Compromiso y calidad en la L. I. J. Problemas y soluciones






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fecha de publicación05.06.2015
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COMPROMISO Y CALIDAD EN LA L.I.J. PROBLEMAS Y SOLUCIONES.


El uso, o más correctamente, el abuso que de lo políticamente correcto ( eufemísticamente contemplado bajo el epígrafe “valores transversales” ) se viene perpetrando en la LIJ tiene, en mi opinión, unos efectos extraordinariamente nocivos que repercuten en los lectores a medio y largo plazo y que se pueden constatar a distintos niveles, entre los que destacaría dos:


  • En primer lugar, a nivel social: ya en los cuentos destinados a los niños más pequeños se introducen ideas que paulatina y sutilmente van dirigidas, con el paso de los años, a enfatizar los modos de entender la realidad acordes con la ideología dominante, sea ésta de un signo u otro porque, al fin y a la postre, el poder – venga de donde venga – siempre necesita tener mínimamente controlado el modo de pensar de la mayoría sobre la que se apoya. Creo que esta manipulación se hace más palpable en la producción de libros dirigidos a las franjas de edad que afectan tanto a los pre-adolescentes como a los adolescentes, realizándose dicha manipulación a partir de una serie de textos “a la carta” que se ocupan de temas de actualidad, pero que no profundizan ni en sus causas ni en sus consecuencias. Por otro lado, los asuntos tratados suelen ser aquellos en los que generalmente todos estamos de acuerdo – drogas, guerra, racismo – pero se obvian otros más complejos que obligarían a los lectores a hacer una reflexión sobre su modo de vida tanto a nivel personal como social; pienso, a modo de ejemplo de este tipo de obras que se podrían calificar como “conflictivas” o “polémicas”, en la novela Respira de Anne-Sophie Brasme (Siruela) en la que la el lector asiste al proceso conscientemente autodestructivo que lleva a la protagonista a asesinar a su mejor amiga y a no sentirse culpable por ello. Abundando en la consideración de que la LIJ es utilizada como instrumento eficaz de ideologización, quiero referirme a un fragmento del artículo de Gianni Rodari titulado La imaginación en la literatura infantil (1) en el que, en un momento dado, hace referencia a los inicios de la Literatura Infantil; de su lectura se deduce que si bien pueden haber cambiado las formas y los planteamientos, presumiblemente el fondo no lo ha hecho porque la intencionalidad sigue siendo la misma. Como consecuencia, al no fomentarse un mínimo espíritu crítico en los receptores de los textos, el hecho es que a medio y largo plazo se les dirige en el sentido de un pensamiento único, pero eso sí, tomando como universal cohartada la idea de una pretendida “libertad” que se demuestra artificiosa a poco que se haga el esfuerzo de rascar en su superficie. En referencia a esta idea, mi intervención es deudora de un artículo de Marcela Carranza titulado La literatura al servicio de los valores, o cómo conjurar el peligro de la literatura (2) en el que hace especial hincapié en el hecho de que no se trata solamente de convencer al lector de una tesis, sino que se le incita a actuar de un modo concreto.




  • En segundo lugar, a nivel literario que en lógica se deriva del presupuesto anterior. El hecho de que se escriban con premeditación novelas “políticamente correctas” está en abierta contradicción con la calidad literaria, puesto que dicha “corrección” supone una cortapisa para la libertad creativa. Rosa Tabernero, en su libro Nuevas y viejas formas de contar (3) hace referencia en el capítulo dedicado a los paratextos no verbales cómo las editoriales se preocupan de facilitar al mediador su trabajo a base de catálogos, carpetas temáticas y programas de actividades en los que se predeterminan ya las diferentes áreas transversales que se trabajan en cada título. Este es un modo de actuación generalizado que, si bien desde el punto de vista comercial es plenamente legítimo, en realidad no piensa en la calidad de la obra, sino en un utilitarismo vacío de contenido en la mayoría de los casos. Isabel Tejerina en su artículo Literatura y compromiso (4) declara con rotundidad que no tiene nada que objetar contra los libros que plantean determinados temas, siempre y cuando cumplan la condición de contener auténtica literatura, que es precisamente el gran “debe” de buena parte la LIJ que nos inunda cada vez en mayor número.


¿Soluciones? Paradójicamente, y al igual que sucede con los problemas, también están en los libros, máxime ahora que la producción editorial es tan amplia; el hándicap, si es que se le puede denominar así, es que obliga a los mediadores a hacer un mayor esfuerzo personal y profesional tendente a separar aquellas historias que realmente aportan algo de valor a los lectores de las que simplemente son concebidas como productos de “consumo rápido” dirigidas a satisfacer necesidades puntuales, pero que no resisten un mínimo análisis crítico y que no suponen un avance en el conocimiento porque, tal y como señala Antonio Ventura (5), son lecturas que se acaban en sí mismas y no inducen a acometer otras diferentes. La ventaja de acudir a los buenos libros es que a partir de ellos no solamente se aprende a disfrutar estéticamente de un texto bien escrito, sino que además siempre contienen ideas que dan lugar a la reflexión y al debate. Y es que el principal compromiso que contrae la Literatura es el compromiso con la calidad.


  1. La imaginación en la literatura infantil Imaginaria Nº 125 de 31/Marzo/2004. “La literatura infantil, en sus inicios, sierva de la pedagogía y de la didáctica, se dirigía al niño escolar – que ya es un niño artificial -, de uniforme, mesurable según criterios meramente escolares basados en el rendimiento, en la conducta, en la capacidad de adecuarse al modelo escolar. Entre los siglos XVII y XVIII nacen las primeras escuelas populares, fruto último de las revolucines democráticas y de la industrialización. Hacen falta libros para esas escuelas; libros para los ‘hijos del pueblo’. Les enseñarán las virtudes indispensables para las clases subordinadas; la obediencia, la laboriosidad, la frugalidad, el ahorro. La literatura infantil es uno de los vehículos de la ideología de las clases dominantes.”

  2. La literatura al servicio de los valores, o cómo conjurar el peligro de la literatura Imaginaria, Nº 181 de 24/Mayo/2006. “Existe toda una producción pensada a priori con el fin de enseñar al niño o al joven a entender el mundo a y sí mismo desde un ideal oficial en una sociedad “democrática”. Libros creados para enseñar a ser tolerantes, a no discriminar, a resolver los conflictos dialogando, a cuidar el medio ambiente, a vivir en paz…(…) Libros a la carta, hechos a medida, listos para cualquier necesidad didáctica de transmisión de “contenidos transversales” a los niños-alumnos. Y también, y sobre todo, un modo de lectura, un tutelaje pedagógico moralizante sobre la totalidad de la literatura destinada a los chicos.” “En el caso que nos ocupa (el de una verdad de tipo moral) de lo que se trata es además de exhortar al lector a actuar de una manera determinada. No estamos lejos por lo tanto de la función propia de la publicidad, la propaganda, el panfleto o el sermón.”

  3. Nuevas y viejas formas de contar. El discurso narrativo infantil en los umbrales del siglo XXI Prensas Universitarias de Zaragoza, 2005 pp. 125-135: “Todos los documentos examinados comienzan con una “declaración de intenciones” de la editorial en la presentación de las diferentes colecciones. En ellas se adivina que el receptor de los catálogos no es el niño, ni mucho menos, sino el mediador adulto, en forma de librero, maestro o padre. Es destacable, por otra parte, el interés por adentrarse en el mercado escolar de algunos de los textos que introducen las colecciones presentadas”.

  4. Literatura y compromiso: hacer preguntas para buscar respuestas Biblioteca virtual Miguel de Cervantes, 18/Agosto/2006. “No tengo nada que objetar, todo lo contrario, contra libros que plantean la aspiración a un mundo nuevo, la denuncia de la marginación, la barbarie del nazismo, la igualdad entre los sexos, la defensa del medio ambiente o la lucha por la paz; ni siquiera contra aquéllos de los que se desprende un mensaje claro en estos valores, pero sólo si se cumple la condición de que sea auténtica literatura”.

  5. Editor de Literatura Infantil y Juvenil del Grupo Editorial Anaya.

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