Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza






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fecha de publicación20.09.2015
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LA POESÍA DE ANTONIO MACHADO
TEMA A TEMA

Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza,

entre una España que muere y otra España que bosteza.

Españolito que vienes

al mundo, te guarde Dios.

Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.

Los temas principales de la poesía de Antonio Machado son los característicos de su tiempo, el Modernismo, y de la Literatura del Siglo XX:
1. El problema existencial.- a. Sentido de la vida.

b. Melancolía y tristeza.

c. El paso del tiempo y la muerte. d. La angustia de vivir.

e. El problema amoroso (su ausencia). f. La ética, el comportamiento vital.

2. El problema social. El problema de España.

a. Castilla de la muerte. Visión negativa del paisaje castellano y las gentes que lo pueblan. Castilla como símbolo de decadencia.

b. La cuestión política. Pasado, presente y futuro de España.

3. El problema religioso.

a. Búsqueda de Dios para dar sentido a la vida: “Siempre buscando a Dios entre la niebla”.

b. Su concepto religioso choca con el tradicional: La Saeta.

4. El problema literario.

a. La función del poeta.

b. El proceso de creación.
Antonio Machado somete desde sus inicios poéticos su estilo a un proceso de depuración en busca de la esencialidad, hecho que explica que partiendo del Modernismo Canónico esteticista llegue a una poesía sencilla, breve y concisa.
Algunos de los recursos técnicos más corrientes en sus poemas pueden ser los que siguen:
• Los símbolos. Empleará dos tipos: los monosémicos (encierran un solo significado) y los disémicos, que serán los más característicos de sus poemas (aquellos que poseen varias significaciones).

• Alusión a un objeto por algunas de sus características: "¡El muro blanco y el ciprés erguido!" (cementerio, muerte).

• Muchos poemas adoptan disposición dialogada, bien con personas, con objetos, con elementos de la naturaleza o consigo mismo.

• Suele comenzar sus poemas situándolos en un tiempo determinado.

• Es corriente que termine con una exclamación o epifonema.

• La superposición de tiempos (pasado y presente) es corriente en su obra, así como la superposición de lugares (Soria y Baeza, por ejemplo).

• Suele usar mucho el estilo nominal (ausencia de verbos), sobre todo, como es lógico, cuando describe el paisaje.

El ciclo de Soledades.
EL PASO DEL TIEMPO Y EL DISCURRIR DE LA VIDA


He andado muchos caminos, he abierto muchas veredas; he navegado en cien mares,

y atracado en cien riberas. En todas partes he visto caravanas de tristeza, soberbios y melancólicos borrachos de sombra negra, y pedantones al paño

que miran, callan, y piensan que saben, porque no beben el vino de las tabernas.

Mala gente que camina

y va apestando la tierra... Y en todas partes he visto gentes que danzan o juegan,

cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra. Nunca, si llegan a un sitio, preguntan a dónde llegan. Cuando caminan, cabalgan a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa

ni aun en los días de fiesta. Donde hay vino, beben vino; donde no hay vino, agua fresca. Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan,

y en un día como tantos, descansan bajo la tierra.


LA TRISTEZA POR LO PERDIDO
La plaza y los naranjos encendidos con sus frutas redondas y risueñas. Tumulto de pequeños colegiales

que, al salir en desorden de la escuela, llenan el aire de la plaza en sombra con la algazara de sus voces nuevas.

¡Alegría infantil en los rincones de las ciudades muertas!...

Y algo nuestro de ayer, que todavía vemos vagar por estas calles viejas!


Recuerdo infantil

Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía

de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel se representa a Caín

fugitivo, y muerto Abel, junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco truena el maestro, un anciano

mal vestido, enjuto y seco, que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil va cantando la lección:

"mil veces ciento, cien mil;

mil veces mil, un millón".

Una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía

de la lluvia en los cristales.

LA SOLEDAD
Yo voy soñando caminos


Yo voy soñando caminos de la tarde. ¡Las colinas doradas, los verdes pinos, las polvorientas encinas!...

¿Adónde el camino irá? Yo voy cantando, viajero, a lo largo del sendero...

—La tarde cayendo está—.

En el corazón tenía

la espina de una pasión; logré arrancármela un día; ya no siento el corazón.

Y todo el campo un momento se queda, mudo y sombrío, meditando. Suena el viento

en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;

y el camino se serpea

y débilmente blanquea,

se enturbia y desaparece. Mi cantar vuelve a plañir: Aguda espina dorada, quién te volviera a sentir en el corazón clavada.


Amada


Amada, el aura dice

tu pura veste blanca... No te verán mis ojos;

¡mi corazón te aguarda! El viento me ha traído

tu nombre en la mañana;

el eco de tus pasos repite la montaña... No te verán mis ojos;

¡mi corazón te aguarda!

En las sombrías torres repican las campanas... No te verán mis ojos;

¡mi corazón te aguarda! Los golpes del martillo dicen la negra caja;

y el sitio de la fosa,

los golpes de la azada... No te verán mis ojos;

¡mi corazón te aguarda!


EL ABURRIMIENTO Y LA MONOTONÍA DE LA VIDA
Pasan las horas de hastío por la estancia familiar

el amplio cuarto sombrío donde yo empecé a soñar.

Del reloj arrinconado, que en la penumbra clarea,

el tictac acompasado odiosamente golpea.

Dice la monotonía del agua clara al caer:

un día es como otro día; hoy es lo mismo que ayer. Cae la tarde. El viento agita

el parque mustio y dorado...

¡Qué largamente ha llorado toda la fronda marchita!

LA REALIDAD Y EL DESEO
Desgarrada la nube; el arco iris brillando ya en el cielo,

y en un fanal de lluvia

y sol el campo envuelto.

Desperté. ¿Quién enturbia

los mágicos cristales de mi sueño? Mi corazón latía

atónito y disperso.

...¡El limonar florido, el cipresal del huerto,

el prado verde, el sol, el agua, el iris!

¡el agua en tus cabellos!...

Y todo en la memoria se perdía como una pompa de jabón al viento.
LA FUNCIÓN DEL POETA


Leyendo un claro día

mis bien amados versos, he visto en el profundo espejo de mis sueños

que una verdad divina temblando está de miedo, y es una flor que quiere echar su aroma al viento. El alma del poeta

se orienta hacia el misterio. Sólo el poeta puede

mirar lo que está lejos dentro del alma, en turbio y mago sol envuelto.

En esas galerías,

sin fondo, del recuerdo, donde las pobres gentes colgaron cual trofeo

el traje de una fiesta apolillado y viejo,

allí el poeta sabe

el laborar eterno mirar de las doradas abejas de los sueños. Poetas, con el alma atenta al hondo cielo, en la cruel batalla

o en el tranquilo huerto, la nueva miel labramos con los dolores viejos,

la veste blanca y pura pacientemente hacemos, y bajo el sol bruñimos

el fuerte arnés de hierro. El alma que no sueña,

el enemigo espejo, proyecta nuestra imagen con un perfil grotesco. Sentimos una ola

de sangre, en nuestro pecho, que pasa... y sonreímos,

y a laborar volvemos.

El ciclo de Campos de Castilla
EL PROBLEMA DE ESPA.- CASTILLA DE LA MUERTE.
El hombre de estos campos que incendia los pinares y su despojo aguarda como botín de guerra, antaño hubo raído los negros encinares,

talado los robustos robledos de la sierra.

Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;

la tempestad llevarse los limos de la tierra por los sagrados ríos hacia los anchos mares; y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.

Es hijo de una estirpe de rudos caminantes, pastores que conducen sus hordas de merinos

a Extremadura fértil, rebaños trashumantes

que mancha el polvo y dora el sol de los caminos. Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,

hundidos, recelosos, movibles; y trazadas cual arco de ballesta, en el semblante enjuto de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.

Abunda el hombre malo del campo y de la aldea, capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,

que bajo el pardo sayo esconde un alma fea, esclava de los siete pecados capitales.

Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza, guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;

ni para su infortunio ni goza su riqueza;

le hieren y acongojan fortuna y malandanza.

El numen de estos campos es sanguinario y fiero:

al declinar la tarde, sobre el remoto alcor, veréis agigantarse la forma de un arquero,

la forma de un inmenso centauro flechador. Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta

—no fue por estos campos el bíblico jardín—: son tierras para el águila, un trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín.
EL PROBLEMA DE ESPA.- EL PAISAJE DE CASTILLA (VISIÓN SUBJETIVA)


¡Colinas plateadas,

grises alcores, cárdenas roquedas por donde traza el Duero

su curva de ballesta

en torno a Soria, obscuros encinares, ariscos pedregales, calvas sierras, caminos blancos y álamos del río,

tardes de Soria, mística y guerrera, hoy siento por vosotros, en el fondo del corazón, tristeza,

tristeza que es amor! ¡Campos de Soria donde parece que las rocas sueñan, conmigo vais! ¡Colinas plateadas, grises alcores, cárdenas roquedas!...

EL PROBLEMA DE ESPA.- LA CUESTIÓN POLÍTICA
...Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda, la malherida España, de Carnaval vestida

nos la pusieron, pobre y escuálida y beoda, para que no acertara la mano con la herida.
Fue ayer; éramos casi adolescentes; era

con tiempo malo, encinta de lúgubres presagios, cuando montar quisimos en pelo una quimera, mientras la mar dormía ahíta de naufragios.
Dejamos en el puerto la sórdida galera, y en una nave de oro nos plugo navegar hacia los altos mares, sin aguardar ribera,

lanzando velas y anclas, y gobernalle al mar.
Ya entonces, por el fondo de nuestro sueño -herencia de un siglo que vencido sin gloria se alejaba-

un alba entrar quería; con nuestra turbulencia la luz de las divinas ideas batallaba.
Mas cada cual el rumbo siguió de su locura;

agitó su brazo, acreditó su brío;

dejó como un espejo bruñida su armadura

y dijo: "El hoy es malo, pero el mañana... es mío".
Y hoy es aquel mañana de ayer... Y España toda, con sucios oropeles de Carnaval vestida

aún la tenemos: pobre y escuálida y beoda;

mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida.
Tú, juventud más joven, si de más alta cumbre la voluntad te llega, irás a tu aventura despierta y transparente a la divina lumbre,

como el diamante clara, como el diamante pura.
EL PROBLEMA EXISTENCIAL.- LEONOR Y LA MUERTE.


Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero! Un musgo amarillento le mancha la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores que guardan el camino y la ribera, habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera va trepando por él, y en sus entrañas urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero, con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campana, lanza de carro o yugo de carreta; antes que rojo en el hogar, mañana, ardas en alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.


Una noche…


Una noche de verano

—estaba abierto el balcón y la puerta de mi casa—

la muerte en mi casa entró. Se fue acercando a su lecho

—ni siquiera me miró—, con unos dedos muy finos, algo muy tenue rompió.

Silenciosa y sin mirarme, la muerte otra vez pasó

delante de mí. ¿Qué has hecho? La muerte no respondió.

Mi niña quedó tranquila, dolido mi corazón,

¡Ay, lo que la muerte ha roto era un hilo entre los dos!.


Soñé


Soñé que tú me llevabas por una blanca vereda,

en medio del campo verde, hacia el azul de las sierras, hacia los montes azules, una mañana serena.

Sentí tu mano en la mía, tu mano de compañera,

tu voz de niña en mi oído como una campana nueva, como una campana virgen de un alba de primavera.

¡Eran tu voz y tu mano,

en sueños, tan verdaderas! ... Vive, esperanza, ¡quién sabe lo que se traga la tierra!.


Allá, en las tierras altas…


Allá, en las tierras altas, por donde traza el Duero su curva de ballesta

en torno a Soria, entre plomizos cerros y manchas de raídos encinares,

mi corazón está vagando, en sueños...

¿No ves, Leonor, los álamos del río

con sus ramajes yertos?

Mira el Moncayo azul y blanco; dame tu mano y paseemos.

Por estos campos de la tierra mía, bordados de olivares polvorientos, voy caminando solo,

triste, cansado, pensativo y viejo.


A José Mª Palacio


Palacio, buen amigo,

¿está la primavera

vistiendo ya las ramas de los chopos del río y los caminos? En la estepa del alto Duero, Primavera tarda,

¡pero es tan bella y dulce cuando llega!...

¿Tienen los viejos olmos algunas hojas nuevas?

Aún las acacias estarán desnudas

y nevados los montes de las sierras.

¡Oh mole del Moncayo blanca y rosa, allá, en el cielo de Aragón, tan bella!

¿Hay zarzas florecidas entré las grises peñas, y blancas margaritas entre la fina hierba? Por esos campanarios

ya habrán ido llegando las cigüeñas. Habrá trigales verdes,

y mulas pardas en las sementeras,

y labriegos que siembran los tardíos

con las lluvias de abril. Ya las abejas libarán del tomillo y el romero.

¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?

Furtivos cazadores, los reclamos

de la perdiz bajo las capas luengas, no faltarán. Palacio, buen amigo,

¿tienen ya ruiseñores las riberas? Con los primeros lirios

y las primeras rosas de las huertas, en una tarde azul, sube al Espino,

al alto Espino donde está su tierra...


EL PROBLEMA RELIGIOSO
¿ Quién me presta una escalera para subir al madero,

para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno? Saeta popular


¡Oh, la saeta, el cantar al Cristo de los gitanos,

siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar!

¡Cantar del pueblo andaluz, que todas las primaveras anda pidiendo escaleras

para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía, que echa flores

al Jesús de la agonía,

y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!

¡No puedo cantar, ni quiero a ese Jesús del madero,

sino al que anduvo en el mar!


EL PROBLEMA ÉTICO
A Francisco Giner de los Ríos


Como se fue el maestro, la luz de esta mañana

me dijo: Van tres días

que mi hermano Francisco no trabaja.

¿Murió?...Sólo sabemos

que se nos fue por una senda clara, diciéndonos: Hacedme

un duelo de labores y esperanzas.

Sed buenos y no más, sed lo que he sido entre vosotros: alma.

Vivid, la vida sigue,

los muertos mueren y las sombras pasan;

lleva quien deja y vive el que ha vivido.

¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!

Y hacia otra luz más pura

partió el hermano de la luz del alba, del sol de los talleres,

el viejo alegre de la vida santa.

...¡Oh, sí, llevad, amigos, su cuerpo a la montaña,

a los azules montes

del ancho Guadarrama! Allí hay barrancos hondos

de pinos verdes donde el viento canta. Su corazón repose

bajo una encina casta,

en tierra de tomillos, donde juegan mariposas doradas...

Allí el maestro un día

soñaba un nuevo florecer de España.

Nuevas Canciones y últimos poemas
EL RECUERDO DE LEONOR.


Sobre el olivar

se vio a la lechuza volar y volar.

A Santa María un ramito verde volando traía.

¡Campo de Baeza, soñaré contigo cuando no te vea!

Los olivos grises,

los caminos blancos. El sol ha sorbido

la color del campo; y hasta tu recuerdo me lo va secando esta alma de polvo de los días malos.


EL AMOR.- GUIOMAR.


¡Sólo tu figura,

como una centella blanca, en mi noche oscura!

¡Y en la tersa arena, cerca de la mar,

tu carne rosa y morena, súbitamente, Guiomar! En el gris del muro, cárcel y aposento,

y en un paisaje futuro

con sólo tu voz y el viento;

en el nácar frío

de tu zarcillo en mi boca, Guiomar, y en el calofrío de una amanecida loca; asomada al malecón

que bate la mar de un sueño, y bajo el arco del ceño

de mi vigilia, a traición,

¡siempre tú! Guiomar, Guiomar, mírame en ti castigado: reo de haberte creado, ya no te puedo olvidar.


De mar a mar entre los dos la guerra, más honda que la mar. En mi parterre, miro a la mar que el horizonte cierra. Tú, asomada, Guiomar, a un finisterre,
miras hacia otro mar, la mar de España que Camoens cantara, tenebrosa.

Acaso a ti mi ausencia te acompaña.

A mí me duele tu recuerdo, diosa. La guerra dio al amor el tajo fuerte. Y es la total angustia de la muerte, con la sombra infecunda de la llama
y la soñada miel de amor tardío, y la flor imposible de la rama

que ha sentido del hacha el corte frío.


POESÍA DE GUERRA.


Otra vez es la noche... Es el martillo

de la fiebre en las sienes bien vendadas del niño. -Madre, ¡el pájaro amarillo!

¡Las mariposas negras y moradas!
-Duerme, hijo mío. Y la manita oprime

la madre junto al lecho. -¡Oh flor de fuego!

¿Quién ha de helarte, flor de sangre, dime? Hay en la pobre alcoba olor de espliego:
fuera la oronda luna que blanquea cúpula y torre a la ciudad sombría. Invisible avïón moscardonea.
-¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía? El cristal del balcón repiquetea.

-¡Oh, fría, fría, fría, fría, fría!







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