Resumen bíblico






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Jonathan Gallagher

II Trimestre de 2014

Cristo y su Ley

Lección 6

10 de mayo de 2014




La muerte de Cristo y la Ley




Dr. Jonathan Gallagher



Textos bíblicos:
Romanos 7:1–6; 8:5–8; Romanos 7:7–13; Romanos 4:15; Hechos 13:38, 39; Gálatas 3:10.
Citas


  • El cristianismo es perseguido por la teoría de un Dios ansioso por recibir sacrificios de sangre. J.B.S. Haldane

  • Es moralmente aberrante afirmar que Dios el Padre exigiera el sacrificio de su único Hijo para equilibrar la balanza de la justicia... Un dios que castiga con el dolor, la desesperación y la muerte violenta no es un dios de amor, sino un sádico y un déspota. Julie M. Hopkins

  • Al enfocarnos simplemente en la ira de Dios y el apaciguamiento de la misma por medio de la cruz, pintamos una imagen distorsionada del carácter de Dios. Nos lo presentan como alguien que está interesado en la retribución y no alguien que nos ama profundamente, sino que más bien está molesto por nuestras acciones... Después de todo, si usted cree en la sustitución penal, la cruz no guardaría relación con el amor de Dios, sino con su ira. Steve Chalke

  • La cruz no es más que la injusticia monumental: Jesús es castigado inmerecidamente por un Dios que es sencillamente injusto. Victor Pastor.

  • Dios en su carácter de juez es hostil con nosotros y es necesaria la intervención de la expiación... Dios no puede ser propiciado sin la expiación de los pecados... Pero afirmamos que Él [Cristo] sostuvo el peso de la severidad divina, ya que, siendo herido y afligido por la mano de Dios, experimentó de parte de Dios toda la ira y venganza... Era necesario que él sintiera la severidad de la venganza divina con el fin de apaciguar la ira de Dios y satisfacer su justicia... Juan Calvino

  • Mediante una especie de ficción legal, Jesús fue tratado como lo que no era, a fin de que nosotros pudiéramos ser tratados como lo que no somos. Esta es la mejor estrategia, según la teología imperante: que el Dios de la verdad, el Dios de la misericordia, cuya gloria consiste en que él es justo con los hombres al perdonar sus pecados, pudiera descender para salvar a sus criaturas. George MacDonald


Para debatir
¿De qué manera la muerte de Jesús “resuelve” el problema del pecado? ¿Cómo puede transferirse la responsabilidad por quebrantar la ley? ¿Acaso creer en Jesús acaba con la ley? ¿Pagó Jesús la pena que exigía la ley? ¿Cómo puede la ley ser justa y recta su el inocente sufre en lugar del culpable? Si la obediencia a la ley no puede justificarnos, ¿para qué sirve?

Resumen bíblico
En Romanos 7 Pablo explica que la ley solo se aplica a los que están vivos, y que nosotros hemos muerto para la ley y ahora somos libres. ¿Qué quiere decir Pablo exactamente con esto? Él sigue aclarando que la ley no es pecado. Además, en Romanos 8:5-8 dice: “Aquellos que siguen su naturaleza pecaminosa están preocupados con cosas pecaminosas, pero los que siguen al Espíritu se concentran en las cosas espirituales. La mente humana pecaminosa trae como resultado la muerte, pero tener una mente guiada por el Espíritu trae como resultado vida y paz. La mente humana pecaminosa rechaza a Dios porque se niega a obedecer su ley. De hecho, no puede hacerlo, y aquellos que siguen su naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios”.
En su discurso en Antioquía de Pisidia Pablo aclara que “A través de él [Jesús] todo aquél que cree en él es justificado de sus errores, de una manera en que nunca podría justificarnos la Ley de Moisés” (Hechos13:39; FBV).
Pablo dice a los Gálatas que aquellos que confían en la observancia de la ley viven bajo maldición (Gálatas 3:10).
Comentario 1
Jesús hace una serie de referencias (Mateo 16:21, 17:23, 20:19, Lucas 9:22, 13:32, 18:33) a su muerte por crucifixión, con el fin de preparar a sus seguidores para lo que sucedería. Sin duda, él vivió su vida “a la sombra del Calvario”. Eso no quiere decir que Jesús era un morboso, o que tenía algún tipo de “deseo de morir”, sino que reconocía hacia dónde iban las cosas. Como parte de la controversia en curso, su vulnerabilidad auto-elegida lo expondría a lo peor que el diablo podría lanzar sobre él. En tal contexto su muerte era inevitable.
Sin embargo esta es una perspectiva diferente a la que dice que su muerte era obligatoria para nuestra salvación. Si Cristo hubiera podido rescatar nuestro amor y confianza a través de su misión de revelar el carácter del Padre, ¿habría “tenido que morir” todavía?
Todo esto depende de la perspectiva que tengamos acerca de lo que la muerte de Jesús logró. Para algunos, la muerte de Jesús cambió el corazón del Padre de ira a amor de modo que la muerte de Jesús permitió que el Padre pudiera perdonarnos. Pero la Escritura deja claro que Jesús no vino con el fin de engendrar amor en el Padre, sino que vino gracias al amor que el Padre ya tenía por nosotros.
Las declaraciones de Jesús con respecto a la muerte que se le acercaba no deben ser vistas como fatalistas, mecanicistas, o como la demanda de Dios por la sangre del sacrificio. No fue Dios quien exigió una muerte así, sino que fue causada por Satanás y los agentes humanos que trabajan en concierto para su destrucción, tal como la Biblia lo deja muy claro.
Cuando Jesús describe claramente en Mateo (20:18,19) lo que va a suceder —incluso hasta su resurrección en el tercer día— ¿podríamos decir que hace parte de algún plan predeterminado que Dios ha hecho, o que es una descripción de la presciencia de Dios? Una vez más, la respuesta depende de nuestra perspectiva de Dios, de lo que él está tratando de lograr, y lo que él necesita para salvar.
Jesús sabía cuál era su fin, y aun así siguió trabajando por los que le rodeaban, incluso por aquellos que lo estaban crucificando. ¿Qué nos dice esto sobre la naturaleza y el carácter de Dios? ¿Cómo aprendió el universo espectador sobre la vida y muerte de Jesús?
Porque la cruz en la mejor respuesta de Dios para todos, así como la más profunda y la más fuerte. Cuánto él nos ama, cuán lejos está dispuesto a llegar, cuánto anhela a todos y cada uno de sus seres creados pensantes. Un Dios persona que se dio a conocer personalmente: “Nadie ha visto a Dios. El único hijo, quien es igual a Dios y está a la diestra del Padre, él lo ha dado a conocer” (Juan 1:18).
Con frecuencia se afirma que el principal problema está en nuestra posición legal ante Dios. Desde tal perspectiva la cruz es considerada como el mecanismo para tratar con nuestra culpabilidad y la consecuente condena, conceptos de endeudamiento en la sala de un tribunal. Pero en realidad el problema de la humanidad caída no es tanto un asunto de problemas legales con Dios, sino que, como resultado de la rebelión del pecado, nuestra actitud hacia Dios es de sospecha y desconfianza. En consecuencia, esta actitud tiene que ser eliminada, lo que sólo puede hacerse por medio de la reconciliación del hombre con Dios, que es el verdadero significado de la expiación: unión. 1 Tengamos en cuenta de manera especial que esta reconciliación no es de Dios con el hombre, como algunos lo han afirmado. Más bien, “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2 Corintios 5:19). No: nuestro Dios no es alguien que está preocupado por saldar cuentas o tomar la afrenta, sino un Padre celestial amoroso que desea desesperadamente sanarnos de nuestra enfermedad mortal, preguntando “¿por qué morirán” si él puede sanarnos de nuestra rebelión pecaminosa y volver a hacernos a su imagen?
Comentario 2
“Esta noción de expiación sustitutiva nos deja con la ironía de que la principal preocupación de Dios parece ser la de mantener las cuentas claras. Junto a las anotaciones que están en el libro de contabilidad que registra nuestros pecados debe haber al lado otra anotación que diga que las sanciones han sido pagadas. Los libros deben estar al día. Esta teoría, una vez más, nos presenta una imagen de Dios que se parece más a la de un tirano sentencioso. Terminamos responsabilizando a Dios por la muerte de Jesús. Dios es un Dios que debe vengarse... La expiación no es algo que Dios haya hecho por nosotros en el sentido de que Dios hizo que Jesús tomara nuestro lugar para que las cuentas estuvieran saldadas. La expiación es algo que Dios hace en nosotros... Yo creo que podemos entender la cruz solo si estamos dispuestos a ver que Jesús no murió para apaciguar a un Dios enojado. Jesús no murió para cumplir ninguna pena abstracta por el pecado” (R. Kirby Godsey, When We Talk about God, Let’s Be Honest [Seamos honestos cuando hablamos de Dios]).
Comentarios de Elena G. de White


  • “Él [Jesús] hizo un sacrificio infinito para que tuviéramos vida eterna. El Padre sacrificó la grandeza que nadie puede comprender. Los ángeles del cielo se sorprendieron cuando el Padre accedió a dar a su Hijo único por una raza caída. Cuando nos acerquemos a considerar el sacrificio hecho por el Padre y el Hijo, tendremos una mejor apreciación del valor de las almas... ¿Acaso seremos considerados como ingratos a la vista del universo, sin respuesta al amor que Cristo ha manifestado para nosotros? Cristo se ha inclinado para levantar al hombre caído. Él se ha propuesto elevarnos, ennoblecernos y refinarnos, a fin de que podamos reflejar el amor de Dios en el mundo” [Review and Herald, 28 de mayo 1889].




  • “Es la obra de Satanás representar al Señor como falto de compasión y piedad. Tergiversa la verdad respecto a él. Llena la imaginación de ideas falsas tocante a Dios y en vez de espaciarnos en la verdad con respecto a nuestro Padre celestial, fijamos la mente en las falsas representaciones de Satanás y deshonramos a Dios desconfiando y murmurando contra él. Cuando actuamos como culpables condenados a muerte, damos falso testimonio en contra de Dios. El Padre dio a su Hijo unigénito y amado para que muriera por nosotros, y al hacerlo, colocó gran honor sobre la humanidad, porque en Cristo el vínculo que estaba roto por causa del pecado fue restaurado, y el hombre se conectó otra vez con el Cielo. Los que dudan de la misericordia de Dios, miren al Cordero de Dios, miren al hombre de dolores, que soportó nuestro dolor y sufrió por nuestros pecados. Él es nuestro amigo. Él murió en la cruz porque nos amaba” [Review and Herald, 14 de enero de 1890].




  • “La expiación de Cristo no se hizo con el fin de inducir a Dios a amar a aquellos a quienes de otro modo odiaría; y no se hizo para producir un amor que no existía, sino como una manifestación del amor que ya existía en el corazón de Dios, un exponente de la gracia divina a los ojos de los seres celestiales, como una señal para los mundos no caídos, y a los ojos de una raza caída... No hemos de entretener a la idea de que Dios nos ama, porque Cristo haya muerto por nosotros, sino que Él nos amó tanto que Él dio a su Hijo unigénito para que muriera por nosotros” [Signs of the Times, 30 de Mayo de 1893].




Dr. Jonathan Gallagher
Traducción: Shelly Barrios De Ávila ©

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1 En el artículo original en inglés el autor separa las sílabas de la palabra atonement [expiación] así: At–One–Ment. Es un juego de palabras para otorgar a la palabra atonement el significado de unión o reconciliación

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