Mucho de la falta de la proclamación del evangelio tiene que ver con el desconocimiento del mensaje bíblico del evangelio. La mayoría de cristianos ha






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La Justicia no es ciega
Una de la frases que se usa comúnmente es decir “La justicia es Ciega”, bueno eso será verdad para los hombres y en este mundo injusto, pero es totalmente ilógico que la justicia de Dios es ciega. Todo lo contrario, la biblia dice:
Salmos 94:9 El que hizo el oído, ¿no oirá?

El que formó el ojo, ¿no verá?
Y sobre su justicia dice:
Job 8:3 ¿Acaso torcerá Dios el derecho,

O pervertirá el Todopoderoso la justicia?
Salmos 9:8 El juzgará al mundo con justicia,

Y a los pueblos con rectitud.
Salmos 11:7 Porque Jehová es justo, y ama la justicia;

El hombre recto mirará su rostro.

Salmos 33:5 El ama a justicia y juicio;

De la misericordia de Jehová está llena la tierra.

Salmos 45:6 Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre;

Cetro de justicia es el cetro de tu reino.
Y en muchos otros pasajes se menciona la justicia de Dios como perfecta, entonces ¿por qué los hombres creen que Dios es ciego y no ve la injusticia? La respuesta es básicamente porque toda referencia a Su justicia se ha sacado de la predicación del evangelio de hoy en dia. Es por eso que nadie se hace problemas con quebrar las santas leyes de Dios, piensan que Dios por ser bueno no puede castigarlos, porque basicamente eso sería injusto. Es nuestra labor como predicadores mostrar al mundo lo que dice la Biblia:

Hechos 17:30-31 Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; 31 por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.

La Ley nos condena
Para ilustrar esta parte les dejo con una parte de un sermón del principe de los predicadores:
"Hay una guerra entre la Ley de Dios y tu. Los diez mandamientos están en contra tuyo. El primero viene adelante y dice, "Que sea maldito. Porque él me niega. Él tiene otro Dios aparte de mi. Su Dios es su barriga y él le da homenaje a su lujuria." Todos los diez mandamientos, como diez cañones, apuntan hacia ti hoy. Porque tu has quebrado todos los estatutos de Dios y has vivido en una negligencia diaria a sus mandamientos. Alma, tu sabrás que es una cosa dura ir en guerra en contra de la Ley. Cuando la ley vino en paz, aún Moisés dijo, " Estoy espantado y temblando;" ¿Qué harás cuando la Ley de Dios venga en terror, cuando la trompeta del arcángel te arranque de tu tumba, cuando los ojos de Dios se enciendan contra tu alma culpable, cuando los grandes libros se abran, y todo tu pecado y vergüenza sean castigados? ¿Podrás pararte contra una Ley airada en ese día?
Charles Spurgeon
Estas palabras de Spurgeon dan un entendimiento claro a la naturaleza de la ley en el evangelismo. La ley no nos justifica, mas bien nos deja condenados delante de un Dios tres veces Santo. Cuando comenzé a entender esta verdad de las Escrituras, comprendí también que debemos reconocer que todos los hombres hemos pecado y necesitamos urgentemente al Salvador de nuestras almas. Es una poderosa herramienta en el evangelismo y de una u otra manera debería estar presente cuando queremos hacer que el pecador entienda mejor su pecado y se vea cupable delante de Dios, para luego aferrarse al amor de Dios reflejado en nuestro bendito Salvador.
Recuerdo una vez predicando al aire libre en el centro de gobierno de Miami, cuando una persona furiosa contra el evangelio, llamó a la policía para que me impidar predicar. Llegaron tres carros de policía (impresionantes como los americanos son) y me pidieron que me baje del banquito que siempre uso para elevación. Fui a hablar con ellos muy respetuosamente y me dijeron que no podía usar el megáfono ni el banquito para predicar, cosa que era contra la ley porque ya me había asegurado sobre mis derechos de libre expresión y no había ninguna trasgresión de la ley en hacer lo que hacía. Cuando insistí en que yo no estaba quebrando la ley, ellos me dijeron que ellos eran la ley, y tenía que obedecerles. Al ver que estaban decididos les dije que les iba obedecer aunque no haya trasguedido la ley, pero les dije que ya que estabamos hablando de la ley, que quería hablarles de otra ley, la ley de Dios. Entonces ellos aceptaron y fui mandamiento tras mandamiento hasta que quedaron convictos por la ley. Esto abrió la oportunidad para hablarles del evangelio, la cruz, el perdón, arrepentimiento y fe en Jesucristo, en fin, de todo el consejo de Dios. Uno de ellos me preguntó si es que era posible arrepentirse y yo le dije que si era posible, y que él debía hacerlo, y poner su fe en Cristo. Fue maravilloso como Dios transformó la situación y en un instante llegaron a entender lo que hacía y porque había tanta urgencia de anunciar la palabra de Dios a las personas. Al final les regalé folletos, nuevos testamentos y discos con un mensaje evangelístico que había grabado. Sólo Dios sabe que va a hacer con sus almas. Antes de que los tres carros de policía se fueran me dijeron que podía seguir predicando con megáfono y en el banquito, que no había ningún problema. Luego de todo esto, dos de las personas que vieron todo lo ocurrido hablaron conmigo y el domingo siguiente visitaron nuestra iglesia. Si bien es cierto no se arrepintieron en ese momento, sólo Dios sabe si la semilla de Su palabra dió fruto o no en ellos. ¡Sólo a Dios sea la Gloria!
Otra cita que me gusta mucho es la de George Whitefield, este predicador al aire libre, que conoció en su tiempo lo que eran los falsos conversos:
"Esa es la razón por la que existen tantos "convertidos" champiñones, porque su tierra pedregosa no ha sido arada; no han tenido una convicción mediante la ley; son oyentes de tierra pedregosa".

El Señor Jesús nos cuenta la parábola del sembrador (Marcos 4), y nos habla de los diferentes tipos de tierra en la que la semilla cayó. Luego Él le dice a Sus discípulos: "Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?" (Marcos 4:13). Aquí nos está diciendo claramente cómo podremos entender todas las otras parábolas: sobre el reino de Dios, el rechazo de los judíos, el llamado a los gentiles, etc, si es que no es entendido esto que es tan primordial. Quiero hablar específicamente de lo que George Whitefield nos está hablando en esta cita, él nos habla de "oyentes de tierra pedregosa". Veamos a lo que él se refiere: un oyente de tierra pedregosa es aquel que cuando ha oído la palabra, al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. Cuantas veces hemos visto "profesantes" que por medio de una predicación se han emocionado por las palabras manipuladoras de un predicador, y han llorado expresando su deseo de seguir a Cristo, pero luego como no han conocido la naturaleza de sus pecados delante de Dios, ellos no han venido al arrepentimiento de los mismos, demostrando después que quieren continuar en sus pecados y rechazar a Cristo.
También nos dice Whitefield que estos oyentes no han tenido una convicción por medio de la ley. Es la función especial de la ley, como lo hemos mencionado mucho en esta página,, de llevar al pecador al conocimiento de sus pecados. La Biblia dice que pecado es transgresión de la ley (1 Juan 3:4), y por la ley viene el conocimiento del pecado (Romanos 3:20). Un día fuimos a hacer unas entrevistas a una "iglesia" de doctrinas muy erradas, y hablamos con algunos jóvenes que decían ser cristianos y salvos, pero cuando indagamos un poco acerca de los mandamientos de Dios, pudimos comprobar que los desconocían haciendo que los quiebren y estén viviendo en pecado. Luego comprendieron que estaban pecando, y ni siquiera lo sabían. Entonces les pedimos que se arrepientan y vengan a Cristo. Cuando la ley de Dios es expuesta los pecadores son confrontados con sus pecados y pero solamente es el Espíritu Santo quien les convence de pecado, justicia y juicio (Juan 16:8). Verdaderamente hay muchas maneras de hablar a los pecadores acerca de su depravidad, como lo mencionamos anteriormente, pero creemos que por medio de la ley el pecador es confrontado directamente con sus pecados, y puede tener un mejor conocimiento de la justicia de Dios. Empieza a usar la ley de Dios para testificar y verás como la palabra de Dios se comprueba a si misma haciendo que los pecadores entiendan mejor la naturaleza de sus pecados. Realmente debemos confiar en el espíritu Santo quien nos guía en todo encuentro evangelistico. Mira los videos en nuestra página "uno a uno" para que puedas ver mas menos como usar la ley en el evangelismo.
El Evangelio
El Evangelio es el mensaje más glorioso de la historia de la humanidad porque se trata de la gloria de Dios mismo. En 2 Corintios 4:3-6 leemos:
“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. 5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. 6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz,(A) es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”.
Es por eso que el mensaje del evangelio es el poder de Dios para salvar a los hombres (Romanos 1:16 / 1 Corintios 1:18, 21) y no debemos agregar ni sacar nada del mismo. No podemos estar provocando a Dios a ira por medio de predicar el mensaje de Su propia gloria de una manera diferente de la cual hemos recibido. El apóstol Pablo nos dice en Gálatas 1:8 “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”.
El calificativo de anatema o maldito es muy directo y fuerte, ya que Pablo estaba puesto por defensa del evangelio como nos dice en Filipenses 1:17. Si bien es cierto nadie va a poder destruir el mensaje del evangelio, para poder ser fieles testigos de Cristo debemos predicar el pleno consejo de Dios.

La Cruz
Cuando hablamos de la Cruz estamos hablando de regresar al centro del mensaje en sí porque es en la Cruz donde el amor, la misericordia, el perdón, la bondad y la justicia de Dios son manifestados. Debemos siempre predicar la Cruz y nada más que la Cruz, el mensaje más odiado y más amado de la historia de la humanidad, un mensaje que es escándalo, locura para aquellos enemigos de Dios, pero para todo sus hijos el más glorioso, sublime y deleitoso mensaje de todos los tiempos. Cuando prediquemos la Cruz hagámoslo como se muestra en esta cita:
"Yo no pienso que pueda predicar mas, pues un desfallecimiento ha llegado a mi, ni hay necesidad para mas si tu digieres el significado de esta preciosa verdad: Jesus es el Cordero el cual Dios proveyó, y Él es el Cordero, el cual Dios mismo presentó en el altar. Aunque, voy a provocarme a decir un poco mas. ¿Quien fue el que sacrificó al cordero de Dios? ¿Quien fue el sacerdote en ese día de terror? ¿Quien fue el que lo magulló? ¿Quien lo hizo padecer? ¿Quien fue el que le causó la mayor punzada de todas cuando Él gritó: "¿Por qué me has desamparado?" ¿No fue el padre mismo? Este fue el punto más difícil en la prueba de Abraham - "Toma ahora a tu hijo, tu único hijo Isaac, a quien tu amas, y ofrécelo como sacrificio. ¡Esto el Gran Padre hizo! Él es el Cordero, el Cordero de Dios. Y hoy el reluciente lado de esta verdad permanece. Él es el Cordero que Dios siempre acepta, debe aceptar, se gloría en aceptar. Trae solamente a Jesús contigo, y habrás traído a Dios un sacrificio aceptable".
Charles Spurgeon
Es por eso que podemos decir como el apóstol Pablo: "Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo" (Gálatas 6:14). Cuando entendemos lo que Dios hizo en Jesucristo en la Cruz, podemos entender la justicia y el amor de Dios tan perfectos y maravillosos. Es por eso que a través de los siglos siempre han habido hijos de Dios dispuesos a llevar Su cruz, negarse a si mismos, y hasta morir por causa del Señor de la gloria. Viendo la obra de Cristo en la cruz, lo único que nos queda es humillarnos y decirle como Pablo: "Señor, ¿qué quieres que yo haga? (Hechos 9:6)". Cuando hablamos de obedecer a Cristo en todo y especialmente en la obra de predicar el evangelio, no debemos centrarnos en el hombre, en nuestras debilidades o fortalezas, en nuestra sabiduría, o cualquier otra cosa, solo debemos de mirar a la cruz y predicar a Cristo, "y a éste crucificado" (1 Corintios 2:2).
Voy a pedirte que leas este artículo escrito de una predicación de Paul Washer sobre la "Cruz de Cristo". Espero que lo que le falte para que te motive a predicar el evangelio a toda criatura lo encuentres en las líneas de este artículo. Es muy importante que meditemos y hablemos de todo lo que pasó en la Cruz.

La Cruz de Cristo
Por Paul Washer
Una de mis mayores cargas es que rara vez es explicada la Cruz de Cristo. No es suficiente decir “Él murio” – ya que todos los hombres mueren. No es suficiente decir “el murio noblemente”- ya que los martires hacen los mismo. Tenemos que entender que no hemos proclamado en su llenura la muerte de Cristo con poder salvífico hasta que hallamos aclarado la confusión que la rodea e exponer su verdadero significado a nuestros corazones – Él murio llevando las transgresiones de Su gente sufriendo el castigo divino por sus pecados: Él fue abandonado por Dios y molido bajo la ira de Dios en su lugar.
Desamparado de Dios
Uno de los pasajes más inquietantes, e incluso escalofriante, es el relato en las Escrituras de Marcos la exclamación del Mesías al estar en la Cruz romana. Y exclamo:
ELOI, ELOI, ¿LEMA SABACTANI?, que traducido significa, DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS ABANDONADO?
En luz de lo que sabemos sobre la naturaleza impecable del Hijo de Dios y su perfecta comunión con el Padre, es difícil entender las palabras de Cristo, aun así en ellas encontramos el significado de la Cruz expuestas, y encontramos la razón por la cual murió Cristo. El hecho que Sus palabras estén también documentadas en hebreo nos dice algo de suma importancia para ellos. ¡El autor no quería que mal-entendiéramos o que se nos escapara ni una sola cosa!
En estas palabras, Jesús no solo esta llamando al Padre, pero como maestro consumado, Él también esta dirigiendo a Sus espectadores y todos los futuros lectores a una de las más importantes profecías mesiánicas del Antiguo Testamento – Salmo 22. Aunque todo el Salmo esta lleno de profecías detalladas de la Cruz, solo nos concentraremos en los primeros seis versículos:
1Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor?2Dios mío, de día clamo y no respondes; y de noche, pero no hay para mí reposo.3Sin embargo, tú eres santo, que habitas entre las alabanzas de Israel.4En ti confiaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste.5A ti clamaron, y fueron librados; en ti confiaron, y no fueron decepcionados.6Pero yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.
En los días de Cristo las Escrituras Hebreas no estaban organizadas en capítulos y versículos numerados como los tenemos hoy. Así que cuando un rabino quería dirigir a sus oyentes a cierto Salmo o porción de la Escritura, lo hacia recitando las primeras líneas del texto. En esta exclamación desde la Cruz, Jesús nos dirige al Salmo 22 y nos revela algo del carácter y propósito de Su sufrimiento.
En los primeros dos versículos, escuchamos la queja del Mesías- Él se considera abandonado de Dios. Marcos utiliza la palabra griega egkataleípo, el cual significa desamparado, abandonado, o desertado. El Salmista utiliza la palabra hebrea azab, el cual significa Autor: Diegodejar, perder, o desamparar. En ambos casos, la intención es clara. El Mesías mismo es consciente que Dios lo ha desamparado y puso el oído sordo a Su llanto. Este desamparo no es simbólico ni poético. ¡Es Real! ¡Si alguna vez alguna criatura se sintió desamparada de Dios, este fue el Hijo de Dios en la Cruz del Calvario!
En el cuarto y quinto versículos del Salmo, la angustia sufrida por el Mesías se vuelve más aguda al recordar la fidelidad del pacto de Dios hacia su pueblo. Él declara:
4En ti confiaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste.5A ti clamaron, y fueron librados; en ti confiaron, y no fueron decepcionados.
La aparente contradicción es clara. Nunca hubo una instancia en la historia en la que el pueblo pactal de Dios hubiera visto a un hombre justo clamando a Dios sin ser rescatado. Sin embargo, el Mesías sin mancha cuelga del árbol completamente desamparado. ¿Cual podría ser la razón por el desamparo de Dios? ¿Por qué le dio la espalda a Su Hijo unigénito?
Entrelazado en el llanto del Mesías se encuentran las respuestas a estas preguntas inquietantes. En el tercer versículo, Él hace la declaración inquebrantable que Dios es Santo, y luego en el sexto versículo Él admite lo atroz – Él se había vuelto un gusano y ya no era un hombre. ¿Por qué utilizaría el Mesías tal lenguaje peyorativo hacia si mismo? Acaso se veía a si mismo a si mismo como un gusano porque se había vuelto el “oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo” ¿o había una razón mas espantosa para Su auto-deprecación? Después de todo no clamo, “Dios mío, Dios mío ¿Por qué me ha desamparado el pueblo?” ¡Sino que se esforzó en saber por que Dios lo había hecho! La respuesta puede ser encontrada en una amarga verdad solamente – el Señor había hecho que toda nuestra iniquidad cayera sobre Él, y como un gusano, Él fue desamparado y molido en nuestro lugar.
Esta metáfora oscura del Mesías agonizante no esta solamente en las Escrituras. Hay otros que nos llevan más a fondo al corazón de la Cruz y nos abre que “Él padezca mucho” en orden de ganar la redención de su gente. Si temblamos ante las palabras del Salmista, seremos llevados a oír al tres veces santo Hijo de Dios volverse la serpiente levantada en el desierto, y después, el cordero expiatorio que cargaba el pecado que se dejaba a morir solo.
La primera metáfora se encuentra en Números. Por la constante rebelión de Israel hacia Dios y su rechazo de Su provisión misericordiosa, Dios envío “serpientes abrasadoras” entre el pueblo y mucho s murieron. Sin embargo como resultado del arrepentimiento del pueblo y la intercesión de Moisés, Dios una vez más hizo provisión para su salvación. Él le ordeno a Moisés “Hazte una serpiente abrasadora y ponla sobre un asta” Él luego prometió que “todo el que sea mordido la mire, vivirá.”
Al principio parece contradictorio a la lógica que “la cura tuviera la semejanza de aquel que había herido.” Sin embargo provee una poderosa imagen de la Cruz. Los israelitas estaban muriendo del veneno de las serpientes abrasadoras. El hombre muere del veneno de su propio pecado. A Moisés le habían ordenado poner la causa de la muerte alto en un asta. Dios puso la causa de nuestra muerte sobre Su propio Hijo al colgar alto sobre la cruz. Él había venido “en semejanza de carne de pecado” y fue “pecado por nosotros.” Los israelitas que le creyeran a Dios y miraran a la serpiente de bronce vivirían. El hombre cree el testimonio de Dios según Su Hijo y le ve en fe será salvo. Como esta escrito, “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.”
La segunda metáfora se encuentra el libro sacerdotal de Levítico. Como era imposible que un solo sacrificio ilustrara o simbolizara completamente la muerte expiatoria del Mesías, un sacrificio involucrando dos corderos fue puesto ante el pueblo. El primer cordero fue inmolado como ofrenda expiatoria ante el Señor, y su sangre fue rociada en y delante del propiciatorio detrás del velo del lugar santísimo. Simbolizaba a Cristo quien derramo Su sangre en la Cruz para expiar por los pecados de Su pueblo. El segundo cordero era presentado ante el Señor como cordero expiatorio. El Sumo Sacerdote imponía sus manos sobre el animal “ambas manos sobre la cabeza del macho cabrío y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel y todas sus transgresiones, todos sus pecados.” El cordero expiatorio entonces era enviado al desierto llevando la iniquidad del pueblo a un lugar solitario. Allí vagaría solo, desamparado de Dios y cortado de en medio del pueblo. Simbolizaba a Cristo quien “llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz,” sufrió y murió solo “fuera del campamento.” Lo que era simbólico en la Ley se volvió una realidad insoportable para el Mesías.
¿No es asombroso que un gusano, una serpiente venenosa, y un cordero sean puestos como tipos de de Cristo? Para identificar al Hijo de Dios con cosas “aborrecibles” seria blasfemo si no vinieran del los santos del Antiguo testamento “inspirados por el Espíritu Santo” y confirmados por los autores del Nuevo Testamento quienes van mas allá en las descripciones sombrías. Bajo la inspiración del Espíritu Santo ellos son lo suficientemente audaces para decir que aquel que no tuvo pecado “le hizo pecado,” y Él quien fue el amado del Padre, fue “hecho maldición” ante Él. Hemos oído estas verdades antes, pero ¿nunca las hemos considerado lo suficiente para ser quebrantados?
En la Cruz, El declarado “santo, santo, santo” por el coro de Serafines, se “hizo” pecado. El viaje al significado de esta frase parece casi muy peligroso. Tropezamos ante el primer paso. ¿Que significa que Aquel en quien “toda la plenitud de la Deidad reside corporalmente” se “hizo pecado?” No debemos explicar la verdad ligeramente tratando de proteger la reputación del Hijo de Dios, y aun, debemos de tener cuidado de no hablar cosas terribles contra Su carácter impecable e inmutable.
Según las Escrituras Cristo se “hizo pecado” en la misma manera en que los pecadores se “vuelven la justicia de Dios” en Él. En su segunda epístola a la iglesia de Corinto el Apóstol Pablo escribe:
“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El.”
El creyente no es “justicia de Dios” por alguna obra purificadora o perfeccionadora según su carácter que lo haga como Dios y sin pecado, pero como resultado de la imputación por el cual el es considerado justo ante Dios por la obra de Cristo para el. De la misma manera Cristo no se hizo pecado por tener un carácter manchado o ensuciado, pero actualmente volviéndose depravado, pero como resultado de la imputación por el cual fue considerado culpable ante el juicio de Dios para nosotros. Esta verdad no debe causar que pensemos menos de la declaración de Pablo que Cristo se “hizo pecado.” Aunque fue una culpa imputada, fue una culpa real, trayendo una angustia inquietante a Su alma. Él tomo nuestras culpas como suyas, estuvo en nuestro lugar, y murió desamparado de Dios.
Que Cristo se “hizo pecado” es una verdad terrible como incomprensible, y aun justo cuando pensamos que no se pueden decir palabras más oscuras contra Él, el Apóstol Pablo enciende una lámpara y nos lleva al fondo de la humillación y desamparo de Cristo. Entramos en la caverna mas profunda para encontrar al Hijo de Dios colgando de la Cruz y llevando su titulo más infame – el ¡Maldito de Dios!
Las Escrituras declaran que toda la humanidad esta bajo la maldición. Como esta escrito, “maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la Ley, para hacerlas.” Desde la perspectiva celestial, aquellos que quebrantan la Ley de Dios son viles y dignos de aborrecimiento. Son miserables, justamente expuestos a la venganza divina, y justamente devotos a la destrucción eterna. No es una exageración decir que la última cosa que el pecador maldito debería y oirá cuando el de el primer paso en el infierno es a toda la creación parándose y aplaudiendo a Dios por haberse desasido de el de la faz de la tierra. Tal es la vileza de aquellos que quebrantan la Ley de Dios, y tal el desden de lo santo hacia lo impío. Y aun así el Evangelio nos enseña que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: MALDITO TODO EL QUE CUELGA DE UN MADERO).” Cristo se volvió lo que nosotros éramos en orden de redimirnos de lo que merecíamos. Él se volvió un gusano y no un hombre, la serpiente levantada en el desierto, el cordero enviado fuera del campamento, el cargador de pecados, y Aquel sobre el cual la maldición de Dios cayo. Es por esta razón que el Padre lo rechazo y todo el cielo escondió su rostro.
Es una gran travesía que el verdadero significado de la “exclamación de la cruz” de Cristo a menudo se ha perdido en un cliché romántico. No es raro oír a un predicador declarar que el Padre rechazo al Hijo porque no podía soportar el sufrimiento inflingido en Él por las manos de hombres malvados. Tales interpretaciones son una completa distorsión del texto y de lo que actualmente transpiro en la Cruz. El Padre rechazo a Su Hijo porque le haya faltado fuerza para testificar Su sufrimiento, pero porque “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El.” Él puso nuestros pecados sobre Él y le rechazo porque Sus ojos son demasiado puros como para aprobar la maldad y no puede ver la maldad con favor.
No es por sin razón que muchos tratados bíblicos ilustran un abismo entre un Dios santo y el hombre pecaminoso. Con tal ilustración las Escrituras están completamente de acuerdo. Como el profeta Isaías clamo:
“He aquí, no se ha acortado la mano del SEÑOR para salvar; ni se ha endurecido su oído para oír. Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados le han hecho esconder su rostro de vosotros para no escucharos.” (Isaías 59:1-2)
Es por esto que todos los hombres habrían vivido y muerto separados de la favorable presencia de Dios y bajo la ira divina si el Hijo de Dios no hubiera estado en su lugar, llevando el pecado, y muerto “desamparado de Dios” por ellos. Para cerrar la brecha y restaurar la comunión, “¿No era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas?”

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