ALÍ chumacero nació en Acaponeta, Nayarit en 1918. Estudió hasta la preparatoria en Guadalajara, Jalisco, y en 1937 se trasladó a la ciudad de México. Junto con






descargar 75.82 Kb.
títuloALÍ chumacero nació en Acaponeta, Nayarit en 1918. Estudió hasta la preparatoria en Guadalajara, Jalisco, y en 1937 se trasladó a la ciudad de México. Junto con
página1/2
fecha de publicación20.09.2015
tamaño75.82 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Literatura > Documentos
  1   2
ALÍ CHUMACERO nació en Acaponeta, Nayarit en 1918. Estudió hasta la preparatoria en Guadalajara, Jalisco, y en 1937 se trasladó a la ciudad de México. Junto con Jorge González Durán, José Luis Martínez y Leopoldo Zea, fundó en 1940 la revista Tierra Nueva.

La obra poética de Chumacero, si bien breve, es de gran trascendencia: Páramo de sueños (1940), Imágenes desterradas (1948) y Palabras en reposo (1956) son sus tres libros que, junto con otros poemas, quedaron reunidos en Poesía completa (1980). En 1993, Poesía reunida se publicó con nuevos poemas. Su obra ha sido galardonada con los premios Xavier Villaurrutia, Rafael Heliodoro Valle, Alfonso Reyes, el Nacional de Lingüística y Literatura, el Amado Nervo y el Nayarit.

FONDO 2000 presenta la reedición de Páramo de sueños, su primer libro de poesía. Según palabras del desaparecido autor guatemalteco Raúl Leiva, "la vida intensa y errabunda de Alí le distingue y le reviste de cierta aureola alucinante. Nada le reconcentra ni le atrae tanto como la poesía. Es ella, únicamente, la que consigue rescatarle y acrecentarle de su eterna nostalgia". El lector tiene en sus manos más de una veintena de poemas que resumen la intensa vitalidad poética de Alí Chumacero, que desde sus primeros versos conjuga lo angelical con lo diabólico, lo celeste y lo infernal, luces y sombras de un territorio donde sueña la poesía.


Prefacio 





Alí Chumacero
pertenece a la generación en los círculos literarios de México se conoce por Tierra Nueva. Los terranovistas se han caracterizado por su juventud y por la decidida vocación literaria de que han venido investidos. En su revista literaria Tierra Nueva (más de catorce bellos números) dejaron huella de su claro talento y de la seriedad que debe caracterizar a toda generación literaria en todo cuanto concierne al cultivo decoroso de las bellas letras. De este grupo quedan cuatro nombres: dos poetas, un crítico y un filósofo. Los poetas son Alí Chumacero y Jorge González Durán; el crítico, José Luis Martínez; el filósofo, Leopoldo Zea. Más que nombres constituyen cuatro realidades dentro del intenso engranaje literario del gran país mexicano. La obra de cada uno de ellos ya ha adquirido jerarquía dentro de los valores espirituales de la cultura novomundana. 
     Chumacero es dentro de la poesía donde nos ha mostrado las más ricas esencias de una depurada sensibilidad y de un fino talento lírico. Aun cuando también cultiva la crítica literaria, es en la poesía donde nosotros le sentimos en plenitud. La vida intensa y errabunda de Alí le distingue y le reviste de cierta aureola alucinante. Nada le reconcentra ni le atrae tanto como la poesía. Es ella, únicamente, la que consigue rescatarle y acrecentarle de su eterna nostalgia. Pocos rostros he visto en México que me hayan mostrado tantas reconditeces como éste. Lleno de paradojas, vive en medio de un círculo de amigos de toda índole: literatos unos, totalmente aliteratos otros... Pero es de este medio antitético de donde Chumacero, con lentitud apasionada y constante, va extrayendo el material poético con que enriquece su lirismo, "la dura soledad de sus sentidos". 
     Si en su vida mundana, privada, el poeta podría parecernos indisciplinado, en cuanto llega al terreno órfico del poema, se arma de certeras flechas, las cuales dan en el blanco nos entrega poemas de gran maduración, de un acabado sentido de la forma, de temperatura mantenida y sostenida a todo trance. Es el suyo un espíritu exigente en cuanto a la armonización y ordenación perfecta del poema: armonización y ordenación que en nada descuidan lo oculto, lo no fácil, lo puro y mágico que todo poema lleva en su vientre. Porque eso es en último término su poesía: hechizo, magia hecha palabra, mensaje dolido, esperanzado y humanísimo. 
     Alí Chumacero se da a la poesía con la naturalidad de la flor entregada al aire de su orilla: todo él se sumerge en la realidad para que ella también lleve su oscuro hálito, su nombre y eco más altivo y herido. Alí, aventurero del mundo, de la poesía, vive en la aventura poética su más alto goce, su deslumbrador deleite: ella condiciona todo su mundo, toda su entrega angustiada y palpitante. Alí, poeta, mira al mundo y viéndolo lo recrea en su mas remota entraña. Las cosas más triviales y a menudo desvalorizadas de la realidad hallan en él a un contemplador absorto, a un amante tenaz, directo y hechizado. El poeta es el hijo pródigo de la realidad: la abandona, para luego retornar a ella más rendido y enternecido. Y lo maravilloso es que este drama él lo vive, por medio de su gracia poética, día a día, noche a noche. Para el auténtico poeta, cada amanecida (ya se ha dicho) es la primera amanecida del mundo, de la creación; cada noche, su misterio, su vuelta al origen, su retorno. México tiene en Alí Chumacero a un poeta admirable. Y no todos lo saben: no todos (ni aun muchos de sus amigos) han sabido mirar en su aspecto real a este ángel caído, baudelaireano y terrible. Alí Chumacero no pertenece a esa moderna casta de los esnobs literarios: poetas mientras están en escena, para luego, en casa, volverse y mostrarse individuos totalmente ausentes a lo que la poesía es y significa. Alí es poeta en escena y fuera de ella: en la vida real. 
     En Chumacero, en su poesía, lo angélico y lo diabólico parecen reconciliarse: tan pronto su visión es adánica, pura, de creación, como luego su voz y su eco más íntimo parecen mostramos un mundo en agonía, en desintegración, donde los términos "muerte", "destrucción", "derrumbe" y muchos otros que expresan angustia y aniquilamiento le son absolutamente familiares. No sabemos de otro poeta mexicano que mantenga su poesía (el espíritu) rescatada en medio de tales contradictorias corrientes. No parece sino ser un nuevo y aherrojado Adán vuelto a la vida, quien al lado de la primavera y del amor, tiene que situar, indefectiblemente, a las otras fuerzas ciegas y terribles, milenarias, las que condicionan la vida del hombre moderno. 
     Acaso sin proponérselo (guiado por el puro subconsciente), el poeta mexicano realiza en este poemario mucho del sueño ambicioso y alucinante de Blake: el matrimonio del cielo y del infierno. La vida pura y magnífica de la poesía que tiene que vivir y alimentarse de experiencias cada vez más profundas, dolorosas y humanas, cercada por el sino adverso que sitúa al poeta en un mundo que desprecia y desdeña, ignorándolas, las labores más leales, desinteresadas y altas de la inteligencia. El poeta, atormentado y hostilizado por una sociedad imbécil, se ve en el trance de rehuir la realidad despreciable de esas gentes; se ve obligado a sumergirse ansiosamente en el propio mar de su soledad interior, y allí, en ese páramo de sueños, explorarse el alma y los sentidos doloridos. De todo esto nos dará testimonio en esos sentidísimos poemas intitulados "Amor entre ruinas", donde se complace en reconciliar esas dos tendencias que siempre han angustiado el rebelde sueño del hombre: la del ángel y la del demonio. Poesía a ratos luzbélica y a ratos adánica, llena siempre de sed inextinguible de eternidad. 
     En Alí Chumacero la poesía se resuelve siempre en un retomo: en "retornar al hombre desgarrado". Poesía del desgarre podrían titularse estos cantos. En todos ellos hay cierta suma de angustia, de dolor sin salida, de muerte. ¿Será un signo de los tiempos el que hoy los poetas modernos sientan y expresen ansiosamente una mayor predilección, una especie de embriaguez, por el tema de la muerte? Las palabras encendidas y tiernas de muchos de estos poemas se ejercitan en la destrucción, se hacen conmovida canción al árbol de la muerte: 

Si acaso el ángel me mirara,  
abierta ya la niebla de mi carne,  
sin nubes, sin estrellas,  
sin tiempo en que mecer la luz de mi agonía,  
encontraría tan sólo a ti, oh muerte,  
llevándome a tu lado, fiel;  
te encontraría tan sola a ti sin mí,  
ya sin cuerpo ni voz, 
sin angustia ni sueños,  
te hallara entonces pura, oh muerte mía. 

     Alí Chumacero es de los poetas más responsables con que cuenta hoy México. Éste su primer libro lo destacó en los primeros lugares (Paz, Huerta, Beltrán) de la modernísima poesía de su país. Quien conozca Páramo de sueños tendrá oportunidad de recrearse en un ambiente de poesía real, consciente, indudable. 

                                                                                        RAÚL LEIVA



A una flor inmersa


CAE
la rosa, cae 
atravesando el agua, 
lenta por el cristal de sombra 
en que su tallo ahoga; 
desciende imperceptible, 
clara, ingrávida, pura 
y las olas la cubren, la desnudan, 
la vuelven a su aroma, 
hácenla navegante por la savia 
que de la tierra nace 
y asciende temblorosa, 
desborda la ternura de su tacto 
en verde prisionero, 
y al fin revienta en flor 
como el esclavo que de  noche sueña 
en una luz que rompa 
los orígenes de su sueño, 
como el desnudo ciervo, cuando la fuente brota, 
que moja con su vaho la corriente 
destrozando su imagen. 

Cae más aún, cae 
más allá de su savia, 
sobre la losa del sepulcro, 
en la mirada de un canario herido 
que atreve el último aletazo 
para internarse mudo entre las sombras. 
Cae sobre mi mano 
inclinándose más y más al tacto, 
cede a su suavidad de sábana mortuoria 
y como un pálido recuerdo 
o ángel desalado 
pierde una estela de su aroma, 
deja una huella: pie que no se posa 
y yeso que se apaga en el silencio.



Ola



HACIA
la arena tibia se desliza  
la flor de las espumas fugitivas,  
y en su cristal navega el aire herido,  
imperceptible, desplomado, oscuro  
como paloma que de pronto niega  
de su mármol idéntico el estío  
o el miedo que en silencios se apresura  
y sólo huella fuese de un viraje,  
melancólica niebla que al oído  
dejara su tranquilo desaliento.  
Mas el aire es quien fragua, sosegado,  
la caricia sombría, el beso amargo  
que al fin fatigará el oculto aroma  
de la arena doliente, deseosa,  
ávida, estéril sombra pensativa,          
cuerpo anegado en un cansancio oscuro  
sometido al murmullo de aquel beso. 

Hermosa así, desnuda, ya no es 
la carne iluminada cual la flecha  
que en el viento describe lujuriosa  
el temblor que después ha de entregar;  
ni es la boca ardiente, enamorada,  
insaciable al contacto, al beso ávida  
como profundo aroma silencioso;  
ni la pasión del fuego hacia el aliento  
destruyendo lo inmóvil de la sombra  
para precipitarla en lo que ha sido,  
sino que, ya ternura del cautivo  
que sabe dónde amor le está esperando, 
quiebra su forma, pierde su albedrío  
y en un instante de candor o ala  
ahogada en un anhelo suspendido,  
como ciega tormenta despeñada  
abandónase al cuerpo que la acosa  
y a su encuentro es caricia, oscura imagen  
de rudo impulso convertido en plumas  
o tinieblas perdidas para siempre,  
y sabe cómo al fin la arena es tumba,  
frontera temblorosa donde se abren  
las flores fugitivas de la espuma, 
resueltas ya en silencio y lentitud.


Vencidos

IGUAL que roca o rosa, renacemos 
y somos como aroma o sueño tumultuoso 
en incesante amor por nuestro duelo; 
fugitivos sin fin que el rostro guardan, 
mudos cadáveres precipitados 
a una impasible tempestad; 
y morimos en nuestras propias manos, 
sin saber de agonías, 
caídos descuidados al abismo, 
a través de catástrofes en nuestro corazón dormidas, 
así tan simplemente, que al mirar un espejo 
hallamos dentro sombras silenciosas 
o una paloma destrozada. 

Porque nada delata que existamos 
en esta soledad del pensamiento, 
y el olvido desciende hacia la tierra 
como un equívoco de Dios, 
dormida imagen donde en sueños 
se martiriza por saberse bello; 
porque es inútil la embriaguez 
que nos cubre de olvidos contra el mundo 
cuando es la lentitud 
y el sentirse arrojados sobre el lecho, 
como el cesar y el impedir, 
lo que alimenta nuestro amor 
y el incansable continuar entre los hombres, 
del dolor de la carne enamorados. 
Igual que rosa o roca: 
crueles cadáveres sin agonía.




Espejo de zozobra



ME MIRO
frente a mí, rendido, 
escuchando latir mi propia sangre, 
con la atención desnuda 
del que espera encontrarse en un espejo 
o en el fondo del agua 
cuando, tendiendo el cuerpo, ve acercarse 
su sombra, lenta e inclinada, 
a la suprema conjunción 
de dos pulsos perdidos en sí mismos, 
como doble sueño o palabra 
inserta en eco hasta llegar 
a la primera orilla del silencio. 

En espejo de sueños estoy junto a mí mismo 
y mi imagen se asoma alargando los brazos, 
buscando asir lo inasidero, 
lo que dentro de mí resuena 
como sombra apresada en las tinieblas 
que quisiera hallar una luz
para poder nacer. 
Estoy junto a la sombra que proyecta mi sombra, 
dentro de mí, sitiado, 
intacto, descansando leve 
sobre mi propia forma: mi agonía, 
y en vano quiero ya cerrar los ojos, 
dejar los brazos a su propio peso 
o que el agua del silencio lave mi cuerpo, 
pues ya mi sueño frente a mí me nombra, 
ya destroza el espejo en que se guarda 
y reclina su voz sobre la mía: 
ya estoy frente a la muerte.




Muerte del hombre



SI ACASO
el ángel desplegara 
la sábana final de mi agonía 
y levantara el sueño que me diste, oh vida, 
un sueño como ave perdida entre la niebla, 
igual al pez que no comprende 
la ola en que navega 
o el peligro cercano con las redes; 
si acaso el ángel frente a mi dijera 
la ultima palabra, 
la decisión mortal de mi destino 
y plegando las alas junto a mi cuerpo hablara, 
como cuando el rocío desciende lento hacia la rosa 
al dar el primer paso la mañana, 
ya miraría en mi sangre 
el negro navegar, la noche incierta, 
el pájaro que sufre sin sus alas 
y la más grave lentitud: la muerte. 

Aun cerca de la íntima agonía 
estás, oh muerte, clara como espejo; 
más abierta que el mar, 
más segura que el aire que entró por la ventana, 
más mía y más ajena 
por mi sangre y mis brazos 
en esta soledad. 
Estás tan fértil como niño 
que, angustiado, llora antes de ser, 
entre la sangre siendo 
y por la piel más vivo que la piel; 
te llevo como árbol, tierra y cauce, 
y eres la savia pura, 
la flor, la espuma y la sonrisa, 
eres el ser que por mi sangre es 
como la estrella ultima del cielo. 

Si acaso el ángel sigiloso 
abriera la ventana 
te miraría salir interminablemente 
como un tiempo cansado 
hacia su sombra vuelto, 
como quien frente al mundo se pregunta: 
"¿En qué lugar está mi soledad?" 

Si acaso el ángel me mirara, 
abierta ya la niebla de mi carne, 
sin nubes, sin estrellas, 
sin tiempo en que mecer la luz de mi agonía, 
encontraría tan sólo a ti, oh muerte, 
llevándome a tu lado, fiel; 
te encontraría tan sola a ti, sin mí, 
ya sin cuerpo ni voz, 
sin angustia ni sueños, 
te hallara entonces pura, oh muerte mía.
  1   2

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

ALÍ chumacero nació en Acaponeta, Nayarit en 1918. Estudió hasta la preparatoria en Guadalajara, Jalisco, y en 1937 se trasladó a la ciudad de México. Junto con iconNació en Guadalajara, Jalisco, México, en 1961. Estudió Ingeniería...

ALÍ chumacero nació en Acaponeta, Nayarit en 1918. Estudió hasta la preparatoria en Guadalajara, Jalisco, y en 1937 se trasladó a la ciudad de México. Junto con iconNació en Tepic (Nayarit) y realizó estudios de ciencias, filosofía...

ALÍ chumacero nació en Acaponeta, Nayarit en 1918. Estudió hasta la preparatoria en Guadalajara, Jalisco, y en 1937 se trasladó a la ciudad de México. Junto con iconMexico: El Gobernador veta reformas a Ley indígena. (Fuente: El Informador)....

ALÍ chumacero nació en Acaponeta, Nayarit en 1918. Estudió hasta la preparatoria en Guadalajara, Jalisco, y en 1937 se trasladó a la ciudad de México. Junto con iconMexico: Mascotas de Juegos Panamericanos indignan a huicholes. (Fuente:...

ALÍ chumacero nació en Acaponeta, Nayarit en 1918. Estudió hasta la preparatoria en Guadalajara, Jalisco, y en 1937 se trasladó a la ciudad de México. Junto con icon* ejercicio de análisis encuesta sobre consumo cultural y medios...

ALÍ chumacero nació en Acaponeta, Nayarit en 1918. Estudió hasta la preparatoria en Guadalajara, Jalisco, y en 1937 se trasladó a la ciudad de México. Junto con iconNació en Estagira (tracia), hacia el año 384-322 a c). A los l8 años...

ALÍ chumacero nació en Acaponeta, Nayarit en 1918. Estudió hasta la preparatoria en Guadalajara, Jalisco, y en 1937 se trasladó a la ciudad de México. Junto con iconGuadalajara, Jalisco., Julio 15 del 2005

ALÍ chumacero nació en Acaponeta, Nayarit en 1918. Estudió hasta la preparatoria en Guadalajara, Jalisco, y en 1937 se trasladó a la ciudad de México. Junto con iconProgramas de estudio en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México

ALÍ chumacero nació en Acaponeta, Nayarit en 1918. Estudió hasta la preparatoria en Guadalajara, Jalisco, y en 1937 se trasladó a la ciudad de México. Junto con iconGuadalajara, México: Encuentro Internacional del Mariachi y la Charrería
«el grito» de la Independencia que el presidente de la república preside el Zócalo, en la Ciudad de México. Este grito conmemora...

ALÍ chumacero nació en Acaponeta, Nayarit en 1918. Estudió hasta la preparatoria en Guadalajara, Jalisco, y en 1937 se trasladó a la ciudad de México. Junto con iconNació en Valencia en 1946, pero se trasladó a Madrid con su familia...






© 2015
contactos
l.exam-10.com