Literatura pasa por una etapa existencial






descargar 14.67 Kb.
títuloLiteratura pasa por una etapa existencial
fecha de publicación22.09.2015
tamaño14.67 Kb.
tipoLiteratura
l.exam-10.com > Literatura > Literatura
LITERATURA DESPUÉS DE 1939
Tras la Guerra Civil (1936-1939) es claramente perceptible la ruptura con literatura anterior, por la ausencia de numerosos escritores (fallecidos y exiliados) y por la presencia de una férrea censura.
En la posguerra, la literatura pasa por una etapa existencial (años cuarenta), que evoluciona hacia el realismo social (años cincuenta); en las décadas de 1960 y 1970 predominan las obras experimentales, y, desde los años ochenta, se recupera una literatura más tradicional, aunque las tendencias son muy variadas.

Lírica
En la década de 1940, tras la guerra, se manifiestan dos grandes tendencias poéticas: la poesía arraigada y la poesía desarraigada. La poesía arraigada, neoclasicista, es la de los poetas de la Generación del 36, como Luis Rosales o Dionisio Ridruejo, que crece y se nutre sin angustia en un mundo que estos poetas, afines al nuevo régimen, consideran armónico y ordenado. La poesía existencial o desarraigada surge con Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, para quien los poetas desarraigados, entre los que se encuentra, son como el árbol cuyas raíces han sido arrancadas de la tierra. Su lírica manifiesta la angustia y la desesperación del ser humano ante un mundo caótico (el de la posguerra).
En los años cincuenta, la poesía existencial evoluciona hacia la poesía social: Blas de Otero y Gabriel Celaya («La poesía es un arma cargada de futuro») proponen una lírica que sea testimonio de la realidad e instrumento para transformar la sociedad mediante la denuncia de la injusticia y la solidaridad con los oprimidos. El estilo es sencillo, pues pretende llegar a la «inmensa mayoría».
En los años sesenta, la llamada Generación de los cincuenta inicia una «poesía de la experiencia», más intimista y reflexiva, con temas sobre la experiencia personal (amor, soledad, amistad, recuerdos…). Se alejan del tono político y escriben una poesía más minoritaria que la social, revalorizando la expresión poética. Componen el grupo figuras como Ángel González, Claudio Rodríguez, Jaime Gil de Biedma o José Agustín Goytisolo.
En los años setenta, surge una poesía experimental, vanguardista y, en ocasiones, culturalista, que acaba definitivamente con el realismo. A los nuevos poetas se les conoce como «los novísimos», entre los que destaca Pere Gimferrer. En su obra abundan las referencias culturales, tanto de la cultura de masas (cine, cómics, novela negra…) como de la alta cultura literaria y artística. En cuanto al estilo, les preocupa la renovación, por lo que experimentan nuevas formas expresivas vanguardistas.
A finales del siglo XX la poesía se decanta hacia el intimismo y surgen tendencias variadas, como la poesía de la experiencia de ambiente urbano de Luis García Montero.
Narrativa
En la década de 1940 destacan dos novelas que reflejan una visión pesimista y existencial y se convierten en punto de partida de la nueva narrativa: La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, un relato tremendista que narra un cúmulo de crímenes y atrocidades, y Nada, de Carmen Laforet, cuya joven protagonista presenta una visión nihilista de la Barcelona de posguerra. A estas nuevas voces se unen poco después las de Miguel Delibes y Ana María Matute.
En los años cincuenta, la novela recoge las nuevas preocupaciones sociales con un estilo sencillo, ya que se pretende llegar a un amplio público. La Colmena (1951), de Cela, es la novela que supone la transición entre el existencialismo (por su tremendo pesimismo y porque refleja el desamparo humano) y el realismo social (porque es un testimonio de la insolidaridad, la impotencia y la alienación del pueblo en la posguerra).
En el nuevo realismo social se distinguen dos tendencias: el objetivismo y el realismo crítico. El objetivismo presenta la realidad desde una perspectiva neutral, como una cámara de filmar. Representan este tipo de narrativa Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite, Juan García Hortelano y, sobre todo, Rafael Sánchez Ferlosio (El Jarama). El realismo crítico, por su parte, pretende denunciar de forma más explícita las injusticias sociales: el escritor asume un compromiso con la realidad, ya que intenta transformarla.
Al comenzar la década de 1960, decae la novela realista social y se experimentan nuevas formas narrativas. Esa tendencia da lugar a una novela compleja y minoritaria. La renovación afecta a distintos aspectos del relato: el punto de vista narrativo, el tiempo, la estructura… La obra que inicia la nueva etapa experimental es Tiempo de silencio (1962), de Luis Martín Santos, donde lo original no es el asunto (Pedro, un investigador, se ve implicado en un aborto que acaba en muerte, en un suburbio madrileño de chabolas), sino el punto de vista, que combina la perspectiva omnisciente del monólogo interior con descripciones objetivas, diálogos y digresiones ensayísticas. Muestra la imposible e inútil solidaridad entre un intelectual y el mundo marginal; es decir, acaba con la ilusión de la literatura comprometida, que confiaba en la capacidad revolucionaria del arte.
Hasta mediados de los años setenta predominan los relatos experimentales, como Señas de identidad, de Juan Goytisolo; Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé, y Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes. Esta última novela conjunta la preocupación ético-social y la renovación formal.: presenta el monólogo interior de Carmen, mujer conservadora y clasista, que va recordando su vida mientras vela a su esposo muerto, Mario, un intelectual con preocupaciones sociales y existenciales.
A partir de la década de 1980 se vuelve a una novela más tradicional, en la que predominan la narración intimista y la de acción, aventura o intriga. El estilo vuelve a ponerse al servicio de la historia y los argumentos recuperan su protagonismo. Destacan autores como Javier Marías, Eduardo Mendoza, o Antonio Muñoz Molina.
Teatro
En la inmediata posguerra, el género dramático dominante es la comedia humorística de evasión de Enrique Jardiel Poncela y Miguel Mihura. Jardiel Poncela concibe el teatro como el reino del absurdo, en obras como Cuatro corazones con freno y marcha atrás o Eloísa está debajo de un almendro. Miguel Mihura, autor de Tres sombreros de copa, basa su humor en la dislocación del lenguaje.
En la década de 1950, el teatro existencial de los 40 evoluciona hacia el realismo social: un teatro de testimonio y compromiso. Sus máximos representantes son Antonio Buero Vallejo (Historia de una escalera, Las Meninas) y Alfonso Sastre (Escuadra hacia la muerte, La mordaza).
En los años sesenta, aparece una nueva generación de dramaturgos que presentan una estética más simbólica que realista. Se trata de autores como Martín Recuerda, Lauro Olmo (La camisa) o Antonio Gala (Los verdes campos del Edén), que pretenden ser una alternativa comprometida e innovadora al teatro comercial de la época (el de Alfonso Paso o Jaime Salom).
En los años setenta, surge el teatro independiente, vanguardista, que liquida definitivamente el realismo y se lanza a la experimentación de nuevas formas dramáticas. En él, pierde protagonismo el texto literario en beneficio de la escenografía. Destacan grupos como Els Joglars y dramaturgos como Francisco Nieva o Fernando Arrabal, que triunfó en París con su teatro pánico, de corte provocador.
A partir de los años ochenta se afianza el teatro de autor y se abandonan las formas extremas de experimentalismo. Destacan el teatro tradicional ambientado en la Guerra Civil (Las bicicletas son para el verano, de Fernando Fernán Gómez, o ¡Ay, Carmela!, de José Sanchís Sinisterra) y el teatro-farsa de José Luis Alonso de Santos (Bajarse al moro, La estanquera de Vallecas).

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Literatura pasa por una etapa existencial icon2º. primera etapa: Poesía existencial (ancia)

Literatura pasa por una etapa existencial iconEl fin de la Guerra Civil Española (1939) marcó el comienzo de una...

Literatura pasa por una etapa existencial iconLa literatura realista adopta las siguientes tendencias: Realismo...

Literatura pasa por una etapa existencial iconUn borracho está orinando en la calle y pasa una señora y dice: Qué...

Literatura pasa por una etapa existencial iconNació el 30 de octubre de 1910 como segundo hijo varón en una familia de
«Nuestra Señora de Monserrat» y de 1918 a 1923 recibe educación primaria en las escuelas del Amor de Dios; en 1923 pasa a estudiar...

Literatura pasa por una etapa existencial iconDesde la antigüedad, una lenta etapa experimental precedió al «Cinematógrafo»...
«Cinematógrafo» de los Lumière. Ya fuera por ciencia, curiosidad o espectáculo, se trabajó incansablemente por ofrecer al publico...

Literatura pasa por una etapa existencial iconLiteratura latina: desde los orígenes hasta la etapa de decadencia

Literatura pasa por una etapa existencial iconDimensiones estética y apelativa dos poemas: Marcha fúnebre de una...

Literatura pasa por una etapa existencial iconLiteratura o filosofía existen­cial. La defensa que en él se hace,...
«extranjera» al mundo sólo es posible desde la experiencia de la alienación y del absurdo; el verdadero «ensimismamiento» puede ser...

Literatura pasa por una etapa existencial iconEs muy difícil que encontremos una definición clara, concisa y exacta...






© 2015
contactos
l.exam-10.com