Vida y muerte en la poesía de miguel hernández






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fecha de publicación08.01.2016
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VIDA Y MUERTE EN LA POESÍA DE MIGUEL HERNÁNDEZ.


Según Leopoldo de Luis hay dos clases de poetas – podríamos decir dos clases de hombres -, los que consideran que vida y muerte son dos cosas distintas, herencia de Epicuro (la muerte no me afecta, porque mientras yo estoy ella no existe y cuando ella llega, yo ya no estoy), y aquellos que perciben la muerte ínsita en el propio vivir (el-ser-para-la muerte del existencialismo). Jorge Guillén puede ser ejemplo de lo primero, cuando asegura que “vivir no es ir muriendo”, y apostrofa: “Muerte, para ti no vivo”. A Miguel Hernández, pese a su vitalismo, lo encontramos más cerca de la segunda actitud, y más cerca de los estoicos cuando dice en el poema “Silbo de afirmación en la aldea
Lo que haya de venir aquí lo espero,

cultivando el romero y la pobreza.”

En Miguel Hernández se da una estrecha relación entre su biografía y su poesía. En sus primeros poemas de juventud hay un modo de ver la vida vitalista y literario, contempla el mundo desde la perspectiva de los poetas leídos. Hay, por ejemplo, una clara influencia de Jorge Guillén. En su poema Beato sillón de su libro Cántico dice: “El mundo está bien hecho”. Miguel Hernández en el poema Lagarto, mosca, grillo… concluye “Y porque todo es armonía y belleza / en la naturaleza.” (p.65). Hay una visión renacentista de su mundo (locus amoenus). Si aparece algo de pena es más literaria, ficticia, virgiliana, no real, eso vendrá después. “La poesía es una bella mentira fingida” dice M. Hernández. La muerte es en esta época algo más literario. Las primeros poemas que hablan de la muerte como algo vivido son la Elegía al guardameta, o aquél en el que recuerda a una de las tres hermanas que murieron después de nacer él, Hermanita muerta, cuando Miguel contaba nueve años. En la octava Funerario y cementerio (p. 92) de Perito en lunas en un alarde barroco estetizante llamará al ataúd “prisma” “final modisto de cristal y pino”, o “diamante fino” en Hermanita muerta.

El dualismo vida / muerte lo podemos ver ya en las octavas Toro, Torero de Perito en lunas en la que el toro es la muerte y el torero la vida, la gloria; lo mismo sucede en Elegía media del toro. Sin embargo en Citación - fatal triunfa el toro (la muerte) frente a la figura de Ignacio Sánchez Mejías. A partir de 1934 la poesía de Miguel Hernández sufre una de sus transformaciones, se humaniza, y ahora en su mundo poético el amor y la muerte se alían.1935 va a ser un año lleno de plenitud vital en el plano amoroso. Aunque su relación con Josefina se deteriora, van a aparecer nuevas mujeres en su vida, Maruja Mayo y María Cegarra que le van a inspirar gran parte de los poemas de El rayo que no cesa. En él aparece la pena (rayo, cuchillo) por la no realización amorosa completa, y aparece el toro como símbolo de la muerte. Pero sigue teniendo un significado literario, la muerte es la insatisfacción en el plano amoroso del poeta.
Y como el toro, mi sangre astada,

…………………………………

vierte sobre mi lengua un gusto a espada

diluida en un vino espeso y fuerte

desde mi corazón donde me muero.” (p.167)
Vida y muerte son parte del ciclo vital de la naturaleza. Los restos, tras la muerte, darán vida a otros seres “¿No cumplirá mi sangre su misión: ser estiércol? (p.191)
Mi cuerpo pide el hoyo que promete la tierra,

El hoyo desde el cual daré mis privilegios de león y nitrato

a todas las raíces que me tiendan sus trenzas.” (p.192)

Poco más adelante ya la muerte no va a ser descrita, imaginada, soñada, presentada, contada…va a ser vivida. El poeta va a vivir tiempos de muerte: gentes de su patria, amigos, compañeros, su propio hijo. Comienza con la famosa Elegía a Ramón Sijé en El rayo que no cesa. Es la muerte del amigo, de veintidós años, que le coge por sorpresa lejos de su Orihuela natal, en Madrid. Sijé muere el 25 de abril de 1935, y ya aparecerá en El rayo que no cesa el 24 de enero de 1936 cuando éste vea la luz primera vez. Es un poema que rompe con la unidad temática del libro, el amor a la mujer, pero Miguel lo introduce en honor al amigo muerto. Y, cosas de la vida, este poema escrito “precipitadamente” se convierte en el poema más conocido y uno de los más hermosos de la poesía española.

Viento del pueblo, publicado en el verano de 1937, en plena guerra civil española, comenzará con la Elegía primera dedicada a Federico García Lorca, asesinado al comienzo de la guerra civil española. Después vendrá la Elegía segunda dedicada a su amigo Pablo de la Torriente, muerto también en el frente. En este libro hay un hermoso poema de amor, La canción del esposo soldado donde la vida y la muerte se funden con el amor en el centro “te doy vida en la muerte que me dan y no tomo”(p.229) y sigue
Sobre los ataúdes feroces en acecho,

sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa

te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho

hasta en el polvo, esposa. (p.230)
Hermosos versos que nos recuerdan al Quevedo del famoso soneto “Amor más allá de la muerte”. O esa terrible antítesis fiel reflejo de la situación de guerra en la que Miguel, como otros muchos millares de españoles, se ve inmerso “Es preciso matar para seguir viviendo”. Vida y muerte son dos polos que no se tocan. La referencia al primer hijo en proyecto “He poblado tu vientre de amor y sementera” muestra la esperanza en la nueva vida que está por venir y la alegría del nuevo padre.

La muerte aún se hace más patente en El hombre acecha, es algo que lo envuelve todo y en todo momento. “Detened ese tren agonizante / que nunca acaba de cruzar la noche” (aquí la noche es el símbolo de la muerte) dice en los versos finales El tren de los heridos. Sin embargo en ese mundo de desánimo y muerte siempre aparece la esperanza en la vida y en la libertad. Así dice en el poema El herido:
y hará (la libertad) que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan

en la carne talada.

………………………………………………………………..

Porque soy como el árbol talado, que retoño:

porque aún tengo la vida.

De todas las muertes que le tocó vivir, sin duda la que más le marcó fue la de su hijo Manuel Ramón, muerto en octubre de 1938 a los diez meses de haber nacido. La esperanza en una nueva vida se ve truncada por la enfermedad y las condiciones de vida tan terribles producto de la feroz guerra. Parte de los poemas de su último libro, Cancionero y romancero de ausencias, están dedicados a la muerte de su primer hijo. Las ausencias se hacen presentes en la vida de Miguel ya no solo por la muerte del hijo, sino porque en 1939 Miguel va a ser encarcelado y va a recorrer varias cárceles: Torrijos, Seminario de Orihuela, Conde de Toreno en Madrid (donde coincidirá con el famoso dramaturgo Buero Vallejo autor de un retrato que se hizo muy famoso de Miguel), Palencia, Ocaña y Reformatorio de Adultos de Alicante. Miguel es condenado a muerte y después es indultado gracias a los oficios de algunos amigos y conmutada la pena por la de treinta años de reclusión. La ausencia de la esposa y del nuevo hijo serán tema fundamental de estos últimos poemas. En ellos ya no hay esteticismo, ni heroicidad, ni visión telúrica, hay sentimiento y dolor íntimo humano. “En mi casa falta un cuerpo. / Dos en nuestra casa sobran” dice en la conclusión del poema Era un hoyo no muy hondo refiriéndose al hijo muerto. El tema clásico de la fugacidad del tiempo (Tempus fugit) se hará presente en el poema El sol, la rosa y el niño (p. 273) donde el sol y la rosa son símbolos de la fugacidad “El sol, la rosa y el niño / flores de un día nacieron”.

Y en el momento tan cruel que Miguel está viviendo de nuevo renace la esperanza, surgida tras el nacimiento del segundo hijo, Manuel Miguel. De nuevo el claroscuro de la vida. En la Nanas de la cebolla (p.301), una hermosa canción de cuna, en medio de la miseria y la desesperación por el hambre (su esposa le escribe una carta en la que le dice que solo tiene para comer pan y cebolla) aún le pide a su hijo: “Ríete, niño / que te traigo la luna / cuando es preciso”. En un último gesto de padre protector termina el poema “No sepas lo que pasa / ni lo que ocurre”.

La influencia de Quevedo es patente en uno de los versos del poema Hijo de la luz y de la sombra, ¡Ay, la vida: qué hermoso penar tan moribundo! (p.289). De nuevo el claroscuro barroco sintetizado en la paradoja “hermoso penar” que define para Miguel lo que es la vida: alegrías y tristezas, vida y muerte son caras de una misma moneda.


Aquí estoy para vivir

mientras el alma me suene,

y aquí estoy para morir,

cuando la hora me llegue,” (p.215)
Y la hora le llegó un 28 de marzo de 1942, a los treinta y dos años de edad, por causa de una neumonía mal curada que degeneró en tuberculosis, y en medio del abandono y la desidia. Está enterrado en el cementerio de Nuestra Señora del Remedio en Alicante.

La simbología hernandiana referida a la vida y a la muerte es muy rica. Incluso es bastante frecuente que un mismo elemento sea símbolo de los dos dependiendo del contexto y del momento. Símbolos de la muerte son: la lluvia, el color negro, incluso el blanco, el mar, la noche, la sangre, el toro, las garras…Símbolos de la vida son: el color verde, el rojo, el moreno, el verde, el azul y el morado; la blancura de la amada es belleza; la naturaleza en general (el sol, la luna , la tierra, el huerto, la higuera, el naranjo, el olivo, los higos, el gallo).….Son los dos a la vez: la sangre, la lluvia, el mar, la tierra, la noche (cuando simboliza a la esposa, mientras el sol es el esposo; de la unión de los dos nacerá el hijo)….

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