Este trabajo lo hice por amor y ad honoris, pero mi actividad profesional es esa soy traductor, generalmente de textos técnicos y comerciales en todos los sectores, si a alguien le interesa, por favor hagan contacto, muchas gracias por su atención y hasta siempre, Pedro Ortiz






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títuloEste trabajo lo hice por amor y ad honoris, pero mi actividad profesional es esa soy traductor, generalmente de textos técnicos y comerciales en todos los sectores, si a alguien le interesa, por favor hagan contacto, muchas gracias por su atención y hasta siempre, Pedro Ortiz
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LA PARTIDA DEL SISTEMA SOLAR
Al terminar la clase, Antak le pidió a Tentra que hablara sobre viaje a Arret y me perdí de su charla divagando por algunos momentos, pensando en los motivos de todo el trabajo que tenían conmigo. Además de aquello que ella estaba haciendo, cuyo objetivo era tranquilizarme, los demás ya hacía tres días que estaba a mi disposición, pues yo no había percibido ninguna otra actividad especial en la SOL-4. Tentra captó esas divagaciones me pidió que le prestara atención a su charla, pues no quería que yo estuviera inseguro o preocupado con algo que pudiese ocurrir fuera de lo normal y lo interpretase de manera equivocada. Después de decir que más tarde conversaría conmigo, prosiguió su exposición.

Ella dijo que a las tres de la mañana la nave entraría en un tipo de túnel del tiempo, portal o “xendra”, como algunos le decían en la Tierra. El proceso sería controlado por el SINE y el viaje, de centenas de años luz, ocurriría en un tiempo muy corto, pues a las cinco la SOL-4 ya estaría estabilizada y en órbita alta con respecto a la superficie arretiana. Durante esas dos horas yo debería permanecer en mi cama con la bóveda cerrada, para no despertarme con dolor de cabeza o con náuseas. Me pidió que no tomara líquidos después de la cena y que orinara antes de acostarme, pues de las tres hasta las cinco, la bóveda no se abriría a mi comando y estaría bloqueada por el SINE, para mi total seguridad.

Tras la explicación, Antak dijo que él, Tali, Otento y Salino tomarían las medidas necesarias para el viaje y combinaron que nos encontraríamos en el restaurante, a la hora de la cena. Al salir, bromeó diciendo que iban a trabajar mientras nosotros nos divertíamos en la Sala de Aguas. En el camino, mientras Oatas y Sathya charlaban más adelante, le pedí disculpas a Tentra por mis divagaciones y ella me dijo que el pueblo arretiano no sabía lo que era pedir disculpas, pues allá nadie se ofendía. Me aclaró que hizo la observación sólo para que yo no perdiera ningún detalle importante, como el bloqueo de la bóveda de la cama.

Repitió que íbamos a conversar sobre mis divagaciones después de algunos chapuzones y me preguntó si yo estaba de acuerdo en tomar baño al natural, pues quería saber si yo ya estaba preparado para encarar esa situación muy común para su pueblo, a pesar de no ser común y llena de prejuicios y malicias en la Tierra. Le respondí que todavía me sentía avergonzado y sin saber cómo comportarme, pero que me gustaría intentarlo y haría un esfuerzo para no decepcionarla. Ella me estimuló y dijo que me iría bien en esa última etapa del entrenamiento, en el cual había recibido buenas notas hasta ese momento.

No entendí exactamente lo que ella quiso decir con eso, pero no tuve tiempo de hacer preguntas, pues ya estamos llegando a la Sala de Aguas. Tentra le contó la novedad a Oatas y Sathya, que se pusieron contentos con la noticia y ellos me estimularon a actuar naturalmente, como era común entre los niños terrestres. En el vestuario, le pedí a Oatas que me vigilara y "me diera un tirón de orejas" si fuese necesario. Él se río y me dijo que no necesitaría vigilarme, pero estaba impaciente por verme en el ambiente de la piscina. Tan luego nos desnudamos, me pidió para ignorar el hecho y dijo que todo saldría lo más bien.

Cuando entramos, Sathya nadaba sumergida y Tentra estaba de pie bajo la cascada. No pude ignorarla, pues en cuanto me vio, me pidió que la esperara en el borde de la piscina y se sumergió. Me tiré inmediatamente al agua y los pocos segundos que ella tardó me parecieron minutos, pues en ese tiempo hubo una lucha entre la parte de mis pensamientos que insistía en observarla y la otra que reprochaba el procedimiento.

Al llegar, se puso de pie y me preguntó cómo me sentía. Le dije que estaba avergonzado, porque no había conseguido dejar de mirarla. Ella se rió y me dijo que no me preocupara y, si tuviese ganas de mirar, que no luchase contra ese pensamiento, como lo estaba haciendo en aquel momento. Me dijo que no lo tomaría como un des respeto por mirarla y me aseguró que en seguida yo me acostumbraría, pues la curiosidad inicial se transformaría en un hecho común y corriente. Tentra se alejó un poco y me dijo que la mirara tranquilamente, hasta que me diera cuenta que ella era igual a todas las mujeres sin nada de especial o digno de ser notado.

Después, volvió a preguntarme cómo me sentía. Le respondí que, en aquella circunstancia, no había ninguna razón para sentirme mal, pues ella era una persona a quien quería y respetaba mucho, como a una amorosa y paciente profesora, que estaba allí para enseñarme una difícil lección, del modo más fácil para aprenderla. Le dije que sentía la necesidad de aprenderla para continuar el maravilloso curso que me estaban ofreciendo, con un empeño y dedicación que yo nunca había visto en la Tierra.

Cuando me callé, vi lágrimas en sus ojos y pensé que había hecho o dicho algo errado. Inmediatamente ella me dijo que sus lágrimas eran de emoción y de felicidad por lo que yo estaba sintiendo y diciendo. Dijo que los arretianos eran muy emotivos y lloraban fácilmente en situaciones como aquella. Después me invitó a zambullirme y sólo entonces me di cuenta que Oatas y Sathya estaban a nuestro lado, sonriendo y haciendo gestos de aprobación. Nos divertimos mucho y durante ese tiempo mis sensaciones iniciales desaparecieron. Más tarde, Tentra me llamó para charlar fuera de la piscina.

Tan luego nos sentamos, ella me dijo que aquello que estaba haciendo les daba una gran satisfacción a ellos y que cualquier arretiano haría algo semejante, aunque no hubiese un motivo claro o específico. Me dijo que el libro o los libros, junto con otros ya publicados o que se van a publicar en los próximos años, ayudarán a que muchas personas piensen y sueñen con un mundo mejor, más fraterno y feliz, basado en el servicio impersonal y desinteresado de recompensas materiales.

Sostuvo que el conjunto de esos pensamientos y de esos sueños van a acelerar el proceso cósmico y ayudará a transformar el modo de vida terrestre en algo parecido con aquello que vi y tendría la oportunidad de confirmar durante las observaciones hechas en Arret. Tentra estaba absorta en sus pensamientos, pareciendo observar algo que yo no veía y me dijo que, más allá del hecho de estar haciendo algo por nuestra humanidad, lo estaban haciendo también por ellos mismos.

Subrayó que era únicamente el servicio desinteresado lo que impulsaba el Ser a las etapas más avanzadas en la senda de la evolución y dijo que, si yo escribiera el libro, debería hacerlo sin esperar reconocimientos y recompensas materiales. También debería prepararme para recibir más críticas que alabanzas, pues la mayoría de la humanidad terrestre no entendería el mensaje central y no tenía interés en cambiar su actual modo de vida.

Enseguida, me preguntó si yo ya había pensado en ese punto de vista. Respondí que sí y que nunca había pensado en escribir el libro para ganar dinero y que las críticas también no serían novedades, pues yo sería tan sólo uno más entre los miles que ya pasaron por eso. Me dijo que estaba satisfecha con mi modo de pensar y que ella y los demás me ayudarían en todo lo que fuera posible, para que yo recogiese más rosas que espinas.

Oatas y Sathya salieron del agua y se sentaron con nosotros. A pesar de no haber oído nuestra charla, afianzaron todos lo que Tentra había dicho. Al final, él dijo que pasé en las pruebas y que, de allí en adelante, las cosas serían más fáciles para mí. Enseguida, dijo que ya era hora de irnos al restaurante, y por eso, decidí no hacer preguntas sobre las pruebas.

Nos recibieron con aplausos, abrazos, felicitaciones y los mismos incentivos que había oído. Les dije que yo estaba sintiendo que había sido sometido a un examen real y si no fuese aprobado, no habría un viaje a Arret. Antak corroboró mis sospechas y me dijo que los tres días de entrenamiento tenían esa finalidad. Comentó que no me había dicho nada sobre eso para no perjudicar mi aprendizaje sobre su pueblo y el proceso de asimilación de las nuevas reglas de comportamiento social.

Aliviado con la noticia, le di gracias a todos por el cariño y la paciencia que tuvieron conmigo. Después, Tali nos invitó a hacer un brindis, tras el cual tomaríamos una comida ligera. Mientras nos encaminamos a la Sala del Huerto, le pregunté a Antak si él sabía algo al respecto de mi cuerpo original. Me dijo que mi cuerpo dormía un sueño tranquilo y que sus funciones vitales estaban siendo controladas por una cápsula estacionada sobre mi habitación, la cual enviaba las informaciones a una de las naves del comando de la flota de apoyo a la Tierra y ésta la retransmitía al ordenador de la SOL-4.

Después de decirles a los demás que luego los encontraríamos, entramos en una sala de entrenamiento. Antak pulsó una tecla, dijo algunos comandos de voz y luego la pantalla se iluminó con una imagen distante de la Tierra. Su tamaño fue aumentando hasta que vi mi casa, mi cuerpo y el de mi esposa, ambos durmiendo. Vi que el reloj marcaba las 12:15 de la noche.

Me impresionó el hecho de estar en la nave hace casi tres días y el reloj haber avanzado tan sólo 10 minutos. Inmediatamente me acordé de mi primera charla con Oatas y de los cálculos que hice. Antak leyó mi pensamiento y me dijo que dentro de unas dos horas terrestres estaría de vuelta en aquel cuerpo y me pidió que me quedara tranquilo, pues lo estaban cuidando muy bien. Me dijo que durante mi permanencia en Arret no tendría condiciones de verlo en tiempo real y me preguntó si estaba satisfecho. Ante la respuesta afirmativa, se apagó la pantalla y nos fuimos al encuentro de nuestros amigos.

La charla fue muy animada, hablamos sobre la llegada al planeta y el comienzo de las observaciones que yo debería hacer. El desembarque sería en Agartha, su capital, en un día equivalente a un lunes, después del desayuno. Al comienzo de la tarde nos iríamos a la sede del gobierno central, donde habría una reunión con Arcthuro.

Al día siguiente empezaríamos las observaciones básicas y el análisis de los datos, previstos para las tres primeras semanas. Después habría otra reunión con Arcthuro, en la cual serían definidas las etapas siguientes y el día de mi regreso a la Tierra.

Más tarde, una información de Antak me sorprendió. Me dijo que el trabajo de Oatas había finalizado con gran mérito y que él volvería a formar parte de la espiritualidad marciana. Dijo que Tentra y Salino serían mis guías en Arret, junto con otras personas que conocería allá.

Le pregunté por qué dijo que se iría, si había dicho que sería mi guía durante el viaje. El mismo Oatas me contestó diciendo que así lo hizo porque yo no estaba preparado para comprender y aceptar otra alternativa. Si me hubiese dicho que serían Tentra y Salino, a quienes yo todavía no conocía, podría dejarme inseguro y perjudicar el plan que habían trazado. Dijo que no me engañó y que estaría siempre conmigo, pues su pensamiento jamás me abandonaría. Dijo que aquel fue el mejor modo que encontraron para ponerse en contacto conmigo y me preguntó si yo actuaría de otra manera ante aquella situación.

Le dije que estaba totalmente de acuerdo con sus justificativas y recordé que él ya había hecho mucho por mí desde nuestro primer contacto en 1978. Le dije también que él siempre tendrá un lugar muy especial en mi corazón, pues nunca lo olvidaría. Oatas bromeó diciendo que, en aquella ocasión, casi reveló el sistema de sustentación y de propulsión de las naves marcianas, de tan grande que era mi insistencia y la de un amigo, Luiz Duarte. Aprovechando el momento, Tentra me preguntó si yo aceptaba que ella y Salino fuesen mis nuevos guías. Del mismo modo, le dije que la pregunta no merecía respuesta y les agradecí a todos, enumerando algunas de las cosas que hicieron por mí.

Después, Tentra recordó algunos detalles del viaje y dijo que, si yo tenía algún recelo, por no contar más con Oatas, colocarían una cama extra y yo podría dormir en la habitación de ellos. Agradecí la oferta y le aseguré que no sería necesario. Dije que el bloqueo de la bóveda no sería ningún problema, pues no era mi costumbre despertarme por las noches, a no ser para orinar y, de ser así, lo haría en la propia cama, a menos que eso provocara un cortocircuito. Ellos se rieron y Salino dijo que eso era lo mejor que podía hacer, pues no había ese riesgo.

Como ya se acercaba la hora de recogernos, lo acompañamos a Oatas hasta la sala donde recibimos nuestros cuerpos al llegar a la nave. Nos abrazamos durante un buen rato al despedirnos y él aprovechó para hacer algunas recomendaciones y para prever varias cosas que podrían ocurrir en los días, meses y años siguientes.

Cuando él se acostó y cerró la bóveda de la cama y sus ojos, entendí cómo funcionaba la muerte en los mundos más evolucionados, donde la trataban como un hecho muy natural y no tenía la menor semejanza con aquello que ocurría en la Tierra. Tentra y Salino me acompañaron hasta mi habitación y ella repitió su propuesta anterior. Volví a decirle que estaba tranquilo y que no quería cambiar el plan que habían establecido. Tan luego se fueron, me tomé una ducha, me acosté y me quedé algunos minutos pensando en Oatas, en los días que pasamos juntos y en todo lo que él predijo que ocurriría.

EL PRIMER DÍA EN ARRET
El desembarque y los primeros contactos

Cuando me desperté, la pantalla del equipo de audio y video mostraba una imagen semejante a la de la Tierra. Entre nubes y una atmósfera azulada, aparecían océanos, islas y continentes con distribución y formas distintas. Fue en ese momento que me di cuenta que estábamos en Arret. Me quedé unos 10 minutos observando y pude notar que la nave completó una vuelta alrededor del planeta. Tomé el baño más rápido de mi vida, me vestí y me fui al restaurante pensando en Oatas y dónde estaría su espíritu en aquel momento.

Durante el desayuno ellos notaron mi ansiedad para desembarcar, a pesar de toda la cantidad de informaciones que recibí sobre el planeta. Tentra bromeó diciendo que yo parecía un niño en vísperas de recibir el regalo de papa Noel y que eso era muy bueno. Cuando terminamos, fuimos a la cabina de mando para acompañar los detalles de la entrada en la atmósfera y del aterrizaje.

Ocupamos la mesa de reuniones y nos quedamos esperando a Antak que, hablaba con alguien cuya imagen aparecía en la pantalla que había delante de él. Luego él se junto a nosotros y me pidió que observara el exterior de la nave, pues entraría gradualmente en la atmósfera, en órbitas en espiral, permitiendo una visión general de los continentes, mares, islas y de algunas ciudades especialmente la de Agartha. Enseguida, la SOL-4 empezó a aproximarse del planeta en posición vertical con la cabina de mando mirando hacia él.

Yo casi no parpadeaba para no perder ningún detalle de aquella operación tan especial que estaban realizando. Durante casi una hora me quedé observando y oyendo explicaciones sobre los más distintos accidentes geográficos, hasta que nos detuvimos sobre la gran isla de Agartha. A medida que nos aproximábamos del suelo, quedaba muy evidente el tránsito de algunas naves y diversos detalles de la ciudad. Cuando llegó a unos 1000 m del suelo, la SOL-4 volvió a su posición horizontal y luego estacionó.

Durante el tiempo que la nave permaneció en posición vertical y cuando cambió de posición, no hubo ningún cambio de sensaciones o cualquier desconfort. Parecía que la SOL-4 tenía una gravedad propia, a medida que nada caía de las mesas o de cualquier otro lugar. No hubo tiempo para hacer preguntas al respecto, pues Antak dijo que los vehículos de ellos ya estaban a camino y nos invitó a desembarcar.

Tan luego puse los pies en el suelo arretiano, tuve una idea real de las dimensiones de la SOL-4. Era como un habano gordo y dorado, casi llegando al cobre brillante. Ella quedaba suspensa a 1 m del suelo y no tenía tren de poso o algo parecido. Luego me llamaron la atención las tres pequeñas naves allí estacionadas, todas del mismo tipo y modelo, con colores y pinturas metálicas distintas. Eran vehículos del tipo 7 y, como no vi ningún “conductor”, pregunte quién los había traído. Salino me respondió que fue el piloto automático de los vehículos, obedeciendo a un comando emitido por el SINE. Yo ya me estaba acostumbrando a esas novedades y empecé a observar el enorme aeropuerto.

Era un área cuadrada con unos 4 km de lado, llena de arbustos y jardines en las extensas y anchas franjas que separaban las pistas con distintas dimensiones de ancho y extensión. Sus pisos tenían un césped que parecía una inmensa alfombra. En los cuatro lados se distinguían edificaciones de diversos tamaños y formatos, algunas se parecían a los hangares de aviones terrestres. Había tres naves como la SOL-4 estacionadas y otras de tamaño menor.

Cuando terminé mis observaciones, cada pareja se encaminó a sus vehículos y Tentra me llevó hasta el de ellos, cuyo nombre era Canarito. Tenía tres confortables asientos adelante, otros tres atrás y un gran compartimiento para equipajes. Salino me pidió que me sentara en la lateral delantera, para apreciar mejor la vista de Agartha. La pequeña nave no tenía volante, cambio, acelerador, freno y otros dispositivos propios de los vehículos terrestres, sólo pequeñas pantallas y teclados delante de cada asiento. Paré de observar otros detalles, pues los vehículos de nuestros amigos empezaron a desplegar.

Se detuvieron a unos 30 m de altura, saludaron y salieron a unos 200 kph.

Enseguida, Tentra apretó una tecla, dio un comando de voz y luego el Canarito se colocó por encima de la SOL-4. Obedeciendo a otro comando de voz, empezó a desplazarse a unos 100 kph. Durante el trayecto me di cuenta que el vehículo obedecía a órdenes verbales de Tentra o de Salino para parar, elevar, bajar, girar, reducir o aumentar la velocidad. Además de esas instrucciones, ellos no prestaban la menor atención al tránsito y no tocaban en nada. Tan sólo se ocupaban en llamar mi atención para que observara detalles de la ciudad, como plazas, mercados, escuelas y casas de diversos tipos y formas.

Luego vimos y rodeamos el Palacio de la Armonía, donde tendríamos la reunión con Arcthuro por la tarde. Como vi en la SOL-4, era un edificio muy bonito y emanaba una energía maravillosa que pudimos sentir. A pesar de no ser tan grande o alto, como muchos edificios terrestres, su estructura impresionaba y llamaba la atención de manera hipnótica.

Algunos minutos después vimos un conjunto de viviendas octagonales y Tentra mostró la cuadra y la casa donde vivían. El Canarito se detuvo sobre el lugar a unos 50 m de altura y bajó rápidamente, sin transmitir ninguna sensación de caída. Hice una pregunta sobre eso y Salino dijo que, cuando fuésemos a visitar una fábrica de aquellos vehículos, yo conocería detalles de su mecanismo de compensación gravitacional, el cual equilibra las sensaciones de caída, de elevación, de aceleraciones o desaceleraciones rápidas.

Tan luego bajamos, dijeron que aquél era "mi nuevo hogar" y me pidieron que entrara primero. Al acercarme a la puerta ella se abrió, dando acceso a una amplia sala con dos ambientes que luego se iluminaron con una luz que venía del techo y las paredes, como en la SOL-4. Tentra apretó una tecla y las ventanas quedaron traslúcidas, cambiando inmediatamente la intensidad de la iluminación interior. Antes que hiciera cualquier pregunta, ella me tomó por el brazo y dijo que, mientras Salino preparaba un jugo, me mostraría la casa y mi habitación.

Era simple y funcional. Tenía tres suites, sala de estar con dos ambientes, sala de música y video, cocina, comedor y dispensa conjugada con lavandería. La habitación de ellos tenía una cama de matrimonio y la de Vércia, su hija, tenía una de soltero. Mi habitación era la de huéspedes, tenía dos camas de soltero y las mismas comodidades de aquella que ocupé en la SOL-4. El lado exterior de la casa era un gran balcón con mesitas, sillas, sillones, jarras con flores y otros objetos.

Como las demás, la casa estaba ubicada casi en el centro de un terreno con un césped impecable, rodeado por muchos árboles ornamentales y frutales. Cuando entramos, Salino nos esperaba en la sala de música con una jarra de jugo de frutas y mis músicas favoritas. Charlamos sobre "nuestra casa" y, entre sus varias características, la que más me llamó la atención fue que no había red eléctrica exterior.

Más tarde me llevaron hasta un compartimiento en la terraza me mostraron dos baterías responsables por el suministro eléctrico. Una alimentaba la red eléctrica y la otra sólo entraba en operación si hubiera un consumo excesivo o falla en la principal. Ellas se recargaban por paneles fotovoltaicos con el mismo formato de las placas que formaban el tejado de la casa. No se los podía identificar fácilmente, bien como, los colectores solares que calentaban el agua hasta el punto de hervir.

Las baterías tenían gran capacidad de almacenaje y gran durabilidad. A cada cinco años, la reserva pasaba al lugar de la principal, y era reemplazada por una nueva. Aquel sistema, con baterías de menor o mayor capacidad se utilizaba en todas las construcciones del planeta, dispensando las centrales de generación de energía, las líneas de transmisión y el cableado urbano. Cuando volvimos a la sala de música, conversamos sobre Vércia y Tentra habló de ella con mucho orgullo.

Dijo que, porque viajaba mucho, Vércia era hija única, tenía 25 años, era soltera, trabajaba en el Ministerio de los Transportes y Distribución, estaba en viaje de vacaciones y volvería a cualquier momento. Según Salino, se parecía a su madre y también era alegre, cariñosa, comunicativa y juguetona. Más tarde él dijo que faltaban algunas cosas en la dispensa y sugirió que fuésemos al supermercado, pues colocaría algunas cosas en orden para esperar a Vércia.

Tentra tomó un “carrito” con dos canastas, apretó una tecla, lo llamó por el hombre y él nos siguió flotando hasta el Canarito. Tentra abrió la puerta trasera, el se acomodó en el "porta-equipajes". Durante el trayecto, ella explicó que los arretianos le daban nombre a las cosas que los rodeaban y los servían independiente de pertenecer a los reinos mineral, vegetal o animal. Dijo que las trataban con cariño, pues también eran compuestas por energías en evolución.

Los nombres eran siempre asociados a características o semejanzas con seres de los reinos superiores y ejemplificó el caso de su vehículo que, además de volar, los colores de su carenaje, imitaban aquellos de un tipo de Canario que había allá.

El supermercado era un gran edificio de dos pisos en forma piramidal, con la cumbre cortada a la mitad de su altura, donde centenas de personas hacían "compras", seguidas por sus carritos flotantes. Durante más de una hora estuvimos allá, la mayor parte del tiempo fue empleado por Tentra para presentarme a sus amigos. Eran hombres, mujeres, jóvenes y algunos niños que me impresionaron por la forma educada y adulta como se portaban. Además de eso, eran muy inteligentes, bien informados y conocían varias cosas de la Tierra.

Tuve oportunidad de ver personas que representaban el conjunto que conocí durante el entrenamiento, desde mulatas hasta rubias, todas con un bronceado impecable. Entre esos tipos, predominaban las de piel morena y Tentra me presentó a una de ellas, una muchacha muy comunicativa, simpática y bonita. Tenía grandes ojos azules que me impresionaron mucho y ella me pareció bastante familiar, a pesar de que Tentra no dijo nada además de los gestos comunes de presentación.

Al volver, por haberse dado cuenta de mi reacción o porque sabía de algo que todavía no me había dicho, quiso saber cómo me había caído su amiga. Describí las sensaciones que tuve y le pregunté si ella me estaba escondiendo algo. Ella sonrió y me dijo que, como había dicho en diversas ocasiones, yo tendría muchas buenas sorpresas en Arret, cada una a su debido tiempo. Ella encerró el asunto en el momento que estábamos sobrevolando un lindo parque y me pidió que lo observara, pues era una parte de nuestro programa de visitas y observaciones.

Cuando Tentra vio su casa, dijo que su hija había llegado, y luego estacionó el Canarito al lado del vehículo multicolor de Vércia, ella vino corriendo a nuestro encuentro. En cuanto me bajé, y me dio un abrazo y muchos besos, además de decir que me extrañaba mucho. Me sorprendió mucho y me quedé sin saber lo que decir. Sólo sentí que ella era una persona a quien quería mucho, pues nuestra afinidad fue instantánea. Nos fuimos abrasados hasta la sala de estar y, cuando Tentra entró, Vércia dijo que se había olvidado de ella, le dio muchos besos y se sentó en su falda. Ella se parecía a Tentra, con los mismos ojos grandes y verdes, muchas pecas en el rostro y cabello pelirrojo, un poco más oscuros.

Salino se juntó a nosotros y el tema fue nuestra amistad desde hace mucho, en un tiempo lejano. Recordaron varias cosas de las que no habíamos hablado en la SOL-4 y se rieron mucho de algunas situaciones en que estuvimos juntos los tres o, en que yo estuve con alguno de ellos. Mientras hablaban, algunas imágenes vinieron a mi mente yo no sabía si las estaba creando, si eran ellos, o si eran recuerdos reales. Como ya eran más de 11:30, Salino me preguntó si yo no quería tirarme a la piscina antes del almuerzo.

Me quedé indeciso y con recelo de hacerlo ante la presencia de los vecinos a quienes no conocía. Vércia se dio cuenta de lo embarazoso que era para mí y bromeó diciendo que yo no podría tener una "recaída", pues sabía de mis progresos en la SOL-4 y no aceptaría una respuesta negativa. A pesar de no sentirme a gusto, acepté la invitación con la esperanza de que los vecinos no aparecieran. Fue exactamente eso lo que ocurrió, pues todos llegamos a la piscina y no había nadie, incluso, en el vestuario, lo que me pareció bastante raro. Me sentí bien con la ausencia y, mientras yo "me demoraba" en desnudarme, los tres estaban prontos, pues el vestuario era unisex.

A llegar a la piscina me zambullí inmediatamente sin mirar los detalles de aquel ambiente. Me quedé unos tres minutos sumergido, mientras Salino, Tentra y Vércia nadaban a mi lado. Durante ese tiempo me di cuenta que la piscina tenía el fondo y su contorno semejante a la de la SOL-4. Salí a flote del lado opuesto de la cascada y sólo entonces pude ver el lugar.

La cascada tenía unos 3 m de altura por cuatro de ancho y un tobogán semicircular con agua corriente a cada lado. La piscina tenía unos 20 m de ancho y el doble de largo. Su profundidad variaba entre menos de uno a 3 m. El ambiente se parecía al de la Sala de Aguas y era igualmente muy bonito. Tentra y Vércia se acercaron y me invitaron a probar el tobogán. Mi primera experiencia fue un desastre y al tercer intento ya me había encantado. Repetí la operación varias veces y me parecía muy extraño el hecho de que no haya aparecido ningún vecino en aquel momento.

Después de ducharnos, nos sentamos en la plataforma de la cascada y vi a la chica que conocí en supermercado caminando hacia el vestuario. Vércia gritó su nombre y fue a su encuentro. Salino y Tentra se sentaron a mi lado y empezaron a conversar, haciendo de cuenta que no vieron ni percibieron nada, pues hablaron solamente sobre la importancia de aquel ambiente para ellos y sus vecinos. Luego las dos bajaron por el tobogán y nadaron hasta donde estábamos nosotros. Vércia me presentó a Syndi como su gran amiga y compañera de trabajo. Salino y Tentra se zambulleron y las dos se sentaron a mi lado.

Vércia empezó la charla y después se quedó oyendo. Desde el principio su amiga demostró ser una persona muy simpática, juguetona y comunicativa, preguntando muchas cosas sobre Brasil, que ella conocía muy bien. Imaginé que estaba intentando facilitar nuestro diálogo y, de mi parte, aumentaba la convicción de que ella también era una conocida de otros tiempos, a pesar de que ella no dijo nada sobre eso. Sólo se mostró muy atenciosa y me trató como a un amigo de infancia.

Enseguida llegaron los vecinos empezaron a entrar en la piscina o a ocupar las sillas para tomar el sol. Syndi nos invitó a zambullirnos y nos quedamos así por algunos minutos. Salimos a flote cerca del lugar donde Tentra y Salino charlaban con algunas personas ella me pidió que saliera de la piscina. Me presentaron a estas personas, y acabé siendo el centro de las atenciones. Todas conocían los objetivos de mi estadía en Arret y me estimularon mucho. También me aclararon el misterio de la ausencia general. Dijeron que se comportaron así para que yo me sintiera a gusto en el nuevo ambiente. Nuevamente me quedé impresionado con el grado de preocupación de los arretianos respecto al bienestar ajeno.
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