Sangre de las piedras”: Censura y las prácticas de lectura de los presos políticos sudafricanos, 1960-1990






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Servicios bibliotecarios para presos políticos
El acceso al material de lectura en las cárceles, que estaban racialmente segregadas, mejoró únicamente a través de la lucha de los mismos presos políticos, y el derecho al acceso se eliminaba sin explicaciones de tiempo en tiempo. Una sentencia de la División de Apelaciones relacionada con las condiciones de una detención de 90 días en Rossouw versus Sachs en 1964, por ejemplo, revirtió una decisión del juzgado menor. La decisión original sostuvo que privar a un detenido de una provisión razonable de material de lectura y escritura constituía una forma de castigo, y autorizó que Sachs accediera a libros. La siguiente sentencia, sin embargo, concluyó que ‘no fue la intención del Parlamento que a los detenidos se les permitiera el derecho – para aliviar el tedio de su detención – de contar con material de lectura y de escritura’.60
La disposición de la cárcel número 109 (3) de 1965, sin embargo, requería el establecimiento y mantenimiento para disponibilidad de todos los presos de una biblioteca organizada apropiadamente conteniendo literatura de valor constructivo y educativo.61 De esta manera, el Departamento de cárceles sostuvo que cumplía con una recomendación de las Naciones Unidas de 1955 que establecía que se dispusiera de bibliotecas adecuadamente provistas para todas las categorías de presos.62
Los propios servicios bibliotecarios provisionales del Departamento de cárceles se había ampliado lentamente a principios de los sesenta. En 1964, declaraba que existían 4.960 libros disponibles en la biblioteca de la cárcel de la isla Robben, suplementada por las bibliotecas provinciales a través de un esquema de préstamo.63 Pero Dennis Brutus dijo que había aproximadamente mil libros en una celda amplia en la Sección General y que los presos ‘pasaban y observaban deseosos por la ventana pero nunca consiguieron ningún libro de esta sección’.64
Fu sólo hacia fines de 1965 que la biblioteca en la Sección general de la cárcel se volvió operativa. Bajo la supervisión de un guardiacárcel, fue organizada y gestionada por Stanley Mogola, Canzibe Rosebury Ngxiki y Dikgang Moseneke debido a sus antecedentes educativos. Ellos organizaron cajas con libros enviadas desde otras cárceles dividas por Novelas, Poesía, Drama, Historia, Geografía, Política y Ciencia. Mogoba contó con su experiencia en una biblioteca del secundario y comenzó un inventario y se les otorgó un número y se ingresaron en fichas a los efectos del préstamo.
Poco tiempo después, Mogoba fue puesto en celda de castigo junto con Achmed Cassim y Sedick Isaacs (quien más tarde trabajó en la biblioteca) por intentar hacer pasar ilegalmente un artículo sobre las condiciones en la cárcel al periódico Cape Times, y por participar en una huelga de hambre. Irónicamente, dice, el ‘bibliotecario ahora no tiene nada para leer’.65 Ngxiki sufrió el mismo destino cuando utilizó su libertad como bibliotecario para diseminar de celda en celda, la noticia sobre una inminente huelga de hambre. Nunca regresó a la biblioteca.66 Dikgang Moseneke y Klaas Mashishi continuaron con el trabajo bibliotecario.
En la Sección Segregación de la cárcel de la isla Robben que albergaba a los presos políticos importantes, un condenado común trajo un listado de dónde se podían elegir títulos. Pero había aproximadamente treinta libros para sesenta y cinco presos en Segregación por ese entonces, lo que no era suficiente para las necesidades. El condenado, más aún, armaba peleas con los presos políticos y como consecuencias a ellos se les privaba de los libros de la biblioteca.67
Ahmed Kathrada prontamente se encargó de la pequeña biblioteca y más tarde contó con la colaboración de Sbu Ndebele y Khela Shubane. Una librería de Ciudad del Cabo que había cerrado donó sus libros – la mayoría novelas románticas de Daphne Du Maurier o clásicos de Charles Dickens.68 En junio de 1978 había unos pocos cientos de libros en su sección.69 Kathrada también utilizó su puesto como bibliotecario para dar información y tener discusiones con los presos políticos de la Sección general cuando entregó, recogió e inventarió los libros de la biblioteca. En la cárcel central de Pretoria, la propia colección del Departamento fue reforzada cuando la Biblioteca pública municipal de Pretoria estableció un depósito allí en 1970.70 En junio de 1978, existían 110 cárceles que utilizaban los servicios bibliotecarios provinciales y municipales y la circulación de libros y revistas desde Julio 1977 hasta Junio 1978 fue de 401.294.71
Los servicios bibliotecarios para los presos políticos mejoraron especialmente cuando algunos de ellos obtuvieron títulos como bibliotecarios a través de la Universidad de Sudáfrica (Unisa) – una universidad a distancia por correo ubicada en Pretoria. De esta manera, Sedick Isaacs administraba la biblioteca de la Sección general, y Kathrada encabezaba la biblioteca de la Sección especial en la isla Robben y más tarde en la cárcel de Pollsmoor, en su carácter de bibliotecarios calificados. Denis Golberg también obtuvo un título Unisa como bibliotecario. Muchos presos políticos incluían cursos como bibliotecarios como parte de sus estudios universitarios.72
A algunos presos políticos no siempre se les brindaba acceso a los libros y el idioma era un factor discriminatorio. En 1991 en la biblioteca de la Sección general de la cárcel de Pollsmoor existían únicamente 140 libros en idioma Xhosa para aproximadamente 150 mujeres parlantes en Xhosa. De estos libros, sesenta y tres eran ‘Ficción juvenil’, y cuando Palesa Thibedi preguntó sobre ello, se le dijo que la cárcel de Pollsmoor había sido diseñada para blancos y ‘de color’.73 En un intento de superar las barreras de idioma y alfabetización, presas políticas como Caesarina Makhoere de involucró en mejorar los niveles de alfabetización de las compañeras. 74 El Departamento de Cárceles también llevó a cabo sus propias clases de alfabetización y 4.040 presos completaron un curso de alfabetización entre 1968 y 1976.75
Se suponía que las bibliotecas carcelarias contribuían a la política de rehabilitación que el Departamento de Cárceles buscaba para educar y re educar los presos para que alcancen niveles mayores espirituales, educativos y sociales al momento de su liberación.76 En los sesenta, el “celo rehabilitatorio” en la política bibliotecaria había guiado la clasificación de los libros de la biblioteca en Pretoria Central en ‘Educativos’ y ‘Ficción’. A los presos se les permitía una obra ‘Educativa’ y una obra de ‘Ficción’. De las extrañas subdivisiones clasificatorias, Hugo Lewin dice:
-Educ/Lit y Educ/Hist allegremente reúnen a todo Dickens pero únicamente la mitad de Jane Austen: La abadía Northanger logró estar en Educ/Lit, Persuasión sólo lo logró en Fic/Románticas; los Cuentos de Tolstoi alcanzaron Educ/Lit, Anna Karenina sólo Fic/Románticas; Graves sólo llegó a Fic/Hist con Claudio el Dios, mientras Sterne llegó a Educ/Hist con Tristram Shandy.77
Una disposición aún más extraña fue el posterior catálogo del Jefe penitenciario Du Preez sobre libros comprados. Por mucho tiempo los libros no pudieron ser rastreado porque estaban archivados bajo la ‘T’ debido a que muchos títulos comenzaban con ‘The’ (El/La, en español). Hubo una pequeña mejora en los setenta. El catálogo bibliotecario, por ejemplo, presentaba a La tempestad como ciencia ficción y Romeo y Julieta aparecía como de ‘autor anónimo'
Lewin no se sorprendió cuando alguna vez le entregaron una colección de historias infantiles de fantasmas y un ‘temible’ Cecil Roberts, pero en otra ocasión fue afortunado en contar con la Saga Forsyte completa, y más tarde recibió ‘Todo tranquilo en el frente occidental’. En una ocasión, cuando se le entregó un libro de Edwin Spender en lugar del poeta Stephen Spender como había solicitado, el “Maestro escolar” le preguntó si Edwin Spender no era lo mismo, ya que, después de todo, era Spender. Y a pesar de haber leído previamente Poseído de Dostoieski de la biblioteca carcelaria, su solicitud de un listado del tutor universitario por los Hermanos Karamazov de Dostoieski y obras de Sartre fueron rechazadas.78
Censura y contrabando.
Para lograr sus ideales de rehabilitación, el Departamento de cárceles generalmente autorizaba todos los libros que no eran prohibidos por el Consejo de Censura del estado. Pero una posterior reglamentación permitía al oficial a cargo de la cárcel prohibir material de lectura arrolladoramente estimulante y de naturaleza sexual, conjuntamente con fotografías estimulantes y cualquier cosa que pudiera promover inquietud entre los presos.79 En el caso de los presos políticos, los funcionarios de la censura también debían aplicar todas las ‘órdenes B’, que establecían claramente que ‘la política y las noticias del exterior estaban estrictamente prohibidas’.80
Estas órdenes y reglamentaciones eran, sin embargo, interpretadas y aplicadas más o menos rígidamente por diferentes oficiales y funcionarios de la censura. Cuando Baruch Hirson, por ejemplo, consiguió una copia de las reglamentaciones de la cárcel, el oficial al comando Gericke dijo que él podría separar a los presos de acuerdo a la forma que las aplicara. Esto fue tomado como una declaración de guerra, y Hirson y sus compañeros se propusieron utilizar estas reglamentaciones para romper lo máximo posible al sistema.81
Algunos oficiales tomaron una posición diferente y el oficial censor de la isla Robben James Gregory, por ejemplo, se convenció que las leyes de censura eran duras y erróneas. Discutió con otros oficiales censores, y el sistema de censura de cartas y periódicos en la isla Robben se relajaron gradualmente.82. El director penitenciario Sotheby, más aún, permitió a un preso joven leer el Cape Times y comentaba a sus compañeros las noticias. También dejaba al alcance de los presos políticos los periódicos dominicales.83 El primer castigo de Nelson Mandela en la prisión, sin embargo, fue por haber sido hallado con las manos ‘entintadas’ por poseer un diario dejado por un guardiacárcel.84
La censura enloquecía e intrigaban a los presos políticos. Alexander observa que uno podría escribir un entretenido ensayo satírico sobre la asombrosamente calidad de obtuso de los censores en general y de los censores penitenciarios en particular.85

A él se le negó cualquier libro que tratara sobre marxismo o comunismo mientras estaba realizando un trabajo para Unisa que requería material sobre estos temas. . Los libros con referencia a Marx, marxismo, Lenin, leninismo, Rusia, China, Cuba, socialismo, comunismo, revolución, guerra, guerra civil, violencia, África, literatura anti-Apartheid y literatura histórico política escrita por negros fue casi siempre automáticamente retenida. Carl Niehaus, por ejemplo, se le negó El camino del Mesías negro86, y por algún tiempo a Middleton no se le permitió obtener Profetas negros en Sudáfrica. 87
Los censores penitenciarios tenían escasa educación formal y se los capacitó con cursos breves a cargo de oficiales de mayor rango sobres libros o títulos no permitidos. Algunos libros como la Resurrección de Tolstoi fue rechazado porque los oficiales penitenciarios sabían muy poco para decir si era apropiado o no. 88 El oficial de censura Autrey du Toit, por ejemplo, sólo se había inscripto en la universidad y no sabía nada de ciencia política, pero tenía que censurar los trabajos de un estudiante graduado con honores de Unisa y preso Andrew Mlangeni. Dice: “No sabías lo que estaba buscando… era un chiste para un afrikaner con secundario censurar estos difíciles trabajos’.89
Irónicamente, sin embargo censores subcalificados permitían ingresar muchos libros sin darse cuenta, a la vez que muchos realmente necesarios eran prohibidos.90

Alexander admite que había leido libros en la cárcel que nunca hubiera tenido el tiempo o la oportunidad de leerlos afuera. Leyó a los clásicos de la literatura europea, Gibbon, Shakespeare, Dickens, historia africana, legislación internacional, economía, idiomas y mucha literatura alemana, y agrega: ‘Tenía más libros prohibidos dentro de la cárcel que los que tuve afuera.’91
En 1977, Goldberg y otros siete en Pretoria Central formalmente se opusieron a la censura de diarios al llevar un caso contra el Ministerio de prisiones, policía y justicia. Goldberg guardó un registro de censura política sobre dichas revistas como Darling, destinada a jovencitas, Bella dama, para señoras, como así también Reader’s digest y Sports illustrated. Se le prohibió entregarle a su abogado, Raymond Tucker, el papel que contenía toda esta información. Tucker tenía que escribir lo que Goldberg le dijo cuando una grabadora tampoco fue permitida. El caso Goldberg fue discutido en el juzgado por Sydney Kentridge con el fin de conseguir que el ministerio reconsiderara su posición sobre la censura carcelaria. El asesor legal del estado, sin embargo contrapuso la propensión individual de estos denominados presos políticos podría ser curada no permitiéndoles saber qué está ocurriendo’.92 Pero el caso Goldberg atrajo la atención pública sobre la situación de los presos, y luego de una visita de Jefe de justicia actuante eventualmente recibieron diarios luego de dieciséis años.93
Una forma de obtener libros era a través de los estudios en Unisa, Jenkin hace notar que los presos políticos blancos, que eran alojados en Pretoria Central y alcaidías eran mayoritariamente graduados. Generalmente se inscribían en carreras de Unisa para leer la gama más amplia de libros.94 Ésta no era la situación en la cárcel de la isla Robben donde los presos negros y otros menos podían obtener una educación a través de una variedad de facultades por correo y a través de Unisa. Un número de presos políticos también consiguió títulos Unisa y, para Niehaus, los estudios universitarios ‘lewensnoodsaaklile verwysingspunt (un punto de referencia vital).95
Estos privilegios para estudiar a menudo eran finalizados abruptamente, y el rumor en una ocasión fue que uno de los presos de la isla Robben había escrito frases revolucionarias en un libro de la biblioteca de Unisa.96 Aun cuando estos privilegios fueran restaurados, los libros de la biblioteca eran retenidos para que fueran leídos por los censores penitenciarios. La lentitud deliberada de los censores, según Mandela, significaba que los libros llegarían a los presos luego de la fecha de vencimiento y sería devuelto por los guardiacárceles. Los presos, recuerda, a menudo recibían multas por demora sin siquiera haber recibido los libros.97 Dingake tenía que solicitar una ampliación retroactiva cuando Las políticas del poder de J. Morgenthau fue confiscada y no permitida hasta después de una apelación.98
Otros inconvenientes de lectura incluían en una época la negativa a los presos de prestarse libros entre ellos, el retiro de los libros para cursos ya terminados y la colocación de incómodas mesas de lectura. En la isla Robben, los pupitres para leer de pie que sobresalían de la pared aproximadamente a nivel del pecho no eran funcionales y luego de muchas quejas, los mismos fueron descendidos y eventualmente se proveyeron banquetas con tres patas.99 Las primeras estanterías fueron construidas por presos políticos a partir de tablas de desguace, y a menudo eran prohibidas o desmanteladas por guardiacárceles mal predispuestos.100
La censura lentamente declinó hasta tal punto que Suttner observó en una carta de marzo de 1981 que ‘nuestra posición de censura se está acercando a la censura ordinaria del exterior’, 101 pero los libros eran aún regularmente confiscados o rechazados. Existen indicaciones en las listas de Kathrada de títulos de ficción y no ficción de la sección B de la cárcel de Pollsmoor que los oficiales censores aún ‘retiraban’ un número de libros a mediados de los ochenta. El sargento Brand preventivamente retiró El episodio Transvaal de H. Bloom Mirando a la oscuridad del 28 de mayo y el 12 de noviembre de 1984 respectivamente, y los dos estudios sobre la historia de Witwatersrand - Nueva Babilonia y Nueva Nínive - Charles van Onselen fueron ‘retirados’ el 9 de julio de 1984. Aún más interesante, sin embargo, es que un oficial penitenciario devolvió ‘Estado de temor’ de Menán du Plessis el 21 de mayo de 1985.102

Este libro trataba con los estados de emergencia en Sudáfrica y no estaba claro si el oficial había llevado este libro para leer o si simplemente lo había prohibido durante un tiempo.
Antes de que consiguieran los periódicos en 1980, los presos políticos los contrabandeaban rápido y furtivamente.103 La conexión de material de lectura con el contrabando en las cárceles sudafricanas probablemente procede del descubrimiento de un cajón de brandy y ‘dagga’ (jerga para cannabis) contrabandeada en Pretoria Central en los veinte disfrazada como ‘Literatura cristiana’.104 A partir de los sesenta, sin embargo, a través de la colusión con delincuentes comunes, la pared de la censura del apartheid fue fisurada a través del contrabando. El tabaco fue utilizado para abonar a los contrabandistas por periódicos y Goldberg comenzó a fumar nuevamente tan sólo para obtener una ración de tabaco carcelario.
A menudo más desesperadamente, sin embargo, los periódicos fueron pescados en los inodoros,105 recogidos de basurales, sacados de las mochilas sin sospechar o en colaboración de predicadores de visita, y simplemente robados.106 Eran guardados secretamente en cacerolas de menjunjes,107 en termos, 108 bajo las camisetas,109 en diferentes partes de la celda,110 en zapatos y calzoncillos, en chalecos, 111 y bajo capas de material y grasa a la manera de ‘cajas con cartas viejas’112. Y luego eran leídos en secreto y compartidos con otros.113
En el caso de la isla Robben, los periódicos contrabandeados eran llevados hasta un punto central donde ellos rápidamente ojeados, después memorizados por los lectores y transmitidos a un grupo más pequeño que a su vez diseminaría la información a otro grupo, y así sucesivamente. A veces las noticias serían traducidas y transcriptas y entonces re – transcriptas para resguardar a los individuos. Los lectores usualmente desarrollaban sus propias técnicas para recordar artículos en las categorías política, sociedad, cultural, científica y deportiva.114
Ellos aprendieron técnicas de lectura rápida con Sedick Isaacs y leían tan rápido como fuera posible y ahí entonces se deshacían del contrabando. Las hojas estaban usualmente empapadas porque al recortarlas era ruidoso, y entonces eran arrojadas en tiras al inodoro. Pero algunas veces la lectura como consumo asumía el significado literal, significando por ello la ingesta real de las páginas para evitar ser detectados.115

Una breve victoria contra la censura fue registrada cuando el Economist fue leído durante más de un año después que Mac Maharaj agregó el título al listado de seis revistas que Masla Pather podia presentar para la posible compra cuando alcanzó la condición ‘A’ (los privilegios de un preso condición ‘A’ también incluían escribir y recibir tres cartas por mes y recibir visitas por dos personas dos veces por mes).
Las autoridades lo seleccionaron para sorpresa de los presos políticos de la Sección Segregación. Daniela dice que llegó sin envoltorio y por primera vez recibieron noticias mundiales sin censura.116 Cuando Pather fue liberado, Maharaj coincidentemente tornó en preso condición ‘A’ y solicitó permiso para hacerse cargo de la suscripción. Le fue concedido y la publicación sin censura fue recibida durante un año aproximadamente. Al poco tiempo se la pidió vía aérea y llegó más rápido que anteriormente. Pero se la dejó dando vueltas y un guardiacárcel la hojeó al azar y se dio cuenta que estaba llena de noticias. Cuando Maharaj recibió el ejemplar siguiente, sólo estaba la tapa.
Una victoria similar en Pretoria Central fue la compra de libros por presos condición ‘A’ que podían escribir tres por mes. Había un par de miles comprados desde hacía años y cuando se fueron los libros quedaron como propiedad de la cárcel. Los libros eran de gran calidad. El censor penitenciario tenía una lista de libros prohibidos pero no guardó ningún registro de lo que fue pedido y nada fue retirado de las estanterías. Los censores no eran muy inteligentes, y muchos libros ‘subversivos’ sobre teoría económica y política con títulos bastante inocuos se agregaron a la colección. 117
Los libros en lengua afrikáans no fueron verificados tan puntillosamente como los que estaban en inglés, y un libro en afrikáans sobre sabotaje circulaba libremente entre los presos.118
La censura sobre los periódicos gradualmente se relajó y por 1985, los presos políticos de Pollsmoor estaban leyendo Cape, Times, Die Burger, Sometan, Star, Sunday Times, Rapport, City Press, Cape Herald, Leader, Graphic, Guardian (Reino Unido), Time, Frontline, Die Suid-Afrikaan y Drum.119
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