Mujeres






descargar 1.86 Mb.
títuloMujeres
página1/67
fecha de publicación30.03.2017
tamaño1.86 Mb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Ley > Documentos
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   67


Clarissa Pinkola Estés


Mujeres


que corren con los lobos



La doctora Clarissa Pinkola Estés es una psicoanalista junguiana internacionalmente reconocida como especialista, poeta, contadora y guardiana de antiguos cuentos de la tradición latinoamericana.

Se doctoró en Estudios Interculturales y Psicología Clínica, y desde hace 23 años se dedica a la enseñanza y a la práctica privada de la psicología. Ha sido directora ejecutiva del C. G. Jung Center for Education and Research.

Por sus escritos y su activismo, ha sido distinguida con numerosos galardones. La doctora Estés empezó a escribir este libro en 1971 y le ha dedicado más de veinte años.

Mujeres que corren con los lobos ha sido traducido a 18 idiomas y ha recibido el Premio de Honor Abby y el premio Gradiva de la National Association for the Advancement of Psychoanalysis.

Diseño cubierta: Samuel Gómez Imagen: Dos mujeres corriendo en la playa, Pablo Picasso, 1922

SINE QUA NON

CLARISSA PINKOLA ESTES

Mujeres que corren con los lobos

Barcelona. Bogotá. Buenos Aires. Caracas. Madrid México D.F. —Montevideo. Quito —Santiago de Chile
Título original: Women Who Run With the Wolves

Traducción: M. Antonia Menini

1. edición: octubre 1998

1. reimpresión: septiembre 2000

2. reimpresión: noviembre 2000

3. reimpresión: febrero 2001

4. reimpresión: mayo 2001
1992/1995 by Clarissa Pinkola Estés, Ph. D. (D Ediciones B, S.A., 1998)

Bailén, 84 — 08009 Barcelona (España) www.edicionesb.com

Printed in Spain ISBN: 84—406—8711—7 Depósito legal: B. 23.629—2001

Impreso por LIBERDOPLEX, S.L. Constitución 19 — 08014 Barcelona


Todos los derechos reservados, incluidos los derivados de cualquier adaptación musical, teatral y cinematográfica, así como cualquier soporte auditivo o gráfico y en imágenes, fotos o ilustraciones. Bajo las sanciones establecidas en las leyes, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía, el tratamiento informático y la reproducción en cualquier servicio online, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

ÍNDICE
PREFACIO

INTRODUCCIÓN: CANTANDO SOBRE LOS HUESOS
1 .EL AULLIDO: LA RESURRECCIÓN DE LA MUJER SALVAJE

—La Loba

—Los cuatro rabinos
2. LA PERSECUCIÓN DEL INTRUSO: EL COMIENZO DE LA INICIACIÓN

—Barba Azul

El depredador natural de la psique

Las mujeres ingenuas como presa

La llave del conocimiento: La importancia del rastreo

El novio animal

El rastro de la sangre

Retrocesos y serpenteos

El grito

Los devoradores de pecados

El hombre oscuro de los sueños de las mujeres
3. EL RASTREO DE LOS HECHOS: LA RECUPERACIÓN DE LA INTUICIÓN COMO INICIACIÓN

—La muñeca en el bolsillo: Vasalisa la Sabia

Primera tarea — Dejar morir a la madre demasiado buena

Segunda tarea — Dejar al descubierto la tosca sombra

Tercera tarea — Navegar a oscuras

Cuarta tarea — El enfrentamiento con la Bruja Salvaje

Quinta tarea — El servicio a lo irracional

Sexta tarea — La separación entre esto y aquello

Séptima tarea — La indagación de los misterios

Octava tarea — Ponerse a gatas

Novena tarea — La modificación de la sombra
4. EL COMPAÑERO: LA UNIÓN CON EL OTRO

—El himno del hombre salvaje: Manawee

La doble naturaleza de las mujeres

El poder de Dos

El poder del nombre

La tenaz naturaleza canina

El sigiloso apetito seductor

La adquisición de la fiereza

La mujer interior
5. LA CAZA: CUANDO EL CORAZÓN ES UN CAZADOR SOLITARIO

—La Mujer Esqueleto: El enfrentamiento con la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida del amor

La Muerte en la casa del amor

Las primeras fases del amor

El hallazgo accidental del tesoro

La persecución y el escondrijo

El desenredo del esqueleto

El sueño de la confianza

La entrega de la lágrima

Las fases más tardías del amor

El tambor y el canto del corazón

La danza del cuerpo y el alma
6. EL HALLAZGO DE LA MANADA: LA DICHA DE LA PERTENENCIA

—El patito feo

El exilio del hijo singular

Clases de madres

La madre ambivalente

La madre derrumbada

La madre niña o la madre no mimada

La madre fuerte, la hija fuerte

Las malas compañías

Lo que no parece correcto

El sentimiento paralizado, la creatividad paralizada

El forastero de paso

El don del exilio

Los gatos despeinados y las gallinas bizcas del mundo

El recuerdo y el afán de seguir adelante contra viento y marea

El amor al alma

El Zigoto Equivocado
7. EL JÚBILO DEL CUERPO: LA CARNE SALVAJE

—El lenguaje corporal

El cuerpo en los cuentos de hadas

El poder de las caderas

La Mariposa
8. EL INSTINTO DE CONSERVACIÓN: LA IDENTIFICACIÓN DE LAS TRAMPAS, LAS JAULAS Y LOS CEBOS ENVENENADOS

—La mujer fiera

—Las zapatillas rojas

La pérdida brutal en los cuentos de hadas

Las zapatillas rojas hechas a mano

Las trampas

Trampa 1: La carroza dorada, la vida devaluada

Trampa 2: La anciana reseca, la fuerza de la senescencia

Trampa 3: La quema del tesoro, el hambre del alma

Trampa 4: La lesión del instinto de conservación, consecuencia de la captura

Trampa 5: El subrepticio intento de llevar una vida secreta, de estar dividida en dos

Trampa 6.— El temor ante lo colectivo, la rebelión de la sombra

Trampa 7.— La simulación, el intento de ser buena, la normalización de lo anormal

Trampa 8.— La danza descontrolada, la obsesión y la adicción

La adicción

En la casa del verdugo

El tardío intento de quitarse los zapatos

El regreso a la vida hecha a mano, la curación de los instintos dañados
9. LA VUELTA A CASA: EL REGRESO A SÍ MISMA

—Piel de foca, piel del alma

La pérdida del sentido del alma como iniciación

La pérdida de la piel

El hombre solitario

El hijo espiritual

La resecación y la lisiadura

La llamada del Viejo

La prolongación excesiva de la estancia

La liberación, la inmersión

La mujer medial: La respiración bajo el agua

La salida a la superficie

La práctica de la soledad deliberada

La ecología innata de las mujeres
10. EL AGUA CLARA: EL ALIMENTO DE LA VIDA CREATIVA

—La Llorona

La contaminación del alma salvaje

El envenenamiento del río

El incendio del río

El hombre del río La recuperación del río

La concentración y la fábrica de fantasías

—La vendedora de fósforos

La represión de la fantasía creativa

La renovación del fuego creador

—Los tres cabellos de oro
11. EL CALOR: LA RECUPERACIÓN DE LA SEXUALIDAD SAGRADA

—Las diosas obscenas

Baubo: La diosa del vientre

Coyote Dick

Una excursión a Ruanda
12. LA DEMARCACIÓN DEL TERRITORIO: LOS LIMITES DE LA CÓLERA Y EL PERDÓN

—El oso de la luna creciente

Las enseñanzas de la cólera

La intervención de la curandera: El ascenso a la montaña

El oso espiritual

El fuego transformador y la acción adecuada

La justa cólera

—Los árboles secos

—Los descansos

El instinto y la cólera heridos

La cólera colectiva

La persistencia de la antigua cólera

Las cuatro fases del perdón
13. LAS CICATRICES DE LA BATALLA: LA PERTENENCIA AL CLAN DE LA CICATRIZ

Los secretos asesinos

La zona muerta

—La mujer de los cabellos de oro

El manto expiatorio
14. LA SELVA SUBTERRÁNEA: LA INICIACIÓN EN LA SELVA SUBTERRÁNEA

—La doncella manca

La primera fase — El trato a ciegas

La segunda fase — El desmembramiento

La tercera fase — El vagabundeo

La cuarta fase — El descubrimiento del amor en el mundo subterráneo

La quinta fase — El tormento del alma

La sexta fase — El reino de la Mujer Salvaje

La séptima fase — La esposa y el esposo salvajes
15. LA SOMBRA: EL CANTO HONDO
16. LA PESTAÑA DEL LOBO
CONCLUSIÓN: EL CUENTO COMO MEDICINA
APÉNDICE
NOTAS
LA EDUCACIÓN DE UNA JOVEN LOBA.— BIBLIOGRAFIA
AGRADECIMIENTOS
NOTA DEL EDITOR
SOBRE LA AUTORA
RECURSOS


A kedves szüleimnek

Mária és Joszef,

Mary and Joseph,

Szeretlek benneteket

y

para todos los que amo

que continúan desaparecidos.

PREFACIO


Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Y este anhelo tiene muy pocos antídotos culturalmente aceptados. Nos han enseñado a avergonzarnos de este deseo. Nos hemos dejado el cabello largo y con él ocultamos nuestros sentimientos. Pero la sombra de la Mujer Salvaje acecha todavía a nuestra espalda de día y de noche. Dondequiera que estemos, la sombra que trota detrás de nosotros tiene sin duda cuatro patas.

DOCTORA CLARISSA PINKOLA ESTÉS

Cheyenne, Wyoming

INTRODUCCIÓN

Cantando sobre los huesos

Tanto los animales salvajes como la Mujer Salvaje son especies en peligro de extinción.

En el transcurso del tiempo hemos presenciado cómo se ha saqueado, rechazado y reestructurado la naturaleza femenina instintiva. Durante largos períodos, ésta ha sido tan mal administrada como la fauna silvestre y las tierras vírgenes. Durante miles de años, y basta mirar el pasado para darnos cuenta de ello, se la ha relegado al territorio más yermo de la psique. A lo largo de la historia, las tierras espirituales de la Mujer Salvaje han sido expoliadas o quemadas, sus guaridas se han arrasado y sus ciclos naturales se han visto obligados a adaptarse a unos ritmos artificiales para complacer a los demás.

No es ninguna casualidad que la prístina naturaleza virgen de nuestro planeta vaya desapareciendo a medida que se desvanece la comprensión de nuestra íntima naturaleza salvaje. No es difícil comprender por qué razón los viejos bosques y las ancianas se consideran unos recursos de escasa importancia. No es ningún misterio. Tampoco es casual que los lobos y los coyotes, los osos y las mujeres inconformistas tengan una fama parecida. Todos ellos comparten unos arquetipos instintivos semejantes y, como tales, se les considera erróneamente poco gratos, total y congénitamente peligrosos y voraces.

Mi vida y mi trabajo como psicoanalista junguiana, poeta y cantadora*, guardiana de los antiguos relatos, me han enseñado que la maltrecha vitalidad de las mujeres se puede recuperar efectuando amplias excavaciones "psíquico—arqueológicas" en las ruinas del subsuelo femenino. Recurriendo a estos métodos conseguimos recobrar las maneras de la psique instintiva natural y, mediante su personificación en el arquetipo de la Mujer Salvaje, podemos discernir las maneras y los medios de la naturaleza femenina más profunda. La mujer moderna es un borroso torbellino de actividad. Se ve obligada a serlo todo para todos. Ya es hora de que se restablezca la antigua sabiduría.

El título de este libro, Las mujeres que corren con los lobos: Mitos y relatos del arquetipo de la Mujer Salvaje, procede de mis estudios de biología acerca de la fauna salvaje y de los lobos en particular. Los estudios de los lobos Canis lupus y Canis rufus son como la historia de las mujeres, tanto en lo concerniente a su coraje como a sus fatigas.

Los lobos sanos y las mujeres sanas comparten ciertas características psíquicas: una aguda percepción, un espíritu lúdico y una elevada capacidad
* Las palabras y expresiones castellanas en cursiva figuran en este idioma en el original. (N. de la T.)

de afecto. Los lobos y las mujeres son sociables e inquisitivos por naturaleza y están dotados de una gran fuerza y resistencia. Son también extremadamente intuitivos y se preocupan con fervor por sus vástagos, sus parejas y su manada. Son expertos en el arte de adaptarse a las circunstancias siempre cambiantes y son fieramente leales y valientes.

Y, sin embargo, ambos han sido perseguidos, hostigados y falsamente acusados de ser voraces, taimados y demasiado agresivos y de valer menos que sus detractores. Han sido el blanco de aquellos que no sólo quisieran limpiar la selva sino también el territorio salvaje de la psique, sofocando lo instintivo hasta el punto de no dejar ni rastro de él. La depredación que ejercen sobre los lobos y las mujeres aquellos que no los comprenden es sorprendentemente similar.

Por consiguiente, fue ahí, en el estudio de los lobos, donde por primera vez cristalizó en mí el concepto del arquetipo de la Mujer Salvaje. He estudiado también a otras criaturas como, por ejemplo, el oso, el elefante y esos pájaros del alma que son las mariposas. Las características de cada especie ofrecen abundantes indicios de lo que es posible conocer acerca de la psique instintiva femenina.

La naturaleza salvaje ha pasado doblemente a mi espíritu por mi nacimiento en el seno de una apasionada familia mexicano—española y más tarde por mi adopción por parte de una familia de fogosos húngaros. Me crié cerca de la frontera de Michigan, rodeada de bosques, huertos y tierras de labranza y no lejos de los Grandes Lagos. Allí los truenos y los relámpagos eran mi principal alimento. Por la noche los maizales crujían y hablaban en voz alta. Allá arriba en el norte, los lobos acudían a los claros del bosque a la luz de la luna, y brincaban y rezaban. Todos podíamos beber sin temor de los mismos riachuelos.

Aunque entonces no la llamaba con este nombre, mi amor por la Mujer Salvaje nació cuando era una niña. Más que una atleta, yo era una esteta y mi único deseo era ser una caminante extasiada. En lugar de las sillas y las mesas, prefería la tierra, los árboles y las cuevas, pues sentía que en aquellos lugares podía apoyarme contra la mejilla de Dios.

El río siempre pedía que lo visitaran después del anochecer, los campos necesitaban que alguien los recorriera para poder expresarse en susurros. Las hogueras necesitaban que las encendieran de noche en el bosque y las historias necesitaban que las contaran fuera del alcance del oído de los mayores.

Tuve la suerte de criarme en medio de la Naturaleza. Allí los rayos me enseñaron lo que era la muerte repentina y la evanescencia de la vida. Las crías de los ratones me enseñaron que la muerte se mitigaba con la nueva vida. Cuando desenterré unos "abalorios indios", es decir, fósiles sepultados en la greda, comprendí que la presencia de los seres humanos se remontaba a muchísimo tiempo atrás. Aprendí el sagrado arte del adorno personal engalanándome la cabeza con mariposas, utilizando las luciérnagas como alhajas nocturnas y las ranas verde esmeralda como pulseras.

Una madre loba mató a uno de sus cachorros mortalmente herido; así me enseñó la dura compasión y la necesidad de permitir que la muerte llegue a los moribundos. Las peludas orugas que caían de las ramas y volvían a subir con esfuerzo me enseñaron la virtud de la perseverancia, y su cosquilleo sobre mi brazo me enseñó cómo cobra vida la piel. El hecho de trepar a las copas de los árboles me reveló la sensación que el sexo me haría experimentar más adelante.

La generación a la que yo pertenezco, posterior a la Segunda Guerra Mundial, creció en una época en que a la mujer se la trataba como una niña y una propiedad. Se la mantenía como un huerto en barbecho... pero, por suerte, el viento siempre llevaba consigo algunas semillas silvestres. A pesar de que no se aprobaba lo que escribían, las mujeres seguían trabajando con ahínco. A pesar de que no se reconocía el menor mérito a lo que pintaban, sus obras alimentaban el espíritu. Las mujeres tenían que suplicar a fin de conseguir los instrumentos y los espacios necesarios para su arte y, si no obtenían nada, hallaban su espacio en los árboles, las cuevas, los bosques y los roperos.

El baile apenas se toleraba en el mejor de los casos, por lo cual ellas bailaban en el bosque donde nadie podía verlas, o en el sótano, o cuando, salían a sacar la basura. Su acicalamiento suscitaba recelos. Un cuerpo o un vestido llamativos aumentaban el peligro de sufrir daños o agresiones sexuales. Ni siquiera podían considerar suyas las prendas de vestir que llevaban.

Era una época en la que los padres que maltrataban a sus hijos eran llamados simplemente "severos", en la que las heridas espirituales de las mujeres tremendamente explotadas se calificaban de "agotamientos nerviosos", en la que las chicas y las mujeres bien fajadas, refrenadas y abozaladas se llamaban "buenas" y las hembras que conseguían quitarse el collar para disfrutar de uno o dos momentos de vida se tachaban de "malas".

Por consiguiente, como otras muchas mujeres antes y después de mí, viví mi vida como una criatura disfrazada. Tal como habían hecho mis parientes y amigas, mayores que yo, me contoneaba—tambaleaba sobre zapatos de tacón y me ponía vestido y sombrero para ir a la iglesia. Pero mi espléndida cola asomaba a menudo por debajo del dobladillo de la falda y movía tanto las orejas que el sombrero me caía por lo menos sobre los ojos y, a veces, hasta cruzaba volando la habitación.

No he olvidado la canción de aquellos siniestros años,
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   67

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Mujeres iconMujeres necesitamos hacer memoria de otras mujeres

Mujeres iconProyecto: Mujeres Rompiendo el Silencio: Tribunal de Conciencia para...

Mujeres icon02,23 pl de refugiados españoles, pp de rostros de niñOS, de mujeres...

Mujeres iconArtistas Mujeres

Mujeres icon1 el empuje de las mujeres (1)”

Mujeres iconLas mujeres en el modernismo

Mujeres iconMujeres: co-laboradoras en el ministerio

Mujeres iconEl carpintero en la creación de las mujeres

Mujeres iconLa lengua secreta de las mujeres

Mujeres iconPrograma-mujeres de carne y verso






© 2015
contactos
l.exam-10.com