El tema de nuestro tiempo






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Texto Pau Ortega y Gasset: División de fragmentos según su temática.


EL TEMA DE NUESTRO TIEMPO

Capítulo X: La doctrina del punto de vista
ORTEGA Y GASSET

Fragmento 1



¿Antinomia entre vida y cultura? Ni vitalismo ni culturalismo

Respuestas en la tradición moderna: racionalismo y relativismo
Contraponer la cultura a la vida y reclamar para ésta la plenitud de sus derechos frente a aquélla no es hacer profesión de fe anticultural. Si se interpreta así lo dicho anteriormente, se practica una perfecta tergiversación. Quedan intactos los valores de cultura; únicamente se niega su exclusivismo. Durante siglos se viene hablando exclusivamente de la necesidad que la vida tiene de la cultura. Sin desvirtuar lo más mínimo esta necesidad, se sostiene aquí que la cultura no necesita menos de la vida. Ambos poderes —el inmanente de lo biológico y el trascendente de la cultura— quedan de esta suerte cara a cara, con iguales títulos, sin supeditación del uno al otro. Este trato leal de ambos permite plantear de una manera clara el problema de sus relaciones y preparar una síntesis más franca y sólida. Por consiguiente, lo dicho hasta aquí es sólo preparación para esa síntesis en que culturalismo y vitalismo, al fundirse, desaparecen.

Recuérdese el comienzo de este estudio. La tradición moderna nos ofrece dos maneras opuestas de hacer frente a la antinomia entre vida y cultura. Una de ellas, el racionalismo, para salvar la cultura niega todo sentido a la vida. La otra, el relativismo, ensaya la operación inversa: desvanecer el valor objetivo de la cultura para dejar paso a la vida. Ambas soluciones, que a las generaciones anteriores parecían insuficientes, no encuentran eco en nuestra sensibilidad. Una y otra viven a costa de cegueras complementarias. Como nuestro tiempo no padece esas obnubilaciones, como ve con toda claridad el sentido de ambas potencias litigantes, ni se aviene a aceptar que la verdad, que la justicia, que la belleza no existen, ni a olvidarse de que para existir necesitan el soporte de la vitalidad.
Resumen texto 1
En este texto Ortega y Gasset nos ofrece las dos soluciones que ofrece la tradición moderna a la hora de abordar la contraposición entre la cultura y la vida: la primera de ellas es el racionalismo que valora sobre todo la cultura, la razón, el pensamiento; la segunda es el relativismo vitalista, que valora los sentimientos, la experiencia vital, por lo que resta valor objetivo a la cultura. La tesis central del texto es que para Ortega no debe existir un conflicto real entre el culturalismo y el vitalismo, en la medida en que se complementan y se necesitan mutuamente, todo lo cual le conducirá al descubrimiento de la “razón vital”.

Fragmento 2



Aclaraciones desde un ejemplo: el conocimiento

Respuestas del racionalismo y del relativismo
Aclaremos este punto concretándonos a la porción mejor definible de la cultura: el conocimiento.

El conocimiento es la adquisición de verdades, y en las verdades se nos manifiesta el universo trascendente (transubjetivo) de la realidad. Las verdades son eternas, únicas e invariables. ¿Cómo es posible su insaculación dentro del sujeto? La respuesta del racionalismo es taxativa: sólo es posible el conocimiento si la realidad puede penetrar en él sin la menor deformación. El sujeto tiene, pues, que ser un medio transparente, sin peculiaridad o color alguno, ayer igual a hoy y a mañana —por tanto, ultravital y extrahistórico. Vida es peculiaridad, cambio, desarrollo; en una palabra: historia.

La respuesta del relativismo no es menos taxativa. El conocimiento es imposible; no hay una realidad trascendente, porque todo sujeto real es un recinto peculiarmente modelado. Al entrar en él la realidad se deformaría, y esta deformación individual sería lo que cada ser tomase por la pretendida realidad.
Aclaremos este punto: se está refiriendo Ortega a la contraposición entre cultura (racionalismo) y vida (vitalismo) y a su solución: el raciovitalismo.
Resumen Texto 2
En este texto Ortega nos muestra la oposición entre cultura y vida mediante el problema de la posibilidad de un conocimiento verdadero. Así, para el racionalismo la verdad es única, inmutable, supra histórica; en el conocimiento la razón del sujeto debe mantenerse neutral. Nada debe interponerse entre la razón y la realidad. La razón es capaz de lograr un conocimiento definitivo y único de la realidad. Para el relativismo, por el contrario, no existe una verdad única e inmutable, porque cada individuo transforma la realidad que percibe de acuerdo con sus prejuicios, su historia o su experiencia vital.

Fragmento 3




Superación de esos errores desde distintos saberes

Tercera solución: síntesis.

El sujeto selecciona la realidad sin deformarla

Es interesante advertir cómo en estos últimos tiempos, sin común acuerdo ni premeditación, psicología, «biología» y teoría del conocimiento, al revisar los hechos de que ambas actitudes partían, han tenido que rectificarlos, coincidiendo en una nueva manera de plantear la cuestión.
El sujeto, ni es un medio transparente, un «yo puro», idéntico e invariable, ni su recepción de la realidad produce en ésta deformaciones. Los hechos imponen una tercera opinión, síntesis ejemplar de ambas. Cuando se interpone un cedazo o retícula en una corriente, deja pasar unas cosas y detiene otras; se dirá que las selecciona, pero no que las deforma. Esta es la función del sujeto, del ser viviente ante la realidad cósmica que le circunda. Ni se deja traspasar sin más ni más por ella, como acontecía al imaginario ente racional creado por las definiciones racionalistas, ni finge él una realidad ilusoria. Su función es claramente selectiva. De la infinitud de los elementos que integran la realidad el individuo, aparato receptor, deja pasar un cierto número de ellos, cuya forma y contenido coinciden con las mallas de su retícula sensible. Las demás cosas —fenómenos, hechos, verdades— quedan fuera ignoradas, no percibidas (...).

Resumen Texto 3
Ortega comienza señalando que en los últimos tiempos las distintas ciencias incluida la filosofía, han intentado superar los errores tanto del racionalismo como del vitalismo. Para Ortega, el sujeto no es neutral al percibir la realidad (como afirma el racionalismo), sino que se comporta vitalmente frente a ella, en la medida en que selecciona algunos componentes de esa realidad de acuerdo a sus características personales, su vida: motivación, intereses, expectativas, estado de ánimo, circunstancia histórica y cultural. Sin embargo, el sujeto tampoco deforma la realidad cuando la contempla, de ahí que el ejemplo de la red de pescar ilustre su argumentación.

Fragmento 4



El punto de vista de la realidad y del conocimiento

Desde distintos puntos de vista, dos hombres miran el mismo paisaje. Sin embargo, no ven lo mismo. La distinta situación hace que el paisaje se organice ante ambos de distinta manera. Lo que para uno ocupa el primer término y acusa con vigor todos sus detalles, para el otro se halla en el último y queda oscuro y borroso. Además, como las cosas puestas unas detrás de otras se ocultan en todo o en parte, cada uno de ellos percibirá porciones del paisaje que al otro no llegan. ¿Tendría sentido que cada cual declarase falso el paisaje ajeno? Evidentemente, no; tan real es el uno como el otro. Pero tampoco tendría sentido que puestos de acuerdo, en vista de no coincidir sus paisajes, los juzgasen ilusorios. Esto supondría que hay un tercer paisaje auténtico, el cual no se halla sometido a las mismas condiciones que los otros dos. Ahora bien, ese paisaje arquetipo no existe ni puede existir. La realidad cósmica es tal, que sólo puede ser vista bajo una determinada perspectiva. La perspectiva en uno de los componentes de la realidad. Lejos de ser su deformación, es su organización. Una realidad que vista desde cualquier punto resultase siempre idéntica es un concepto absurdo.

Lo que acontece con la visión corpórea se cumple igualmente en todo lo demás. Todo conocimiento lo es desde un punto de vista determinado. La species aeternitatis, de Spinoza, el punto de vista ubicuo, absoluto, no existe propiamente: es un punto de vista ficticio y abstracto. No dudamos de su utilidad instrumental para ciertos menesteres del conocimiento; pero es preciso no olvidar que desde él no se ve lo real. El punto de vista abstracto sólo proporciona abstracciones (...).


Resumen Texto 4
Para mostrar su doctrina del punto de vista (perspectivismo) Ortega nos ofrece el ejemplo de dos hombres que miran un mismo paisaje, afirmado que cada perspectiva hará que no vean lo mismo, pero que tan real es una como la otra. La realidad –nos dice- sólo puede ser vista como tal perspectivamente. Frente a la pretendida visión de la realidad desde ningún punto de vista concreto, Ortega reivindica verla desde la circunstancia, desde la perspectiva, como su condición de posibilidad.


Fragmento 5



Novedad de la filosofía de Ortega

Errores de la filosofía anterior

Solución

Cada vida es un punto de vista sobre el universo. En rigor, lo que ella ve no lo puede ver otra. Cada individuo —persona, pueblo, época— es un órgano insustituible para la conquista de la verdad. He aquí cómo ésta, que por sí misma es ajena a las variaciones históricas, adquiere una dimensión vital. Sin el desarrollo, el cambio perpetuo y la inagotable aventura que constituyen la vida, el universo, la omnímoda verdad, quedaría ignorado.

El error inveterado consistía en suponer que la realidad tenía por sí misma, e independientemente del punto de vista que sobre ella se tomara, una fisonomía propia. Pensando así, claro está, toda visión de ella desde un punto determinado no coincidiría con ese su aspecto absoluto y, por tanto, seria falsa. Pero es el caso que la realidad, como un paisaje, tiene infinitas perspectivas, todas ellas igualmente verídicas y auténticas. La sola perspectiva falsa es esa que pretende ser la única. Dicho de otra manera: lo falso es la utopía, la verdad no localizada, vista desde «lugar ninguno». El utopista —y esto ha sido en esencia el racionalismo— es el que más yerra, porque es el hombre que no se conserva fiel a su punto de vista, que deserta de su puesto.

Hasta ahora, la filosofía ha sido siempre utópica. Por eso pretendía cada sistema valer para todos los tiempos y para todos los hombres. Exenta de la dimensión vital, histórica, perspectivista, hacía una y otra vez vanamente su gesto definitivo. La doctrina del punto de vista exige, en cambio, que dentro del sistema vaya articulada la perspectiva vital de que ha emanado, permitiendo así su articulación con otros sistemas futuros o exóticos. La razón pura tiene que ser sustituida por una razón vital, donde aquélla se localice y adquiera movilidad y fuerza de transformación.

Resumen texto 5
Ortega afirma en este texto que cada vida (individuo, pueblo, generación, época) es un punto de vista sobre el universo, puesto que se acerca de forma diferente a la realidad, tiene su propia visión de la verdad. Así las cosas, ningún individuo, pueblo o cultura es poseedor de una verdad absoluta, definitiva y universal. La historia de la filosofía ha pretendido que la realidad era por sí misma de una manera determinada independiente del punto de vista del que la observara. Así, cualquier visión de ella tendría que ser necesariamente falsa porque no coincidiría con ese carácter absoluto. Pero para Ortega la realidad es distinta. Ésta contiene infinitas perspectivas y todas válidas y auténticas, de manera que toda verdad debe incluirse en la perspectiva vital e histórica en la que ha surgido. De este modo la verdad absoluta no sería más que la yuxtaposición de las perspectivas individuales, de las distintas visiones parciales.


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