Resumen En este artículo sostengo que la dimensión corporal no es una salida al problema de la individuación del haz de percepciones, con el cual Hume caracteriza la identidad personal.






descargar 78.87 Kb.
títuloResumen En este artículo sostengo que la dimensión corporal no es una salida al problema de la individuación del haz de percepciones, con el cual Hume caracteriza la identidad personal.
página1/3
fecha de publicación26.06.2015
tamaño78.87 Kb.
tipoResumen
l.exam-10.com > Ley > Resumen
  1   2   3


Resumen

En este artículo sostengo que la dimensión corporal no es una salida al problema de la individuación del haz de percepciones, con el cual Hume caracteriza la identidad personal. El propósito de lo anterior consiste en delimitar la discusión provocada por David Hume sobre el sí mismo. La teoría de las ideas, propuesta por este autor, descarta al cuerpo y a la mente como elementos constitutivos del yo y, en oposición a toda noción de sustancia, Hume propone entender a la identidad personal como un haz de percepciones. Sin embargo, esta vía tiene un problema por dilucidar: cómo se individualiza cada haz en un conjunto determinado de percepciones; problema que destacan principalmente dos comentadores de Hume (Pears y Penehulm) y asunto que, para ellos, puede resolverse si se considera el ámbito corporal. Respondo que el problema de la individuación del haz no se resuelve con la salida hacia la dimensión física, ya que el propio Hume ha dado razones suficientes para negar todo tipo de elemento físico o mental; en última instancia, es posible explicar la individuación del haz si tomamos en cuenta, desde la propia teoría humeana, la intensidad de las percepciones y su natural tendencia o inclinación para unirse una a otra.

El laberinto del yo: la identidad personal en David Hume



Introducción

El propósito del presente artículo consiste en plantear el siguiente problema: cómo podemos caracterizar la identidad personal sin las nociones de mente y cuerpo, y desde la propuesta del haz de percepciones que David Hume plantea.

En la primera parte reconstruyo el ejercicio argumentativo de Descartes sobre el sí mismo (la duda y el rechazo al cuerpo- res extensa) y, después, presento las objeciones que Hume realiza al ejercicio cartesiano, con el fin de mostrar la crítica humeana a la sustancialidad y a las nociones que a ella subyacen (identidad, continuidad y permanencia). Esta parte del texto finaliza con la respuesta de Hume a la constitución del yo y para explorar la propuesta del haz de percepciones, enlazo el haz de percepciones con el marco empirista (experiencia y naturaleza) y con su reformulación a la teoría de las ideas.

En la segunda parte, abordo el asunto sobre la individuación del haz de percepciones, ya que el problema con afirmar el haz consiste en explicar, dentro del universo de percepciones, cómo se conjuntan unas percepciones con otras para formar un haz determinado, es decir, cómo se individualiza cada haz. Pears y Penehulm ven en la dimensión corporal una adecuada respuesta, cada haz depende (por lo menos numéricamente) de su origen, es decir, de la experiencia y, así, del cuerpo.

En contra de esta solución física al problema de la individuación, sostengo que la dimensión corporal no resuelve el problema, no al menos en la teoría humeana, dado que esto implica asumir algo más allá del haz de percepciones (cuerpo) e integrar a la teoría uno de los aspectos que Hume niega definitiva y categóricamente: la sustancia (corpórea o pensativa), si aceptamos el ámbito físico, aceptamos también un regreso a la sustancialidad.
Desarrollo


  1. La sustancialidad y el haz de percepciones

  • La entrada al laberinto: la duda

Ciertos de nuestra actividad cotidiana, de nuestro despertar a diario y nuestro pasado, nos preguntamos sobre lo constitutivo de aquello que somos, sobre el mundo, la realidad o el valor de nuestras acciones hasta que, en el trayecto de la indagación filosófica, el preguntar toma otra dirección: de la reflexión sobre lo que sea el mundo, pasamos a cuestionar su existencia; de la pregunta ¿qué soy?, vamos a la pregunta ¿soy? Del ímpetu por develar la realidad y obtener conocimiento, pasamos a la necesidad de justificar la existencia del objeto de conocimiento: yo. ¿Por qué, si bien existo, es menester responder a la pregunta por la identidad personal? René Descartes responde: porque aparentemente puedo dudar de ella.

Con la mirada puesta en reconstruir, desde los cimientos, nuestros conocimientos o creencias, Descartes considera que el único camino para dicha reconstrucción consiste en llevar a cabo el ejercicio de la duda a todos los rincones del saber, incluido el saber sobre el yo. Con esto, aquello que subsista a todo intento de cuestión o duda estará en segura dirección a un conocimiento cierto; inquebrantable a la sombra del ejercicio escéptico, y claro y distinto a ‘la voz de la razón’:

Para ello, puesto que la razón me persuade a evitar dar fe no menos cuidadosamente a las cosas que no son absolutamente seguras e indubitables que a las abiertamente falsas, me bastará para rechazarlas todas encontrar en cada una algún motivo de duda. (Descartes, p.)
La identidad personal no escapa al ejercicio de la duda. El problema no es que podamos no existir, el problema es que podemos suponer como falso aquello que conozco y soy, de tal forma que carezca de una garantía para afirmar que soy. Dudo de la verdad de lo que siento y pienso, es decir, dudo de los principios o criterios bajo los cuales siento y pienso. El asunto radica en cimentar sólidamente nuestro ser (yo) y nuestro conocimiento sobre ese yo: ¿Qué razones o criterios apoyan el conocimiento de mí y de mi existencia?


  • Primer sendero: los sentidos y el cuerpo

Una razón común para responder a lo anterior es el criterio de los sentidos, tengo sensación de mi cuerpo por el dolor, frío, las manos dormidas, entre otros. Sin embargo: “Como a veces los sentidos nos engañan, supuse que ninguna cosa existía del mismo modo que nuestros sentidos nos la hacen imaginar” (Descartes, p.21). La visión, por ejemplo, me hace creer en el movimiento de los árboles mientras miro a través de un auto en movimiento, pero gracias a una observación más cuidadosa (científica o física) sabemos que esta imagen es provocada por la aparente inmovilidad de mi persona. Si los sentidos no son fiables, entonces, no pueden sostenerse como el criterio de verdad de lo que sé. (Descartes, primera parte, p. 9)

Pues bien, todo lo que hasta ahora he admitido como absolutamente cierto lo he percibido de los sentidos o por los sentidos; he descubierto, sin embargo, que éstos engañan de vez en cuando y es prudente no confiar nunca en aquellos que nos han engañado aunque sólo haya sido por una sola vez. (Descartes, p.)

Advertidos de la falibilidad de los sentidos, preguntemos si puedo dudar de que yo esté aquí, frente a una máquina, escribiendo y leyendo, sintiendo frío y hambre.1 Para Descartes, es más difícil dudar de estos datos de nuestro cuerpo pero no imposible. Supongamos que la vida es un sueño y que no tenemos cuerpo.


  • La encrucijada cartesiana: un sueño y un ser siniestro


¿Cuál es el camino mental que Descartes contrapone al pensamiento cotidiano del sí mismo y de las sensaciones corporales? En el nivel de sensación, nadie duda de poseer pies, manos y cabeza, pero Descartes lleva la duda a un nivel más general de concepción o imaginación, ya que i) puedo concebir o imaginar que estoy soñando y ii) si puedo concebir lo anterior, entonces es posible que lo que pienso y siento sea falso:

Sin embargo, no he de olvidar que soy hombre y que, por consiguiente, tengo la costumbre de dormir y de representarme en sueños las cosas reales y otras tan inverosímiles y descabelladas…Cuántas veces he soñado que estaba como ahora vestido, sentado ante la mesa, junto al fuego, con un papel entre las manos, y sin embargo, dormía en mi lecho. (Descartes, p. 56)
De esta manera, la duda ahora corresponde a la capacidad de diferenciar lo verdadero de lo falso, ya que i) si lo que percibimos corresponde a un estado de sueño y ii) si los sueños nos otorgan creencias falsas, entonces iii) es necesario saber cuándo estamos despiertos o dormidos. Empero, no tenemos manera de diferenciar la vigilia del sueño porque las sensaciones del nuestro cuerpo llegan a ser igualmente vívidas en ambos estado de conciencia: “Cuando doy más vueltas a la cuestión veo sin duda alguna que estar despierto no se distingue con indicio seguro del estar dormido”. (Descartes, p. 56)

Por ello, resulta errónea la confianza en los sentidos y sobresale la pertinente orientación de la razón y su certeza, dado que “[…] ya sea que esté despierto o dormido, la suma de dos y tres es cinco y un cuadrado tiene únicamente cuatro lados; y ante tales verdades obvias parece imposible que éstas queden bajo la sospecha de ser falsas.”(Descartes, 1975: 50, AT- IX-15)

Sin embargo, el filósofo francés nos lleva hasta el punto de asumir que todas nuestras creencias son falsas a causa de las argucias y la astucia de un ser con el propósito de engañarme. Podríamos pensar en alguna entidad suprema y maligna que nos hace creer en alguien que tiene creencias (falsas): “Supondré, pues, que no un Dios óptimo, fuente de la verdad, sino algún genio maligno de extremado poder e inteligencia pone todo su empeño en hacerme errar.” (Descartes, primera meditación).2

Y la única evidencia clara y distinta restante de las suposiciones anteriores es que nada de lo llevado a la duda podría tener lugar sin el pensamiento. Así pues, no se puede negar o dudar de la actividad mental pues esto aniquilaría la posibilidad de la duda misma. Tenemos, de tal forma, a un ser que duda y que en la duda encuentra la prueba contundente de su existencia:

Posteriormente, examinando con atención lo que era y viendo que podía fingir que carecía del cuerpo así como que no había mundo o lugar alguno en el que me encontrase, pero que, por ello, no podía fingir que yo no era, sino que por el contrario, sólo a partir de que pensaba dudar acerca de la verdad de las cosas se seguía muy evidente y ciertamente que yo era. (Descartes, 1975:26, AT – IV- 33)

Las calles y encrucijadas propuestas por la duda metódica nada pueden oponer al acto de pensar, dado que para dudar es necesario pensar. Puedo rechazar el criterio sensible en el asunto de la identidad personal, pero no puedo suponer que no pienso.


  • Pensamiento: salida del laberinto

Toda vez que soy, a la luz de la razón y gracias a la duda, Descartes da un paso más y caracteriza al yo mediante el criterio del pensamiento: “¿Qué es lo que soy yo?”, pregunta, Descartes plantea y él mismo responde: “una cosa que piensa. ¿Qué significa esto? Una cosa que duda, que conoce, que afirma, que niega, que quiere, que rechaza, y que imagina y siente.”(Descartes, 1975: 59) 3

De la intuición del yo pasamos a la inferencia de su constitución. Al pensamiento tenemos acceso de forma directa e inmediata, clara y distinta, nuestros pensamientos son evidentes; no así el cuerpo, mismo que requiere otro camino de conocimiento. Robles y Benítez afirman:

Para Descartes, la realidad patente e inmediata es la de la mente con sus contenidos, la existencia de los cuerpos es preciso explicarla por algún medio que vaya de lo conocido, lo mental, a lo que no tiene esta naturaleza que no puede conocerse de manera inmediata. (Benítez y Robles, 1994: 111)

En este caso, si aceptamos una dualidad de realidades entre la inmediata y la no inmediata, existirían solo dos sentidos epistémicos en el yo. O bien la mente es una realidad inmediata o bien, una realidad mediata. Para Descartes, la mente pertenece a lo inmediato y evidente. La comprensión del sí mismo se aparta de la base corpórea porque, por un lado, los sentidos son engañosos y, por otro, el cuerpo queda fuera del acceso inmediato. La identidad personal se acota a la mente, entendida como la realidad inmediata.

La caracterización final del yo en Descartes suma al pensamiento la noción de sustancia pensante:

(…) llegué a conocer a partir de todo ello que era una sustancia cuya esencia o naturaleza no reside sino en pensar y que tal sustancia, para existir, no tiene necesidad de lugar alguno ni depende de cosa alguna material. (Descartes, 1975:26, AT – IV- 33)

Sorprendentemente para Hume, de la evidencia del yo Descartes a una caracterización sustancialista que no ha lugar, da un giro inexplicable al concluir que el yo es una sustancia pensante, en razón de que debe existir un ‘algo’ o ‘alguien’, esto es, una permanencia, no material, de un entidad epistémica. Al llamarle sustancia al yo, Descartes se compromete con un orden metafísico, no acreditado por la razón ilustrada. La sustancia pensante incluye tres supuestos que requieren explicación: que la res cogitans posee identidad, es continua y permanece.



  • Encrucijada de Hume: Cuerpo no, mente…tampoco

El sendero de discusión del autor escocés se guía por la búsqueda del origen de nuestras creencias y por el criterio de la experiencia, de esta forma, Hume pedirá a quien sostiene una tesis sustancialista en el yo que le muestre la experiencia concreta o el acceso directo que corresponda a su tesis y, de no poder señalar la percepción original en los sentidos, pedirá entonces que fundamente su tesis bajo la coherencia y juicio de la razón, esto es, bajo un eje que no admita paso alguno que no esté justificado por una secuencia de pensamiento coherente, detiene el tren de razonamiento para pedir la pertinencia de la tesis (Hume, p. 104).

Así, encontramos la poca coherencia y corrección de nuestras creencias básicas en la identidad personal. No accedemos directamente a un yo desde la experiencia, ésta nos otorga percepciones distintas, en sentido estricto inconexas, y cuando Hume trata de explicar la formación de tal creencia, se encuentra ante una incoherencia que sostenemos en contra de la razón misma: en vez de concluir que la experiencia nos otorga contenidos aislados, creemos firmemente que se trata del mismo contenido y no de distintos.

La posible reconstrucción de las tesis a favor de una sustancia material y una sustancia mental sería:

  • A favor de la sustancia material (cuerpo) como caracterización de la identidad personal

  1. Si existen sensaciones, entonces existe una sustancia material (perceptor)

  2. Existen sensaciones

Por tanto, existe una sustancia material (perceptor)

  • A favor de la sustancia mental (mente) como caracterización de la identidad personal

  1. Si existen contenidos mentales, entonces existe una sustancia mental

  2. Existen contenidos mentales

Por tanto, existe una sustancia mental (mente)

A estos dos razonamientos, Hume contrapone lo siguiente:

No tenemos idea perfecta de nada que no sea una percepción. Pero una sustancia es algo totalmente distinto a una percepción. Luego no tenemos idea alguna de sustancia. Se supone que la inhesión en alguna cosa resulta necesaria para fundamentar la existencia de una percepción. Pero es manifiesto que nada es necesario para fundamentar la existencia de una percepción. Luego no tenemos idea alguna de inhesión. ¿Cómo podremos responder entonces a la pregunta de si las percepciones inhieren en una sustancia material o inmaterial, cuando ni siquiera entendemos el sentido de la pregunta? (Hume, 1987: 376-377)
El rechazo humeano a la sustancialidad del yo niega la primera proposición de ambos enfoques:

  • En contra de la sustancialidad en la caracterización de la identidad personal

  1. Si únicamente existen sensaciones o contenidos mentales, entonces no existe sustancia material ni mental (perceptor o mente)

  2. Únicamente existen sensaciones o contenidos mentales

Por tanto, no existe una sustancia material ni una sustancia mental.
Con esta advertencia sobre la independencia de las ideas, se descarta al cuerpo de la constitución del yo, por razones distintas a las de Descartes. El cuerpo no es criterio ni origen de nuestra creencia en el yo porque refiere a dos ideas contrarias a la experiencia: la idea de que existe algo independiente al pensamiento (sustancia) y la idea de continuidad de ese algo, “hablando con propiedad, no es nuestro cuerpo lo que percibimos cuando miramos nuestros miembros y partes, sino ciertas impresiones que entran por los sentidos” (Hume, : p. 325)

Apelar a un algo distinto del pensamiento nos dirige a la noción de sustancia y, en este caso, de una sustancia material que no percibimos directa ni inmediatamente; más bien, es una elaboración de la imaginación. Tener la idea de un reloj supone que el reloj es algo independiente a mí y existente de suyo, para lo cual debemos tener en mente la diferencia y las ideas de un mundo externo y un yo, de otra forma, no podría distinguir entre algo fuera de mi y lo que pertenece a mi pensamiento y esto último no lo otorgan los sentidos ni es demostrado por la razón. (Hume, p. 323). Los sentidos no me informan de algo distinto de mí, únicamente me remiten a contenidos de percepción. Además, para decir que se trata del mismo reloj debemos suponer su existencia a pesar de los lapsos de tiempo en que no lo percibimos.

Primera: cómo podemos estar convencidos de que es verdad la suposición de que una percepción esté ausente de la mente sin resultar aniquilada. Segunda: de qué modo concebimos que un objeto se hace presente a la mente sin que exista ninguna nueva creación de una percepción o imagen, y qué queremos decir con este
  1   2   3

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Resumen En este artículo sostengo que la dimensión corporal no es una salida al problema de la individuación del haz de percepciones, con el cual Hume caracteriza la identidad personal. iconResumen El propósito del artículo es delimitar la discusión provocada...

Resumen En este artículo sostengo que la dimensión corporal no es una salida al problema de la individuación del haz de percepciones, con el cual Hume caracteriza la identidad personal. iconResumen El propósito del presente artículo consiste en mostrar los...

Resumen En este artículo sostengo que la dimensión corporal no es una salida al problema de la individuación del haz de percepciones, con el cual Hume caracteriza la identidad personal. iconResumen Este artículo explora los aspectos fundantes que participan...

Resumen En este artículo sostengo que la dimensión corporal no es una salida al problema de la individuación del haz de percepciones, con el cual Hume caracteriza la identidad personal. iconPara Hume todos nuestros contenidos mentales son percepciones. Y...

Resumen En este artículo sostengo que la dimensión corporal no es una salida al problema de la individuación del haz de percepciones, con el cual Hume caracteriza la identidad personal. iconResumen En este artículo se muestra una panorámica del arte de Orlan, la artista francesa del

Resumen En este artículo sostengo que la dimensión corporal no es una salida al problema de la individuación del haz de percepciones, con el cual Hume caracteriza la identidad personal. iconCon este nombre se designa desde hace más de mil años a una comarca....

Resumen En este artículo sostengo que la dimensión corporal no es una salida al problema de la individuación del haz de percepciones, con el cual Hume caracteriza la identidad personal. iconResumen está por más decir que por la dimensión que pretende, este...

Resumen En este artículo sostengo que la dimensión corporal no es una salida al problema de la individuación del haz de percepciones, con el cual Hume caracteriza la identidad personal. iconResumen: El cine puede construir por medio de sus materias propias...

Resumen En este artículo sostengo que la dimensión corporal no es una salida al problema de la individuación del haz de percepciones, con el cual Hume caracteriza la identidad personal. iconResumen Este artículo revisa los modelos del poder de Maturana, Canetti,...

Resumen En este artículo sostengo que la dimensión corporal no es una salida al problema de la individuación del haz de percepciones, con el cual Hume caracteriza la identidad personal. iconResumen Este artículo explora una comprensión del libro del Apocalipsis...






© 2015
contactos
l.exam-10.com