Ramatís El Evangelio a la Luz del Cosmos






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7, descubrió sobre las hormigas del tipo cortadoras y mineras, que cierta vez, al echar 500 granos de azúcar en las proximidades de un hormiguero, para su asombro comprobó instantes después que aparecieron 500 hormigas, ¡transportando cada una su correspon­diente grano de azúcar!

El pájaro llamado "hornero" tiene un sentido avanzado de la metereología, pues construye su nido sobre los árboles o pos­tes telegráficos, y la puerta mira en sentido contrario a los fuertes vientos o posibles tempestades! Las abejas, además de ser prodigiosas en lo referente a la construcción de las divisiones de sus colmenas, parecería que entienden mucho de medicina, pues ma­tan a los intrusos de su comunidad y los momifican a través de un paredón de sustancia "antiséptica", ¡para evitar que la infec­ción alcance la reserva de miel! Aunque la astucia del zorro se considere innata, muchas veces manifiesta tener un sentido de habilidad e inteligencia, fuera de lo común, pues con una buena cantidad de pasto seco en su boca, se introduce lentamente en las aguas profundas, hasta que todas las pulgas de su cuerpo se agrupen en el pasto seco; ¡una vez logrado su intento, deja el mismo a merced de las aguas y retorna a la orilla! Las arañas, además de su avanzado conocimiento de ingeniería, cuyas telas ningún ingeniero humano conseguiría imitar, en su medida y resistencia, algunas veces construyen su tela sobre pequeños trozos de ramitas secas, como si fuera un verdadero barquito, y le agre­gan un poco de hierba olorosa, de un perfume selvático, pero muy atractivo, para luego descender hasta los pequeños riachos y cazar a los insecto imprudentes, atraídos por el olor vegetal; el por qué, es un pez robusto, oriundo de los ríos de Brasil, de con­textura fuerte, que atrapa a su víctima, compuesta de pequeños roedores, y les electrifica las patitas cuando van a beber a la ori­lla de los ríos, siendo una verdadera sesión de electro-convulso-terápia, pues terminan en el fondo de las aguas ¡a merced de su fatal cazador! Los elefantes viajan todo un mes hacia ciertas re­giones de África, donde consumen un tipo de hierba terapéutica, que los inmuniza contra ciertas y periódicas epidemias.

Si fuera viable suponer que Dios a veces realiza alguna tra­vesura en la creación, que todo cuanto se ve no es tan serio o melodramático, no sería muy difícil comprobar algún hecho que tiene cierto humorismo o excentricidad divina. El burro, por ejem­plo, a pesar de tener que sobrellevar el estigma de ser un retar­dado mental, jamás se mete en un atolladero, donde el caballo, siendo o teniendo fama de ser más inteligente, acostumbra a caer; el escarabajo, debidamente analizado nos recuerda a un desajuste cometido por el Creador, pues es un insecto que debido a su vo­lumen y configuración anatómica desmiente a la más rudimen­tarias leyes y reglas de la aerodinámica para sustentar el vuelo; por lo tanto, es un insecto antiaéreo e incapaz de elevarse del suelo. Sin embargo, el escarabajo vuela, ¡porque desconoce ese impedimento! El murciélago, por ejemplo, es ciego, pero vuela velozmente guiado por las puntas de los dedos, bajo el fenómeno conocido como "sonar" y que es utilizado por el submarino, guia­do por el "radar".
7 El investigador es el prestigioso Maurice Maeterlinck, cuya obra es La Vida de las Hormigas.

Pregunta: A fin de completar nuestras reflexiones sobre los atributos inteligentes y coherentes sobre Dios, que rige y protege las especies del reino animal de nuestro mundo, nos agradaría recibir algunas consideraciones más al respecto. ¿Podéis aten­dernos?

Ramatís: Sin duda alguna, toda creación está intrínsecamente protegida por Dios, el Creador, que promueve los medios de sub­sistencia y sobrevivencia adecuadas a cada especie de ave, reptil, insecto o animal. Aunque predomine aún en el mundo la ley del "más fuerte", en donde las especies débiles son destruidas por los tipos más agraciados por la naturaleza, sin embargo, no existen perjuicios definitivos, porque destruyendo los cuerpos carnales y transitorios, el psiquismo que dirige a cada una de las especies, permanece inalterable. Podríamos considerar que los cuerpos de las aves, insectos, reptiles y animales son una especie de ropaje pasajero, en un proceso de adiestramiento y perfeccionamiento, para más tarde, servir a las exigencias de las mentes individuali­zadas. Es una fase de evolución, en donde ese psiquismo se acti­va por las experiencias vividas en el orbe, inclusive, en las situa­ciones dramáticas o trágicas.

Mientras tanto, además del cuidado fundamental de la Divi­nidad en proporcionar un mayor tiempo de vida al ave, animal, reptil o insecto, sin embargo, le está ejercitando a través de la materia física e instintiva, un psiquismo mejor elaborado. El Creador proporcionó a cada especie, además de la vida, un sis­tema de "auto-protección", que les permite defenderse o disi­mular sus formas ante poderosos enemigos en el ambiente donde les toque vivir. Se trata del fenómeno llamado "mimetismo" y que fuera imitado por el hombre en las guerras fratricidas bajo el nombre de "camuflaje".

El mimetismo disimula o confunde al ser en el medio am­biente donde vive y lo ayuda a pasar desapercibido en su lucha por la sobrevivencia. Y, bajo tal providencia protectora, el oso nace blanco en los polos y se confunde con el blanco del hielo, en una especie de auto-protección natural; sin embargo, para evitar que ese color blanco se destaque en la selva o en las grutas oscuras, el oso también tiene el color negro o pardo, en las regio­nes no heladas, dificultando la mira de los cazadores. Gracias a ese fenómeno protector, el león del Sahara es pardo claro y se confunde fácilmente con la arena del desierto; el tigre de la India disimula su presencia en medio de las cañas de bambú, debido a su rayado grueso en la piel. Los papagayos son tan verdes como las plantas donde viven; las mariposas se confunden con los colores de las flores, donde revolotean febrilmente; la langosta sal­tona es tan verde y transparente como la hoja del mijo nuevo, que más tarde alcanza un color amarillo parduzco, propio del mijo envejecido. Los peces tienen la tonalidad del color del mar, mien­tras que las lombrices y hormigas tienen el color característico de la tierra donde viven. Las ranas son verdes como la plantación-de las lagunas, pero los sapos disimulan su presencia, debido al tono lodoso de su piel.

Hay insectos que son verdaderas hojas de árboles y se mue­ven inusitadamente, mientras que otros, son cuales brotes nuevos de plantas, permanecen silenciosos y estáticos cuando presienten el peligro a su alrededor. Por esa causa, las diversas especies de aves, animales e insectos tienen el color apropiado a las regiones donde les toca vivir, como en el caso del oso, que es blanco para los polos y parduzco para los montes y selvas. Sin embargo no debemos olvidar, el conocido camaleón, que es el tipo más repre­sentativo del fenómeno del mimetismo cromático, puesto que cambia fácilmente de color según sea el ambiente donde le toque vivir o estar transitoriamente.

El fenómeno del mimetismo, que sirve de protección y sobre­vivencia prolongada de las variadas especies del reino animal, aunque no parezca tener alguna conclusión cósmica definitiva, o comprobación directa sobre la Divinidad, ofrece al hombre in­teligente y estudioso las posibilidades de extraer ilaciones correc­tas y sensatas, respecto a la indiscutible verdad de una Inteligen­cia Superior, que acciona desde la intimidad misma de los fenó­menos de la naturaleza.

Pregunta: En la vida del hombre, ¿existe algo de esa protec­ción "mimética", que lo ayude a sobrevivir más tiempo en el me­dio en que vive?

Ramatís: Sin duda alguna, puesto que el hombre posee la inteligencia y el buen sentido, bastante desarrollados, para saber protegerse contra las agresiones adversas y adaptarse fácilmente a la topografía de los tipos de terrenos donde debe accionar. El "camuflaje", utilizado en tiempo de guerra es una confirmación de las posibilidades miméticas del hombre. No es una acción automática e instintiva, pero sin embargo es un "mimetismo" de­liberado y controlado por el raciocinio humano.

Sin embargo, suceden fenómenos en la intimidad del cuerpo humano, conocidos por la ciencia, que son suficientes para com­probar la presencia de una sabiduría oculta, innata en el hombre, que aun accionando en forma instintiva, demuestra en sus muta­ciones, una facultad deliberadamente inteligente. Por lo tanto, en el hombre existe y se demuestra un ser racional, gracias a la sa­biduría de su psiquismo, que trabaja en la intimidad bajo la di­rectriz de una potencia oculta, superior y poderosa. El ser huma­no está sometido a una serie de leyes, principios y reglas, que le orientan, segundo a segundo su organismo, pero obediente a un esquema de elevada precisión y bajo el control de la Suprema Inteligencia de Dios. No se trata de cualquier automatismo pro­veniente de un instinto primario, producto de un "acaso", que acciona y corrige, solucionando los desperfectos humanos, sino, que son leyes específicas aplicables y los resultados demuestran una sabiduría poco común.

El insecto, animal o ave pueden asumir aspectos inusitados para su especie y vida común, denominados "mimetismo", a fin de mantenerse ilesos en el medio ambiente; mientras que en el hombre sucede hechos y fenómenos internos de rápida y prudente adaptación, que le aseguran la sobrevivencia en el tránsito por climas, regiones o ambientes, que muchas veces son adversos o sin el necesario condicionamiento. La criatura que cambia desde el ecuador hacia la región polar, enfrenta varios factores adversos, entre los cuales se cuentan las latitudes geográficas, que podrían ser fatales sino existiera la adaptación al medio, que es algo se­mejante a un recurso mimético.

Por otra parte, es bueno saber, que el hombre no es quien providencia conscientemente, esa modificación potencial y nece­saria para su transferencia rápida de un clima hacia otro, mas eso sucede y se observa bajo la intervención oculta de la sabiduría de su psiquismo, el que manifiesta la Sabiduría de Dios en lo que se refiere a la protección de sus criaturas.

Pregunta: Desgraciadamente y a pesar de los hechos y desti­nos dramáticos, inexplicables y hasta, si se quiere, injustos, que suceden sin un esclarecimiento lógico, ¿aún debemos confiar y creer en esa sabiduría, justicia y amor de Dios para los hombres?

Ramatís: La vida en el campo denso de la materia es innegablemente un inmenso campo de luchas, de experimentaciones y dificultades, donde el espíritu del hombre está activo por causa de las energías que se procesan y subliman, en el sentido de su­perarlo del instinto animal, que si bien lo protege, también lo esclaviza a las vibraciones inferiores. El hombre lucha hasta una cierta frecuencia bajo el impulso energético de las formas prima­rias de la animalidad, tal como lo hace la simiente que rompe la superficie de la tierra, por fuerza de las energías telúricas del medio donde fue plantada. Una vez que crece y se emancipa, dando sus flores y frutos, está simbolizando el triunfo alcanzado en su etapa superior. Bajo la energía telúrica que emana de la especie animal, instintiva e implacable, el espíritu del hombre, como la especie vegetal injertada en el tallo salvaje, deben opo­nerse a la fuerza bruta de la savia agresiva para generar los fru­tos sazonados, en la imposición definitiva de los principios supe­riores y espirituales. El cuerpo carnal es el caballo salvaje, en donde el espíritu acciona bajo la disciplina de las reglas y las ten­dencias de la vida física, pero debe sobreponerse a la tiranía del instinto animal, que ayuda, ¡pero también esclaviza! El espíritu del hombre asoma a la periferia del suelo de la vida humana, para activar y desarrollar el amor y la sabiduría, que son los prin­cipios fundamentales del futuro ángel.

Pero, aún le es imposible a la criatura humana abarcar y com­prender en su estadía microcósmica, respecto al metabolismo y objetivos divinos, impuestos por Dios, los que funcionan en el sentido de transformar y sublimar la conciencia limitada del hom­bre, para que alcance una frecuencia superior, ¡por la cual po­dría percibir la esencia del Creador!

Pregunta: Si el hombre fue "hecho a imagen de Dios" y po­see en si mismo "el reino divino", ¿por qué causa comete equivo­caciones y necesita ser corregido? ¿Cuál es el motivo de esa pre­cariedad divina en la criatura humana?

Ramatís: ¿Qué valor tendría el hombre, creado por Dios pa­ra ser feliz por toda la eternidad,' si él no fuese el autor de su pro­pia "conciencia"? A pesar de la protesta justificable, de que no existe mérito ni valor alguna de que la criatura sufra, para después llegar a ser venturosa, ¡mucho peor sería que fuera un producto automatizado y elaborado mecánicamente y en serie! La

auto-realización es la transformación preliminar que garantiza un futuro venturoso, puesto que el espíritu sabe conscientemente de la aplicación de sus poderes creativos y de la posibilidad de plas­mar, en las formas del mundo, toda la intuición superior, como es la poesía, arte e imaginación sublime. No importa que el hombre, en principio, confunda los valores materiales de los mundos físi­cos y transitorios, como parte de su futura felicidad. La verdad es que él jamás se perderá en los intrincados laberintos educa­tivos de las vidas materiales, porque su destino glorioso es la angelitud, y la luz que lo guía se alimenta del combustible de su centella interna. Sin lugar a dudas, necesita creer y confiar en la pedagogía trazada por el Creador, cuyo resumen el ser posee en su intimidad espiritual, en la síntesis microcósmica del "reino divino".

Y, para que la criatura tenga la seguridad de alcanzar a la brevedad su eterna ventura, entonces la Divinidad estatuyó la Ley del Karma, que disciplina, corrige y rectifica los actos insen­satos y enfermizos, que el espíritu efectúa en las vidas sucesivas en los mundos físicos. Por eso, ninguna criatura debe afectar el derecho ajeno o perturbar el destino de sus compañeros, en el curso del perfeccionamiento espiritual. Además, ninguno puede, aunque quisiera, cargar con la cruz de su hermano y sufrir los contratiempos que deben ser vividos por los responsables. El es­píritu del hombre es el autor de su destino y personalmente res­ponsable por los efectos buenos o malos que resulten de sus actos. Le cabe la tarea de despertar y desarrollar, en sí mismo, los va­lores íntimos que le aseguren la vida futura entre las humanida­des siderales y felices. Puede sembrar dolores, júbilos, placeres o tragedias, pero, bajo la Ley del Karma, que es inflexible y co­rrectiva, justa e impersonal, el hombre es autor y, al mismo tiem­po, receptor de los hechos buenos o malos que haya realizado contra el prójimo. En base a la insistente advertencia hecha por todos los maestros o instructores espirituales, donde anunciaban que "la siembra es libre, pero la cosecha obligatoria", y que "a cada uno le será dado según sean sus obras", ninguno podrá ale­gar ignorancia sobre las sanciones de la ley kármica, ni atribuirle injusticias a Dios.

Pregunta: Si el hombre no goza del libre albedrío de proceder a gusto, es obvio, que tampoco podrá avalar la naturaleza incomún e ilimitada de Dios, lo cual requiere máxima libertad para accionar. ¿De ahí procede la incredulidad y rebeldía huma­nas, no es verdad?

Ramatís: El espíritu del hombre tiene "libre albedrío" de proceder a gusto y puede llegar hasta donde no perjudique a los demás; pero es insensato maldecir o rebelarse contra Dios, cuan­do sólo a él le cabe la responsabilidad de todo bien o mal que realice. La legislación disciplinaria en tan sólo en el sentido de promover la indesviable ventura de sus hijos y ajustados al ca­mino seguro y redentor, sin tener en cuenta intenciones que invo­lucren penalidades. El hombre debe aprender correctamente ca­da lección suministrada por la vida en las escuelas planetarias, sufriendo las reglas disciplinarias del curso educativo, a fin de ser merecedor a los derechos incondicionales en el futuro, y a los poderes incomunes que existen en el seno del universo. El libre albedrío se dilata en su área de poder y capacidad, tanto como el espíritu despierta su conciencia y manifiesta un comportamien­to lógico y correcto, que jamás causará perjuicios al prójimo.

Sólo la ignorancia humana de no saber que el Creador se en­cuentra en su propia obra, y que puede ser "sentido" por sus hi­jos, es lo que induce al hombre a ser un descreído de la divini­dad. Quien sabe sobreponerse al orgullo que el intelecto da, en­cuentra fácilmente la sabiduría y la humildad, pues el orgulloso jamás vibra con la esencia Divina. Es el símbolo del ángel rebel­de, dinamizado por el cientificismo que lo ciega, y se siente hu­millado al hacer concesiones que van más allá de su capacidad. La incredulidad en Dios, no quiere decir que la persona no sea inteligente, sino que es el fruto de la excesiva esclavitud a los senti­dos físicos del hombre transitorio. Jamás la criatura podrá conce­bir la realidad del universo y asimilar la naturaleza divina del Creador, confiando únicamente en los sentidos, aunque éstos se encuentren respaldados por la técnica instrumental del mundo transitorio y limitado, que sólo le sirve para vivir la vida mate­rial. Ningún botánico podría vislumbrar la majestuosa configura­ción del pino, observando la contextura superficial de la semilla. En consecuencia, ¡no se debe confundir la deficiente sensibilidad humana con la conclusión genial de que Dios no existe!

Así como las células del cerebro humano no están en condi­ciones de valorar el equipo "psico-físico" de su dueño, la criatu­ra, que es tan solamente una partícula microscópica del universo, tampoco está capacitada para juzgar y explicar la grandeza del Cosmos en todos sus aspectos.

Pregunta: Si el hombre aún no percibe la Realidad Cósmica de Dios, tampoco se le puede censurar, puesto que es un fenó­meno que está más allá de su capacidad mental, ¿no es verdad?

Ramatís: Ninguno alcanza la solución de una incógnita bajo la obstinación de negarla, puesto que ello es el fruto de una reac­ción producida por el orgullo humano. El hombre humilde y consciente, considera válida y definitiva su opinión, pero es ló­gico, hasta el límite de su capacidad humana y discernimiento espiritual. Sería absurdo que los alumnos analfabetos del curso primario se obstinaran en negar las etapas del curso secundario, preuniversitarias y universitarias, que ni siquiera conciben en su mente infantil.

El curso primario no es suficiente para proporcionar al alum­no incipiente la visión global de los cursos superiores, lo cual quiere significar que el mundo físico es una preliminar educativa con la función restringida de despertar los valores psíquicos del ciudadano espiritual, pero que es imposible que el comunique la Realidad Divina. Sería más que tonto aquel que, conociendo lo básico de la aritmética, se envaneciera por que aprendió a calcu­lar y se opusiese a la teoría de la relatividad de Einstein, que exige cerebros privilegiados para entenderla. El hombre que to­davía no se conoce a sí mismo y que es una infeliz víctima de los vicios y pasiones animalizadas, jamás debería enorgullecerse de negar a Dios que creó el universo.

Pregunta: Aunque somos partículas del mismo Dios, Único y Creador del Universo, acaso, ¿no tenemos el derecho de protestar por el sufrimiento que padecemos para poder evolucionar? ¿No tenemos el derecho de rechazar una vida o estado de aprendiza­je espiritual, para lo cual no fuimos consultados?

Ramatís: Es de sentido común que el espíritu del hombre sólo podría interpelar a Dios y censurarlo por haberlo creado sin antes haberlo consultado, (siempre que admita y sepa que existe y que es "alguien" en el seno del Universo! ¿Qué hombre podría, además, preguntarle a su hijo, si desea "existir" o no, antes de concebirlo? En consecuencia", tratándose de una partícula inhe­rente al Todo Único, como es el espíritu del hombre, sólo después de su emancipación espiritual es cuando podrá decidir si desea "vivir" o "extinguirse" en el seno del Cosmos. Simbólicamente, ¡el hombre tendría que nacer, crecer y emanciparse espiritualmente para poder manifestar su decisión de querer vivir o desapa­recer!

Es conveniente que no os preocupéis con semejante decisión hasta que hayáis desenvuelto vuestro espíritu y podáis decidir con un grado más de madurez; mientras tanto, cometéis un grave error, porque analizáis y sacáis conclusiones sobre la realidad de la vida angélica, tomando por base vuestra pobre y mediocre existencia, que es sufrir e ilusionarse en el transcurso de las efí­meras vidas físicas. ¿Habéis imaginado cual sería vuestra opinión al respecto, cuando hayáis alcanzado y os encontréis usufructuan­do la vida angélica, fascinante, auténtica y venturosa?

Pregunta: ¿Cuál sería la imagen o la idea más correcta que podríamos hacernos de Dios, conforme a nuestro entendimiento humano?

Ramatís: Es indudable que Dios es la Eternidad. En con­secuencia, sería demasiada vanidad y estulticia del hombre que­rer conocer a Dios en el corto lapso de la vida humana. Y, como Dios es una fuente de inagotable amor y alegría cósmica, que poco a poco va interpenetrando en la intimidad de las gotas hu­manas, en ininterrumpido crecimiento esférico, más allá del tiem­po y del espacio, cuyo júbilo divino se transforma en eterno mo­vimiento, tanto cuanto el hombre más avanza en su realización cósmica, entonces, comienza a amarlo. Dios es Espíritu Uno, sustenta cada forma y energía del Universo; por lo tanto, es tras­cendental y existe en el vacío de lo increado, más allá de cual­quier fenómeno concebido por las criaturas en la realización del autoconocimiento.

Pregunta: El hombre que se ha realizado divinamente, ¿qué tipo de naturaleza posee?

Ramatís: Los espíritus que en el orbe terráqueo alcanzan la realización de su Divino Yo, manifiestan algo de la naturaleza de Dios, es decir, viven una existencia y los objetivos de su ven­tura eterna, cumplen con su tarea educativa en el mundo, pero usufructúan su jubilosa calma interior. El espíritu realizado es aquel que sobrepasa las atracciones de los instintos inferiores y mantiene una consciente y permanente unión con el Creador. También es cierto que únicamente en los estados de samadhi, el éxtasis de la visión cósmica, en una esfericidad sin límites que abarca los fenómenos del macro y el microcosmos de la Vida, es cuando el espíritu tiene conciencia nítida de esa realización di­vina, que se alcanza de a poco, hasta integrarse definitivamente en el seno de las humanidades sidéreas, liberadas de cualquier impureza de la vida externa e ilusoria.

También es evidente que las criaturas entregadas a las prác­ticas del Evangelio de Jesús y que llevan una vida de constante servicio de amor al prójimo, del cual Francisco de Asís es una de las figuras más representativas, perciben con más rapidez la Realidad Divina, que además se encuentra implícita en el pre­cepto evangélico que dice "Golpead y se os abrirá", o "Pedid y se os dará". De esa forma, los hombres alcanzan la realización, por la comunión con Dios, como los yogas alcanzan el éxtasis o samadhi, y los occidentales, por medio del trabajo.

Pregunta: Respecto a la concepción de Dios, ¿qué otro escla­recimiento nos podéis ofrecer?

Ramatís: Pensad un poco; ¿el reino de Dios, no está en el hombre? ¿No os sentís un ser único, una entidad absoluta y due­ño de vuestra voluntad? He ahí porqué los Vedas hace muchos milenios consideraban que el espíritu realizado es aquél que do­minó o venció a maya, la ilusión cósmica dualista, es decir, com­prendió la realidad de su unidad. 8 Por lo tanto, Dios es Único, aunque se manifieste al exterior como el Universo, que aparece después del "Día de Brahma" y se diluye durante la "Noche de Brahma", como si fuera la constitución física y transitoria. 9 Todo ello el hombre lo puede apreciar mentalmente al comprobar que él mismo no es su propio cuerpo, pero que su cuerpo, tan sólo es la manifestación o materialización exterior en un cierto grado del espíritu inmortal. El espíritu del hombre, único e indestructi­ble, preexiste a la materialización o gestación de un cuerpo físico en los mundos planetarios, y sobrevive después del desgaste o destrucción de su organismo provisorio y carnal.

Pregunta: Por lo expuesto, ¿sólo existe una Sabiduría en el Universo?

Ramatís: En Dios está toda la sabiduría, justicia, amor y realización, pues siendo la Unidad, de sí mismo se derivan todos los procesos que se manifiestan en los incontables fenómenos del Universo. Cuando el espíritu de Dios se expande y palpita centrípetamente hasta alcanzar el estado compacto, que vosotros conocéis por materia y que conforma los mundos físicos, las ga­laxias y la vida inherente a cada orbe, en su manifestación, bajo el impulso expansivo y creativo, esa energía constitutiva, podría decirse, está dirigida por la voluntad de Dios Espíritu, hasta al­canzar la fase que bien se puede denominar "Dios-Materia". El Creador interpenetra y da vida al Universo, mientras que los es­píritus toman conciencia, vibran y viven en el océano cósmico, expandiéndose tanto como sea el conocimiento y el Amor del Pa­dre Eterno que sienten en .sí mismos, que dirige el Universo Mo­nista.

Pregunta: ¿Qué debemos interpretar por Universo Monista?

Ramatís: Monismo es el concepto adecuado para entender que todo lo existente proviene de una única fuente. El concepto monista elimina el aspecto acentuadamente antropomórfico e in­dica que la vida encontrada en todas las latitudes cósmicas obe­dece a un principio único o central del Universo, en la cual Dios es la Unidad Auténtica e Infinita. Se trata de comprender que existe un solo Dios que

8 El gran filósofo monista hindú Shankara escribió: "Cuando existe dualidad, debido a la ignorancia, el individuo ve todas las cosas como distintas del Ser. Cuando todo se conoce como el Ser, ni siquiera el átomo es visto como diferente al Ser. Obtenido el conocimiento de la Realidad, no se experimentan los efectos de las acciones pasadas, en base a la irrea­lidad del cuerpo, como no podría haber sueños cuando comienza la vigilia”

9 Nota del Médium: Ramatís explica en la obra El Sublime Pere­grino, Cáp. IV "LA GRAN PLANIFICACIÓN Y EL CALENDARIO SIDE­RAL", o Manvantara de la escolástica oriental, que significa una pulsación o respiración completa de Brahma o de Dios, es decir, el tiempo en que el Espíritu Divino desciende hasta formar la materia y después la disuelve nuevamente, retornando a su estado primitivo, de espíritu puro. Un "Gran Plano o "Manvantara" abarca el origen y la desaparición del Universo físico, comprendida en dos fases distintas: el Día de Brahma, cuando Dios expira o crea las formas materiales; y la Noche de Brahmán cuando Dios as­pira o disuelve el Cosmos morfológico. Cada fase creativa y desintegradora de la materia alcanza el tiempo material de 2.160.000.000 años del calen­dario terreno, haciendo el proceso de un total de 4.320.000.000 años es decir, el tiempo real de una respiración divina.

efectúa el aspecto orgánico y dirige la fun­ción dinámica del Cosmos. Dios es la única e inmodificable crea­ción, la esencia y la sustancia de donde se originan los hombres, cuales chispas o partículas espirituales divinas. Los mismos son puestos en marcha en incontables peregrinaciones por las formas educativas de los mundos físicos, en el proceso de ir adquiriendo mayor grado de conciencia individual y tener noción de existir como una entidad aparte, pero vinculada íntimamente al Todo Divino.

El Universo es una entidad que abarca e incorpora todo cuanto es posible, y que la criatura humana concibe por existente, cosa que todavía es incomprensible y dificultosa de entender para el espíritu primario del terrícola, que todavía no desarrolló la sensibilidad suficiente para percibir los amplios e inmensos vue­los de la Gran Inteligencia.

Pregunta: ¿Nos podríais dar algunas consideraciones que fueran más convincentes, respecto a la concepción monista de Dios?

Ramatís: El orden y la sabiduría que dirige a los diversos fenómenos de la vida en el Universo, demuestran que existe una sola Voluntad que crea y gobierna el Cosmos. Fuera del monis­mo tendríamos que aceptar la existencia de dos o más voluntades que tuvieran poderes para crear y dirigir el universo, o retornar a la hipótesis de la concepción de un Acaso, inteligente y creador. Siendo así, surgirían conflictos, desarmonías y choques en el me­tabolismo cósmico, por fuerza de la diferencia de capacidad, ob­jetivos o competición por parte de las mentes concursantes.

El mismo Diablo, que vendría a ser otro dios maligno, fue relegado de sus funciones de asar y cocinar a los pecadores en los clásicos calderos, llenos de aceite y agua hirviendo, debido a que el hombre, en su perversidad, ¡consiguió liquidar en algunos minutos a 120.000 japoneses en Hiroshima, en forma limpia, fulminante y tocando simplemente un botón electrónico! En caso contrario, habría que retornar a la creencia infantil de un demo­nio que trabaja negativamente e intenta perturbar la manifesta­ción cósmica de la creación divina.10

En consecuencia, Dios, la Inteligencia Cósmica Increada e indestructible, es UNO; por lo tanto, el Universo es monista en la concepción dinámica de que todas las energías se reducen y convergen hacia uno sola dirección.

Pregunta: La doctrina espirita codificada por Allan Kardec, ¿conceptúa la configuración de Dios bajo el aspecto monista?

Ramatís: Cuando los espíritus responden a Kardec que Dios es la "Inteligencia Suprema", la causa primaria de todas las cosas, sin lugar a dudas, que está confirmado, que el Universo es mo­nista.

Evidentemente, la "Inteligencia Suprema", mencionada por los espíritus a Allan Kardec, es sinónimo de "Ley Suprema", que in­cide en la existencia de un solo Dios. Es la idea central de un Principio Único, Eterno e Infinito, que anima disciplina, mueve y procrea el Universo. El Cosmos, que el hombre mal logra per­cibir a través de la investigación científica y por medio de los cinco sentidos envanecido por efectuar alguna modificación a la periferia de su composición morfológica, es tan solamente la en­voltura exterior y transitoria, o diminuta fracción del principio original y único, en verdad, es la forma tangible de la intimidad inmodificable.

Debido a la pobreza mental de los humanos, el hombre ha creado innumerables configuraciones de dioses, desde los tiempos históricos, a fin de compensarle la incapacidad para comprender a un sólo Dios Creador del Universo.

Pregunta: Entonces, ¿qué debemos entender por el aspecto trifásico de Dios, que hemos observado que se menciona en al­gunas obras orientalistas y también occidentales?

Ramatís: La pedagogía espiritual enseñada por los viejos maestros orientales, para facilitar la comprensión sobre Dios, conceptuaba el Universo bajo el aspecto trifásico, a fin de que los atributos divinos se pudieran comprender como una gradua­ción, bajo la noción de "espíritu", "energía" y "materia".

10 Ver la obra La Sobrevivencia del Espíritu, capítulo "El Diablo y la Sede de su Reinado", transmitido por los espíritus de Ramatís y Atanagildo.

Son aspectos que no influencian ni modifican la Realidad Monista divina e indisoluble, que es Dios; son ecuaciones o apre­ciaciones delimitadas por la mente humana sobre las fases dis­tintas de un mismo fenómeno. La concepción trifásica no im­porta ni modifica a Dios; es un recurso o formula mental humana para apreciar las manifestaciones principales y divinas, en la dinámica de crear y deshacer el Universo físico. Es innegable y definitivo que el principio es uno sólo; por lo tanto, existe un sólo origen y una sola voluntad creadora para todo el Cosmos.

Por otra parte, es la Unidad Divina considerada bajo tres aspectos: el de Espíritu, estático o de equilibrio; el de Energía, dinámico y relativo al movimiento; y el material, morfológico, que muestra al Universo en las partes constitutivas de las for­mas y simultáneamente, la representación de la Ley en el mundo exterior.

Pregunta: ¿Por qué la Teología afirma que Dios es la unión de tres personas en una sola entidad divina, conocida por el Pa­dre, el Hijo y Espíritu Santo? ¿La Santísima Trinidad no es un aspecto trifásico de Dios?

Ramatís: El dogma de la "Santísima trinidad", adoptado y cultivado por los católicos, equivale al dogma de la "Krishnamurti", admitido y proclamado por los hindúes y algunos pueblos asiá­ticos, con la intención de exponer comprensiblemente los tres as­pectos de la manifestación divina. También es verdad que mu­chas religiones exageran, materializando en demasía aquello que es simbólico, aunque ese culto de los aspectos trifásicos de Dios no modifiquen le Ley Suprema o Principio Único.

Bajo el aspecto místico y religioso de las principales religio­nes de los pueblos, se proclama los "tres aspectos" de Dios, pero derivados y no divididos en la misma Unidad. Los hindúes ele­van sus ruegos a la trinidad Brahma, Shiva y Vishnú; el Budismo menciona a Amitabba, Avalokiteshavara y Manjusri; los germa­nos, a Votan, Friga y Diñar; los egipcios, a Osiris, Isis y Horas; los persas, a Ormuz, Arimán y Mithra. La Iglesia Católica se refiere al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, cuyo aspecto trifásico podría ser admitido por la ciencia del mundo en los aspectos de Espíritu, Energía y Materia, o Pensamiento, Voluntad y Ac­ción, correspondiendo a la Ley de equilibrio, movimiento y forma.

Pregunta: ¿No cabe la posibilidad de que esa concepción trifásica de la Santísima Trinidad, adoptada por la Iglesia Cató­lica, implique una creencia sobre un potencial divino politeísta?

Ramatís: Dios es Único y no se le debe confundir con los tres aspectos conceptuados por el hombre, como si fuera otras en­tidades creativas y que también dirigen el Cosmos. El mismo hombre, aunque sea un único ser, puede manifestarse al mismo tiempo bajo tres aspectos distintos y trifásicos: pensar, sentir y accionar. Mientras tanto, ello sucede sin que sufra alteración al­guna en su intimidad e individualidad constitucional. El fenó­meno de Dios Único, y al mismo tiempo manifestándose trifásicamente, sin alterarse íntimamente, nos recuerda el ejemplo un tanto rudimentario, pero sugestivo, de lo que sucede con el agua. Se mantiene inalterable en su estructura original, aunque pue­da presentarse bajo el aspecto trifásico, de caliente, perfumada y en colores, sin afectarle su contextura íntima. El agua simbo­lizaría a Dios, inmodificable, el Todo integral; el calor nos re­cordaría al Espíritu, que da vida; el perfume, la energía que construye y el color, la materia, ¡qué tiene forma color y pésol

De ahí los motivos, porqué en el libro "Mandukyopanislad" de la tradición brahmánica, el hombre está considerado un "mi­crocosmos" único y monístico, pero bajo el triple aspecto de "cuerpo mental, etérico y físico". Además, los espiritas, bajo al­gún impulso oculto de la sabiduría psíquica, aprecian la versión moderna del triple aspecto divino, pues consideran al Espiritis­mo como una doctrina; Religión, bajo el aspecto de energía di­vina que religa a la criatura con el Creador; y Ciencia porque investiga los fenómenos y demuestra las leyes del Universo.

Pregunta: Finalmente, ¿debemos imaginar el Universo y a su Creador a través de la existencia de su propia obra? ¿Existe alguna otra posibilidad para que nuestra mente humana se apro­xime a concebir la Realidad Divina desde otro punto de vista?

Ramatís: Asegura vuestra ciencia, que el Universo continua­mente se expande, se asemeja a una enorme explosión, que se dilata en todos los sentidos. Efectivamente, la imagen está más o menos aproximada respecto a la idea dinámica sobre la reali­dad. Sin embargo, como el tiempo en vuestro mundo es relativo, no os seria posible valorar esa explosión en la eternidad de la Mente Divina. Suponemos que para Dios ese acontecimiento di­námico entre el comienzo y el fin de la explosión citada es tan instantáneo como el explosivo que estalla en el espacio de un segundo terrestre. Entre antiguos iniciados Vedas y los instruc­tores de la dinastía Rama, ese tiempo de expansión, que es cuan­do Dios crea y después disuelve el Universo exterior, es conocido por "Manvantara" y comprende un período de actividad, cono­ciéndose en Occidente como un "Gran Plano", o una "Respi­ración" completa del Creador, dividida en diástole y sístole cósmicos.11

En verdad, aquello que para Dios sucede en el tiempo sim­bólico de un segundo, para nosotros, sus criaturas, abarca un total de 4.320.000.000 de años terrestres, o sea, el tiempo trans­currido por un "Manvantara", o "Gran Plano", que simboliza la "Respiración Divina", en dos períodos, cada uno de 2.160.000.000 años. Todo ello constituye la fase de la conden­sación de la materia y la fase de la transformación de la materia en espíritu, pasando por la energía, ¡para luego sólo existir el Universo Espíritu! El Cosmos, eliminada la idea de tiempo y espacio, resulta una "Noche Mágica", cual infinita fiesta de belleza policroma, que transcurre bajo la visión de los Espíri­tus Reveladores de la Voluntad, de la Mente Creadora Espiritual y Divina.

El Universo, por lo tanto, es la prosecución continua de "Manvantaras" o "Grandes Planos", substituyéndose unos a otros, en los cuales se forjan la conciencias individuales, que habiendo nacido absolutamente vírgenes e ignorantes, son puestas en la corriente evolutiva de 'as cadenas planetarias. En seguida des­piertan, crecen, se expanden y absorben la noción relativa del "bien" y del "mal", de lo "bello" y de lo "feo", de lo "sano" y de lo "enfermizo", conforme a las latitudes geográficas donde se estacionan para evolucionar, hasta alcanzar conciencia de su propio destino, y poco a poco alcanzar las vibraciones superio­res de la angelitud. Sucesivamente, los espíritus angelizados van alcanzando niveles superiores hasta llegar a las frecuencias arcangélicas, a través de otros "Grandes Planos" o "Manvantaras", asumiendo la responsabilidad de dirigir sistemas planetarios y hasta constelatorios. Arcángeles emancipados y liberados de cual­quier condición opresiva y restrictiva del Universo, pasan a orien­tar y guiar a las nuevas humanidades planetarias, almas infan­tiles, que van surgiendo y conquistando su ventura por el des­pertar de su conciencia en esa continua sucesión de diástoles y sístoles cósmicos. Así es la Ley eterna y justa; los "mayores" enseñan a los "menores" a subir por la escala humana en la conocida escala de Jacob, cuando los ángeles descienden y su­ben comunicando la Voluntad y la Sabiduría de Dios para los hombres.

Bajo tal esquema elaborado por Dios, la conciencia espiri­tual del hombre, a medida que crece esféricamente, diluye los límites del tiempo y del espacio, para actuar en otras dimensio­nes indescriptibles; abarca, entonces, cada vez más, la magni­ficencia del Universo en sí mismo, y se transforma en el Mago que crea otras conciencias menores en su propia Conciencia Sideral.


11 Nota del Médium: Conforme a los Vedas, una respiración o pulsación macrocósmica de Brahma, o Dios, corresponde a una respiración microcósmica del hombre. Los hindúes también acostumbran a definir por "Manvantara", un período de actividad planetaria, en el cual se constituyen y perfeccionan siete razas humanas. Ver la obra El Sublime Peregrino de Ramatís, en especial, el capítulo IV "La Gran Planificación y el Calendario Sideral".
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