Colección Chapita, Buenos Aires (Argentina), 2008






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títuloColección Chapita, Buenos Aires (Argentina), 2008
fecha de publicación07.09.2015
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tipoLección
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OSCAR FARIÑA, pintó el arrebato

Colección Chapita, Buenos Aires (Argentina), 2008
LUIS MELGAREJO, Los poemas del bloqueo

Cuadernos del Vigía, Granada (España), 2008 [2ª edición]

Querido Gabo,
a este último contrabando de libros no lo llamaría fallido, no, sino cruzado. Se cruzaron los textos y nadie, ni tú ni yo, llegó a recibirlos nunca; salió a su encuentro un tercero. Si me preguntas por el nombre de este tercero, de este encargado, te digo Jacques Roubaud, un poeta muy bueno y muy listo y más capaz de moverse entre el fuego cruzado. Me encantaría que en vez de reseñar nosotros fuera su Poesía etcétera; puesta a punto1 la que nos reseñara finalmente a todos – a vos, a Fariña, al Melga, a mí… Roubaud guardagujas, traficante Roubaud – ojalá supiera cómo citarlo mejor que esto que sigue:
Dice Roubaud que la poesía es memoria, memoria de una lengua; “los intereses de la poesía”, dice, “no coinciden con los de la nación, sino con los de la lengua”2 Y habla Roubaud de un mundo, el nuestro, en que el inglés se come los idiomas, y la novela se come la literatura, y las guías de viaje se comen la novela, y así sucesivamente una uniforme boca aburrida y banal se traga la lengua-carne para simular que habla una todo-lengua muesli internacional, un estándar blando y fofo que no resulta, por tanto, difícil de entender, pero tampoco fácil, claro, pues se aproxima peligrosamente a no ser nada, a decir menos. Contra la nada cabe resistir, pienso que piensa Roubaud, con la poesía, que es dura en tanto verso, metro, memoria, idioma, dificultad. Así va resolviendo el francés varias preguntas, por ejemplo qué pueda significar “Eine Nationale Poesie”, una Poesía nacional. Y aquí quería yo llegar, Gabo, aunque corramos riesgos, a esta pregunta que tal vez resuelva el fallo o cruce de nuestro último intercambio en contrabando:
¿Y si los libros de Melgarejo y Fariña no estuvieran escritos en la misma lengua? ¿Y si ninguno de los dos hablara castellano?
Pero no por tratarse de un argentino y un español hago esta pregunta. Hasta ahora, Gabo, reseñamos vos libros españoles, yo libros argentinos, sin pararnos a pensar si comprendíamos los textos. El límite que hemos tocado al fallar en este caso, propongo, no tiene que ver con los estados-nación; más bien tiene que ver con el país sin estado desde el que escriben los dos autores: la lengua viyera, Fariña; el pan-andaluz-fin-de-siglo, Melgarejo. El cuarto mundo de las metrópolis y el mundo rural en vías de urbanización. Tantos y tantos cruces de idioma se des-encuentran mientras estos dos mundos se escriben que, creo, hemos entrevisto los bordes de un mapa que empezamos a des-conocer, a des-manejar, a des-hablar, a des-reseñar: Razas, Alfabetizaciones, Géneros, Cumbias, Altas literaturas, Economías Lumpen, Jornaleras, Paradas, Temporeras, américa vs. europa, europa vs. españa, españa vs. el campo, el campo vs. todo, la viya vs. el microcentro… ¿la clase explotadora vs. la clase explotada?
tatadios 8====3 dice: / guacho / tatadios 8====3 dice: / guacho… / tatadios 8====3 dice: / guacho! / tatadios 8====3 dice: / ey guacho qué onda? / salfina dice: ke onda que / salfina dice: / gato/ salfina dice: onda tene la sanja michifús (Fariña, “msn”)
Ya son casi dos meses lo que lleva mi abuela así, / sin bragas, sí, / sin bragas porque a qué mayor trajín // – que ya es bastante el que hay que traerse a diario / con las escupideras, las pastillas, / la sed, el escalón, / las toallas, el sofoco, los jabones, / ella toda vieja y sabia y muchas gracias / y las una no sabe y poco importa ya si gratas o reputas / visitas obligadas de / vecinas hartociosas, / familia vocinglera, cumplidores / de 3 al cuarto y todo quisque que / se entera y se presenta por aquí / tras el largo fulgor de la mañana –,// dos meses ya de inútiles bochornos / helándole u carcoma el espinazo / partido por / en fin / partido y basta – vértebra cabrona noche a noche. (Melgarejo, “Adoración desenervada 87)
La poesía, añado, sin citar a Roubaud, será anticolonialista o no será. Se impedirá invadir, trancará la jerga, hará del laberinto de calles de su kasbah un monte sin señales, túneles gusano que sólo la milicia podría interpretar. Contra la lengua muesli, diez-cien-mil vietnams de lengua. Pero no sólo. Como se lee en los textos que arriba copio la guerrilla atiende también sus propios cruces y descruces: la tecnología semiótica de los teléfonos móviles, Fariña; el humor los dos; Melgarejo la sintaxis al barroco modo. Más y más factores de escritura que evitan todo efecto de territorialización: esta poesía anticolonialista no va a fundar países…
Los poemas del bloqueo es un libro que me encanta por todo esto; porque trabaja el idioma en que está escrito, se piensa, investiga los lenguajes rurales, globales, coloquiales, mediáticos y, por supuesto literarios. esto se lo he sisado a Mark Twain para ponerlo aquí3, así se titula un poema. “Sisar” es argot de calle, significa ‘robar’. “Mark Twain” es un escritor de río, el río Missisipi. Lo que aquí pone Melgarejo en el poema mezcla entonces culturas, traducción, enciclopedia, novela, poesía, inglés, español, el Missisipi y Granada, un poema y un lector. Un poema y un lector que se encuentran o reciben en el idioma que casi no comparten: se hacen tercero, o mejor, y apelo a la larga tradición celestinesca: se hacen tercera. No se me ocurre mejor modo de citar que éste de decir ‘es mío pero no me pertenece’ o bien ‘lo he robado como tú robas esto que estás leyendo’. Citar para incorporarse a un sistema de citas, a la Literatura, claro está, nadie pretende abolirla o fingir que la poesía es natural; pero citar, cita Melgarejo, sin borrar el propio origen recién robado, recién descolonizado – recién desalfabetizado – recién puesto a secar al sol de todos los textos. Citar, por qué no, entre españa, entre el español; pero no por españa y por el español, ni mucho menos.
Me gustan Los poemas del bloqueo por la carga que instalan en la línea de flotación de todo lo que se habla; pintó el arrebato, creo, se queda más hundido, más ensimismado dentro de su trabajo de campo, interviene menos los espacios discursivos ajenos. De los dos, no obstante, digo lo que dice Twain en el poema de Melgarejo, están del lado del agua, del lado de la traducción propia, la reapropiación, la expropiación… y por eso:
[…] Pero

a lo que vamos:

Que esto que sigue también es suyo:
Mis obras son como el agua.

Las obras de los grandes maestros son como el vino.

Pero todas las personas beben agua.

-----------------------------------------------------------------------------------

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Más o menos. La traducción es mía y

por eso.4
María Salgado (madriz)

Me quedé pensando el otro día, cuando recibí tu carta, si era verdad —si podía ser verdad— que la poesía fuera como vos decís que dijo Roubaud: memoria de una lengua. Y claro, quizá lo sea, o sea algo más volátil y por lo tanto más difícil de encerrar en una caja-estado, lengua oficial. Si la poesía es memoria de una lengua —en estos dos casos, Fariña/ Melgarejo— preferiría hablar de una lengua de memoria. La flotación que ves como diferencia en cuanto —creo yo— a lo temático de Los poemas del bloqueo, en pintó el arrebato está, pero en la propia lengua que utiliza, nada más sincrónico ni más volátil ni más efímero que la lengua “perdida”. pintó el arrebato recrea (a mi gusto muy bien) esa lengua gauchesco-marginal que nada tiene que ver con el lunfardo5 (ya que esta última dejó fuertes sedimentos en los que se denomina castellano rioplatense). Esa lengua villera, en cambio, no tiene memoria, ya que nunca es la misma en el sentido estricto, cambia de un momento al otro, tiene una filiación enorme con las dos grandes muertes que parió la modernidad: la moda y el periodismo. Quizá con esta última guarde simetría ya que los crímenes que aparecen en pintó… son todo lo que queremos olvidar, son la tapa del periódico del día que cuando sale ya es viejo. Por ende, esa lengua tampoco tiene futuro, sólo tiene presente, un aquí y ahora que deviene en pura estampida, una explosión sobre otra donde estalla el sonido sin dejar rastros ahora de lo que sucede, ahora. En pintó… “gato” es el cheto (pijo para ustedes) que tampoco, porque deja de generar esa línea divisoria cheto/villero para convertirse en un “saludo viril” entre pares. Forma parte de esta “lengua perdida” de palabras de vidrio: el vidrio no deja huella de nada, una botella se rompe, se muele y se fabrica otra con ese vidrio al que se le niega la historia, y también la memoria, el vidrio no puede tener memoria. Pero esta lengua dónde el tono y el contexto se llevan la tajada más grande de sentido se torna invisible en la diacronía: nunca será absorbida por la lengua oficial de los estados. Esa memoria no llega ni llegará jamás a la R.A.E. De memoria aprendimos algún poema para el colegio y cumplió su función en el momento en que lo recitamos delante de la maestra, eso era estudiar de memoria, salir al recreo —después de haber memorizado durante días— y no acordarse de nada, no haberse quedado con nada. Por aquí pasa la línea de flotación en el libro de Fariña, lo que es altamente volátil, casi pulviscular, es la propia lengua.

Esa lengua de aquel cuya única posesión es su propia muerte, lengua perdida, lengua de vidrio, aparece —sólo que del lado contrario— en el libro de Melgarejo:
Marsella
No sé ya recordar el nombre exacto

que tuvo esta ciudad sobre la lengua

de aquella que paró conmigo entonces

la prisa de las calles. Era menos mortal

la vida en entonces, suficiente

llegar a fin de mes sin las historias

felices del amor y más violenta

la furia de las pieles contra el lucro

sagrado de la usura y de las diestras

políticas sociales de esta V

República Francesa. Sin papeles,

a golpes ya devueltos la sacaron

legales de la casa. Solamente

me acuerdo de sus pechos africanos.6

Repito en voz alta: No sé ya recordar el nombre exacto que tuvo esta ciudad sobre la lengua, la lengua del otro, del marginal, del inmigrante, quizá allá a lo lejos en el África negra, una lengua parecida a la que porta —por un momento muy breve— lo pibe7 que componen los diferentes subsuelos de ese infierno en el libro de fariña:
caramelos8
al principio pensaron

que era un perro

hecho mierda por otro perro

pero no, apenas

uno de los guacho

se adelantó y corrió lo yuyo

pudieron ver bien

que trasca era un tipo

un peruano

con toda la tripa afuera

muy parecido, dijo uno

al tío del Josemir

ese de la escuela

que siempre andaba con filo9

y vendía caramelos

entonces otro contó algo

les cayó la ficha10

y lo tré guachine11

se arrodiyaron sobre

el charquito del cuerpo

derramado en el pasto

para buscar entre la sangre

el barro y la ropa

a ver si en lo que

había sido la mula12

todavía encontraban

alguna gilada13

que lo transa14

lo dueño del kiosco

en el apuro

se hubieran olvidado15
Coincido en que ambos hablan lenguas diferentes, muy quizá, diferentes y ajenas, sobre todo ajenas para ambos en casos cruzados, pero no sé si la memoria en estos casos, tan tribales, —como son el de Melgarejo y el de Fariña— podría fundar su poesía. Creo algo diferente aunque no lo contrario, que los une el de memoria, aunque en un caso sea de forma inmanente, profunda y en el otro se lo(s) espíe, se lo(s) sobrevuele, se lo(s) reapropie, desde una voz que todavía tiene cierta movilidad social, algo que claramente no pasa en el libro de Fariña, porque no podría pasar.
. . .
¿Fue este último contrabando un intento de reparar el vacío de lo que no pudo llegar a tiempo María? ¿Puede ser que en la ambición de lo que nos provocaron ambos libros hagamos hecho el esfuerzo de acercar el murmullo —si no es posible una traducción— de aquello que dice, que dice para vos esa lengua granadina tan extraña para mí, y tan difícil, como dicen para mí los puñales-poemas de Pintó..? Sí.
“…diez-cien-mil vietnams de lengua.


Te dejo hermana, un abrazo enorme.


Gabriel Cortiñas (Buenos Aires)


1 Madrid: Hiperión, 1998.

2 Id., p.24

3 Los poemas del bloqueo, p.16

4 Id.

5 Según la R.A.E lunfardo es: “Habla que originariamente empleaba, en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, la gente de clase baja. Parte de sus vocablos y locuciones se introdujeron posteriormente en la lengua popular y se difundieron en el español de la Argentina y el Uruguay.”

6 Melgarejo, Luis, “Marsella”, En Los poemas del bloqueo, Granada, 2005.

7 Debe leerse “los pibes” o “los jóvenes”.

8 Fariña, Oscar, “caramelos”, En Pintó el arrebato, Colección chapita, Buenos Aires, 2008.

9 Dinero.

10 Se dieron cuenta.

11 Los tres chicos.

12 Persona que trafica droga en su propio cuerpo.

13 Cocaína.

14 Traficantes.

15 Cocaína fraccionada y envuelta en papel.


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