Juan ramón jiménez






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títuloJuan ramón jiménez
fecha de publicación03.09.2015
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JUAN RAMÓN JIMÉNEZ



(DESCRIBE LOS PRINCIPALES RASGOS DE LA CREACIÓN LITERARIA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ Y SU RELACIÓN CON LAS TENDENCIAS Y ESTILOS DE LA ÉPOCA)

VIDA



Nace en Moguer (Huelva) en 1881. Su dedicaciçon a la poesía es temprana y total, pues incluso renuncia a seguir estudios universitarios. La muerte del padre le produce una intensa crisis que le dura varios años. En Madrid se hospeda en la Residencia de Estudiantes, donde entra en contacto con los escritores de la Generación del 27. En 1916 se casa con Zenobia Camprubí, quien, desde este momento, se entregará en cuerpo y alma al poeta y se encargará de todo lo relacionado con su producción literaria. Al comenzar la guerra, ambos abandonan España. A Juan Ramón Jiménez le conceden el Premio Nobel de Literatura en 1956. Muere en Puerto Rico dos años después.

CONCEPCIÓN DE LA POESÍA



Su idea de poesía está presidida por una triple sed: sed de belleza, sed de conocimiento y sed de eternidad. Ante todo para Juan Ramón la poesía es expresión de belleza, donde quiera que se encuentre ésta. Pero la poesía es también, para él, un modo de conocimiento, de penetración en la esencia de las cosas. Y su poesía es, en fin, expresión de su deseo de eternidad, concebida como posesión inacabable de la belleza y de la verdad. De ahí que identifique a Dios con la naturaleza o con la belleza absoluta o con la propia conciencia creadora.

TRAYECTORIA POÉTICA



Hay en este poeta una permanente búsqueda que le lleva a recorrer los caminos de la poesía española desde el Modernismo hacia nuevas formas. Un poema suyo resume la evolución de su poesía:
Vino primero, pura,

Vestida de inocencia.

Y la amé como un niño.
Luego se fue vistiendo

de no sé qué ropajes.

Y la fui odiando, sin saberlo.
Llegó a ser una reina,

fastuosa de tesoros...

¡Qué iracundia de yel y sin sentido!
... Mas se fue desnudando.

Y yo le sonreía.
Se quedó con la túnica

de su inocencia antigua.

Creí de nuevo en ella.
Y se quitó la túnica,

y apareció desnuda toda...

¡Oh pasión de mi vida, poesía

desnuda, mía para siempre!
Según estos versos, su trayectoria habría pasado por las siguientes etapas: poesía sencilla, poesía modernista, y poesía desnuda. A éstas hay que añadir una última etapa de poesía verdadera.
Etapa de poesía sencilla
Está influida por los poetas simbolistas franceses, en especial, Verlaine, y por Bécquer. Pertenecen a esta etapa los libros “Arias tristes” (1903) y “Jardines lejanos” (1904). Las principales características son: frecuentes descripciones de paisajes que actúan como símbolos del alma del poeta; descripción de sentimientos vagos, diluidos, entre los que prevalecen: la tristeza, la soledad y la nostalgia; la muerte como tema predominante.

Etapa de poesía modernista



Su poesía se desarrolla bajo las coordenadas del modernismo. Se incluyen, dentro de esta etapa, libros como “La soledad sonora (1908), “Poemas mágicos y dolientes” (1909) y “Platero y yo” (1914). Juan Ramón Jiménez rinde culto a la belleza formal, guiado por su anhelo de belleza. Busca los valores sensoriales mediante un léxico refinado y una adjetivación brillante. Usa con frecuencia el alejandrino y el serventesio. No obstante, renuncia a lo exótico y conserva el intimismo orientado a la contemplación de sus primeros libros.

Etapa de poesía desnuda



Se inicia con “Diario de un recién casado” (1916), libro con el que queda atrás definitivamente el neorromanticismo y el modernismo. Ahora no trata, como antes, de embellecer la realidad, sino ahondar en sus misterios para llegar a la esencia de las cosas. Esta aspiración sólo es posible mediante la utilización de un lenguaje poético desnudo de ornamento y libre de anécdotas y coloridos. Predomina los poemas breves, densos y preferentemente libres, sin rima o con leves asonancias. Además del libro citado, pertenecen a esta etapa “Eternidades” (1918) y Piedra y cielo (1919).

Etapa final




Juan Ramón está cada vez más encerrado en sí mismo y atento sólo a una obra poética cada día más exigente y ambiciosa. A esta etapa corresponden sobre todo dos grandes libros: “En el otro costado” (1936-1942) y “Dios deseado y deseante” (1949). En el primero figura el largo poema en prosa “Espacio” que se considera la cima de la creación juanramoniana. En el mismo expresa vivencias y preocupaciones con la técnica de la asociación libre.


SELECCIÓN DE TEXTOS



Yo me moriré, y la noche

triste , serena y callada,

dormirá el mundo a los rayos

de su luna solitaria.
Mi cuerpo estará amarillo,

y por la abierta ventana

entrará una brisa fresca

preguntando por mi alma.
No sé si habrá quien solloce

cerca de mi negra caja,

o quien me dé un largo beso

entre caricias y lágrimas.
Pero habrá estrellas y flores

y suspiros y fragancias,

y amor en las avenidas

a la sombra de las ramas.
Y sonará ese piano

como en esta noche plácida,

y no tendrá quien lo escuche

sollozando en la ventana.
* * * *
Viene una música lánguida,

no sé de dónde, en el aire.

Da la una. Me he asomado

para ver qué tiene el parque.

La luna, la dulce luna

tiñe de blanco los árboles,

y, entre las ramas, la fuente

alza su hilo de diamante.

En silencio, las estrellas

tiemblan; lejos, el paisaje

mueve luces melancólicas,

ladridos y largos ayes.

Otro reloj da la una.

Desvela mirar el parque

lleno de almas, a la música

triste que viene en el aire.
(De “Arias tristes”)
* * * *
Pájaro errante y lírico, que en esta floreciente

soledad de domingo, vagas por mis jardines,

del árbol a la yerba, de la yerba a la fuente

llena de hojas de oro y caídos jazmines...
¿Qué es lo que tu voz débil dice al sol de la tarde

que sueña dulcemente en la cristalería?

¿Eres, como yo, triste solitario y cobarde,

hermano del silencio y la melancolía?
¿Tienes una ilusión que cantar al olvido?

¿Una nostaljia eterna que mandar al ocaso?

¿Un corazón, sin nadie, tembloroso, vestido

de hojas secas, de oro, de jazmín y de raso?
(De “La soledad sonora”)

* * * *

La cumbre. Ahí está el ocaso, todo empurpurado, herido por sus propios cristales, que le hacen sangre por doquiera. A su esplendor, el pinar verde se agria, vagamente enrojecido; y las hierbas y las florecillas, encendidas y transparentes, embalsaman el isntante sereno de una esencia mojada, penetrante y luminosa.
Yo me quedo extasiado en el crepúsculo. Platero, granas de ocaso sus ojos negros, se va, manso, a un charquero de aguas de carmín, de rosa, de violeta; hunde suavemente su boca en los espejos, que parece que se hacen líquidos al tocarlos él; y hay por su enorme garganta una pasar profundo de umbrías aguas de sangre.
(De “Platero y yo”)
* * * *
SOLEDAD
En ti estás todo, mar, y sin embargo,

¡qué sin ti estás, qué solo,

qué lejos, siempre, de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante,

cual mi frente,

tus olas van, como mis pensamientos,

y vienen, van y vienen,

besándose, apartándose,

con un eterno conocerse,

mar, y desconocerse.
Eres tú, y no lo sabes,

tu corazón te late y no lo sientes...

¡Qué plenitud de soledad, mar solo!
* * * *

No sé si el mar es, hoy

-adormado su azul de innumerables

espumas-,

mi corazón; si mi corazón, hoy

-adornada su grana de incontables

espumas-,

es el mar.

Entran, salen

uno de otro, plenos e infinitos,

como dos todos únicos.

A veces, me ahoga el mar el corazón,

hasta los cielos mismos.

Mi corazón ahoga el mar, a veces,

hasta los mismos cielos.
* * * *
Te tenía olvidado,

cielo, y no eras

más que un vago existir de luz,

visto –sin nombre-

por mis cansados ojos indolentes.

Y aparecías, entre las palabras

perezosas y desesperanzadas del viajero,

como en breves lagunas repetidas

de un paisaje de agua visto en sueños...
Hoy te he mirado lentamente

y te has ido elevando hasta tu nombre.
(De “Diario de un poeta recién casado”)
* * * *
ETERNIDADES
¡Intelijencia, dame

el nombre esacto de las cosas!

Que mi palabra sea

la cosa misma,

creada por mi alma nuevamente.

Que por mí vayan todos

los que no las conocen, a las cosas:

que por mí vayan todos

los que ya las olvidan, a las cosas;

que por mí vayan todos

los mismos que las aman, a las cosas...

¡Intelijencia, dame

el nombre esacto, y tuyo,

y suyo, y mío, de las cosas!
* * * *
Yo no soy yo.

Soy éste

que va a mi lado sin yo verlo;

que, a veces, voy a ver,

y que, a veces, olvido.

El que calla, sereno, cuando hablo,

el que perdona, dulce, cuando odio,

el que pasea por donde no estoy,

el que quedará en pie cuando yo muera.
(De “Eternidades”)
* * * *
¡No estás en ti, belleza inúmera,

que con tu fin me tientas, infinita,

a un sin fin de deleites!
¡Estás en mí, que te penetro

hasta el fondo, anhelando, cada instante,

traspasar los nadires más ocultos!

¡Estás en mí que tengo

en mi pecho la aurora

y en mi espalda el poniente

-quemándome, trasparentándome

en una sola llama-; estás en mí, que te entro

en tu cuerpo mi alma

insaciable y eterna!
(De “Piedra y cielo”)

¿El canto? ¡El canto, el pájaro otra vez! ¡Ya estás aquí, ya has vuelto, hermosa, hermoso, con otro nombre, con tu pecho azul gris cargado de diamante! ¿De dónde llegas tú, tú en esta tarde gris con brisa cálida? ¿Qué dirección de luz y amor sigues entre las nubes de oro cárdeno? Ya has vuelto a tu rincón verde, sombrío. ¿Cómo tú, tan pequeño, di, lo llenas todo y sales por el más? Sí, sí, una nota de una caña, de un pájaro, de un niño, de un poeta, lo llena todo y más que el trueno. El estrépito encoje, el canto agranda. Tú y yo, pájaro, somos uno; cántame, canta tú, que yo te oigo, que mi oído es tan justo por tu canto. Ajústame tu canto más a este oído mío que espera que lo llenes de armonía. ¡Vas a cantar! Toda otra primavera, vas a cantar. ¡Otra vez tú, otra vez la primavera! ¡Si supieras lo que eres para mí! ¿Cómo podría yo decirte lo que eres, lo que eres tú, lo que soy yo, lo que eres para mí? ¡Cómo te llamo, cómo te escucho, cómo te adoro, hermano eterno, pájaro de la gracia y de la gloria, humilde, delicado, ajeno; ánjel del aire nuestro, derramador de música completa!
(Fragmento del poema “Espacio” del libro “En el otro costado”)





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