Ramatís El Evangelio a la Luz del Cosmos






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RAMATÍS
Curitiba 30 de Marzo de 1974

ALGUNAS PALABRAS
Mis hermanos:
Tengo el presentimiento de que los lectores más intelectualizados estaban esperando, a través de la presente obra, que Ramatís revelase las más inusitadas explicaciones sobre el metabo­lismo cósmico. ¿Es que se estaba esperando el soñado y anhelado deseo de tener una explicación lógica o casi definitiva de la multimilenaria incógnita, de quién es Dios?

Ramatís, aunque sea un espíritu evolucionado v que en el Espacio conforma la dirección de la "Fraternidad de la Cruz y el Triángulo", comunidad sideral que está formada por espíritus orientales y occidentales, en un trabajo específico sobre el área del territorio brasileño, sin embargo, asumió la responsabilidad y el compromiso de activar el corazón del hombre terreno, sobre el Amor enseñado por el Cristo Jesús. No tiene por miras exponer revelaciones sorprendentes e inusitadas, que sólo deslumbran el intelecto humano, pero que no dinamizan el sentimiento del co­razón. Además, no es de mucho valor un cerebro abundante de conceptos eruditos y saturado de elucubraciones científicas, capaz de solucionar los complejos problemas de la vida física, pero al que le faltase el calor crístico de la Intuición que atempera el corazón y sensibiliza el alma, cuyo fin es reencontrarse con la verdad sobre la Vida Inmortal. No siempre los mayores descu­brimientos y conquistas sorprendentes resuelven los problemas seculares, que sólo requieren un poco de amor, tolerancia, filan­tropía, humildad, ternura y compasión. ¿Cuáles son las soluciones definitivas que han de remediar la vida de los sumidos en la pobreza o que contribuyan a mejorar el sentimiento de los huma­nos, que hayan aparecido paralelamente, a las siderales sumas de dinero, empleadas para fabricar cápsulas, módulos y cohetes para que el hombre pisara la luna?

Es evidente que las revelaciones extemporáneas y relativas al mecanismo del universo tendrían poco provecho entre las criatu­ras humanas si únicamente fueran ágiles y sensibles de intelecto, pero muy pobres de sentimientos. Existe mucha razón y una gran advertencia cuando Ramatís manifiesta: "¿De qué le vale al te­rrícola haber alcanzado el suelo de la luna, a millares de kilóme­tros de su tradicional morada, si todavía no consiguió penetrar un centímetro dentro de su propia alma?

Analizando los mensajes mediúmnicos de Ramatís, compro­bamos que su posición está en la condición de espíritu entrevis­tado. El éxito de sus obras depende muchísimo de la capacidad, sensatez y amplitud de los temas y preguntas formuladas por los interesados. Desde que comenzó su primera obra por vía mediúmnica, Ramatís nos sugirió que fuese elaborada por el sistema de preguntas y respuestas, cuya fluidez, en los diálogos proporciona una mayor recepción del contenido y favorece el descanso mental de los lectores. Los textos expuestos en forma de diálogos, debido a la cadencia de las pausas, suavizan los asuntos más complejos, cansadores y prolongados, pero sin apartarlos del tema progre­sivo y fundamental de la obra.

Pero, en base a la multiplicidad de los asuntos que común­mente son indagados en cada obra, casi exigiendo especialistas para preparar las preguntas adecuadas y coherentes a la secuen­cia lógica de cada tema encarado, es también Ramatís quien suple las fallas referentes a la indagación. Entonces, elabora o hace nue­vas preguntas y responde a sus propias indagaciones, como si fueran formuladas por los interesados del tema de la obra, a fin de "llenar" los' claros existentes y que son capaces de truncar la marcha armoniosa y correcta del tema central. De esa forma llega a responder anticipadamente a las dudas que asaltan a los lectores en ciertos trechos de sus obras, como si les estuviera adivinando la indagación que tienen en mente.

Nuestro grupo de estudio espiritualista siempre opta por un asunto de interés colectivo, como en el caso de esta obra, en que fue escogido el tema fundamental del "Evangelio a la Luz del Cosmos". En seguida, se vale de la inspiración y orientación asistenciales de Ramatís, para motivar las indagaciones sucesivas, siendo compuestos los capítulos en orden correlativo. En la se­lección de los temas destinados a las consideraciones de Ramatís, se incluyen las solicitudes hechas por los lectores a través de car­tas, dudas e investigaciones realizadas personalmente, inclusive algunos asuntos extraídos de compendios, obras y publicaciones que justifiquen serias consultas al mundo espiritual. Mientras tanto, en el caso de la obra "Sembrando y Recogiendo", en forma de cuentos reencarnacionistas, y que me fuera dictada por el espíritu de Atanagildo, pude psicografiarla sin indagaciones pos­teriores y casi sin interrupción.

Sin embargo, insisto en recordaros que, debido a la pobreza y dificultad humana respecto al entendimiento sobre la inmorta­lidad del espíritu, Ramatís necesita venir al encuentro de los interesados, a fin de llenar en forma coherente las lagunas que existirían y que sacrificarían la conexión y claridad de sus obras; y repito una vez más, sería por falta del conocimiento adecuado.

Después de haberle solicitado algunas elucidaciones sobre el Evangelio de Jesús, apreciado a la luz de la Suprema Ley del Cosmos, y sobre el fundamento principal de ésta obra, Ramatís nos sugirió llevar un esquema disciplinado de la materia general de la obra, a fin de coordinar el texto indagatorio con las pregun­tas de nuestra simpatía y capacidad. Nos aconsejó, entonces, que la armadura vertebral de la obra obedeciese a la triple y siguiente división: "Dios", figurando como el tema preliminar, que nos permitiría una mejor comprensión de la idea y de las leyes del Creador; "Evolución", en la segunda parte, con referencia a la vida del espíritu encarnado y su trabajo humano, para alcanzar una mayor área respecto a la conciencia en el contacto educativo con las formas físicas de los mundos planetarios; y, finalmente, el "Evangelio", como tema fundamental discurriendo sobre las pará­bolas, los conceptos y acontecimientos más sobresalientes en la vida de Jesús, que además de ser de mucha importancia, sirven para fijarse con precisión en la memoria de los humanos.

Bajo tal disposición fueron seleccionados los temas principa­les y elaboradas las indagaciones de mayor interés y conveniencia para el esclarecimiento de los lectores de esta obra. A pesar de cierta versatilidad profesional, de las graduaciones, especialidades, cultura filosófica, psicología y espiritualismo de los que forman nuestro grupo ramatisiano, sus indagaciones todavía no son satis­factorias para la cobertura integral y minuciosa de los temas es­pirituales expuestos, los cuales Ramatís los rellena con su expe­riencia sideral. A pesar de esa deficiencia evidente para una en­trevista mediúmnica, siempre se observa la tranquilidad y la cohe­rencia de la obra, ante la frecuente intervención de Ramatís que corrige fallas, compensa aparentes desentendimientos y llena los claros que transcurren por causa del trabajo indagatorio.

En consecuencia, cualquier problema o deficiencia señalada por los lectores en el transcurso de la lectura sobre "El Evange­lio a la Luz del Cosmos", incluida la falta de preguntas más esclarecedoras, todo ello quede a cuenta de la insuficiencia mediúmni­ca. En base a otras obras de Ramatís, que están siendo psicografiadas, creo que los lectores insatisfechos podrán usufructuar me­jores esclarecimientos en temas más específicos, que se irán pre­sentando.
HERCILIO MAES
Curitiba, 1 de Mayo de 1974
DIOS
Pregunta: ¿Llegará el tiempo en que el hombre compruebe fehacientemente la realidad de Dios, a pesar de los vanos es­fuerzos que han hecho los investigadores hasta nuestros días, sin alcanzar los resultados apetecidos?

Ramatís: Jamás la criatura humana podrá definir o identifi­car racionalmente la Realidad Absoluta del Creador, por más que sea una partícula divina. Si el hombre lograra tal solución, sería otro Dios para ser descubierto, descripto e identificado. Así como las hojas no pueden sentir o representar al árbol, y las gotas del agua no pueden describir la naturaleza inmensurable del océano, la parte tampoco puede definir el Todo, ni el creado a su Crea­dor. Las células del hombre jamás podrán explicar los pensamien­tos, sentimientos y la correcta configuración del ser humano. Sólo otro Dios o semejante al que se pretende demostrar es el que po­dría probarlo.

Pregunta: ¿Por qué no podemos definir o explicar al Creador, si somos una partícula de, El? ¿No dice la Biblia, que "el reino de Dios está en el hombre"?

Ramatís: Dios, como fuente original e increada de la Vida, existe antes de cualquier cosa o ser; en consecuencia, jamás po­dríamos explicar aquello que existió mucho antes de nosotros existir. Si consideramos a Dios simbolizado por rayos que parten geométricamente de un centro y se pierden en el infinito, la con­ciencia del hombre ha de ser siempre la figura de una esfera limitada sobre el centro de esos rayos. Aunque esa conciencia humana se amplíe y desenvuelva constantemente en todos los sentidos, está sujeta a limitaciones relativas en cada fase, y jamás podrá alcanzar los rayos infinitos.1

Pregunta: Si el reino de Dios se encuentra en el hombre, ¿por qué no poseemos el entendimiento subjetivo de la Realidad Divina? Aunque hemos sido creados "a imagen de Dios", sin em­bargo no tenemos una impresión correcta sobre su índole, pues lo único que tenemos es nuestra imperfección espiritual e ignorancia, que de nada nos es útil para comprender la naturaleza del Creador, ¿no es verdad?

Ramatís: El reino del pino está plasmado y esquematizado en la simiente, así como la semilla del roble es la imagen del gi­gantesco árbol de su especie. Sin embargo, sólo podréis valorar y comprender la realidad del pino o del roble una vez que hayáis plantado la semilla en la tierra fértil para dar cumplimiento al proceso de la metamorfosis vegetal. A través de las fuerzas ocul­tas que dormitan en la intimidad vegetal, ambos necesitan evolu­cionar, poco a poco, a partir de la simple y pequeña semilla, limitada, y poco diferenciada de su estructura general. Una vez activada, rompe la cobertura de la vieja semilla, brota, crece y alcanza las alturas hasta configurar definitivamente el majestuoso árbol, que existía potencialmente en el embrión. La simiente, des­pués de sufrir el proceso de adaptación al suelo, no siempre pro­picio, todavía debe concentrar sus fuerzas íntimas para romper las membranas externas. Después necesita sobreponerse a la agre­sividad de los gérmenes del medio donde fue sepultada; resistir la potencia del quimismo tóxico de la tierra; sufrir la humedad que se filtra en sus entrañas; cavar los surcos para desarrollar y afirmarse, para que el brote pueda romper la superficie de la tierra; buscar el oxígeno y la libertad para enfrentar el aire helado del invierno o el calor abrasador del verano; sobrevivir a la lluvia torrencial y curvarse humildemente ante la inclemen­cia del viento tormentoso. Incluso debe defenderse de la agre­sión tenaz de los insectos que le exterminan los brotes recientes y persistir hasta conformar definitivamente las ramas y las hojas. Su único fin es siempre ir hacia lo alto, a pesar de los impedimen­tos que las especies dañinas le presentan, mientras sus raíces rebuscan en el fondo del suelo los elementos minerales para desarrollarse. A pesar de los innumerables factores agresivos del medio, la planta continúa creciendo sin poder desviarse del es­quema fundamental de conformar definitivamente el majestuoso árbol que aceptó la tarea de plasmarse en el seno de la tierra, a pesar de tanta adversidad durante su desenvolvimiento.
1 EL ESPÍRITU HUMANO Y LA EVOLUCIÓN DE SU CONCIENCIA


DIOS
Sin lugar a dudas, el reino de Dios está en el hombre, así como la naturaleza del roble futuro reside en la semilla. Si con­sideramos a Dios como Espíritu Total y Cósmico, como "Llama" o "Luz" infinita, por siempre y más allá del tiempo y del espa­cio, obviamente, los espíritus de los hombres o hijos de Dios han de ser entonces centellas emanadas de esa eterna, infinita e in­cognoscible energía.

Pregunta: Si el hombre es un Dios en miniatura, ¿no podría conjeturar en sí mismo la Realidad Divina?

Ramatís: El espíritu del Creador vitaliza la vida íntima de cada criatura, como si fuera el "paño de fondo" de la concien­cia del hombre. A medida que el ser amplía esa conciencia es­férica, en .permanente contacto y en forma educativa con la ma­teria de los mundos planetarios, también abarca mayor área de lo divino y va percibiendo a Dios con más precisión. Aunque la simiente posea en potencia las cualidades del vegetal, que demostrará su condición cuando los factores naturales lo per­miten, sin embargo, no podría definir por anticipado su poste­rior configuración vegetal sino a medida que crezca en su medio ambiente, en eterna lucha por la' vida, hasta alcanzar su real configuración.

Pregunta: Los ateos aseguran que Dios no existe; que el universo es obra del acaso, tal vez producto de un accidente inexplicable. ¿Qué nos podéis decir?

Ramatís: Respetamos la convicción de cada hombre; sin embargo, creemos que el acaso o un accidente imprevisible, pue­dan producir fenómenos y hechos tan inteligentes como es la Vida en el Universo, en verdad es un acaso poco lógico. Un accidente no crea leyes tan lógicas y sabias, que tanto discipli­nan en forma genial y correcta el torbellino de electrones alre­dedor del núcleo atómico como amparan y proporcionan racio­nalmente la cohesión de los astros suspendidos en el Cosmos y que giran armoniosamente alrededor de sus correspondientes so­les. Además, todos esos astros se mueven en dirección a un ob­jetivo correcto y útil, con estructuras estables, perfectas y com­plejas, demostrando que existe una inteligencia poco común y muy superior, comparándola al más avanzado índice de inte­lecto humano. Decía un célebre filósofo persa: "Si Dios no hizo el mundo, necesitamos buscar con urgencia al responsable por un hecho tan sabio y lógico".2

Pregunta: Si no podemos concebir a Dios, entonces no tiene ningún sentido que tengamos un estado de fe absoluto y ciego, que nos induzca a creer en aquello que todavía no tenemos la seguridad de que existe. ¿De qué adelanta afirmar que el reino de Dios está en el hombre, si éste no sabe quién es o cómo es su Creador?

Ramatís: Y, ¿cuál sería el cambio del hombre, en el caso que supiese describir satisfactoriamente la forma y la esencia de su Creador? ¿Acaso las criaturas harían modificaciones instantáneas o loables en la vida, abdicando de intereses y dignificando sus relaciones humanas, sólo porque alguien consiguiera describir la Realidad Absoluta? Sin embargo, es evidente, que ese deseo constante del hombre por conocer o sintonizarse con el Creador es lo que debiera estimularlo y acelerar su ascenso hacia una vida espiritual superior.

Mientras la criatura vibre en un estado espiritual primario, todavía no está preparada para entender a Dios y su manifes­tación Cósmica. El espíritu de] hombre necesita emanciparse del instinto primitivo a través del cultivo de los valores divinos, que están adormecidos en su propio "yo" si es que en realidad qui­siera comenzar a entender la naturaleza real del Creador. Ade­más, el hombre deberá superar el linaje animal que le plasmó el organismo carnal, y realizarse como ser espiritual e integral; por otra parte, necesita adquirir el estado angélico para liberar­ía definitivamente de las reencarnaciones. Hasta que eso suceda, sólo le resta asumir una actitud sensata y tranquila; tratar de entender los designios divinos a través del respeto y amor a to­das las criaturas, que son manifestaciones palpables de la Mente Creadora.

Es natural que el hombre civilizado y esclarecido no tenga dudas sobre el hecho científico de que una ciudad se ilumina por la fuerza disciplinada de la energía eléctrica, mientras que para el salvaje, con su mente infantil y supersticiosa, considera el fenómeno como un misterio sagrado. El poeta se extasía ante la forma y los colores de una rosa; de esa forma, pronto transfor­ma la belleza floral en una belleza poética. El sabio, en el si­lencio del laboratorio y sin la visión panorámica de la flor, tam­bién se deslumbra y conmueve tal vez más que el poeta al com­probar la sabiduría oculta que combina los átomos en molécu­las, las moléculas en células, las células en tejidos, los tejidos en órganos, conformando perfección y armonía en la investigación de una simple flor. Se emociona el poeta por la belleza exterior de la rosa y vibra el sabio por el cientificismo que une y asegura la contextura íntima de la flor. De la misma forma, la criatura, conforme sea su experiencia, sabiduría, sensibilidad y evolución, ha de tener visión o concepción de Dios, sea fantasiosa o aproxi­mada a la realidad, pero nunca alcanzará la solución que so­brepase su capacidad mental.

Pregunta: ¿Es censurable esa insatisfacción o incredulidad del hombre, cuando aún le faltan medios para definir o compren­der a Dios?

Ramatís: ¿Qué importancia tiene la aflicción del hombre por no poder comprobar correctamente la realidad de Dios, cuando a través de las Leyes y los fenómenos inteligentes de la natura­leza puede sacar sus propias conclusiones respecto a la existen­cia del Creador?

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