La literatura hispanoamericana






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títuloLa literatura hispanoamericana
fecha de publicación01.09.2015
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Veinte poemas de amor y una canción desesperada

La literatura hispanoamericana

La denominación de literatura hispanoamericana se concentra en la literatura producida en lengua castellana es ese continente, a diferencia de la iberoamericana que incluye toda la producción europea y americana tanto en portugués como en castellano.

No es fácil presentar un breve panorama de la abundante y compleja producción literaria que durante el siglo XX se desarrolló en los diecinueve países americanos de lengua castellana.

Cualquier reflexión sobre la literatura hispanoamericana establece de inmediato una doble característica aparentemente contradictoria: la unidad y la diversidad; la unidad de las letras hispanoamericanas viene dictada por la comunidad del idioma, por el hecho radical de compartir el castellano como lengua común. En cuanto a la diversidad, puede decirse que es una de las consecuencias de la formación de las nacionalidades en América.
La narrativa
La narrativa hispanoamericana, tras una prolongada corriente realista que refleja las peculiaridades americanas (la naturaleza, lo indígena…) y los problemas sociales y políticos, entrará en una etapa de profunda renovación y no tardará en situarse en la primera línea de la narrativa mundial.
En líneas generales se observan tres etapas:

  1. La novela realista hasta 1940/1945

  2. Los comienzos de la renovación narrativa hasta 1960

  3. La consolidación de esta nueva narrativa a partir de 1960


La poesía

El comienzo de la poesía hispanoamericana del siglo veinte va unido al Modernismo y su principal representante en lengua castellana, Rubén Darío, pero pronto se observa un cansancio y hacia 1920 empiezan a aparecer otras tendencias que van renovando este género.

Por una parte hay que hablar de la poesía humana, de expresión sencilla, que trata temas autóctonos y problemas íntimos. Paralelamente, comienzan a dejarse sentir las corrientes vanguardistas nacidas en Europa (especialmente el surrealismo).También habría que hablar de un grupo de poetas que se sitúan al margen de las estridencias vanguardistas, defendiendo el equilibrio entre la tradición y renovación, entre el clasicismo y la modernidad.

En los últimos decenios la abundancia y diversidad es absoluta: poesía pura, existencialista, social, surrealista o experimental…

La cantidad de poetas es grande. Entre ellos destacan tres grandes figuras: César Vallejo, Pablo Neruda y Octavio Paz.

Pablo Neruda

El chileno Ricardo Neftalí Reyes, Pablo Neruda, (1904-1973), es uno de los poetas de mayor renombre universal. Al trasponer a la poesía sus vivencias, tanto personales como sociales y políticas, fue capaz de conectar con los anhelos de millones de personas.

A los veinte años publicó Veinte poemas de amor y una canción desesperada, donde expresa todos los registros de la pasión amorosa con un estilo poderoso, plagado de sugestivas imágenes.

En Residencia en la tierra, emplea un lenguaje surrealista para darnos su desoladora visión del mundo y de sí mismo: angustia del tiempo y de la muerte, falta de horizontes, violencia…

El Canto general es un himno al continente americano en el que Neruda intentó apresar todo: la naturaleza, la historia y el pueblo. Son gentes humildes que trabajan y sufren, a los que incita a luchar por la libertad, la paz y la justicia.
Veinte poemas de amor y una canción desesperada
Situación y génesis de la obra

Esta obra publicada en 1924 es el tercer libro del autor y la cima de su etapa juvenil.

Llama la atención por su tono elemental, cálido y apasionado, así como por las novedades de su lenguaje poético.

“Veinte poemas de amor y una canción desesperada” se sitúa en la superación del Modernismo, pero se queda en una posición humana, al margen, excepto en toques puntuales, de las audacias vanguardistas.

Su composición corresponde a la época en que Neruda estudiaba en la Universidad de Santiago de Chile y está inspirado en sus experiencias amorosas de aquella época.

El libro esta presentado y ordenado como una historia que desarrolla una concepción del amor y la mujer con una evidente carga de tradiciones literarias. Lo cual no disminuye su autenticidad emocional y poética.
Concepción del amor

En este poemario, el amor presenta diversos planos que van de lo más concreto y físico a lo más abstracto y metafísico.

Lo primero que nos llega (desde el poema 1) son los aspectos físicos: el cuerpo, las caricias, la unión carnal. Todo ello es evocado con una fuerza y una sensualidad que chocó por su audacia y que sin duda responde a un inconformismo moral del poeta.

Pero a partir de ese plano corporal, se salta a un plano superior. A través del impulso erótico, el amante entronca con la tierra, con la vida. Uno de los rasgos sobresalientes de estos poemas es la intensa trabazón de experiencias amorosas y elementos de la naturaleza: el mar, el cielo, el viento, la niebla, las montañas, los pinos… Su presencia sirve para recordarnos la importancia que la naturaleza tiene en Neruda. Pero esa naturaleza, unida al amor, adquiere nuevas facetas y sentidos simbólicos.

En un tercer plano, aún más alto, el amor es un camino para salvarse del desarraigo existencial, de la angustia. En este sentido, el anhelo amoroso entronca con el ansia de lo absoluto (“el milagro” para vencer “la ola de angustia”).

Pero el amor así concebido se presenta como una historia. Los poemas se ordenan con arreglo a un plan narrativo, componiendo una vaga historia de amor y desamor:

  • El comienzo nos lanza de lleno a la consumación del amor recién descubierto (1), con referencias a una desgraciada época anterior que ahora se evoca como un “túnel” o como una noche de la que al fin es posible salir.

  • Siguen diversas vicisitudes, gozos y sombras. La “sed”, la “angustia” parecen, a veces, vencidas; pero el dolor y la soledad acechan hasta en instantes gozosos. Así, los momentos de júbilo alternan con momentos tristes y melancólicos, incluso con premoniciones del final (8). Desde el poema 15 se hacen más frecuentes las referencias al distanciamiento, a la incomunicación, con un último paréntesis engañosamente luminoso.

  • El amargo desenlace se recoge en el poema 20 y en la Canción desesperada, sin duda las dos composiciones más importantes del libro. Es el fin del amor y, de nuevo, la noche, el naufragio de toda la esperanza.


La concepción del amor y la historia que nos presenta este libro tienen un evidente aire neorromántico. Pero también podrían descubrirse raíces en la poesía amorosa de Quevedo o Garcilaso.
La mujer

En los poemas se observan ciertas variaciones que traslucen la diversidad de mujeres que inspiraron los poemas. Pero, por encima de ellos, hay una serie de rasgos esenciales de la mujer que ha forjado el poeta. Estos rasgos se sitúan en los tres planos que acabamos de ver en el enfoque del amor:

  • En un primer plano, la mujer amada se presenta en su dimensión más carnal. Son evidentes los valores corporales y sensuales de estos poemas: los textos nos muestran la atención del poeta hacia ciertos aspectos como el pelo, los ojos, detalles de la indumentaria…

  • En un segundo plano es fundamental la fusión de la mujer con la naturaleza.

  • En el último plano, la amada es (o podría serlo) la salvadora. El poeta lo confiesa desde el principio: “para sobrevivirme te forje como un arma” (1). Ella será su guía “acogedora como un viejo camino” (12).


Hasta aquí hemos visto la imagen positiva de la mujer. Pero ya sabemos que las esperanzas puestas en ella solo tuvieron un cumplimiento efímero. Desde muy pronto percibimos también la idea de la amada distante, huidiza. Desconcertantes y estremecedores son versos como estos: “Solo guardas tinieblas, hembra distante y mía; /de tu mirada emerge a veces la costa del espanto” (7). Es significativo el relieve que adquiere en algunos poemas el silencio de la amada: el poema 15 empieza con un verso paradójico: ”Me gustas cuando callas porque estás como ausente” y luego continúa “estás como distante…y mi voz no te alcanza”. Poco a poco ha ido creciendo el tema de la incomunicación, hasta llegar a las desoladas afirmaciones del poema 19: “nada hacia ti me acerca, /todo de ti me aleja”. Así se llega a la amada definitivamente perdida de los últimos poemas.
La expresión poética

La expresión poética es un elemento fundamental a la hora de hablar de la originalidad de la obra.

Ante todo hay que resaltar la variedad de tonos, que se adaptan a la expresión de la sensualidad o la ternura, del júbilo o la melancolía, de la exaltación vital o la desesperación.

El nivel afectivo o la expresión de lo emocional es especialmente interesante. La intensidad sentimental es lo primero que impresiona al lector. En esta aspecto hay que destacar la importancia de las exclamaciones (aunque, a veces, Neruda prescinde de los signos de exclamación), reforzadas por interjecciones. Es también destacable el léxico fuertemente connotativo de afectividad, especialmente los sustantivos y los adjetivos que se relacionan con la tristeza, el dolor, la melancolía. A ello se asocian los términos que aportan notas crepusculares o nocturnas.

Las imágenes son el aspecto central de la lengua poética de Neruda. Es conocida su capacidad de forjar poderosos y originales imágenes, continuos hallazgos verbales. Muy frecuente es el empleo de símiles más o menos inesperados. El poema 12 es especialmente interesante en este aspecto. Pero más allá de las fórmulas comparativas, encontraremos metáforas muy variadas: La amada es “caracola terrestre” donde la “tierra canta” (3), es “abeja blanca…ebria de miel”(8), es “última amarra” y “última rosa”. El poeta resume su dolor acumulando metáforas en la Canción desesperada “Sobre mi corazón llueven frías caracolas, / oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos”. El juego metafórico es continuo y deslumbrante.

Los símbolos son también abundantes. Algunos se refieren a la condición del poeta: “buzo ciego”, “hondero”, “náufrago”, o a sus vicisitudes: símbolos como el túnel, la noche, el árbol sin pájaros, los solitarios muelles… Y de nuevo hay que aludir al alcance simbólico que cobran los elementos de la naturaleza, así como la frecuencia de imágenes o símbolos marinos.

Otros muchos recursos de estilo son también frecuentes: repeticiones, bimembraciones, paralelismos…
La métrica

Por su versificación estamos claramente ante un libro posmodernista: conserva metros característicos del Modernismo, pero lleva a cabo una decidida reducción de formas y recursos rítmicos, a la vez que introduce ciertas novedades.

Entre los versos el alejandrino (14 sílabas) es el dominante. Pero junto a ellos también hay versos amétricos (no sujetos a una medida establecida). El endecasílabo, manejado con licencias es la base del poema 12.

Otros poemas nos ofrecen el caso contrario: su base es el verso libre, pero entre los versos amétricos reconoceremos alejandrinos, endecasílabos… (poemas 14 y 17). En definitiva hay que hablar de libertad absoluta.

La rima da también pruebas de ese mismo alejamiento del Modernismo. Predomina la asonancia entre versos pares. En unos poemas la asonancia cambia en cada estrofa (1, 3), en otros se mantiene invariable a lo largo de todo el poema (20 y la Canción desesperada).

La rima consonante aparece en algún caso (15) y hay también bastantes poemas sin rima (2, 9, 11, 13, 14, 17), aunque a veces aparecen asonancias ocasionales.

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