En esta entrevista el Director General de Vocalcom Argentina, José Antonio Coste, revela que pese a todas las apariencias, no es francés. De una infancia en el






descargar 19.8 Kb.
títuloEn esta entrevista el Director General de Vocalcom Argentina, José Antonio Coste, revela que pese a todas las apariencias, no es francés. De una infancia en el
fecha de publicación16.07.2015
tamaño19.8 Kb.
tipoEntrevista
l.exam-10.com > Ley > Entrevista
El piloto

En esta entrevista el Director General de Vocalcom Argentina, José Antonio Coste, revela que pese a todas las apariencias, no es francés. De una infancia en el campo a una juventud de competencias ciclísticas y trabajo nómade en los mercados de París. Además, su pasión por el cine y la fotografía, la vida nocturna y los disc jockeys, los start-ups en el Silicon Valley francés y los vuelos en helicóptero se suceden, hasta que el amor de una argentina lo retuvo al frente de uno de los principales proveedores de la industria local.

La historia de cómo José Antonio Coste llegó a dirigir la filial argentina de Vocalcom está ligada a las íntimas creencias del propio Coste sobre el rol que la tecnología debería cumplir en los negocios y la vida de las personas. En su visión, el negocio regional de los Call Centers está en el tímido inicio de una bonanza a la que le quedan años de desarrollo. Y su compañía tiene un rol importante que cumplir ahí, con buenos servicios para ofrecer, servicios flexibles, a pocos pero buenos clientes. “A mi me gusta que nuestros clientes crean que son los únicos que tenemos –dice Coste-, y también me gusta decir nosotros cuando estoy en una empresa”.

Aquel que haya cruzado alguna palabra con Coste alguna vez, habrá notado su afición a los cigarrillos y su velada timidez, pero sobre todo su acento extranjero, indefectiblemente afrancesado. Y “en los papeles” el hombre es francés, sin embargo su biografía esconde más de una sorpresa. La primera: no es del todo francés, porque no nació en Francia sino en una zona rural de Santiago de Compostela, en el corazón de Galicia. Vivió ahí hasta los 9 años, entre 1960 y el 1969 al cuidado de su abuela materna Doña Benita. “Es que mi madre era gallega –exclama-, de madre gallega (Benita) y padre vasco. Tuve una de las mejores infancias que alguien puede tener, era extraordinario, iba a pescar al río, cuidaba las vacas y ayudaba a cortar el trigo. En esa época, en el campo gallego vivíamos como en la Edad Media, hacíamos todo a mano”. De ese tiempo recuerda sobre todo las fiestas populares, que se hacían entre julio y agosto. “Nos juntábamos los 28 nietos de mi abuela, llegados desde todas partes de España.

Coste no sabe bien por qué sus padres no lo llevaron a vivir a Paris con ellos. “Y la verdad es que nunca pregunté mucho, estaba bárbaro con mi abuela”. Aún así una respuesta plausible es el franquismo, que durante la década del 60 todavía estaba en su apogeo en España (la dictadura se extendió hasta 1975). “Es muy probable que no me hayan podido llevar –dice-, porque también mis tíos debieron exiliarse”. A raíz de esas circunstancias, donde lo familiar y lo político se mezcla, Coste creció en un ambiente humilde junto a primos que fueron como sus hermanos. “Yo era el del medio, el que nunca tiene la culpa –bromea-. Son los únicos con los que tengo relación en España fuera de lo profesional”.

A los 9 años Coste llega a París prácticamente sin hablar castellano ni francés, sino gallego. Y en ese primer tiempo de adaptación empieza a extrañar el río. “En el Sena no se podía pescar”, dice. En la gran ciudad sus padres eran comerciantes de productos mediterráneos como aceitunas, aceite de oliva, dátiles, etc. “Eran cosas importadas de Israel o Marruecos –cuenta-. Ellos armaban el puesto cada día en un mercado diferente de París. Obviamente yo trabajé mucho en eso, era para ganar mi propio dinero, en vez de dármelo me hacían trabajar, sobre todo los fines de semana, hasta los 15 años, que fue cuando empecé a hacer deporte”.

No es de extrañar que a mediados de los 70 un adolescente parisino terminara entusiasmado con el ciclismo, que en ese momento (y aún hoy) era uno de los deportes más populares del país. Pero en el caso de Coste la afición iba bastante más allá de salir a dar una vuelta a la ruta. El hombre competía. “El problema siempre fue mi tamaño –dice-, que sólo era bueno para las subidas, porque era muy ligerito”. Llegó a tener 7 bicicletas al mismo tiempo, cada una preparada para una especialidad, como cross, para la pista, para entrenar o para correr.

Su especialidad eran las competencias de calendario, en las que se compite en varias carreras que suman puntos durante el año. En una oportunidad, su perseverancia le permitió salir tercero en su categoría (Junior, menores de 18 años) en un certamen nacional. Y todo sin haber ganado ninguna carrera. “El secreto no era ganar algunas sino presentarse y sumar puntos en todas. La bicicleta también me permitía salir de la ciudad, hacía unos 120 kilómetros 3 veces a la semana. Y el campo me recordaba a Galicia”. Su abuela Benita, a la que Coste jamás dejó de llamar “Doña”, solía insistirle con una máxima: “A las raíces uno siempre vuelve, siempre vas a volver”.

Si las bicicletas fueron una primera aproximación a la tecnología, el perfil de Coste lo terminó de definir el bachillerato. “Era muy técnico –recuerda-. Si bien me llevaba bien con las lenguas, porque aprendí ingles, el gallego suena muy conocido al portugués y también sabía alemán, en lo que yo tenía problemas era en la redacción. Fue un bachillerato que te abría todas las puertas y te permitía empezar a trabajar de inmediato. Yo empecé como diseñador industrial, para una empresa que construía edificios para los jeques de Arabia Saudita. Me dieron una computadora para hacer cálculos de resistencia de materiales, pero el programa no cerraba con lo que necesitábamos, y como nadie le quería meter mano, yo si”. En una sofisticada oficina de París, Coste diseñó una serie de paredones para contener el viento y la arena del desierto. “Al final nunca fui a ver esos edificios”, dice. Eran los inicios del trabajo deslocalizado y a distancia.

Al principio, en París vivía en los suburbios de las afueras, en el barrio Saint Denis, lo que él llama la “zona caliente”.

Era un ambiente cosmopolita imagino

Sí, árabes, judíos, africanos, hindúes, italianos. Igualmente por esa época también trabajé en un banco en la zona linda de París. Disfrutaba de la ciudad, iba mucho al cine, veía casi todas las películas que salían, tanto que incluso después me llegaban invitaciones para las avant premier.

¿Cuáles te gustaban más?

Bueno, para ir a un café a charlar, las de cine francés, o italiano. Pero una de las que más me impresionó en aquel tiempo fue 2001 odisea del espacio, que para mí es una de las mejores, la tengo muy marcada… bueno también es porque la vi como 15 veces, me había empecinado en que quería entenderla sin leer el libro de Arthur C. Clarke. Además de que me gusta la ciencia ficción, creo que lo que hacemos hoy los que estamos en tecnología de comunicaciones es ciencia ficción, sólo que somos nuestros propios directores.

¿Te gustaba la vida nocturna?

Si, siempre. En ese tiempo trabajaba como fotógrafo para una revista que se llamaba Sono Magazine, les hacía fotos a los disc jockeys. Me lo había propuesto un amigo que organizaba un campeonato de disc jockeys en París. Yo lo único que tenía que hacer era sacarles fotos que después salían publicadas. Eso fue entre 1981 y 1984. No me pagaban mucho, pero eso me permitía entrar gratis a todas las discos. Estudiaba en el turno noche y cuando salía iba a sacar fotos.

¿Ya tenías experiencia como fotógrafo?

Venía gastando mucha película en los viajes de turismo, en un fin de semana podía hacer 300 fotos y revelaba la mitad yo mismo, al costo, en los laboratorios de Sagem, que era la empresa en la que trabajaba durante la mañana, hasta las 12 del mediodía. Ellos tenían laboratorios y nos permitían revelar las fotografías ahí. Hacían mucho para los empleados.

¿Qué hacías en Sagem?

Ellos eran el primer constructor mundial de centrales inerciales, las que van montadas en los aviones Mirage. También, durante mucho tiempo, fueron los principales proveedores de los sistemas Telex de comunicación, que fue la tecnología anterior al fax. Al principio estuve en la ciudad, pero más tarde me cambié de departamento y pasé a estar más que nada en barcos y submarinos militares franceses, para instalar sistemas de ayuda para la navegación. Ahí empecé a pilotear aviones, porque si lo querías Sagem te pagaba la mitad de las horas. Y también con eso empecé a viajar mucho más, tenía que ir a los puertos donde estaban los barcos. Mi idea era ir al sur, me había cansado del gris de la ciudad. Además, me gusta el sol.

¿Cuándo decís el sur, es el sur de Francia?

Si, si, todavía no era tan al sur (por Argentina), ahora se me fue un poco la mano (risas). A fines de los 80 me trasladé a una zona cerca de Cannes que es un polo tecnológico, le llaman el Silicon Valley francés. Ahí trabajé dos años en una empresa muy relacionada con telecomunicaciones, y después en otra en la que desarrollábamos programas para estudios clínicos. Empezamos 4 personas y en 3 años éramos 400, nuestros clientes eran Bayer y ese tipo de laboratorios grandes, a los que les permitíamos ahorrarse 6 meses de comercialización. Ahí rompimos con la estructura de main frames y empezamos a desarrollar todo de forma distribuida, para PC´s. Fue una suerte en varios sentidos. Primero porque era mucho más barato, y además resultó más seguro. Un fin de semana tuvimos un incendio intencional, que destruyó completas nuestras oficinas. Sin embargo, nuestros clientes ni se enteraron. El lunes encontramos un distribuidor que nos vendió 50 PC´s y en menos de dos días teníamos todo armado de nuevo. Por suerte también teníamos copias del soft en otro lugar. De haber desarrollado sobre main frames habríamos tardado meses en rearmar todo. Después me cansé de hacerle creer a la gente que con los medicamentos la estás cuidando. Eso es mentira, y no me gustó. Si quieren pagar por hablar mejor por teléfono está bien, pero la salud es otra cosa.

¿Entonces qué hiciste?

Monté mi propia empresa de desarrollo de software. Eso fue en 1997 en pleno auge de las start ups. Y después la vendí en un montón de plata (unos 200 mil dólares).

¿Y entonces?

Me la gasté toda en un año, en San Francisco California, volando en helicópteros.

¿Pero cómo?

Mientras vivía cerca de Marsella hice un amigo que tenía un helicóptero. Una tarde me llevó a dar una vuelta y me dejó manejar un poco a mí. Cuando nos bajamos lo primero que le pregunté fue “¿dónde firmo yo?”. Me encantó, desde un primer instante supe que eso era lo mío.

¿Pero por qué fuiste a San Francisco?

Porque volar allá es mucho más barato que en Francia. Estuve en una escuela en la que había 36 helicópteros pegaditos uno al lado del otro, volábamos todos los días, parecíamos mosquitos. En esa época, con 40 años, volví a tener vida de estudiante. Vivía en un departamento con 4 pibes (chicos), una finlandesa, 2 franceses y un irlandés, todos chicos de veintipico de años. Dicen que a los 40 hay que cambiar, bueno, yo lo hice. Fue todo por hobby. En el 2000 pasé el examen de piloto comercial y poco después el de piloto comercial instructor. Cuando pasó lo de las torres gemelas tuve que volver a validar todo.

¿Cómo llegaste a Argentina?

En el 2000 me quedé sin plata, y no tenía trabajo, así que empecé a buscar y encontré en Ferma, una compañía que había contratado Telefónica para instalar en Argentina el 110 con reconocimiento de voz. Ahí es donde empieza realmente el mundo de los Call Centers para mí. Y además conocí a una argentina… en la vida uno no sabe cuándo va a encontrar una mujer y enamorarse. También hice buenos amigos, entre ellos Hugo Jaime, que fue quien desarrolló la parte visible de la solución de reconocimiento de voz junto a la empresa Macrotel. Aunque sólo me habían enviado acá (Argentina) por un tiempo, obviamente yo quise quedarme. Pero no todos estaban de acuerdo, hice todo lo posible para quedarme pero no pude, entonces renuncié y volví a Francia. Ahí le llevé a Vocalcom un proyecto para desembarcar en Argentina, pero me dijeron que todavía no, y me propusieron abrir Italia.

¿Cómo lograbas que hagan lo que les proponías?

Mi ventaja es que nunca decía que no a las propuestas. A otros les habían dicho de ir a Italia pero se negaron. Abrimos y me quedé dos años en las oficinas de Milán. Como yo pensé que iba a ir a Roma, y como te dije, me gusta el sol del sur, en realidad vivía junto a mi mujer argentina en Niza y viajaba en auto durante la semana a Milán. Ahí entré de lleno al negocio de los Call Centers, siempre desde mi perfil tecnológico, el mayor contacto lo tenía con los gerentes de esa área, y mi desafío era la cuestión del management.

¿Cómo es llegar a un país y abrir una compañía prácticamente de la nada?

Bueno, uno llega con un nombre, aunque es cierto que hay que hacerlo conocido. El primer objetivo es lo que yo llamo “empezar a flotar”, es decir, dejar de depender de la casa matriz, ser autónomo a nivel financiero. Ahora mi desafío es sacar adelante la operación de Brasil, que la tengo a cargo durante los próximos meses. Brasil es un mercado muy grande, donde todo es como en Argentina pero multiplicado por diez. Además, hago un apoyo a México... estoy viajando cada unos 15 días.

¿Cómo ves el negocio dentro de los próximos años?

Cada vez más remoto y deslocalizado, con un crecimiento constante, esto no va a parar en los próximos 6 o 7 años. En el caso de Argentina su gran ventaja es la similitud cultural que tiene con Europa, es un país muy europeo, con recursos que hablan muy bien inglés, aunque ya corre el riesgo de que se agoten. El otro mercado que veo surgir con mucha fuerza es Colombia, del que creo que Argentina se va a tener que cuidar. Y otra tendencia que veo es que los Call Centers ya no buscan precio, como hace dos o tres años. Ahora buscan servicios, a todo nivel.

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

En esta entrevista el Director General de Vocalcom Argentina, José Antonio Coste, revela que pese a todas las apariencias, no es francés. De una infancia en el iconPrólogo
La proposición general es ésta: Puesto que nada fue, en consecuencia todas las cosas son

En esta entrevista el Director General de Vocalcom Argentina, José Antonio Coste, revela que pese a todas las apariencias, no es francés. De una infancia en el iconEntrevista a José Antonio Baños, autor de El árbol seco

En esta entrevista el Director General de Vocalcom Argentina, José Antonio Coste, revela que pese a todas las apariencias, no es francés. De una infancia en el iconUniversidades de Turín, Sevilla, Manchester, Castilla-La Mancha y...
«de culto», que cruza todas las fronteras. El trabajo narrativo de José Saramago goza desde entonces de una admiración sin límites,...

En esta entrevista el Director General de Vocalcom Argentina, José Antonio Coste, revela que pese a todas las apariencias, no es francés. De una infancia en el iconEs una de las mayores reservas subterráneas del mundo. Está en una...

En esta entrevista el Director General de Vocalcom Argentina, José Antonio Coste, revela que pese a todas las apariencias, no es francés. De una infancia en el iconEl ridículo en que por desdicha ha incurrido sin desearlo el director...

En esta entrevista el Director General de Vocalcom Argentina, José Antonio Coste, revela que pese a todas las apariencias, no es francés. De una infancia en el iconJaneth Villavicencio Gamboa
«de culto», que cruza todas las fronteras. El trabajo narrativo de José Saramago goza desde entonces de una admiración sin límites,...

En esta entrevista el Director General de Vocalcom Argentina, José Antonio Coste, revela que pese a todas las apariencias, no es francés. De una infancia en el iconResumen En este trabajo nos interesa desarrollar dos percepciones...

En esta entrevista el Director General de Vocalcom Argentina, José Antonio Coste, revela que pese a todas las apariencias, no es francés. De una infancia en el iconLeonardo padura adiós hemingway esta novela, como las ya venidas...
«Las Cuatro Esta­ciones», de la cuaL también forman parte Pasado per­fecto, Vientos de cuaresma y Máscaras, escritas y publi­cadas...

En esta entrevista el Director General de Vocalcom Argentina, José Antonio Coste, revela que pese a todas las apariencias, no es francés. De una infancia en el iconRevela la estrecha relación de ésta con la

En esta entrevista el Director General de Vocalcom Argentina, José Antonio Coste, revela que pese a todas las apariencias, no es francés. De una infancia en el iconEn el libro “El Origen de la Vida” inicialmente se le da una perspectiva...






© 2015
contactos
l.exam-10.com