¡ Oración sobre las ofrendas consagración y padrenuestro






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SEMANA SANTA 2014

Ciclo A
PARROQUIA DE LA INMACULADA CONCEPCION

HERENCIA




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Celebración del  DOMINGO DE RAMOS

  • RITUAL DE ENTRADA, PERDÓN Y GLORIA:

  • Procesión de entrada con los ramos

  • Monición de entrada

  • Saludo del sacerdote

  • Acto penitencial ( se omite)

  • Oración colecta



  • LITURGIA DE LA PALABRA DE DIOS:

  • 1ª lectura: Isaías 50, 4-7

  • Salmo: Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?

  • 2ª lectura

  • Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (26,14-17,66) - Breve homilía

  • RITUAL DE LAS OFRENDAS: (¡ Hay Credo ¡)

  • Oración sobre las ofrendas



  • CONSAGRACIÓN Y PADRENUESTRO

  • Prefacio

  • Consagración

  • Oración



  • Aviso de los actos de Semana Santa

CELEBRACION del DOMINGO DE RAMOS

  • I.- RITO DE ENTRADA




  • MONICION DE ENTRADA:


Queridos hermanos, comenzamos la Semana Santa con este ambiente de fiesta y de alegría. Las palmas, los niños, la alegría, los nazarenos. Estamos aquí porque creemos en Jesús. También creemos en su gloria, que es el Hijo de Dios, y en el amor que ha mostrado de nuestro Padre. Cantando las alabanzas y misericordias de Señor en nuestro Año Jubilar comenzamos nuestra celebración.


  • ACTO PENITENCIAL:

    • Nosotros que te aclamamos con palmas y ramos sin hacer caso a tus palabras. Señor , ten piedad

    • Porque ponemos mantos a tus pies y olvidamos al pobre que vive a nuestro lado. Cristo, ten piedad.

    • Por las veces que te aclamamos como los fariseos de Jerusalén y nos callamos antes las injusticias. Señor, ten piedad.



  • II.- LITURGIA DE LA PLABRA




  • MONICION DE LAS LECTURAS:


En la primera lectura de este domingo vamos a oír al profeta Isaías que nos hablará anticipadamente de la figura de Jesús, de su entrega total y su victoria sobre la muerte. En el salmo de hoy cantaremos “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” recordando la muerte de Jesús que oiremos en la aclamación del Evangelio según San Mateo. Pero lo escucharemos con el corazón lleno de agradecimiento por su fidelidad, por su entrega, por su amor, y sobre todo lo escucharemos con mucha fe, porque en la cruz de Jesús está nuestra salvación.



  • 1º Lectura: Lectura de libro de Isaías 50, 4-7

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado,
para saber decir al abatido
una palabra de aliento.

Cada mañana me espabila el oído,
para que escuche como los iniciados.

El Señor Dios me ha abierto el oído;
y yo no me he rebelado
ni me he echado atrás.

Ofrecí la espalda. a los que me golpeaban,
la mejilla a los que mesaban mi barba.

No oculté el rostro a insultos y salivazos.

Mi Señor me ayudaba,
por eso no quedaba confundido;
por eso ofrecí el rostro como pedernal,

y sé que no quedaré avergonzado. Palabra de Dios


  • Salmo: Sal 21,8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

 R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que le ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere.»

 R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores:
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.

 R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.

 R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?


  • Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo

C. En aquel tiempo [uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:

S. -¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?

C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

El primer día de los ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

S. -¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?

C. El contestó:

+ Id a casa de Fulano y decidle: «El Maestro dice: mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu ''casa con mis discípulos.»

C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.

Al atardecer se puso a la mesa con los doce. Mientras comían dijo:

+ Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.

C. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:

S. -¿Soy yo acaso, Señor?

C. El respondió:

+ -El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del Hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del Hombre!, más le valdría no haber nacido.

C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:

S. -¿Soy yo acaso, Maestro?

C. El respondió:

+ Así es.

C. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo:

+ Tomad, comed: esto es mi cuerpo.

C. Y cogiendo un cáliz pronunció la acción de gracias y se lo pasó diciendo:

+ -Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza derramada por todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre.

C. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos. ( Pueden sentarse) Entonces Jesús les dijo:

+ -Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño.» Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.

C. Pedro replicó:

S. -Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré.

C. Jesús le dijo:

+ Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante tres veces, me negarás.

C. Pedro le replicó:

S. -Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.

C. Y lo mismo decían los demás discípulos.

Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:

+ Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.

C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse

Entonces dijo:

+ Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo.

C. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:

+ Padre mío, si es posible que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.

C. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos.

Dijo a Pedro:

+ ¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil.

C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:

+ Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque estaban muertos de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras.

Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:

+ Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.

C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:

S. -Al que yo bese, ése es: detenedlo.

C. Después se acercó a Jesús y le dijo:

S. -¡Salve, Maestro!

C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:

+ Amigo, ¿a qué vienes?

C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.

Jesús le dijo:

+ Envaina la espada: quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? El me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura, que dice que esto tiene que pasar.

C. Entonces dijo Jesús a la gente:

+ ¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como a un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis.

C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los letrados y los senadores. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello.

Los sumos sacerdotes y el consejo en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:

S. -Este ha dicho: «Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días.»

C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:

S. -¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?

C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:

S. -Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.

C. Jesús le respondió:

+ Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo.

C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:

S. -Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?

C. Y ellos contestaron:

S. -Es reo de muerte.

C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros; lo golpearon diciendo:

S. -Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado.

C. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:

S. -También tú andabas con Jesús el Galileo.

C. Él lo negó delante de todos diciendo:

S. -No sé qué quieres decir.

C. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:

S. -Este andaba con Jesús el Nazareno.

C. Otra vez negó él con juramento:

S. -No conozco a ese hombre.

C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron:

S. -Seguro; tú también eres de ellos, se te nota en el acento.

C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:

S. -No conozco a ese hombre.

C. Y en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces.» Y saliendo afuera, lloró amargamente.

Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y atándolo lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.

Entonces el traidor sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y senadores diciendo:

S. -He pecado, he entregado a la muerte a un inocente.

C. Pero ellos dijeron:

S. -¿A nosotros qué? ¡Allá tú!

C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas dijeron:

S. -No es licitó echarlas en el arca de las ofrendas porque son precio de sangre.

C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo escrito por Jeremías el profeta: «Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor.» Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:

S. -¿Eres tú el rey de los judíos?

C. Jesús respondió:

+ Tú lo dices.

C. Y mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los senadores no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:

S. -¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?

C: Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato:

S. -¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?

C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:

S. -No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él.

C. Pero los sumos sacerdotes y los senadores convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús.

El gobernador preguntó:

S. -¿A cuál de los dos queréis que os suelte?   

C.-Ellos dijeron:

S.- A Barrabás.

C. Pilato les preguntó:

S. -¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?

C. Contestaron todos:

S. -Que lo crucifiquen.

C. Pilato insistió:

S. -Pues, ¿qué mal ha hecho?

C. Pero ellos gritaban más fuerte:

S. -¡Que lo crucifiquen!

C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia del pueblo, diciendo:

S. -Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!

C. Y el pueblo entero contestó:

S. -¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!

C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una. corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: 

S.- ¡Salve, rey de los judíosl

C.-Luego lo escupían, le quitaban la caña y, le golpeaban con ella la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. (EN PIE)

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repar- tieron su ropa echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: ÉSTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban; lo injuriaban y decían meneando la cabeza:

S. -Tú que, destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz.

C. -Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores se burlaban también diciendo:

S. -A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No es el Rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?

C. -Hasta los que estaban crucificados con él lo insultaban.

Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:

+ Elí, Elí, lamá sabaktaní.

C. (Es decir:

+ Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?).

C. Al oírlo algunos de los que estaban por allí dijeron:

S. -A Elías llama éste.

C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían:

S. -Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo.

C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.

El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados:

S. -Realmente éste era Hijo de Dios. Palabra del Señor
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