“El ángel caído” de Amado Nervo o el mundo en armonía






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fecha de publicación21.09.2015
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EL PAPEL DE LOS ÁNGELES EN LA LITERATURA LATINOAMERICANA DEL SIGLO XX

Gustavo Alonso Gamboa Ramírez



Los ángeles, desde la tradición judío-cristiana, tienen como función básica la anunciación de los designios divinos ante los hombres. La palabra “ángel” procede, en este sentido, del griego aggelos que significa mensajero y hace referencia a aquellos espíritus celestiales que se establecen, desde esta tradición, como un puente entre los deseos de Dios y la humanidad.

La atracción que surge por parte del hombre hacia estos seres mitológicos ha marcado la historia y, también, ha funcionado como un agente importante o incluso central en la obra de muchos artistas que dejaron manifestaciones plásticas y literarias informándonos de su fe, su crítica y, por supuesto, de los intereses que avizoraban en la construcción de determinados principios religiosos. Es común encontrar, a lo largo de los virreinatos americanos, las simbolizaciones hechas de los ángeles morenos y que se ubicaron en los retablos de diversas iglesias y catedrales con un fin propagandístico de la labor evangelizadora. Por el contrario, durante la aparición de las repúblicas, al alborear el siglo XIX, hubo una disminución de obras artísticas que pusieran de presente estas figuras celestiales como un elemento simbólico de carácter fundamental. Sin embargo, al iniciarse el siglo XX y a lo largo del mismo, encontramos en la literatura latinoamericana la actualización de las apariciones angelicales como un tema de importancia narrativa. En efecto, estamos hablando de una tradición que, si bien no presenta un número excesivo de obras, nos permite repasar y reconstruir la evolución de esta figura simbólica. Es así como, durante este periodo, podemos hablar de textos narrativos (cuentos en su mayoría) donde la figura del ángel aparece como elemento central dentro de su desarrollo diegético. Pero este tema recibirá, a partir del llamado boom de la novela latinoamericana y sus posteriores desarrollos, una revitalización. Por ello, resulta de mucho interés revisar la configuración literaria de la representación angelical en la literatura escrita durante las primera y segunda mitad de aquel siglo y observar, desde esta perspectiva, las variaciones en su simbolización de acuerdo al momento histórico, literario y social con el que se enmarcaron dichas realizaciones literarias.

“El ángel caído” de Amado Nervo o el mundo en armonía


Amado Nervo (1870-1919), el poeta modernista de la sociedad patriarcal del porfiriato mexicano, escribe, entre otros muchos, un texto de narraciones cortas de nombre Cuentos misteriosos que se publicó en forma póstuma en 1921. En este libro se incluye el cuento “El ángel caído” en el que Nervo continúa la búsqueda, desarrollada a lo largo de su obra, de la conexión entre lo místico y lo fantástico; ahora, en directa relación con la figura angelical. Dicha conexión se dirige a un intento de desacralización del ser alado que se complementa con una visión crítica de la sociedad debido al abandono de determinados principios, sin embargo, su construcción está permeada por toda una serie de presupuestos culturales que, más que instituirse como una nueva visión, obedece a la apuesta educacional de determinados preceptos que no deben ser abandonados, desde su perspectiva de clase, como ejes del mundo social mexicano de dicha época. Para revisar estos conflictos, nos dirigiremos a los siguientes aspectos: el ambiente de aparición (inicio de la narración), el estado del mundo a su llegada, la forma de aparición, las características del ángel, la relación con el mundo y el fin de su estadía en el mundo (final de la narración).

En relación con el primer aspecto (ambiente de aparición), el cuento de Nervo se ubica dentro de la tradición de los cuentos de infantiles por lo que inicia con un “Erase una vez”1 que se apoya, además, en el epígrafe que nos dirige hacia una época determinada: “Cuento de Navidad, dedicado a mi sobrina María de los Ángeles”. De tal manera nos informa que la intención de este texto es claramente pedagógica en la medida en que se dirige a un lector en formación. Ahora, toda lectura literaria de carácter formativo (bajo los parámetros de la época) esta dirigida a la instauración de determinados modelos mediante la ejemplificación, la cual puede darse de forma afirmativa o negativa. Es decir, puede encaminarse al deber ser o al no deber ser; ambas con fines prescriptivos. Ello resulta llamativo pues la aparición del ángel, en el mundo terrenal del cuento, no se debe al cumplimiento de una tarea por parte de la deidad sino, más bien, por haberse quedado dormido más de la cuenta en una nube, acción que provoca que caiga “[...] lastimosamente sobre la tierra”. Esto resulta de lo más interesante en la medida en que, contrario a la tradición judeo-cristiana, este ángel no llega al mundo cumpliendo una misión sino que, accidentalmente, cae por estas tierras americanas. Debido a que nuestro interés no es teológico, sino de análisis del discurso (en este caso, tres discursos literarios), señalemos que en el primero de ellos la aparición del ángel en el mundo terrenal americano no es producto de una decisión divina, sino de un olvido accidental del mismo ángel.

El estado del mundo (segundo aspecto) es llamativo en relación con lo anterior pues muestra a un mundo en total armonía. En efecto, el sitio donde cae el ángel es un lugar con un “[...] fresco césped” donde la naturaleza estaba en total comunidad con el mundo circundante. Es decir, el mundo en el cual va a aparecer este ángel dormilón no es un mundo en conflicto sino que se encuentra en total estabilidad: es un mundo sin tensiones. Esto deja ver un elemento de la tradición literaria que llama la atención. En efecto, desde la aparición de los géneros literarios producto del renacimiento, las obras de carácter narrativo (cuento, novela, etcétera) cimentan su potencialidad estética en la emergencia de los conflictos que se dejan ver entre la relación héroe-mundo. De tal forma, la obra literaria de estas épocas esta afincada en la posibilidad de explicitar un mundo en tensión. Sin embargo, como vemos, en este cuento dicho mundo en tensión no se asocia con la función del ángel en la medida en que (desde su propia aparición) no se debe a un conflicto en el mundo terrenal, el cual esta visualizado, a su vez, en un mundo natural en perfecta calma, un mundo fresco, nuevo. Diríamos, entonces, que el estado del mundo que ve Amado Nervo a través de este cuento, no es conflictivo, sino, más bien, armónico, placentero, plácido.

En relación con su aparición en la tierra, llama la atención el hecho de que el ángel sufre, indefectiblemente, un choque que lo lleva a sufrir una modificación (aunque pasajera) de su esencia. Además, al entrar al mundo tiene que asumir las leyes de la naturaleza terrenal (abandonando la angelical que le permitía dormir sobre las nubes); es decir, tiene que atenerse a los principios de la materialidad (peso, calidad de material, duración, etcétera). Por ello, al caer este ángel “[...] se quebró un ala, el ala derecha” informándonos que han cambiado sus leyes de existencia inmaterial por principios materiales que lo llevan a estar disminuido en esta nueva situación. De tal manera, la entrada al mundo humano de la figura angelical, muestra un impacto que se expresa en su nueva corporeidad disminuida.

Si esta situación pone al ángel en desventaja en su accionar en el mundo natural, las características propias de su identidad aún amplían (a la vez que definen) su problemática. En efecto, el lenguaje que habla nadie lo entiende, posee alas que dificultan su movimiento, no pesa y pierde sangre (“[...] manchado de sangre y lodo”). Por supuesto, el aspecto que más nos interesa es el poseer un lenguaje que no se entiende pues determina la incapacidad para comunicar un mensaje. Ésto se resuelve en el cuento de Nervo mediante la introducción de un personaje: el niño. Los niños, que son el público directo de su formativo cuento, son los más capacitados para poder entenderle. Dicho conocimiento secreto no es posible para los adultos (desde la perspectiva de este cuento), excepto para las figuras del artista y la madre. Así, la trilogía artista-niño-madre se convierte en la única capaz de lograr decodificar a este mensajero divino. Por supuesto, el efecto que se persigue con este principio es lograr un posicionamiento social a las figuras del artista, la madre y el niño dentro de determinados orbes de poder como los capacitados y designados para comprender algo que no pueden ver los restantes adultos del mundo. Sin embargo, en la comprensión de este lenguaje se sucede algo más: la determinación de una serie de elementos que deben grabarse en la mente de estos jóvenes aprendices de ciudadano como modelos a seguir.

El final del cuento (y de la estadía del ángel en la tierra) es enigmático. Un día el ángel les informa a los niños y a la madre que “[...] me llaman de allá arriba” por lo cual, luego de diversas inquietudes, se plantea una solución: madre y niños, ayudados por el ángel, van hacia el mundo angelical. Es decir, ante los deseos individuales de estos personajes, la única solución es ausentarse del mundo en busca de un mundo ideal donde, un mensaje que pareciera (dentro de la narración) no tener pertinencia, se constituya en el único discurso como posibilitador de vida. Esto, por supuesto, se asocia con la teoría estética desarrollada por parte de los modernistas en aras de un distanciamiento de la realidad circundante. De tal forma, el final del cuento no guarda asociación con una problemática esbozada dentro del cuento sino que es, más bien, una respuesta predeterminada que esta guiada por una estética particular más que por los planteamientos mismos del cuento. El ángel caído de Nervo es, en definitiva, un mensajero sin mensaje que no ofrece ningún tipo de respuesta ante las situaciones humanas porque, dentro de la narración, no eran necesarias debido a que el mundo imaginario del porfirismo no tenía conflictos en su horizonte mental.

“Un señor muy viejo ...” de Gabriel García Márquez: el ángel inútil


Un señor muy viejo con unas alas enormes (1968) de Gabriel García Márquez (1923-) es un texto que se encuadra en el llamado realismo mágico o maravilloso de la literatura latinoamericana que estuvo en boga (aunque todavía encontramos isabelinas manifestaciones) por los años sesentas y setentas del siglo pasado. El cuento, igual que gran parte de la producción narrativa de García Márquez, se realiza en una lograda prosa que intenta crear la sensación de ineluctable ante un universo narrativo que no obedece las leyes de la realidad material creando, de tal forma, un sentido mágico-existencial que logra convencer al lector de los posibles vínculos con la realidad que esta propone. Este cuento, en particular, dirige la atención hacía un elemento de la cultura occidental y su irrupción en el mundo del caribe colombiano: un ángel viejo. Para acercarnos a este texto, e ir estableciendo algunos comparativos con el cuento de Nervo, seguiremos el procedimiento que desarrollamos antes.

El ambiente inicial de la narración, a diferencia de la armonía natural del anterior cuento, es un ambiente apocalíptico. En efecto, el cuento se inicia con unas torrenciales lluvias que “Al tercer día [...] habían matado tantos cangrejos”2; de tal forma que el ambiente inicial es el de un mundo en plena crisis expresado en una desestabilización de las condiciones naturales. Contrasta con el mundo en armonía de Amado Nervo en la medida en que aquí, el mundo estaba en plena descomposición. Entonces, el mundo natural que se vive al momento de la aparición del ángel es descrito con una carga problemática muy fuerte que pone en duda su propia existencia.

El motivo de la aparición en la tierra del ángel en este cuento, guarda, ahora sí, una relación con el cuento de Nervo. En efecto, aquí el ángel tampoco desciende gloriosamente sobre la tierra, sino que más bien ha caído y se presenta “[...] tumbado boca abajo en el lodazal y no podía levantarse por sus enormes alas”. De tal forma, en esta nueva narración se continúa la idea asociada a la presencia del ángel como accidental; es decir, no tenía un fin determinado que orientara su presencia en la tierra. Los ángeles, en conclusión, de estos cuentos, llegan a estas tierras americanas más por accidentes que por planes predeterminados de la divinidad.

Sin embargo, pese a esta última coincidencia con el cuento de Nervo, el cuento de García Márquez difiere en cuanto a las características del ángel. En esta dirección, el narrador extradiegético nos informa que sus enormes alas eran “[...] de gallinazo grande, sucias y medio desplumadas”; su vestido era “[...] como un trapero”; tenía el cráneo pelado; además de “[...] muy pocos dientes en la boca”; de una edad muy avanzada: “[...] condición de abuelo ensopado”; de un “Olor a interperie”; con sus “[...] alas sembrada de algas parasitarias”. Su estado, en general, podemos describirlo como un ángel en decadencia (en parte asociado a su vejez) que es descrita con ausencias físicas y falta de envestidura. Además, difiere de los anteriores en ser una imagen no eternizada pues, a diferencia de la iconografía religiosa que se expresa en otras épocas y lugares, este mostraba algo muy importante: el paso del tiempo. En efecto, en el cuento de Nervo tenemos un desplazamiento espacial (de las nubes al mundo terrenal); pero, en el de García Márquez tenemos, no sólo este desplazamiento, sino que además, mediante su descripción, se nos informa de una evolución temporal. De tal forma, la eterna juventud del ángel da paso a una situación, expresada en el cuerpo, de cercanía con la muerte. Informándonos, así, su próxima desaparición de la faz angélico-terrenal. Además de esto, su mensaje tampoco pudo ser comprendido pues hablaba en un “[...] dialecto incomprensible pero con voz de navegante”. Y, a diferencia del cuento de Nervo, en este cuento nadie puede entender lo que dice: ni niños, ni madres, ni artistas y, lo más importante, ni siquiera el padre Gonzaga pues, luego de intentar hablarle en latín “[...] la lengua de Dios”, concluyó que era un impostor porque no pudo reconocer su saludo en esa lengua. Por lo tanto, nos informa García Márquez, este ángel no puede establecer comunicación con ninguno de los habitantes de este mundo a pesar que todos pueden verlo. Así, es un ángel que, atrapado en el juego del tiempo, no puede decir las verdades divinas a los hombres.

Así, lo que sabemos del ángel, no es lo que este dice o expresa, sino aquello que la comunidad crea dentro del cuento. Por ello, una vecina asegura que “Seguro venía por el niño [enfermo] pero el pobre está tan viejo que lo ha tumbado la lluvia”; comentario que lleva a que lo encierren en un gallinero. Por supuesto, ante la extrañeza de la figura angelical, algunos consideran que debe ser nombrado “[...] alcalde del mundo”, “General de cinco estrellas” o debía ser conservado como “semental”. Ante tal inquietud, los propietarios de la casa donde había caído descubrieron un buen camino: convertir la presencia del ángel en negocio. Por ello, la mujer de la casa consideró necesario “[...] tapiar el patio y cobrar cinco centavos por la entrada para ver el ángel” lo cual llevó, gracias a las ganancias, a la construcción de “[...] una mansión de dos plantas”. Así, la relación del ángel con el mundo terreno es, finalmente, un asunto económico que beneficia a quienes tienen la posesión de tan preciado bien. Juega, en este sentido, García Márquez con la creación-comunicación de determinadas verdades (la celestial, por ejemplo), con la capacidad de generar riquezas en la medida en que se posee un determinado conocimiento u objeto. Sin embargo, otra vez con el paso del tiempo, este deja de interesar a la comunidad espectadora (derrotado por la aparición de una mujer araña en un circo viajero) por lo cual se volvió una molestia en el gallinero. Entonces, el cuento de García Márquez toma una posición crítica ante la irrupción de las figuras angelicales en el mundo las cuales, considera, tienen su pertinencia en la medida en que generan riquezas para determinados grupos que las convierten un medio de producción mediante la perpetuación de determinada creación simbólica.

Esta dirección desencadena el final del cuento. En efecto, una vez la mujer araña se constituye en la vedette de la época, el ángel viejo es olvidado en el gallinero. En este descanso, vuelven a salirle unas “[...] plumas grandes y duras” que lo llevan a intentar volar. Conseguido esto, la mujer de la casa siente alivio al verlo alejarse pues se había convertido en un estorbo de su vida. Se concluye de tal forma, que el mensaje inexistente del ángel-mercancía se expresa no en un verdad oculta, sino en los posibles bienes materiales que este genere convirtiéndose, al finalizar esta función, en nada más que un artículo a desechar.

“El ángel caído” de Cristina Peri Rossi: figura asexuada


La escritora y filóloga uruguaya Cristina Peri Rossi (1941-) remata con su cuento “El ángel caído” (1983) del volumen Una pasión prohibida. En este texto, como en otras de sus obras, retoma la temática de la figura femenina relacionada con el exilio (que la propia escritora sufrió desde 1973).

Inicialmente, debemos decir que el ambiente del cuento es, por tercera ocasión, no una llegada del ángel con un fin determinado, sino provocado por un accidente: “El ángel se precipitó a tierra, exactamente igual que el satélite ruso que espiaba los movimientos en el mar de X flota norteamericana [...] la caída del ángel no causó ningún trastorno ecológico”3. Esta entrada nos permite afirmar, finalmente, que la figura del ángel en los escritores latinoamericanos no esta asociada a la transmisión de mensajes divinos específicamente dirigidos hacía esta sociedad, sino que su aparición es un mero accidente. Además de ello, si el mundo en que llega a la tierra el ángel de Nervo era una ambiente de frescura y tranquilidad y en el de García Márquez se hace apocalíptico por fuerzas naturales, en el cuento de Peri Rossi ese ambiente apocalíptico se continúa, pero ahora con fuerzas, no naturales, sino expresadas en procesos político-económicos. Así, la aparición del ángel de Peri Rossi esta asociado a una realidad contemporánea muy cercana a la difundida por los medios de comunicación. Dando paso, por tanto, a un Apocalipsis diferente a la del cuento anterior.

En efecto, el cataclismo de este cuento es, en el sentido estricto de la palabra, la destrucción de la vida en la tierra. Así, los habitantes del mundo estaban “[...] hartos de catástrofes nucleares“ y reconstruían sus casas “[...] con melancolía”. De tal forma, el mundo se encuentra en una crisis social que se expresa en una tristeza generalizada por parte de los habitantes. Esto nos permite visualizar una comunicación directa entre el mundo tecnológico y las sensaciones y actitudes humanas de los grupos particulares. Difiere esto de lo narrado en el cuento de García Márquez en la medida en que la fuerza apocalíptica de la naturaleza impacta en los habitantes del pueblo pero no trastoca sus comportamientos individuales. Sin embargo, la aparición del ángel en este cuento tiene otro elemento: su llegada a la tierra más bien le causó un vértigo: “Más bien se depositó en la vereda, y allí, confuso, permaneció sin moverse, victima de un terrible mareo”. Así, el mundo espantoso que visita este ángel no es producto de la naturaleza, sino de la cultura humana.

Pero si los anteriores elementos difieren de los cuentos precedentes, es en las características propias del ángel donde tendremos modificaciones aún mayores. Dentro de esto, podemos ver que éste era “[...] más bien pequeño”, de alas mutiladas, aspecto poco feliz, sin olor, flaco, feo, sin padres, sin órganos sexuales, sin curiosidad, tono azul de piel, no tenía raza determinada (‘ni ario, ni negro, ni indio’), edad imposible de determinar, color de ojos indescifrable; en definitiva, y tristemente, asexuado. Difiere esta categorización de la dada en los cuentos anteriores. De la aristocrática presencia angelical de Nervo, a la masculina de García Márquez (‘un viejo’); ahora tenemos un ángel que se define por su ambigüedad retornando, en cierta manera, a las figuras angelicales medievales. Así, el ángel caído de Peri Rossi, restituye una tradición simbólica donde la indefinición se evidencia como vehículo primordial del mensaje angelical. Así, esta situación lleva a un tipo de relación en el mundo donde las tensiones indefinido-general se enfrentan a definido-particular.

La relación con el mundo se hace problemática en la medida en que los escuchas del ángel (quienes le pueden ver sin ningún problema) no pueden comprender su lengua; pero, y esto es muy interesante, al contrario de la creencia en una superioridad o especificidad del ángel lo que se piensa es que es incapaz por no conocer “... la lengua que se hablaba en esta región del país”. Así, el giro dado en este cuento es diferente a los anteriores. Si en el cuento de Nervo los adultos están incapacitados para ver el ángel, y en el de García Márquez no puede expresar sus intenciones al tiempo que es utilizado por una familia como generador de bienes, aquí, al contrario, no presenta ninguna utilidad, ni interés en la medida en que su lenguaje no es particular, exacto, sino ambiguo, confuso. Esta falta de exactitud, crea en los hombres que están a su alrededor una sola reacción: el desinterés. Pensemos esto en relación con los cuentos anteriores. En el de Nervo, niños y madres llevan el ángel caído a casa; en el de García Márquez la familia dueña del patio donde se encuentra el ángel lo lleva al gallinero; es decir, en ambos casos la figura angelical accede al espacio ‘interior’. Por su parte, en el de Peri Rossi el espacio del ángel es estrictamente exterior (nadie lo quería llevar a su casa) y, más exactamente, la ciudad. Pero, no una ciudad cualquiera, sino una donde se hacen simulacros de bombardeo y suenan las alarmas. De tal manera, tendremos que este ángel, ambiguo, asexuado, se encuentra en el centro de una zona en conflicto. Y allí, una vez se produce el desalojo de la ciudad para obedecer las normas de alarma social, se presenta un sólo transeúnte capaz de acercarse y violentar estas normas: “... una mujer” quien le afirma al ángel “... te haré un rato de compañía”. Así, es éste el único ser capaz de enfrentar las leyes del mundo citadino, motivo por el cual el cuento sufre un desplazamiento que se evidencia en el remate de la narración.

En efecto, tiempo después de encontrase en el toque de queda de la ciudad, el ángel y la mujer ven venir a un grupo de militares que “... parecen salidos del fondo infernal de la tierra”. Esto hace que la mujer prepare su identificación. Ahora, en este mismo instante, “... el ángel se puso de pie”, se sacudió e “... intentó algunas flexiones”. Luego, “... se preguntó si alguien echaría de menos a la mujer que había caído; antes de ser introducida con violencia en el coche blindado”; punto este en que finaliza la narración. Es decir, en este cuento el caído no es sólo aquel que se depositó en la vereda al inicio del cuento y que tiene a la ambigüedad como elemento definitorio; sino la mujer que se presenta como solidaria (‘te haré compañía’) y transgresora de las directrices políticas (violar el toque de queda). De tal forma, al finalizar el cuento, y a diferencia de los dos anteriores donde los ángeles regresan hacia un destino celestial (Nervo) o hacia la inmensidad del Mar (García Márquez) en este caso se conserva en la tierra, y quien ha desaparecido, debido a las fuerzas militares, es la mujer solidaria y contestataria.

Conclusiones

En cualquier texto literario, señala Bajtin, lo que encontramos es una fuerza juzgadora de carácter ético ante las situaciones vividas en la realidad multifacética del hombre. Dichas fuerza juzgadora se establece a partir de una experiencia de mundo que el propio escritor ha tenido a bien asumir y resignificar mediante sus creaciones literarias. Por ello, cuando encontramos una determinada configuración estética debemos, ante todo, revisar la historicidad simbólica de los elementos refigurados dentro de ella. En esta dirección, llama la atención, por una parte, los puntos de acuerdo en dirección al tratamiento de los ángeles en estos tres cuentos; pero, por otra, las ubicaciones particulares que estos asumen en cada uno ellos.

Los ángeles de estos cuentos nos permiten observar la constante reelaboración de una figura que, sí bien no tiene una voz propia en ninguno de ellos, nos permite ver las relacionas entre los mensajes ‘trascendentes’ y las realidades pragmáticas en este continente. Ubicándonos, de nuevo, en la tensión que ya habíamos mencionado, y que relaciona una determinada representación de los ángeles con una situación histórica particular. En esta dirección, debemos concluir que ellos no pueden articular un mensaje que descifre (ni para apoyar, ni para desmentir) una realidad alterna. De tal forma, diríamos que los ángeles, en estas tres narraciones, funcionan como títeres que dejan ver sus tenues hilos de eternidad colgados de intereses claramente ubicables en diversas realidades históricas.

BIBLIOGRAFÍA

Burgos, Fernando (Compilación, selección y notas). Antología del cuento

hispanoamericano. México, Porrúa, 1991.
García Márquez, Gabriel. Todos los cuentos. Barcelona, Seix Barral, 1984.
Franco, Jean. Historia de la literatura hispanoamericana, Barcelona, Ariel, 1980.
Nervo, Amado. “El ángel caído”. Antología del cuento hispanoamericano. México,

Porrúa, 1991.
Peri Rossi, Cristina. “El ángel caído” en Antología del cuento hispanoamericano.

México, Porrúa, 1991.
Yllera, Alicia. Estilística, poética y semiótica literaria. Madrid, Alianza, 1986.


1 Amado Nervo. “El ángel caído”. Antología del cuento hispanoamericano de Fernando Burgos. México, Porrúa, 1991, Págs. 160-166. En adelante usaremos este misma edición.

2 Gabriel García Márquez. Todos los cuentos. Barcelona, Seix Barral, 1984. Págs. 213-219. En adelante utilizaremos esta edición.

3 Cristina Peri Rossi. “El ángel caído”. Antología del cuento hispanoamericano de Fernando Burgos. México, Porrúa, 1991 Págs. 740-749. En adelante utilizaremos esta edición.




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