala y Nicaragua).

* La prohibición de la esclavitud de los indios.

* Todos los indios repartidos quedaban bajo la jurisdicción de la Corona.

* La moderación en los repartimientos adquiridos legalmente.

* Se prohíbe la creación de nuevas encomiendas, lo que implicó el fin de la criticada institución de los encomenderos, cuya corrupción provocaba verdaderos excesos por parte de quienes detentaban estos altos cargos.

* Además, las expediciones de descubrimiento debían contar con una autorización, es decir, una licencia de la audiencia local; por otro lado, éstas debían estar acompañadas por un religioso; esto, empero, no impidió que estas expediciones descubridoras continuasen siendo empresas capitalistas –como lo fue la de Francisco Pizarro y sus socios Diego de Almagro y Hernando de Luque— en las que el pillaje era algo corriente.

* También se establecieron las condiciones en que debía realizarse el asentamiento de colonos en nuevas tierras, y los tributos y servicios que los indios debían pagar como súbditos del rey.

Estas nuevas normas, sin embargo, no fueron bien recibidas en las colonias españolas de ultramar. En el Perú provocó levantamientos de armas entre encomenderos y una guerra civil.

Fuentes: Miscelánea de textos breves relativos a la época del emperador. 1542, 20 de noviembre. Leyes Nuevas de Indias. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
http://www.cervantesvirtual.com/historia/CarlosV/9_15.shtml



Figura 61. Portada de las Leyes Nuevas de Indias. Barcelona, 1542.
Portal Antehistoria.com

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(Nota 17a) La América Española Colonial. Siglos XVI, XVII y XVIII.
La Economía colonial – Trabajo.
http://enciclopedia.us.es/index.php/Leyes_Nuevas_de_Indias

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(Nota 17b) (ampliación) La misma fuente citada sobre estas líneas, indica también que… En el contexto del proceso de conquista se esclavizó al nativo, capturado en "guerra justa", para que trabajara en la extracción de metales preciosos y proporcionara alimento a los conquistadores. Las presiones ejercidas por sectores de la Iglesia y la disminución de la población indígena, determinaron que la corona permitiese el ingreso de negros africanos para que sustituyeran a la mano de obra aborigen.

Fuente: La América Española Colonial. Siglos XVI, XVII y XVIII.
La Economía colonial – Trabajo.
http://www.puc.cl/sw_educ/historia/america/html/2_1_4.html

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(Nota 18) Un embrollo de encomiendas, encomenderos y mitayos. El sostén de la economía colonial fue el indígena americano, considerado legalmente súbdito de la corona y, por tanto, hombre libre. La categoría de súbdito implicaba el pago de un tributo o, en su defecto, un servicio personal a los representantes de la autoridad monárquica en América.

En los dos primeros siglos coloniales la encomienda reguló la fuerza de trabajo y la distribución de la mano de obra. "La encomienda era una vieja institución de carácter feudal, que establecía servidumbre a los señores a cambio de protección para los siervos. Se estableció entregando una comunidad de indios a un español (benemérito) a cambio de los servicios prestados por éste", explica Lucena Salmoral.

El historiador Guillermo Céspedes del Castillo agrega que "el beneficiario (encomendero) cobra y disfruta el tributo de sus indios, en dinero, en especie (alimentos, tejidos, etc.) o en trabajo (construcción de casas, cultivo de tierras o cualquier otro servicio); a cambio de ello, debe amparar y proteger a los indios encomendados e instruirles en la religión católica, por sí o por medio de una persona seglar o eclesiástica (doctrinero) que él mantendrá".

Por lo tanto, la encomienda no implicaba la propiedad sobre los nativos; era una concesión no heredable. Al quedar vacante (sin poseedor) ésta volvía al monarca, quien podía retener a los indígenas bajo administración real o entregarlos a otro encomendero.

Paralelamente a la encomienda funcionó el sistema del repartimiento forzado, que consistió en el trabajo rotativo y obligatorio del indígena en proyectos de obras públicas o trabajos agrícolas considerados vitales para el bienestar de la comunidad. Esta modalidad de trabajo se basaba en reclutamientos laborales precolombinos, como fueron el coatequitl mexicano y la mita peruana, que los españoles aplicaron con un sentido diferente al que tenía en las sociedades nativas.

Las encomiendas paulatinamente fueron perdiendo su razón de ser, entre otros motivos, por la caída de la población aborigen, la desaparición de los conquistadores ávidos de recompensa y la paz que imperó en la mayoría de las provincias. En cambio, los repartimientos persistieron hasta el fin del período colonial.

La corona fue incapaz de conceder encomiendas indígenas al cada vez mayor número de españoles. Por ello, muchos de éstos se vieron forzados a recurrir a otras alternativas para proveerse de mano de obra. Aparecieron de esa manera diversas formas de peonaje y trabajadores libres remunerados.

Especialmente desde finales del siglo XVI, estos sistemas laborales predominaron en gran parte de la América española. Mientras en las haciendas laboraban peones, jornaleros y capataces, en las minas obreros libres ofrecían sus servicios. En las ciudades, por su parte, se constituyó una mano de obra libre calificada, compuesta por plateros, carpinteros, carreteros y gremios de artesanos en general.

Todos las categorías laborales descritas -esclavismo, encomienda, repartimiento, etc.- operaron de manera muy diversa de acuerdo a costumbres y regiones muy variadas. Por ello, las generalizaciones no dan necesariamente cuenta de muchas situaciones locales.

Fuente: La América Española. El Virreinato del Perú. Los funcionarios Locales.
http://www.puc.cl/sw_educ/historia/america/html/2_1_4.html



Figura 62. Indio mitayo en labores agrícolas. América Española Colonial. El Virreinato del Perú. Trabajo.

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(Nota 19) Bajo este sistema los indios debían laborar de sol a sol con sólo una hora de descanso. Ello, sumado a los malos tratos, la insalubridad y la pésima alimentación, terminó por diezmar poblaciones enteras. Con el tiempo, extensas regiones quedaron abandonadas porque sus habitantes emigraban huyendo de la mita. Por otro lado, no fueron pocas las revueltas que provocó esta explotación del hombre por el hombre.

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(Nota 20) Es decir, en la misma categoría de los ganados y animales de cualquier especie.



Figura 63a. Piezas de ébano II. Esclavos arrumados en un barco negrero. Ilustración probablemente del Siglo XVII, de artista desconocido. Slave Ship. African Presence 1492-1992 Schomburg Exhibit.



Figura 63b. Un cierto lugar llamado Goree. En esta isla, en realidad un islote de 900 metros de largo por 300 de ancho, ubicada frente a la costa de Senegal. Los franceses, sus últimos propietarios, aprovecharon la infraestructura dejada por portugueses, holandeses y daneses, que la ocuparon desde el siglo XV y la convirtieron en la factoría negrera más temida de África. Francia construyó en la isla varias "Casas de esclavos" a lo largo de sus costas y los tratantes continuaron llegando a ella hasta muy entrado el siglo XIX. En todo este tiempo, no se puede calcular la enorme escala humana que alcanzó este comercio infame en el mismísimo continente negro. Algunos investigadores calculan en veinte millones, tal vez más, los hombres, mujeres y niños que fueron literalmente arrebatados de sus aldeas, trasladados a la fuerza a esta u otras islas negreras, para ser vendidos a los traficantes.

En la época de mayor auge de la esclavitud, los tratantes establecieron en Goree sus propias "oficinas". Las "casas de esclavos" no eran otra cosa que lóbregas prisiones o calabozos donde los desdichados eran encerrados, encadenados y colocados unos contra otros, en espera de que algún "cliente" se fije en ellos antes de que el hambre, el cansancio, los maltratos y las enfermedades acaben con ellos. Ocurrida una "transacción" comercial, los esclavos eran sacados de su encierro por un pasaje, como aquel de la única "casa de esclavos" que aún está en pie, donde un letrero todavía reza: y se abre el camino sin retorno a la puerta del infinito dolor. Hoy la isla y sus viejas construcciones forman parte del Patrimonio Cultural por la UNESCO.

Foto del patio y las mazmorras de la mencionada "casa", hoy santuario a la memoria del sufrimiento africano.
Foto del portal La Senda de los Esclavos. La Isla de Goree.
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