El régimen político que en España se llamó Restauración comenzó con un golpe militar (pronunciamiento del general Martínez Campos en 1874) y terminó con otro






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Veamos la evolución de Valle-Inclán:

  • De los comienzos a las “Sonatas”: empieza publicando libros de relatos breves (Femeninas, Jardín umbrío, Flor de Santidad, etc…) que son obras refinadas con influencias francesas y del italiano Gabrielle D´Annunzio y en algunas de ellas aparece esa Galicia primitiva, con la mezcla de lo patriarcal y de lo popular, lo legendario y lo realista. Pero la producción cumbre de esta etapa son las Sonatas, cuatro novelas publicadas por este orden: Sonata de Otoño (1902), Sonata de Estío (1903), Sonata de Primavera (1904) y Sonata de Invierno (1905). Son las supuestas memorias del Marqués de Bradomín, un “don Juan feo, católico y sentimental”. Se trata de la exaltación de un mundo decadente, con una de las más bellas prosas modernistas.




  • Entre las “Sonatas” y los esperpentos están las Comedias bárbaras: Águila de blasón (1907), Romance de lobos (1908), a las que añadirá mucho más tarde Cara de Plata (1922). Se trata del ambiente rural gallego, pero ahora con toda su miseria, lleno de personajes extraños, violentos o tarados, con pasiones de fuerza alucinante, y todo presidido por don Juan de Montenegro, hidalgo tiránico y arrebatado, inmensa figura de un mundo heroico en descomposición. Con estas obras inicia Valle su “teatro en libertad”: teatro casi irrepresentable que parecen novelas dialogadas, pero de fuerza dramática extraordinaria, con ecos shakespearianos. La evolución estilística se acentúa con la trilogía de novelas La guerra carlista (1908-1909), de lenguaje desgarrado y bronco que contrasta con ecos modernistas. De tonos similares serían las farsas y dramas escritos entre 1909 y 1920: La cabeza del dragón, Cuento de abril, Voces de gesta…Estos mismos cambios se observan en su obra poética: de la modernista Aromas de leyenda (1907) pasamos a La pipa de kif (1919) que presenta temas suburbiales y tabernarios con tonos vecinos al “esperpento”.




  • La época de los esperpentos. En 1920 publica cuatro obras dramáticas decisivas: Farsa italiana de la enamorada del rey (fábula sentimental y caricatura punzante con personajes que son marionetas grotescas), Farsa y licencia de la Reina Castiza(deformación despiadada de la corte de Isabel II), Divinas palabras (violento drama y una de las cimas de su autor, cuyo mundo sórdido recuerda y extrema el de las Comedias bárbaras, y en el que las deformidades morales y sociales corresponde un lenguaje desgarrado y con frecuencia brutal) y Luces de Bohemia. La deformación “esperpéntica” está ya presente en las tres primeras, pero es a la última (LDB) a la primera que Valle da el nombre de esperpento. Con esta palabra (“persona o cosa extravagante, desatinada o absurda”) designa el autor a esas obras suyas en las que lo trágico y lo burlesco se mezclan, con una estética que quiere ser “una superación del dolor y de la risa”. (Definición en escena XII de LDB). Culminará su literatura esperpéntica con la trilogía Martes de Carnaval (Los cuernos de Don Friolera, 1921; Las galas del difunto, 1926 y La hija del capitán, 1927). Estos esperpentos muestran su visión ácida y violentamente disconforme con la realidad. Es el Valle más “iconoclasta”. En esta última época habría que citar también una serie de novelas que son “esperpentos que no podían darse en forma dramática” como Tirano Banderas (1926) y la trilogía El ruedo ibérico (1927-1932), feroz sátira política de los tiempos de Isabel II.



    1. EL TEXTO


LDB es la primera obra a la que Valle da el nombre de “esperpento” y que, además, contiene una teoría del nuevo género (en la escena XII): en boca del protagonista leemos “Nuestra tragedia no es una tragedia” (la tragedia es un género demasiado noble para el panorama que le rodea, pues “España es una deformación grotesca de la civilización europea” y por eso “el sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”. Y así, de la imposibilidad de la tragedia surge el esperpento. La índole de esta estética deformante es ilustrada con la referencia a los espejos cóncavos que decoraban la fachada de un comercio de la calle del Gato, en Madrid: “Los héroes clásicos, reflejados en los espejos cóncavos, dan el Esperpento. (…) Las imágenes más bellas, en un espejo cóncavo, son absurdas. (…) Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas. (…) Deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España”. Esto lo dice todo.

Además Valle decía, en 1928, que “hay tres modos de ver el mundo artística o estéticamente: de rodillas, en pie o levantado en el aire”: es decir que, cuando el autor mira desde abajo (visión homérica) la realidad aparece enaltecida y los personajes se ven como héroes superiores; si se mira al mismo nivel (visión shakespeariana) los personajes son como nosotros y si los miramos desde arriba (visión cervantina) resultarán como muñecos o peleles o fantoches. “Esta consideración es la que me movió a dar un cambio en mi literatura y a escribir los esperpentos”

Sin embargo, el esperpento no es absoluto, puesto que en medio del esperpento puede aparecer una mirada fraterna que puede ser el contrapunto trágico que adensa su sátira grotesca.

Hay quien ha querido ver una relación entre la estética esperpéntica y el expresionismo europeo (El expresionismo fue una corriente artística –pictórica, inicialmente, aunque después pasaría al cine, a la literatura…-que buscaba la expresión de los sentimientos y las emociones del autor, más que la representación de la realidad objetiva. El movimiento expresionista apareció en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX -entre 1907 y 1910- como reacción frente a los modelos que habían prevalecido en Europa desde el Renacimiento, particularmente en las anquilosadas academias de Bellas Artes. (…)El artista expresionista trató de representar la experiencia emocional en su forma más completa, sin preocuparse de la realidad externa sino de su naturaleza interna y de las emociones que despierta en el observador. Para lograrlo, los temas se exageran y se distorsionan con el fin de intensificar la comunicación artística.). Valle se situaría así en una línea de ruptura con el realismo que llevan a cabo las vanguardias del momento.

Pero es evidente también su conexión con antecedentes bien españoles: Valle cita a Quevedo, a Goya –“el esperpento lo ha inventado Goya”. También tiene conexiones con los “sainetes paródicos”.

La obra cuenta la última noche de la vida de Max Estrella, poeta pobre y ciego, inspirado en Alejandro Sawa [(Sevilla,1862- Madrid 1909) que conoció a Verlaine y a Victor Hugo, llevó una vida bohemia y se casó con una francesa, de la que tuvo una hija y que frecuentó los círculos modernistas y fue amigo de Rubén y de Valle. Murió miserable, ciego y loco.]

Pero LDB cobra unas dimensiones que trascienden ampliamente la anécdota del fracaso y la muerte de un escritor mediocre. La obra va a convertirse en una parábola trágica y grotesca de la imposibilidad de vivir en una España deforme, injusta, opresiva, absurda; una España donde no encuentran sitio la pureza, la honestidad o el arte noble.

La peregrinación de Max Estrella es un viaje “al fondo de la noche”. Max desciende a los abismos de la ignominia, de la injusticia, de las miserias de toda índole. Y no sabemos de qué se muere, sin de hambre, frío y enfermedad o del dolor de vivir en un país así. Hay quien ha querido ver en LDB un descenso a los infiernos, parodia de la Divina Comedia. Así Don Latino sería para Max, el poeta latino Virgilio que acompañaba a Dante. En la escena XI, Max exclama “ Latino, sácame de este círculo infernal” y después “nuestra vida es un círculo dantesco” Pero, en cualquier caso, el infierno de Dante se ha trasladado a Madrid…y ha pasado por los espejos del callejón del Gato.



    1. ESPACIO-TIEMPO:


Lo que da cohesión espacial, unidad si se quiere, a la obra es ese Madrid que no es otra cosa que un espejo de España, de una España que va de las alusiones al pasado (Felipe II, El Escorial…) a un presente lleno de anacronismos que une las colonias españolas de América, a la Semana Trágica (1909), la revolución rusa (1917) o cuestiones coetáneas a la redacción final de la obra. Valle nos ofrece una visión de los conflictos soterrados que urden la vida de España.

En esa visión arremete contra políticos de todo signo: conservadores como Maura y liberales como García Prieto. No se libra ni Alfonso XIII. Se critica el mal gobierno (Ministerio de la “Desgobernación”), la corrupción, el capitalismo y el conformismo burgués. Y se presenta, en contraste, el hambre y las miserias del pueblo, pero sin populismos, mostrando también su embrutecimiento, su ignorancia, su degradación moral y su materialismo. En definitiva, una “España” que “es una deformación grotesca de la civilización europea”.

Todos los ámbitos de esa bohemia noche madrileña aparecen degradados por la sordidez, la oscuridad, la miseria o la corrupción o la represión que en ellos impera. Baste con leer algunas presentaciones: la casa de Max es un guardillón con ventano angosto, la cueva de Zaratustra, donde rimeros de libros hacen escombro…empapelan los vidrios de una puerta cuatro cromos espeluznantes de un novelón por entregas., la taberna de PICA LAGARTOS Luz de acetileno, … zaguán oscuro con mesas y banquillos…sombras en las sombras de un rincón o la misma calle es enarenada y solitaria. Faroles rotos, cerradas todas, ventanas y puertas. El ministerio de la Gobernación es estantería con legajos…carpetas de badana mugrienta…aire de cueva y olor frío de tabaco rancio y qué no será el calabozo sino Sótano mal alumbrado por una candileja, la Redacción de El Popular sillas vacías ante roídas carpetas, la Secretaría Particular de Su Excelencia es olor de brevas habanas, malos cuadros, lujo aparente y provinciano…entre oficina y sala de círculo con timba. En el Café los espejos multiplicadores están llenos de un interés folletinesco, en su fondo, con una geometría absurda, extravaga el Café. Un parque con jardines, pero por el que merodean mozuelas pingonas y viejas pintadas como caretas y que, así lo transforma en parodia grotesca del jardín de Armida (de la Jerusalén, de Torcuato Tasso) y así hasta el final de la obra con el resto de los ámbitos. Y la atmósfera que lo impregna todo es, en palabras de Alonso Zamora Vicente (AZV), ”la realidad española…doliente y maltratada, cabeceando de ruina en ruina, entre asonadas de violencia o degradación brutales”. [El propio Valle decía que nuestro teatro (el barroco, el romántico) ha sido siempre un teatro de numerosos escenarios porque siempre creyó que es el escenario el que crea la situación y no al revés como todo el mundo pensaba.]

La obra se desarrolla en un tiempo breve, una noche, una tarde-noche a todo lo más, pero no lo hace por respetar la unidad, que rompe con anacronismos y condensación de sucesos en una sola noche (el preso, el viejo amigo Ministro al que no ve desde la juventud bohemia de ambos, el décimo de lotería, la muerte…, sino por la llamada “reducción temporal” (“si reducimos los conceptos de espacio y tiempo haciendo coincidir estas muertes en un día, en una hora, en un mismo sitio” decía Valle). Se trata de provocar en el público el sentido trágico. Lo importante es que la noche, precedida del crepúsculo en que empieza la obra, facilita las sombras y las deformaciones esperpénticas. Además el crepúsculo, tan modernista, precede al régimen nocturno, el de la muerte. Y si la noche es una metáfora del viaje y las pruebas, con las pruebas más aterradoras, llegaremos a la prueba de la noche o descenso infernal que no puede ser otro que la propia muerte de la que no hay posible regreso, salvo el de la improbable eternidad de la fama en un país inculto…


    1. PERSONAJES


Un denso mundillo humano pulula la obra: 54 personajes. Algunos tal vez se inspiren en seres reales, pero eso no es lo realmente importante para analizar este formante. Importa más la función que desempeñan en la obra.

De los personajes de LDB, el propio Valle dijo que “son enanos o patizambos que juegan una tragedia” y ello, para la mayoría de ellos, debido a la mirada desde arriba (visión cervantina). Aunque algunos personajes cobren una considerable talla humana (Max Estrella, el preso catalán, la madre del niño muerto…).

MAX ESTRELLA es un personaje complejo y espléndido. No es un personaje noble, perro alcanza momentos de indudable grandeza. En él se mezclan el humor y la queja, la dignidad y la indignidad, el orgullo con la conciencia amarga de la propia mediocridad. Su resentimiento de fracasado a veces parece ridículo, a veces patético. Sus réplicas vivísimas son a veces mordaces y otras de singular profundidad. Destaca su creciente furia contra la sociedad, su sentimiento de fraternidad hacia los oprimidos o la ternura que muestra ante la muchacha prostituida. Sin duda, Valle volcó en él muchos rasgos de su propia personalidad.

DON LATINO, en cambio, es un gran fantoche. Ese “perro” que acompaña a Max es la “contrafigura de Sawa”(AZV), una caricatura de la bohemia y, a la vez, un tipo miserable por su deslealtad y su encanallamiento.

Los demás fantoches del esperpento forman diversos grupos. Especialmente mordaz es la caricatura de los “burgueses” (el librero Zaratustra, el tabernero Pica Lagartos, algunos defensores del orden de la escena I) o la de los policías (el capitán Pitito, Serafín el Bonito, los “guindillas”, junto a los que ha de ponerse la caricatura del Ministro). No menos ridiculizados quedan los pedantes como Don Gay, el periodista Don Filiberto, Basilio Soulinake, etc., pero especialmente los “epígonos del Modernismo”. Esperpentizados quedan también personajes populares: la Pisa-Bien (con matices de simpatía), el “Rey de Portugal”, la portera, las prostitutas (aunque casi tierno con la Lunares, casi una niña) o los sepultureros, parodia de los de Hamlet.

Otros personajes aparecen de manera fugacísima y otros, como en la escena XI, aparecen como un coro en torno a la madre.

Caso especial serían las figuras de Rubén Darío y Bradomín, contrapunto de vida y literatura refinadas dentro del esperpento.

La técnica de caracterización de los personajes es magistral. Además de en sus actos, se basa, ante todo, en su habla (basta escuchar las frases que pronuncian El empeñista, el guardia, el tabernero ante la madre del niño muerto para conocer su catadura moral). Luego están las acotaciones, en las que –con pinceladas rápidas e insuperables- se dibuja a los personajes o se comentan sus actitudes. Se les degrada por procedimientos esperpénticos de “animalización” (Zaratustra, que “hace tertulia con el gato, el loro, el can” es presentado como “abichado y giboso- la cara de tocino rancio y la bufanda de verde serpiente- promueve con su caracterización de fantoche…”), “muñequización” o “cosificación”. Los hombres se transforman en “perros”, “camellos”, “cerdos” o en “fantoches” o “peleles”. Son vistos “desde arriba” (v. cervantina), en definitiva.



    1. LA ACCIÓN


Más allá de que esa peregrinación de Max sea un simbólico “viaje al fondo de la noche”, “un descenso infernal” por las catacumbas de España, también es otras muchas cosas. Veamos los temas más significativos en ese viaje crítico por España, que no es sino una “deformación grotesca de la civilización europea”:

  • Visión de los conflictos que urden la vida (en crisis absoluta) de su España.

  • Crítica de la política de su tiempo, incluidos el sistema y la propia Monarquía.

  • Crítica de la represión policial (el preso, la ley de fugas, el niño muerto…)

  • Crítica de una religiosidad tradicional y vacía.

  • Crítica de figuras, escuelas o instituciones literarias (burlas de la Real Academia, del Modernismo tardío y vacuo, o pullas directas contra escritores como Galdós que aparece como “Don Benito el Garbancero”…
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