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BAUDELAIRE Y LAS MUJERES
Las mujeres y la literatura, una verdadera historia de influencias que se podría conjugar en pasado, presente y futuro. Sin duda vimos, a lo largo de la historia de la literatura que la mujer era imprescindible, en el papel de la inspiración, de musa o sólo estando presente en la obra creando, tal y como en la vida, un equilibrio con el hombre. Esta armonía entre los sexos, Baudelaire nunca la entendió y tampoco llegó a reproducirla en sus propias relaciones con las mujeres. Conocido en todo París por su vida desvergonzada y sus numerosas aventuras, Baudelaire tuvo sin embargo unas cuantas relaciones amorosas que podríamos calificar de serias. Unas con más influencias que otras sobre su personalidad, pero todas importantes en su arte poético por formar ciclos, que él denominó como los ciclos del Amor. El tema de la mujer y de su influencia sobre el artista es redundante pero importante, sobre todo en el caso de un personaje como Baudelaire, y lo primero será intentar conocer al poeta un poco más precisamente. Luego limitaremos nuestro estudio a su obra maestra, Les Fleurs du Mal para discutir varios de sus elementos vinculados con el tema femenino. La parte central tratará de definir el Amor según varios puntos de vista, incluyendo el suyo, y aplicará esta teoría a algunas de las mujeres que aparecieron en su vida. Por fin, comentaremos la traducción como uno de los límites quizás de la literatura.

I) La vida de Baudelaire y du Les Fleurs Mal :
Es totalmente imposible e incoherente, tratar de comentar esas magníficas flores del jardín de Baudelaire sin primero definir quien es ese jardinero de la poesía, mediante el relato de la vida del llamado “poeta maldito”.

El 9 de abril de 1821, nace en París una de las figuras más emblemática de la poesía francesa e internacional del siglo XX, Charles-Pierre BAUDELAIRE. A los seis años de edad, Baudelaire pierde a su padre, Joseph-François Baudelaire, pintor, del que guardará un recuerdo particular no sólo por el afecto que le demostraba sino también por haberle abierto los ojos a las Artes y a la belleza. Ahora pues, es cuando empieza la llamada “leyenda negra” protagonizada por Baudelaire, alimentado por un odio desmesurado hacia su padrastro, el general Aupick, y un desprecio lleno de celos hacia su madre. Según algunas teorías de psicoanálisis, el síndrome de Edipo, obvio en el caso de Baudelaire, no pudo disminuir tras el segundo matrimonio de su madre, que nunca llegó a entender. Una parte de su juventud la pasará internado en un instituto de Lyon que él mismo definirá en su diario de esta forma: “Collège de Lyon, coups, disputes avec les professeurs et les camarades, lourdes mélancolies”.

Tras la mutación del general Aupick a París, y la matriculación de Baudelaire en el instituto Louis-le-Grand en 1836, se desarrolla en la cabeza del quinceañero una pasión rotunda por las letras y la poesía, aunque poco aceptada por los que le rodeaban. No se quedará mucho tiempo en ese instituto, expulsado por una historia que vale la pena recordar. Se supone que le cogieron con un papelito donde uno de sus amigos había escrito algo, el profesor le rogó que lo devolviese pero prefirió romperlo en trozos y comérselo. Como lo explica el profesor J.Pierot, en la carta para Mme et Mr Aupick, Baudelaire antes de revelar el secreto de su amigo, aceptó todo tipo de castigo. Se puede ver este episodio, casi insignificante, como un capricho de niño mimado, pero bien se sabe que él no lo era. Si nos fijamos en lo que ya hemos definido como odio hacia su padrastro, podemos pensar que la disciplina del instituto era para él un reflejo de lo que más detestaba en su hogar, Mr Aupick. Aquí creo que se opone indirectamente a una situación familiar que nunca llegó a aceptar y que no dejo de hacerle sufrir hasta la muerte del general.

A partir de 1940, Baudelaire ya no esconde su afán de escritura frecuentando círculos y revistas literarias, a la gran decepción de sus padres. Desde muy joven Baudelaire explora su sexualidad, y la primera mujer de su vida, la iniciadora, será la llamada Sarah “la Louchette”, la que supuestamente le infectó del virus sifilítico que acabará con su vida. Así pues, se deja llevar por la vida de dandi1, asustando a sus padres como lo demuestra una carta del general Aupick al hermanastro de Baudelaire (del primer matrimonio de Joseph-François Baudelaire), Alphonse Baudelaire:
"Mon cher Monsieur Baudelaire, le moment est arrivé où quelque chose doit être fait pour empêcher la perte absolue de votre frère. Je suis enfin au courant, où à peu près, de sa position, de ses allures, de ses habitudes. […] On me parle de lui faire faire un long voyage sur mer, aux unes et autres Indes, dans l'espérance qu'ainsi dépaysé, arraché à ses détestables relations, et en présence de tout ce qu'il aurait à étudier, il pourrait rentrer dans le vrai et nous revenir poète peut-être, mais poète ayant ses inspirations à de meilleures sources que les égouts de Paris..."2
Convencido por todos los miembros de su familia, Baudelaire embarcó en el “Paquebot des Mers du Sud” rumbo a Calcuta. Nunca llegará a destinación. Se bajará en la isla Mauricio y en la isla de la Reunión para luego volverse a Francia con el alma tan triste y solitaria, pero la imaginación impregnada de visiones exóticas que inspiraron varios poemas de la obra que nos interesa. También volverá con un gusto más definido por las mujeres de color como lo veremos luego. Se inicia pues un trienio muy feliz para Baudelaire que, mayor de edad, recibe la herencia dejada por su padre. Dandismo, lujuria, cenas suntuosas, drogas: una vida de bohemia dorada. Así es como se podría describir este período en el que conoció a grandes autores como Théophile Gautier y Honoré de Balzac y en el que también empezó a escribir algunos de sus poemas más conocidos. Su madre viendo, otra vez, los primeros indicios de la decadencia de su hijo, acumulando deudas y llevando una vida descuidada, decide ponerle bajo custodia financiera tras un pleito que hirió profundamente al, ya, poeta, por privarle de su bienestar económico.

Aunque en relación amorosa con Jeanne Duval (que conoceremos más en detalle a lo largo del trabajo) desde ya un par de años, Baudelaire no deja de escribir y publica en abril de 1845, Salon de 18453, su primera obra de crítica artística. Con esta obra, Baudelaire revela a la luz del día su inmenso talento con respecto a la apreciación de pintores y escultores como Eugène Delacroix4 y Lorenzo Bartolini5. Un año más tarde, publica el Salon de 1846, crítica en la que por primera vez desarrolla su teoría de las Correspondencias, eso después de haber escrito Conseils aux jeunes litterateurs6 publicado en “l’Esprit public” del 15 de abril de 1846.

Tras la publicación de su única novela La Fanfarlo7 inicia como una nueva vida, dejando de lado las producciones literarias concentrándose más en la política. Sin interrumpir su relación, bastante singular, con Jeanne Duval, Baudelaire se enamora de una actriz llamada Marie Daubrun. Durante esta época, sus actividades se limitan pues a la política y a sus traducciones de Edgar Allan Poe8, que admira.

De su vida entre 1849 y 1854 se sabe muy poco de realmente importante excepto la publicación de unos diez poemas que luego aparecerán en Les Fleurs du Mal. El único elemento que necesitamos subrayar de este período es su encuentro en 1852 con Mme Sabatier, de la que se enamorará y ambos iniciarán una relación muy distinta a todo lo que vivió precedentemente el poeta.

Les Fleurs du Mal publicadas, en junio de 1857, las críticas del “Figaro” y de muchos más periódicos, llevan el autor a ser juzgado por considerarse, algunos de sus poemas, inmorales. Es condenado a pagar una multa de unos cientos de francos y a quitar seis de sus poemas, hoy publicados muchas veces bajo el título de “Los deshechos”.

Los años siguientes, menos importantes, para nuestro estudio son marcados, entre otras cosas, por la muerte de Mr Aupick que le devuelve la esperanza al joven dandi de “recuperar” a su madre. Acaba su relación con Mme Sabatier y sigue con su primer amor Jeanne Duval. Sufriendo cada vez más de su enfermedad veneciana y aún más adicto a todo lo que él mismo define como los paraísos artificiales, publica por segunda vez Les Fleurs du Mal en 1861 aumentado con treinta y cinco poemas.

Se muere el 31 de Agosto de 1867, tras sufrir una hemiplejia que sólo aplazará el fin de la pesadilla de su vida. Su amada y su madre se morirán respectivamente en 1970 y 1871.



Les Fleurs du Mal9, publicadas por primera vez en 1857, tuvieron, como lo quiso el poeta, una acogida de lo más polémica. Tras vacilar entre los títulos Les Lesbiennes y Les Limbes, Baudelaire optó por Les Fleurs du Mal, precisando aún más su deseo de extraer la belleza del mismísimo Mal. Parece evidente que la interpretación del título entre en el estudio de la obra de Baudelaire, por muy incompleta y especializada que sea. La cuestión, de forma más general, es de saber si el título forma parte de la obra en sí misma. Llegué a la conclusión que sí, y por eso me pareció imprescindible explicar el significado de este título y el de los dos que le precedieron y que seguramente habrían cambiado totalmente nuestra perspectiva de lectura.

Les Fleurs du Mal, título definitivo, apareció por primera vez, antes de ser impreso en las pastas del libro, en una letra a Victor de Mars10 del 7 de abril de 1855 y unos días más tarde en una revista11. Según algunas teorías el título ni siquiera sería de inspiración baudelairiana, sino que se trataría de una idea que Hyppolite Babou, amigo del poeta, tuvo durante un debate en el café Lemblin, en París. Los límites de esta “leyenda” estriban en el que no se pueda demostrar nada de esta supuesta charla literaria y que además, Baudelaire supiera explicar tan precisamente el significado de éste título. Otro dato que tenemos y que le lleva la contraria a esa teoría del plagio, es el que Baudelaire ya haya usado la palabra fleurs para referirse a poemas en una carta a su madre durante su juventud. Las interpretaciones posteriores del título fueron muy variadas y algunos llegaron a decir que no conseguía responder al contenido propio de la obra. Según uno de sus contemporáneos, Charles Asselineau12, “Les Fleurs du Mal! Les voici : c’est le spleen, la mélancolie impuissante, c’est l’esprit de révolte, c’est le vice, c’est la sensualité, c’est l’hypocrisie, c’est la lâcheté”. Esta definición no es necesariamente la única, pero conociendo la amistad que existía entre los dos hombres, podemos pensar que se debe de considerar como muy probable. Todos tenemos por supuesto una idea sobre lo que quiso transmitir Baudelaire con este sintagma nominal. Pero algunas tienen más potencia y legitimidad que otras.

La primera pregunta que suscita el título es la siguiente: ¿Cómo pueden nacer o brotar unas flores del Mal? La palabra flor tiene a su alrededor toda una isotopía de la belleza, de lo decorativo, de lo femenino… E incluso, hasta se suele asociar la flor con el paraíso. ¿Quién no ha soñado alguna vez con una pradera cubierta de margaritas o de malvas, como el reflejo de un ideal, del edén…? Todo esto evidentemente opuesto a la noción del mal. Este último término que, refiriéndose más, en la correspondencia popular, al Infierno, a lo que no está Bien, por antonomasia, aleja la posibilidad de tener flores malvadas. Sobre todo, es importante no desinteresarse del valor social de la flor, sus diferentes significantes todos vinculados con la educación o con el amor. Una flor puede transmitir unas gracias a una persona, un “Te Quiero” a la mujer amada, o incluso un “restablécete pronto” para una persona enferma. La flor ya no es objeto de la tierra, es símbolo de sociedad y eso, incluso en el contexto más triste y oscuro. En efecto, en el caso de la muerte de alguien, la tradición quiere que llevemos flores a la tumba como para demostrar los vínculos con la persona fallecida y transmitir su apoyo a los familiares (práctica que resulta de lo más curioso en cuanto nos damos cuenta del carácter efímero de la flor). Así pues, en esta breve presentación de las ideas que suelen asociarse a la flor, podemos decir sin duda que el emparejamiento que hizo Baudelaire en su título es sorprendente y contradictorio. Sabemos pertinentemente que el poeta era un personaje polémico y sobre todo paradójico, con lo cual, no nos sorprende este oxímoron13. Esta figura retórica pone en oposición dos términos, como en este caso las flores con el mal, por lo menos basándonos en la lógica popular. Para mi no hay duda de que estas dos palabras son antitéticas y creo que Baudelaire quería con esto llamar la atención, provocar cuestionamientos en el interior mismo de sus lectores. Nadie puede pretender no sentir nada con la poesía de Baudelaire, se puede sentir emoción, asco o solo respeto, pero no se puede uno quedar insensible. El título es por definición una introducción a la obra, aquí es un ligero adelanto de esa sensación de perpetuo cuestionamiento que el propio lector impone a su alma tras e incluso durante la lectura de esta obra.

El título presenta también una interpretación que está más en acuerdo con mi trabajo y que corresponde a uno de los títulos propuestos antes de la publicación pero que fueron rechazados. En efecto, no estaría fuera de lugar pensar la flor como el símbolo de la mujer que tanto inspira a los poetas. Esas mujeres que inspiraron a Baudelaire en sus más bellas creaciones poéticas pero también en sus más patéticos y asquerosos versos. La flor es muy conocida en el mundo de la escritura por ser símbolo del sexo femenino, aquí pues las flores del mal podrían ser las mujeres, imprescindibles a Baudelaire, pero al mismo tiempo, tan despreciadas. Aquí el título ya no tendría una apariencia tan antitética, ya que la visión del amor que tenía el poeta esta vinculada de forma muy estrecha con el Mal. Como lo dijo: “La volupté unique et suprême de l’amour gît dans la certitude de faire le mal”14. Estudiaremos luego las mujeres que entraron en la vida del poeta pero lo que ya podemos decir es que esta interpretación no es totalmente inverosímil puesto que las mujeres tuvieron mucha importancia a la hora de inspirar algunos de sus poemas. Además se sabe por su biografía, que Baudelaire nunca dejo de pensar por lo menos en una mujer, la prostituta que le condenó a muerte, y por la que siempre sintió un rencor desmesurado. Puede incluso que de ahí provenga su negativismo con respecto al género femenino.

En esta misma perspectiva, no se puede descartar el poder del signo en sí mismo. En efecto, en el título original, es decir en francés, la palabra más ambigua, tiene un homófono que encaja a la perfección con el tema que desarrollaré a lo largo de mi estudio. Mal tiene pues la misma pronunciación (o con muy muy poca diferencia) que mâle cuya traducción española sería macho; de hecho aquí es dónde se podría reunir la fonética con la simbólica. Es decir, si las flores son símbolo de la mujer y el mal la sonoridad del macho, el título establecería una relación de propiedad entre varias mujeres y un único hombre, si respetamos el número del determinante atribuido a cada una de las palabras. Así pues aparece que las mujeres de las que supuestamente hablaría Baudelaire, serían de un solo hombre, subrayando aquí la idea de poligamia. Esta teoría no proviene de ninguno de los textos que pude leer durante mi etapa de investigación, sólo que conociendo más y más al poeta me pareció relevante esta interpretación aunque muy personal y puede que subjetiva. A lo mejor me basé demasiado en su vida para explicar algo que era exterior a ella, pero que conociendo su afición por las Correspondencias no es de ignorar. La vida de Baudelaire no fue para nada la de un santo con el género femenino y este tampoco dudó en hacérselo pagar a su manera. Él gozó de todos los placeres de la carne y experimentó varias relaciones amorosas con mujeres muy distintas al mismo tiempo, lo que no descarta lo de varias mujeres con un hombre, sino al contrario, está muy apegado a la vida que llevó este dandi sifilítico.

Desde un punto de vista mucho más formal es interesante ver la multiplicidad de grafías que se emplean a la hora de escribir este título. A lo largo de mis búsquedas le vi escrito tanto con minúsculas como con mayúsculas, o incluso una palabra con mayúscula y la otra sin, hasta algunos lo escribían totalmente en mayúscula, solución de facilidad creo. En Francia, en clase siempre nos decían que los títulos se escribían con mayúscula para la primera palabra excepto en caso de que el autor lo quisiese de otra forma. Las mayúsculas en la palabra fleurs ya no tiene por lo tanto tanta importancia pero saber si mal la lleva o no si que la tiene. En efecto en la lengua francesa como en la castellana, las mayúsculas suelen aportar a las palabras un sentido distinto (como por ejemplo la diferencia entre estado y Estado), pero también y sobre todo en el dominio literario donde una palabra escrita con mayúscula sobrentiende una connotación alegórica. Aquí, la palabra Mal supondría una generalización del término, sería el mal por excelencia, todo lo que es opuesto al Bien, todo lo que la sociedad rechaza por no responder a su moral. Mientras mal sólo significa el dolor, según diccionarios corrientes. A este problema gráfico, no encontré solución única ya que cada uno lo escribe según su interpretación, yo creo y así lo aplico, que fleurs y mal se merecen mayúscula, la primera aunque sólo sea en aplicación de lo que me enseñaron y la segunda porque me gusta pensar que así lo quiso Baudelaire, con un sentido más allá de lo formal.

Por último, está el artículo de su amigo y escritor, Charles Asselineau, que Baudelaire, él mismo, publicó en la plaqueta de Articles Justificatifs. Esta teoría no consiguió convencerme en su totalidad, sobre todo la última parte, la clave de su explicación. En efecto, Asselineau, intenta explicar el enigma de este título definiéndolo con la frase que ya hemos citado precedentemente y añadiéndole lo siguiente: “Or n’est-il pas vrai que souvent nos vertus mêmes naissent de leurs contraires?”. Se ve aquí como una confirmación de nuestra primera interpretación, la del oxímoron. Como lo resume Marcel Ruff15, la idea general de Asselineau es definir el conjunto de poemas como un cuadro de lo vicios condenados por el autor y, lo que realmente para mí no tiene fundamentos, establecer L’Ennemi como clave de la obra.
En este mismo libro y a la misma página, Marcel Ruff subraya la importancia que Baudelaire otorgó a la organización de su obra, al orden de los dieciocho poemas publicados en la “Revue des Deux Mondes”, justificándolo Ruff con una carta que el poeta le mandó a Victor de Mars : “Je prépare, et j’espère que ce sera finit à temps, un très bel Epilogue pour Les Fleurs du Mal”16. Je voulais vous dire ceci, — que je tiens vivement, quelques soient les morceaux que vous choisirez, à les mettre en ordre avec vous, de manière qu’ils fassent, pour ainsi dire, suite, — de même que nous avions fait pour la première partie”17. Aunque esta citación se refiera directamente a una segunda parte que nunca llegó a ser realmente, es evidente la legitimidad del comentario adaptado a la primera parte, es decir a lo que llegarán a ser Les Fleurs du Mal. A parte de esto, creo que establecer L’Ennemi como clave de la obra es un poco precipitado. No discuto sobre la calidad, la belleza o la potencia de este poema, pero darle semejante importancia resulta un poco exagerado a mi parecer, así como la teoría de una arquitectura secreta.

Queda evidente pues la estructura aparente de la obra puesto que aparece dividida en 6 partes denominadas cada una con un título propio, la primera parte siendo Spleen18 e Ideal. Los ochenta y cinco poemas que componen esta parte, son la expresión directa de la doble atracción hacia el Bien y el Mal que Baudelaire veía en todos los hombres. A partir de aquí, los demás temas desarrollados se pueden pensar como una escapatoria a ese spleen, viendo así la progresión de la batalla de Baudelaire en contra de ese asco a la vida, de esa desesperación. Como lo explica Marie Carlier, la ciudad de París en Cuadros Parisinos, la primera gran tentación que es El Vino, los vicios de la carne con Las flores del mal, la caída hacia Satán con la Rebelión y por fin la Muerte son todos los intentos de Baudelaire para salir de ese malestar. Vemos que su primera solución es la de expresar ese hastío de la vida y de todo lo que implica, luego se cree que la maravillosa capital francesa lo va a salvar, pero no es así, de modo que usa de los placeres prohibidos como el alcohol y el cuerpo femenino. Cansado de no encontrar ninguna escapatoria válida se deja llevar poco a poco, prefiriendo uno de los dos campos de su eterno balance entre el Bien y el Mal, esa doble aspiración a Dios y Satán para, al final, optar por la muerte como única y última solución.
Como lo dije antes, Baudelaire propuso entre 1845 y 1848 dos títulos que fueron rechazados por ser, entre otras cosas, demasiado llamativos. El que más me interesa aquí es el primero ya que el de 1848, Les limbes no tiene vínculo directo con el tema cuestionado en mi estudio. En efecto la traducción en español sería el limbo, es decir, el lugar en el que se encuentran las almas de que no van al cielo, ni al infierno, ni al purgatorio19. Conocido sobre todo por ser el paradero de los niños no bautizados que se mueren, Baudelaire quiso referirse a una juventud de la época totalmente exenta de conciencia religiosa y modales. Queda subrayada aquí la poca pertinencia de este título para tratar del tema femenino, en cambio, el título de 1845, Les lesbiennes, tiene obviamente más materia.

Este sustantivo, que no necesitamos traducir, nos lleva etimológicamente a la mitología griega y más precisamente a la isla de Lesbos. Con este título, como con los demás en realidad, Baudelaire quería llamar la atención, y hacer referencia al mito de Safo. Poetisa griega nacida supuestamente en 620 A.C., Safo enseñó el arte, las letras, y la filosofía a jóvenes mujeres que vivían con ella en esa famosa isla. Si esta isla del mar Egeo es conocida hoy en día, (¡excepto por el turismo!) es sobre todo por haber estado al origen de la palabra lesbianismo. La isla no sólo era lugar de educación literaria para las mujeres sino que también aprendían las artes del placer sexual, y de ahí la derivación a la palabra que hoy en día define a la homosexualidad femenina. Con esta correspondencia, Baudelaire puso de relieve la importancia que le daba al hecho de que su título llevase una referencia femenina y que mantuvo con el título definitivo. Creo que es importante no dejar aquí la explicación del tema del lesbianismo muy desarrollado en algunos poemas e importante hasta en la forma más íntima de pensar del poeta. El lesbianismo en Baudelaire es tema recurrente, pero lo interesante no es verlo desde fuera sino entenderlo desde dentro.

El mito de Safo la viril, la poeta, la amante20 es un cliché de la literatura de la época que conseguía mezclar sensualidad, genio poético (obligatoriamente macho), y la esterilidad femenina. Para Baudelaire, el safismo o lesbianismo busca más allá del amor vulgar en su peculiaridad, para él es como ir más allá de lo común, de lo banal, o sea superar la insatisfacción amorosa. El poema que mejor refleja esta referencia a Safo es el que lleva el mismo nombre que la isla. Lesbos21, publicado en los deshechos por haber sido censurado en 1857, trata de la mujer no como musa del poeta, desde luego que no, sino como una amenaza de destrucción, que al final del poema se invierte. Empieza con un término materno y original, “Madre de los latinos y los griegos deleites”, verso que obviamente expresa una nostalgia por un tiempo pasado. Así pues, la isla se convertiría en la imagen del hogar lamentado por Baudelaire y Safo sería la madre que en cierto modo, perdió el autor cuando ella se volvió a casar. Cuando dice a partir del verso 45 que Lesbos le ha elegido, se refiere a que se siente guardián del culto al amor o pasión virginal y estéril, o sea a priori de ese lesbianismo. Si retomamos todos los datos del poema y los vinculamos con su vida, aparece una teoría confirmada por el psicoanálisis y que es la siguiente: aquí la homosexualidad sólo le sirve a Baudelaire para disimular otro tipo de amor mucho más polémico y rechazado por la sociedad, el incesto. En efecto, al contraer matrimonio por segunda vez, sin que Baudelaire haya tenido tiempo a superar su complejo de Edipo, Mme Dufayis se murió en el corazón de su hijo, le traicionó como, según una versión del mito, lo hizo Safo al acostarse con un hombre. Además, el amor del que Baudelaire se proclama guardián, no es otro que la relación amorosa incestuosa entre una madre y un hijo, en este caso él y su madre. Así pues, la muerte de Safo estaría puesta en paralelo con la muerte de Mme Aupick en el corazón de Baudelaire, cuando ésta contrajo matrimonio por segunda vez. Él no deja de esperar a que vuelva el tiempo de la felicidad, cuando él y su madre no tenían que compartir ni vida ni amor con otras personas, él quiere que su madre sea sólo suya, quiere que el general Aupick desaparezca.

Otra teoría, también vinculada con este título de 1845, que revela aún más la forma de pensar de este neurótico poeta es la que dice que el poeta es mujer. En efecto, para Baudelaire, la imaginación, fuente de toda creación artística, no puede separarse por completo de la intensidad de las sensaciones eróticas y tampoco de un deslizamiento de las identidades sexuales. Lo que quiere decir el poeta, es que cuando un artista quiere ser poseído por las imágenes que le rodean, debe abrirse al mundo exterior de una forma que recuerda la sexualidad femenina con ese miedo a la penetración de lo extranjero en uno mismo. Él mismo dijo “plus l’homme cultive les arts, moins il bande”, como si el arte consiguiese desexualizar al artista con su propio aspecto erótico-sexual. Se trata pues de una paradoja, de un círculo vicioso que lleva Baudelaire a pensar que la lesbiana era a la mujer lo que el hombre era al dandi. En realidad, la lesbiana era el doble del poeta en el sentido en que, como lo dije antes, la lesbiana va más allá del amor tal y como el poeta quiere ir más allá de las palabras, de la estructura….cada vez más allá. Comparar el amor lesbiano o incluso el amor de forma general con el trabajo de creación poética no es totalmente ilógico puesto que tanto en uno como en el otro caso, existe vacilación de la identidad.

Prosiguiendo este desvío de la masculinidad del poeta hacia la feminidad, podemos ir más lejos en la reflexión y comparar al poeta con un género particular de mujer muy presente en la vida mundana de la época, la prostituta. Según como lo explica Leo Bersani22, Baudelaire describe el deseo de prostituirse del artista tal y como el del amante de una noche. En realidad, el poeta prostituto se abre al mundo para apropiárselo de forma narcisista pero además devuelve esas imágenes a sus lectores por una razón (no la única) que podría coincidir con la de una prostituta. En efecto, está claro que muchos de los artistas escriben para obtener dinero a cambio de sus escritos, pocos podían permitirse el lujo de escribir por afición. En el caso de Baudelaire sabemos muy bien que empezó sus críticas artísticas porque necesitaba dinero. Por otra parte, las prostitutas son por definición mujeres que venden su cuerpo, es decir que entregan su más profunda intimidad, ¿no es este el caso de un poeta? Yo creo que sí, que un poeta revela y debe revelar a la luz del día su alma, su interior con todas sus intimidades. El propio Baudelaire propugna una estética de la intuición y de la imaginación individual que le otorgaría a la obra de arte un poder mnemotécnico. La obra, la escritura es por lo tanto una actividad de lo más íntimo, que no hace más que evocar un estado del alma. Por lo tanto, el poeta es una prostituta porque tal y como ella desvela sus encantos y su alma por dinero; ella desnuda su cuerpo cada noche, Baudelaire lo hace con su alma y sus temores en cada uno de sus poemas. En resumidas cuentas, el poeta siente simpatía por las prostitutas, porque ambos se entregan a desconocidos y desarrollan una relación culpable con el sentimiento amoroso. Por otra parte, los dos entran en una rebelión en contra de la burguesía de la época, por lo que se podría considerar la prostituta como el doble femenino del poeta apoyándose en la teoría de Arnold Hauser23.

II) Las mujeres de Baudelaire:

Según el diccionario de la RAE, el amor es “un sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y la unión con otro ser”. También lo define como “un sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y
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