Unidad 10: la poesía de 1939 a finales de la déCADa de 1970. Tendencias, autores y obras principales






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UNIDAD 10: LA POESÍA DE 1939 A FINALES DE LA DÉCADA DE 1970. TENDENCIAS, AUTORES Y OBRAS PRINCIPALES.
La Guerra Civil fue un terrible acontecimiento que marcó un cambio en la literatura española. Tras ella, Lorca ha muerto, y numerosos autores de la Generación del 98 y del 27 siguieron escribiendo en el exilio o en España. Miguel Hernández está considerado como el puente de unión entre la generación del 27 y la generación del 36.

MIGUEL HERNÁNDEZ

Su poesía se caracteriza por su tono viril y arrebatado, su sinceridad y su perfección técnica. En una primera etapa, escribe Perito en lunas (1934), formado por 42 octavas reales en las que objetos humildes y usuales son sometidos a una elaboración metafórica hermética y deslumbrante. A su época de plenitud corresponde El rayo que no cesa (1936), que se compone fundamentalmente de sonetos de una gran densidad expresiva. En El rayo que no cesa se consolidan sus tres grandes temas: la vida, el amor y la muerte. Llega la guerra y con ella la poesía comprometida, aparecen Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha, se trata de una poesía de urgencia, sencilla, puesta al servicio de la lucha; aparecen en sus poemas la crueldad, la opresión y la muerte que acarrea la guerra. Su último libro, Cancionero y romancero de ausencias (1938-41), reúne más de un centenar de poemas, escritos la mayor parte en prisión, otra vez nos habla del amor: a su hijo muerto, al que va a nacer, a su mujer que vive la tragedia de los vencidos.

1.- GENERACIÓN DEL 36

Conocida también como primera promoción de la posguerra y generación escindida, está constituida por poetas que padecieron la Guerra Civil. La crítica ha dividido a los poetas del 36 en dos grandes grupos, que correspondían inicialmente a los dos bandos de la Guerra Civil.

Los poetas de procedencia de derechas eran en general falangistas y se agruparon en torno a dos revistas de Madrid: Escorial, en la que escriben Dionisio Ridruejo, Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco y Leopoldo Panero; y Garcilaso, dirigida por José García Nieto y Pedro de Lorenzo. Los primeros cultivaron, en los años cuarenta, una poesía nacionalista y heroica, clasicista y a menudo transida de fervor religioso. Los segundos también defienden una poesía de inspiración amorosa y patriótica, y la vuelta de las formas clásicas, en especial, el soneto. Su estilo es sobrio y equilibrado, buscan expresar la belleza y la perfección formal.

En 1944 se publican dos obras fundamentales: Hijos de la ira, de Dámaso Alonso y Sombras del paraíso, de Vicente Aleixandre.

Ese mismo año empieza a publicarse la revista Espadaña en León. El grupo de Espadaña, al que pertenecían Eugenio de Nora y Victoriano Crémer, quería proclamar una poesía existencial, social. Muestran una honda preocupación por los problemas sociales y por el individuo. Cantan al hombre acosado por el odio y la injusticia; es una poesía tremendista que se expresa en versículos con un estilo bronco, directo y sencillo.

Dámaso Alonso denominó a la primera de estas corrientes -la de Escorial y Garcilaso- poesía arraigada, y a la segunda- la de Espadaña - poesía desarraigada.
Dos aventuras poéticas: En 1947 nace en Córdoba la revista Cántico, que pretende romper con el clasicismo garcilasista y enlazar con el 27 (L. Cernuda). Ricardo Molina, Juan Bernier y Pablo García Baena cultivaban una estética sensual y refinada, cuyos temas son casi siempre intimistas, y emplean con frecuencia un tono vitalista, aunque en ocasiones se hace nostálgico y elegíaco.

El postismo fue fundado en 1945 por Carlos Edmundo de Ory, y defiende la creatividad en contra de la razón. Su revista fue La cerbatana. Enlaza con las vanguardias y el surrealismo. Reivindica la imaginación, lo lúdico y rechaza la angustia existencial. Frente a la poesía social, se presenta como una rebeldía subjetiva.
2.- POETAS EN EL EXILIO

Estos escritores pertenecen a distintas generaciones y en su escritura se observan temas comunes, como el de la patria perdida y el recuerdo de la lucha y la derrota, o críticas dirigidas al dictador y a su régimen. Progresivamente, los poemas se pueblan de nostalgia evocadora, de recuerdos de la infancia o del anhelo de regreso a España.

Entre los poetas exiliados se encuentran Juan Ramón Jiménez y la mayoría de los escritores del 27: Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Rafael Alberti y Pedro Salinas. También debemos incluir aquí a León Felipe (Español del éxodo y del llanto, Ganarás la luz) y Juan Gil-Albert (Misteriosa presencia).
3.- POESÍA SOCIAL (década de los 50)

En los años cincuenta se produce un desplazamiento de lo individual a lo colectivo, a la denuncia de la injusticia y la opresión, expresada con un lenguaje llano, claro y prosaico; la poesía es un instrumento de acción social y política. Hacia 1955 se consolida la “poesía social” Dos libros marcan un hito: Pido la paz y la palabra, de Blas de Otero, y Cantos iberos, de Gabriel Celaya.

Esta poesía trata de dar testimonio de los problemas de España y de contribuir a su solución adoptando actitudes solidarias y de compromiso con los oprimidos y silenciados. Los poetas eligen temas como la situación de España, la injusticia social, el anhelo de paz y de libertad.

Los poetas más representativos de esta corriente son Blas de Otero, Gabriel Celaya, Vicente Aleixandre (Historias del corazón), Ramón de Garcíasol.

AUTORES:

BLAS DE OTERO (1916-1979) va desde la preocupación religiosa y existencial a la poesía de compromiso social, y de ésta a la búsqueda de nuevas formas de escritura poética que recaen en el intimismo y el irracionalismo.

En su poesía existencial se incluyen los libros Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951), luego reunidos bajo el título de Ancia, que forman un díptico sobre la desoladora mudez e indiferencia de Dios ente el dolor humano. La angustia existencial y la contundencia verbal se ciñen en estas obras a la estructura del soneto.

En la poesía social los temas dominantes son la situación de España, la función social del poeta y la solidaridad humana. La poesía es lucha por la paz, la justicia y la libertad. A esta etapa pertenecen Pido la paz y la palabra (1955) y En castellano (1960). Dedicados "a la inmensa mayoría", son libros escritos desde la fraternidad con los oprimidos, con espíritu combativo, en un estilo coloquial. En ellos el poeta usa el verso libre.

Emprende después la búsqueda de nuevas expresiones poéticas a través del uso de formas métricas más libres y poemas en prosa. Obras de este período son Mientras o Poesía con nombres.

JOSÉ HIERRO (1922-2002) logró conciliar, en libros como Quinta del 42, la inquietud existencial y el testimonio solidario. Posteriormente evolucionó hacia una poesía que oscila entre lo subjetivo y lo objetivo en El libro de las alucinaciones. Agenda y Cuaderno de Nueva York suponen la renovación de su lenguaje poético.

GABRIEL CELAYA (1911-1991): Sus libros más importantes como "poeta social" son Las cartas boca arriba (1951) y Cantos iberos (1955). Se caracteriza por un lenguaje intenso y agresivo que corresponde al énfasis crítico y social que pretenden transmitir sus mensajes poéticos. Celaya tiene un variado registro que incorpora a su extensa producción desde textos de corte surrealista como en Movimientos elementales, hasta la poesía experimental en Campos semánticos.
4. LA GENERACIÓN DE LOS 50 (década de los 60)

En los años 60 aparece de una línea poética en la que no desaparecen la solidaridad ni el compromiso social, pero se transforman en un compromiso ético con el ser humano.

A algunos de estos poetas - Gil de Biedma, Barral, Goytisolo- se les conoce como la escuela de Barcelona. La revista Laye y la colección poética Colliure fueron sus órganos de difusión.

El grupo madrileño estaba formado por Ángel González, José Manuel Caballero Bonald, Claudio Rodríguez, Francisco Brines y José Ángel Valente. Conciben la poesía como conocimiento de la realidad y como manifiesto del estado físico del autor. Difunden su obra a través de la revista Ínsula.

Características de la generación de los 50: los poetas de la generación de los 50, sin abandonar lo real, lo social, prefieren mostrar con bastante desnudez su intimidad y relatan sus amores, reales o fingidos, sin ningún pudor; la poética de la nueva generación permitía valorar más la palabra y conseguir efectos de ambigüedad de lectura, que pueden llegar al simbolismo y al irracionalismo; se busca la naturalidad, la rima desaparece y el ritmo del verso se hace más libre; utilizan la anécdota para que el poeta pueda exponer su subjetividad, son frecuentes los poemas en que se conoce la experiencia de la niñez y de la adolescencia; la conciencia social no se abandona, pero no se hace poesía política, sino ética o crítica, que gusta de la sátira y de la autoironía.
AUTORES:

ÁNGEL GONZÁLEZ (1925-2008). Dentro de la poesía social están sus libros Áspero mundo (1956) y Sin esperanza, con convencimiento (1961). Su libro siguiente, Palabra sobre palabra (1965), que dará título a su obra completa, abre un paréntesis amoroso en el que la historia individual se enmarca en la Historia colectiva, como también ocurre en Tratado de urbanismo (1967). Con Breves acotaciones para una biografía (1971) se inaugura una escritura imaginativa y lúdica -Procedimientos narrativos (1972) y Prosemas o menos (1985)-. González acentúa paulatinamente su ironía hasta que brotan el humor, la parodia y la transgresión lingüística. Ya en la década de los noventa, la agudeza irónica es sustituida, en Deixis en fantasma (1992), por una poesía más contemplativa, en la que la reflexión afligida sobre el fluir del tiempo vital e histórico ocupa un lugar central.

CLAUDIO RODRÍGUEZ (1934-1999). Con variaciones de tono, lenguaje y técnica, cantó y celebró la realidad envolvente de los objetos sencillos y del vivir mismo, hecho concreto en la anécdota cotidiana. En Don de la ebriedad (1953) se celebra la capacidad de nombrar, mediante el don de la poesía, una naturaleza que se experimenta como unidad armónica, en un estado de entusiasmo pleno. En Conjuros (1958) se pasa a la contemplación de la forma de la materia, en la que los objetos inmediatos adquieren una significación figurada, simbólica. Otras obras son Alianza y condena (1965) y El vuelo de la celebración (1976). Claudio Rodríguez dejó a su muerte un poemario inédito, Aventura.

JAIME GIL DE BIEDMA (1929-1990). Los temas de su poesía son el tiempo y él mismo. Irónico, culto, esforzadamente distanciado, Gil de Biedma buscó una escritura que fuera traducción poética de su experiencia moral, para lo cual forjó un estilo antirretórico, coloquial, burlón a veces. Entre sus poemarios destacan:

Compañeros de viaje (1959), en el que aparece ya la evocación de tiempos pasados desde una actitud de derrota privada, que se entremezcla con una ambigua necesidad de mostrar gestos de solidaridad social. En Moralidades (1966) se hace más evidente que el tema principal de sus poemas es la vida privada del autor elevada a paradigma de la experiencia de un burgués culto.

Poemas póstumos (1968) representa el estallido de la mala conciencia y el resentimiento contra la propia vida.

En Las personas del verbo (1975,1982) recogió su obra anterior.

JOSÉ ÁNGEL VALENTE (1929-2000) fue premio Adonais en 1955 con A modo de esperanza y premio a la Crítica con Poemas a Lázaro. Su obra se va tornando más densa y compleja en La memoria y los signos y El inocente, libros en los que la poesía se convierte en un modo de conocimiento y crítica. El hermetismo se hace mayor en Mandarla, o No amanece el cantor, en las que el lenguaje se convierte en experiencia de lo inefable, en conexión con la poesía mística.

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO (1928-1999). Su obra poética es extensa y variada, y maneja en ella motivos autobiográficos. Su primer libro es El retorno (1955) y son destacables entre sus obras Claridad (1961) y Taller de arquitectura (1977). En Palabras para Julia y otras canciones (1977) reunió poemas de toda su trayectoria. En 1992 publicó La noche le es propicia.

FRANCISCO BRINES (1932) ganó el premio Adonais en 1959 con Las brasas. Muy interesante por su extenso prólogo es la antología personal Selección propia (1984). Obtuvo el Premio Nacional de Poesía por El otoño de las rosas (1987). En 1995 publicó La última costa.

J.M. CABALLERO BONALD (1926-2010) escribe una poesía que ahonda en la memoria y en la fugacidad de las cosas. Entre sus obras, destacan: Las adivinaciones, Las horas muertas o Vivir para contarlo, que recoge su poesía completa.
5. LA GENERACIÓN DE LOS 70: LOS "NOVÍSIMOS"

En 1970 se publica la antología Nueve novísimos poetas españoles de J. M. Castellet. Es la primera promoción independiente de la Guerra civil, pues todos han nacido después del 39: Manuel Vázquez Montalbán, Martínez Sarrión, José María Álvarez, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix y Leopoldo María Panero.

Son poetas que aportan una nueva sensibilidad, abandonan la poesía humanizadora para abrazar el esteticismo. Influidos por los medios de comunicación, son grandes lectores de autores españoles y extranjeros. Alternan mitos lejanos con mitos contemporáneos de la cultura de masas Buscan la autonomía de la creación poética. Al lado de temas graves personales (la infancia, el amor y el erotismo) o sociales (guerra de Vietnam, conflictos raciales), aparece una provocadora frivolidad con temas contra-culturales (mitologías de la sociedad de consumo), cine, novela policíaca, literatura de quiosco, música joven.

Se caracterizan por el rechazo del realismo social; la integración de influencias: el uso de un estilo selecto, con un lenguaje sensorial; el contenido culturalista y la reflexión en su poesía sobre el propio proceso creativo.
AUTORES:

GUILLERMO CARNERO (1947). Su poemario más significativo es Dibujo de la muerte (1967). En Ensayo para una teoría de la visión (1979) seleccionó su obra, que se ha publicado completa, salvo Verano inglés (1999), en 1998. Entre sus últimas obras publicadas están: Espejo de gran niebla (2002) y Cuatro noches romanas (2009).

PERE GIMFERRER (1945). Además del emblemático Arde el mar (1966), publicó Mensaje del tetrarca (1963), La muerte en Beverly Hills (1968), Extraña fruta y otros poemas (1969) y Poemas: 1963-1969. Posteriormente se ha expresado poéticamente en catalán, con obras como Els miralls (1970) o La Llum (1991). En 1989 recibió el Premio Nacional de Poesía. Poemas (1962-1989) recoge todos sus poemas en castellano.

LEOPOLDO MARÍA PANERO (1948-2014) se caracteriza por su rol autoimpuesto de poeta maldito, por su afán de autodestrucción y su vocación transgresora, que dan lugar a una obra irracionalista y visionaria, en la que poetiza la progresiva pérdida del paraíso infantil y reflexiona sobre la propia creación poética. Destacan sus poemarios Así se fundó Carnaby Street, Last river together o Poemas del manicomio de Mondragón. En 2011 publicó Cantos del frío.

LUIS ANTONIO DE VILLENA (1951) ha sentido especial atención por los poetas "malditos" -Oscar Wilde-, los marginales, el dandismo y el decadentismo. Sublime solárium (1971) fue su primer libro. Le han seguido El viaje a Bizancio (1978) y otros, como Marginados (1993). Su poemario Huir del invierno (1981) recibió el premio de la Crítica. Obras posteriores son Las herejías privadas (2001), Honor de los vencidos (2008, antología de su obra total) o Proyecto para excavar una villa romana en el páramo (2012).

6. A PARTIR DE LA DÉCADA DE LOS 80

A mediados de los setenta se advierte una dispersión de las poéticas de los ya no tan jóvenes de la generación anterior, y otros más jóvenes o coetáneos comienzan a presentar otras propuestas. En buena medida, esos poetas más tempranos rechazan los aspectos más extremos de la estética "novísima" y vuelven a la poética propia de la generación de los 50.

Se pueden señalar algunas corrientes perceptibles en esta poesía:

- Poesía de la experiencia. Conciben una poesía de corte realista que recupera la voluntad de compromiso ético de la tendencia poética de los 50 y 60. En esta poesía, el poeta traslada a su creación la experiencia con un lenguaje accesible y natural. Se adscriben a esta tendencia Javier Egea, Luis García Montero (Habitaciones separadas, Ropa de calle), Carlos Marzal (Metales pesados, Los otros de uno mismo) y Álvaro García.

- Poética del silencio o neopurismo. Esta poesía es afín a la mística, a la poesía pura y a la estética de José Ángel Valente u Octavio Paz. Muestra de esta línea son algunas obras de Jaime Siles, Álvaro Valverde o Ada Salas.

- Nueva épica. Se incluyen en este grupo autores que indagan en los problemas de la colectividad desde una óptica realista y crítica, como Jorge Riechman o Juan Carlos Suñén. También se adscriben los que ahondan en tiempos míticos para buscar los valores "auténticos" de una comunidad, como Julio Llamazares o Luis Martínez de Merlo.

- Neosurrealismo: se recupera la estética del verso largo, la sentimentalidad neorromántica, las metáforas innovadoras y el mundo de los sueños. Destaca Blanca Andreu (De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, Los archivos griegos).

- Poesía clasicista: movidos por un anhelo de belleza y mediante una exquisita elaboración formal, componen poemas con abundantes referencias míticas que se transforman en vehículo de sentimientos íntimos. Destaca Luis Antonio de Villena.




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