Calendario manual y Guía de forasteros en Chipre para el carnaval del año de 1768 y otros






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Cientificismo y Naturalismo

  El novelista francés Emile Zola, padre del movimiento naturalista, rompe en el último tercio del s. XIX con las limitaciones de la moral y de la estética, dando entrada en sus novelas a lo feo, lo inmoral y lo repugnante. Por otra parte, su obra literaria va a apoyarse también en la teoría filosófica del determinismo, que acentua­rá la indefensión del hombre, al negarle la posibilidad de elegir su propio camino. En último lugar, Zola va a dar entrada en sus novelas, como personajes trágicos, a figuras extraídas de las capas más bajas de la sociedad que, hasta entonces, habían estado marginadas o utilizadas en fórmulas subliterarias (con excepciones ya conocidas, como la picaresca española).

En la concepción naturalista de Zola, el novelista debe comportarse como si fuera un médico, y aplicar el método experimental de Claude Bertrand como si los personajes de sus novelas fuesen sus pacientes, de manera que el resultado, el desenlace de la novela y de los personajes, debe ser el resultado de la observación del comportamiento de los mismos y de la experimentación con las causas que provocan sus diferentes actuaciones, ya que, según la teoría determinista, el hombre no puede actuar en libertad, sino que sus actos dependerán de las condicio­nes sociales que le rodean.

En cualquier caso, aunque el novelista no pueda en algunas ocasiones explicar el por qué de las acciones humanas, sí podrá dejar constancia, basándose en una observación estricta, de los comportamientos de sus personajes-pacientes.

Los condicionamientos sociales.

  En el tema anterior estudiamos cómo el Romanticismo había nacido en el seno de la burguesía que, asumiendo la ideología liberal romántica, conquista el poder político en la mayoría de la Europa occidental. A lo largo del s. XIX, la nueva clase burguesa sigue prosperando gracias a la aplicación de los avances científicos a la industria; es lo que se llama Revolución Industrial. El triunfo del maquinismo va a enriquecer rápidamente a la burguesía, enriquecimiento que provocará el abandono de sus ideales liberales, una vez conseguido el poder político. De este modo nace el capitalismo, sistema en el que la producción industrial condicionará la vida económi­ca, social y política.

La Revolución Industrial y el Capitalismo va a transformar totalmente la sociedad occidental, eliminándose la importancia de la aristocracia heredada y encumbrándose en la cima de la pirámide social la "aristocracia del dinero". En la base de la pirámide surgirá una nueva clase, el proletariado industrial, sometido a las necesidades de producción, desprotegido ante el poder de la burguesía y que vive en una situación próxima a la miseria.

Buena parte de la literatura realista y, sobre todo, naturalista va a intentar reflejar esta situación de desequilibrio social, presentando los aspectos más negati­vos de la sociedad industrial.

La novela realista y naturalista.

El nuevo movimiento en Europa.-

  La nueva estética literaria de la que estamos hablando se manifestó en todos los géneros, pero fue en la novela en el que alcanzó unas cotas más altas. El tránsito entre el Romanticismo y el nuevo movimiento no se produce de una forma brusca, sino gradual, a través de unos autores y obras que están a caballo entre Romanticis­mo y Realismo.

Podemos decir que el movimiento realista surge en Francia con la aparición del novelista Stendhal, que escribió sus novelas basándose en el análisis psicológico de los personajes y en la práctica de la observación. Según Stendhal, la novela debe ser "como un espejo colocado a lo largo del camino". Stendhal es un novelista que todavía está a caballo entre Romanticismo y Realismo: muchos de sus personajes y ambientes son románticos, pero su técnica es ya puramente realista: la descripción fiel de la realidad circundante.

Aunque podamos considerar a Stendhal ya como un autor realista, los verda­deros iniciadores del género fueron los novelistas Balzac y Flaubert. Balzac reunió todas sus novelas bajo el nombre genérico de La Comedia Humana, obra con la que pretende hacer el retrato de la sociedad francesa de su época. Gustave Flaubert, con su obra Madame Bovary, consigue establecer el modelo de estudio de la psicolo­gía femenina.

En el último tercio del s. XIX, otro francés, Emile Zola (1840-1902), da un paso adelante en la evolución del movimiento realista, incluyendo la novela europea en lo que se habría de llamar Naturalismo. Zola se preocupará de establecer clara­mente las bases teóricas sobre las que apoyará su creación literaria mediante la publicación de un gran número de artículos y ensayos. El más importante de esos ensayos es La novela experimental (1879), manifiesto estético en el que se fijan las líneas maestras de la corriente literaria. Vamos a repasar ahora los puntos principa­les de la teoría naturalista.

Zola plantea, en primer lugar, la definición de la novela naturalista, estable­ciendo un paralelo entre ésta y las bases que el doctor Claude Bernard había establecido unos años antes para la ciencia médica:

"A menudo me bastará con reemplazar la palabra médico por la palabra novelista para hacer claro mi pensamiento y darle el vigor de una verdad científica."

El supuesto del que parte Zola para la definición de la nueva narrativa es evidente:

"Puesto que la medicina, que era un arte, se está convirtiendo en una ciencia, )por qué la literatura no ha de convertirse también en una ciencia gracias al método experimental?"

En el proceso iniciado de esta forma, el autor francés establece una diferencia fundamental entre observación y experimentación. Para ello, toma como base una idéntica distinción científica trazada por Bernard:

"El observador constata pura y simplemente los fenómenos que tiene ante sus ojos y tiene que ser el fotógrafo de los fenómenos; su observa­ción debe representar exactamente a la naturaleza (...) escucha a la naturaleza y escribe bajo su dictado. Pero una vez constatado y obser­vado el hecho, llega la idea, interviene el razonamiento y aparece el experimentador para interpretarlo."

Esta diferencia, llevada al campo de la literatura, nos lleva directamente a la separación entre novela realista y novela naturalista, y a la definición de ésta última. El escritor puramente realista se queda en el primer momento (la observa­ción), mientras que el escritor naturalista, por el contrario,

"es, a la vez, observador y experimentador (...) En suma, toda la operación consiste en tomar los hechos de la naturaleza, después, en estudiar los mecanismos de los hechos, actuando sobre ellos mediante las modificaciones de circunstancias y de ambientes sin apartarse nunca de la naturaleza. Al final, está el conocimiento del hombre, el conoci­miento científico en su acción individual y social."

De las definiciones anteriores se derivarán los conceptos básicos del Natura­lismo literario. En ellas aparece implicado, por ejemplo, el carácter impersonal del método, que Zola define así:

"El novelista no es más que un escribano que no juzga ni saca conclusio­nes (...); el novelista desaparece, guarda para sí sus emociones, expone simplemente las cosas que ha visto (...) La intervención apasio­nada o enternecida del escritor empequeñece la novela, velando la nitidez de las líneas, introduciendo un elemento extraño en los hechos, que destruye su valor científico."

También subyace en lo anterior el enfoque determinista de la novela, entendi­do como búsqueda de las causas próximas o determinantes de los fenómenos y muy diferente del fatalismo, con el que frecuentemente es confundido:

"El fatalismo supone la manifestación necesaria de un fenómeno, inde­pendientemente de sus condiciones, mientras que el determinismo es la condición necesaria de un fenómeno cuya manifestación no es obligada."

  La base del determinismo se encuentra en el medio, entendido por Zola en una doble vertiente: la fuerza de la herencia y el medio social:

"Nuestro gran estudio está aquí, en el trabajo recíproco de la sociedad sobre el individuo y del individuo sobre la sociedad."

Actuando sobre este medio, la novela naturalista puede alcanzar un fin moral e incluso terapéutico, meta última perseguida por Zola para rematar el paralelismo establecido con el método experimental del doctor Bernard para la medicina:

"Queremos ser dueños de los fenómenos, de los elementos intelectuales y personales para poderlos dirigir. Somos, en una palabra, novelistas experimentadores que demuestran por la experiencia cómo se comporta una pasión en un medio social. El día en que conozcamos el mecanismo de esta pasión podremos intentar reducirla o, por lo menos, hacerla lo más inofensiva posible."

Hasta ahora nos hemos referido tan sólo al panorama novelístico francés. Pero la nueva estética se extiende con gran rapidez por toda Europa, destacando, como figuras destacadas, el inglés Charles Dickens, que en sus novelas nos va a dejar un retrato exhaustivo de la Inglaterra victoriana y de la Revolución Industrial, y también los escritores rusos (Tolstoi, Dostoievski), que adaptarán la técnica realista a sus peculiares circunstancias, provocando unas novelas cargadas de contenidos poéticos e intemporales que las hacen universales.

Evolución de la novela realista y naturalista en España

  En el Romanticismo español ya podemos encontrar un género que anticipa algunas de las características del Realismo. Me estoy refiriendo al costumbrismo. El tránsito entre el costumbrismo y la novela realista de la segunda mitad del siglo se va a hacer de una forma gradual, a través de la obra de dos autores muy interesan­tes, Fernán Caballero y Pedro Antonio de Alarcón.

Fernán Caballero (Cecilia Bölh de Faber), decía que "la novela no se inventa, sino que se describe", frase con la que se introduce dentro de la teoría realista, aunque sus obras son todavía románticas por los temas (costumbres populares, el mundo rural, etc...). Las novelas de Fernán Caballero pueden definirse perfecta­mente por la conjunción de tres rasgos:

a/ Por una parte, la ideología conservadora o, mejor, antiprogresista, de forma que los personajes que en sus novelas son caracterizados como liberales o demócratas son opbjeto continuo de burla, mientras que sus oponentes protagonistas se caracterizan por el catolicismo vehemente y el tradicionalismo puro.

b/ En segundo lugar, la autora va a llenar sus obras de costumbrismo pintoresquista, cuyos elementos más vistosos serán los cuentos, roman­ces o chistes que con frecuencia intercala.

c/ Por último, Fernán Caballero confiesa en sus obras influencias de escritores extranjeros y, sobre todo, del francés Balzac.

De estos tres elementos, Fernán Caballero va a extraer una tendencia narrati­va propia que supone un paso adelante en la evolución de la narrativa hacia el Realismo.

Pese a los géneros y autores que ya hemos comentado como antecedentes de la novela realista española, la nueva estética (que en Europa se inicia en torno a 1850) no se adopta plenamente en España hasta 1868, aproximadamente, coincidiendo con la revolución, "La Gloriosa", que derroca a Isabel II del trono e inicia un período de inestabilidad política y social que culminará en el advenimiento de la Primera República y, posteriormente, con la vuelta de la monarquía. Simultáneamente con estos fenómenos políticos, un grupo de escritores jóvenes comienzan a publicar sus primeras novelas e inician el Realismo español. Estos autores no se van a quedar anclados en las mismas técnicas, sino que con el tiempo irán evolucionando hacia el Naturalismo, en algunos casos, y, después, hacia soluciones narrativas más personales, ya entrado el s. XX.

Este grupo de autores al que nos hemos referido (Pereda, Galdós, "Clarín", Valera, Pardo Bazán, Palacio Valdés, Blasco Ibáñez, etc...) ha recibido el nombre genérico de Generación del 68 por estar vinculado su comienzo en la literatura con el advenimiento de la Revolución. Pero, aunque la crítica tradicionalmente los conside­rara en conjunto, entre ellos pueden encontrarse grandes diferencias, tanto ideológicas (unos son liberales y, por tanto, partidarios de la Revolución, mientras que otros se definen como conservadores), como literarias (cada uno entenderá el Realismo y el Naturalismo de forma muy personal). Teniendo en cuenta las peculiari­dades individuales, vamos a intentar hacer un repaso rápido por lo que fue el Realismo-Naturalismo en España. Para ello, puede ser útil (aunque no del todo cierto) que distingamos entre un período realista y otro naturalista.

La novela realista española

  En primer lugar, podemos intentar resumir los aspectos que caracterizan a la novela realista española:

a/ Siguiendo el principio de que la novela tendrá más valor cuanto más fiel sea a la realidad circundante, los novelistas del 68 considerarán esa realidad directa y vivida como objeto estético de primer orden.

b/ Para conseguir lo anterior, es evidente que los autores quieran reflejar en sus novelas la realidad más cercana en el tiempo y en el espacio, es decir, aquella realidad que mejor conocen. Este ideal va a motivar la aparición de dos subgéneros novelísticos importantes dentro del Realismo español; por un lado, la novela regional (Peñas arriba de Pereda, por ejemplo); y por otro, la novela urbana (Misericordia, de Galdós). Lo mismo explicará el que las novelas realistas españolas se desarrollen siempre en tiempo contemporáneo (evidentemente, el mejor conocido por los autores), y que cuando se desplacen los hechos a otras épocas de la historia sea porque juzguen necesario conocer el pasado para explicar el presente, no por simple deseo de evasión en el tiempo, como sucedía en el Romanticismo con la novela histórica.

c/ El escritor realista intenta acercarse a la realidad desde una posición de absoluta imparcialidad, desprovisto de cualquier juicio de valor sobre los hechos que relata. Evidentemente, este ideal de objetividad no siempre puede cumplirse, ya que, a menudo, los autores escogerán los argumentos, personajes o situaciones de la realidad que más se adapten a su forma de pensar.

Los autores realistas son conscientes del valor social e, incluso, político que sus obras tienen; y en repetidas ocasiones convertirán sus novelas en vehículo que apoye una determinada "tesis" política o filosófico. Esta toma de postura produjo la aparición de otro subgénero novelístico propio del Realismo, la novela de tesis, que sirvió para apoyar las posiciones ideológicas progresistas (Doña Perfecta, de Galdós) o conservadoras (Sotileza, de Pereda) de sus autores.

d/ La ideología de la época realista va a valorar lo colectivo, el grupo social, los ambientes en los que el individuo se inscribe y desenvuelve. Esto se va a reflejar en la técnica novelística mediante la situación del personaje en estrecha relación con su ambiente. Poco a poco va a ir perdiendo importancia el individuo (Romanticismo) y ganándola el grupo social. El personaje va a ser siempre producto de un ambiente, de un contexto humano y social que no puede descuidarse.

  La novela naturalista española

  Para hacer un repaso por la novela naturalista española, puede ser más interesante que nos ocupemos de cómo se produjo la recepción teórica del movimiento iniciado por Zola, en vez de analizar la obra novelística de los autores individuales, que ampliarían estos apuntes en exceso.

En el análisis de la "recepción del Naturalismo" de Zola podríamos comentar la doble postura que adoptaron los novelistas españoles. Por un lado, figuras como Alarcón, Pereda o Valera se mostraron desde un primer momento adversos al movimiento naturalista. Sin embargo, esta postura adversa parece referirse más a una postura ideológica que de técnica novelística, ya que es curioso que estos tres autores, ocasionalmente, incluyeron en sus obras ciertos aspectos "documentales" de la teoría naturalista.

Pero puede resultar más interesante la recepción del Naturalismo que hicieron autores señalados entonces con la etiqueta del Naturalismo, como Emilia Pardo Bazán, Leopoldo Alas "Clarín" o Benito Pérez Galdós.
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