Este trabajo lo hice por amor y ad honoris, pero mi actividad profesional es esa soy traductor, generalmente de textos técnicos y comerciales en todos los sectores, si a alguien le interesa, por favor hagan contacto, muchas gracias por su atención y hasta siempre, Pedro Ortiz






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títuloEste trabajo lo hice por amor y ad honoris, pero mi actividad profesional es esa soy traductor, generalmente de textos técnicos y comerciales en todos los sectores, si a alguien le interesa, por favor hagan contacto, muchas gracias por su atención y hasta siempre, Pedro Ortiz
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LOS APUNTES BÁSICOS
Los tres primeros días de apuntes

Me desperté más tarde que lo de costumbre en Arret y Syndi no estaba en su cama ni en el baño. Al llegar al comedor, todos me esperaban para el desayuno y cuando terminamos fuimos a la sala de música. Salino me pasó en detalles la planificación de los paseos y visitas previstos para las tres próximas semanas y después, Tentra dijo que, al igual que Syndi, Vércia también nos acompañaría durante casi toda aquella programación. Enseguida salimos con el Canarito para empezar la primera etapa de las observaciones sobre la actualidad arretiana.

Visitamos cuatro escuelas donde daban cursos de información para alumnos que tenían entre 7 a 14 años, también disponibles a personas mayores que se interesarán por ellos, o por algunas de sus materias. Aún siendo una observación superficial, las visitas duraron todo el día, pues estaba muy curioso con todo lo que veía, además de conversar bastante con los alumnos y profesores. Conocí el tipo de escuela con la cual soñé desde mi infancia y, a pesar de satisfecho con las informaciones que obtuve, estaba ansioso por la visita de la mañana siguiente al CET, el Centro de Estudios Tecnológicos, donde se realizaban investigaciones avanzadas y se daban cursos de elevada especialización.

Llegamos a casa en el ocaso, después de un vuelo panorámico sobre Agartha, que era muy bonita, colorida y arbolada. Tentra me preguntó si yo quería conocer uno de los teatros que sobrevolamos y le respondí que quería ir a uno que quedaba en la zona central. Ella me dijo que Vércia y Syndi me iban a acompañar, pues iba a visitar a algunos amigos junto con Salino. A través del equipo de audio y video, Vércia verificó que el teatro presentaba un espectáculo musical.

Tentra y Salino se fueron a preparar la comida y nosotros nos fuimos a charlar al hall. Había un grupo de músicos en el bulevar central de la avenida, casi enfrente a nuestra casa. Como me puse curioso, las dos me llevaron hasta el lugar donde unos 30 niños, de siete a 10 años, daban un verdadero concierto para una platea compuesta por varias decenas adultos, jóvenes y otros niños de las cercanías.

El grupo ejecutaba piezas bellísimas con instrumentos parecidos a los nuestros, con mucho virtuosismo, sin el comando del maestro y sin partituras. Mis amigas dijeron que aquel tipo de presentación era muy común en el planeta y que el espectáculo que veríamos, era producido y ejecutado por grandes músicos, alguno de los cuales fueron maestros en planetas como la Tierra. Después de la cena, Tentra y Salino salieron y nosotros nos fuimos al teatro utilizando la cabina de teletransporte.

Entramos sin pagar, como era la costumbre, y luego anunciaron a un ciudadano de Agartha para hacer una conferencia sobre la meditación. El desarrolló su tema con tamaña distinción que, durante los 20 minutos que habló, todos lo oyeron con mucha concentración e interés. Al final, todos se levantaron e hicieron reverencia juntando las manos, apoyadas en el pecho. El ambiente luego fue tomado por un suave perfume durante algunos minutos. Tan luego el orador se acomodó en la platea, unos 100 músicos se acomodaron en sus lugares y empezaron a tocar.

El solista se sentó delante de un gran piano de cola, ubicado en primer plano y en un nivel más bajo que las cuatro hileras de músicos en forma de semicírculo, cada una más elevada que la otra. No había maestro, ni partituras y los instrumentos se parecían a los de nuestras orquestas sinfónicas. Las músicas eran maravillosas, parecidas con nuestras sinfonías clásicas. Daba la impresión de que el sonido venía de todos lados, como si estuviésemos en el centro de la orquesta.

La presentación terminó a las 10 horas, después que ejecutaron varias piezas, con pequeños intervalos entre algunas de ellas. Cuando entramos en casa, oímos dos bips y Vércia nos llevó hasta la sala de música, pues había recado en el equipo de audio y video. Tras un comando de voz apareció la imagen de Tentra ofreciendo informaciones sobre las visitas del día siguiente. Tomamos un jugo de frutas, charlamos un poco más y también nos fuimos a dormir.

Durante el descanso matinal Salino dijo que el CET se encontraba a unos 10.000 km de Agartha, que lo frecuentaban alumnos de todo el planeta y que allá se reunían grandes inteligencias científicas actuando como investigadores y profesores. Además de ser una escuela de formación avanzada, el lugar también centralizaba todas las investigaciones realizadas en Arret, desde las más simple, hasta complejos proyectos de naves intergalácticas. Mientras él hablaba pensé en el tiempo que demoraría el viaje para llegar hasta allá. Inmediatamente él dijo que, en el Canarito, que era un vehículo lento, el viaje tardaría unos 10 minutos. Sin embargo, saldríamos con una hora de antelación, para que yo pudiese tener una vista general de dos continentes y de algunas islas.

Tan luego embarcamos, la pequeña nave subió unos 5.000 m y empezó a desplazarse sobre la isla de Agartha. Después, subió un poco más y aceleró sobre un gran océano. Su visión quedó sin foco, tan grande era la velocidad, cerca de 60.000 kph. Sin que se sintiera la aceleración o desaceleración, el Canarito se desplazaba lentamente sobre los lugares que Salino quería mostrarme. Sobrevolamos el CET lentamente y posamos en un lugar donde nos esperaban Sulio, el rector, y tres de sus colaboradores.

Él nos llevó a su despacho e hizo una explanación general sobre los sectores de enseñanza, investigación y desarrollo de proyectos. El CET tenía el mismo tamaño de la ciudad de Agartha y en él vivía, entre alumnos, investigadores y profesores, una población fija de 80 a 100.000 personas. Otro tanto lo formaba una población flotante de alumnos que residían en diversos lugares del planeta. El lugar tenía muchos edificios de diversos formatos, con hasta tres pisos. Al final, le pidió a Walber, el coordinador del sector de investigaciones, que nos acompañara durante la visita. Conocí complejos laboratorios de enseñanza y sectores de evaluación y de desarrollo de proyectos, donde conversamos mucho con profesores y alumnos.

Ellos conocían mis deficiencias técnicas y empleaban un lenguaje muy accesible y fácil de comprender. Walber, uno de los científicos más renombrados de Arret, captaba mis dificultades y me ayudaba haciendo comparaciones con términos o cosas comunes de la Tierra, que él conocía muy bien. Tenía informaciones sobre investigaciones y desarrollos tecnológicos aún desconocidos por las personas en general. Según lo dijo él, eran adelantos que estaban en sus etapas iniciales y que aún estaban sujetos a muchos perfeccionamientos. Almorzamos allí y después respondieron a algunas preguntas que les hice.

En el viaje de regreso, Tentra dijo que pasaríamos el resto de la tarde en el balneario público de Agartha y por la noche, nos iríamos a cenar a la casa de Antak. Enseguida empezamos a sobrevolar el lugar y, tras las explicaciones de Salino sobre los aparejos que habían allí, posamos en un amplio estacionamiento. El balneario estaba ubicado en una zona ligeramente accidentada de los arrabales y era dividido por un río, en el cual desaguan tres arroyos que bajaban de las colinas linderas, formando diversas cascadas y piscinas naturales de varios tamaños. Con un área de unos 6 km², era un maravilloso centro de deportes y entretenimiento, con varios aparejos naturales y artificiales.

Entre las varias modalidades deportivas, predominaban las acuáticas, como la natación, el buceo, el piragüismo y un tipo de “jet-ski”, que tanto se desplazaba en la superficie como bajo el agua. También había otras actividades de entretenimiento, como fliperamas, caminadas, cama elástica, sube y baja y hamacas. Tal como ya lo había visto en las clases que tuve en la SOL-4, no se practicaban el fútbol ni otros deportes de competición. Ese lugar lo frecuentaban millares de personas y tuvimos la oportunidad de hablar con varias de ellas, todas muy amables y felices.

Al atardecer nos encaminamos hacia la casa de Antak y Tali. Era un poco menor que la nuestra, con una habitación a menos, pues sus hijos estaban casados y vivían en otros continentes. Otento y Sathya llegaron y empezaron a hablar sobre todo lo que ocurrió desde el desembarque. Después de cenar, Tali nos invitó a ver un documental sobre la gran transición ocurrida a siete siglos atrás. Me encantó a la invitación, pues además de conocer un cine, tendría una noción de los probables sucesos previstos para nuestro planeta.

Llegamos a tiempo de oír la habitual disertación antes de cualquier espectáculo. Los arretianos frecuentan esos lugares, principalmente para confraternizar y oír la disertación, más que para ver la película propiamente dicha, pues pueden verlas en sus casas, en cualquier día u hora, de forma completa o resumidamente. Enseguida oímos el anuncio de la conferencista y del tema de la noche: La Justicia Divina. La conferencista, muy renombrada entre los arretianos, era Talita, la Ministra de la Educación. Durante la casi media hora que habló, la platea se quedó en profundo silencio, como si todos estuviesen viendo las imágenes de aquello que ella decía. Al finalizar, hicieron la habitual reverencia y Talita se acomodó en la platea. Aquel día no ocurrió ningún fenómeno que yo pudiera percibir.

El salón no quedaba totalmente oscuro y las imágenes, en tres dimensiones, surgían en una gran pantalla cóncavas con unos 7 metros de altura y casi el triple de largo. No eran proyectadas y parecían vivas y reales. Se podía sentir los olores, el frío o calor, transmitiendo una asustadora idea de realidad, especialmente por el tema del documental. Las imágenes eran muy fuertes y, si todo aquello ocurriese en la Tierra, las previsiones apocalípticas se realizarían completamente.

Cuando llegamos, Tentra dijo que podríamos dormir hasta un poco más tarde, pues saldríamos a las nueve para visitar un parque público de Agartha. Ya en nuestras camas, converse con Syndi sobre la película que me impresionó mucho. Después, le pedí que me hablara sobre su “alma gemela” que vivía en la Tierra y sobre Olintho, el probable personaje central de la profecía del "Hombre del Caballo Blanco".

Ella dijo que no se trataba de su “alma gemela” y sí de un amigo de gran afinidad. Sostuvo que ese concepto exigía un nivel de evolución más elevado aún que el de ellos y, sin dar más detalles, dijo que la verdadera alma gemela era la contraparte divina que vivía en nuestros corazones. Dijo que había pasado las dos últimas vidas como su esposa y que la decisión de no casarse, no se dio en función de que él estuviera viviendo en la tierra, pero por la necesidad que todo espíritu tiene de pasar por determinadas experiencias en algunas de sus vidas, sin la compañía de un par solidario.

Dijo que, en las dos ocasiones que formaron una pareja se ayudaron a conquistar objetivos comunes y tal como Tentra y Salino, tuvieron el mismo oficio. Dijo que, en vidas anteriores, también fue esposa de Salino, que Tentra fue su hermana y Vércia, su madre. Esa era la razón principal de la gran afinidad y unión que había entre ellos. Después habló sobre Olintho, enfocando su carácter acendrado y su manera de actuar rígida y justa en momentos críticos, o extremamente amable y paternal en otros. Dijo que, según los niveles de la jerarquía divina que por lo común se aceptan en la Tierra, Olintho era un Arcángel y, como tal, dotado de muchos poderes.

Sostuvo que su línea de evolución estaba centrada en el aspecto “Justicia” de la divinidad, el cual conocía profundamente y era un intransigente defensor y aplicador. Según ella, si el Padre Celestial colocase a Olintho en la presidencia del Brasil, él cambiaría muchas cosas. Su gobierno sería dedicado a los intereses legítimos y al progreso del pueblo como un todo, buscando al máximo reducir las desigualdades sociales.

Después, me preguntó sobre lo que más me gustaría conversar. Yo le dije que había un tema que no constaba de la planificación presentada por Salino y que también no sabía si sería tratado posteriormente o si debería o no formar parte del libro. Antes de otras informaciones, ella dijo que percibió el asunto y que podría hablar un poco sobre eso. Declaró que era un tema muy complejo y que necesitaría de muchas obras para exponer una idea que fuese clara y accesible a la mentalidad terrestre, constituida de un otro modo de pensar, de sentir y de actuar.

Después, habló por más de media hora sobre la relación amorosa, cuando me aclaró varias dudas sobre la clase que tuve en la SOL-4 y me dejó con otras, tal como ella lo había previsto. Su opinión era que el tema debía ser tratado en el libro, por su importancia para la mentalidad terrestre y prometió ofrecer más detalles en otra charla, pues era un asunto natural para los arretianos, a medida en que era parte de la creación divina, como un eslabón de unión entre dos seres, medio de reproducción y de evolución de la humanidad.

Aquella mañana conoceríamos otro lugar de esparcimiento, denominado como Parque del Encuentro. Antes de proseguir, hay que aclarar que los arretianos le daban nombre a todo lo que les servía o a lo que utilizaban. Los nombres eran siempre asociados a seres, cosas conocidas, objetivos o forma de utilización. Aquel parque era un lugar de encuentros y allá las personas paseaban, descansaban y principalmente, conversaban. Con un área superior a 8 km², era más grande que el balneario que habíamos visitado el día anterior. Tenía algunos lagos y muchos senderos y rincones para descanso, en medio a una abundante vegetación. En varios puntos estratégicos, había construcciones de planta baja con salas de música y de reuniones para grupos de seis a 48 personas, además de auditorios con 100 a 150 butacas.

En ellos siempre había alguien hablando sobre los aspectos de la Ley Divina para unos espectadores muy atentos. Las disertaciones duraban unos 15 minutos y el orador, tras terminar el Tema daba una oportunidad para discusiones, lo que estimulaba al público, pues había siempre alguien que presentaba otro enfoque sobre el asunto anterior o desarrollaba un nuevo tema. El objetivo del parque no era "andar para conocer" y sí "parar para meditar, conversar e incrementar las relaciones”. Había docenas de grupos en animadas charlas y también personas solitarias y parejas en meditación. Además de conocer una buena parte de aquel lugar, conversamos bastante con varios amigos de mis anfitriones.

Ya en casa, hablamos sobre la visita de la tarde a una ciudad en construcción, bautizada como Lirio del Valle y proyectada para abrigar a 12.000 habitantes dedicados a la agricultura. Cuando Tentra fue a preparar la comida, Syndi dijo que ella y Vércia almorzarían en su casa, pues sus padres habían regresado del viaje y ellas no nos acompañarían en la programación de la tarde, pues visitarían a dos amigas que encontraron en el parque.

Cuando llegamos, Salino sobrevoló el lugar, nos dio algunas explicaciones y posó al lado de dos naves idénticas a la SOL-4. Ellas servían de apoyo al personal del cantero de obras y se las utilizaba como oficina, restaurante y residencia para una buena parte de ellos. Fuimos recibidos por Kalleb y su esposa Shamma, la pareja responsable de la ejecución del proyecto. Ellos nos llevaron al interior de la nave e hicieron una exposición del proyecto, utilizando complejos recursos de holografía. Me sorprendió el saber que, a pesar de que poco más de la mitad de la programación estaba terminada, en menos de 150 días la ciudad estaría en condiciones de recibir a sus nuevos habitantes.

Acompañamos el montaje de algunas casas, de sus jardines, y de la construcción de piscinas y varios otros detalles. Hablé con muchos “operarios” y comprobé que, además de ser muy cultos, estaban satisfechos con el trabajo que realizaban. Tenían varios niveles de especialización y muchos ejecutaron funciones más “nobles” en los años anteriores. Algunos fueron profesores en centros de enseñanza, como el CET y, en aquel momento, por decisión personal, trabajaban como “operarios” de la construcción civil.

Los servicios pesados eran ejecutados por naves espaciales que reemplazaban, con grandes ventajas, a nuestros tractores, guinches y otras máquinas. Los hombres y mujeres que trabajaban allá, la mayoría parejas, ejecutaban diversos trabajos, desde la operación de las máquinas, hasta los detalles de acabado de las viviendas, incluyendo su decoración. Algunos robots los ayudaban y todo era muy bien hecho y rápido.

A pesar de estar construyendo una ciudad, ellos encaraban aquel trabajo como una gran diversión, pues parecía que estaban montando un campamento de fin de semana. Nuestra visita se alargó hasta el anochecer, pues nos quedamos tomando baño de piscina y charlando sobre la nueva ciudad y algunos detalles de sus vidas con Kalleb, Shamma y un grupo de “operarios”. Cenamos allí mismo y después nos volvimos a casa Vércia nos esperaba con una invitación para una pieza teatral humorística. Syndi pasaría la noche con sus padres y volvería para el desayuno. Llegamos al teatro cuando estaban anunciando al orador de la noche y su tema era la felicidad, en sincronía con la pieza que iban a presentar, cuyo enredo era simple y divertido. Involucraba una familia de cuatro miembros y un robot que ejecutaba algunos servicios domésticos y cuidaba de dos niños. Él tenía un defecto que interfería en su programación y causaba muchas confusiones. En dos momentos los actores detuvieron la escena hasta que el público parase de reír. Las situaciones no eran tan divertidas, pero los arretianos se reían por cualquier cosa. Muchos se reían de las carcajadas de los demás.

Aquella noche me di cuenta de cómo los arretianos eran un pueblo relajado y feliz, se parecen a nuestros niños que se mueren de risa con las niñerías, líos y tonterías de los payasos en un circo. Volvimos a casa y enseguida nos fuimos a dormir, pues según lo dijo Tentra, el día siguiente sería muy ajetreado. Conoceríamos una ciudad al inicio de sus obras de construcción y otra que ya estaba casi pronta para ser habitada.

Tan luego me acosté, empecé a pensar en todo lo que había ocurrido desde mi encuentro con Oatas y llegué hasta la imagen que Antak me mostró en la SOL-4, cuando vi a mi cuerpo original y el de mi esposa durmiendo. Esta imagen me hizo pensar en mi familia y sentir nostalgia de ella, y como no había posibilidad de contacto, sentí algo extraño una mezcla de soledad, miedo y separación, empezó a embargar mi corazón. Yo me veía sólo en aquella habitación, en otro planeta, a centenas de años luz de la Tierra me parecía que había muerto y no volvería más a mi cuerpo original y a ver a mis familiares.

En mis 26 años de casado, dormí pocas noches fuera de mi casa y nunca me quedé sin contacto telefónico con mi familia, o sin saber cómo entrar en contacto o verla nuevamente. Pensé en las diversas situaciones que acometen a los espíritus tras la muerte y me encuadré en algunas de ellas. Después, pasé a analizar fríamente la situación en que estaba, llegué a la conclusión de que estaba vivo y que mis familiares seguían durmiendo en la misma noche en que todo empezó. Entendí también los motivos de Tentra al colocar a Syndi en aquella habitación y que todo era parte de un plan que establecieron para evitar situaciones como aquella y facilitar mi estadía en el planeta. Enseguida me dormí.
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