La novela desde el final de la guerra hasta nuestros díAS






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fecha de publicación07.09.2015
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LA NOVELA DESDE EL FINAL DE LA GUERRA HASTA NUESTROS DÍAS.
1.- INTRODUCCIÓN. (Personalizar). (Ver ideas en el esquema del tema). Resaltar la idea de que por la enorme extensión del tema nos vemos obligados a hacer un repaso panorámico en el que mencionaremos las principales etapas y autores sin llevar a cabo un análisis exhaustivo. Aunque los autores sigan publicando obras importantes, normalmente solo los citaremos en la etapa en la que se dan a conocer.
2.- LA NOVELA DE POSGUERRA.
Los años 40 son muy difíciles en todos los aspectos. El ambiente de vacío y desorientación cultural es muy acusado en el campo de la novela. Se ha roto con la tradición inmediata: quedan prohibidas las novelas con contenido social o fuera de la ortodoxia católica de antes de la guerra, así como las obras de los exiliados. Es una época de búsqueda, de tanteos.
Algunos autores, pertenecientes al bando vencedor y que habían publicado ya antes de la guerra, gozaban del favor del régimen y hubieran podido servir de puente: así, los falangistas Rafael García Serrano y Rafael Sánchez Mazas, pero sus aportaciones fueron escasas o no tuvieron eco. Otros como J. Antonio Zunzunegui o Darío Fernández Flórez, alcanzarían cierta resonancia dentro de un realismo tradicional.
Dos fechas suelen señalarse como indicios de un nuevo arranque del género, etapa de la novela existencial: 1942, con La familia de Pascual Duarte, de Cela, y 1944, con Nada, de Carmen Laforet.
Características de la novela existencialista: Reflejan de forma amarga la vida cotidiana de posguerra, pero sin llegar a la denuncia social, cosa que la férrea censura hace imposible. Sus grandes temas serán la soledad, la inadaptación, la soledad, la muerte…Es sintomática la presencia de personajes marginales y desarraigados, o desorientados y angustiados. Todo ellos revela el malestar del momento, pero sin salir de la esfera de lo personal, de lo existencial.
Autores y obras:
Los ya mencionados más Miguel Delibes con La sombra del ciprés es alargada (1948) y Aún es de día (1949). También podemos citar a Gonzalo Torrente Ballester, en cuya primera novela, Javier Mariño (1943), no ocultaba sus inquietudes, pero tuvo que cambiarle el final por otro más triunfalista, por presión de la censura.
Surgidos en esta época, tanto Camilo José Cela como Miguel Delibes y Gonzalo Torrente Ballester, confirmarán su categoría en años posteriores, llevando a cabo incluso la renovación de las técnicas narrativas y quedando en la primera fila de nuestros novelistas.
3.- EL REALISMO SOCIAL EN LA NOVELA (1950-1962).
La colmena (1951), de Cela, obra de protagonista colectivo, ambientada en un Madrid de posguerra sumido en la miseria económica y moral supone un cambio importante y ha sido señalada como precursora de la nueva corriente.
La novela social se desarrolla en España al tiempo que la poesía social. Los novelistas de la generación del 50, intentan dar su testimonio sobre los recuerdos de la guerra, los conflictos de la vida colectiva española, los ambientes concretos del trabajo en las diversas profesiones, del campo o de la ciudad; y, al igual que los poetas, pretenden con sus obras producir un cambio en la sociedad.
Esta novela supera a la existencialista en la innovación técnica y, sobre todo, en la actitud ideológica. Por un lado, adopta un compromiso ético, un testimonio crítico y una denuncia social. Por otro, recurre en algunas novelas (otras siguen un realismo bastante tradicional) a las técnicas del cine y de la novela norteamericana y neorrealista italiana, coetáneas suyas.
Los escritores que cultivan este tipo de novela utilizan un narrador oculto, como una cámara cinematográfica, que se limita a presentar los hechos y dejar actuar a los personajes con diálogos constantes. La obra cumbre de esta corriente es El Jarama (1956), de Rafael Sánchez Ferlosio.
La otra corriente, dentro de la novela social, sería el realismo crítico, que no se limita a reflejar objetivamente la realidad, sino que pone de relieve las miserias e injusticias con ánimo de denuncia. Una obra muy representativa de esta tendencia sería La mina, de Armando López Salinas.
Autores y obras:
Jesús Fernández Santos (1926-1987) inaugura, según la crítica, el realismo social con su novela Los bravos (1954), en la que muestra la miseria de la posguerra en un pequeño pueblo controlado por un cacique.
Ignacio Aldecoa (1925-1969), fue también un gran escritor de cuentos. Destaca por su compromiso ético, la verosimilitud de sus historias y la precisión y belleza de su prosa. En sus obras narra el dramatismo y la tensión del hombre en su lucha con la vida, el destino o el trabajo. Obras: El fulgor y la sangre (1954), Con el viento solano (1956); y Gran sol (1957).
Rafael Sánchez Ferlosio (1926), refleja en El Jarama la falta de ilusión y de sentido en la vida de unos jóvenes madrileños de clase trabajadora que pasan un domingo en un merendero del río.
Carmen Martín Gaite (1925-2000), muestra en Entre visillos (1958) la opresión de las mujeres bajo la losa de las estrictas convenciones sociales de la época.
Juan Goytisolo (1931), denuncia en varias de sus novelas de esta época la absurda vida desocupada y abúlica de la juventud burguesa. Obras: Juegos de manos (1954), Duelo en el paraíso (1955); y La isla (1961).
Ana María Matute (1926), escribe en esta época Fiesta al noroeste (1953), Pequeño teatro (1954); y Primera memoria (1960).

Hay que recordar que, salvo Aldecoa que murió joven, todos estos autores siguieron escribiendo y evolucionaron hacia otras posturas, produciendo novelas de distintas características; por ejemplo, experimentalistas Goytisolo o de tipo imaginativo y fantástico Ana María Matute.
4.- LA RENOVACIÓN NARRATIVA: EL EXPERIMENTALISMO (1962-1975)
En 1962 se publica Tiempo de Silencio, de Luis Martín Santos, que supone el inicio de la renovación de la novela española. La renovación en esta novela se debe, más que a cambios temáticos o de actitud, a la utilización de nuevas técnicas y estructuras narrativas. Tiempo de silencio, modifica el realismo e influye en todos los novelistas de la época. Mantiene el compromiso social, la intención crítica, la denuncia de personas e instituciones y la actitud testimonial, pero sustituye las sencillas técnicas realistas por otras más complejas que detallaremos someramente:
-No sigue una estructura lineal.

-Utiliza el monólogo interior.

-El contrapunto (acciones paralelas).

-El perspectivismo (puntos de vista distintos sobre la realidad).

-El desorden temporal.

-La conversión del narrador en intérprete de la acción.

-La implicación del autor en la obra (mediante digresiones intercaladas en el texto).

-La riqueza verbal extraída de distintos registros lingüísticos.

-La ironía.
La influencia de estas innovaciones es rápida y novelistas de todas las edades asimilan las nuevas técnicas: Juan Marsé, con Últimas tardes con Teresa (1966), Juan Goytisolo, con Señas de identidad (1966), Miguel Delibes, con Cinco horas con Mario (1967), Juan Benet, con Volverás a Región (1967), Cela, con San Camilo 1936 (1969), Fernández Santos, con El hombre de los santos (1969); y Martín Gaite Retahílas (1974).
La renovación narrativa produce unos cambios tan grandes que desemboca en la novela experimentalista. A esta tendencia contribuyen, aparte de los grandes autores de la literatura universal del S.XX, que comienzan a ser conocidos en España, los novelistas hispanoamericanos del momento (el boom).
Hacia 1967 el experimentalismo piensa que “la novela tradicional ha muerto” y defiende conceptos tan extremos como “la novela es lenguaje, texto, discurso” o “lo único importante son las técnicas”; por tanto, hay que destruir el personaje, la acción, la trama y el argumento. El resultado es un nuevo manierismo formalista, opaco por la acumulación de técnicas narrativas y lingüísticas, que lleva a la novela a un callejón sin salida.
De esta época, solo algunas excelentes novelas que utilizan el experimentalismo con moderación o realizan una parodia del mismo, con humor e ironía, conservan su prestigio: Si te dicen que caí (1973), de Juan Marsé, ajuste de cuentas con la historia franquista de la posguerra. La saga/fuga de J.B., (1972), de Torrente Ballester; ácida parodia del experimentalismo. Y, Escuela de mandarines (1974), de Miguel Espinosa, que conjuga la actitud crítica y el experimentalismo.
5.- LA NOVELA ACTUAL (DESDE 1975).
La verdad sobre el caso Savolta (1975), de Eduardo Mendoza, encabeza la recuperación de la narratividad y de la intriga en la novela.
En los últimos treinta años han convivido las anteriores generaciones de novelistas, que han continuado escribiendo, con las nuevas promociones: Javier Marías, Juan José Millás, Luis Landero, Antonio Muñoz Molina, Arturo Pérez Reverte, Soledad Puértolas, Belén Gopegui…

Esta coexistencia de novelistas de varias generaciones y la plena libertad en que, al fin puede moverse la literatura española actual favorecen el cultivo de todas las tendencias novelísticas. A grandes rasgos, y citando solo a autores que se han dado a conocer en esta época, tenemos:
-La metanovela, que cuenta una historia y el proceso seguido en la narración de la misma: La orilla oscura (1985), de José María Merino y El desorden de tu nombre (1988), de Juan José Millás.

-La novela lírica, que centra al máximo su interés en la calidad poética de cada página: La lluvia amarilla (1988), de Julio Llamazares, intenso monólogo del último superviviente de un pueblo abandonado.

-El memorialismo narrativo, en el que autor y narrador se confunden en una especie de biografía verídica o imaginaria. A esta línea pertenecen varias novelas de Javier Marías, como Todas las almas (1989), Corazón tan blanco (1992) y la trilogía de Tu rostro mañana, aún en proceso de publicación.

Otras tendencias son: la novela histórica, la novela de intriga, la novela de crónica generacional, la novela de personaje y de introspección psicológica, etc.
Hay que tener en cuenta que en muchos casos estas tendencias se presentan mezcladas. Podemos decir, que en general predomina el realismo, pero no a la manera tradicional, sino incorporando todas las técnica de la evolución de la novela. Además, el realismo actual postula una concepción abierta de la realidad, en la que también tiene cabida lo imaginario y lo soñado, lo irracional y lo absurdo.
En suma, entre el experimentalismo de los primeros 70 y la posterior recuperación de los elementos clásicos del relato, la novela española actual se ha ocupado de los más diversos asuntos y ha cultivado todos los estilos y tendencias. Hemos pretendido dar una visión del panorama actual. El paso de los años nos mostrará qué queda y cuál es la evolución posterior.


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