El romanticismo (II). La lírica romántica






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EL romanticismo (II). La lírica romántica






LA LÍRICA ROMÁNTICA
Durante la primera mitad del siglo XIX, la poesía refleja ya el proceso de transición desde la estética neoclásica hasta la romántica. Sin embargo, el triunfo de la poesía romántica se produce en los años treinta, tras la muerte de Fernando VII. Se compusieron entonces numerosísimos textos poéticos que siguieron difundiéndose por la tradicional vía oral y por los habituales medios escritos. La poesía encuentra ahora un nuevo medio de difusión en los periódicos y las revistas. El eco que la poesía tuvo en los medios burgueses iba ligado al hecho de que estos poetas expresan unas inquietudes y una sensibilidad afines a la burguesía.

Dentro de la poesía romántica tiene gran desarrollo la poesía narrativa, que relata en verso variados sucesos históricos, legendarios o puramente inventados.

La poesía lírica romántica, por su parte, expresa en sus versos temas característicos del Romanticismo: sentimientos, melancolía, hastío de la vida, amor, la mujer ideal, la religión, etc. También son románticos los ambientes: lugares solitarios, cementerios, la noche, la luna, las ruinas, el mar embravecido, las tempestades… Falta en la poesía romántica española la sensación de autenticidad y desgarro propios del yo romántico.

Uno de los rasgos característicos de la poesía romántica es la mezcla de géneros, de modo que no siempre queda clara la distinción entre lírica y épica. Otra característica formal es la polimetría. La principal novedad en este sentido es el uso de la escala métrica, que consiste en aumentar o disminuir gradualmente la medida de los versos a lo largo de un poema.
JOSÉ DE ESPRONCEDA
Biografía y personalidad
Nació en 1808 en la provincia de Badajoz. Estudió desde 1821 en el Colegio de San Mateo de Madrid, fundado por Alberto Lista, donde recibió una educación de inspiración ilustrada y neoclásica. Pronto mostró interés por la política y por la literatura. Su participación en sociedades secretas que conspiraban contra el absolutismo de Fernando VII hace que en 1825 sea condenado a reclusión en un convento de Guadalajara. En 1827 se marcha de España y vive en la emigración en Portugal, Inglaterra y Francia. En esta época inicia sus relaciones amorosas con Teresa Mancha y persevera en sus actividades políticas. A su vuelta a Madrid, en 1833 se produce el triunfo del Romanticismo en España, pero mientras autores como Martínez de la Rosa o el duque de Rivas quedan anclados en un Romanticismo conservador y tradicional, Espronceda abandera un romanticismo de carácter liberal exaltado1.

Sus últimos años son muy agitados: tiene una hija con Teresa; desarrolla una actividad política incesante que lo aproxima a posiciones republicanas; lo abandona su amante, cuya muerte prematura le produce un intenso pesar que expresa en su poema Canto a Teresa; con la regencia de Espartero, acepta un puesto en la embajada española en los Países Bajos, que no llega a ocupar; es elegido diputado en marzo en 1842, e inesperadamente, muere ese mismo año.
La personalidad de Espronceda es prototípica del romántico: rebelde, impetuoso, turbulento, exaltado, liberal… Fue ya muy conocido en su tiempo y terminó por convertirse en el personaje más representativo del Romanticismo español. Ello hizo que en torno a su figura se haya tejido una leyenda que ha proseguido hasta hoy. El mito de Espronceda ha tenido una versión positiva o negativa. Para unos se trata del romántico idealista, desprendido, apasionado, con inquietudes sociales, etc. Otros, sin embargo, lo describen como un joven acomodado que representa un papel de moda, y lo tildan de histriónico, cínico e insolente.
Obra
Aunque escribió teatro y novela, la faceta literaria más importante de Espronceda es la de la poesía, tanto en su vertiente lírica como en la narrativa. En su obra poética se produce una clara división que permite dividirla en etapas:
Etapas de la poesía de Espronceda
1) Poesía de corte neoclásico.

Se corresponde con sus textos juveniles. En estos primeros poemas los temas son los propios de la poesía neoclásica: amores pastoriles en una delicada naturaleza, anhelo de fraternidad universal, defensa de la libertad, etc.
2) Poesía de la etapa del exilio.

La impronta neoclásica sigue siendo importante, pero a ella se suman las nuevas influencias que anuncian su evolución hacia la sensibilidad romántica. El más significativo de estos influjos es el del ossianismo. Se conoce con este nombre un tipo de literatura que parte de los escritos de Ossian, un falso poeta gaélico de la Antigüedad inventado por el escritor escocés del siglo XVIII James Macpherson. El ossianismo, que tuvo gran eco en Europa, cambia la mitología grecolatina del Neoclasicismo por una mitología y un marco poético nuevos (antiguos héroes célticos, la luna y el sol convertidos en temas literarios, naturaleza agreste: cataratas, ríos, tormentas, mares, nieblas…). Un textos esproncediano de este tipo es el Himno al sol.
3) Poesía romántica.

Escrita desde su regreso a España, aborda al principio los temas convencionales del Romanticismo histórico (caballeros medievales, cruzados, motivos exóticos, etc.), pero produce sus frutos más logrados cuando evoluciona hacia un Romanticismo liberal en el que abundan los tonos sociales. Dentro de esta última orientación escribe tanto poemas líricos (Canción del pirata, El verdugo, El mendigo, El reo de muerte, El canto del cosaco, A Jarifa en un orgía) como narrativos (El estudiante de Salamanca, El diablo mundo).

En los poemas líricos es donde se encuentra ya el Espronceda más genuino: defensa de los seres marginales, identificación con los proscritos, desprecio de las normas y las leyes, así como de las riquezas materiales, anhelo de libertad, sentimentalismo.

Los personajes esproncedianos oscilan ahora entre los que muestran nobleza, valor y generosidad innatos (el pirata, por ejemplo) y los que, hartos, cansados y hastiados de todo, son cínicos, temerarios, insolentes, arrogantes e incluso demoníacos (el estudiante de Salamanca, por ejemplo). A veces los límites entre ambos tipos de personajes no están claros y los rasgos negativos o positivos son simplemente dos caras de la misma moneda (por ejemplo, en el caso de Adán, el protagonista de El diablo mundo). Todos parecen añorar una inocencia perdida cuando todo lo nuevo se miraba con ilusión, pero lamentan que el contacto con la realidad produzca siempre desengaño. Ello es especialmente evidente en el caso de la mujer y el amor. La mujer es la pureza y la belleza supremas, pero en cuanto el hombre la toca, el encanto se desvanece. No hay, por tanto, plenitud amorosa en Espronceda. Todo lleva en sí el principio de la destrucción, la señal de la muerte.

Sus dos grandes poemas, El estudiante de Salamanca y El diablo mundo, si bien básicamente narrativos, son ejemplo de la mezcla de géneros propia del Romanticismo, pues no faltan en ellos ni los pasajes líricos ni narrativos.
El estudiante de Salamanca
Publicado en 1840, es quizá el mejor poema narrativo del Romanticismo español. Cuenta la historia de don Félix de Montemar, cínico donjuán en la Salamanca del siglo XVII, quien, tras seducir y abandonar a Elvira, que muere de dolor, mata en duelo al hermano de la fallecida. Finalmente, persigue una tétrica noche a una fantasmal dama, que resulta ser el esqueleto de Elvira la muerte misma, con quien contrae un matrimonio macabro y acaba bailando una danza horripilante, rodeado de espectros.

La mayor parte de los motivos que utiliza Espronceda en la obra procede de la tradición literaria: el tema del donjuán burlador, el del personaje que presencia su propio entierro, la mujer transformada en esqueleto, la danza de la muerte final. El poeta logra fundir todos estos elementos dispares para conseguir la creación de un ambiente intensamente romántico y de un personaje, el de don Félix, que encarna la rebeldía, el cinismo y el satanismo del Romanticismo más genuino.

Otros rasgos del poema son: la variedad métrica, la alternancia de fragmentos descriptivos, narrativos y dramáticos, así como la indeterminación de las referencias temporales, la imprecisión de las localizaciones, la vaguedad en la presentación de las coas y en las apreciaciones de hechos, personajes y situaciones. Estas últimas características explican la frecuente presencia de palabras como acaso, quizá, tal vez, parece, a veces, allá, antiguo, confuso, eco, noche… Se consigue con ello un efecto de diferenciación entre la realidad cotidiana y la que expresa el texto poético.
El diablo mundo
Fue publicado por entregas durante 1840 y 1841, antes de ser editado como libro en este último año. Pese a la insólita extensión del libro (unos seis mil versos), la obra se encuentra inacabada. Es un libro peculiar, pues contiene muy diversos y variados elementos. Así, toda la segunda parte no es sino el Canto a Teresa, conmovedora elegía por la muerte de su amada, que no tiene nada que ver con la historia central del resto de la obra.

El diablo mundo se compone de pasajes líricos, fragmentos narrativos, escenas dramáticas. Cuenta la historia de un anciano, desengañado de la vida, que se transforma en un joven, Adán, que desconoce el mundo. Se trata del mito del ser puro, cuyas reacciones ante los diversos sucesos por los que va pasando registra el poema. En la estela del Fausto2 de Goethe, aborda elevados temas de carácter metafísico y existencial. Pero, al mismo tiempo, influido por textos diversos de Byron, e incluso por la literatura popular de los pliegos de cordel, el narrador aborda muchas cuestiones trascendentales desde una perspectiva irónica, burlesca y humorística. En el poema, pues, cabe todo: lirismo y prosaísmo, asuntos diversos, estilo sublime y vocabulario de los barrios bajos, etc. La polimetría de El diablo mundo es, en fin, un medio para expresar la diversidad de temas y registros poéticos, y resulta apropiada en una obra tan variopinta y multiforme.
Estilo
El estilo de Espronceda es netamente romántico. Prefiere las sensaciones extremas, de ahí su gusto por las sonoridades retumbantes, los efectos rítmicos sorprendentes, las rimas agudas, los cambios métricos repentinos, los contrastes violentos, las exclamaciones, las interrogaciones retóricas… Le interesa siempre la reacción sentimental, el efecto que los versos puedan producir en sus receptores y, por eso, abusa a veces de los recursos melodramáticos, de la tendencia a lo misterioso, de las situaciones emotivas.

En la lengua de Espronceda conviven el estilo elevado y el lenguaje llano. Es muy llamativa la abundancia de adjetivos, preferentemente antepuestos, que suelen subrayar el tono lúgubre, dramático o sentimental de las escenas. Son asimismo frecuentes las simetrías, oposiciones, enumeraciones, encabalgamientos, hipérbatos, etcétera.

También es significativa en su poesía la propensión a lo fragmentario, a lo inconcluso, a lo vago e impreciso. Ello produce una cierta sensación de caos que se aviene bien con la idea de un mundo diverso e inacabable.
Poesía intimista posromántica
La poesía intimista posromántica, cuya figura fundamental es Gustavo Adolfo Bécquer, busca superar el Romanticismo retórico y trivial a través de la condensación y la simplificación formales, como medio de sugerir con la palabra, la imagen y el símbolo las ideas que rozan lo inefable.
ROSALÍA DE CASTRO
Biografía
Nació en Santiago de Compostela en 1837 y tuvo una existencia difícil y penosa. Pasó parte de su vida en Castilla, pero siempre añoró Galicia, adonde volvió definitivamente en 1871 y donde murió en 1885.

Obras
Aunque escribió también en prosa, destaca sobre todo como poetisa. Compuso versos tanto en gallego, Cantares galegos (1863) y Follas novas (1880) como en castellano, En las orillas del Sar (1884)

Con Rosalía de Castro nos encontramos ya muy cerca de la poesía contemporánea entendida como comunicación de una experiencia personal: aflora de forma directa el mundo interior, se manifiesta la subjetividad abiertamente y no envuelta en el tono declamatorio y muchas veces superficial del Romanticismo externo.

En su obra En las orillas del Sar, Rosalía de Castro alcanza muchos momentos de honda emoción y de expresión de una intimidad conflictiva que anticipan lo más granado de la poesía posterior.

En cuanto a su técnica, destaca su maestría en el uso de los recursos poéticos, sus innovaciones métricas (creación de nuevas estrofas, empleo del verso alejandrino) y cierta exuberancia formal que preludia la poesía modernista.

Temáticamente, la expresión de la intimidad permite que sus versos transmitan sensación de autenticidad y verdad, y que confiese en ellos tanto sus inquietudes sociales como su conciencia de mujer oprimida.

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER
Vida y personalidad
Gustavo Adolfo Domínguez Bastida nació en Sevilla en 1836. Era hijo de un pintor costumbrista, y, como él, adoptó el apellido Bécquer de sus antepasados flamencos, que se habían instalado en Sevilla años atrás. Pronto quedó huérfano de padre y madre. Vivió en cada de su madrina, en cuya surtida biblioteca desarrolló su afición a la lectura y formó sus gustos literarios. Comenzó estudios pictóricos, al igual que su hermano Valeriano, en el taller de su tío. Pero, mientras que su hermano se convirtió en un importante pintor, Gustavo aunque no abandonó nunca del todo el gusto por el dibujo y la pintura probó otros caminos artísticos, como el de la música.

Ya por entonces había empezado a componer poemas y, con dieciocho años, marchó a Madrid para forjarse una carrera literaria. Pero su situación económica era precaria, por lo que para sobrevivir tradujo o adaptó obras teatrales, escribió él mismo otras en colaboración, así como libretos de zarzuelas, y realizó diversos trabajos periodísticos.

Desde 1860 su dedicación al periodismo fue más constante y llegó a ser director del periódico conservador El Contemporáneo. Por estas fechas entabló relación con el poeta Augusto Ferrán, traductor de Heine, al que dio a conocer a Bécquer: este mostró luego en sus versos un influjo directo de la poesía delicada e intimista del alemán. Enfermo de tuberculosis, pasó varias temporadas en el monasterio zaragozano de Veruela. En 1861 contrajo matrimonio con Casta Esteban, pero el matrimonio fracasó y acabaron separándose. Económicamente, vivió una situación desahogada durante los últimos años del reinado de Isabel II, pues fue protegido por el ministro conservador González Bravo, quien le proporcionó el bien remunerado cargo de censor de novelas. Perdió el empleo con la revolución de 1868. Se fue entonces a vivir con su hermano Valeriano a Toledo, y reescribió su obra poética, que había reunido tiempo atrás y entregado a González Bravo, interesado en publicarla, pero ese manuscrito se había perdido durante los sucesos revolucionarios de septiembre del 68-

Con sólo treinta y cuatro años murió Gustavo Adolfo Bécquer en Madrid a finales de 1870, cuando convivía nuevamente con su mujer, tras el fallecimiento de su hermano Valeriano pocos meses antes.
Obra lírica
Las Rimas, en su edición de 1871, son setenta y nueve poemas breves, asonantados en general, y de metros variados, en los que se funda la importancia de Bécquer en la literatura. De estos poemas, sólo quince se publicaron en vida del autor. Bécquer las reunió para editarlas en un libro y las entregó a su protector, el ministro González Bravo, que se había comprometido a publicarlas, pero en un saqueo en el domicilio de éste durante los tumultos de 1868, desapareció el original. Posteriormente, el autor reprodujo los textos de memoria, sin un orden determinado, al final de un cuaderno que, con el título de Libro de los gorriones, bajo el epígrafe “Poesías que recuerdo del libro perdido”, se conserva en la Biblioteca Nacional.

Tras la muerte del poeta, sus amigos prepararon una edición de las Rimas, publicada en 1871, en la que los poemas aparecen ordenados en cuatro grupos:

1) Rimas I-XI: en torno a la poesía como tema, en especial, acerca del deseo de expresarse mediante la poesía.

2) Rimas XII-XXIX: las diecisiete rimas de este grupo obedecen a una contemplación afirmativa y confiada de la belleza femenina y del amor.

3) Rimas XXX-LI: El más abundante cuerpo de la poesía becqueriana está constituido por rimas amargas y dolientes, con tonos que van de la melancolía hasta la ira y la desesperación. No es raro que sean las más numerosas: el fracaso de sus amores con Elisa Guillén, que lo abandonó por otros hombres, no lo olvidó nunca. Muchos de los versos de esta etapa son, en realidad, una venganza.

4) Rimas LII-LXXVI: Tratan de la soledad y de la muerte desde un punto de vista desolado y pesimista.

En 1914 se dio a conocer el manuscrito del Libro de los gorriones, que cuestionaba el ordenamiento de la edición de 1871 e incluía tres rimas más (LXXVII-LXXIX). En las ediciones posteriores de las Rimas, los poemas llevan un número romano (el de la edición de 1877) y otro arábigo (el del Libro de los gorriones).
a) Temas
Los núcleos temáticos de la poesía de Bécquer están relacionados con el ordenamiento que sus amigos hicieron de las Rimas:
a) Poesía y creación artística:

Varios de los primeros poemas del libro de las Rimas versan sobre la poesía, concebida como una forma de expresión inmediata de emociones íntimas o de sentimientos que están más allá del poeta mismo y que solo esperan al escritor que sepa formularlos.

Se trata de una concepción romántica de la literatura, frente a la idea clásica del arte como elaboración meditada y concienzuda. Sin embargo, Bécquer se aparta del Romanticismo declamatorio y estruendoso. Todo ello es lógico si atendemos a su formación literaria, que fue en sus inicios neoclásica para absorber luego el Romanticismo a través de cuantiosas lecturas y renovarlo después al conocer la poesía de Campoamor y, sobre todo, la de los poetas intimistas que se nutren tanto de las baladas germánicas como de los cantares y coplas de inspiración popular.

Llega así Bécquer a una poesía sintética, normalmente breve, nada grandilocuente y en la que la expresión de las ideas se apoya a menudo en referencias a objetos materiales. Ni siquiera la inspiración es en él el mero halo misterioso y divino de que está dotado el genio creador, puesto que no se explica sin la razón, que es la que verdaderamente acaba dando forma definitiva al poema.

Por tanto, es difícil desligar por completo a Bécquer de la estética realista que empezaba a dominar en su época. Más bien, los poemas de Bécquer, partiendo de elementos de la realidad cotidiana, intentan expresar ideas, como la belleza, el amor o la poesía misma, que se resisten a ser formuladas con palabras.

En esa búsqueda de la forma expresiva, Bécquer se acerca al simbolismo al aludir a ideas y sentimientos interiores mediante vocablos que designan realidades exteriores.
b) Amor, desengaño amoroso y decepción

El amor, relacionado con la poesía, la naturaleza y Dios, es el tema central de las Rimas; es un ideal inalcanzable, y la amada, expresión máxima de la belleza, resulta ser un ideal, un ser inaccesible, un misterio intangible, que se desvanece como un sueño. El resultado final no es otro que el fracaso de la experiencia amorosa, el desengaño. La decepción se muestra, unas veces, con ironía, crueldad y sarcasmo, y otras, con la angustia más profunda y la desesperación sin límites del yo poético.
c) Soledad y muerte

La soledad es un sentimiento consustancial al yo lírico romántico, para el que la naturaleza, aun en su aspecto más agresivo, puede constituir un refugio. El individuo se siente solo en la soledad del mundo y no encuentra respuestas para los interrogantes vitales (¿De dónde vengo?; ¿Adónde voy?). La soledad se intensifica frente al enigma de la muerte y queda simbolizada en la tumba abandonada, que ya todos ignoran.
d) El sueño y la naturaleza.

La realidad se percibe como una integración de lo racional y lo soñado; existe una fusión entre mundo y sueño. Los sueños permiten la expresión del espíritu y la fantasía, en ellos se presentan zonas y seres misteriosos, desconocidos, un mundo de visiones que enriquece la percepción del universo.

Aunque la naturaleza es a veces un marco impasible e indiferente, en muchas de los poemas de Bécquer es expresión de los sentimientos del yo lírico, quien busca la integración en el mundo natural. En general, se presenta en constante movimiento, y las imágenes relacionadas con la luz y el aire adquiere especial importancia.
b) Estilo
En cuanto al estilo poético de Bécquer, tras su aparente sencillez y espontaneidad, hay una cuidada elaboración de los textos. Buena parte de los aciertos expresivos de Bécquer proceden de su maestría en amalgamar los artificios retóricos de la poesía culta con los de la poesía popular.
Así sucede, por ejemplo, en la métrica: utiliza, a veces estrofas clásicas (octava real, serventesio, quintilla), pero lo más frecuente son combinaciones de endecasílabos y heptasílabos (al modo de la silva3 culta, aunque en estrofas normalmente breves, como en la lírica tradicional), que, en ocasiones, son decasílabos y hexasílabos, así como el empleo de formas populares (copla asonantada, seguidilla). Rasgo general de sus versos es la preferencia por la rima asonantada, con la que evita la sonoridad estridente del Romanticismo.

El ritmo poético obedece a la estudiada distribución de los acentos del verso, lo que proporciona a sus poemas su tenue musicalidad. Son numerosos también los encabalgamientos que, sin llegar al prosaísmo, dan sensación de mayor naturalidad: ahora la unidad poética es el conjunto del poema y no cada uno de los versos.
Compositivamente, los poemas de Bécquer suelen ser breves y, muchas veces, parecen quedar truncados al cerrarse con un verso quebrado que condensa la idea expresada y abre nuevas sugerencias. Los más extensos utilizan normalmente el paralelismo como técnica estructurante (correlaciones bimembres o trimembres, antítesis, anáforas, repeticiones…); y no es extraño que sus diversas estrofas, con preferencia por las de cuatro versos, concluyan también con un pie quebrado. Todas las rimas prueban su pensada construcción y su trabajada arquitectura.
El lenguaje becqueriano también es sencillo en apariencia. No son raras las metáforas (saeta…/ hoja…/ gigante ola…/ luz…/ esa soy yo) y también son habituales los símiles (como la brisa que la sangre orea, tus ojos/ verdes como el mar…). Las imágenes se construyen casi siempre con palabras que aluden a realidades materiales, sensoriales. Por eso su lenguaje poético abunda en vocablos referentes a la naturaleza (golondrinas, búho, viento, huracán, campanillas, madreselvas, violeta, árbol, mar) o a la música (arpa, lira, compás, cadencia, laúd). Tampoco falta el léxico más prosaico (átomo, máquina, roncar, comer, engordar, billete de banco, diccionario), que revela la influencia de la poesía realista, al lado de un vocabulario todavía romántico (suspiros, sueño, dolor, vértigo). Sin embargo, lo más importante del léxico de Bécquer es su capacidad de sugerencia más allá de su significado denotativo: los elementos de la realidad se corresponde con emociones íntimas, o a través de ellos se descubren otros sentidos insospechados u ocultos en la misma realidad descrita. Esta es la razón por la que se puede considerar a Bécquer como un poeta presimbolista.
ANEXO
La silva no es una forma estrófica, sino una serie indefinida (el poeta puede dar a la serie la extensión de versos que quiera, no hay una prefijada) de versos de 7 y 11 sílabas (heptasíalbos y endecasílabos, respectivamente). Es la estrofa culta que más libertad concede al poeta.
La seguidilla es una estrofa de cuatro versos, los impares heptasílabos y los pares pentasílabos, por tanto de arte menor. La rima es asonante.
La octava real es una estrofa de ocho versos endecasílabos (11 sílabas) con rima consonante y el siguiente esquema de rimas: 11A 11B 11A 11B 11A 11B 11C 11C.
La quintilla es una estrofa que consiste en cinco versos de ocho sílabas (octosílabos) o menores con dos rimas consonantes distribuidas según el principio de que no pueden tener la misma rima tres versos seguidos, ni acabar en pareado ni quedar alguno suelto o sin rima.
La cuarteta asonantada o copla es un grupo de cuatro versos octosílabos (8 sílabas) en que riman los pares en asonante:

1 No nos interesa memorizar la biografía de los escritores, pero os incluyo esta información porque a veces es interesante para entender su obra.

2 Fausto es un famoso poema dramático del escritor alemán J.W. Goethe. Fausto es un hombre sabio insatisfecho por la limitación de su conocimiento e incapaz de ser feliz. Entonces, se le aparece Mefistófeles para ofrecerle los placeres de la vida y realiza con él un pacto en el que accede a venderle al Diablo su alma a cambio de juventud hasta que muera. Juntos recorrerán un largo camino en el que otros padecerán la falta de responsabilidad del personaje principal y que culminará con la muerte de Fausto a una avanzada edad. Algunos de sus temas fundamentales son la juventud eterna, la libertad, la salvación a través del eterno femenino (representado sobre todo por Margarita al final de la obra), las relaciones entre el bien y el mal, la moral, los límites de la naturaleza humana, etc.

3 Mirad el anexo

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