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SELECCIÓN

DE POEMAS
**
MIGUEL

DE

UNAMUNO




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Miguel de Unamuno 




Un trozo de planeta por el que cruza
errante la sombra de Caín.
Antonio Machado

¡Ay, triste España de Caín, la roja
de sangre hermana y por la bilis gualda,
muerdes porque no comes, y en la espalda
llevas carga de siglos de congoja!
Medra machorra envidia en mente floja
--te enseñó a no pensar Padre Ripalda--
rezagada y vacía está tu falda
e insulto el bien ajeno se te antoja
Democracia frailuna con regüeldo
de refectorio y ojo al chafarote,
¡viva la Virgen!, no hace falta bieldo.
Gobierno de alpargata y de capote,
timba, charada, a fin de mes el sueldo,
y apedrear al loco Don Quijote.
El Cristo de Velázquez

¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivífico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra 
de nazareno.

Que eres, Cristo, el único
hombre que sucumbió de pleno grado,
triunfador de la muerte, que a la vida
por Ti quedó encumbrada. Desde entonces
por Ti nos vivifica esa tu muerte,
por Ti la muerte se ha hecho nuestra madre,
por Ti la muerte es el amparo dulce
que azucara amargores de la vida;
por Ti, el Hombre muerto que no muere
blanco cual luna de la noche.  Es sueño,
Cristo, la vida y es la muerte vela.
Mientras la tierra sueña solitaria,
vela la blanca luna; vela el Hombre
desde su cruz, mientras los hombres sueñan;
vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco
como la luna de la noche negra;
vela el Hombre que dió toda su sangre
por que las gentes sepan que son hombres.
Tú salvaste a la muerte. Abres tus brazos
a la noche, que es negra y muy hermosa,
porque el sol de la vida la ha mirado
con sus ojos de fuego: que a la noche
morena la hizo el sol y tan hermosa.
Y es hermosa la luna solitaria,
la blanca luna en la estrellada noche
negra cual la abundosa cabellera
negra del nazareno. Blanca luna
como el cuerpo del Hombre en cruz, espejo
del sol de vida, del que nunca muere.
Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
nos guían en la noche de este mundo
ungiéndonos con la esperanza recia
de un día eterno.  Noche cariñosa,
¡oh noche, madre de los blandos sueños,
madre de la esperanza, dulce Noche, 
noche oscura del alma, eres nodriza 
de la esperanza en Cristo salvador!
ALBA

Blanco estás como el cielo en el naciente
blanco está al alba antes que el sol apunte
del limbo de la tierra de la noche:
que albor de aurora diste a nuestra vida
vuelta alborada de la muerte, porche
del día eterno; blanco cual la nube
que en columna guiaba por el yermo
al pueblo del Señor mientras el día
duraba. Cual la nieve de las cumbres
ermitañas, ceñidas por el cielo,
donde el sol reverbera sin estorbo,
de tu cuerpo, que es cumbre de la vida,
resbalan cristalinas aguas puras
espejo claro de la luz celeste,
para regar cavernas soterrañas
de las tinieblas que el abismo ciñe.
Como la cima altísima, de noche,
cual luna, anuncia el alba a los que viven
perdidos en barrancos y hoces hondas,
¡así tu cuerpo níveo, que es cima
de humanidad y es manantial de Dios,
en nuestra noche anuncia eterno albor!
ORACIÓN FINAL

Tú que callas, ¡oh Cristo!, para oírnos,
oye de nuestros pechos los sollozos;
acoge nuestras quejas, los gemidos
de este valle de lágrimas. Clamamos
a Ti, Cristo Jesús, desde la sima
de nuestro abismo de miseria humana,
y Tú, de humanidad la blanca cumbre,
danos las aguas de tus nieves. Águila
blanca que abarcas al volar el cielo,
te pedimos tu sangre; a Ti, la viña,
el vino que consuela al embriagarnos;
a Ti, Luna de Dios, la dulce lumbre
que en la noche nos dice que el Sol vive
y nos espera; a Ti, columna fuerte,
sostén en que posar; a Ti, Hostia Santa,
te pedimos el pan de nuestro viaje
por Dios, como limosna; te pedimos 
a Ti, Cordero del Señor que lavas
los pecados del mundo, el vellocino
del oro de tu sangre; te pedimos
a Ti, la rosa del zarzal bravío,
la luz que no se gasta, la que enseña
cómo Dios es quien es; a Ti, que el ánfora
del divino licor, que el néctar pongas
de eternidad en nuestros corazones.
...
¡Tráenos el reino de tu Padre, Cristo,
que es el reino de Dios reino del Hombre!
Danos vida, Jesús, que es llamarada
que calienta y alumbra y que al pábulo
en vasija encerrado se sujeta;
vida que es llama, que en el tiempo vive
y en ondas, como el río, se sucede.
...
Avanzamos, Señor, menesterosos,
las almas en guiñapos harapientos,
cual bálago en las eras--remolino
cuando sopla sobre él la ventolera--,
apiñados por tromba tempestuosa
de arrecidas negruras; ¡haz que brille
tu blancura, jalbegue de la bóveda
de la infinita casa de tu Padre
--hogar de eternidad--, sobre el sendero
de nuestra marcha y esperanza sólida
sobre nosotros mientras haya Dios!
De pie y con los brazos bien abiertos
y extendida la diestra a no secarse,
haznos cruzar la vida pedregosa
--repecho de Calvario-- sostenidos
del deber por los clavos, y muramos
de pie, cual Tú, y abiertos bien de brazos,
y como Tú, subamos a la gloria
de pie, para que Dios de pie nos hable
y con los brazos extendidos. ¡Dame,
Señor, que cuando al fin vaya perdido
a salir de esta noche tenebrosa
en que soñando el corazón se acorcha,
me entre en el claro día que no acaba,
fijos mis ojos de tu blanco cuerpo,
Hijo del Hombre, Humanidad completa,
en la increada luz que nunca muere;
mis ojos fijos en tus ojos, Cristo,
mi mirada anegada en Ti, Señor!
"Castilla"

Tú me levantas, tierra de Castilla, 
en la rugosa palma de tu mano, 
al cielo que te enciende y te refresca, 
al cielo, tu amo.
Tierra nervuda, enjuta, despejada, 
madre de corazones y de brazos, 
toma el presente en ti viejos colores 
del noble antaño.
Con la pradera cóncava del cielo 
lindan en torno tus desnudos campos, 
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro 
y en ti santuario.
Es toda cima tu extensión redonda 
y en ti me siento al cielo levantado, 
aire de cumbre es el que se respira 
aquí en tus páramos.
¡Ara gigante, tierra castellana, 
a ese tu aire soltaré mis cantos, 
si te son dignos bajarán al mundo
desde lo alto!
A mi buitre
Este buitre voraz de ceño torvo

que me devora las entrañas fiero

y es mi único y constante compañero

labra mis penas con su pico corvo.

El día en que le toque el postrer sorbo

apurar de mi negra sangre, quiero

que me dejéis con él solo y señero

un momento, sin nadie como estorbo.

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía,

mientras él mi último despojo traga,

sorprender en sus ojos la sombría

mirada al ver la suerte que le amaga

sin esta presa en que satisfacía

el hambre atroz que nunca se le apaga.

Salamanca, X-1910

Dos poemas sobre Cristo

[...] Este Cristo, inmortal como la muerte,

no resucita; ¿para qué?, no espera

sino la muerte misma.

De su boca entreabierta,

negra como el misterio indescifrable, fluye

hacia la nada, a la que nunca llega,

disolvimiento.

Porque este Cristo de mi tierra es tierra.

Dormir, dormir, dormir..., es el descanso

de la fatiga eterna,

y del trabajo del vivir que mata

es la trágica siesta.

No la quietud de paz en el ensueño,

sino profunda inercia,

y cual doliente humanidá, en la sima

de sus entrañas negras,

en silencio montones de gusanos

le verbenean.

Cristo que, siendo polvo, al polvo ha vuelto;

Cristo que, pues que duerme, nada espera.

Del polvo pre-humano con que luego

nuestro Padre del cielo a Adán hiciera

se nos formó este Cristo tras-humano,

sin más cruz que la tierra;

del polvo eterno de antes de la vida

se hizo este Cristo, tierra

de después de la muerte;

porque este Cristo de mi tierra es tierra
*********
« ¡No hay nada más eterno que la muerte;

»todo se acaba! —dice a nuestras penas—;

»no es ni sueño la vida;

»todo no es más que tierra;

»todo no es sino nada, nada, nada...

»y hedionda nada que al soñarla apesta!»

Es lo que dice el Cristo pesadilla;

porque este Cristo de mi tierra es tierra. [...]

Este Cristo cadáver,

que como tal no piensa,

libre está del dolor del pensamiento, [...]

Y las pobres franciscanas del convento

en que la Virgen Madre fue tornera

—la Virgen toda cielo y toda vida,

sin pasar por la muerte al cielo vuela—

cuando la muerte del terrible Cristo

que no despertará sobre la tierra,

porque él, el Cristo de mi tierra es sólo

tierra, tierra, tierra, tierra...

cuajarones de sangre que no fluye,

tierra, tierra, tierra, tierra...

¡Y tú, Cristo del cielo,

redímenos del Cristo de la tierra!
Del libro El Cristo de Velazquez
Revelación del alma que es el cuerpo,

la fuente del dolor y de la vida,

inmortalizador cuerpo del Hombre,

carne que se hace idea ante los ojos,

cuerpo de Dios, el Evangelio eterno:

milagro es éste del pincel mostrándonos

al Hombre que murió por redimirnos

de la muerte fatídica del hombre;

la Humanidad eterna ante los ojos

nos presenta. ¡Ojos también de carne,

de sangre y de dolor son, y de vida!

Este es el Dios a que se ve; es el Hombre;

éste es el Dios a cuyo cuerpo prenden

nuestros ojos, las manos del espíritu.

No hay más remedio que creer tu sino,

meollo de la Historia, que la ciencia

del amor ilumina; nuestras mentes

se han hecho, como en fragua, en tus entrañas,

y el universo por tus ojos vemos. [...]

De pie y con los brazos bien abiertos

y extendida la diestra a no secarse,

haznos cruzar la vida pedregosa

—repecho de Calvario— sostenidos

del deber por los clavos, y muramos

de pie, cual Tú, y abiertos bien de brazos,

y como Tú, subamos a la gloria

de pie, para que Dios de pie nos hable

y con los brazos extendidos. ¡Dame,

Señor, que cuando al fin vaya rendido

a salir de esta noche tenebrosa

en que soñando el corazón se acorcha,

me entre en el claro día que no acaba,

fijos mis ojos de tu blanco cuerpo,

Hijo del Hombre, Humanidad completa,

en la increada luz que nunca muere;

¡mis ojos fijos en tus ojos, Cristo,

mi mirada anegada en Ti, Señor!
****************
EN HORAS DE INSOMNIO

(Cuatro sonetos)

I

Me voy de aquí, no quiero más oírme;

de mi voz toda voz suéname a eco,

ya falta así de confesor, si peco

se me escapa el poder arrepentirme.

No hallo fuera de mí en que me afirme

nada de humano y me resulto hueco;

si esta cárcel por otra al fin no trueco

en mi vacío acabaré de hundirme.

Oh triste soledad, la del engaño

de creerse en humana compañía

moviéndose entre espejos, ermitaño.

He ido muriendo hasta llegar al día

en que espejo de espejos, soyme extraño

a mí mismo y descubro no vivía.
Lunes, 24-IV-1911.
**************
Me destierro a la memoria,

voy a vivir del recuerdo.

Buscadme, si me os pierdo,

en el yermo de la historia,

que es enfermedad la vida

y muero viviendo enfermo.

Me voy, pues, me voy al yermo

donde la muerte me olvida.

Y os llevo conmigo, hermanos,

para poblar mi desierto.

Cuando me creáis más muerto

retemblaré en vuestras manos.

Aquí os dejo mi alma-libro,

hombre-mundo verdadero.

Cuando vibres todo entero,

soy yo, lector, que en ti vibro.

9-III-29.

En otro poema escribe

Leer, leer, leer, vivir la vida
que otros soñaron.

Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.

Se quedan las que se quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las olas, las humanas emociones,
el poso de la espuma.

Leer, leer, leer, ¿seré lectura
mañana también yo?

¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?

De vuelta a casa

Desde mi cielo a despedirme llegas fino orvallo que

lentamente bañas los robledos que visten las montañas

de mi tierra, y los maíces de sus vegas.

Compadeciendo mi secura, riegas montes y valles, los

de mis entrañas, y con tu bruma el horizonte empañas

de mi sino, y así en la fe me anegas. Madre Vizcaya,

voy desde tus brazos verdes, jugosos, a Castilla enjuta,

donde fieles me aguardan los abrazos de costumbre,

que el hombre no disfruta de libertad si no es preso en

los lazos de amor, compañero de la ruta.
***************************


En un cementerio de lugar castellano

Corral de muertos, entre pobres tapias, hechas

también de barro, pobre corral donde la hoz no siega,

sólo una cruz, en el desierto campo señala tu destino.

Junto a esas tapias buscan el amparo del

hostigo del cierzo las ovejas al pasar trashumantes en rebaño, y en

ellas rompen de la vana historia, como las olas, los

rumores vanos. Como un islote en junio, te ciñe el mar

dorado de las espigas que a la brisa ondean, y canta

obre ti la alondra el canto de la cosecha. Cuando baja

en la lluvia el cielo al campo baja también sobre la

santa hierba donde la hoz no corta, de tu rincón,

¡pobre corral de muertos!, y sienten en sus huesos el

reclamo del riego de la vida. Salvan tus cercas de

mampuesto y barro las aladas semillas, o te las llevan

con piedad los pájaros, y crecen escondidas amapolas,

clavelinas, magarzas, brezos, cardos, entre arrumbadas

cruces, no más que de las aves libres pasto. Cavan tan sólo

en tu maleza brava, corral sagrado, para de un alma que sufrió

en el mundo sembrar el grano; luego sobre esa siembra

¡barbecho largo! Cerca de ti el camino de los vivos, no como tú,

con tapias, no cercado, por donde van y vienen, ya riendo o llorando,

¡rompiendo con sus risas o sus lloros el silencio inmortal de tu cercado!

el sol tomó ya tierra, y sube al cielo el páramo a la hora del recuerdo,

al toque de oraciones y descanso, la tosca cruz de piedra de tus tapias

de barro queda, como un guardián que nunca duerme, de la campiña

el sueño vigilando. No hay cruz sobre la iglesia de los vivos, en torno

de la cual duerme el poblado; la cruz, cual perro fiel, ampara el sueño

de los muertos al cielo acorralados. ¡Y desde el cielo de la noche, Cristo,

el Pastor Soberano, con infinitos ojos centelleantes, recuenta las ovejas del rebaño! ¡Pobre corral de muertos entre tapias hechas del mismo barro, sólo una cruz

distingue tu destino en la desierta soledad del campo!
***********************

El cuerpo canta

El cuerpo canta;
la sangre aúlla;
la tierra charla;
la mar murmura;
el cielo calla y el hombre escucha

********************
La luna y la rosa

En el silencio estrellado la Luna daba a la rosa y el

aroma de la noche le henchía -sedienta boca- el

paladar del espíritu, que adurmiendo su congoja se

abría al cielo nocturno de Dios y su Madre toda...

Toda cabellos tranquilos, la Luna, tranquila y sola,

acariciaba a la Tierra con sus cabellos de rosa

silvestre, blanca, escondida... La Tierra, desde sus

rocas, exhalaba sus entrañas fundidas de amor, su

aroma ... Entre las zarzas, su nido, era otra luna la rosa,

oda cabellos cuajados en la cuna, su corola;

las cabelleras mejidas de la Luna y de la rosa y en el

crisol de la noche fundidas en una sola... En el

silencio estrellado la Luna daba a la rosa mientras la

rosa se daba a la Luna, quieta y sola.

***************************

La oración del ateo

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes, y en tu nada

recoge estas mis quejas, Tú que a los pobres

hombres nunca dejas sin consuelo de engaño. No

resistes a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.

Cuando Tú de mi mente más te alejas, más recuerdo

las plácidas consejas con que mi ama endulzóme

noches tristes. ¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan

grande que no eres sino Idea; es muy angosta la

realidad por mucho que se expande para abarcarte.

Sufro yo a tu costa, Dios no existente, pues si Tú

existieras existiría yo también de veras.

*********


Agranda la puerta...



Agranda la puerta, Padre,

porque no puedo pasar.

La hiciste para los niños,

yo he crecido, a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta,

achícame, por piedad;

vuélveme a la edad aquella

en que vivir es soñar.



Horas serenas



Horas serenas del ocaso breve,

cuando la mar se abraza con el cielo

y se despierta el inmortal anhelo

que al fundirse la lumbre, lumbre bebe.
Copos perdidos de encendida nieve,

las estrellas se posan en el suelo

de la noche celeste, y su consuelo

nos dan piadosas con su brillo leve.
Como en concha sutil perla perdida,

lágrima de las olas gemebundas,

entre el cielo y la mar sobrecogida
el alma cuaja luces moribundas

y recoge en el lecho de su vida

el poso de sus penas más profundas.



Incidente doméstico



Traza la niña toscos garrapatos,

de escritura remedo,

me los presenta y dice

con un mohín de inteligente gesto:
"¿Qué dice aquí, papá?"
Miro unas líneas que parecen versos.

"¿Aquí?" "Sí, aquí; lo he escrito yo; ¿qué dice?

porque yo no sé leerlo..."

"¡Aquí no dice nada!", le contesté al momento.
"¿Nada?", y se queda un rato pensativa

-o así me lo parece, por lo menos,

pues ¿está en los demás o está en nosotros

eso a que damos en llamar talento?-.
Luego, reflexionando, me decía:

¿Hice bien revelándole el secreto?

-no el suyo ni el de aquellas toscas líneas,

el mío, por supuesto-.
¿Sé yo si alguna musa misteriosa,

un subterráneo genio,

un espíritu errante que a la espera

para encarnar está de humano cuerpo,

no le dictó esas líneas

de enigmáticos versos?
¿Sé yo si son la gráfica envoltura

de un idioma de siglos venideros?

¿Sé yo si dicen algo?

¿He vivido yo acaso de ellas dentro?
No dicen más los árboles, las nubes,

los pájaros, los ríos, los luceros ...

¡No dicen más y nos lo dicen todo!

¿Quién sabe de secretos?



La mar ciñe



La mar ciñe a la noche en su regazo

y la noche a la mar; la luna, ausente;

se besan en los ojos y en la frente;

los besos dejan misterioso trazo.
Derrítense después en un abrazo,

tiritan las estrellas con ardiente

pasión de mero amor y el alma siente

que noche y mar se enredan en su lazo.
Y se baña en la obscura lejanía

de su germen eterno, de su origen,

cuando con ella Dios amanecía,
y aunque los necios sabios leyes fijen,

ve la piedad del alma la anarquía

y que leyes no son las que nos rigen.



Madre, llévame a la cama



Madre, llévame a la cama.

Madre, llévame a la cama,

que no me tengo de pie.

Ven, hijo, Dios te bendiga

y no te dejes caer.
No te vayas de mi lado,

cántame el cantar aquél.

Me lo cantaba mi madre;

de mocita lo olvidé,

cuando te apreté a mis pechos

contigo lo recordé.
¿Qué dice el cantar, mi madre,

qué dice el cantar aquél?

No dice, hijo mío, reza,

reza palabras de miel;

reza palabras de ensueño

que nada dicen sin él.
¿Estás aquí, madre mía?

porque no te logro ver...

Estoy aquí, con tu sueño;

duerme, hijo mío, con fe.



Muerte



Eres sueño de un dios; cuando despierte

¿al seno tornarás de que surgiste?

Serás al cabo lo que un día fuiste?

¿Parto de desnacer será tu muerte?
¿El sueño yace en la vigilia inerte?

Por dicha aquí el misterio nos asiste;

para remedio de la vida triste,

secreto inquebrantable es nuestra suerte.
Deja en la niebla hundido tu futuro

ve tranquilo a dar tu último paso,

que cuanto menos luz, vas más seguro.
¿Aurora de otro mundo es nuestro ocaso?

Sueña, alma mía, en tu sendero oscuro:

"¡Morir... dormir... dormir... soñar acaso!"



Noche de luna llena



Noche blanca en que el agua cristalina

duerme queda en su lecho de laguna,

sobre la cual redonda llena luna

que ejército de estrellas encamina.
Vela, y se espeja una redonda encina

en el espejo sin rizada alguna;

noche blanca en que el agua hace de cuna

de la más alta y más honda doctrina.
Es un rasgón del cielo que abrazado

tiene en sus brazos la Naturaleza;

es un rasgón del cielo que ha posado
y en el silencio de la noche reza

la oración del amante resignado

sólo al amor, que es su única riqueza.



¿Qué es tu vida...?


¿Qué es tu vida, alma mía? ¿cuál tu pago?,

¡lluvia en el lago!

¿Qué es tu vida, alma mía, tu costumbre?

¡viento en la cumbre!

¿Cómo tu vida, mi alma, se renueva?

¡sombra en la cueva!

¡lluvia en el lago!

¡viento en la cumbre!

¡sombra en la cueva!
Lágrimas es la lluvia desde el cielo,

y es el viento sollozo sin partida,

pesar la sombra sin ningún consuelo,

y lluvia y viento y sombra hacen la vida.



Rimas


1
¿Por qué esos lirios que los hielos matan?

¿Por qué esas rosas a que agosta el sol?

¿Por qué esos pajarillos que sin vuelo

se mueren en plumón?
¿Por qué derrocha el cielo tantas vidas

que no son de otras nuevas eslabón?

¿Por qué fue dique de tu sangre pura

tu pobre corazón?
¿Por qué no se mezclaron nuestras sangres

del amor en la santa comunión?

¿Por qué tú y yo, Teresa de mi alma

no dimos granazón?
¿Por qué, Teresa, y para qué nacimos?

¿Por qué y para qué fuimos los dos?

¿Por qué y para qué es todo nada?

¿Por qué nos hizo Dios?

2
Cuando duerme una madre junto al niño

duerme el niño dos veces;

cuando duermo soñando en tu cariño

mi eterno ensueño meces.
Tu eterna imagen llevo de conducho

para el viaje postrero;

desde que en ti nací, una voz escucho

que afirma lo que espero.
Quien así quiso y así fue querido

nació para la vida;

sólo pierde la vida su sentido

cuando el amor se olvida.
Yo sé que me recuerdas en la tierra

pues que yo te recuerdo,

y cuando vuelva a la que tu alma encierra

si te pierdo, me pierdo.
Hasta que me venciste, mi batalla

fue buscar la verdad;

tú eres la única prueba que no falla

de mi inmortalidad.



Sombra de humo



Sombra de humo cruza el prado!

¡Y que se va tan de prisa!

¡No da tiempo a la pesquisa

de retener lo pasado!
Terrible sombra de mito

que de mi propio me arranca,

¿es acaso una palanca

para hundirse en lo infinito?
Espejo que me deshace

mientras en él me estoy viendo,

el hombre empieza muriendo

desde el momento en que nace.
El haz del alma te ahuma

del humo al irse a la sombra,

con su secreto te asombra

y con su asombro te abruma.



Vendrá de noche



Vendrá de noche cuando todo duerma,

vendrá de noche cuando el alma enferma

se emboce en vida,

vendrá de noche con su paso quedo,

vendrá de noche y posará su dedo

sobre la herida.
Vendrá de noche y su fugaz vislumbre

volverá lumbre la fatal quejumbre;

vendrá de noche

con su rosario, soltará las perlas

negro sol que da ceguera verlas,

¡todo un derroche!
Vendrá de noche, noche nuestra madre,

cuando a lo lejos el recuerdo ladre

perdido agujero;

vendrá de noche; apagará su paso

mortal ladrido y dejará al ocaso

largo agujero...
¿Vendrá una noche recogida y vasta?

¿Vendrá una noche maternal y casta

de luna llena?

Vendrá viniendo con venir eterno;

vendrá una noche del postrer invierno...

noche serena...
Vendrá como se fue, como se ha ido

-suena a lo lejos el fatal ladrido-,

vendrá a la cita;

será de noche mas que sea aurora,

vendrá a su hora, cuando el aire llora,

llora y medita...
Vendrá de noche, en una noche clara,

noche de luna que al dolor ampara,

noche desnuda,

vendrá... venir es porvenir... pasado

que pasa y queda y que se queda al lado

y nunca muda...
Vendrá de noche, cuando el tiempo aguarda,

cuando la tarde en las tinieblas tarda

y espera al día,

vendrá de noche, en una noche pura,

cuando del sol la sangre se depura,

del mediodía.
Noche ha de hacerse en cuanto venga y llegue,

y el corazón rendido se le entregue,

noche serena,

de noche ha de venir... ¿él, ella o ello?

De noche ha de sellar su negro sello,

noche sin pena.
Vendrá la noche, la que da la vida,

y en que la noche al fin el alma olvida,

traerá la cura;

vendrá la noche que lo cubre todo

y espeja al cielo en el luciente lodo

que lo depura.
Vendrá de noche, sí, vendrá de noche,

su negro sello servirá de broche

que cierra el alma;

vendrá de noche sin hacer ruido,

se apagará a lo lejos el ladrido,

vendrá la calma...

vendrá la noche...



Y ¿qué es eso...?



Y ¿qué es eso del Infierno?

me dirás.

Es el revés de lo eterno,

nada más.
Que yacer en el olvido

del Señor

es el infierno temido

del Amor.




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