Filosofía y métodos de las ciencias sociales-resumen de la materia






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La fijación de la acción. De la misma manera que la interlocución se ve superada en la escritura, la interacción es superada en numerosas situaciones en que tratamos la acción como un texto fijo.

La acción como significativa se puede convertir en un objeto de la ciencia sin perder su carácter de significatividad, gracias a un tipo de objetivación similar a la fijación en la escritura.

Una acción posee la estructura de un acto locucional. Tiene un contenido proposicional que se pueda identificar y reidentificar como el mismo. La estructura noemática de la acción es la que se puede fijar y desprender del proceso de interacción y convertirse en un objeto a interpretar. Este noema presenta contenido proposicional y rasgos “ilocucionales” similares a los del acto de habla.

Una acción, al igual que un acto de habla, puede ser identificada no sólo según su contenido proposicional sino también según su fuerza ilocucional. Ambos constituyen su contenido de sentido. Del igual modo que el acto de hablar, el acontecimiento en forma y acción desarrolla una dialéctica similar entre su estado temporal, como un acontecimiento que aparece y desaparece, y estado lógico, por tener tales y cuales significados identificables o “contenido de sentido”.

La autonomización de la acción. En la forma igual en que un texto se desprende de su autor, una acción se desprende de su agente y desarrolla consecuencias que le son propias. Esta autonomización de la acción humana constituye la dimensión social de la acción. Nuestros hechos se nos escapan y ejercen efectos que no nos propusimos. Aquí aparece uno de los significados de la noción “inscripción”. El tipo de distancia que encontramos entre la intención del orador y el significado verbal de un texto también se produce entre el agente y su acción.

Una acción deja su “huella”, hace una “marca” cuando contribuye a la aparición de pautas que se convierten en los documentos de la acción humana. La hipótesis es esta cosa “sobre” la cual la acción pone su marca.

La acción humana se convierte en acción social cuando se asienta en los archivos de la hipótesis. A causa de esta sedimentación en el tiempo social, los hechos humanos se vuelven “instituciones”, en el sentido de que su significación ya no coincide con las intenciones lógicas de los actores.

Pertinencia e importancia. Una acción significativa es una acción cuya importancia va “más allá” de su pertinencia a su situación inicial. Una acción importante desarrolla significados que pueden ser actualizados o satisfechos en situaciones diferentes de aquella en que ocurrió la acción. El significado de acontecimiento importante excede, trasciende las condiciones sociales de su producción y puede ser representado nuevamente en nuevos contextos sociales. Su importancia consiste en su pertinencia omnitemporal. Una obra no refleja solo su época: abre un mundo que lleva en su interior.

La acción humana como una “obra abierta”. La acción humana es una obra abierta, cuyo significado esta en “suspenso”. Por el hecho de “abrir” nuevas referencias y recibir una nueva pertinencia de ellas los hechos humanos están esperando igualmente nuevas interpretaciones que decidan su significación. La acción humana está abierta a cualquiera que pueda leer.

Implicaciones Metodológicas del paradigma del texto. Existe una dialéctica entre el explicar y el comprender “porque” la situación escritura/lectura desarrolla una problemática propia que no es meramente una extensión de la situación hablar/escuchar constitutiva del diálogo.

Si la relación dialogal no nos proporciona el paradigma de la lectura, debemos construirlo como un paradigma original, por dicho propio.

Los cuatro rasgos ya descriptos constituyen la objetividad del texto. De eso proviene una posibilidad de “explicar” que no proviene del campo de los acontecimientos naturales, sino que es congénita con este tipo de objetividad.

De la comprensión a la explicación: en términos generales, un texto debe ser interpretado porque no constituye una mera secuencia de oraciones, todas en pie de igualdad y comprensibles por separado. Un texto es un todo, una totalidad. Un texto es un proceso acumulativo, holístico. El texto, como individuo, puede ser alcanzado desde diferentes lados: Igual que un cubo, el texto presenta un “relieve”. Sus diferentes temas no están todos a la misma altura. En consecuencia, la reconstrucción del todo presenta un aspecto perspectivista similar al de la percepción.

Si bien es verdad que siempre hay más de una forma de interpretar un texto, no es verdad que todas las interpretaciones son iguales y que pueden ser asimiladas a las “reglas empíricas”. El texto es un campo limitado de interpretaciones posibles. La lógica de la validación nos permite movernos entre los dos límites que son el dogmatismo y el escepticismo.

Se reconoce plenamente el carácter intencional de una acción cuando se enuncia la respuesta a la pregunta: ¿Qué? En términos de una respuesta a la pregunta ¿Por qué? Solo tienen sentido aquellas respuestas que proporcionan un motivo entendido como una razón para… y no como una causa: una expresión que nos permite considerar la acción como esto o aquello. Los deseos y las creencias presentan la característica no sólo de ser “fuerzas” que hacen actuar a la gente en formas particulares, sino también la de tener sentido a causa del evidente bien que es el correlato de su carácter de deseabilidad.

Al argumentar acerca del significado de una acción coloco mis deseos y creencias a cierta distancia y los someto a una dialéctica concreta de confrontación con puntos de vista opuestos. Este modo de colocar mi acción a cierta distancia para comprender mis propios motivos prepara el terreno para el tipo de distanciamiento que ocurre con la “inscripción” social de la acción humana. Las mismas acciones que es posible asentar en “registros” y que desde entonces quedan “registradas” pueden ser también explicadas de maneras distintas de acuerdo con la motivacidad de los argumentos explicados a su origen motivacional.

De la explicación a la comprensión. La abstracción con respecto al mundo circundante origina dos actitudes opuestas como lectores, podemos permanecer en un estado de suspenso acerca de cualquier clase de mundo referido, o bien podemos actualizar las referencias potenciales no ostensibles del texto en una nueva situación, la del lector. En el primer caso, tratamos el texto como una entidad ajena al mundo; en el segundo creamos una nueva referencia ostensible como resultado del tipo de “ejecución” que implica el arte de leer.

La “explicación “(erklaren) requiere la “comprensión” (verstehen) y plantea una forma nueva de dialéctica interna que constituye la “interpretación” como un todo.

Si consideráramos el análisis estructural como un estadio necesario entre una interpretación ingenua (de superficie) y una interpretación crítica (de profundidad) seria posible ubicar la explicación y la comprensión de dos sectores distintos de un único “arco hermenéutico).

La semántica de profundidad del texto no es lo que se proponía decir el autor, sino aquello a lo cual se refiere el texto, es decir, la referencia no ostensible del texto.

Por consiguiente, lo que queremos comprender no es algo oculto “detrás” del texto, sino algo puesto de manifiesto “frente a el”. Lo que se debe comprender no es la situación inicial del discurso, sino lo que apunta hacia un mundo posible.

Comprender un texto es seguir su movimiento del sentido a la referencia, de lo que dice a aquello a lo cual se refiere.

No es posible comprender las pautas significativas que puede captar una interpretación de profundidad sin una especie de compromiso personal similar al del lector que capta la semántica de profundidad del texto y la hace “suya”.

La comprensión es completamente mediada por la totalidad de los procedimientos explicativos que la preceden y acompañan.


  • GEERTZ. La interpretación de las culturas.


Descripción densa: Hacia una teoría interpretativa de la cultura: el concepto de comunicación que propugno es esencialmente un concepto semiótico. Creyendo Weber que el ser humano es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, considero que la comunicación es esa urdimbre y que el análisis de la comunicación ha de ser por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones. Lo que busco es la explicación, interpretando expresiones sociales que son enigmáticas en su superficie.

En antropología social, lo que hacen los que la practican es etnografía: establecer relaciones, seleccionar a los informantes, transcribir textos, establecer genealogías, trazar mapas del área, etc. Sin embargo, lo que la define es cierto tipo de esfuerzo intelectual: una especulación en términos de descripción densa.

La descripción etnográfica puede ser extraordinariamente “densa”. En escritos antropológicos terminados, el hecho de que lo que nosotros llamamos nuestros datos son realmente interpretaciones de interpretaciones de otras personas sobre lo que ellas piensan y sienten queda oscurecido, porque la mayor parte de lo que necesitamos para comprender un suceso particular, un rito, una costumbre, se insinúa como información de fondo antes que la cosa misma sea directamente examinada. Esto lleva a una idea de la investigación antropológica que la concibe más como una actividad de observación y no como la actividad de interpretación que en realidad es.

El análisis consiste pues en desentrañar las estructuras de significación y en determinar su campo social y su alcance.

La etnografía es descripción densa: lo que en realidad encara el etnógrafo es una multiplicidad de estructuras conceptuales complejas, muchas de las cuales están superpuestas o enlazadas entre sí, estructuras que son al mismo tiempo extrañas, irregulares, no explícitas, y a las cuales el etnógrafo debe ingeniarse para captarlas primero y explicarlas después.

La cultura es pública. Aunque contiene ideas, la comunicación existe en la cabeza de alguien; aunque no es física, no es una entidad oculta. Una vez que la conducta humana es vista como acción simbólica (acción que significa algo) pierde sentido la cuestión de saber si la comunicación es conducta estructurada o una estructura de la mente, o las dos cosas juntas. Aquello por lo que hay que preguntar es por su sentido y su valor.

Una forma de oscurecer esta idea es imaginar que la comunicación es una realidad “superorgánica”, conclusa en sí misma, con fuerzas y fines propios; esta quema de la conducta que observamos en los individuos de una comunidad: esto es reducir la comunicación.

La comunicación de una sociedad consiste en lo que uno debe conocer o creer a fin de obrar de una manera aceptable para sus miembros. Partiendo de este concepto de lo que es la comunicación resulta una concepción de lo que es describirla; exposición de reglas sistemáticas que, de ser seguidas, haría posible obrar como, o pasar por un nativo.

Lo que nos impide a quienes nos hemos criado haciendo señas, captar la significación de las señas de otros no es tanto ignorancia de cómo opera el proceso de conocimiento, como falta de familiaridad con el universo imaginativo en el cual los actos de esas gentes son signos.

La finalidad de la antropología consiste en ampliar el universo del discurso humano. Esta es una meta a la que se ajusta bien el concepto semiótico de comunicación. Entendida como sistema en interacción de signos interpretables, la comunicación no es una entidad, algo a lo que pueden atribuirse de manera causal acontecimientos sociales, modos de conducta, ideas o procesos sociales; la comunicación es un contexto dentro del cual pueden describirse todos esos fenómenos de manera densa (inteligible). Comprender la comunicación de un pueblo supone captar su carácter normal sin reducir su particularidad. Dicha comprensión los hace accesibles, los coloca en el marco de sus propias trivialidades y disipa su opacidad.

Los escritos antropológicos son interpretaciones de segundo y tercer orden (solo un nativo hace interpretaciones de primer orden). De manera que son ficciones, en el sentido de que son algo “hecho”, “formado”, “compuesto”.

Es en el fluir de la conducta (o de la acción social) donde las formas culturales encuentran articulación. La encuentran también en diversas clases de artefactos y en diversos estados de conciencia; pero éstos cobran su significado del papel que desempeñan en una estructura operante de vida, y no de las relaciones intrínsecas que puedan guardar entre sí.

El etnógrafo “inscribe” discursos sociales, los pone por escrito. Al hacerlo, se aparta del hecho pasajero que existe sólo en el momento en que se da y pasa a una relación de ese hecho que existe en sus inscripciones y que puede volver a ser consultada. Ricouer afirma que la escritura no fija el hecho de hablar, sino lo “dicho” en el hablar: esa exteriorización intencional constitutiva de la finalidad del discurso gracias a la cual el decir (sagen) tiende a convertirse en enunciación (Aussagen). En suma, lo que escribimos es el “noema” (pensamiento, contenido, intención) del hablar. Se trata de la significación del evento de habla; no del hecho como hecho.

La descripción etnográfica presenta cuatro rasgos característicos:

  1. Es interpretativa.

  2. Interpreta el flujo del discurso social;

  3. La interpretación es rescatar “lo dicho” en el discurso y fijarlo en términos susceptibles de consulta.

  4. Es microscópica: el antropólogo aborda las interpretaciones más amplias y hace análisis más abstractos partiendo de los conocimientos extraordinariamente abundantes que tiene de cuestiones extremadamente pequeñas.

La idea de que uno puede hallar la esencia de sociedades nacionales, de civilizaciones en las pequeñas edades y aldeas típicas es un disparate. El lugar de estudio no es el objeto de estudio. Los antropólogos no estudian aldeas (tribus, pueblos, vecindarios); estudian “en” aldeas.

El concepto de Laboratorio Natural ha sido pernicioso, no sólo porque la analogía es falsa (¿Qué clase de laboratorio es ése en el que no se puede manipular ningún parámetro?), sino porque conduce a la creencia de que los datos procedentes de los estudios etnográficos son mas puros o mas importantes o mas sólidos o menos condicionados que los datos derivados de otras clases de indagación social.

Los hallazgos etnográficos no son privilegiados, son sólo particulares. Considerarlos más o algo menos los deforma y deforma sus implicaciones.

No hay razón para que la estructura conceptual de una interpretación sea menos formulable y menos susceptible de sujetarse a cánones explícitos de validación que la de una observación biológica o la de un experimento físico, salvo la razón de que los términos en que puedan hacerse esas formulaciones si no faltan por completo, son casi inexistentes. Nos vemos reducidos a insinuar teorías porque carecemos de los medios para enunciarlas.

La primera condición de la teoría cultural es que no es dueña de sí misma. Como es inseparable de los hechos inmediatos que presenta la descripción densa, la libertad de la teoría para forjarse de conformidad con su lógica interna es limitada.

Generalizar dentro de casos particulares se llama inferencia clínica. En lugar de comenzar con una serie de observaciones e intentar incluirlas bajo el dominio de una ley, esa inferencia comienza con una seria de significantes (presuntivos) e intenta situarlos dentro de un marco inteligible. Los síntomas se examinan en pos de sus peculiaridades teóricas, es decir, se diagnostican. En el estudio de la comunicación los significantes no son síntomas, sino que son actos simbólicos, y aquí la meta es no la terapia, sino el análisis del discurso social.

La segunda condición de la teoría cultural es que no es predictiva. Pero esta limitación se la tomó como que significaba que la interpretación cultural es meramente post-facto.

Si bien uno comienza toda descripción densa partiendo de un estado de desconcierto sobre los fenómenos observados y tratando de orientarse uno mismo, no se inicia el trabajo con las manos intelectualmente vacías. En cada estudio no se crean de nuevo enteramente las ideas teóricas, las ideas se adoptan de otro estudios afines y, refinadas en el proceso se las aplica a nuevos problemas de interpretación.

Esta concepción de la manera en que funciona la teoría en una ciencia interpretativa sugiere que la distinción (relativa) que se da en las ciencias sociales experimentales o de observación entre “descripción” y “explicación”, se da en nuestro caso como una distinción aún mas relativa entre inscripción (descripción densa) y especificación (diagnóstico) entre establecer la significación que determinadas acciones sociales tienen para sus actores y enunciar, lo mas explícitamente, lo que el conocimiento así alcanzada muestra sobre la sociedad al que se refiere y sobre la vida social como tal. Nuestra doble tarea consiste en descubrir las estructuras conceptuales que informan los actos de nuestros sujetos, lo “dicho” del discurso social, y en construir un sistema de análisis en cuyos términos aquello que es genético de esas estructuras, aquello que pertenece a ellas porque son lo que son, se destaque y permanezca frente a los otros factores determinantes de la conducta humana.

El análisis cultural es intrínsecamente incompleto y cuanto mas profundamente se lo realiza, menos completo es. La antropología interpretativa es una ciencia cuyo progreso se caracteriza menos por un perfeccionamiento del consenso que por el refinamiento del debate.

UNIDAD V: UNIVERSALISMO Y RELATIVISMO


  • Habermas. Teoría de la acción comunicativa.

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