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TEMA 8 DAVID HUME.

1.- EL EMPIRISMO.

Los antecedentes del empirismo se encuentran en la tradición del pensamiento inglés, especialmente en los pensadores de Oxford (R.Bacon). Igualmente, la corriente nominalista se había implantado profundamente en muchos pensadores ingleses.

En general, el empirismo es una corriente filosófica contrapuesta, en muchos aspectos, al racionalismo. Incluso sus representantes polemizan con frecuencia entre sí. La contraposición parece más clara si se tiene en cuenta que el racionalismo había tomado como modelo a la ciencia moderna únicamente en su aspecto matemático y que el empirismo había recogido el otro aspecto: la importancia de la experiencia.

Con el empirismo, el problema del conocimiento (origen y validez del mismo) pasa a ser el tema fundamental, o al menos, el tema previo e imprescindible antes de comenzar cualquier investigación.

Las tesis fundamentales del empirismo se pueden resumir así:

  • El origen del conocimiento es la experiencia; esta experiencia puede ser externa (sensación) o interna.

  • Negación de las ideas innatas de los racionalistas; la mente es como una “tabla rasa”.

  • El conocimiento humano no es ilimitado; la experiencia es su límite. Para el racionalismo, la razón no tiene límites: si sigue un método adecuado puede llegar a conocerlo todo. En cambio, los empiristas niegan tal posibilidad: “no podemos ir más allá de la experiencia”, dice Hume en su Tratado de la naturaleza humana. De esta manera, se reduce no sólo el campo del filosofar, sino también la certidumbre del conocimiento: sobre muchas cuestiones sólo cabe un conocimiento probable e incluso Hume mantiene una postura escéptica respecto a los problemas metafísicos. Para Hume, en efecto, sólo las matemáticas nos ofrecen conocimientos ciertos y necesarios: la física es únicamente una ciencia probable; el resto son ilusiones.

  • Todo conocimiento es conocimiento de ideas. En esta tesis coinciden racionalistas y empiristas: lo que conoce la mente son sus ideas (no las cosas) y el pensamiento se reduce a relacionar ideas entre sí.

  • El empirismo propone un nuevo concepto de razón (diferente del de los racionalistas): una razón dependiente y limitada a la experiencia. Razón que, sin embargo, es la única guía del hombre y debe tener una finalidad práctica; considerando imposible la metafísica, los empiristas se dedican a cuestiones políticas, morales, pedagógicas… Y por primera vez, es una razón crítica que examina sus propios límites y posibilidades.

2.- DAVID HUME: VIDA Y OBRAS.

David Hume (1711-1766) nace en Edimburgo (Escocia) y estudia en la Universidad de esa ciudad, donde ya debió de interesarse por Newton. En 1734 se traslada a Francia, instalándose en La Flèche, donde había estudiado Descartes. Allí escribe su obra fundamental, Tratado de la naturaleza humana. En 1737 vuelve a Londres para hacer su publicación (1739-1740). La obra fue un fracaso absoluto, y Hume escribió más tarde: “Ya nació muerta al salir de las prensas, y no consiguió alcanzar ni un murmullo entre los fanáticos”. En 1740 publica un breve Resumen. El desengaño fue tal, que Hume repudia esa obra (publicada anónimamente) y la refunde (no en su totalidad) en otra más breve titulada Investigación sobre el entendimiento humano (1748). Fracasó en su intento de alcanzar la cátedra de Ética en Edimburgo (1745) y de Lógica en Glasgow. Pero consiguió el puesto de bibliotecario de la Facultad de Derecho de Edimburgo (1752). Entre 1763 y 1766 ocupó un cargo en la embajada de París, donde alcanzó gran renombre entre los ilustrados franceses, hasta el punto de que a su vuelta a Londres le acompaña Rousseau. En 1769 se retira definitivamente a Edimburgo. Otras obras importantes son: Investigación sobre los principios de la moral (1752), Discursos políticos (1752), y su obra póstuma Diálogos sobre religión natural (1779, comenzados a escribir antes de 1751).

3.- EL CONOCIMIENTO

Hume descarta la existencia de ideas innatas. Todos los contenidos de la conciencia (percepciones) proceden de la experiencia. Estas pueden ser de dos clases: a los datos inmediatos de la experiencia externa o interna los llama impresiones y caracteriza a éstas por su viveza y su intensidad, mientras que llama ideas a los contenidos de conciencia derivados de las impresiones, y por esa razón, menos vivos, más débiles. Las ideas son copias de las impresiones. Si poseemos una idea que no deriva de ninguna impresión, dicha idea no posee ningún significado. Este criterio empirista de significación lo emplea Hume con insistencia y con rigor: todo conocimiento ha de poder reducirse a impresiones y a las copias debilitadas de esas impresiones, las ideas. En este planteamiento está ya en germen su escepticismo: no podemos conocer con certeza nada más allá de nuestras percepciones.

Las ideas no se encuentran desconectadas en la mente. Por un lado, la imaginación tiene un gran poder y libertad para mezclar a su gusto. Pero existe también, en las ideas en sí mismas “una especie de atracción, que tiene en el mundo mental efectos tan extraordinarios como en el natural”. Hume se proclama descubridor de una especie de “ley de gravitación” de los contenidos de conciencia: las ideas se asocian entre sí en virtud de la semejanza, de la contigüidad en el espacio y/o en el tiempo y de la relación causa-efecto. Los ejemplos que aduce son los siguientes: una pintura conduce nuestros pensamientos a su original (semejanza); la mención de la habitación de un edificio lleva a preguntar naturalmente acerca de las demás (contigüidad); y si pensamos en una herida pensamos en el dolor consiguiente (causa-efecto).

De acuerdo con estos principios, Hume distingue dos tipos de conocimientos:

  1. Relaciones de ideas, que están regidas por el principio de semejanza. Es el campo de los conocimientos matemáticos y la lógica (dos más tres son cinco; el todo es mayor que la parte) . Son verdades rigurosas y válidas universalmente, y constituyen un campo de conocimientos de los que podemos tener verdadera ciencia. La verdad de estas proposiciones se puede descubrir por el simple análisis de los términos que lo componen. Son, por ello, verdades analíticas que están regidas por el principio de contradicción.

  2. Conocimientos de hechos, organizados según los principios de contigüidad espacio-temporal y causalidad. Los primeros, los que se apoyan en la contigüidad espacio-temporal, pueden ser percibidos y son, por tanto, impresiones. La causalidad, en cambio, no proporciona directamente hechos, y en ella la mente va más allá de lo que está inmediatamente presente. En virtud de la causalidad se pretende inferir una cosa o acontecimiento de otra cosa o acontecimiento. Se espera que el fuego queme y se dice, por tanto, que el fuego es causa de la quemadura, o bien que el movimiento de una bola de billar es producido por el impacto de otra bola, que sería su causa. Lo contrario de cualquier cuestión de hecho es siempre posible , ya que nunca implica contradicción. Por ello, a las cuestiones de hecho sólo les corresponden razonamientos probables.

Todos los razonamientos que se refieren a las cuestiones de hecho se fundan en la relación causa-efecto. Y esta relación no puede descubrirse por la razón, sino únicamente por la experiencia. Es decir, que el solo examen racional de una cosa en sí misma no permite descubrir los efectos de que puede llegar a ser causa (por ejemplo, que el fuego quema), sino que hay que acudir siempre a la experiencia. “Adán no hubiera podido inferir de la fluidez del agua que podía ahogarle, o de la luz y el calor del fuego que podían abrasarle”. Sólo la experiencia, que muestra la constante conjunción de dos clases de acontecimientos, permite inferir unos de otros, estableciendo de este modo la relación de causalidad. Esta constante unión (fuego- mi mano quemándose) hace pensar que hay una conexión necesaria entre la causa y el efecto. Pero, ¿existe realmente esta conexión necesaria? Hume analiza la relación que hay entre la causa y el efecto y descubre en ella que hay dos rasgos esenciales: contigüidad y sucesión. Esto es lo que nos muestra la experiencia, pero no tenemos ninguna impresión de conexión necesaria. Todo lo que sabemos por la experiencia es que suele ocurrir que causas semejantes provoquen efectos semejantes. Pero esta afirmación no está en absoluto justificada por la experiencia. Es más bien una suposición, un supuesto de la experiencia. Si he experimentado repetidamente que una bola de billar mueve otra o que el fuego quema, todo me inducirá a creer que en una situación semejante volverá a suceder lo mismo. Pero esto implica un presupuesto indemostrable: que el futuro será como ha sido el pasado. Pero es la costumbre la que me hace confiar en que el curso de la naturaleza seguirá siendo como hasta ahora. Mi seguridad en el futuro no se basa en la razón, ni es una seguridad absoluta: sólo es una creencia, basada en la costumbre o el hábito.

La crítica al principio de causalidad y al principio de uniformidad de la naturaleza extendió un velo de escepticismo sobre los resultados de la ciencia (las leyes físicas no son universales ni necesarias; son sólo probables).

- La Física versa sobre hechos y sobre cuestiones de hecho no cabe la universalidad ni la necesidad (eso sólo ocurre en las ciencias matemáticas, que versan sobre relaciones de ideas) A las relaciones de ideas (las matemáticas) corresponden razonamientos demostrativos absolutamente seguros ; en cambio, a las cuestiones de hecho sólo corresponden razonamientos probables.

Hume examina dos conceptos fundamentales de la física de entonces: las ideas de fuerza y de conexión necesaria entre la causa y el efecto (las leyes físicas eran concebidas como leyes necesarias, es decir, leyes que establecen una conexión necesaria entre la causa y el efecto). Pero a estas ideas, señala Hume, no les corresponde ninguna impresión. La experiencia nos muestra que un suceso sigue a otro, pero no se puede observar un vínculo entre ellos. En definitiva, La Física debe abstenerse de hablar de fuerzas en la naturaleza, y cuando se hable de causas físicas (que impliquen una conexión necesaria causa-efecto), debemos ser conscientes de que estamos hablando únicamente de acontecimientos habitualmente conjuntados en el pasado (nada sabemos del futuro) “que han adquirido una conexión en nuestro pensamiento”, gracias a las leyes de asociación de ideas (contigüidad y causa-efecto). La Física, pues, no puede formular sino leyes probables, no necesarias. Pero ello es suficiente para que podamos manipular la realidad.

  • Hume rechaza la Metafísica, considerándola un saber “abstruso, dogmático y que conduce a la superstición”. Hume adopta un escepticismo moderado, consecuente, fruto de un análisis de nuestras facultades cognoscitivas. Es decir, si lo que conocemos son nuestras percepciones, y no las cosas directamente, nada nos asegura racionalmente la existencia de un mundo exterior.La existencia de cosas externas independientes de nosotros es algo que aceptamos por puro instinto, pero que no se puede demostrar racionalmente. Es una creencia basada en la viveza de nuestras impresiones (ni siquiera admite su existencia para explicar las impresiones, puesto que no piensa que el principio de causalidad posea un valor necesario). Hume también critica conceptos clave en la Metafísica, como el de sustancia (corpóreas y espirituales: “yo”). A nuestra idea de sustancia no le corresponde impresión alguna; es por tanto un término que no significa nada. La palabra “sustancia” no designa sino un conjunto de percepciones particulares que nos hemos acostumbrado a encontrar juntas. Por tanto, el concepto clave de la Metafísica carece de valor, y la Metafísica en sí es una ilusión. De esta misma manera critica Hume los conceptos de “yo” y de “identidad personal”.

La crítica de los conceptos de causalidad y de sustancia conduce a Hume al escepticismo y al fenomenismo. Sólo conocemos nuestras percepciones, la realidad queda reducida a estas, a meros fenómenos. No podemos conocer nada más, y de ahí el escepticismo que conlleva el empirismo de Hume.

4.-EL SER HUMANO

Hume afirma que no poseemos ninguna impresión de nuestro “yo”. Tenemos impresiones de cosas que vemos y sentimos, de cosas que nos pasan, pero no de nuestro “yo”. Cuando trato de tener una impresión del “yo”, no puedo observar otra cosa que mis percepciones. Hay en nosotros una pluralidad de impresiones, y suponemos que esas impresiones están causadas por un yo que se mantiene idéntico. Pero Hume no acepta esa relación de causalidad.

Tenemos que contentarnos con considerar nuestro “yo” como un haz o colección de percepciones diferentes, en perpetuo flujo y movimiento. Todo lo que nos queda es tratar de justificar la creencia en la identidad personal lo mismo que se puede justificar la creencia en la existencia de un mundo exterior. Hume lo intenta con la ayuda de sus leyes de asociación de ideas y con el recurso a la memoria.

5.- DIOS

De Dios no tenemos ninguna impresión; de Dios no tenemos experiencia. Por lo tanto, no podemos afirmar su existencia.

Hume realiza una crítica radical de las pruebas de la existencia de Dios. Estas pueden ser de tres tipos diferentes:

1.- Las que parten de la concepción de un ser que existe necesariamente (el argumento ontológico de San Anselmo y Descartes). Hume argumenta que todo lo que concebimos como existiendo también puede ser concebido como no existiendo, por tanto, no hay nada que exista necesariamente. La existencia es un hecho, y para las verdades de hecho, su contrario no implica contradicción.

2.- Otras pruebas parten de la experiencia, del hecho de que algo existe Luego aplican a esto el principio de causalidad (todo lo que existe, existe por una causa); lo que les lleva finalmente a postular la necesidad de una causa incausada. Las cuatro primeras vías de Tomás de Aquino siguen este razonamiento.

Hume también niega validez a estas pruebas. En primer lugar, por la crítica que realiza Hume al principio de causalidad, pero también porque esas pruebas no conducen a una primera causa (tan lógico sería pensar en un Dios infinito como en una sucesión infinita de causas)

3.- Otro tipo de pruebas son aquéllas que parten de la existencia de un orden en el universo, y que, por tanto, tiene que haber una causa inteligente de ese orden. Así argumenta el Aquinate en la quinta vía. De nuevo nos encontramos con la problemática noción de causa de por medio. Pero además esta prueba tiene otro fallo: Hume dice que toda causa es proporcional al efecto: si el mundo es finito e imperfecto es difícil sostener que su causa sea infinita y perfecta.

No hay por tanto ningún conocimiento racional de Dios. Sin embargo, se muestra interesado en el fenómeno religioso y cree que sus orígenes pueden encontrarse en la naturaleza humana. El análisis psicológico y sociológico que Hume lleva a cabo le lleva a afirmar que las ideas religiosas nacen de las esperanzas y temores del ser humano.

Estudiando la Historia de la religión, afirmó que el politeísmo precede al monoteísmo y que éste tiene el peligro de conducir al fanatismo y a la intolerancia. Cuando se cree que un solo Dios es el verdadero y que sólo sus preceptos son los verdaderos, se cree uno en el derecho e incluso en la obligación de imponérselo a los demás. Así surgen las persecuciones y las guerras religiosas.. En definitiva, Hume adopta también en este terreno una actitud escéptica y agnóstica.

La religión, basada en la fe, queda al margen de la razón. Puede tener un valor como sentimiento, pero no como conocimiento.

6.- ÉTICA

La ética de Hume es de carácter emotivista. Hume, rechaza pues, los intentos de fundar la ética en la razón. En primer lugar, la razón es incapaz de mover a la acción al hombre; lo que le mueve es la pasión o el sentimiento. En segundo lugar, el bien y el mal morales, la virtud, el deber…no son ni relaciones de ideas ni cuestiones de hecho. Tienen que tener su origen en otro sitio: no en la razón, sino en el sentimiento. Si examinamos una acción humana , no hallaremos nunca lo que se llama “virtud” o “vicio”. Es nuestro sentimiento ( de aprobación o desaprobación) el que descubre la virtud o el vicio en las acciones. Se siente más que se juzga. Ahora bien, lo que despierta ese sentimiento de aprobación es la utilidad de la acción contemplada para la colectividad. “Todo lo que contribuye a la felicidad de la sociedad merece nuestra aprobación”. La ética de Hume es así emotivista y utilitarista.

También es muy interesante la denuncia que realiza Hume de una falacia cometida por los filósofos que pretenden construir una ética racionalista y demostrativa: la falacia naturalista; pretender derivar del “ser” (de lo que el hombre, su naturaleza, “es”) el “deber ser” (el bien y el mal morales; la virtud y el vicio).

7.- POLÍTICA

La teoría política de Hume es también consecuente con su empirismo: los supuestos “estado de naturaleza” y “pacto social” son ficciones indemostrables. Es la utilidad lo que explica la formación de las sociedades a partir de la célula familiar. Los hombres, al unirse, aumentaban la fuerza, la habilidad y la seguridad. La razón, por tanto, por la que hay que obedecer las leyes no es otra que el interés y la utilidad. La sociedad nos da una protección y una seguridad de la que no gozaríamos si fuésemos completamente independientes. Y no hay que buscar una fundamentación trascendente a la legitimidad del poder: éste es un hecho que se funda, a su vez, en otros hechos (posesión prolongada del poder, posesión actual del poder, conquista, sucesión, leyes positivas). La teoría política de Hume es utilitarista y positivista.

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