Taller de escritura






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fecha de publicación06.07.2015
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LA ENSEÑANZA DE LA LITERATURA

O EL REGRESO A ÍTACA



Libardo Vargas Celemín

Profesor Universidad

del Tolima
Resumen

Desde la metáfora del regreso de Odiseo a Ítaca se analizan los obstáculos existentes y las prácticas y propuestas pedagógicas inadecuadas que han hecho de la didáctica de la literatura un medio, un instrumento o un simple pretexto que desnaturaliza su verdadera función.
Se propone una didáctica autónoma y emancipadora que tenga como ejes de desarrollo la lectura, la escritura y la formación muldimensional, a partir del taller de escritura creativa, como propuesta metodológica.
El taller de escritura creativa es el escenario donde, con el apoyo de la teoría literaria, el diálogo intertextual y los avances hipermediales se logra un acercamiento al hecho estético y a sus visiones de mundo, para alcanzar la reafirmación de las potencialidades críticas, creadoras y lúdicas del estudiante.

Abstract



From the Odiseo´s return to Ítaca metaphor, the existing obstacles, practices and the inadequate pedagogic proposals are analized, which have made the literature didactics, a mean , a tool or a simple pretext that denature its true function.
An autonomous and emancipating didactics that has reading, writing and the multidimensional formation as developing axis beginning with the creative writing shop, as a methodologic proposal.
This is the stage where, with the literary theory support, the intertextual dialogue and the hypermedial advances, a close up to the static fact and to its world visions is got, to reach the reaffirmation of the critical, creating and ludic potentialities of the student.
Palabras claves
Didáctica, lectura, escritura creativa, taller, autonomía

ENTRE CALIPSO Y CIRCE

Cuando emprendas el viaje a Ítaca


pide que el camino sea largo

lleno de aventuras, lleno de experiencias...

... Ni a los lestrigones, ni a los cíclopes

ni al salvaje Poseidón encontrarás

si no los llevas dentro de tu alma...”
KAVAFIS

La complejidad de la enseñanza de la literatura puede equipararse metafóricamente al regreso de Odiseo a su patria. Ambos periplos están llenos de obstáculos epistemológicos y conceptuales, los primeros; físicos y afectivos los segundos. Por eso, de la mano de Homero y de Kavafis se realizará este viaje por los caminos de la pedagogía y la literatura.
Las dificultades comienzan con las voces que pretenden desconocer la validez de la enseñanza de la literatura. Muchos son los signos perturbadores y apocalípticos que desde hace décadas están anunciando la desaparición de su objeto de estudio. Se da como un hecho la muerte del libro, la poesía y la literatura: “Cada vez más la televisión y otras formas de comunicación electrónica han venido a reemplazar el libro impreso y especialmente su forma idealizante, la literatura como fuente más autorizada y atractiva del conocimiento” (Kerman 1993: 10): También hay quienes presagian su “ aniquilamiento y, cosa que no habíamos imaginado, su entierro pareciera querer ser por las propias ciencias sociales (Ardila 2002: 82) y otros van más lejos en sus alegatos postmodernos, cuando afirman la “desaparición como modelo escolar y educativo” (Sloterdijk 1999).
A las anteriores consideraciones le siguen también planteamientos y reflexiones sobre el papel actual de la literatura. Teresa Colomer ( 2001 ) afirma que la literatura en los últimos tiempos “ha perdido la centralidad de que gozaba en el pasado como necesaria en la construcción social del individuo y la colectividad y ha sido desplazada a un lugar marginal”. Esta situación se puede evidenciar en el rediseño curricular que se ha realizado en algunos países, donde los espacios para la literatura se tornan cada vez más escasos.
Otro obstáculo no menos preocupante tiene que ver con la sociedad, cuyos valores se centran en el consumismo, el mercado, la productividad material, la competencia, la lucha por el poder. Necesariamente esta situación se refleja en sus aparatos ideológicos (en el sentido althusiano) y en sus propósitos y convicciones . Dentro de este contexto, los tecnócratas de las pedagogías, los instructores de la competitividad siempre están abogando por una educación que prepare seres amaestrados, cumplidores estrictos de metas e indicadores; en otras palabras, paradigmas de la razón instrumental. Es por ello que la literatura no encaja en sus modelos.
Es en medio de esta tormenta que debemos enfrentar la furia del ponto intelectual, económico, social y cultural, lo mismo que sus múltiples manifestaciones: Por esta razón, la enseñanza de la literatura para las sociedades periféricas se convierte en una especie de resistencia, no solo para mantener un espacio en los planes de estudio, sino como una forma de lucha política e ideológica contra la homogenización y mundialización de la cultura. La educación, y en este caso la enseñanza de la literatura, debe encarar con responsabilidad la formación de seres que no naufraguen ingenuamente ante el canto de las sirenas y de la manipulación mediatica, sino que sepan, como Odiseo, enfrentarlas con la suficiente astucia que permita reconocer su poder, pero también sus limitaciones.
Existen otros impedimentos que desvirtúan la función que debe cumplir la literatura en la formación de los individuos: las prácticas pedagógicas que han creado reticencias en los estudiantes y han falseado el verdadero sentido de la didáctica. Un paneo sobre las concepciones y prácticas recurrentes nos permitirá ubicarnos en el actual momento y, desde aquí, realizar una propuesta que reivindica la enseñanza de la literatura como una forma de lograr autonomía, crear un espíritu crítico, disfrutar el valor estético de las obras e intentar la aproximación creativa a los distintos géneros.

En gran parte del siglo XX la tradición de la enseñanza de la literatura se centraba en el estudio histórico con énfasis en autores, obras y movimientos que debían ser aprendidos por los estudiantes como un listado de fechas, nombres y características, sin ni siquiera haber accedido a fragmentos de la obra. Se trataba de la acumulación de un conocimiento enciclopédico desconectado del hecho artístico y de las vivencias del lector, y cuyo valor quedaba relegado a la simple memorización.
Otro momento de la predidáctica de la literatura ha estado ligado al conocimiento y uso de la lengua como eje central de toda actividad de aprendizaje: Esta concepción perdura con sutiles manifestaciones en la actualidad, pese a las críticas recibidas. Se trata de considerar a los escritores y poetas como los mejores cultores del idioma y, por lo tanto, paradigmas del uso correcto de la lengua. Aquí se subordina el estudio de la obra literaria al modelo gramatical y desvirtúa cualquier intento de autonomía del hecho artístico que maneja sus propios códigos y sus niveles de significación. Pozuelo Yvancos ( 2004) explicita esta situación y establece la conexión que existe entre la autonomía de la literatura y la construcción de identidad de los estudiantes

Al concebir el estudio literario en el restrictivo campo de una lengua, limitando los textos a ejemplos de uso culto, estamos obligando a nuestros estudiantes a desaprovechar las virtualidades mayores del texto literario de ser depositario de esos factores supralingüísticos que pueden ayudar a entender quienes son y de donde vienen” .

Un relativo avance en la didáctica de la literatura se logra con lo que se ha denominado “iniciación a la lectura literaria”, cuya influencia nos llega de España y desemboca en tener como centro del estudio literario la lectura y, concretamente, su complemento, el comentario de texto como lo exponen (Carreter y Correa 1985). La anterior práctica crea unos conocidos modelos de análisis que, limitan las posibilidades del lector y lo constriñen a dar cuenta sólo de los elementos intrínsecos de la obra, mientras quedan por fuera el contexto socio histórico y cultural, lo mismo que los factores individuales de los receptores. La distorsión de este enfoque se encuentra todavía en aquellos análisis que tienen como fin hacer resúmenes argumentales, enumeración y jerarquización de personajes, descripción de tiempos y espacios, y una que otra alusión a los elementos retóricos implicados.
El auge de la denominada literatura infantil privilegia su aspecto lúdico, y, de paso, distorsiona el papel del juego en la formación del niño. Se acude a una serie de actividades y dinámicas que desplazan la lectura de las obras e instauran procedimientos que logran la entretención de estudiantes, pero que desvían el objetivo de la enseñanza, por cuanto la práctica desprovista de una teoría cae en el simple activismo.
Se habla en la actualidad de la existencia en Colombia de dos perspectivas en la didáctica de la literatura ( Alzate 2001 ). La primera tiene que ver con la competencia comunicativa y subordina su enseñanza al conocimiento y dominio de la escritura y de la lectura de la lengua materna. Si bien se comparte el criterio que el eje central del estudio de la literatura debe partir de la lectura del texto y debe complementarse con la escritura, como forma de dar cuenta de la apropiación del universo artístico, se discrepa en el sentido de la subordinación a un fin exclusivamente comunicativo, despojándolo de las demás potencialidades de desarrollo individual y colectivo, como lo reafirma Pozuelo Yvancos ( 2004)

Se ha concebido la literatura como un uso de lengua,, entre otros posibles usos, despreciando las funciones principales que el hecho literario tiene en sí mismo y que le obliga, debería obligarnos, a sobrepasar el escenario formal del caudal retórico lingüístico”
La otra tendencia que tiene su arraigo es la de concebir la literatura como la posibilidad de juicio y goce estético, planteamiento válido que debe trascender, y al que hay que incorporarle otros elementos que tienen que ver con la literatura como espacio complejo donde convergen distintas disciplinas, ciencias, saberes y formas de aprehensión de la realidad, a partir de la imaginación y de la simbolización.

.

LA NAVE DE LOS FEACIOS Y LOS APAREJOS DE LA DIDÁCTICA DE LA LITERATURA

... Ten siempre a Ítaca en tu pensamiento

tu llegada allí es tu destino.

Mas no apresures nunca el viaje...

Kavafis
Ya tiene el huésped en pulimentada arca

vestiduras, oro labrado y los demás presentes

quele han traido, ¡ea! Démosle sendos trípodes

grandes y calderos”

(Odisea Rapsodia XIII)
La enseñanza de la literatura es objeto en estos últimos años de una reflexión intensa que involucra no solo el lenguaje y el contexto de referencia y de recepción, sino también disciplinas que tienen que ver con el desarrollo psicológico, antropológico, histórico y social del hombre.

La lectura

El centro de la didáctica de la literatura es la lectura, entendida esta como un proceso complejo que busca desentrañar los sentidos y las significaciones que subyacen en el texto, en una tarea de cooperación e interpelación con su contenido, pero también con un sentido lúdico, creativo y de goce. Barthes nos habla de dos tipos de texto:

...texto de placer: el que contenta, colma, da euforia; proviene

de la cultura y está ligado a una práctica confortable de la

lectura. Texto de goce: el que pone en estado de pérdida,

desacomoda (tal vez hasta una forma de aburrimiento) hace vacilar los fundamentos históricos, culturales y sicológicos

del lector, la congruencia de sus gustos, de sus valores

y de sus recuerdos , pone en crisis su relación con el lenguaje”

Barthes (1977: 25)
Para poder acceder a ese goce permanente, el lector debe realizar una reconstrucción del artefacto literario, convertirse en un sabueso que descubre los sentidos, que dialoga con los vacíos y silencios, que interpela estructuras y formas, es decir, un lector que se sumerge en los abismos del texto para salir gozoso con la aproximación al conocimiento de los distintos matices de la obra.
Ese lector ideal no es espontáneo, debe ser formado, requiere de un largo aprendizaje en el que interviene el profesor de literatura para concitar una serie de autores y de obras ( el canon), y de disciplinas que le permitan contribuir al goce, producto del discernimiento del texto literario. Pero, además, debe dotársele de elementos que contribuyan a potenciar su sensibilidad, a experimentar con la comprensión y la interpretación de distintos tipos de textos y lenguajes. El acto de leer propicia la aparición de sensaciones, sentimientos y percepciones que nos recuerda que somos seres humanos, dotados de razón, pero también de emoción.
Todo texto literario nos acerca al hipotético conocimiento del ser humano, cada nuevo cuento, novela o poema que se lee muestra seres ficticios que interactúan a imagen y semejanza de los individuos reales y esto lleva a una verdadera aproximación al conocimiento de la condición humana. Ese es el papel de la literatura, contar historias, estados de ánimo, dramas individuales o colectivos, celebraciones heroicas o simplemente el discurrir plácido de la existencia, pero todo ello dentro de lo imaginario, de lo fantástico, de lo irreal pero verosímil, gracias al juego de las palabras, gracias al lenguaje que se libera de lo denotativo para proyectarse metafóricamente a la dimensión estética.

La autonomía

La preocupación de pedagogos y de docentes sobre la necesidad de construir una didáctica que dé cuenta de las especificidades de la enseñanza de la lengua y de la literatura se fue consolidando. Al respecto existen afirmaciones como las de Mendoza Fillola (2003: 9), quien la define como una disciplina que “atiende a los saberes, habilidades, competencias, saberes operativos, enfoques y metodologías sobre la adquisición, aprendizaje y desarrollo del lenguaje”. Sin embargo, la anterior definición plantea un problema que requiere precisiones, por cuanto, a partir de la concepción de la literatura como un apéndice de la enseñanza de la lengua, se incluyen bajo el mismo título dos disciplinas que tienen particularidades y que reclaman su autonomía. Una somera revisión bibliográfica indica la existencia de varios títulos que contienen las dos materias. Su lectura atenta demuestra que el espacio dedicado a la problemática de la literatura es mínimo, y se soslaya la discusión de sus problemas esenciales.

La formación multidimensional

La literatura cumple una función reguladora del yo, en el sentido de que permite la configuración de la personalidad del estudiante, precisamente en las dimensiones cognitivas, imaginarias, simbólicas, afectivas y metalingüísticas. El estudiante se descubre a sí mismo como sujeto debido a las posibilidades de significación. En otras palabras, la lectura de textos literarios permite que el estudiante participe en la co – creación e interpretación del universo que plantea el escritor. Descubrir las estrategias utilizadas, las urdimbres en el texto, hacen que se eleve la autoestima, que se genere autonomía.
Para Luis Sánchez Corral (2003:309) la literatura, como un tipo particular de discurso, posibilita la fundación de mundos posibles y gracias a ello, los contrapone al mundo real, situación que implica procesos cognitivos de formalización y de ordenación del caos de la vida real. Esta experiencia de una nueva vivencia solo es posible gracias al lenguaje que, en este caso, traspasa las barreras de la normatividad y crea un estado de liberación y una interacción que potencia la competencia simbólica del ser humano.
Otras operaciones cognitivas y discursivas tienen que ver con la percepción de las formas del discurso ( el lector debe estar atento a su desarrollo); la intertextualidad con sus prácticas de evocación y de referencia, y la desautomatización del individuo que encuentra en los textos literarios un discurso alterno al alienante de los medios de comunicación.

Evitar, entonces que el sujeto se doblegue sobre las presiones enunciativas de la sociedad contemporánea, ha de constituir también una preocupación y no de las menores, para cualquier planteamiento de intervención didáctica” (Sánchez Corral 2003:296)

En este sentido la literatura nos presenta una visión no alienante del mundo real y, esto debe ser aprovechado por el docente para direccionar su análisis hacia la comprensión de este fenómeno que debe ser prioritario en nuestros días, dado que en el discurso literario, mejor que en ningún otro, el proceso de semiosis adquiere el sentido liberador.

La teoría y la crítica literaria

La didáctica de la literatura no puede constreñirse a la prioridad del mejoramiento de la competencia comunicativa, su función va más allá y está enmarcada en un eclecticismo que

conlleva saberes relacionados con las estructuras sociales,

con los fundamentos lingüísticos y literarios, con los métodos

pedagógicos y didácticos y con el conocimientos del funciona

miento de la mente humana” ( López Y Encabo 2003:33)

La anterior premisa invita a lograr una verdadera articulación con la teoría literaria y con los estudios culturales y sociales, para alcanzar una visión integral de la representación simbólica que subyace en la literatura.
La teoría literaria alumbra la aproximación a la obra; es la herramienta útil para construir y reconstruir, pero no se debe abusar de ella. Es decir, no se debe convertir en contenido de un proceso mecánico e instrumental. El papel de la teoría es posibilitarle al docente distintas formas de leer, de interpretar la obra artística, para allanarle el camino a la comprensión y al goce de los estudiantes, así como en el pasado los feacios le proporcionaron a Odiseo los medios para que emprendiera su último viaje en pos de su patria.

La escritura

Confrontar la obra con instrumentos provenientes de la teoría literaria enriquece la visión del lector, pero también facilita el acto complementario de la lectura con la escritura. Una verdadera didáctica de la literatura debe propiciar el ejercicio de la escritura crítica, como ya se dijo antes, aun en los primeros años de escolaridad, porque solo se lee cuando se es capaz de exteriorizar en la escritura aquello que se ha debatido en la interioridad. Enseñar literatura no es lograr en el estudiante la memorización de características de movimientos, obras, argumentos y autores, sino de equiparlos con un bagaje que le permita realizar distintas miradas, dejando la huella de su palabra escrita. No se trata de potenciar exclusivamente la lectura y la escritura, sino de encaminar los esfuerzos hacia logros concretos, que se manifiestan a través de estas acciones.
Si concebimos la didáctica de la literatura como una disciplina en construcción que busca una intervención crítica y emancipadora y a la competencia literaria como “una específica capacidad humana que posibilite tanto la producción de estructuras poéticas, cuanto la comprensión de sus efectos” (Bierwish, citado por Sánchez Corral 2003: 395), debemos adicionarle su sentido prospectivo, una evaluación formativa y unas actividades que posibiliten el verdadero desarrollo de los estudiantes.
Cárdenas Páez (2004: 18) habla de cuatro elementos que deben tenerse presente en la enseñanza de la literatura “poesía, arte, lenguaje y visión de mundo”. A partir de ellos se configura su pedagogía, y cualquier intento de enseñanza de la misma debe tener presente que ella debe trascender la simple inclusión en los programas regulares de estudio, porque hace parte de la formación integral del individuo.
Si la literatura es poesía, forma especial de captar el mundo; si es lenguaje, juego y artificio de las palabras; si es manifestación estética; creación de mundos posibles a partir de los instrumentos artísticos y si es visión de mundo: interpretación de realidades, su enseñanza debe atender estos complejos aspectos y dar cuenta de ellos para formar seres abiertos al goce intelectual, al análisis, a la comprensión, a la emoción generada por la lectura, al pensamiento divergente y analógico, a los juegos hipermediales que propician nuevos procesos cognitivos; en síntesis, a transformar la sensibilidad y la percepción de las nuevas generaciones.
Si se pueden cumplir las anteriores expectativas, se logrará el acercamiento a una concepción que parte de la literatura como un viaje autónomo por la lectura, la escritura y el conocimiento, con la compañía de la teoría literaria y de una crítica que permita desentrañar los sentidos, las significaciones y permita la experimentación del goce y la creatividad.


LA PROPUESTA DEL ARCO: EL TALLER DE ESCRITURA CREATIVA


Pondré aquí el gran arco del divino Odiseo

y aquel que más fácilmente lo maneje,

lo tienda y haga pasar una flecha por el ojo

de los doce segures, será con quien me vaya”

(Odisea XXI )

Una vez Odiseo regresa a su patria se inicia esa larga etapa del reconocimiento y el reencuentro con los suyos y consigo mismo. Hacer pasar la saeta por el agujero y no errar fue la prueba definitiva. Así mismo el viaje conceptual permite proponer un método para desarrollar la didáctica de la literatura con pericia, destreza y seguridad, y para lograr que se amplíe su radio de acción e incorporar nuevos elementos que coadyuven en el conocimiento de ese objeto de estudio complejo que es la obra literaria. Porque el fin último de la enseñanza de la literatura no es exclusivamente el de propiciar mejoras en la competencias comunicativas; se debe trascender este criterio y potenciar un modelo de didáctica crítica que busca “un constante proceso de actualización, una acción heurística que trata de dar sentido a la evolución humana y que por supuesto cree en las capacidades de todas las personas . (López y Encubo 2002: 69).


La propuesta tiene que ver con la escritura creativa como espacio real y concreto para lograr la aproximación al conocimiento conceptual de la literatura y a la creación de textos con sentido estético, como una forma válida de comprender, interpretar, argumentar, proponer, sentir, soñar, jugar y reflexionar.
Este enfoque metodológico integra la lectura, entendida esta en un sentido amplio, y no se queda en la simple contemplación o en el pragmatismo de poder dar cuenta de lo que dice la obra, sino que va más allá y permite el estudio y discusión de los sentidos, su contextualización, la discusión de los géneros, la apropiación categorial y la aplicación de teorías que logren un mayor esclarecimiento, pero también un goce estético e intelectual superior .
Escribir textos con intención literaria, como lo afirma Alonso ( 2001:52 )
Permite al que aprende, descubrir racionalmente el proceso

de creación artística (…), además aprende a situar la escritura

literaria como un proceso elaborado consciente y público”

Es de aclarar que la pretensión de llevar la escritura creativa al aula no es la de convertir a todos los estudiantes en escritores y poetas. Se trata más bien de que los alumnos de literatura se familiaricen con las dificultades de la construcción poética, con las potencialidades del lenguaje, con las posibilidades lúdicas de la palabra, con la imagen gráfica y con la autonomía que da este conocimiento. Lo que se busca, en palabras de Corrales (2001:70), es que los alumnos :
“ … no solo se entusiasmen con la lectura, sino que sean capaces de crear textos literarios de cierta calidad y, lo que es más importante, aprender a pensar, mirarse y a mirar el mundo de un mundo diferente, el modo literario, que no implica necesariamente convertirse en escritores”.

El taller de escritura creativa

El taller de escritura creativa en el aula da a conocer las herramientas primarias para la escritura con sentido estético, se trabajan las estructuras narrativas, poéticas, dramáticas; se puede partir de la oralidad para plasmar luego la creatividad en composiciones preliterarias (rondas, canciones, etc.). Se pueden desarticular los textos para configurarlos de nuevo y establecer sus componentes, pero también se infieren categorías a partir de ejercicios prácticos. En este espacio se comparten dificultades, experiencias, lecturas, propuestas y se hace de la palabra y de la imagen un centro de divertimiento y aprendizaje.
Kohan y Rivadeneira afirman, citados por Delmiro Coto (2002: 40), que los talleres son:

ámbitos destinados a la composición escrita, donde se intentan

infinitas variaciones, se juega con las palabras, deambulan los

mitos, las leyendas, el humor, los terrores, las emociones, los

disfraces y las pasiones, se leen y analizan los escritos de todas

y de todos, se debate acerca de los mecanismos de producción

que se han puesto en marcha, se comenta, se compara y se

descubren nuevos caminos que dan paso a nuevas propuestas “
El taller no se puede quedar en la función pragmática para que los niños amplíen vocabulario, adquieran el hábito de la lectura y ejerciten la escritura. Estos son resultados secundarios; el primario debe ser el conocimiento del hecho literario desde su multiplicidad y sólo así se podrá cumplir el objetivo que Delmiro Coto (2002:21) traduce como la gran conclusión, que “las clases de literatura pueden articularse a partir de textos escritos por los alumnos”

Aplicación y alternativas

La aplicación del taller de escritura creativa en el aula puede hacerse desde los primeros grados hasta la universidad. Las actividades se deben ir dosificando de tal manera que van desde la producción de rimas, estribillos, retahílas y pareados, producto de la oralidad de los niños; hasta la construcción de cuentos, guiones dramáticos o colección de poemas por parte de adolescentes y jóvenes.
La lírica es uno de los géneros propicios para establecer el acercamiento sensorial a los textos literarios. Es posible, con ejercicios que permitan al niño o al adolescente hablar de sus percepciones, adentrarlos en la interpretación de textos poéticos y relacionarlos con la subjetividad del mundo interior de los autores.
Las diversas formas poéticas contemporáneas constituyen un arsenal que posibilita actividades variadas y que permiten el trabajo con otras expresiones artísticas, en especial con la música y la pintura. La poesía fónica abre sus puertas a la experimentación con la oralidad; la poesía visual y la holopoesía lo hacen con las artes plásticas, porque ellas

Rebasan el lenguaje estrictamente alfabético – verbal, es decir, esta poesía incorpora la letra y los componentes de la escritura como todo tipo de imagen, en calidad de signos híbridos, abiertos a su múltiple valor lingüístico y plástico” (Padin 2003)
Los escenarios de exploración que surgen con el taller de escritura creativa se tornan infinitos, las posibilidades multiexpresivas abren nuevos caminos, pues ellas participan en “ otras clases de imágenes: la olfativa, la acústica y la táctil” ( Arguello 20001: 13), que permitirán aproximaciones a las nuevas tecnologías de la información, las mismas que brindarán alternativas de diálogos intertextuales y que convertirán la clase de literatura en el epicentro de los encuentros interdisciplinares.
Abrir espacios a las nuevas sensibilidades y lenguajes es un compromiso que debe ser asumido por los docentes con una alta dosis de responsabilidad y con un esfuerzo intelectual para detectar la validez de propuestas, en medio de la atomización postmoderna. Indagar en las posibilidades del video, el hipertexto, la red y otros tipos hipermediales resulta una necesidad imperativa, dada la expansión de la literatura hacia nuevos nichos tecnológicos.
Otro recurso importante es el hipertexto. Aunque en el se trastoca la linealidad y aparecen nuevas estructuras narrativas, es factible alcanzar la comprensión de obras experimentales y la escritura de textos que requieren abiertamente la participación del lector, como lo plantea Landow, citado por Rodríguez (2000: 90) “Es el autor quien ofrece posibilidades de trayecto, pero es el lector quien construye su sucesión temporal y su caracterización, dependiendo de un interés que de hecho es móvil”. Sin embargo el trabajo con el hipertexto tiene sus limitaciones, dadas las carencias de infraestructura de las instituciones educativas. Su uso debe ir acompañado de una claridad por parte de los docentes de que estas formas de ficción son experimentales y que no han alcanzado plenamente su reconocimiento como objeto de arte.


Hacia una didáctica emancipadora

Por las anteriores consideraciones el taller de escritura creativa en el aula se debe convertir en el recurso pedagógico por excelencia, en una herramienta insustituible sobre la cual se soporta una didáctica de la literatura emancipadora, que oriente al estudiante hacia la formación de prácticas creativas, críticas y lectoras, para que logre trascender la comprensión del texto y construya verdaderas significaciones y sentidos de la obra, pero también para que goce de su valoración estética y pueda desentrañar los artificios del lenguaje y de la imagen, y, como lo afirma Cárdenas (2004: 152), ser coparticipe en la creación del texto, cooperante en el desciframiento y en el desarrollo de la multiplicidad de enfoques, sin olvidar que en una sociedad como la nuestra el papel de la didáctica de la literatura agenciada por enseñantes conscientes de su papel, debe encarar prioritariamente la defensa de la dignidad del individuo y también de su medio social. Cárdenas (2004:43) afirma en este sentido que:
La educación apoyada en la literatura no debe únicamente

preocuparse por estimular el talento creativo o ser medio

para desarrollar la capacidad de apreciación. Su real interés

está en la educación para el desarrollo de la dignidad humana

y para el ejercicio absoluto de la libertad”
La premisa precedente puede ser tomado como el reto decisivo del profesor de la literatura, sin importar el nivel en que interactúe. De la placidez de ser un transmisor de listados de fechas obras, autores y nacionalidades, el docente de literatura se convierte un puntal de resistencia contra los discursos predominantes y contra el avance de la homogenización cultural, que se concretiza de maneras diversas, entre ellas la avalancha publicitaria para instaurar cánones falsos que obedecen a intereses del mercado.
Convertir el taller de escritura creativa en el ejercicio cotidiano en el aula de clase es abrirle perspectivas distintas a los estudiantes y lograr así que ellos sean cada vez más autónomos, críticos, proposititos, creativos. Además, permite rescatar la literatura del sitial en que la han puesto los discursos hegemónicos del poder y hacer de ella una forma de desarrollo personal a partir de las experiencias del mundo de las palabras, las imágenes, los sonidos, los sueños y las emociones.
El viaje teórico hasta Ítaca ha terminado,
¡ Bienvenidos a la práctica !

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