Amaneciente Incertidumbre






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Amaneciente Incertidumbre
Amor, esperanza, fe, veracidad, serenidad, respeto, humildad, generosidad, inteligencia, elegancia, tolerancia, originalidad, coraje.
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* Acerca de
Metafísica de la tierra.

1/11/06
Al comenzar estas líneas, siento vergüenza y temor.
Vergüenza por rozar la ciencia física e inmiscuirme en ella sin que constituya mi profesión; salvo en cuanto yo vivo como cualquiera persona (las leyes de) el equilibrio, la gravitación o la relatividad, cuyas fórmulas “matemáticas” simplifican aquella experiencia, más compleja y en este sentido más real que un laboratorio, sea éste grande o pequeño. “No se accede a tales leyes por la vía lógica. Sólo se las puede alcanzar por una intuición fundada en una especie de amor intelectual hacia el objeto de la experiencia”, decía Einstein, así citado por Karl Popper al comienzo de su libro “La Lógica del Descubrimiento Científico” (París, Payot, 1970; la traducción del libro en francés al castellano, prologado por el premio Nobel de biología Jacques Monod, es mía). Tomando esto en cuenta, mi sentimiento de vergüenza tiende a atenuarse y su atenuación me incita a decir lo que quiero decir. Por cierto, Poe ya había en esto ido más lejos que Einstein, al mostrar en su cuento “El retrato oval” (cf. “Historias extraordinarias”) la instrumentalidad del amor intelectual (Einfühlung) para una mortífera producción del arte cognitivo. Más tarde que la “relatividad general”, Einstein, previendo Hiroshima, se convirtió, de judío alemán y agnóstico que era, no en protestante ya ciudadano de U.S.A., sino en ni más ni menos que católico. Vaya uno a entender. Y eso que en apariencia el caballero no era especialmente tonto, excepto por la donación de su cerebro a la investigación científica. Como si un trozo de carne pudiese dar cuenta del alma. Soberbia atontada y estéril de ese genio católico. Pero no. Me equivoco. Quien niega su cadáver a la autopsia cierra la posibilidad de una sorpresa, savia de toda ciencia. Generosidad hubo pues en Einstein. Mas pocos bisturís supieron leer las tres palabras finales del sabio, escritas de hemisferio a hemisferio cerebral pasando por el intersticio poroso, o frontera, de una insoslayable preposición gramatical: “Creo en Dios”. Algo como: e = mc².
Y miedo a equivocarme. Pero me asiste la convicción de acuerdo con la cual la comisión de un error en materia científica (no digo técnica, cosa bien distinta: hay tecnologías de efectividad irreversible, al igual que Nagasaki) carece de mayor importancia, pues en su estado aún sólo teórico la equivocación puede ser evidenciada y corregida. Adelante, pues. Agregando además que bendito sea el miedo; porque sin él sería imposible vencerlo, para lo cual basta una risa. Como al demonio de Maxwell. Satanás no admite ser objeto de burla. Ella lo pone en su lugar; desde mediocre, por lógica, a malvado. Él le huye despavorido. “Dios ríe” (Umberto Eco, en “El nombre de la rosa”). ¿No creó acaso Él al ser humano para que redimiese al Demonio (cf. Hieronymus Bosch, según Truell, a propósito de la pintura “Los ángeles caídos” cuales moscas sobre este planeta)? Tarea redentora aún en proceso de cumplimiento.
Dejo pues atrás, por las justificaciones antes dadas, la vergüenza y el temor. Se ha sostenido que la ya no tan reciente catástrofe del tsunami sudasiático provocó una modificación en la “diagonal” del eje terrestre. De ser ello exacto, a su vez se habría producido como consecuencia un cambio en la exposición de la Tierra al Sol, que estaría generando entre otras cosas un nuevo cambio, adicional, en la realidad climática sobre todos los puntos del planeta. Para no sugerir sino un ejemplo de esto, estaríamos asistiendo a un desplazamiento aún no verificado, pero lógico, de los polos. No por ser “marginal”, tal desplazamiento tendría que carecer de impactos quizás insospechables, tan cataclísmicos como la gota que desborda el vaso. Incluso en ciencia económica se sabe (se cree saber) que “todo se juega en los márgenes”. Y no deja de existir razón en esa económica analogía del… amor, donde la cuestión de los márgenes y del roce también posee indiscutida importancia. Ocurre entre especialistas por ejemplo “economistas” que se tome con torpeza epistemológica las metáforas y las analogías por demostración. Como el “chorreo” (fea palabra en la estética neoliberal) del “vaso” ya lleno de su riqueza gravitacional. “Ciencia” corroborada por la jerigonza incomprensible y autoritaria en el reino de las siglas y estadísticas del IPSA, del HINCH, del IPC… con sueldazos del FMI, de la CEPAL, de cualquier CELCO, etc.; todo ello junto al diluvio mortal para los despreciables cisnes valdivianos made in Chile: costos de la modernización.
Ampliemos la visión. Viajemos al sudeste asiático. Si Dios existe y sus designios son impenetrables porque de no serlos nosotros sabríamos tanto como Él, suposición que denota absurda soberbia, cabría responsabilizarlo por la reciente catástrofe oriental, como asimismo de cualquiera otra catástrofe “natural”, interpretándola tal vez cual castigo divino ante el mal humano: Sodoma y Gomorra… Sin ser por fuerza inexacta, esta visión en apariencia pueril es por lo menos miope. Me atrevo a insinuar que el cataclismo sudasiático y algunos de sus posibles efectos, ya esbozados, no son por completo ajenos a la acción humana. Para insinuarlo, me baso en la siguiente hipótesis.
El sobrecalentamiento del planeta tiene entre sus causas corroboradas la contaminación atmosférica proveniente de la industria, en primer lugar norteamericana, hoy desplegada por ejemplo en Irak. Aquel calentamiento agranda el hoyo de la capa de ozono, por donde atraviesan con entera libertad los rayos solares, ya sin el filtro selectivo de esa capa. Se produce así bajo ella, es decir más acá, un “efecto de invernadero” que nos cubre y que eleva la temperatura en todo el planeta. Como se sabe (se cree saber), el calentamiento de un cuerpo lo dilata. Al dilatarse, su corteza se adelgaza a semejanza que en un globo infantil, y en especial, tratándose de la Tierra, sobre sus zonas no polares. Así lo indica la forma elíptica y no circular del planeta, “apretado” en los polos (bajo actual disolución, al igual que las nieves eternas del Himalaya a los Andes) y “relajado” entre los trópicos. De allí que el estudio incipiente de las irrupciones y erupciones volcánicas o de los terremotos los señale de preferencia en zonas no polares. El globo infantil no se revienta por el lado del hoyo que lo sopla ni por su “pezón”. Se corta con más facilidad un tomate por la latitud de su “ecuador” que por la longitud de Greenwich. El calor acelera por igual el movimiento de las moléculas reproductivas que de las placas teutónicas. Ello conduce a choques entre moléculas o placas y a consecutivos sismos biológicos (un parto) o geológicos (una erupción volcánica). El adelgazamiento de la corteza terrestre tiende a liberar la energía ígnea del planeta, yaciente bajo el magma. Si todo se juega en los márgenes, no es por consiguiente imposible sino al contrario verosímil que la temida “explosión apocalíptica” estuviere influida por el “genio” humano de unos pocos individuos; entre quienes se cuentan sobre todo grandes políticos, grandes tecnólogos, grandes empresarios y grandes científicos. La obra de esta secta transversal y globalizada sería propiamente demoníaca, por donde se la mire. “El Infierno está aquí” (Juan Pablo II).
Llevo mi delirio al límite. La explosión de la Tierra calentaría a la Luna, “platenizándola”, por haber derretido y convertido en agua líquida el bloque de hielo interior que ella contiene. Además, fuera del calentamiento y de la expansión en la masa así provocados sobre nuestro satélite, este último podría verse agrandado por la recepción de residuos terrestres diseminados en el universo y por la atracción entonces lunar de los mismos; entre ellos, quizás, información, es decir, todavía, vida (en el principio era el Verbo), atinente, entre otras formas de vida, a la humanidad y a la historia de la humanidad: con el respeto de Mozart, ¡lástima para la Luna! El problema reside en saber si dentro de este mundo es posible hacer algo que cambie dicha evolución por otra más compatible con una vida afectuosa e inteligente. No lo se. Se dice que mientras hay vida hay esperanza, pero en realidad sería al revés: mientras hay esperanza hay vida. ¿Hay esperanza? Más bien hay imbecilidad, indiferencia y odio. Un síntoma de ello podría ser el rostro de desconsuelo ante la humanidad con que finalizó la vida del Papa Juan Pablo II: ésa era, allí radicaba, su enfermedad. De allí nuestro cáncer. Claro, hay excepciones que confirman la regla, especialmente entre los primeros bienaventurados: los pobres, incluidos los pobres de espíritu. Pero el grano de arena no hace playa. A menos que sea por milagro. ¿Cómo intentarlo, más allá de dar cumplimiento a la Ley, sino, a fin de cuentas, orando? Dios es menos concepto que emoción amorosa, también irreductible a un concepto. Al amor, más se lo reconoce que se lo conoce. Ya está. He superado mi vergüenza y mi temor. ¿Un grano de arena? ¿Ni siquiera?
Termino añadiendo otra cuestión, relativa al bien llamado en castellano maremoto (motor del mar). Según mi impresión, cuando dos placas terrestres -todo se mueve- chocan o se muerden y provocan terremoto (motor de la tierra), la más cercana a la “playa” suele inclinarse respecto de su vecina y atrae hacia ésta agua, retrayéndola de la tierra, hasta que por fuerza hasta cierto punto reequilibrante de la subcorteza terrestre ambas placas se resitúen en el mismo nivel; para lo cual se impone un alzamiento provisional y oscilante de la placa playera, que así provoca la ola revulsiva del tsunami.
Arturo Montes Larraín, abogado PUC, doctor de Estado I.E.P. de París, profesor de filosofía política, de epistemología, de análisis del tiempo presente, de derecho constitucional. Autor de numerosas publicaciones. Políticamente independiente. 62 años, chileno y francés. Casado, 4 hijos.

Publicado por blogvida

Archivado en Arturo Montes Larraín

312 respuestas a “Metafísica de la tierra.”
1. Administrador dijo:

1/11/06 en 4:14 am
El blog no discrimina. Sea conciente de lo que escribe. Lea las condiciones en “Acerca de”.

2. RODRIGO GONZALEZ FERNANDEZ dijo:

1/11/06 en 3:20 pm
Don Arturo : No podía ser menos, le felicito y además le admiro por vuestra valiente , inteligente y justa lucha.

Un abrazo fraternal,

Rodrigo Gonzalez Fernandez

3. Leonardo Godoy Echeverría dijo:

1/11/06 en 5:52 pm
Don Arturo Montes Larraín:
Felicitaciones por la iniciativa,tuve el privilegio de leer parte de su escrito anticipadamente gracias a su amistad.
Recién ayer Sir Nicholas Stern denunciaba en el parlamento británico las consecuencias del calentamiento global.Usted ya lo sabía, quien piensa inteligentemente no tiene áreas de especialización.
Muchas gracias y nuevamente ¿ Felicitaciones!

4. Leonardo Godoy Echeverría dijo:

1/11/06 en 5:53 pm
Don Arturo Montes Larraín:
Felicitaciones por la iniciativa,tuve el privilegio de leer parte de su escrito anticipadamente gracias a su amistad.
Recién ayer Sir Nicholas Stern denunciaba en el parlamento británico las consecuencias del calentamiento global.Usted ya lo sabía, quien piensa inteligentemente no tiene áreas de especialización.
Muchas gracias y nuevamente ¡ Felicitaciones!

5. Pedro Ceresuela Barrau dijo:

1/11/06 en 7:05 pm
Don Arturo Montes , enhorabuena. No podía ser

de otra forma . En el día de los “…….” ud.

vivito y coleando .

6. Pedro Ceresuela Barrau dijo:

1/11/06 en 7:27 pm
Don Arturo , es tan cierto lo que dice , para

poner los pelos de punta , que no hace falta retroceder a las profecías de ” Nostradamus ”

toda vez que Edgar Cayce ( USA ) a mediados

del siglo pasado ya nos hablaba del desplaza-

miento del eje terrestre con sus posteriores

resultados .

7. Rowan B. Atkinson dijo:

1/11/06 en 7:29 pm
No existe una única lógica para explicar la metafísica.

8. Pedro Ceresuela Barrau dijo:

1/11/06 en 7:43 pm
Mis saludos también a Don Rowan , que como

su apellido lo indica ” huele ” a peligro .

9. Renato Morales J. dijo:

1/11/06 en 7:44 pm
Don Arturo: incluyo nota enviada al Mercurio:
Doctor

Arturo Montes Larraín.
Estimado amigo: ha sido un honor para este viejo profesor de Enseñanza Básica haberle servido.

¡Menudo trabajo me deja! Algunos amigos docentes me alababan “estás escribiendo mejor que nunca Moralito”

Gracias por sus correos, sus enseñanzas y por los libros que recibió la Escuela. Usted tiene un defecto incorregible, le dije que aquí no vivimos de la caridad; su carta a los niños me evitó explicaciones.

Nuevamente muchas gracias. Voy a http://amaneciente.wordpress.com/
Renato Morales J.

Profesor E.B.

10. Luis Flores C. dijo:

1/11/06 en 7:48 pm
Don Arturo Montes Larraín, de los ochocientos, suegro de Luchito, mis respetos.

En relación al calentamiento, he dado, doy y seguiré dando fe de sus consecuencias, no el global, sino el personal, especialmente el contagiado con la pareja.

Expreso, ecológicamente, yo.

11. Pedro Ceresuela Barrau dijo:

1/11/06 en 7:49 pm
Al leer esto , recuerdo cuándo le preguntaron

al ” predicado ” de quién es la culpa . La

culpa es del ” sujeto ” . El hombre ¿tomará

conciencia de todo esto? , o aplicará esa máxima

de : Hoy por mí , mañana….que se las arreglen .

12. Jaime Ubilla Zúñiga dijo:

1/11/06 en 7:53 pm
Que agradable sorpresa.

Me hacía falta una dosis de Don Arturo Montes.

Interesante su incursión en un tema fundamentalmente científico.

Se recuerda de las fuerzas centrífugas? Aquí es la responsable del achatamiento de la tierra en los polos debido a su giro.

Lo felicito por esta iniciativa de tener un lugar para publicar sus interesantes puntos de vista sobre los más variados temas.

Un abrazo.

13. Alejandro Vial latorre dijo:

1/11/06 en 8:04 pm
Ya que estamos abordando el tema desde la metafísica, me permito hacer el siguiente aporte:

Los mayas vaticinaron este grave problema en sus profecías:

Tercera Profecía

La tercera profecía Maya dice que una ola de calor aumentará la temperatura del planeta, produciendo cambios climatológicos, geológicos y sociales en una magnitud sin precedentes, y a una velocidad asombrosa; los mayas dicen que el aumento de la temperatura se dará por varios factores, uno de ellos generado por el hombre que en su falta de armonía con la naturaleza solo puede producir procesos de auto destrucción, otros serán generados por el sol que al acelerar su actividad por el aumento de vibración produce más radiación, aumentando la temperatura del planeta.

Por esta advertencia de la tercera profecía de los Mayas, se hace impostergable y urgente un cambio de conducta en lo individual y colectivo para asumir el compromiso de la práctica cotidiana de acciones que ayuden a mejorar la ecología del planeta hasta lograr la plena armonía del actuar del ser humano con el entorno, a sabiendas de que el comportamiento del hombre será crucial para sobrellevar el aumento general de la temperatura causada por su propia conducta inconsciente y depredadora.

Cuarta Profecía

La cuarta profecía dice que a consecuencia del aumento de la temperatura causado por la conducta antiecológica del hombre y una mayor actividad del sol, se provocará un derretimiento en los polos, si el sol aumenta sus niveles de actividad por encima de lo normal habrá una mayor producción de viento solar, más erupciones masivas desde la corona del sol, un aumento en la irradiación y un incremento en la temperatura del planeta. Los Mayas se basaron en el giro de 584 días del planeta Venus para calibrar sus cálculos solares, Venus es planeta fácilmente visible en el cielo, pues su órbita está entre la tierra y el sol. Ellos dejaron registrado en el códice Dresde que cada 117 giros de Venus marcados cada vez de que aparece en el mismo sitio en el cielo, el sol sufre alteraciones, aparecen enormes manchas o erupciones de viento solar; advirtieron que cada 5125 años se producen alteraciones aún mayores y que cuando esto ocurre el hombre debe de estar alerta, es el presagio de cambios y destrucción. En el códice Desdre también figura la cifra 1366560 kines que tiene una diferencia de 20 años con la cifra que aparece en el templo de la cruz en Palenque, que tiene tallado la cifra de 1366540 kines, correspondiendo esta diferencia al período de tiempo que llamaban tiempo de no tiempo, que es el que estamos viviendo desde 1992, los cambios en la actividad del sol serán más fuertes, puesto que las protecciones que tenemos a nivel planetario se están debilitando, el escudo electromagnético que nos cubre está diminuyendo su intensidad.
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