Este trabajo lo hice por amor y ad honoris, pero mi actividad profesional es esa soy traductor, generalmente de textos técnicos y comerciales en todos los sectores, si a alguien le interesa, por favor hagan contacto, muchas gracias por su atención y hasta siempre, Pedro Ortiz






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títuloEste trabajo lo hice por amor y ad honoris, pero mi actividad profesional es esa soy traductor, generalmente de textos técnicos y comerciales en todos los sectores, si a alguien le interesa, por favor hagan contacto, muchas gracias por su atención y hasta siempre, Pedro Ortiz
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El creer en la reencarnación

El concepto de reencarnación está asociado al tercer aspecto de la Trinidad y es fundamental para comprender los demás atributos divinos. Para comprender la verdadera esencia del amor, de la justicia, de la bondad y de la paternidad de Dios, hay que tener una creencia racional de ese concepto. De no ser así, se hace difícil entender los atributos divinos cuando se los analiza bajo la óptica de los contrastes existentes entre las diversas condiciones de vida de los seres humanos. Y además, si consideramos que una parte de nuestra humanidad entiende que se nace, vive y muere sólo una vez, los atributos divinos son todavía más incomprensibles y discutibles. Vamos a analizar algunos ejemplos que implican en las dos situaciones.

En cualquier lugar de la Tierra encontramos personas que nacen viven y mueren ricas o pobres; físicamente perfectas o inválidas; bonitas o feas; inteligentes o no; con abundancia o sin lo mínimo necesario para su sobrevivencia, entre otros tantos contrastes. Lo ricos que viven con opulencia y son físicamente sanos tienen mucha salud constituyen la minoría, mientras que sus opuestos son la mayoría. Cuando se cree que después de la muerte el espíritu será juzgado y se puede salvar o ser condenado por toda la eternidad, los contrastes humanos sobresalen y representan condiciones y recursos desiguales otorgados sin criterios de amor, de justicia y de bondad claramente definidos.

A pesar de que no es así, no sería tan ilógico suponer que Dios otorga determinadas condiciones a Sus hijos e hijas, según su humor, preferencias personales y otros factores comunes a los seres humanos portadores de algún tipo de poder. Es difícil creer que un buen padre terrestre trate a sus hijos de manera tan desigual, dándole mucho a algunos y casi nada a otros. El Padre Celestial debe ser, y es, infinitamente superior a cualquier padre que conocemos, por más justo y generoso que éste sea.

Por otro lado, es difícil comprender los motivos de Dios al crear un espíritu para que muera en los primeros días, meses o años de vida. Bajo el punto de vista de un único nacimiento, vida y muerte, podemos llegar a la conclusión de que la muerte de un niño representa una gran ventaja. Su espíritu enfrentará el juicio final sin haber cometido un sólo pecado, bien al contrario de aquellos que, por haber vivido muchas décadas, podrán ser condenados a “pasar la eternidad en el fuego del infierno”.

Y además, esos análisis forman un lío en la mente de cualquier persona que intente estudiar y comprender las leyes divinas sin prejuicios o dogmas. A muchas personas, en vez de emplear el razonamiento lógico y la intuición, los dos atributos que el creador nos dio para comprenderlo, les parece que es más fácil creer en las “explicaciones” de las “autoridades” que conducen o representan sus religiones o vertientes filosóficas. Eso no sería censurable, si esas “autoridades”, en el ámbito local y planetario, siguiesen el mismo libro sagrado y tuviesen la misma opinión al respecto de un determinado tema.

Cuando se comprende el concepto de la reencarnación y su fundamento en la Ley de la Evolución y en la Justicia Divina, uno deja de imaginar que Dios estaría enfadado o con algún tipo de problema cuando creó la mayoría de los espíritus que viven sobre la tierra. Uno empieza a comprender y a ver, en los cuerpos imperfectos y en las adversidades de la vida, a espíritus endeudados que están rescatando el mal uso que hicieron de las oportunidades y facultades colocadas a disposición de todos por igual, según sus necesidades de evolución. En el caso de los niños fallecidos prematuramente, se entiende que estaban cumpliendo un corto periodo de aprendizaje o buscando enseñar una gran o pequeña lección a sus padres.

Dios, el Padre Celestial, no castiga a sus hijos e hijas. Él siempre los coloca en la situación más favorable para acelerar su proceso evolutivo, de la manera más justa y amorosa que sea posible, en cada tipo de circunstancias individual o colectiva. Lo mismo ocurre con los espíritus colocados en una condición de vida favorable. En nuestro mundo, asociamos la riqueza y el poder a condiciones favorables. En el mundo espiritual es distinto y en general, constituyen pruebas demasiado difíciles de vencer. Por otro lado, puede acelerar la evolución de aquellos que no se dejaron involucrar por la ilusión de la riqueza o del poder y cumplieron la misión que se habían propuesto o que les fue designada.

Al analizar esas situaciones, es imposible creer, sentir y comprender la divinidad y sus múltiples atributos sin entender la Ley de la Reencarnación. Si hacemos un estudio sincero y sin prejuicios, empleando sólo la intuición y razonamiento lógico, no es difícil llegar a comprender esa Ley y otras cuestiones fundamentales a la evolución del espíritu humano.

El punto clave se refiere a la paternidad divina y a la hermandad de los seres humanos. Intente imaginar a Dios como el padre justo y amoroso que es y compárelo con los padres y madres que usted conoce. En general, todos son capaces de grandes sacrificios para ofrecer alegría, bienestar, estudio y muchas otras cosas a sus hijos. Muchos lo hacen exageradamente, privándose de sus gustos o necesidades personales.

Dios, sin dudas, es un Padre mucho más justo, amoroso, perfecto, generoso y sabio, además de no tener las limitaciones impuestas a los que viven en la materia. Considerando que esas premisas son verdaderas, intenten explicar los motivos que pudiera tener Dios para proporcionar condiciones de vida tan desiguales a Sus hijos e hijas de los más diversos lugares de la tierra. Tenga en cuenta que hay quienes ya nacen reyes y millonarios, bien como, los hay pobres que viven en villas miserias en las grandes ciudades o en lugares aislados u olvidados. Evalúe también aquellos que nacieron con graves problemas físicos y los que nacieron perfectos, además de tantos otros contrastes posibles.

Si todavía no puede entender la Ley de la Reencarnación, siga evaluando las razones e intente explicar racionalmente, sin emplear un dogma o una cuestión de fe, las diferencias de habilidades, de carácter, de inteligencia y otras cualidades o defectos que se pueden identificar fácilmente entre los seres humanos nacidos con idénticas condiciones y muchas veces, en una misma familia. Intente explicar por qué Mozart dominaba el piano a los cuatro años y por qué tantas personas que estudiaron y se dedicaron al mismo instrumento durante la vida entera, nunca lograron la habilidad que él demostraba en tan tierna edad. Sin mencionar que la mayoría de ellos nunca llegó a componer una sola pieza musical de cualquier nivel de calidad.

Si aún así todavía no consigue comprender la Ley De la Reencarnación, puede ser que a Dios todavía no le parece adecuado trasmitir esa creencia a su mente racional, pues ella no salva y también no causa la evolución automática del espíritu humano.

Ella es tan solo un facilitador, cuyo punto central es el amor en sus variadas formas de expresión. El amor impersonal es la mayor conquista del espíritu y sólo él lo salva de todos los abismos, independiente del tipo de creencia o de religiosidad.
El creer en otras civilizaciones

Es una actitud egoísta imaginar que somos los únicos seres “inteligentes” en toda la inmensidad del universo, o de los universos. Todos saben que vivimos en uno de los menores planetas de una pequeña estrella que se llama Sol. Muchos entienden que el Sol es parte de una galaxia y que ella está formada por una infinidad de otras estrellas. Una minoría comprende que, además de nuestra Vía Láctea hay otra infinidad de galaxias que forman el universo conocido, cuyos límites se amplían a cada nuevo instrumento de investigación que se coloca en órbita.

La Tierra, si se la compara con la inmensidad del universo, es menor que un pequeño grano de arena en una playa de muchos kilómetros cuadrados. Por eso, reiteramos que es una actitud egoísta imaginar que la Tierra es el único lugar habitado por seres “inteligentes”, o humanos. Esa actitud es una total falta de respeto a Dios y presupone por lo menos, un total desconocimiento de sus atributos y perfecciones. Vamos a hacer un nuevo ejercicio y analizar esa situación bajo el punto de vista de que sólo existe vida “inteligente” en la Tierra.

En un pasado reciente hace algunos siglos, la ciencia y la religión eran unidas y juzgaban que el sol y las estrellas giraban alrededor de la Tierra. Quien se atrevía a afirmar lo contrario acababa en una hoguera. En aquella época, el universo era el "cielo" se confundía con las estrellas visibles al ojo humano, o a través de pequeños catalejos. Más recientemente, con la construcción de potentes telescopios y otros instrumentos montados en artefactos orbitales, la ciencia llegó al concepto actual y descubrió que el universo está en expansión y compuesto por millones de galaxias.

Si Dios creó esa inmensidad hace billones o trillones de años para que sea parcialmente contemplada por los astrónomos y astrofísicos que nacieron en la Tierra en los últimos 50 años, su creación es, como mínimo, una megalomanía y un total desperdicio de espacio. Hay que destacar que, en noches sin luna, sin nubes, y con atmósfera limpia, es difícil distinguir más de dos mil estrellas sin la ayuda del telescopio.

Si seguimos imaginando que sólo hay vida la Tierra, deducimos que Dios, sus ángeles, arcángeles, querubines y Serafines cuidan exclusivamente de la humanidad terrestre. Si es así, podemos observar otro gran conjunto de fallas pues nuestra sociedad presenta tantos contrastes e imperfecciones, que reducen los atributos y las competencias de esos seres a un nivel inferior al humano.

Cuando Jesús dijo que en la casa del Padre existen muchas moradas se refería a mundos habitados por seres más o menos evolucionados que aquellos que componen la humanidad terrestre. Su aparición en la Tierra es una prueba de la pluralidad de los mundos habitados y de las leyes de la reencarnación y de la evolución. Jesús no fue un hijo que Dios creó, eligió, separó de los demás y le dio a él una educación privilegiada, volviéndolo "su favorito" y único representante de Sus atributos.

Es un gran des respecto a Dios y a ese ser maravilloso, pensar que Él no surcó los mismos caminos que se nos ofrecen a nosotros. Jesús no es un hijo que adquirió tanta sabiduría y otras cualidades gratuitamente y sin ningún esfuerzo. Cuando la Tierra estaba en formación y nuestros espíritus todavía no habían sido individualizados en el reino humano, Jesús ya surcaba los caminos que hoy recorremos. Él evolucionó al costo de los mismos esfuerzos y sufrimientos que conocemos.

Jesús es un hermano más viejo y también con más experiencia, respetado y confiable representante de los atributos divinos ante la humanidad terrestre. Bajo ese punto de vista, es lícito atribuirle todo lo que las religiones cristianas le otorgan, especialmente, la representación del segundo aspecto de Dios, como el hijo, o el mantenedor. Por lo que simboliza su bautismo, Jesús también representa el tercer aspecto y es el responsable directo de la evolución de nuestra humanidad.

Él demostró que nos amaba a tal punto, que ofreció su majestuosa vida para acelerar nuestro proceso evolutivo y, por lo tanto, para salvarnos. Él conquistó, por su propio mérito personal, todas sus perfecciones, especialmente la del amor, la más grande de todas. Jesús demostró esa su importante conquista en todos los momentos de su último pasaje por nuestro mundo, a punto de confundirnos cuanto al modo cómo adquirió tan gran conocimiento y sabiduría. Él es el gran ejemplo que debemos seguir y el más grande de todos los héroes que ya pisaron en esta Tierra.
El resumen del proceso evolutivo

Dios le otorga las mismas posibilidades de evolución a todos Sus hijos e hijas, sin privilegios y sin acosarlos. A cada uno le cabe aprovechar o no, las oportunidades que se le otorga. Todos son evaluados según el buen o mal uso que hicieron de las facultades o poderes adquiridos o concedidos, los cuales definen su propio modo de vida. Cuando, al final de un Largo ciclo de aprendizaje, se realiza el examen de selección de la humanidad del planeta, aquellos que no lograron el grado necesario, repetirán el curso en otro mundo.

Allá se juntarán a una humanidad más atrasada, tendrán una nueva oportunidad y podrán recuperar rápidamente lo que perdieron. Basta que se conciencien del poder y del conocimiento intuitivo que poseen y los utilicen para ayudar y acelerar la evolución de la humanidad nativa del planeta. Sin embargo, si el espíritu prosigue cumpliendo el mismo guión de maldades reiteradas, volviéndose una amenaza a la evolución de los demás, estará sujeto a la más severa de las aplicaciones de la Ley Divina. En esos casos, los Arcángeles de la línea de la Justicia aprisionan el espíritu rebelde en una burbuja del luz y los lanzan a la superficie de un planeta en gestación. La corteza incandescente y pastosa, sin el menor indicio de vida, quemará y transmutará la parte animalizada del espíritu e impregnará su magma con la centella divina que estaba escondida en su animalidad.

Esos espíritus tendrán que esperar muchas eras para llegar nuevamente al reino humano, pues reiniciarán el proceso evolutivo a partir del reino mineral. Después de pasar por los reinos vegetal y animal, nuevamente tendrán las mismas oportunidades otorgadas por igual a todos los espíritus individualizados en el reino humano.

Eso es lo que se llama “segunda muerte en el infierno de humo y azufre” y, aún así, no significa una condenación eterna. Dios, el Padre Celestial, siempre les da otra oportunidad a sus hijos e hijas, incluso a los más rebeldes.

EL SUEÑO Y EL COMIENZO DEL VIAJE
A mitad de enero de 1999, en medio a la gran crisis que afectó la economía, el Plan Real y la esperanza de los brasileños, me puse a pensar sobre la situación de nuestro país. Las noticias no eran animadoras y causaban nuevas preocupaciones a nuestro pueblo. En aquella época, mi esposa Solange y yo fuimos a descansar un fin de semana en el "Vale Dourado", nuestro santuario ecológico en "Alto Paraíso de Goiás". Conversamos bastante sobre aquél momento crítico y también sobre un texto conocido como “La Profecía del Hombre del Caballo Blanco”, con previsiones sobre los hombres que ocuparían la presidencia del Brasil después de la muerte de Getúlio Vargas.

“El Hombre del Caballo Blanco”, el más importante de ellos, llegaría a la presidencia en plena crisis y parecía que se aproximaba ese momento. Durante los dos días que pasamos allá, no conseguí desviar mis pensamientos de aquél personaje y sentía su energía a todo momento, como si él estuviese presente en todos los lugares por donde anduve o me quedé.

Fue en aquel fin de semana, en contacto con la exuberante naturaleza del altiplano central, que decidí escribir un libro sobre aquella profecía, sin saber por dónde o como empezar. Durante la semana tuve muchas tareas y, a pesar de haber hecho algunos intentos, no conseguí escribir nada que me gustara, tampoco conseguí definir un guión o una manera de escribir sobre el tema.

El sábado siguiente (30/01/1999) la segunda noche de luna llena del mes, borré todo lo que había escrito y decidí volver a empezar, registrando las ideas que vinieran a mi mente. Escribí poco, borré mucho, intenté hacer un índice y como las ideas no venían, decidí parar y postergar el proyecto del libro, echándole la culpa a la semana y al día ajetreado que tuve.

Me acosté a medianoche, dormí rápido y entré en el mundo de los sueños para vivir la más grande aventura que mi espíritu ya había experimentado hasta aquel día. Al contrario de lo que pasaba normalmente, me desperté muy bien con mucha disposición, sin la sensación de somnolencia que solía tener, sin percibir nada distinto y sin acordarme de ningún sueño, como siempre ocurrió en la mayoría de los días de mi vida adulta.

Mi mujer ya había salido para abrir nuestro mercado aquel Domingo y, mientras me bañaba como de costumbre para “despabilarme, sentí una gana muy intensa de volver a escribir el libro, con la nítida sensación de que las ideas vendrían a flote. Después que cerré el mercado y terminé de almorzar con mi familia, prendí el ordenador y empecé a escribir sobre un tema que estaba retumbando en mi mente aquella mañana, con un título básico y una imagen fija e invertida del globo terrestre.

Tras escribir ARRET, el nombre de nuestro planeta al contrario, las primeras imágenes del largo sueño se pusieron en movimiento. Parecían estar grabadas en mi mente como un disco de CD y podían avanzar en velocidad normal, retroceder rápidamente o detenerse, según mis disponibilidades de tiempo.

Todo empezó en la sala de mi casa en Alto Paraíso, como si yo estuviese despierto y sentado en uno de los sofás, observando a alguien que me miraba con una sonrisa amiga. Enseguida aquel personaje, que me parecía familiar, me preguntó si yo no me acordaba de él. Sentí una fuerte impresión mental que me decía que él era Oatas, un ser espiritual que conocí y con el que tuve varios contactos en 1978, en la capital de São Paulo. Él confirmó mis pensamientos y me dijo que sería mi guía durante el viaje a un planeta de otro sistema estelar, donde yo conocería el modo de vida de su pueblo y obtendría otras informaciones para registrarlas en el libro que pretendía escribir.

Al preguntarle cómo sabía de mi intención, él me dijo que mi Guardián le informó y que esperaba por aquel momento desde hace algún tiempo. Mientras intentaba entender su respuesta, él me dijo que yo debía mantener la mente tranquila y abierta, pues yo sería testigo de situaciones hechos y cosas que estaban aún muy distantes de nuestra actual comprensión y realidad, pero que eran verdaderas y se podrían realizar en el futuro en nuestro planeta, en un período no muy lejano.

Oatas le preguntó si yo no me acordaba de haber comentado con otras personas al respecto del espanto que una simple linterna de pilas le causaría al hombre de la edad media, o a 100 ó 200 años atrás. Le contesté diciendo que él estaba bien informado sobre las cosas que yo hacía o decía y, aún sabiendo quien era él, le hice algunas preguntas para confirmar si aquel era el mismo Ser que conocí en el lejano 1978.

Le pregunté si él era mi "Ángel Guardián", si era un ser espiritual, o uno que vive en otro planeta y también, si tenía otro aspecto "físico". Él sonrió y me dijo que, como me había dicho aquel año, había vivido en la Tierra hace mucho tiempo, que no era mi “Ángel Guardián” y sí un amigo desde hace mucho tiempo. Reiteró que era un ser espiritual de la jerarquía marciana y volvió a decir que me llevaría a un planeta muy parecido con la Tierra y que allá conocería a personas muy interesantes, con las cuales me sentiría como entre amigos, por varias razones que yo comprendería futuramente.

Cuando terminó de hablar, le dije que dejó sin respuesta una parte de mi pregunta. Él me sonrió otra vez y me dijo que lo hizo propósito para ver si me sentía a gusto con su presencia. Me dijo que yo tenía que estar muy tranquilo para poder conocer el planeta, de lo contrario, no podría llevarme hasta allá. Enseguida, completó la parte que faltaba de la pregunta que le había hecho.

Me dijo que, cuando vivía en la materia, su aspecto físico era el que yo estaba viendo y que su espíritu podría tomar cualquier forma, según fuera necesario o conveniente. Después me preguntó si estaba pronto para el viaje, diciendo que el tiempo pasaba muy rápido y que todavía teníamos que hablar sobre muchos temas. Al mirar el reloj, vi que marcaba medianoche y cinco minutos, la misma hora que yo pensé que me había dormido.

Lo miré a Oatas y, antes de preguntarle por qué estábamos conversando a más de media hora y el reloj no marcaba ese tiempo, me dijo que yo tenía que acostumbrarme con las novedades que vería de ahora en adelante. Dijo que el tiempo era tan sólo una convención humana y que el pasado, el presente y el futuro existían sólo en la mente de los pueblos que habitaban los mundos físicos. En el plano de existencia en que estábamos, nuestra charla de 40 minutos terrestres, ocurrió en apenas cinco o seis segundos.

Al darse cuenta que me sorprendí, me pidió que esperara el momento adecuado para tener las respuestas sobre un gran conjunto de novedades que conocería a lo largo de los 30 ó 40 días que pasaría alejado de la Tierra, durante el período de sueño de mi cuerpo físico. Cuando él terminó, pensé en cómo una noche de sueño podría transformarse en más de 30 días y noches. Hice algunos cálculos y llegué a la conclusión de que cada segundo de sueño equivaldría a unos 400 segundos en el mundo de los sueños.

Cuando iba a decirle que ya estaba pronto y como viajaríamos hasta el planeta, Oatas dijo que mis cálculos estaban muy próximos de la realidad y que habría tiempo suficiente para varios días extras. Enseguida, respondiendo a la pregunta que no llegué a hacerle, dijo que me daría algunas informaciones para que no me queden dudas o algún tipo de inseguridad cuanto al viaje. Si eso llegara a ocurrir, el proceso sería interrumpido y como resultado, mi cuerpo se despertaría con una sensación rara y perdería la memoria de aquello que vi en espíritu.

Me pidió que meditara sobre todo lo que iba a ver y oír y decidiera si estaba dispuesto o no a seguirlo. En suma, dijo lo siguiente, repitiendo algunas informaciones anteriores.

Que iríamos a un planeta parecido con la Tierra, incluso el aspecto físico del pueblo que vive en él. Está ubicado en la constelación de Orión, en la estrella central de las Tres Marías. Yo lo bautice como Arret y a su pueblo, como arretianos.

Para facilitar la interacción con los habitantes del planeta, recibiría un nuevo cuerpo físico, una réplica o un "clon" del actual, con pequeñas diferencias y un aspecto equivalente a mis 20 años. Oatas Me dijo que tendría una estructura atómica más liviana y también un traductor de lenguaje, como si yo estuviese hablando, leyendo y oyendo en castellano.

El viaje lo haría en una nave, después de un periodo de adaptación de tres días, durante los cuales recibiría muchas informaciones sobre diversos aspectos del planeta y del modo de vida de sus habitantes, facilitando el aprendizaje posterior.

Durante la permanencia en la nave y en el planeta, mi alimentación sería básicamente de jugos naturales, frutas y cápsulas de complementos vitamínicos.

Finalmente, si yo aceptara seguir con esto, debía prometer que respetaría el modo de vida arretiano, cuyo pueblo vivía feliz en una gran y fraterna comunidad planetaria.

Al terminar, subrayó que era muy importante que entendiera todas sus aclaraciones y condiciones antes que yo decidiera si aceptaba o rechazaba la invitación que me hacía. Si aceptara, conocería un pueblo con el cual soñé muchas veces, como también lo hicieron y aún lo hacen muchas personas en la Tierra. Oatas agregó, solemnemente, que ese también fue el sueño del más grande de los seres que ya vivió en este planeta: Jesús.

Cuando él habló sobre esto, me di cuenta que la silueta de una linda y luminosa figura empezó a formarse en el centro de la sala, clareando el ambiente con rayos de luz dorada y blanca. En mi mente, oí una voz que decía: "medita sobre todo lo que oíste y toma tu decisión. Independiente de lo que decidas, yo estaré siempre contigo como siempre estuve y estoy con todos los que sueñan y buscan el bien, la justicia, la verdad y la fraternidad universal. No tengas miedo y si te decides a seguir adelante, podrás ayudar más efectivamente a realizar el sueño de muchos justos que viven y sufren en esta tierra".

Mientras oía estas palabras, la silueta se fue condensando y formó una bella imagen de Jesús. Alto, tenía los ojos grandes y del color de la avellana, cabello pelirrojo hasta los hombros, barba corta y bigote, vistiendo una túnica larga y blanca. La imagen fue desapareciendo lentamente con un gran brillo en los ojos y una sonrisa lindísima. Me quedé en silencio por algunos segundos meditando sobre las palabras y la figura de Jesús, el Maestro, a quien le llamo cariñosamente el "Jefe".

Cuando volví a darle atención a Oatas, él estaba curvado, en altitud de reverencia y respeto. Después me habló sobre Jesús un ser grandioso, muy amable respetado por los pueblos de muchísimos planetas, no sólo por su gran trabajo en la Tierra, como también en otros mundos más adelantados. Finalizó diciendo que yo podría ver cómo Él era querido y muy popular en Arret.

Enseguida me dijo que, por respeto a mi libre albedrío, necesitaba saber cuál era mi decisión. Le respondí que tenía muchas ganas de empezar el viaje y que no me lo perdería por nada. Le aseguré que no lo decepcionaría y mucho menos a los habitantes del planeta, pues no quería llevar un tirón de orejas del "Jefe" que seguramente nos acompañaría durante el viaje.

Oatas me dijo que Jesús estaría siempre a nuestro lado y estaba seguro que yo me comportaría de manera adecuada, no por miedo del tirón de orejas, pero si por él deseo de respetar a la comunidad arretiana, cuya energía positiva y vibración amorosa yo nunca sentí en la Tierra. Al finalizar, apuntó hacia arriba y me pidió que observara, sin recelos, la nave que estaba estacionada sobre mi casa, a unos 500 m de distancia. En ese momento, el tejado se puso transparente y puede verla nítidamente.

Era grande, linda y majestuosa, reflejando la luz de la luna llena en tonos dorados, llegando casi al cobre. Parecía un cilindro achatado y tenía unos 150 m de largo y 40 de diámetro. Al darse cuenta de mi curiosidad cuanto al medio en que llegaremos hasta ella, me preguntó si yo estaba listo. Le respondí que sí y él me aseguró que la locomoción sería muy fácil. Dijo que bastaría con que me concentrara y deseará estar en su interior y luego estaría despertándome y bien dispuesto con mucha vitalidad. Me dijo que estaría a mi lado, en un cuerpo igual a su aspecto actual. Enseguida, me pidió que cerrara los ojos, me concentrara y sólo los abriera cuando él me lo dijese. Fue exactamente eso lo que hice.
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