Luis Florencio Chamizo Trigueros






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ESCENA TERCERA

AGUSTÍN —»

ANDREA —»
AGUSTÍN —»

ANDREA —»

AGUSTÍN —»

ANDREA —»

AGUSTÍN —»
ANDREA —»


AGUSTÍN —»
ANDREA —»


AGUSTÍN —»

ANDREA —»


AGUSTÍN —»
ANDREA —»
AGUSTÍN —»


ANDREA —»
AGUSTÍN —»
ANDREA —»

AGUSTÍN —»
ANDREA —»

AGUSTÍN —»


ANDREA —»
AGUSTÍN —»


ANDREA —»


AGUSTÍN —»

ANDREA —»

AGUSTÍN —»

ANDREA —»
AGUSTÍN —»


ANDREA —»
AGUSTÍN —»

ANDREA —»

AGUSTÍN —»


ANDREA —»

AGUSTÍN —»

¿Otra vez encelá?... ¡qué manía...!
¡Pero Andrea…!
                            ¡No tiés corazón!
No lo tengo, ya sé; lo tenía
y a un querer se lo di; tiés razón.
Si el querer en cuestión es el mío,
pués llegarte por él enseguía.
¡Qué infeliz!... Pero cómo has podio
suponer que esa loca perdía
te pudiera robar mi querer?
¡Vieja y fea!... ¿Qué piensas de mí?
Cuando yo me he prendao de ti,
no tendré tan mal gusto, mujer.
Ven acá...
(Zalamero.)
                  ¡Déjame; no me quieres!
Si lo sé, si lo vengo notando;
si cortejas a toas las mujeres
que a tu paso te vas encontrando.
Si no sé por qué extraño sendero
he llegao hasta ti; si tu labia,
cuanto más me repite «te quiero»,
más paece, Agustín, que m'agravia.
Si tu amor es igual que la espuma
que deshace una racha de viento;
si has nació pa darme tormento,
deja ya que el dolor me consuma.
¿Ves, Andrea? Me quieres…
                                             Yo, sí,
yo te quiero, es verdad; pero ¿y tú?,
¿me quieres tú a mí?
Más que el güen labraor a su tierra
cuando viene en sazón el tempero.
Más aún que el pastor al cordero,
y que el lobo al jaral de la sierra.
Mucho más que el sediento a la fuente,
y la noche sin luna al lucero;
más que abril al capullo primero,
más que el sol de la tarde al Poniente...
Mucho más entavía te quiero.
¡Si en verdad juera asín tu cariño...!
(Amorosa.)
¿No me engañas?...
                              Delante un altar
juraría el querer.
                           No seas niño.
Yo te quiero creer sin jurar.
¡Agustín!
                 ¡Muchachina quería,..!
¿Me querrás siempre, siempre...?
                                              Yo, sí;
ca vez más. Si querer no sabía
y una vez que te vi, lo aprendí.
¡Qué alegría; te quiero y me quieres!
¡Qué bonita y qué güena que eres!
¡Lo dichosos que vamos a ser
siempre juntos...!
                      ¡Mi Andrea...! Te quiero
como naide te supo querer.
Drento un año, sí Dios lo consiente,
y tu padre, serás mi mujer.
(Transición.)
Oye, escucha: Esta noche en la fuente
del Lobero, frente a las majás,
cuanti asome la luna, te espero;
es mi gusto que vayas, ¿Irás?
¡No, Agustín, eso no; ni pensarlo!
¡Ir de noche yo sola… y allí...!
¿Y eso es tó lo que jaces por mí?
Siendo así tu querer, pués guardarlo;
yo esperaba otra cosa de ti.
¡No, Agustín, eso no!...
                                   ¡Qué inocente!
Si a esas horas no hay naide en la fuente;
las majás están solas del tó,
Si por eso no voy, francamente;
¿qué me importa el decir de la gente?
Lo que a mí más me importa soy yo.
Con que ahora salimos con eso;
¿con que tú y sólo tú...? ¡Pos alante!
Yo también soy de carne y de güeso,
y con eso te digo bastante.
(Pausa breve.)
Mi querer, Agustín, es jonrao,
que en mi casta la jonra es sagrá;
naide puede decir qu'ha mirao
a un Cortés con la frente agachá.
Yo no voy a la fuente, ¿te enteras?,
porque, aun siendo jonrá, soy mujer,
y queriéndote yo tan de veras,
tengo miedo, Agustín, que me vieras
agachando la frente al volver.
Y eso nunca. ¡Jamás! Yo daría
como prueba d'amor, mi alegría,
mi salud; y si eso no basta
y era juerza morir, moriría;
mas la jonra, esa no, que no es mía,
es de tos los que son de mi casta,
Es tesoro que guarda el secreto
de un oscuro vivir sosegao
que en mi casta es como un amuleto
que nos viene a librar del pecao.
Es reliquia de santas mujeres
que supieron querer y esperar,
y sufrir y callar;
y tuvieron la santa ambición
de encastar con un güen corazón
pa que fuera su choza un hogar.
(Transición.)
Fue mi madre una d'éllas. Moría
como muere una niña inocente.
Bien recuerdo que ya en la agonía
me palpaba, besaba mi frente,
y decía con voz apagá:
¡Hija mía, sé siempre jonrá…
que es la jonra un tesoro, hija mía!
(Pausa breve mientras seca sus lágrimas.)
Vamos, calla; domina el sofoco;
te sulfuras por menos de ná.
Si de ti yo quería mu poco
en la fuente; no seas mal pensá.
¿Qué querías de mí?...
                                  Mu poquino:
darte un beso mu chiquirrinino,
y ná más.
                Pues si no es más que eso...
Sólo eso: un abrazo y un beso.
(Intentando abrazarla.)
Ya eso es mucho, Agustín... Viene gente.
(Mirando por la puerta del foro.)
(Contrariado después de cerciorarse.)
¡Mira tú sí es desgracia también!...
¿No vendrás esta noche a la fuente?
Ni esta noche, ni nunca...
(Malhumorado.)
                                         Está bien.

ESCENA CUARTA
(Entran por el foro Bartolo, Genoveva y Puño e Jierro.)

BARTOLO —»
AGUSTÍN —»
GENOVEVA —»


PUÑO E JIERRO —»

GENOVEVA —»

PUÑO E JIERRO —»

BARTOLO —»
AGUSTÍN —»
BARTOLO —»
PUÑO E JIERRO —»


ANDREA —»


GENOVEVA —»
AGUSTÍN —»


PUÑO E JIERRO —»


BARTOLO —»

GENOVEVA —»
ANDREA —»

AGUSTÍN —»

GENOVEVA —»
AGUSTÍN —»

GENOVEVA —»
AGUSTÍN —»
BARTOLO —»

AGUSTÍN —»
PUÑO E JIERRO —»

ANDREA —»

AGUSTÍN —»
GENOVEVA —»


AGUSTÍN —»

BARTOLO —»
GENOVEVA —»

Oye, Agustín...
                          ¿Qué sucede?
(Aparte a Bartolo.)
Que no lo sabrá toavía,
vaite con tiento...
(Aparte a Genoveva.)
                               ¿Qué dices?
(Aparte a Puño e Jierro.)
Que andéis con tiento...
Descudia. (Aparte a Genoveva.)
(Aparte a Agustín.)
¡Güeno, hombre, güeno!
¿Qué pasa?
Na; las cosas de la vida.
Lo que está de suceder,
que tié mucha juerza.
(Alarmada, a Genoveva.)
                                      ¡Tía,
por Dios! ¿Qué ocurre?...
(Aparte a Andrea.)
                                   Na güeno.
¿Traen una mala noticia
y no se atreven a dármela?
Eso es dudar de mi hombría,
Hable usted ya, tío Bartolo;
tú Puño e Jierro, prencipia:
a ver; qué desgracia es esa.
(A Genoveva.)
¿Lo ves? Lo que yo decía.
Es un hombre, y a los hombres
no hay que andarles con pamplinas.
(A Agustín.)
Pues sí, la cosa es mu grave.
(A ídem.)
(A Andrea.)
Te reclama la melicia
pa que vayas a la guerra.
Y has de marchar en seguía.
¡Ay, por Dios; pero es posible!
¡Agustín!...
                         Tú no te aflijas;
ya volveré... Y ¿eso es tó?
¿Te paece poco?...
                                     Creía
que era otra cosa más grave,
Vas a jugarte la vida,
¡Bah..., qué importa! Yo lo siento
por ésta, por mi familia...,
por mí no... ¿Quién trujo el parte?
(Transición.)
(A Bartolo.)
Este.
(Señalando a Puño e Jierro.)
          ¿Tú?
                        Yo. La noticia
la supe por la Veora.
Veréis cómo jué. Yo iba
en cata d'unas becerras,
que en cuanti uno se descuida
se la arman a uno... ¡Güeno!
Pos detrás de las juitivas
andaba yo renegao
por el Valle las Umbrías,
cuando al llegar al Charcón,
del arroyo e las Torbiscas
vide a la vera del agua
un bulto negro. En seguía
me dije: tate, una bruja;
túmbala patas arriba
si tiés lo tuyo. Prevengo
la jonda; le planto encima
la piedra; guiño este ojo
pa jacer la puntería...
Y en esto me se revuelve
y me dice mu tranquila,
con tó su aquel... «Dios te guarde
Puño e Jierro; no creía
que un vaquero de tu porte
juera tan corto de vista.
¿No ves que soy la Veora,
cacho e bruto? Bien podías
ir a decirle en mi nombre
al mozo Agustín Valdivia
que el agua de este charcón
me está dando la noticia
de que mañana, temprano,
cuanti asomen las cabrillas,
ha de marcharse a la guerra;
y que su suerte está escrita
en el lucero primero
que a la tarde se divisa.»
Yo me quedé tirulato,
como quien dice; y asina,
guiñando el ojo, lo mesmo
qu'una liebre. De seguía
vine p'acá con el parte,
y allí la quedé, en la orilla
del charcón, jaciendo cruces
y rezando letanías.
¿Pero esa mujer es bruja?
(A Puño e Jierro, sin poder contener la risa.)
¡Hombre..., por Dios...!
                                       No te rías
de la Veora, Agustín;
a ver si Dios te castiga.
Calle usted, tía Genoveva;
¡si es pa escacharse de risa!
¡Dios quiera que se equivoque!
¡La vez primera sería!

ESCENA QUINTA
(Entra Frasco por el foro. Traerá al hombro unas alforjas.)

FRASCO —»
PUÑO E JIERRO —»
ANDREA —»

AGUSTÍN —»


PUÑO E JIERRO —»

FRASCO —»

PUÑO E JIERRO —»


GENOVEVA —»
BARTOLO —»
PUÑO E JIERRO —»
ANDREA —»
AGUSTÍN —»
ANDREA —»

AGUSTÍN —»

FRASCO —»
AGUSTÍN —»

GENOVEVA —»

BARTOLO —»

PUÑO E JIERRO —»
BARTOLO —»

AGUSTÍN —»
ANDREA —»

AGUSTÍN —»


GENOVEVA —»
PUÑO E JIERRO —»

AGUSTÍN —»

Güenas tardes...
                         Hola, Frasco.
¿De la aldea?...
                           ¿Traes noticias?
¡Pues no dice la Veora,
dándoselas d'adivina,
que Agustín ha de marchar
a la guerra deseguía!
¿Verdad que no?
(Aparte a Puño e Jierro.)
                                ¿Qué te apuestas
a que resulta mentira?
¿Un vaso de vino?
El pescuezo.
(A Agustín.)
No apuestes, que perderías.
Es verdad; vas a la guerra,
Aquí reza la noticia,
en este papel...
(Le entrega un papel que Agustín irá a
leer junto a la puerta. Andrea le seguirá.)
                               ¿Lo veis?
Es una mujer mu lista;
tó lo ve drento del agua.
Porque el Señor la ilumina.
Porque es mu santa y mu güena.
Dímelo a mí, que mi hija,
cuando le dieron hechizos,
si no es por ella la lía.
Asín se puso la probe…
(En un grupo aparte. A Agustín, por el papel.)
¿Qué dice?...
                       Que al ser de día
tengo que salir mañana
pa recoger en la villa
los papeles y marchar
en el tren d'Andalucía.
¡Ay, por Dios... Si no volvieras,
qué iba a ser de mí!...
                                  Descuida,
La bala que ha de matarme
no se ha fundió entavía.
(A Agustín.)
No te embobes, Agustín;
que no sabrán la noticia
tus padres, y no es razón;
lo primero es la familia.
(A Andrea.)
Y tú no llores, mujer,
no es pa tanto...

(A frasco.)
                            Es mu sentía.
Güeno; ya me voy...
                                Espera;
voy contigo...
(Poniéndose un mantón que estará sobre la tarima.)
(A Puño e Jierro.)
                              Tú debías
ir también...
                       Pos ya lo creo.
Yo iré pa allá deseguía.
(Aparte a Andrea.)
Vendré luego a despedirme.
Yo te daré una reliquia
de Guadalupe...
                            Y yo un beso,
y con él mi alma y mi vida,
(Iniciando el mutis.)
¿Vamos allá?
                         Vamos...
(Mutis por el foro.)
                                            Vamos.

(una vez que sale Agustín, Andrea rompe a llorar y hace mutis por el lateral.)


FRASCO —»

BARTOLO —»

(Aparte, por Andrea.)
¡Va llorando!...
(Aparte, por Andrea.)
                                    ¡Probecilla!
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