Sangre de las piedras”: Censura y las prácticas de lectura de los presos políticos sudafricanos, 1960-1990






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Library History, vol. 24, No. 1, Marzo 2008, 1-22
Sangre de las piedras”: Censura y las prácticas de lectura de los presos políticos sudafricanos, 1960-1990.
Archie L. Dick

Universidad de Pretoria, Sudáfrica
Este articulo muestra cómo los presos políticos sabotearon la censura en las cárceles del apartheid de Sudáfrica. Los diarios de la cárcel, biografías autorizadas, autobiografías, memorias de la cárcel entrevistas y cartas desde la prisión de más de cincuenta presos políticos y dos censores carcelarios son analizados para describir las prácticas de lectura de los presos políticos sudafricanos. El artículo, demostrando las formas en las los lectores regulaban su propio espacio de lectura, concluye que los libros que llegaban fortuitamente o eran filtrados por los censores en las bibliotecas carcelarias en Sudáfrica y en poder de los presos políticos, afectaron profundamente su pensamiento. A partir de fragmentos de información los presos reconstruyeron noticias y experiencias de vida que les fueron negadas por las autoridades carcelarias. Leer de forma que subvirtiera las intenciones de los censores, en efecto, permitían a los presos continuar su lucha política.
Introducción
Fue irónico que como preso político Raymond Suttner se cruzara con un pasaje de “Cartas desde la prisión” de Antonio Gramsci sobre la lectura de libros1. Gramsci fue arrestado el 8 de noviembre de 1926 por el gobierno fascista de Benito Mussolini. Fue sentenciado el 4 de junio de 1928 junto con otros comunistas italianos y falleció seis días después de su liberación el 21 de abril de 1937. En el pasaje explicaba que las bibliotecas carcelarias no deberían ser subestimadas. Agregó que un ‘preso político debe estrujar sangre hasta de una piedra’, y que ‘cada libro…puede ser útil de leer’2.
Éste es el por qué Ngugi wa Thiong’o descubrió en la cárcel de máxima seguridad de Kamiti cuando encontró una afirmación en la “Metafísica” de Aristóteles, que había esquivado al censor de la cárcel. A fines de diciembre de 1977 Daniel arap Moi, por entonces vicepresidente de Kenya, ordenó la detención de wa Thiong’o. Estuvo preso por la Ley de Seguridad pública durante un año sin juicio. La afirmación de Aristóteles sostenía que una investigación de la verdad es tanto difícil como sencilla, y wa Thiong’o interpretó esto como una defensa de la diversidad y la tolerancia debido a puntos de vista y posiciones encontradas.3
En este artículo demuestro cómo formas imaginativas en donde libros y lectores interactúen pueden minar a la censura. Reglamentar la lectura de presos políticos es un tema contradictorio y complejo con resultados sorprendentes, a menudo no intencionales porque los libros y los lectores desafían el logro sencillo de los diseños especiales de los censores. Los académicos sudafricanos de la historia del libro sostienen en un contexto distinto, pero uno de relevancia para este argumento, que: ‘Los libros establecen ámbitos; ellos son campos de fuerza que pueden reacomodar el espacio y la gente.’4

Las experiencias de Gramsci y wa Thiong’o indican que estos campos de fuerza cargan a los espacios carcelarios y a los lectores con cualidades inusuales. Los lectores pueden generar pensamientos originales y experiencias de la variada colección de libros que acaban en las bibliotecas carcelarias y en la posesión de presos políticos ya sean fortuitamente o filtrados por los censores. De fragmentos de información, más aún, los presos políticos pueden reconstruir las noticias y las experiencias vitales negadas por las autoridades carcelarias. Los lectores, en otras palabras, reglamentan su propio espacio de lectura5.
El artículo observa qué, cómo y por qué leen los presos políticos anti-apartheid. Sus prácticas de lectura ofrecen revelaciones sobre cómo la censura simultáneamente tuvo éxito y fracasó en la cárcel. 6. Se entiende como censura en este texto en su concepción clásica o tradicional como las formas directas, concretas de intervención regulatoria de las autoridades políticas (el estado apartheid) para controlar la forma y el diseño de ideas sobre una creencia política.7. Esta perspectiva de censura, como una intervención autoritaria de una tercera parte entre el autor y el lector, ingresa al circuito de la comunicación y su aplicación ampliada por los historiadores del libro y la lectura. Considera a los libros como artefactos y a los lectores como participantes activos en la creación de significado a partir de textos. 8 Pero las influencias de mediación de fuerzas como la de la persona, la socio-política y otras fuerzas son también analizadas aquí. De esta manera, la censura no es tan sólo un ‘arma represiva con resultados predecibles’ sino que “se transforma en un proceso inestable de acciones y reacciones en la lucha por el poder’.9

Encarcelamiento político y narraciones carcelarias.
Si bien una fuente sostiene que entre 1960 y 1990 aproximadamente 80.000 personas en Sudáfrica fueron detenidas sin juicio, hubo probablemente muchos más presos políticos.10 Sólo en 1978 hubo 440 presos políticos condenados, principalmente del Congreso Nacional Africano (ANC, en inglés) y el Congreso Pan Africanista (PAC, en inglés), de los cuales 400 estuvieron en la isla Robben y el resto en las cárceles de Pretoria Local y Kroonstad.11 El Congreso Nacional Africano, el partido político gobernante en la actualidad, fue fundado en 1912 como el Congreso Nacional Nativo de Sudáfrica. Comenzó como una organización moderada, hasta conservadora, pero optó por la lucha armada contra el régimen del Partido Nacional luego de ser prohibido en 1960. Su ala militar fue denominada umKhonto we Sizwe (Lanza de la nación). El Congreso Pan Africanista fue establecido en 1959 al escindirse miembros Africanistas del ANC bajo la presidencia de Robert Sobukwe. Su ala militar fue denominada Poqo (que significa ‘solo’ o ‘puro’).12
Estos presos representaron un corte transversal de la sociedad sudafricana que se opuso al estado de apartheid y sus políticas. Ellos incluían hombres y mujeres, viejos y jóvenes, la clase trabajadora y la clase media y miembros negros y blancos de varias organizaciones y movimientos políticos. Si bien la definición de presos políticos es vaga, un informe especial sobre encarcelamiento político en Sudáfrica en abril 1991 identificó conexiones con actividades que entraban en tres categorías: lucha armada; organización y movilización política; y acción popular contra el estado apartheid.13
Los presos políticos se mantuvieron juntos con los presos comunes a principios de los años sesenta. En una carta al gobierno sudafricano en junio de 1964, la Cruz Roja Internacional urgía la separación y el tratamiento de presos políticos como un grupo distinto que requería de tratamiento especial. Pero el Ministro de Justicia y Prisiones, Piet Pelser, anunció en enero 1967 que “con la posible excepción de Robert Sobukwe, no había presos políticos en Sudáfrica’.14 Pelser consideró a esta categoría de presos, por el contrario, como “ofensores contra el estado” condenados y sentenciados por los Juzgados por delitos graves contra la seguridad pública y la seguridad del estado.15 Estos ‘delitos graves’ a menudo consistieron en la pertenencia a una organización prohibida, concurrir a una reunión, repartir panfletos o simplemente pintar una frase.
Un creciente cuerpo de literatura carcelaria – diarios de prisión, biografías autorizadas, autobiografías, memorias de la cárcel, entrevistas y cartas desde la prisión – brindan recuentos personales de los tipos más horribles de tortura y humillación en la Sudáfrica del apartheid y otras cárceles africanas.16 Varios presos fallecieron encarcelados, muchos más sufrieron daño físico y psicológico a manos de los interrogadores y policía de seguridad y unos pocos intentaron el suicidio en la cárcel.17
En estas narrativas carcelarias, también existen referencias a las luchas por el acceso a los materiales de lectura; sus usos, abusos y papeles en la resistencia contra las autoridades penitenciarias; discusiones con los censores penitenciarios; lectura para delinear vidas personales y políticas y para mantener contacto con el mundo exterior; y la utilización de los libros para experimentar una vida lo más “normal” posible en circunstancias traumáticas.18
Los comentarios sobre libros, censura y lectura por más de cinco presos políticos y dos censores carcelarios registrados aquí coinciden en algo especial acerca de sus vidas lectoras. Las experiencias personales y el significado subjetivo de los libros y la lectura durante los períodos de encarcelamiento, la espera del juicio y la ejecución de la pena expresan una dimensión que no es capturada por las estadísticas, informes objetivos y encuestas.
Preocupaciones metodológicas sobre la calidad autobiográfica y algunas veces calidad ficcional de la literatura carcelaria son expresadas a manera de crítica.19 Pero los escritos políticos carcelarios son generalmente considerados como creíbles y fuentes documentales válidas sobre las experiencias carcelarias. También parece posible verificar y validar sucesos y recolecciones personales del creciente número de publicaciones carcelarias de la época del apartheid. Las narraciones carcelarias investigadas aquí están limitadas al idioma inglés.
Redadas, juicios y material de lectura.
Los libros y las bibliotecas fueron utilizados para propósitos revolucionarios desde los primeros años de la lucha anti-apartheid. Ben Turok, por ejemplo, menciona que cuando el ANC se convirtió a la lucha armada a principios de los sesenta, algunos de los miembros ‘rastrillaban las estanterías de las bibliotecas públicas buscando ideas sobre cómo la acción secreta oculta y la organización podrían ser desarrolladas.’20 Harold Strachan consultó la Encyclopedia Britanica y otros libros en la biblioteca pública de Port Elizabeth para actualizar su experiencia de la segunda guerra mundial con explosivos.21 En un campamento de entrenamiento en 1962 para identificar los mejores reclutas para Umkhonto we Sizwe (MK) en Mamre, apenas en las afueras de Ciudad del Cabo, Denis Goldberg y Looksmart Ngudle leían en voz alta el cuento de Jean Paul Sastre La pared y los escritos del Che Guevara. Esto fue seguido por una discusión sobre ‘la lucha mundial contra la opresión.’22
No fue sorprendente, entonces, que los libros fueron usualmente confiscados durante las redadas policiales. La División Seguridad buscaba especialmente títulos “sospechosos” que pudieran ser utilizados durante los juicios. Hubo una gran excitación cuando una edición de Poder negro y liberación: una visión comunista fue hallada durante el arresto de Winnie Madikizela – Mandela en 1969.23
En una redada en el hogar de Joe Slovo, el Rojo y negro de Stendhal fue confiscado. El título del libro ‘combinaron los dos elementos más subversivos en la ecuación de la lucha oficial.’24 Ésta fue la tercera copia del libro que Slovo perdió en otras tantas redadas. Algunas veces, cualquier ‘cubierta roja’ fue considerada como sospechosa.25

Una edición de Charla de lucha fue confiscada en el primer arresto de Albie Sach y El libro de cocina anarquista con el arresto de Quentin Jacobsen.26 Una edición de Fundamentos del marxismo-leninismo hallado dentro de una bolsa de papel marrón titulada Fundamentos de la sintaxis inglesa fue utilizada como evidencia en el juicio de Jean Middleton para mostrar que los presos políticos eran astutos y peligrosos.27
Durante el juicio de Rivonia, en donde Nelson Mandela, Walter Sisulu, y otros líderes políticos fueron encontrados culpables de planificar y cometer actos de sabotaje y conspiración y sentenciados a cadena perpetua, el Oficial Garante C.J. Dirker reveló que en once sobres, cada uno conteniendo cuatro copias de dos cuadernillos titulados Oliver Twist y Los cuentos de detectives más famosos del mundo, encontró ediciones sucesivas de la revista ‘subversiva’ Assegai escondida en su interior.28 En el mismo juicio, el cuadernillo chino Cómo ser un buen comunista de Liu Shao Chi, y Nacido de la gente, un recuento de primera mano del levantamiento guerrillero en las Filipinas, escritocon alias por William Pomeroy, fueron tomadas como evidencia conjuntamente con las notas de estudio sobre ellos de Nelson Mandela.29
Los fiscales nacionales, sin embargo, a menudo fracasaban en probar los vínculos entre las actividades políticas de aquellos enjuiciados y los contenidos de sus libros. Durante el juicio de Jacobsen, por ejemplo, El bibliotecario municipal subrogante de la Biblioteca Pública de Johannesburg leyó un listado de títulos similares a aquellos encontrados en su poder. La acusación de obtener información que podría ser utilizada para ampliar los objetivos del comunismo fue seguidamente desestimada porque la información podía hallarse en la sección de referencia de la biblioteca pública. Esto dejó a Jacobsen preguntándose por qué se había puesto en semejante problema debido a sus libros si podía haber recurrido a la biblioteca pública de la localidad.30
Si bien material de lectura estaba generalmente disponible para aquellos que esperaban el juicio, algunos evitaban libros serios durante sus juicios y a menudo, sus defensores insistían en ello. George Bizos, quien defendió a varios activistas políticos, desalentó a Jacobsen de leer filosofía o cualquier otro ‘tipo de material denso’ mientras estuviera esperando ser enjuiciado para mantenerse ‘tan normal como fuera posible’.31 Uno de los abogados de Ahmed Kathrada también le dijo no leer a Dovstoieski antes del juicio de Rivonia.32
Detención, aislamiento y la Biblia.
Los presos políticos se enfrentaron a mayores dificultades de lectura durante los períodos de detención, que usualmente precedía a sus juicios. Existía una prohibición básica en la Sección 17 de la Ley de los noventa días (de detención) de 1963 en contra de la escritura y la lectura.33 En estas circunstancias, la imperiosa necesidad de mantener contacto con el mundo exterior llevó a los presos políticos a un comportamiento lector inusual.
Ruth First se elevaba hasta la ventana de la celda y estiraba su cuello para avizorar algunas de las letras en los carteles de noticias que envolvían los postes del alumbrado en el exterior de la comisaría de Marshall Square,, a lo llamaba la ‘lectura diaria del diario’. Ella utilizaba estos indicios para descubrir qué era lo que sucedía en el exterior. Ella hasta leyó los ‘¿Sabías tú?’ de las envolturas de las gomas de mascar Chappies que una de sus hijas le pasó durante una visita.34 Por un momento, el graffiti de la cárcel fue el único material de lectura de Sachs además de la Biblia y agregó un libro de su propiedad ‘La cárcel es para los pájaros’ en una celda de Wynberg, que inspiró a Jenny Schreiner quien fue alojada allí en los ochenta.35
De hecho fue la Biblia la que usualmente se permitía en el encarcelamiento – para reflejar ‘sobre el daño realizado a la sociedad y para cumplir con el deber cristiano del gobierno nacionalista’.36
Durante los períodos de encarcelamiento y confinamiento solitario la Biblia fue el único material de lectura.37 A los detenidos con otras convicciones religiosas se les proveía de sus libros de culto. Abdulla Haron, por ejemplo, besó y colocó el Corán sobre su alfombra de rezos el día que falleció encarcelado. A Fatima Meer, una musulmana, se le entregó erróneamente el ‘Ramayana’ (un poema épico hindú), que encontró como una ‘lectura fascinante’.38 Y Zubeida Jaffer se impuso la tarea, durante su segundo encarcelamiento, de leer el Corán en árabe e inglés de ‘tapa a contratapa’, con la esperanza que: ‘Cuando termine con esta tarea, seré libre’ – y así fue.39 Pero esta concesión a menudo fue maliciosamente manipulada. La Biblia de Feziwe Bookholane fue confiscada durante el confinamiento solitario en la cárcel de Klerksdorp. En su lugar, jugó al ‘Scrabble’ con pequeñas piezas de papel higiénico para evitar enloquecerse.40
Los líderes religiosos perseguidos lamentablemente de tal manera que al pastor metodista Stanley Mogola se le dio una Biblia en lengua Xhosa mientras estaba en aislamiento,41 que irónicamente hizo uso de ello para aprender dicho idioma. El reverendo Frank Chikane se le negó una Biblia porque un guardia dijo que ‘lo hacía terrorista’, y eventualmente se le entregó una versión en idioma afrikaans.42 A Tshenuwani Simon Farisani, quien era Deán de la Iglesia Evangélica Luterana, se le dijo que ‘siempre leía los versos equivocados de la Biblia’, y regularmente negaba uno.43
Por otro lado, a Michael Dingakese le negaba una Biblia porque el guardiacárcel en la comisaría Jeppe no quería que ‘lo expulsaran del Partido Comunista’.44. En John Vorster Square, a Emma Mashinini también se le negó una Biblia sobre la base que ella era comunista, pero más tarde recibió una de su marido y otra como obsequio del obispo Desmond Tute.45 En otro giro cínico sobre este tema, Raymond Suttner fue torturado utilizando ‘su biblia’ (obras de Marx, Engels y Lenin) para aplanar sus estirados brazos, acurrucado y forzado a leer mientras yacía sobre una mesa con tan sólo su cabeza elevada.46
La incertidumbre del encarcelamiento promovió la lectura disciplinada, sistemática y frugal de la Biblia. Sachs lee durante quince minutos en la mañana y una hora antes de la cena.47 James Cantor se raciona a tan sólo diez páginas por día.48 Leerla en voz alta durante el arresto y la detención no era raro.49 Farisani leyó en voz alta a Isaías durante su arresto, Susan Jonson leyó el Eclesiastés y el Cantar de los Cantares ‘en voz alta y en tonos apropiados’ cuando se encontraba detenida y Gonville ffrench-Beytagh cantó los Salmos, cánticos y plegarias del Libro del orador común en su celda.50
Lo que fue descripto generalmente como ‘lectura frugal’ se aplicaba también a otros libros leídos durante el encierro. Cuando a Ruth First se le permitió un libro de crucigramas, por ejemplo, ella se restringió a un crucigrama por día. Ellen Kuzwayo y sus compañeros limitaban el tiempo por libro para permitir que ‘otros tuvieran la oportunidad de leerlo también.’51
La incertidumbre y la soledad también llevó a los detenidos y a los presos aislados a leer la Biblia intensamente. Neville Alexander leyó la versión autorizada muchas veces,52 y Rusty Bernstein la leyó ‘dos veces de principio a fin’ durante la detención.53

Raymond Mhlaba la leyó desde el ‘frente hasta el final’ durante los seis meses de confinamiento solitario,54 y Winnie Madikizela-Mandela la leyó de ‘tapa a tapa’ durante el período de detención. A veces le brindaba un ‘fantástico sentimiento de paz y tranquilidad’ y en otros momentos ‘no era más que palabras sin sentido’55. Para Jama Matakata, por otra parte, las palabras de la Biblia inspiraron pensamientos revolucionarios. Percibió a ‘Jesús como un luchador de la libertad que venía a liberar a los cautivos'56
La Biblia como un artefacto material también fue un recurso útil para los presos políticos. En la cárcel de Port Elizabeth, Strachan colaboró a fabricar un juego de dominó de la gruesa última página de la Biblia. Más irreverente fue fumar el ‘texto de la Biblia’ aunque costara seis días sin comer.57 Cuando recibieron dos paquetes de tabaco Boxer y yesca de un guardiacárcel en la cárcel Leeuwkop, , Indres Naidoo y sus compañeros utilizaron las páginas de la Biblia de Gideón limaduras de un cepillo de dientes de la guerra para fabricar seis largos ‘zolls’.58 Las delgadas hojas eran excelentes papelillos. ‘Durante los siguientes tres o cuatro días gloriosos,’Naidoo se ufana, ‘la Biblia adelgazaba y adelgazaba’, brindando menos y menos material de lectura para uno de sus camaradas religiosos.59
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