Liderazgo 5 min






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EL SER HUMANO, UN “YO” ABIERTO AL “TÚ” DE DIOS

¿Dónde, en quién, cómo podemos realizarnos en nosotros mismos, llegar a desarrollar todas nuestras potencialidades? ¿A cuánto o a quién estamos abiertos, llamados, urgidos por nuestro propio corazón finito, pero abiertos a lo infinito? ¿Por qué absolutizamos, idolatramos, adoramos cosas, cualidades, necesidades; sobre todo, personas? ¿Por qué el ser humano ha sido siempre “ser religioso”, adorador de dioses? ¿Por qué esta dimensión religiosa, hecha de apertura y orientación a Dios? ¿Por qué, consciente o inconscientemente o con formas derivadas, anhelamos el “Tú” de Dios?

Desde los tiempos de Israel, la relación hombre-Dios se ha manifestado con una palabra de fuertes resonancias existenciales y afectivas: la Alianza; la religión como relación de amor y de compromiso recíproco. Detrás de la categoría bíblico-teológica de la Alianza, está el misterio del hombre: el ser humano como ser esencialmente dialogal, abierto incluso a Dios. Este misterio comprende:

  • Capacidad básica, ontológica de apertura

  • Capacidad concreta de ser despertado como “yo” desde rostros entrañables y provocadores enfrente; despertado, por ello, al amor, a la relación afectiva, a la vinculación permanente con un tú, humano o divino

  • Capacidad de fascinación, de atracción

  • Capacidad de endiosar, de tomar algo o a alguien, humano o divino, como Dios, como Absoluto, insustituible, como esperanza total

  • Capacidad de hacer locuras por ese ser tomado como Absoluto, de hacerle entrega confiada y total del propio ser y de la propia existencia, de confiarle la propia libertad, felicidad, realización…


RECONOCER A JESÚS

La predicación del Reino de Dios para una época futura era algo bastante corriente en los tiempos de Jesús. Había muchos predicadores (incluso los hubo anteriormente) que así los anunciaban. Para Jesús, el Reino de Dios, eje de su actividad y centro de sus pensamientos, era una realidad no sólo próxima, sino actual, presente ya en el momento de su anuncio. Por eso, se ha dicho que Jesús fue un fascinante anunciador de una exigencia inmediata para un Reino que empezaba ya en el momento en que se aceptase su predicación y su persona, aunque el progreso de sus proposiciones estuvieran proyectadas hacia el futuro. La conversión y la fe son las condiciones indispensables para seguir a Jesús y entrar en su Reino. Esta es, sin duda, la originalidad del anuncio de Jesús.
¿LLAMADA A LA IMITACIÓN O AL SEGUIMIENTO DE JESÚS?

En la historia del cristianismo, muchas veces se ha invitado a los hombres a imitar a Jesús, habiendo sido entendida la imitación en forma inexacta. Cuando un individuo quiere imitar a alguien, fácilmente se puede pasar de la estima de unos valores personales y de la sana admiración a la inútil y fracasada empresa de alcanzar un “parecido” con todas las formas de ser y actitudes del modelo. Si por imitación se entiende intentar parecerse a otro, dejando de ser uno mismo, imitar será la empresa más carente de sentido.
El Evangelio presenta a Jesús llamando a hombres que le sigan, que sean sus discípulos, es decir, que se entreguen a su causa y pospongan lo demás: “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mc 8, 34). Es muy revelador que cada uno haya de tomar su cruz, o sea, luchar contra las dificultades que se le presenten a él mismo; y esas dificultades pueden ser para cada uno diversas. De hecho, los doce que acompañaron a Jesús no siguieron hasta el final el camino que él había de recorrer. Únicamente cuando medió una fe radical, los discípulos le siguieron del todo e incluso llegaron a imitarle como él les había pedido: en su espíritu de desprendimiento y entrega al anuncio del Reino de Dios. Fue, pues, más adelante, como creyentes en Jesús, cuando cada uno cargó con su cruz; cada uno a su manera.

El centro de la predicación de Jesús

¿Qué predicaba Jesús? ¿De qué hablaba? Jesús inaugura su actividad liberadora y salvífica no hablando de sí mismo o simplemente de Dios, sino proclamando como Buena Noticia la llegada del Reino de Dios: "El tiempo se ha cumplido y el
Reino de Dios está cerca: conviértanse y crean en el Evangelio".
(Mc 1,15)

El Reino de Dios es, por tanto, el centro de la predicación y del mensaje de Jesús. El mismo reconoce que para este propósito ha sido enviado por el Padre: "Debo anunciar también a las otras ciudades la Buena Nueva del Reino de Dios, porque
para eso fui enviado"
(Lc 4,43).

Jesús vive para la "causa" del Reino de Dios

Jesús aparece en los Evangelios como un hombre apasionado por una causa: anunciar y hacer presente el Reino de Dios. Nosotros llamamos causa a aquello que atrae hacia sí toda la vida de una persona, aquello por lo cual vale la pena vivir.

El Reino de Dios fue la causa de Jesús de Nazaret, la pasión que animó toda su vida, su proyecto vital y su misión principal. A ello dedicó su vida, su actividad, su tiempo y sus energías.

El Reino de Dios se hace presente en Jesús

Jesús hace presente el Reino de Dios con sus palabras y con sus obras. Jesús, en primer lugar, habló del Reino de Dios. Para explicarnos las características, el significado y las condiciones necesarias para aceptar ese Reino y vivir conforme
a él. Jesús utilizó narraciones o historias breves enferma de parábolas (Cf. Mt 13, 1 – 50; Lc 10, 30 – 37). A través de ellas compara el Reino de Dios a un sembrador, a un banquete, a un comerciante que busca tesoros, a un amo del campo que separa la cizaña del trigo, entre otros.

"Como buen oriental, Jesús se sirve de comparaciones y parábolas para exponer su idea del Reino. Casi todas ellas son experiencias de la vida ordinaria de sus oyentes (la siembra, la siega, la pesca, hacer el pan, el comercio...) o de imágenes del Antiguo Testamento, familiares a los judíos (la viña, el banquete, la boda...). Por eso, eran fácilmente comprensibles. Pero lo sorprendente es el uso que de ellas hace Jesús. Compara el Reino de Dios con un sembrador, con un dueño del campo que para bien del trigo espera arrancar la cizaña, con unos pescadores que cogen peces buenos o malos, con un comerciante que busca tesoros... ¿Hay cosas más ordinarias que éstas? ¿Cómo es posible que el Reino de Dios, pueda compararse con acciones tan rutinarias y sencillas? Son, además, trabajos del pueblo, de la gente sencilla y pobre, como si Jesús pretendiera afirmar que el Reino se encuentra en sus vidas, que no hay que buscarlo lejos, en hechos maravillosos, en personajes extraordinarios y distantes. La salvación forma parte de la vida de cada día y de los actos más ordinarios que la constituyen.... En otras parábolas, compara el Reino con imágenes del Antiguo Testamento, las emplea de forma muy poco ortodoxa: los viñadores se rebelan contra su amo y se les quita la viña; es decir, la viña de Israel le será arrebatada al pueblo judío para dársela a otros. En el banquete no participan los que habían sido invitados, sino los cojos, mancos, lisiados... es decir, los marginados. Jesús hace en las parábolas una nueva interpretación del Antiguo Testamento, de sus imágenes y de sus promesas...

Además, el Reino aparece, según Jesús, sin brillantez, como algo insignificante, como una semilla o un poco de levadura. Pero, oculta en ella, hay una enorme fuerza transformadora. ¡Qué concepción más contraria a la de aquellos, que esperaban una aparición milagrosa, imponente y terrible de Dios para destruir a todos los enemigos de Israel! (Mt 13, 31 – 33). El Reino se encama en la historia y sigue su ritmo, su fuerza no está en colocarse por encima de ella, sino en la capacidad de transformarla desde dentro" (A. DOMENECH, Jesús de Nazaret, Cristología para catequistas).

Pero Jesús no sólo anunció el Reino de Dios, sino que también lo hizo presente con su vida: curó enfermos, perdonó pecados, expulsó al demonio, participó en la mesa con los más pequeños, prefiriendo a los pobres y a los despreciados por la sociedad judía. Jesús, con estas acciones (llamadas "milagros"), manifiesta el Reino de Dios.

Es importante aclarar que los milagros hechos por Jesús no son para demostrar su divinidad o su mesianismo; son, sobre todo, "signos" y "señales" que anticipan el Reino de Dios. Los milagros nos dicen que con Jesús ya ha comenzado el reinado de Dios en nuestro mundo. Así lo confirma el Catecismo de la Iglesia Católica: "Jesús acompaña sus palabras con numerosos 'milagros, prodigios y signos' (Hch 2, 22) que manifiestan que el Reino está presente en Él" (CEC 547).

El significado del Reino en la predicación de Jesús

La Palabra "Reino" no tiene un sentido territorial o estático, como en nuestro lenguaje corriente. No es un lugar o un reino político. La palabra "Reino" tiene un sentido dinámico: es la soberanía de Dios ejerciéndose "en acto", es decir, es "la acción" de Dios para establecer o modificar un orden de cosas. De ahí que la traducción más adecuada no es la palabra "Reino" sino "Reinado de Dios".

Para los judíos el Reino de Dios era la realización del ideal jamás cumplido sobre la tierra de un rey justo. El Reino de Dios, predicado por Jesús, es el actuar de Dios para que se haga realidad el ideal regio de justicia. Pero no la justicia del
derecho romano (dar a cada uno lo suyo), sino la justicia en el sentido de los pueblos orientales, que consiste en defender al que por sí mismo no puede defenderse: el débil, el pobre, el huérfano, la viuda, el oprimido... Por eso Jesús dice: "Felices los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios" (Lc 6, 20).

El Reino de Dios como plenitud de vida

Podemos decir, con otras palabras, que el Reino de Dios equivale a la plenitud de vida que Jesús ofrece a cada persona y a la humanidad entera. El lo dice: "Yo he venido para que tengan la vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Es una plenitud de vida que abarca todas las dimensiones de la existencia: los aspectos materiales (curación del cuerpo) y espirituales (el perdón de los pecados); la dimensión individual (realización de la persona) y social (construcción de una sociedad más justa y fraterna); lo presente (ya que se realiza "hoy y aquí") y lo futuro (llegará a su plenitud al final de los tiempos). El Reino de Dios, como plenitud de vida, tiene como destinatarios preferenciales a los "moribundos" de la sociedad, a los que tienen una vida mínima: los pobres, los débiles, los oprimidos, los olvidados.

"Aquellos para quienes les es difícil dominar lo fundamental de la vida, aquellos que viven en el desprecio y la marginación, aquellos que viven bajo la opresión, aquellos, en suma, para quienes la vida no ofrece horizontes
de posibilidades,
aquellos, además, que se sienten alejados de Dios, porque así se lo introyecta su sociedad religiosa, a éstos. Jesús les dice que tengan esperanza, que Dios no es como se lo han hecho pensar sus opresores, que el fin de sus calamidades está cerca, que el Reino de Dios se acerca y es para ellos" (J. SOBRINO, Jesucristo liberador)
Jon Sobrino, en el libro citado, afirma que el contenido del Reino de Dios es la "vida justa" de los pobres. Explica que "la vida" de los pobres es el núcleo central del Reino porque la pobreza significa muerte, porque al usar el término "vida" se está afirmando que con la venida del Reino los pobres ya no estarán cercanos a la muerte y porque la expresión "vida justa" expresa los caminos de justicia y las relaciones de fraternidad y dignidad en el Reino.

Las características del Reino

El Reino de Dios tiene las siguientes características:

ES UNA GRAN NOTICIA. El Reino de Dios es una "buena nueva", ya que proclama la intervención transformadora y liberadora de Dios en la historia. Dios intervendrá en el mundo de una manera nueva. Esta es la buena noticia.

YA ESTÁ ENTRE NOSOTROS. El Reino de Dios ha comenzado con la presencia de Jesús y con su práctica liberadora. Sus "signos" nos manifiestan que el Reino de Dios es liberación de males concretos (hambre, enfermedades, desesperanza del pecador despreciado...) y de opresiones históricas, como la marginación injusta. Esto nos dice que el Reino de Dios se realiza en la historia y tiene, por lo tanto, una dimensión histórico-social. El Reinado de Dios no es sólo un anuncio o
una promesa; es ya una realidad naciente, germinante. Está en marcha.

"DENSIDAD TEOLÓGICA DEL AQUÍ. Este mundo ya está bendecido, acompañado y animado por el amor de Dios; el reino de los cielos está creciendo en los surcos de nuestra tierra. Una lectura imparcial del Evangelio no da pie para situar el reino de Dios fuera de la historia y sin ninguna incidencia en la transformación de la misma. Las parábolas del sembrador, del trigo y la cizaña, de la levadura que da mayor estructura a la masa, de los talentos y del buen samaritano, remiten claramente a tiempos y espacios en el proceso de una sociedad en transformación” (J. ESPEJA, Creer en Jesucristo).

NO TERMINA EN ESTE MUNDO. En su etapa histórica el crecimiento del Reino de Dios es lento. Su plenitud pertenece al futuro, cuando desaparezcan definitivamente el llanto, el dolor y la muerte (Cf. Ap 21, 4 – 5). El reinado de Dios ofrece a la historia humana un futuro de esperanza.

TIENE COMO DESTINATARIOS A LOS POBRES. El biblista J. Jeremías afirma que el resumen del Evangelio y de la predicación de Jesús no es “el reino o la salvación ha llegado”, sino “la salvación ha llegado a los pobres”. Los primeros y principales destinatarios del Reino son los pobres y débiles. Esta es la característica más radical y revolucionaria del Reino anunciado por Jesús.

ES UN DON DE DIOS Y UNA TAREA DEL SER HUMANO. El Reino de Dios sólo Dios puede darlo; no es fruto directo de nuestros méritos, de nuestras virtudes o esfuerzos. Es un regalo de Dios, es algo que recibimos gratuitamente (Cf. Lc 12, 32; 22, 29). La tarea nuestra consiste en reconocer su llegada, recibirlo en nuestro corazón y en nuestra vida, quitar los obstáculos que se oponen a él y hacerlo presente en nuestra sociedad. El hecho de que el Reino se nos dé gratis no significa pasividad. El Reino de Dios exige la colaboración y la responsabilidad activa del ser humano. Es un don, pero también es un compromiso.

EXIGE CONVERSIÓN. El Reino de Dios pide una respuesta por parte de la persona: la conversión. No se trata sólo de una conversión de corazones (cambiar mi mentalidad, mi propio yo), sino también de un cambio profundo en las relaciones con los demás y en las estructuras sociales que provocan los signos del anti-reino (explotación, hambre, guerra, marginación, entre otros). La conversión se manifiesta en la acogida y vivencia de los valores del Reino: confianza filial en el Padre, amor a los pobres, sencillez del niño, espíritu de servicio, humildad y mansedumbre, rectitud de corazón, pobreza...

Para promover el compromiso personal y/o grupal, el animador puede ayudarse de las siguientes preguntas:

¿A qué nos compromete el tema que hemos reflexionado?

¿Qué podemos hacer para anunciar y hacer presente el Reino de Dios en nosotros, en nuestras familias, en nuestro colegio, en nuestra parroquia y en nuestra comunidad humana?

ANCLA – Venezuela Carabela: Travesía Azul Tema 7

Título del Tema: Jesús y su misericordia.

Lugar: El Reino.

Objetivos:

  • Conocer las actitudes de Jesús frente a diversas experiencias.

  • Distinguir la actitud liberal de cristianos que han aprendido a ser tolerantes y comprensivos y la misericordia de Dios que se manifiesta en el pecado.

TIEMPO

AGENDA

MATERIAL

LIDERAZGO

10 min.
2 min.

5 min.

45 min.

10 min.

10 min.

5 min.

5 min.

2 min.

RECEPCIÓN - SENSIBILIZACIÓN: introducir procesionalmente los Evangelios, adornándolos con velas y flores. Pudiese leerse el Salmo 119, 1 – 16.

LECTURA DE AGENDA

ANIMACIÓN: explicación del lugar y objetivos.

EXPLICITACIÓN: ver tema anexo.

RECREACIÓN: “Competencia”. Se organizan dos equipos con igual número de participantes, sentados en dos círculos distintos. Dada la señal de comienzo, un jugador en cada círculo saldrá corriendo en derredor del propio círculo e irá a sentarse nuevamente en su lugar. Inmediatamente después, cada jugador que esté a la derecha saldrá corriendo. Lo mismo harán los demás. La victoria será del equipo cuyo último jugador se levante antes que su compañero de la izquierda se siente.

ESPIRITUALIZACIÓN: Mc 1, 35 – 39. Oración nocturna de Jesús.

CONCLUSIONES Y METAS

CULTIVO

CULTIVO MONITOR

DESPEDIDA

EVALUACIÓN DE LA REUNIÓN

Velas, flores, Biblia

Agenda

Agenda

Biblia

Diario

Recepcionista
Secretario

Animador

Explicitador

Recreador

Espiritualizador

Secretario

Cultivador

Monitor

Recepcionista
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