Palabras del director de publicaciones de la un. De la republica, profesor daniel cavalera, con motivo de la publicacion del libro de edda piaggio






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PALABRAS DEL DIRECTOR DE PUBLICACIONES DE LA UN. DE LA REPUBLICA, PROFESOR DANIEL CAVALERA, CON MOTIVO DE LA PUBLICACION DEL LIBRO DE EDDA PIAGGIO

14.10.04
BIKINI EN PLEAMAR RITUALES ACUATICOS
He leído estas páginas intentando simpatizar con la ensoñación creadora, intentando llegar hasta el núcleo onírico de la creación literaria de esta gran tejedora de palabras que es Edda Piaggio, entrando en comunicación con la voluntad creadora de la poeta y todo aquello que surte fuero en el inconsciente, en vorágine de palabras e ideas.

“Pleamar de origen, fundamento de la vida humana...pleamar remoto brujo de impaciencias, incendio aluvial...”

Pleamar, la marea, el agua contenida y/o desatada. Contiene un universo, un instante de sueño, contiene un alma entera.

Como señala Ernest Seillière: “en el agua duermen las mismas potencias latentes que en el alma de los hombres”

Hay en estos rituales acuáticos de Edda, una ensoñación que sueña la materia. El que se inclina sobre el seno del agua complaciéndose en lo que un ojo descubre en el fondo, ve mil cosas...y entre tantas transparencias, una poderosa inflexión descendente hacia las honduras de la raíz personal. La contemplación está en lo infinito de las aguas y en la profundidad del alma propia.

Y según Baudelaire, “para el hombre que sueña ante el mar, seis o siete leguas representan el radio del infinito”.

El pasado de nuestra alma es un agua profunda, “un sueño de limpidez y transparencias” para Gastón Bachelard

Y Edda Piaggio habla de “la cotidiana anécdota de agua, espuma y luz”...

Heráclito de Efeso, imaginaba que ya en el sueño, el alma, desprendiéndose de las fuentes del fuego vivo y universal, tendía momentáneamente a transformarse en humedad. Para Heráclito la muerte, era el agua misma. Y algunos jeroglíficos egipcios de oficio de difuntos, expresan el siguiente deseo: “Quiera Osiris presentarte el agua fresca”.

En la poesía dinámica de Edda Piaggio, las cosas no son lo que son, sino que son aquello en lo que se convierten... “Soñador que estás a la pesca de los espejos”...a partir de sus reflejos, el agua se torna en un espejo o en miríadas de espejos.

Ramón Gómez de la Serna, en su obra, Gustavo el Incongruente, insinúa: “Ha habido incluso mucha gente , que se ha ahogado en un espejo”...

Así entonces, como la vida es un sueño dentro de un sueño, a la usanza de Poe o del propio Borges, el universo es un reflejo en un reflejo, el universo es una imagen absoluta.

“Sólo en sueños está trazado el mapa del mundo imaginable. El universo sensible es algo infinitamente pequeño”, dice Charles Nodier, en “ensoñaciones”.

Para tener esta constancia del sueño que produce el poema, es necesario tener delante de los ojos, algo más que imágenes reales. Es necesario perseguir esas imágenes que nacen, que viven en nuestros sueños, esas imágenes cargadas de una materia onírica rica y densa, alimento inagotable para la imaginación material.

Y ese sueño, esa ensoñación, le da al agua el sentido de una patria lejana, de una patria celeste. El agua por medio de sus reflejos duplica al mundo, duplica las cosas y duplica también al soñador, arrastrándole a una nueva experiencia onírica.

Según Bachelard: “Ciertas formas nacidas de las aguas tienen más atractivo, más insistencia, más consistencia porque intervienen en ellas ensoñaciones más materiales y más profundas porque nuestro ser íntimo se compromete más a fondo, porque nuestra imaginación sueña, más de cerca, con los actos creadores”.

Edda, la poeta profunda, descubre el agua vivaz, el agua que renace de sí, el agua que es presencia permanente, el agua que marca con su signo imborrable sus imágenes.

Shelley nos dejó una inolvidable imagen del agua: “parece una gema en la que se graba la imagen del cielo...”

En esta pleamar y en sus rituales acuáticos, hay una triple sintaxis de la vida, la muerte y el agua...

“El agua es la materia de la muerte bella y fiel – dice Bachelard – solo el agua puede morir, inmóvil, guardando sus reflejos, reflejando el rostro del soñador, fiel al gran recuerdo, a la sombra universal. El agua da belleza a todas las sombras, vuelve a la vida a todos los recuerdos.”

Y dice Edda: “hoy quisiera estar allá lejos contigo”... y podríamos agregar: hoy quisiera desaparecer en el agua profunda, desaparecer en un horizonte lejano...

Quizás de todas las obras de la escritora, este es el texto que más se asocia a la profundidad o a la infinitud, es el destino humano que busca su imagen en el destino de las aguas: “pleamar... te busco entre las piedras quietas, aguavivas y caracoles y las cenizas del algazul. Si duras soñaré con mis muertos y sentiré como nunca las delicias del mundo viviente y el sinuoso andar de mis caminos interiores.” (POEMA 39)

De la lectura de estos versos, alguien podría decir que no sabe bien qué es lo que pasa... pero sí, se tiene la intuición de un ritual misterioso, que puede llegar a ser terrible por lo que proviene de una voz encontrada y fuerte, como un grito, profundamente humano. Adentrándose en este territorio, se puede tener la sensación de que cualquiera sea la región que visitemos, podemos estar tan abandonados por los dioses, tan perdidos en el universo, como en otra parte.

El poema 26: “...avenidas de linfas – hacia ajuares de incertidumbre... vocación del desamparo – dos partes en desvío”.

Por obra del arbitrio metafórico “bikini” la poeta da colación a ideas exasperadas, ficcionalizas, puesta allí, en un grado de tensión, a veces insoportable. Así encontramos:

“hastiado de vivir en dos partes”

“tendencias opuestas que anidan”

“dos partes sueltas”

“interminable antítesis”

“paisajes interiores se empeñan en

buscar unidad”

Ambivalencias profundas y durables, ligadas a las materias originales en las que se alimenta la imaginación material. En ese sumidero, se perfila un diseño de estructuras helicoidales, de bastones serpentiformes que expresan equilibrio activo y relación creadora asociada con el simbolismo de Hermes, el dios arcádico de la regeneración. Así dice el poema 41:

“crezco en dos fórmulas violentas…bikini soy- espuma infernal de ángeles caídos…dos partes de un alma y un tiempo…”

Esta suerte de consagración al agua, muestra un ser en el vértigo. Muere a cada minuto, sin cesar, y algo de su sustancia se derrumba. Esa muerte cotidiana, es la muerte del agua, que como siempre, avanza, aumenta, sube, hasta que cae y concluye con su muerte horizontal.

La poeta parece estar diciéndonos: el agua, anónima, sabe y cubre todos mis secretos. Y en esa danza del agua brota una dinámica del apetito que encontrara su sosiego en el bienestar de una libido infantil. Cuando se simpatiza con los espectáculos del agua, es porque estamos prontos para gozar de su función narcisista. Es la utilidad psicológica del espejo de las aguas. El agua sirve para naturalizar nuestra imagen. Para concederle algo de inocencia al orgullo de nuestra íntima contemplación. Es casi como decir: me-amo-tal-cual-soy-. La vida cobra nuevo impulso. Y la vida real se siente mejor si le concedemos sus merecidas vacaciones de irrealidad. Y así, el narcisismo del ser individual se encuadra en el narcisismo cósmico.

Una gota de agua, poderosa, basta para crear un mundo y para disolver la noche. El agua de pleamar, así dinamizada, es germinal, otorga a la vida ímpetu inagotable. En esa movilidad del agua, hay una filosofía completa. “No nos bañamos dos veces en el mismo río” (Heráclito). El ser humano tiene el destino del agua que corre, destino esencial que sin cesar transforma la sustancia del ser, destino de las imágenes huidizas, destino de un sueño que no se consume.

Dice Paul Claudel: “el agua es la mirada de la tierra, su aparato de mirar el tiempo”.

El agua agrupa las imágenes, disuelve las sustancias, ayuda a la imaginación en su tarea de desobjetivación, de asimilación. El agua es el elemento de las transacciones, esquema fundamental de las mezclas. El agua se destaca por su aptitud para componerse con otros elementos. Bajo las más diversas formas, en las ocasiones más diferentes, en los autores más ajenos entre sí, vemos reproducirse un intercambio sin fin, de la visión, a lo visible.

El agua juega siempre un papel inesperado, “el ojo de la tierra es el agua”, decía Claudel. En los ojos nuestros, es el agua que sueña, según Bachelard “¿acaso nuestros ojos no son ese charco inexplorado de luz líquida que Dios ha puesto en el fondo de nosotros?”

En ese yo poético de Edda Piaggio, enmascarado en la naturaleza, sigue siendo el agua la que se ve, sigue siendo el agua la que sueña, todo se compone en torno a esta agua que piensa. El agua es un ojo tranquilo, recoge toda la luz y hace un mundo con ella. Gracias a ella, ya el mundo es contemplado, es representado.

El agua es objeto de las mayores valoraciones del pensamiento humano: la valorización de la pureza… y solo nos basta recordar ese pleonasmo cotidiano con que el sonsonete publicitario nos incita a beber “agua pura”

Por la confianza con que me honra la escritora, estoy en conocimiento de que estos versos tuvieron su origen allí cerca…frente al mar…”frente al mar de Montevideo” como decía Lautreamont. No existe un solo detalle en la descripción del mar, que no se cumpla en todos los tiempos, es una constante en el tiempo humano. Tenemos, culturalmente la capacidad de absorber con intensidad el valor intrínseco de las legítimas metáforas que en el campo de la literatura, desde homero, han llegado hasta nosotros.

“Su sustancia espiritual se reconoce en su centro” nos dice Rodó. El alma siempre tiene sed, amplitud oceánica. En todas las cosas del mar hay misterio, los preceptos que tienen vida solo un instante en el tiempo, los angustiosos pensamientos, no hay huellas de navío que precedan su marcha…viajadores sin rumbo.

“Tengo el sentimiento en el mar…aquí es el reino de la apariencia pasajera y cambiante, de la indefinida sucesión de líneas y de tonos, donde todo relieve y toda figura, apenas dibujados, se dan en el sacrificio al movimiento innovador. La inquieta superficie bosqueja, hace miríadas de años, una forma que no llega a precisar jamás” (Rodó, El Camino de Paros)

Y William James en sus principios de psicología anotó que: “la conciencia no parece dividirse en fragmentos, nada se junta, fluye, un río de arroyo, son las metáforas por las cuales se describe más naturalmente”

Y Bergson en su breviario del pensamiento filosófico: “pasa corriente atravesando generaciones humanas y subdividiéndose en individuos que crean alma, que sin embargo, en cierto momento preexistían, como arroyuelos en los que se divide el gran río de la vida que corre a través del gran cuerpo de la humanidad”.

AL entregarse a las páginas de esta nueva obra de Edda Piaggio el argentino Alonso Barros Pena nos habla de la creación de una prístina alegoría que señala el misterio del hombre y del mundo desde la aventura del lenguaje. Así él lo ha expresado, con pocas y buenas palabras.

Quienes hemos seguido más o menos de cerca la consecución y el despliegue perseverante de la obra de Edda Piaggio hemos visto cómo ella ha sido fiel a la construcción imaginaria de distintos territorios como espacios para construir un mundo ficcional.

La literatura es una arte y nuestra relación con este arte es de emoción estética. Nuestra relación con el mundo pasa a través del lenguaje y todo aquello con lo que contamos para un discurso, son las palabras. Palabras que no siempre dicen lo que quieren decir. La literatura está situada, la mayor parte de las veces, del otro lado de las fronteras, en esa tierra de nadie, sin propiedad y sin patria. Ese es el lugar mismo de la literatura desde donde define una especie de mirada sobre el mundo.

En la apreciación de Eduardo Milán, ese gran poeta uruguayo que ha radicado en Méjico: “el grado distintivo de un poeta frente a otro, ni radica ya en la diferencia de sus experiencia individual, sino en la mayor o menor capacidad de los códigos poéticos, o sea, el lenguaje. La riqueza del poema no radica en el anecdotario sino en la cantidad de mundos que pueda ofrecer al lector.

El poeta como tal ha ido perdiendo aura…y es probable que el poema haya ido perdiendo eficacia…el habla del poema ha perdido naturalidad…”

No obstante, celebramos esta posibilidad del individuo de convocarse expresivamente. En el caso de Edda, no es un hablante que desaparece debajo del texto poético. Quizás se podría decir de ella, alternativamente aparece y desaparece, a veces como sometida a un poder extraño que le impide el libre desarrollo de su naturaleza. Toda vez que ella recupera la titularidad (yo) el poema es un campo de batalla entre su conciencia hacedora y el mundo que es generalmente adverso. Cuando se da el retorno del yo poético al escenario del texto, no es un regreso ingenuo al yo exaltado del romanticismo, es atestación porfiada en medio de la tiniebla.

Alonso Barros, en su comentario de tapa, destaca el papel de la alegoría en este poemario. Alegoría, por definición, es una ficción, y en virtud de la cual una cosa representa a otra diferente. La ciencia y el arte son comparables al explicar un fenómeno determinado por el método de representación, al utilizar la metáfora como herramienta explicativa y herramienta de trabajo. Porque la metáfora genera un modelo para iniciar cualquier discusión. Es una suerte de cristalización del pensamiento, es la búsqueda de una forma de representación del universo.

Tanto la creatividad humana como el trabajo científico, son procesos altamente interactivos, donde los elementos se despliegan en lugar de ser necesariamente preplaneados o anticipados. El propio Leonardo da Vinci, una de las mentes más grandes de todos los tiempos, enfatizaba que su arte representaba un rehacer sistemático de la naturaleza sobre la base del entendimiento racional de causas y efectos.

En la metáfora titular: Bikini En Pleamar Ritos Acuáticos y en el trabajo de condensación que corresponde a su poesía, se advierte como hemos ya señalado, el enlazamiento de las dualidades. El texto avanza con el poder de una doble hélice que indica el poder generativo de los opuestos complementarios…”tendencias opuestas que anidan”… “se empeñan en buscar unidad”… Así la unidad transformándose en dualidad, alcanza una nueva y más profunda concreción, expresa el equilibrio activo y la relación creadora que corre entre dos canales energéticos diferentes, y sin embargo, intercomunicados en cada instante de su recorrido.

Aquí y ahora…celebramos estos rituales acuáticos para todos los que libremente acepten confrontarse con ellos.

Muchas Gracias

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