I. Características generales de la literatura medieval






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I. Características generales de la literatura medieval


La literatura fue el reflejo de la sociedad medieval y de su mentalidad. Las principales características de la literatura medieval son:

  1. La importancia de la transmisión oral: Gran parte de la literatura se difundía mediante la recitación, dado que la población era analfabeta en su mayoría.

  2. El carácter anónimo de sus autores: Al principio, sobre todo, la literatura surge de la colectividad y luego va siendo modificada por los juglares o quienes la transmiten.

  3. La finalidad didáctica o moralizante: La influencia religiosa determina que, en muchos casos, la literatura se utilice para influir en los oyentes. Otras veces, la literatura sirve de propaganda de los valores de un rey o de un pueblo, como ocurrirá con los cantares de gesta.

  4. El uso del verso: Hasta bien entrada la Edad Media (siglo XIV), el verso será el modo usual de escribir, dada su facilidad para la recitación.

II. La lírica tradicional en la Edad Media


La poesía lírica se manifestó de forma espontánea y fue la más extendida durante la Edad Media y surgió en todas las lenguas de la península ibérica: castellano, gallego, catalán y mozárabe. Estas composiciones se cantaban en los distintos actos de la vida, tal como lo demuestran sus contenidos: de boda, de siega, de romería, etc. Pero el tema constante y más importante era el del amor, como expresión, sobre todo, del sentimiento de la amada.

Aunque en cada zona de la península esta poesía de tema amoroso presenta sus particularidades, todas ellas comparten las siguientes coincidencias:

  1. Contenido: la enamorada se lamenta por la pérdida, ausencia o tardanza del amado.

  2.  Confidente: la muchacha expresa sus lamentos de amor a algo o a alguien: la madre, la hermana, la amiga, las olas del mar, las flores del campo, etc.

  3.  Motivos comunes: Suelen aparecen situaciones o motivos relacionados con el amor o el encuentro amoroso: el río y las fiestas, como lugar o momento para el encuentro amoroso; la cinta, como símbolo de virginidad, etc.

  4.  Estructura métrica: Las canciones se suelen adaptar a la estructura zejelesca o a la estructura paralelística.

La estructura paralelística consiste en la repetición de los versos, cambiando sólo la palabra de la rima. El leixaprén (deja y toma) es una forma especial de paralelismo que consiste en que una estrofa empieza con el mismo verso con el que había finalizado alguna estrofa anterior.

La estructura zejelesca era aquélla en donde se utilizaba el zéjel. El zéjel es un tipo de poema procedente de la poesía arábigo-andaluza y aparece en castellano en el siglo XIV. Está formado por versos octosílabos y tiene la siguiente estructura:

  • Estribillo: uno o dos versos.

  • Mudanza o glosa: tres o cuatro versos monorrimos.

  • Verso de vuelta: verso que rima con el estribillo.

  • Estribillo.

Existen en la península cuatro grandes núcleos líricos.

1. Lírica arábigo-andaluza

Se desarrolló en la mitad sur de España, en territorio mozárabe, lengua hablada por los hispanomusulmanes y formada por la mezcla de árabe y lengua romance. La manifestación poética más importante fue la jarcha, cancioncilla en lengua mozárabe que se incluía al final de poemas cultos, escritos en árabe o hebreo, llamados moaxajas. Las jarchas son las composiciones líricas más antiguas que se conocen y pudieron haber sido compuestas hacia el siglo 1000.

2. Lírica gallego-portuguesa

Se desarrolló al Noroeste de la península, en el territorio que hoy es Galicia y Norte de Portugal. La manifestación más importante de esta lírica es la cantiga de amigo que, al igual que las jarchas, son poemas de amor puestos en boca de una mujer que se lamenta por la ausencia, tardanza o abandono de su amado. Se caracteriza por una fuerte monotonía que se manifiesta en el uso limitado del vocabulario y de las estructuras sintácticas, basadas en la estructura paralelística de su métrica.

3. Lírica tradicional castellana

Es el núcleo lírico más tardío. Los primeros textos que recogen testimonio de este tipo de lírica compuesta en castellano datan del siglo XV. La composición más representativa es el villancico de amigo, que contiene el mismo tema y contenido que las jarchas y las cantigas de amigo y se desarrolla, normalmente, en estructura zejelesca, aunque también puede aparecer glosado en estructura paralelística.

III. El mester de juglaría, la épica castellana y el Poema de Mío Cid

1. El mester de juglaría


El género principal de la poesía épica fue el de los cantares de gesta, extensas narraciones en verso en las que se exaltan las hazañas y las virtudes de los héroes.

La poesía épica se encuadra dentro del mester de juglaría, esto es, la escuela poética propia de los juglares. Los cantares de gesta eran recitados de memoria por los juglares que actuaban en las plaza de los pueblos y ciudades, en los castillos o en las estancias de la corte, a cambio de un pago por sus servicios. Sabían danzar, tocar instrumentos, recitar y realizar ejercicios acrobáticos y circenses.

2. Características de la épica española


Los cantares de gesta surgieron entre los siglos XII y XIII. Se han conservado muy pocos debido a que su transmisión era oral y no escrita. Además del Poema de Mío de Cid, que se conserva casi completo, nos han llegado fragmentos del Cantar de Roncesvalles y del Cantar de las Mocedades de Rodrigo. De otros cantares de gesta nos han llegado noticia a través de crónicas históricas que los utilizaron como fuente.

Otras características de los cantares de gesta de nuestra literatura son: su carácter anónimo, pues el autor no los firmó; su gran vitalidad, pues sus temas pervivieron en la literatura posterior (romancero, comedia nacional, drama neoclásico, romántico y moderno, en la lírica, en la novela, etc.); su realismo, pues se compusieron en fechas cercanas a los hechos que cuentan y apenas aparecen elementos fantásticos.

3. El Poema de Mío Cid


El Poema de Mío Cid, obra de los siglos XI o XII, es un extenso poema épico, máximo exponente del mester de juglaría (poesía hecha por los juglares), que cuenta las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar, quien por dos veces pierde su honor y lo recupera con creces. La obra está dividida en tres partes o cantares:

  1. El cantar del destierro: Narra cómo El Cid es desterrado por pedir juramento al rey Alfonso VI. El héroe abandona Castilla después de dejar a su mujer e hijas en el monasterio de San Pedro de Cardeña. Ya en tierra de moros, entabla diversas batallas por Castejón, Alcocer, Calatayud, hasta llegar a Huesca, Zaragoza y Lérida. En estas escaramuzas hace preso al conde de Barcelona.

  2. El cantar de las bodas: El Cid conquista Valencia, envía un regalo al rey y su mujer e hijas se reúnen con el héroe en sus nuevas tierras. Los infantes de Carrión solicitan el casamiento con las hijas de El Cid, para lo cual intercede el rey.

  3. El cantar de la afrenta de Corpes: Los infantes de Carrión, hombres cobardes, no soportan las burlas de los hombres de El Cid y deciden vengarse en las hijas del caballero castellano, a las que azotan y abandonan en el robledal de Corpes. Ante esto El Cid pide justicia al rey, quien convoca unas cortes donde se restaura el honor afrentado. Las hijas de El Cid terminan casándose con los infantes de Navarra y Aragón.

La métrica del Poema de Mío Cid es irregular: realizado en versos cuya medida fluctúa entre 10 y 20 sílabas aunque predominan los de 13, 14 y 15 y que se agrupan en tiradas (grupos de versos con una sola rima asonante).

De su estilo cabe destacar:

  1. El uso del epíteto épico, para enaltecer y magnificar al héroe ("el que en buena hora nació", "el que en buena hora ciñó espada").

  2. Fórmulas dirigidas al oyente, con el fin de comunicarse con él y de que participe en la narración ("Como oiréis contar", "Bien oiréis lo que dirá"). - o elementos simbólicos (movimientos de los personajes, elementos decorativos, etc.).

  3. Episodios humorísticos, cuya función principal era la de divertir al auditorio e introducir un momento de distensión en medio de sucesos dramáticos (episodio de las arcas en el cantar I; el episodio del Conde de Barcelona al final del cantar I; el episodio del león en el cantar III).

En cuanto al personaje protagonista hay que destacar su conducta ejemplar. Se nos presenta como un hombre de conducta intachable: es valiente, astuto, prudente, amoroso padre de familia, con gran conciencia de su honra y un fuerte sentimiento religioso.

IV. El mester de clerecía. Los Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo y el Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita

1. El mester de clerecía


La otra escuela poética existente en la Edad Media fue el mester de clerecía. Tuvo su apogeo durante los siglos XIII y XIV y a ella pertenecen los clérigos y los autores cultos.

La característica formal más notable de esta escuela es la utilización de la cuaderna vía, estrofa de cuatro versos con la misma rima (monorrimos) consonante.

2. Los Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo


Los Milagros de Nuestra Señora es la obra más importante de Gonzalo de Berceo. Comienza con una introducción alegórica en la que el autor se presenta a sí mismo en una naturaleza idealizada, descanso del hombre, que simboliza las virtudes y perfecciones de la Virgen.

A continuación, se suceden veinticinco milagros realizados por la Virgen a favor de personas que sienten una gran devoción por ella. Berceo no inventa, sólo pretende difundir en lengua romance los relatos ya existentes sobre la Virgen, los cuales él modifica con libertad. Las principales características de los Milagros son las siguientes:

  1. Berceo introduce elementos cotidianos para atraer a sus oyentes.

  2. Introduce un tono humorístico y emplea metáforas y comparaciones espontáneas.

  3. Introduce elementos del arte juglaresco, como el uso de expresiones para llamar la atención de sus oyentes.

  4. Al final de cada relato aparece una moraleja o enseñanza para hacer comprender al oyente las ventajas que reporta ser un devoto de la Virgen.

Se pueden distinguir tres grupos de milagros:

  1. En los que María premia o castiga a los hombres, como "La casulla de San Ildefonso".

  2. En los que la Virgen perdona y logra salvar de la condenación a sus devotos, como "El sacristán impúdico".

  3. En los que los personajes sufren una crisis espiritual y María les ayuda a solucionar el conflicto, como "La abadesa encinta".

El personaje de la Virgen aparece dotado de sentimientos humanos. Así, unas veces se comporta como una mujer celosa y otras veces se enfada con los que no la sirven.

3. El Libro de Buen Amor, del Arcipreste de Hita


El Libro de Buen Amor es una composición extensa y variada de 1700 estrofas, cuyo hilo conductor lo constituye el relato de la autobiografía ficticia del autor, quien es representado por don Melón de la Huerta.

El libro se caracteriza por su gran variedad: de contenido (ejemplos, narraciones amorosas, serranillas, elementos didácticos, composiciones líricas, etc.); métrica (además de la cuaderna vía utiliza estrofas de dieciséis versos, estrofas zejelescas, etc.); de tono (serio, festivo, religioso, profano, etc.).

Se distinguen, entre otros, los siguientes elementos en la obra:

  1. Una introducción donde el autor explica el sentido e interpretación del libro.

  2. Una autobiografía ficticia del autor, que consiste en narrar sus amores con distintas mujeres, ayudado por Trotaconventos.

  3. Una narración de los amores de don Melón y doña Endrina.

  4. Una colección de ejemplos, fábulas y cuentos, que sirven como enseñanza moral y cierre de los episodios.

  5. El relato alegórico de la batalla de don Carnal y doña Cuaresma.

Es importante el uso de la parodia y la ambigüedad en la obra, lo que influye en la verdadera intención de la misma. Así, por un lado, se puede deducir un carácter moralizante y didáctico cuando nos muestra la lección moral sobre la infelicidad y el alejamiento de Dios que provoca el loco amor. Pero, por otro, el tono de algunos pasajes invita al goce de los placeres de la vida.

V. La prosa medieval: El Conde Lucanor

1. La prosa medieval


Hasta el siglo XII toda la prosa literaria estaba escrita en latín. Tras el impulso y madurez que la lengua castellana adquirió durante ese siglo con la labor de Alfonso X el Sabio -que reinó entre 1252 y 1284- y la Escuela de Traductores de Toledo, aparecen algunos textos narrativos escritos en lengua romance: colecciones de cuentos, como el Libro de Calila e Dimna, o recopilaciones de sentencias, como el Poridat de Poridades.

2. El Conde Lucanor


El Conde Lucanor (1282-1340) es la obra principal de Don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X el Sabio, quien la escribió en el siglo XIV y quien afianzó la prosa literaria en castellano. El libro está formado por 50 ejemplos con la misma estructura: El Conde Lucanor pide consejo a su ayo Patronio, sobre problemas que se le plantean. Éste le narra un cuento que le ofrece la solución. Cada narración acaba con una moraleja que resume la lección aprendida.

Todas las narraciones de estos cuentos tienen la misma estructura:

  1. Introducción: El Conde Lucanor tiene un problema y le pide consejo a Patronio.

  2. Núcleo: Patronio cuenta un cuento que se asemeja al problema planteado.

  3. Aplicación: Patronio aconseja la manera adecuada de solucionar el problema, en relación con el cuento narrado.

  4. Moraleja: Se termina con dos versos en los que el autor resume la enseñanza de la narración.

En la obra se utilizan cuentos de diferentes procedencias (árabes, clásicos, etc.). En todos los cuentos es patente la intención didáctica, al dar soluciones a los problemas que a una persona pueden planteársele en su vida.

VI. Coplas de Jorge Manrique

Las Coplas por la muerte de su padre, de asunto moral, es la obra más importante de Jorge Manrique (1440-1479). Esta obra, realizada con motivo de la muerte de su progenitor, pertenece al género poético de la elegía y es una reflexión sobre la vida, la fama, la fortuna y la muerte con resignación cristiana. Está formada por cuarenta coplas, cada una de las cuales se compone de dos sextillas, coplas manriqueñas o coplas de pie quebrado, cuyo esquema métrico es 8a, 8b, 4c, 8a, 8b, 4c. El ritmo de las estrofas es lento e interrumpido por los tetrasílabos, dando así un tono funeral a la composición.

En cuanto al contenido, las Coplas forman una elegía por la muerte del padre del autor, don Rodrigo Manrique, donde el poeta se lamenta de la inestabilidad de la fortuna, la fugacidad de las cosas humanas y de la vida, del poder igualatorio de la muerte. La fama es lo único duradero: esta forma de pensar anuncia la llegada del próximo Renacimiento.

Otros temas que aparecen en la obras son:

  1. El paso inexorable del tiempo.

  2. La vida como camino.

  3. La vanidad de las cosas mundanas.

  4. El tema del Ubi sunt para evidenciar la fugacidad de la vida.

  5. El tema de la fortuna.

  6. La descripción de don Rodrigo Manrique.

  7. La visión cristiana de la muerte.

  8. Los tres tipos de vida: terrenal, de la fama y eterna.

La estructura de las Coplas va de lo general a lo particular:

  1. Habla en un sentido general sin aludir a nadie (coplas 1-14).

  2. Pone ejemplos de los dicho anteriormente en personas de la época, utilizando el tema clásico del Ubi sunt (coplas 15-24).

  3. Se centra por fin en la figura del padre, al que alaba como un ejemplo de virtud (coplas 25-40).

VIII. El Romancero

El romance es una composición poética de carácter épico-narrativo nacida para ser cantada, formada por versos octosílabos con rima asonante en los pares y cuyo origen se encuentra en los cantares de gesta. El interés por éstos, con el paso del tiempo, fue decayendo y sus fragmentos más atrayentes fueron transformados en romance mediante la ruptura de cada uno de los versos de aquél en dos partes para formar cada uno de los versos del romance.

Se denomina Romancero al conjunto de romances cantados por los juglares desde finales del siglo XIV hasta el siglo XV. Los escritos durante los siglos XV y XVI por autores conocidos, como Cervantes, Lope de Vega, Góngora o Quevedo, forman el Romancero Nuevo.

El romance es una composición creada por la colectividad, por lo que su autor es anónimo y constituye también la razón de que existan múltiples versiones de un mismo romance.

Por su tema, los romances pueden clasificarse en:

  1. Tradicionales: Provienen de un hecho histórico o de los cantares de gesta.

  2. Juglarescos: Su origen es diferente de los anteriores.

    1. de Tema francés:

      1. Carolingios: cuentan las hazañas de Carlomagno y otros personajes de su corte.

      2. Bretones: recogen las leyendas del rey Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda.

    2. Noticieros: Vienen derivados de la convivencia con los árabes y pueden ser fronterizos y moriscos. 

    3. De invención: Fruto de la imaginación de los autores.

      1. Líricos: Tratan el tema amoroso y la expresión de sentimientos. Predomina la descripción y la acción es escasa.

      2. Novelescos: Destaca el elemento narrativo, la ficción y el diálogo entre los personajes.

Por su estructura, el romance puede ser:

  1. Romance-cuento: relata una historia completa de principio a fin.

  2. Romance-escena: se concentra en un momento concreto de la acción.

Los romances presentan rasgos de estilo propios de la tradición oral:

  1. Uso de arcaísmos.

  2. Alusión a los oyentes.

  3. Utilización del fragmentarismo o truncamiento: la acción se interrumpe al final, dejando el desenlace a la imaginación del oyente o lector.

  4. Variedad en las formas verbales, mediante la aparición de distintos tiempos en un mismo romance.

  5. Uso de fórmulas para expresar sentimientos, circunstancias espaciales y temporales, etc.

  6. Lenguaje sencillo y con gran capacidad de sugerencia.

  7. Uso de repeticiones, paralelismos y aliteraciones.




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