Ramatís El Evangelio a la Luz del Cosmos






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EVOLUCIÓN
Pregunta: ¿Cuál es el verdadero significado del aforismo que dice: "El Hombre fue hecho a Imagen de Dios"?

Ramatís: Desde los tiempos inmemoriales, todas las reli­giones y doctrinas espiritualistas enseñaron que Dios es la Inte­ligencia Suprema del Universo, la Luz Eterna e Infinita, y que los hombres son sus hijos en forma de "centellas", "llamas" o "partículas luminosas", también eternas e indestructibles 1.

En lo íntimo de la conciencia espiritual de cada hombre, Dios es el fundamento eterno y la unidad espiritual de todos los seres. Jesús también lo afirmaba a través de su Evangelio, en donde consta que el "reino de Dios está en el hombre", o lo que es igual: que el "hombre, y Dios son uno sólo". De ahí el motivo porqué el Génesis, en la Biblia, también confirma que el "hombre fue hecho a imagen de Dios, es decir, que posee en sí mismo la miniatura de los atributos del Creador. El hombre es un "mini-Dios", así como la gota de agua es un "mini-océano", concepto que los viejos maestros orientales corroboraron hace muchos mi­lenios, a través de la enseñanza de que el "macrocosmos", o mundo grande, está en el "microcosmos", o mundo pequeño, así como "lo que está arriba, también está abajo", o sea, "lo que está en Dios, también está en la criatura". Análogamente, puede decirse que el átomo en equilibrio es una miniatura de una cons­telación de astros, |y una constelación es un átomo cósmico!

Pregunta: ¿Cuál seria el ejemplo más veraz que podríais ofrecernos sobre el "macrocosmos divino", y que también se en­cuentra implícito en la relatividad del "microcosmos humano", que es el hombre?

Ramatís: Aunque con cierta simplicidad, podríamos expli­caros, por ejemplo, que el "macro del pino", cuyas ramas bus­can lo alto, se hace fuerte y definitivo en su configuración, por­qué ya existía en su aspecto total en la miniatura de la semilla, o sea, en el "micro del pino". Ni bien la semilla del pino es plantada en la tierra, después de cierto tiempo germina, y gra­dualmente vence la adversidad del medio en sus etapas de eman­cipación, hasta alcanzar la configuración gigantesca del pino. Es evidente que ese fenómeno se produce porque en la intimidad de la semilla se encuentra latente la totalidad del pino, cuyos atri­butos creativos se desarrollan o imponen a medida que se pro­duce el crecimiento del árbol.

En forma similar, el espíritu del hombre se ajusta al suelo de las luchas cotidianas, en donde debe romper la envoltura de la personalidad animal e inferior, desarrollar los atributos de Dios, existente en su intimidad espiritual, hasta alcanzar la ple­nitud consciente del ángel, que es su Realidad Divina. Así como se modifica la semilla en el seno de la tierra, el hombre viejo, producto de los instintos de la animalidad, también debe morir para que en su lugar renazca el hombre nuevo, en donde deben predominar los sentimientos y la razón, medios apropiados para poder alcanzar la vida angélica.

Mientras tanto, el espíritu del hombre crece constantemente y amplía su conciencia y sentimiento superior, desarrollando los atributos divinos, porque el Creador es el fundamento creativo y eterno de la individualidad humana. Por eso, el espíritu del hombre es eterno e incorruptible, porque fue creado de la esencia eterna de Dios.

Pregunta: Por lo expuesto, ¿debemos interpretar que al ser el hombre centella emanada de Dios, nunca tuvo principio ni tampoco fin?


1 Nota del Médium: Existe cierta semejanza entre algunos tópicos de este capítulo con el tema expuesto ampliamente por Ramatís, en el capítulo que antecede: DIOS. Sin embargo, es de sumo interés para nuestro Mentor espiritual insistir y reactivar los temas que él juzga que son más complejos, y los elucida bajo otra apariencia verbal, cuya única finalidad es mejorar el entendimiento de algunos lectores.

Ramatís: El espíritu del hombre es indestructible porque fue creado de la esencia eterna e inalterable de Dios. Pero, aun­que se encuentre ligado a la "Conciencia Cósmica", siempre ha de ser una conciencia individual que tuvo un principio o un ori­gen "personal" en cierto tiempo y espacio. En consecuencia, hubo una época, o un "momento", en que el hombre comenzó a tener noción de existir, como la criaturita comienza a tener no­ción del medio que la rodea. El hombre, también se define e individualiza en el universo, figurando como una entidad de im­portancia, cuyo camino recorre para desarrollar y ampliar su po­der creativo y estado de conciencia.

Bajo tal ejemplo, el espíritu del hombre un cierto día des­pertó o inició el camino de su progreso de conciencia, por lo cual, se individualizó bajo el impulso de una vibración centrípeta, y finalmente se personalizó en lo íntimo de la Divinidad. La con­ciencia espiritual del hombre, centro indestructible de su indivi­dualización, continúa en constante crecimiento psíquico y cualita­tivo, y al mismo tiempo se expande a fin de alcanzar un mayor volumen o porción de la Mente Universal. El proceso es continuo e inexorable porque se ejerce y disciplina por el principio que dice: "El reino de Dios está en el hombre".

Pregunta: En consecuencia, el espíritu del hombre, aunque sea eterno o indestructible, debe tener una edad sideral, la que debe iniciarse en una época o en el tiempo en que comenzó su estado de conciencia particular o individualización en el Cosmos; ¿no es verdad?

Ramatís: Es conveniente distinguir la edad que limita la per­sonalidad humana y transitoria, la cual existe solamente entre el comienzo en la cuna y finaliza en la tumba, en cada encarna­ción, con la conciencia sideral, o entidad definitiva e inalterable, que se individualiza y desenvuelve en el transcurso de los siglos-A través del periespíritu, que es un organismo preexistente y so­breviviente a todas las muertes físicas, la conciencia espiritual e indestructible del hombre, se manifiesta en cada existencia huma­na, materializando un nuevo cuerpo físico y transitorio, pero sin perder el acervo y la memoria de las experiencias de las vidas anteriores. En el aprendizaje periódico que el espíritu del hombre realiza en la superficie de los mundos materiales, desenvuelve sus poderes latentes y creadores, pasando a conocer más su indi­vidualidad.

Pregunta: ¿Nos podríais dar un ejemplo objetivo de lo ma­nifestado?

Ramatís: Apreciando el espíritu, que es definitivo, en rela­ción a las innumerables personalidades humanas modeladas en las sucesivas existencias físicas, podríamos suponer que se trata de algo parecido a un inmenso collar, que va agregando sucesiva­mente en el tiempo y en el espacio, tantas perlas como encarna­ciones fuera teniendo, donde cada una representa una vida hu­mana. Sin embargo, todas esas perlas o encarnaciones físicas pueden variar en su forma, color, raza o contextura personal tran­sitoria, mientras tanto, el hilo que las une no cambia porque es el espíritu inmortal que sustentó las diversas personalidades en­carnadas y que fueron substituyéndose sucesivamente en la super­ficie de los mundos materiales.

No interesa si, en cada encarnación o perla del supuesto collar, la personalidad humana se llamó Juan, Nerón, María, Gandhi o Pablo de Terso; la verdad es que el hilo del collar es la individualidad eterna, que se emancipa en el tiempo y en el espacio, y está fichada en los "Registros Kármicos" bajo un código sideral definitivo 2.

En cada existencia física, el espíritu plasma un tipo de orga­nismo, cuya estructura anátomo-fisiológica depende de la herencia biológica de la familia en donde se encarna. Después recibe un nombre, adecuado a la raza o familia, que representa al cuerpo carnal, sin que ello le altere su individualismo definitivo y que figura en los registros de origen sideral. La individualidad del espíritu no se debilita sino que desarrolla e incorpora las expe­riencias adquiridas periódicamente a través de las vidas sucesivas.

Pregunta: Entonces, ¿podemos admitir que los grados supe­riores e inferiores que hacen a la capacidad, inteligencia y cul­tura, que distinguen a los hombres entre sí, obedecen a la dife­rencia de la edad sideral?

2 Nota de Ramatís: Los espíritus son clasificados en los "Depar­tamentos Reencarnatorios", en el mundo espiritual, bajo una determinada sigla y número que los determina en su individualidad constante, pues los nombres y las personalidades transitorias son de menor importancia.

Ramatís: Sin duda alguna, debido a que no existe discrepan­cia, privilegio o gracia alguna en la pedagogía divina. Todos los espíritus progresan lenta pero efectivamente bajo el mismo pro­ceso evolutivo, en consonancia con la Sabiduría, Justicia y Amor de Dios.

El troglodita, por ejemplo, todavía es un espíritu infantil que apresura su sensibilidad psíquica a través del ejercicio de los cinco sentidos en su adiestramiento por el mundo. Es una criatura que mal consigue percibir su estado de conciencia sideral, bastan­te inmadura para imponer su principio espiritual sobre la fuerza milenaria de las tendencias animales. Jamás podría manifestar un comportamiento semejante al de Francisco de Asís, cuya edad sideral y estado de conciencia evolucionado se pierde en los re­gistros de la historia planetaria de vuestra constelación solar, ¡Sería absurdo exigir, a los alumnos primarios, soluciones sobre los principios de la relatividad, consagrados por Einstein, o pedir que Herodes manifestara sentimientos de ternura, filantropía, estoicismo y renuncia, como los que manifestó un Vicente de Paul!

En verdad, es el tiempo que transcurrió para la conciencia de cada espíritu, o con más propiedad, su edad sideral, puesto que lo sitúa en la faja vibratoria electiva a su mayor entendimien­to psíquico, en vez del conocimiento o de la adquisición obtenida en la precariedad de una existencia física. Ejemplificando, diría­mos que así como el niño crece y se desarrolla protegido por la responsabilidad paterna, hasta alcanzar su condición de adulto y liberarse gradualmente de las irresponsabilidades de la infancia; todos los espíritus inmaduros, ignorantes y vírgenes ingresaron también en el seno de la humanidad angélica pero fueron cons­cientes de ello, una vez que alcanzaron el discernimiento sobre su vida inmortal. Así es la ley: "Ninguna oveja se perderá del redil del Señor".

Pregunta: Los espíritus angélicos y liberados de los ciclos reencarnatorios, ¿son conciencias siderales o centellas individuali­zadas hace muchísimo tiempo en el seno del Cosmos?

Ramatís: Reiteramos; cada uno de nosotros es un espíritu indestructible, porque fue creado o tuvo origen de la eterna y divina fuente, pero varía conforme a su edad sideral. Hubo un tiempo, o momento, hace siglos, milenios, billones o trillones de años del calendario convencional terrícola, en que comenzamos a existir como "individuos diferenciados" en el seno de la Crea­ción. De ahí, entonces, que existan simultáneamente en el Uni­verso, tantos espíritus nuevos e infantiles, como antiguos y adultos, cuya graduación espiritual depende exactamente del tiempo en que ellos comenzaron a tener noción de existir.

En todos los instantes de la Vida, nacen, surgen o se inician nuevas conciencias, es decir, nuevos espíritus que se individuali­zan en el Universo y adquieren la noción particular de existir, aunque continúen vinculados a la fuente creadora y Divina. Dios no concede privilegios especiales o extemporáneos, pero propor­ciona equitativamente los mismos caminos para adquirir mayor estado de conciencia y perfeccionamiento a todas sus criaturas. Ningún espíritu es originalmente superior a otro, pero todos po­seen en estado latente el mismo poderío, la misma capacidad y sabiduría, y el anhelo de evolucionar rumbo a la fuente creadora.

Las conciencias majestuosas e interplanetarias de los ángeles y arcángeles, que iluminan y dan vida a la intimidad psíquica de los orbes y constelaciones astronómicos, no son más que enti­dades emancipadas, bajo el mismo proceso espiritual y evolutivo que preside la gestación y el desenvolvimiento de la conciencia de todos los hijos de Dios.

Pregunta: ¿Podríais explicarnos por medio de algún ejemplo más personal, respecto a la edad sideral, a la naturaleza y seme­janza original de los espíritus?

Ramatís: ¡El que hoy es un pecador o diablo, en el futuro será un ángel o santol Ante el determinismo del proceso evolutivo, que es justo, ecuánime y sin privilegios para los hijos de Dios, la centella espiritual más ínfima del Cosmos, un día llegará a ser un Logos solar 3, aunque esa madurez sideral suceda después de la creación y destrucción de algunos universos físicos.

3 Logos Solar, Espíritu Planetario del Sol, Conciencia Espiritual que centraliza el progreso de los mundos, que forman cada constelación solar.

Bajo la forma física de un Tamerlán o Gengis Kan, Dios uti­liza los atributos divinos que poseen y modela la criatura a su imagen. Lenta pero inexorablemente, en el residual de la misma animalidad, se gesta la conciencia radiosa de un ángel y el com­portamiento sublime de un santo, al igual que, en el lodo nausea­bundo, también crece el hermoso lirio o el perfumado jazmín.

Pregunta: Muchos religiosos afirman, y entre ellos algunos espiritas, que el espíritu de Jesús evolucionó en "línea recta", es decir, sin mayores tropiezos. ¿Cuál es vuestra opinión al respecto?

Ramatís: Sin lugar a dudas, que Jesús es nuestro Hermano Mayor y la entidad más sublime que gobierna vuestro orbe terrá­queo. Es el Guía, que a través del Código Moral del Evangelio, conduce al hombre hacia la Realidad Divina. Espíritu indefinible para nosotros, que mal concebimos en la prolongada marcha del Bien, es el "Camino de la Verdad y de la Vida", porque vivió en sí mismo durante su desarrollo de conciencia, las mismas equivo­caciones, pecados, vicios, deslices y pasiones, propios de toda la humanidad, aún inmadura. En base a su progreso espiritual alcan­zado a través de incontables encarnaciones físicas, cuyos .mundos se transformaron en partículas cósmicas, Jesús planificó el derro­tero para la liberación de la humanidad espiritual de la tierra, de la cual es el titular del sublime Evangelio. Jesús nació, alcanzó la madurez y se angelizó hasta alcanzar el magisterio divino, afrontando y venciendo en sí mismo los pecados, aciertos, equí­vocos, glorificaciones y frustraciones que padecen los hombres, al mismo tiempo que cultivaba y sublimaba las virtudes latentes en su espíritu.

Si la evolución de Jesús hubiese sido diferente a la generali­dad de los espíritus y específicamente en 'línea recta", excep­tuado de las equivocaciones o vacilaciones humanas, es evidente que Dios demostraría tener privilegio para un hijo más simpático, con algunas facultades incomunes, virtud excelsa, gracia prema­tura o sabiduría innata, lo que sería una falla, muy del tipo humano.

Esa gracia, o consentimiento divino, manifestada a favor de Jesús, desmentiría la tan propalada Justicia del Creador, que sería capaz de practicar acciones tan discutibles y censurables como cualquier hombre imperfecto. Y el Divino Maestro no sería el glorioso símbolo o ejemplo correcto de la conducta humana, e in­digno de querer enseñar a sus alumnos, aquello que aún no aprendió a vivir o sufrir en si mismo.

Si los demás hijos de Dios deben seguir por las espinosas sendas de los sufrimientos y vicisitudes humanas a fin de apre­surar su sensibilidad psíquica para alcanzar la metamorfosis del futuro ángel, Jesús no vendría a ser más que un privilegiado tele­dirigido por una especie de "radar espiritual" capaz de guiarlo segura y correctamente por los laberintos educativos, complejos y dolorosos de la vida física. Siendo así, jamás lograría distinguir lo cierto de lo errado, lo auténtico de lo falso, lo sano de lo enfermizo o el bien del mal, sin participar de los problemas graves que aquejan a los hombres en general. Por todo ello, Jesús no sería más que un robot o fantoche manejado por cordeles divinos, en una prematura e injustificable promoción sideral.

Además, no tendría porqué haber desmerecimiento alguno que Jesús haya evolucionado por la misma ley a que están con­dicionados la generalidad de los espíritus. Justamente, por causa de haber asimilado conocimientos y haberse sublimado a través de incontables vidas físicas, es que posee las condiciones para guiar y salvar a la actual humanidad. Su vida y pasión, cuyo martirio terminó en la cruz, es la senda correcta que el hombre debo adoptar delante de las luchas, tragedias, explotaciones, pi­llajes e ingratitudes entre sus hermanos inmaduros.

Pregunta: ¿Es verdad que el Maestro Jesús sufrió su calvario, el cual culminó con su sacrificio en la cruz? ¿Su dolor material fue más intenso de cuanto el hombre terreno puede imaginar?

Ramatís: La pasión de Jesús y su holocausto en la cruz fueron la imperecedera lección de un Avatar, o Mentor Sideral, cuando debe plasmar sobre la superficie de un mundo físico, como es la tierra, el derrotero educativo y la síntesis de los ciclos reencarnatorios, que definitivamente promueve la libertad de los espíritus y los aleja de la vida animal.

Conforme lo expusimos en una obra anterior
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