Han sido tan sólo ocho días, y aunque los días previos a mi partida, en algún momento de agobio pre-viajero me pareciesen una eternidad, en realidad no han sido






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fecha de publicación01.04.2017
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Han sido tan sólo ocho días, y aunque los días previos a mi partida, en algún momento de agobio pre-viajero me pareciesen una eternidad, en realidad no han sido nada. Me hubiese cambiado gustosamente por Javi para poder quedarme más tiempo allí.

Salí de Barcelona el día 26, antes de entrar en el aeropuerto, última llamada a Gonzalo, para que me confirmase y reconfirmase todo lo que habíamos hablado... El ir a un sitio nuevo y tan diferente crea cierta incertidumbre, así que me permití ser un poco pesada.

Mientras esperaba para embarcar no dejaba de pensar quienes de los que esperaban allí tenían mi mismo destino, al final hable con dos chicas que también iban a los campamentos, una de ellas repetía, lo cual me tranquilizó bastante, no esperaba tener ningún problema, pero nunca viene mal que alguien te vaya indicando.

Enseguida llegamos a Argel, con algo de retraso, así que como sólo había dos horas para coger el avión a Tindouf, junto a mis nuevas compañeras de viaje, hicimos algún que otro sprint para recoger la mochila, pasar los miles de controles que hay e ir al aeropuerto nacional. El cambio de aeropuerto es muy sencillo, ya lo explica Ana en su documento, pero no está de más decírselo a la gente que vaya por primera vez, yo la verdad andaba un poco perdida.

En el aeropuerto nacional, una vez más a enseñar el pasaporte a todas horas y a rellenar una de esas tarjetitas de entrada al país (recomendar también llevar un boli a mano y avisar que una vez en la pista, antes de subir al avión para Tindof, tienes que coger tus maletas y subirlas al carro si no quieres que se queden en tierra).

Un par de horitas de avión y por fin en Tindouf. Nuevamente a rellenar más papeles y en busca de Habub, la verdad que no fue muy difícil, creo que me vio cara de no saber muy bien qué tenía que hacer y enseguida se acercó a mí, y tal como me dijo Gonzalo, la verdad que si es bastante guapetón! Le dije a quién buscaba, resultó ser él, le hablé del Proyecto Bubisher, de Gonzalo Moure y enseguida buscó un coche que me llevó a Protocolo, donde por fin me tumbé en la cama y dormí placidamente hasta el día siguiente.

En Protocolo, por la noche me había recibido un chico que se pasó por la mañana a ver cómo estaba. Le dije que tenía esperar a Ahmed para ir con él a Ausserd, así que allí me plante, al solecito, observando el movimiento que había por allí y leyendo un libro que había llevado para estos momentos de espera.

Volvió a pasarse un par de veces, y como no venía Ahmed, buscó un coche de Protocolo que por fin me llevo a mi destino. La imagen que más me gusto, cuando alucinada viendo por primera vez los campamentos me vi de frente contra el Bubi, mi cara debió ser un poema, porque el conductor se rió bastante.

Allí me dejo y enseguida me asaltaron los tres terremotos que allí viven: Muley, Mohamed y Rabab, ésta última con un millón de preguntas a las que no me daba tiempo ni a contestar. Azyeiba (no creo que se escriba así...) me recibió muy amable y estuve esperando un ratito a que llegase Javi con Larusi, el conductor del Bubi.

Tanto Javi como Ahmed me esperaban al día siguiente, por eso habían ido a recogerme a Protocolo.

Llegaron enseguida y rápidamente... ¡a ver el Bubi por dentro! la verdad que me gusto mucho, había visto la foto que habías colgado en la web, pero la sensación de verlo en vivo y en directo fue muy especial, tanto tiempo mirando el calendario y realmente estaba allí, con un montón de ganas de trabajar, de ver y sobre todo de aprender. Javi me estuvo explicando cómo estaban organizados los libros, las visitas que habían hecho, el programa de visitas que había previsto... Organizamos y recogimos el material que había llevado para el Bubi y fiel a mi costumbre estuve curioseando todas las cajas de libros viendo lo que había, pensando lo que yo hubiese añadido... Llevé un libro que compré hace poco y que he utilizado bastante con los chicos de mi cole, Mi pequeña fábrica de cuentos, de Bruno Gibert (editorial Thule). Es un libro estupendo para que los niños creen historias disparatadas que les encantan. No lo utilizamos porque el nivel de castellano de los niños con los que trabajamos era muy bajo, pero espero que alguien le de uso.

Ese mismo día le habían dicho a Javi que los alumnos de Secundaria estaban de exámenes, así que no íbamos a poder trabajar con ellos en toda la semana. La verdad que no me importó, sobre todo cuando me enteré del cambio de “público”, íbamos a ir a colegios de Educación Especial.

La idea me gustó mucho, en primer lugar porque son los alumnos con los que yo trabajo en mi colegio habitualmente, y en segundo porque si no hubiese sido por esos exámenes, es muy fácil que estos coles “diferentes” se hubiesen quedado fuera del recorrido del Bubi, perdiendo una oportunidad estupenda para estos niños.

Por la tarde comprobé el furor que causa el Bubi entre los pequeños de Zug, abrimos las puertas y enseguida se llenó de niños que curioseaban libros, pedían que les leyeses algo o que simplemente querían hacer un dibujo para que se quedase colgado en las paredes del Bubi.

Esa misma tarde vino Charo, una chica que estaba pasando una temporada en el 27, que se enteró del proyecto por Cristina y decidió venir antes de empezar a dar clases de español en la UMS. Ataviada con su melfa y con un conocimiento para mi imposible del hassania se quedó varios días con nosotros. ¡Un buen fichaje para el Bubi!

También esa tarde conocí a Ahmed, un trozo de historia andante, idealista y duro a la vez, seguro de sí mismo y crítico con la realidad que le rodea, la más cercana y la que no lo es tanto. Fue él quien nos dio esa misma noche la triste noticia de la situación de Palestina.

Al anochecer, la segunda imagen del día, el cielo tan impresionante que se ve desde el desierto. Ante tal visión no me quedó mas remedio que tumbarme en la arena y dejar pasar el tiempo mientras pensaba en lo paradójico que resulta un cielo tan precioso allí arriba y una situación tan horrible debajo de él.

Al día siguiente visitamos el colegio de ciegos, el de educación especial y una guardería, para hablar con las maestras y hacernos una idea de los alumnos que había en cada uno y para poder planificar las actividades en función de sus necesidades.

También nos acercamos a una madrasa en la que había una biblioteca, Javi me lo comentó y me apetecía ir a verla. Una vez más haciendo gala de mi curiosidad, estuve mirando los libros en castellano que tenían, los materiales de enseñanza de español y la organización del espacio. Varias cuestiones: ¿Por qué nos encanta dar tan sólo lo que a nosotros nos sobra? Ahora entiendo mucho mejor la consigna del Bubi de trabajar con libros nuevos, con varios ejemplares de cada uno y no con restos. No todo era malísimo (siempre bajo mi humilde e inexperto punto de vista), pero era una biblioteca tan ordenada y tan impoluta que no creo que nadie hubiese estado trabajando allí desde hacía mucho tiempo, de ahí, la necesidad de acercar los libros y sus posibilidades no sólo a los niños, sino también a sus maestros, que van a ser al fin y al cabo los que pongan a disposición de los alumnos las herramientas. Si el profe no es consciente de que las bibliotecas están para que los niños las utilicen, las curioseen, las vivan, las destripen, las manchen, las desordenen... nunca van a incorporarla como recurso didáctico. Pero bueno, esto no es cosa del Bubi, y estoy segura de que ese Proyecto de Didáctica de la Lengua que anda por allí y que por cierto, me encantaría conocer, hace algo al respecto.

Una vez vistos los coles y las fierecillas a las que nos íbamos a enfrentar los días sucesivos nos pusimos a pensar qué hacer con ellos.

En el caso de los alumnos con deficiencia visual decidimos primar lo auditivo por encima de otros sentidos, así que nos encerramos en el Bubi y estuvimos escuchando las canciones del libro A la sombra del olivo (Kokinos), y pensando que hacer con ellas. Al final, después de escuchar la música y leer los textos de las canciones, elegimos cuatro. Con cada una de ellas preparamos una actividad o un baile diferente. La primera canción era un juego con los dedos de las manos del tipo el primero fue a comprar, el segundo lo cocino, el tercero lo sirvió y el ultimo se lo comió... Así que después de que los niños escuchasen la canción una vez, les fuimos modelando las manos para hacer el juego.

La segunda canción hablaba de la lluvia, así que preparamos unos “palos de lluvia / maracas “ al estilo saharaui (botella de agua vacía con arena y piedras) y los niños acompañaron la canción con sus nuevos instrumentos. A lo largo de la canción, y por sorpresa, también les “llovió” confeti casero.

Después de esta canción la batería del portátil murió, así que nos trasladamos al Bubi y dejamos a un lado la programación que teníamos organizada y directamente nos pusimos a bailar con los niños y con unos globos que habíamos preparado, bailamos las canciones que teníamos seleccionadas y después pasamos a Juan Luis Guerra, Gipsy King y todo lo que se nos puso por delante (el portátil de Charo es una mina musical de lo más variado...) y así nos despedimos de estos niños.

La actividad estuvo bien, no salió tal y como estaba preparada, pero el directo es lo que tiene! Si que noté diferencias con mi trabajo habitual, en el cole sabes con qué niños vas a trabajar: cuántos son, las necesidades de cada uno tiene, controlas mucho más las variantes de tiempo, espacio... Javi me debía ver pensativa, porque enseguida me dijo que para él lo importante no era qué le había parecido actividad, si se había cumplido, si había estado bien organizada..., sino qué les había parecido a los chavales, si habían disfrutado, si se habían reído... Seguramente tenga razón y yo todavía no había cambiado del todo el cuadriculado esquema mental que a veces tengo.

Mi segunda salida con el Bubi fue a la escuela de discapacitados, este día lo disfruté muchísimo. Habíamos elegido dos libros para trabajar, El color de la arena y El puntito Aquiles, al final la primera actividad se alargó más de lo esperado y dejamos la del puntito para otro día. Empezamos dejando a los niños que viesen por su cuenta un montón de libros (muy al estilo Javi!!!), muchos de ellos no sabían nada de castellano, así que se conformaban con ver los dibujos y que les enseñases alguna palabra. Después empezamos a recrear entre todos una ilustración de El Color de la arena. Les dimos sal y tizas de colores y los niños tiñeron la sal para hacer un desierto multicolor, después, por parejas, se iban a cercando al mural, pegaban allí su arena y estampaban camellos de colores con unos tampones caseros que habíamos hecho la noche anterior. Los niños disfrutaron mucho, sus caras lo decían todo, fue muy bonito, incluso las maestras se animaron a plantar sus camellos de colores en el mural. Cuando acabamos la actividad, vimos que ya no nos daba tiempo a hacer la siguiente, así que ya que Javi había hecho montones de ranas de papel, dimos una a cada uno y la pintaron con acuarela.

Creo que todos nos fuimos muy contentos con esta actividad, los niños se lo habían pasado muy bien, y yo personalmente había disfrutado mucho, me siento muy cómoda trabajando con niños con discapacidad, creo que empatizo bien con ellos.

Si que es cierto que la actividad también me dio que pensar que al trabajar en el Bubi o en cualquier biblioteca, hay que tener muy claro que la animación a la lectura no es animación a la plástica, por ello creo que hay que buscar más opciones que recurrir siempre a dibujar, pintar o recortar. Es cierto que con todos los niños que trabajamos estos días la limitación del idioma era muy importante, pero bueno, sirva la reflexión para futuras actividades.

Al día siguiente fuimos a una guardería, aquí además del idioma (ninguno de los niños había estado todavía en España en verano) contábamos con los inconvenientes de la edad y que los grupos eran bastante numerosos. La tarde anterior habíamos estado hablando sobre qué libros nos gustaría que hubiese en el Bubi, y tanto Javi como yo hablamos de Elmer, así que unimos el elefante con un camello cabezudo y decidimos “elmetizar” a los camellos. Preparamos un modelo que pintamos a cuadros, adornamos con papel de seda, charol... y con él nos fuimos a la guardería. Los niños también lo pasaron muy bien, estaban sentados en grupos e íbamos pasando de una mesa a otra ayudándoles, jugando con los camellos que iban terminando...

Además del camello, y por no ser todo plástica y trabajar realmente partir de un libro que tuviésemos allí, también la noche anterior (ese día se nos hizo un poco tarde...) habíamos preparado una especie de puzzle gigante con las figuras que aparecen en el libro ¿A qué sabe la luna?, lo veréis en las fotos, y estamos los tres orgullosísimos de nuestro puzzle, de hecho lo íbamos a dejar el la guardería pero decidimos guardarlo en el Bubi para poderlo utilizar otras veces.

Con los niños íbamos viendo el cuento, aunque no entendiesen el idioma, trabajamos los nombres de los animales que aparecían, y después, siguiendo como modelo la ilustración en la que por fin consiguen alcanzar la luna, los niños tenían que ordenar las figuras para reproducir el modelo. Una vez más creo que disfrutamos tanto los pequeños como los adultos.

Esta actividad la hicimos con dos grupos, el segundo era de niños más pequeños, así que una vez terminado el camello, en lugar de jugar al puzzle en grupos pequeños, Charo lo hizo con todos a la vez, trabajando también el nombre de los animales.

Y hasta aquí las actividades bubisheras, después, entre fin de año, jueves y viernes no lectivos y el sábado que aunque mi avión no salía hasta la madrugada, Ahmed me llevó al 27 por la mañana cuando se iba a trabajar, poco más hicimos.

La vuelta fue tranquila, creo que ya tenía dentro de mi algo del espíritu de allí, así que me tomé con mucha filosofía las 16 horas viaje de vuelta.

Ahmed me dejó en casa de la familia de Charo, en el 27, pasé el día con ellos y a la noche vino a buscarme Habub para llevarme al aeropuerto, quien por cierto amenizó el viaje hasta Tindouf contándome alguna anécdota del viaje en el que sirvió de chofer a Gonzalo.

Fue muy amable y en el aeropuerto se encargó él de todo el papeleo, mientras unos amables policías se empeñaban en registrar mi mochila pensando que mis chanclas eran un arma blanca o algo por el estilo.

La espera en Argel, pues larga, pero bueno... una siestecilla ahora, otra después y se hacen las tres rápidamente.

Durante los días que estuve con Javi nos dio tiempo de hablar de algunas cosas, por ejemplo de la necesidad de un animador/a saharaui que trabaje de forma fija en el Bubi. Para darle unidad a lo que se hace, para no repetir actividades, para que sirva de nexo de unión entre las ideas de los que están en diciembre y los que van en febrero, para que pueda dirigir a los voluntarios cuando vamos y andamos perdidos con el nivel de los niños, sus capacidades o sus intereses para que ningún voluntario tenga que estar solo... y un millón de motivos mas que ahora mismo no se me ocurren pero que existen.

También hablamos de que echamos en falta más álbumes ilustrados, porque creemos que es lo que mejor funciona a la hora de plantear actividades: puedes leerlo entero en una sesión, los dibujos son muy sugerentes para los niños, son más fáciles para los chicos que otro tipo de libro...

Hablamos de la posibilidad de prestar libros a los chicos que están interesados en leerse un libro, que te piden si tienes algo de monstruos o de animales... El préstamo para casa es difícil, pero se podría abrir el Bubi de forma fija por las tardes, a una hora determinada, para que los chicos puedan ir a leer allí... Es muy difícil, porque en cuanto lo abres tienes a un millón de niños preguntándote, subiéndose... pero si a alguien se le ocurre la forma, no estaría mal.

Creemos que es interesante hacer un foro de voluntarios (creo que sirve el de la web) para que la gente pueda preguntar todas esas cosas que se le ocurren y no sabe muy bien como contestarlas... y además conocernos todos, así que la propuesta de quedar en Madrid en junio me parece muy bien.

A raíz de los cientos de españoles que estuvieron esos días por el 27 con la Asociación de Madrid, y sus actitudes y/o preguntas un poco extrañas, comentamos que, por si acaso la gente que viene no se ha informado de lo que hay en los campamentos, de su historia y sus problemas, estaría bien recomendarles algún libro, web... para que pueda enterarse mínimamente.

Ya no se me ocurre nada más, de todos modos creo que ya me he alargado bastante!

Concretando mucho mucho, decir que la experiencia ha sido muy buena y muy corta, y que espero que el Bubi dure mucho y poder volver la próxima navidad, a ver si cogiendo algún día de asuntos propios en el cole puedo pasar allí dos semanas. Hay mucho que hacer por allí y yo tengo muchas ganas de echar una mano.

¿Lo que nunca espero olvidar? El cielo estrellado del Sahara, el arte de la conversación delante de un te de los saharauis, su amabilidad y hospitalidad y la cara de un niño cuando el Bubi para delante de su colegio...

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