Mucho de la falta de la proclamación del evangelio tiene que ver con el desconocimiento del mensaje bíblico del evangelio. La mayoría de cristianos ha






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Cristo Muere bajo la Ira de Dios
Para obtener la salvación de su gente, Cristo no solamente sufrió el terrible desamparo de Dios, pero Él tomo la amarga copa de la ira de Dios y murió una muerte sangrienta en lugar de Su gente. Solo entonces podía ser satisfecha la justicia divina, apaciguar la ira de Dios, y hacer posible la reconciliación.
En el huerto, Cristo oró tres veces para que “la copa” fuera removida de Él, pero cada vez Su voluntad se entregaba a la voluntad del Padre. Debemos preguntarnos ¿que contenía la copa que hiciera que Él pidiera fervientemente? ¿Qué contenía que causara tal angustia que Su sudor se mezclara con sangre? A menudo se dice que la copa representaba la cruel Cruz romana y la tortura física que le esperaba; que Cristo previó el gato de nueve colas viniendo detrás de su espalda, la corona de espinas penetrando su frente, y los clavos primitivos que serian atravesados por sus manos y sus pies. Aun aquellos que ven estas cosas como la fuente de Su angustia no entienden la Cruz, ni lo que ocurrió ahí. Aunque las torturas lo colmaban por las manos humanas era el plan redentivo de Dios, había algo mucho más ominoso que evoco el clamor de liberación del Mesías.
En los primeros siglos de la iglesia primitiva, miles de cristianos murieron en cruces. Se dice que Nerón los crucifico al revés, los cubrió de alquitrán, y les prendía fuego para proveer le luz a las calles de la ciudad de Roma. A través de las épocas desde entonces, un sin numero de cristianos han sido llevados a las más inquietantes torturas, y aun es el testimonio de amigo y enemigos al igual que muchos de ellos fueron ante la muerte con gran sagacidad. ¿Hemos de creer que los seguidores del Mesías enfrentaron tal muerte cruel y con gozo indecible, mientras el Capitán de su Salvación se acobardo en el huerto, fingiendo la misma tortura? ¿Acaso el Cristo de Dios le temió a látigos y espinas, cruces y lanzas, o acaso la copa represento el terror infinito que va mas allá que la crueldad humana?
Para entender el contenido ominoso de la copa, debemos dirigirnos a las Escrituras. Hay dos pasajes en particular que debemos considerar – uno de los salmos y el otro de los profetas:
“Porque hay un cáliz en la mano del SEÑOR, y el vino fermenta, lleno de mixtura, y de éste El sirve; ciertamente lo sorberán hasta las heces y lo beberán todos los impíos de la tierra.”
“Porque así me ha dicho el SEÑOR, Dios de Israel: Toma de mi mano esta copa del vino del furor, y haz que beban de ella todas las naciones a las cuales yo te envío. Y beberán y se tambalearán y enloquecerán a causa de la espada que enviaré entre ellas.”
Como resultado de la rebeldía incesante de los impíos, la justicia de Dios había decretado un juicio contra ellos. Justamente derramaría su indignación sobre las naciones. Él pondría el vino de Su ira en sus bocas y forzarlos a tomar hasta sus heces. El simple pensamiento de que tal destino le espera al mundo es absolutamente terrible, y aun así ese habría sido el destino de todos, excepto que la misericordia de Dios busco la salvación de la gente, y la sabiduría de Dios elaboro un plan de redención aun desde antes de la fundación del mundo. El Hijo de Dios se haría hombre y caminaría esta tierra en perfecta obediencia a la Ley de Dios. Él seria como nosotros en todos lo sentidos, y tentado en todos las maneras como nosotros pero sin pecado. Él viviría una vida perfectamente justa para la gloria de Dios y en vez de Su gente. Y en el tiempo designado, Él seria crucificado a manos de hombres impíos, y en esa Cruz, Él llevaría la culpa de Su gente, y sufriría la ira de Dios contra ellos. El perfecto Hijo de Dios y verdadero Hijo de Adán juntos en una gloriosa persona tomaría la amarga copa de de la mano de Dios y la tomaría hasta las heces. Él tomaría hasta que fuera “consumado” y la justicia de Dios fuera completamente satisfecha. La ira divina que debió haber sido nuestra seria exhaustada sobre el Hijo, y seria extinguida por Él.
Imagínese una represa que esta llena al tope y desuerado contra el peso detrás de el. De una el muro protector es removido y el poder destructivo es liberado. Como la destrucción certera corre hacia el pueblo en el valle cercano, de repente la tierra se abre ante el pueblo y se traga aquello que la habría arrasado. De la misma manera, el juicio de Dios corría directamente al hombre. No se podía encontrar escape en la montaña más alta o en el abismo más profundo. Los pies más veloces no podrían haberlo escapado, ni el mejor nadador soportar sus tormentos. La represa fue quebrada y nada podía arreglar su daño. Pero cuando toda esperanza humana fue exhaustada, en ele tiempo oportuno, el Hijo de Dios se interpuso. Él se paro entre la justicia divina y su gente. Él tomo la ira que ellos mismos habían encendido y el castigo que ellos merecían. Cuando Él murió ni una gota del diluvio quedo. ¡Él la tomo toda!
Imagínese dos piedras de molino, una girando encima de la otra. Imagínese que entre las piedras hay un grano de trigo que es halado por el gran peso. Primero es molido hasta ser irreconocible, y después sus partes internas son esparcidas y molidas en polvo. No hay esperanza de removerlo o reconstruirlo. Todo se ha perdido e irreparable. De igual manera, “Le plació a Dios” moler a Su propio Hijo y ponerlo en angustia indescriptible. Por lo tanto le plació al Hijo someterse a tal sufrimiento en orden de que Dios fuera glorificado y una gente fuera redimida. No es que Dios se haya complacido o encontrado placer en el sufrimiento de Su amado Hijo, pero por su muerte, la voluntad de Dios se cumplió. Ningún otro medio tenía poder de remover el pecado, satisfacer la justicia, y apaciguar la ira de Dios contra nosotros. A menos que ese grano de trigo divino hubiera caído y muerto, habría permanecido sola sin una gente o una esposa. El placer no estuvo en el sufrimiento, pero en todo lo que el sufrimiento lograría: Dios seria revelado en una gloria aun desconocido a hombres y ángeles, y gente seria traída a una relación sin obstáculos con Dios.
En una de las historias más épicas del Antiguo Testamento, al patriarca Abraham le es ordenado llevar a su hijo Isaac al Monte Moriah y allí ofrecerlo como sacrificio a Dios.
“Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.”
¡Que carga la que fue puesta sobre Abraham! No podemos ni imaginarnos la tristeza que lleno el corazón del hombre anciano y la tortura que llevo cada pasó del viaje. Las Escrituras son cuidadosas en contarnos que el fue ordenado a ofrecer a su “hijo único hijo a quien amaba.” La especificacidad parece diseñado para agarrar nuestra atención y hacernos pensar que hay un significado más oculto en estas palabras de las que podemos ver.


En el tercer día los dos llegaron al lugar indicado, y el padre mismo ato a su amado hijo con sus propias manos. Finalmente en sumisión a lo que debía hacer, el puso su mano sobre su hijo y “tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo.” En ese momento, la misericordia y gracia de Dios se interpuso, y la mano del anciano se detuvo. Dios lo llamo desde el cielo y dijo:
¡Abraham, Abraham!... No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único.
A la voz del Señor, Abraham alzo los ojos y vio un carnero atrapado por los cuernos. Tomo el carnero y lo ofreció en lugar de su hijo. Y luego nombro el lugar YHWH-Jireh o “el Señor proveerá.” Es un dicho fiel que permanece hasta el día de hoy, “En el monte del SEÑOR se proveerá.” Al venir a un cierre de cortina en este momento épico en la historia, no solamente Abraham, pero también todos los que han leído este acontecimiento dan un suspiro de alivio que muchacho se hubiera salvado. ¡Pensamos que hermoso fin, pero no es el fin, era una simple intermedio!
Dos mil años más tarde, las cortinas se vuelven a abrir. El fondo es oscuro y ominoso. En el centro del escenario esta el Hijo de Dios en el Monte de la Calavera. Él esta atado por la obediencia de la voluntad de su Padre. Él cuelga llevando el pecado de Su gente. Él es maldito – traicionado por su creación y desamparado de Dios. Entonces, el silencio es roto con el horroroso trueno de la ira de Dios. El padre toma el cuchillo, levanta el brazo, y sacrifico a su “hijo, [el] único, a quien amas,” y las palabras del profeta Isaias son cumplidas:
“Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados…Pero quiso el SEÑOR quebrantarle, sometiéndole a padecimiento. Cuando El se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación, verá a su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del SEÑOR en su mano prosperará.”
La cortina viene a un cierre con un Hijo sacrificado y un Mesías crucificado. A diferencia de Isaac no había carnero que muriera en Su lugar. Él era el cordero quien moriría por los pecados del mundo. Él es la provisión de Dios para la redención de Su gente. Él es el cumplimiento de quien el carnero e Isaac solo eran sombras. En Él el Monte de la Calavera es renombrado “YHWH-jireh” o “el Señor proveerá.” Es un dicho fiel hasta el día de hoy, “En el monte del SEÑOR se proveerá.” El Calvario era el monte y la salvación fue proveída, Así el creyente discerniente clama “Dios, Dios, se que me amas ya que no me has rehusado tu hijo, tu único.”
Es una injusticia al Calvario que el verdadero dolor de la Cruz es a menudo pasado por alto por un tema romántico y menos poderosa. A menudo es predicado que el Padre miro desde el cielo y testifico el sufrimiento que era colmada sobre Su Hijo por manos humanas, y que Él contó tal aflicción como pago por nuestros pecados. Esto es herejía de la peor clase. Cristo satisfizo la justicia divina no solo soportando la aflicción de los hombres, pero soportando y muriendo bajo la ira de Dios. Toma más que cruces, clavos, coronas, y lanzas, para pagar por el pecado. El creyente es salvado no solo porque por lo que le hicieron los hombres a Cristo en la Cruz, pero por lo que Dios le hizo a Él - Él lo molió bajo toda la fuerza de Su ira contra nosotros. ¡Raramente esta verdad se hace suficientemente clara en nuestra predica del evangelio!
¡Oh! ¡Que esta verdad sobre la Cruz sea predicada hasta consumirnos por el nombre de Dios glorificado entre las naciones y que el cordero que fue inmolado reciba toda la recompensa por su sacrificio!


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