Os encontráis con una nueva asignatura. Como siempre, ante lo desconocido uno reacciona de acuerdo con su propia personalidad: Hay quien siente preocupación






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EL SABER FILOSÓFICO.


1.- Introducción.-
Os encontráis con una nueva asignatura. Como siempre, ante lo desconocido uno reacciona de acuerdo con su propia personalidad: Hay quien siente preocupación (incluso un poco de temor), quien piensa que puede aportarle algo nuevo y mantiene una actitud expectante, quien con lo que ha oído ya se ha hecho una idea y piensa que es un rollo, quien ha concluido que es una asignatura más que hay que aprobar, incluso quien pronostica que será una pérdida de tiempo porque… ¿para qué me va a valer a mí la filosofía?
Bueno, estaría bien empezar planteándonos qué entendemos por filosofía, qué creéis que vamos a estudiar en esta asignatura, si puede haber algo interesante en su estudio, qué es lo que os han contado y cuánto hay de verdad en ello… y ya estamos empezando a filosofar.
¿Os habéis planteado alguna vez lo diferentes que pueden ser las interpretaciones que distintas personas hacen de una misma realidad? Fijaos que eso nos lleva a otras cuestiones: ¿quién tiene razón?, ¿qué es la verdad, entonces?, ¿puede uno estar seguro de una cosa y no ser cierta?. Y ¿cómo lo sabemos?, seguramente dialogando, utilizando el lenguaje para comunicarnos, ¿pensáis que hay otros animales en la naturaleza que pueden comunicarse de la manera que nosotros los hacemos?.
En fin, podríamos seguir encadenando preguntas y nos iríamos, casi sin darnos cuenta, adentrando en el contenido del saber filosófico.
Hay una primera definición de filosofía, que es la que se basa en su etimología, en el significado de los términos que componen la palabra: filo (φυλοσ) – sofia (σοφόσ): amor a la sabiduría. Este término se atribuye generalmente a un filósofo griego que conoceréis por otras cuestiones, se llamaba Pitágoras y a él se dirigió el tirano León llamándole sabio, a lo que Pitágoras contestó que él no era un sabio, sino alguien que aspiraba a serlo, que amaba la sabiduría, que buscaba el saber y el conocimiento.
Ese es el significado etimológico de la palabra filosofía: amor a la sabiduría.

Hoy desde muchos ámbitos, incluso el filosófico, se levantan voces que anuncian la muerte de la filosofía en nuestro mundo. Parece que en un momento en que la ciencia pretende llegar desde lo más recóndito del ser humano a lo más alejado en el espacio ya no hay lugar para ese tipo de reflexión, siempre frustrada, siempre recurrente, que más que avanzar, profundiza, que más que progresar, golpea terca e insistentemente el mismo lugar, sobre los mismos conceptos.
Y es que, tradicionalmente, la filosofía ha cumplido un buen papel social. El filósofo en Grecia, poco menos que dirigía la sociedad. Elaboraba constituciones, educaba a la juventud, justificaba la situación establecida. Era una persona que, en realidad, cumplía una función importante. En la Edad Media acercaba los misterios a las mentes más racionalistas, servía a la teología para que ésta fuese creíble desde un ámbito meramente humano. En el Renacimiento dirigía toda la cultura, esa explosión de Humanismo, de pensamiento en ebullición, de clases de saber, de planteamientos nuevos. Incluso la Ilustración necesitaba un soporte teórico que, en definitiva, es aportado por la filosofía.
Pero parece ser que en el mundo actual la legitimación de la realidad, de la situación, ya no debe venir de la filosofía, sino de la ciencia. Se necesita una base absolutamente segura, y la filosofía ha perdido esa capacidad de ofrecer seguridad que en otros tiempos tuvo. Actualmente somos más prácticos, más técnicos, quién sabe si menos personas, pero no importa.
De todas formas tampoco estoy seguro de poder definir filosofía de una manera absoluta, es decir, que contemple todos los matices que la actividad tiene y que expresa toda la amplitud y la profundidad de su intención.
La filosofía se identificó con la sabiduría en Grecia. Santo Tomás la definió como la ciencia de todas las cosas en sus últimas causas utilizando sólo la luz natural de la razón humana. A partir de Descartes, la filosofía se convirtió en el intento de llegar a descubrir un método para llegar al conocimiento cierto. En Kant la filosofía se convierte en una crítica a las desnaturalizaciones de la razón. Con Marx la filosofía toma tierra y se transforma en una guía para transformar las condiciones reales de la existencia. En Nietzsche es un grito desesperado en defensa de la vida. En Wittgenstein se convierte en un mero análisis del lenguaje, ya que es un saber sustantivo; y, en cambio, en Marcase y la Escuela de Frankfurt es una crítica de la razón instrumental, de la razón científico-técnica.
Y a pesar de los pesares se sigue haciendo filosofía. Y a pesar de haber decretado su muerte, la filosofía, como Lázaro, resucita permanentemente y sigue transitando con mayor o menor fortuna, por todos los caminos del mundo.
Y es que, de alguna manera, el proceso de humanización, eso que nos hace ser los animales más especiales de cuantos existen, se debe precisamente a la capacidad de interrogarnos por nosotros mismos, por nosotros como individuos (cada uno de nosotros), y por nosotros como sociedad (las distintas agrupaciones de las que formamos parte) y eso no es otra cosa que filosofar.
Se convierte así la filosofía en una nota característica, definitoria de nuestra realidad como especie, constitutiva de eso que nos conforma, que nos hace, que nos realiza.
2.- El origen de la filosofía.
Existe un gran acuerdo entre los especialistas en situar el nacimiento de la filosofía en las poleis de Asia Menor sobre el Siglo VI a.C., concretamente en la región de Jonia (una colonia griega) y, concretando aún más, en la polis de Mileto.

En el Siglo VI a.C. la Hélade, o mundo griego, ocupaba buena parte de las costas del Mediterráneo. Jonia, en Asia Menor, era uno de sus centros más activos. Aquí se habían establecido los antiguos aqueos (huyendo de la arrasada Micenas) y aquí había “escrito” Homero sus obras. Además, en esta época Grecia sufrió una importante transformación socio-económica. Antes era un país primordialmente agrícola, pero a partir de entonces comenzó a desarrollarse cada vez más la industria artesana y el comercio. Se hizo necesario entonces fundar centros de presentación comercial que, precisamente surgieron primero en las colonias jónicas. En la polis de Mileto, el centro económico más importante, Tales será el primer filósofo.

2.1.-La religión: religión pública y religión mistérica.
Se suele dividir la religión de los griegos en pública y mistérica. La pública será la practicada por la mayoría de los ciudadanos y estará basada fundamentalmente en los mitos de Homero y Hesiodo (es lo que se conoce como mitología griega). La mistérica surgirá cuando una serie de personas se sienten decepcionados por la religión pública y fundan una serie de sectas donde practican cultos alternativos al oficial.

La religión pública era fundamentalmente politeísta: una gran cantidad de deidades que representaban fuerzas naturales a través de formas humadas idealizadas (Zeus, del rayo; Eolo, del viento; Efestos, del fuego; etc.). Los dioses son hombre amplificados e idealizados y, en consecuencia, sólo difieren de los hombres en cantidad y no en cualidad. Al ser, fundamentalmente, representantes de las fuerzas naturales y no ser cualitativamente distintos a los hombres, se considera la religión griega como una forma de naturalismo. Así, lo que esta religión exige del hombre no es un radical cambio interior, un elevarse por encima de sí mismo, sino, por el contrario, seguir su propia naturaleza. Todo lo que se pide al hombre es que haga en honor a los dioses aquello que es conforme a la propia naturaleza. Por ello, un tema fundamental en el pensamiento griego, será la naturaleza.

La religión de los misterios se alejaba de esta visión (si bien se enmarcaba en su politeísmo general) y se centraba en unas creencias específicas con unos rituales propios. La religión no oficial más importante fue la representada por los misterios órficos. El orfismo fue fundado por el poeta Orfeo, del que no tenemos ningún registro histórico, y basa su importancia en introducir un nuevo esquema de creencias y una nueva interpretación de la existencia humana. El núcleo de estas creencias puede centrarse en lo siguiente: en el hombre alberga un principio divino (un demonio o alma) que se encarna en un cuerpo debido a una culpa originaria. Este demonio no muere con el cuerpo sino que va reencarnándose buscando su purificación y la plena expiación de su culpa. Cuando acaba este ciclo de reencarnaciones el alma va a un más allá donde es premiado. Esta idea de premios y castigos de ultratumba surge cuando el hombre se enfrenta al absurdo de que en esta vida los virtuosos sufren y los viciosos gozan. Con esta concepción surge el dualismo que caracterizará gran parte de la historia de la filosofía y cae en declive el naturalismo de la religión pública, ya que para purificarse, el hombre ha de renunciar a sus impulsos naturales y dejar en soledad el elemento divino: hay que desprenderse del cuerpo. Esto tendrá gran influencia en los pitagóricos y en Platón.

2.2.- Características fundamentales del mito. Homero y Hesíodo.
Los mitos constituyen uno de los primeros intentos del ser humano de hacerse cargo del mundo que le rodea: explicar y dominar la naturaleza y, también, comprender quién es el mismo. Este tipo de narraciones ocupó un lugar importante en la evolución de muchos pueblos, entre ellos el griego, porque les proveyó de sus primeras descripciones y explicaciones del mundo: de su entorno natural, de los fenómenos atmosféricos, de las principales culturas o de la vida de ultratumba. Los principales rasgos que comparten los mitos serán los siguientes:

  1. Recurren a personajes legendarios. Dioses o grandes héroes serán los protagonistas de los relatos. Los dioses serán personificaciones de los fenómenos naturales que pretenden explicar (antropomorfismo).

  2. Ocurren en un pasado remoto prestigioso. El presente es visto como una época degenerada de una anterior Edad de Oro en el que ocurrieron todos aquellos grandes eventos

  3. Son relatos imaginativos y fantásticos. Aunque se basan en una atenta observación de la realidad y de los problemas fundamentales de la existencia, sus explicaciones no son racionales porque no se justifican ni se demuestran. Los fenómenos que se describen no obedecen a leyes precisas y comprobables, sino a la voluntad caprichosa de los dioses, a sus disputas y amores. Por lo tanto, la realidad es caótica y arbitraria, poco ordenada.

  4. El autor es siempre desconocido y colectivo. Los mitos no son fruto de la creación consciente e intencionada de una persona concreta a quien se le puedan atribuir, sino que son consecuencia de una formación lenta, espontánea y popular.

  5. Poseen un carácter tradicional y acrítico. Al ser anónimos y, además, normalmente no están escritos, se transmiten de padres a hijos. Los miembros de una cultura reciben los mitos y lo aceptan, pero no participan activamente en su formación. Los mitos no se critican ni se modifican, se aceptan y asumen tal y como vienen dados por la tradición.

El corpus de mitos griegos viene dado fundamentalmente por las obras de dos autores: Homero y Hesiodo.

Homero: históricamente apenas sabemos nada de él (se duda incluso de su existencia), pero suponemos que vivió sobre el siglo VIII a. C. y que era ciego (Homero puede venir de ho me horón, el que no ve). Fue un poeta o rapsoda al que se le atribuyen los dos grandes poemas épicos griegos: La Iliada y la Odisea.

  1. La Iliada narra los últimos episodios de Troya. París, hijo de Príamo y príncipe de Troya, rapta a Helena, prometida de Menelao, rey de Esparta, lo que desata la guerra. Todos los pueblos griegos aúnan sus fuerzas y se lanzan a la conquista de Troya. Tras diez años de guerra, mediante la famosa estratagema del caballo, los aqueos conquistan la ciudad. Los personajes principales serán Aquiles (el mejor guerrero aqueo, ideal del aristoi), Ulises (rey de Ítaca), Héctor (hijo de Príamo y hermano de Paris, será el mejor troyano), o Agamenón (rey de los aqueos). En esta obra se verán claramente las características de la moral agonal (de agon, fueza), propia del ideal aristocrático griego previo a la revolución socrática del siglo V a.C., representada, sobre todo, por el personaje de Aquiles. Esta moral entenderá la areté como habilidad con la espada (si bien también será ya importante la habilidad con la palabra, representada por Ulises), la búsqueda de la inmortalidad entendida como la fama o gloria (permanecer en la memoria de los otros por las hazañas conseguidas), y el linaje o prestigio familiar (Aquiles será hijo de Tetis y Ulises desciende en última instancia de Zeus).

  2. La Odisea narra la vuelta a casa (Ítaca) de Odiseo (Ulises) una vez acabada la guerra de Troya. Ulises tardará veinte años en volver a Ítaca donde su fiel esposa, Penélope, ha de soportar a sus múltiples pretendientes. Con su astucia (metis), Ulises se enfrentará a todos los problemas ocasionados por el designio de los dioses.


Hesiodo nació en Ascra (cerca de Tebas) hacia la segunda mitad del siglo VIII a. C. Pudo ser contemporáneo de Homero e incluso rival suyo en certámenes poéticos. Sus obras fundamentales son La Teogonía (donde explica el origen del universo y las primeras generaciones de dioses), El escudo de Heracles (donde narra la expedición de Heracles para batirse con Cicno, hijo de Ares) y Los trabajos y los días (donde muestra su fascinante visión de las edades del hombre).

La explicación del origen del universo y la primera generación de dioses de la mitología griega (según Hesiodo) viene a ser la siguiente: Urano engendró a los Titanes (Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto, Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe, Tetis, Crono) en la Madre Tierra (Gea) después de haber arrojado a sus hijos rebeldes, los Cíclopes (gigantes con un solo ojo) y los Hecatónquiros (seres con cien brazos y cincuenta cabezas), al Tártaro, un lugar tenebroso en el mundo subterráneo que está tan lejos de la tierra como ésta del cielo. Un yunque que cayera en él tardaría nueve días en tocar fondo. En venganza1, la Madre Tierra convenció a los Titanes para que atacaran a su padre, y así lo hicieron, encabezados por Crono, el más joven de los siete, al que ella armó con una hoz de pedernal. Sorprendieron a Urano mientras dormía, y con la hoz de pedernal, el despiadado Crono lo castró sujetando sus genitales con la mano izquierda (que desde entonces se considera la mano del mal agüero) para arrojarlos después al mar, junto con la hoz, en el cabo Drépano. Pero algunas gotas de sangre que salieron de la herida fueron a caer en la Madre Tierra, que parió a las tres Erinias, furias que vengan los crímenes de parricidio, llamadas, Alecto, Tisífone y Mégera. De esta sangre también nacieron las ninfas del fresno (tres Furias con un humor más festivo), llamadas Melíades.

Los Titanes entonces liberaron a los Cíclopes del Tártaro y pusieron la soberanía de la Tierra en manos de Crono.

Sin embargo, en cuanto Crono se sintió amo absoluto de todo, desterró nuevamente a los Cíclopes al Tártaro junto con los hombres de cien manos, y tomando a su hermana Rea como esposa, gobernó en Élide.

Crono se casó con su hermana Rea, a la que está consagrado el roble. Pero la Madre Tierra y su moribundo padre Urano profetizaron que uno de sus hijos le destronaría. Por tanto, cada año engullía a los hijos que Rea daba a luz: primero a Hestia (diosa del fuego, que da calor al hogar), luego a Deméter (diosa de la agricultura) y Hera (diosa del nacimiento y del matrimonio), después a Hades (dios de ultratumba) y Posidón (dios del mar).

Rea estaba furiosa. Dio a luz a Zeus, su tercer hijo varón, en plena noche en el monte Liqueo de Arcadia, donde ninguna criatura proyecta su sombra, y, habiéndolo bañado en las aguas del rio Neda, se lo entregó a la Madre Tierra. Ésta lo llevo a Licto, en Creta, y lo ocultó en la cueva de Dicte, en el monte Egeo […]

En torno a la cuna dorada del niño Zeus, que estaba colgada de un árbol para que Crono no lo encontrara ni en la tierra, ni en el cielo ni en el mar, permanecían los Curetes armados, hijos de Rea. Se golpeaban las lanzas contra los escudos y gritaban para amortiguar el llanto del niño, por temor a que Crono pudiera oírle desde la distancia, pues Rea había envuelto una piedra en pañales y se la había dado a Crono en el monte Taumacio de Arcadia, haciéndole creer que lo que se iba a tragar era el recién nacido Zeus […]

Zeus alcanzó la edad viril entre los pastores de Ida, ocupando otra cueva aparte. Luego buscó por todas partes a Metis la Titánide, que vivía junto a la corriente del océano. Siguiendo su consejo fue a buscar a su madre Rea y le pidió que le nombrara copero de Crono. Rea le ayudó de buen grado en su tarea de venganza, proporcionándole la poción emética que Metis le había dicho a Zeus que mezclara con la bebida enmelada de Crono. Éste, después de un buen trago, vomitó primero la piedra, y luego a los hermanos y hermanas mayores de Zeus. Salieron todos ilesos y, en señal de gratitud, le pidieron que le condujera en la guerra contra los Titanes, que habían elegido al gigante Atlante como caudillo (hijo de Jápeto y hermano de Prometeo, Epimeteo y Menecio), pues Crono ya no tenía edad para esas lides.

La guerra duró diez años, pero al fin la Madre Tierra profetizó la victoria a su nieto Zeus a condición de que tomara como aliados a aquellos que Crono había desterrado al Tártaro. Así pues, Zeus se acercó en secreto a Campe, la vieja carcelera del Tártaro, la mató, tomó las llaves y, tras liberar a los Cíclopes y a los Gigantes de Cien Manos, los fortaleció dándoles comidas y bebidas divinas. Los Cíclopes le dieron inmediatamente el rayo como arma ofensiva, a Hades le entregaron un yelmo que le tornaba invisible y a Posidón un tridente. Después que los tres hermanos hubieron celebrado un consejo de guerra, Hades entró sin ser visto en la morada de Crono para robarle sus armas; y mientras Posidón le amenazaba con el tridente para distraer su atención, Zeus le derribó con el rayo. Entonces los tres Gigantes de las Cien Manos alzaron rocas y las lanzaron contra los restantes Titanes, y un grito súbito de la cabra Pan los puso en fuga. Los dioses salieron en su persecución. Crono y todos los Titanes derrotados, excepto Atlante, fueron desterrados a una isla británica en el lejano oeste (algunos dicen que fueron confinados en el Tártaro) y se encuentran allí custodiados por los Gigantes de Cien Manos. Nunca más volvieron a perturbar la Hélade. Atlante, su caudillo guerrero, recibió un castigo ejemplar, siendo obligado a cargar el cielo sobre sus hombros. Sin embargo, las Titánides fueron perdonadas, por consideración a Metis y Rea.

2.3.- El paso del Mito al Logos.
Características fundamentales del logos.
La filosofía surge como un tipo de conocimiento distinto y, en muchos sentidos, opuesto al mito, en torno al siglo VI a.C. con los pensadores de la escuela de Mileto. Por esa razón, el origen de la filosofía suele caracterizarse con la expresión el paso del mito al logos. La palabra logos significa en griego razón, discurso, palabra; es decir, el paso del mito al logos va a suponer el paso progresivo de unas explicaciones de la realidad de tipo mítico a otras de tipo racional. Veamos las características fundamentales del nuevo pensamiento racional:

  1. No recurre a personajes legendarios. La razón o logos, intenta explicar la realidad a partir de la observación directa de lo que ocurre, buscando en ella principios y causas naturales. Las explicaciones se hacen entonces menos antropomórficas (el rayo ya no es un dios, sino un fenómeno natural que obedecerá a causas naturales) En general, los primeros filósofos van a mantener un cierto escepticismo hacia los dioses.

  2. Se centra en el presente. Para explicar lo que ocurre no hace falta irse a un pasado remoto lleno de dioses y héroes. Hay que observar la realidad aquí y ahora y explicarle desde este mismo presente.

  3. Las explicaciones requieren justificación racional. Las descripciones de la realidad no se aceptan sin más, sino que se intentan dar razones, justificar racionalmente el por qué. Parten de la observación e intentan explicarla racionalmente. La realidad se hace entonces ordenada, sujeta a leyes y principios y no ya sujeta a los caprichos y vicisitudes de la vida de los dioses.

  4. El autor es conocido e individual: la filosofía no es anónima ni creada popularmente por la tradición. Cada filósofo será conocido por sus propias teorías. Así hablaremos de la filosofía de Platón o de Kant.

  5. Es crítico con la tradición. La filosofía no va a aceptar nada sin un previo análisis crítico. El logos va a dudar de todo aquello que no sea racional y como el mito esencialmente no lo es, será muy crítica con el mito. Autores como Jenófanes serán muy críticos con la religión pública


PROMETEO Y PANDORA

Según los primeros griegos, los creadores del hombre fueron Zeus y Prometeo. Prometeo era un Titán, uno de los viejos dioses que habían ayudado a Zeus en su lucha contra Crono. Fue Prometeo el que modeló a los primeros hombres de barro, concediéndoles la posición erecta para que mirasen a los dioses. Zeus les dio el soplo de la vida.
Los primeros hombres eran aún seres primitivos que vivían de lo que podían matar con sus arcos de madera, sus hachas de cuerno y sus cuchillos, y de las escasas cosechas que lograban hacer crecer. No conocían el fuego, así que comían la carne cruda y se envolvían en gruesas pieles para abrigarse del frío. Eran incapaces de hacer vasijas o escudillas y no sabían trabajar los metales para procurarse herramientas útiles y armas.
Zeus estaba contento de que vivieran en aquel estado, porque temía que alguno pudiera crecer lo suficiente como para rivalizar con él. Pero Prometeo había aprendido a amar al género humano y sabía que con su ayuda los hombres podían progresar. Él y Zeus habían creado la raza humana, no unos animales cualquiera.


  • Tendríamos que enseñarles el secreto del fuego –dijo a Zeus-, si no, serán siempre como niños inermes. Tendríamos que terminar lo que hemos empezado.

  • Son felices con lo que tienen –respondió Zeus-. ¿Para qué preocuparnos?


Prometeo comprendió que no conseguiría convencer a Zeus y entonces subió secretamente al Olimpo –donde ardía el fuego día y noche- y encendió una tea. Con ella prendió un pedazo de carbón vegetal hasta convertirlo en un tizón, lo escondió entre los tallos de una planta de hinojo y se lo llevó a los hombres.
Aquel primer tizón proporcionaría el fuego a los hombres y Prometeo les enseñó a utilizarlo. También los ayudó de otros modos. Por ejemplo, cuando se hacían sacrificios, la parte mejor de la carne del animal sacrificado iba siempre destinada a los dioses, y la peor, a los hombres. Valiéndose de un engaño, Prometeo aseguró a los hombres una parte más adecuada. Dividió la carne de un buey en dos montones: uno, el más aparatoso, no contenía más que huesos mondos cubiertos de grasa; el otro, la carne mejor. Zeus escogió el primero, y al verse engañado de ese modo se encerró en un irritado silencio.
Con ayuda de Prometeo el hombre hizo rápidos progresos. Aprendió a modelar vasijas y escudillas, a construir casas con bloques de arcilla cocida y con el tejado de ladrillos en vez de trenzado de cañas. Aprendió a trabajar el metal para defenderse y cazar. Pero una noche en que Zeus estaba mirando desde el cielo, vio un juego que ardía en la tierra y comprendió que había sido engañado. Mandó llamar a Prometeo.


  • ¿No te prohibí que dieras a conocer al hombre el secreto del fuego? –preguntó-. Dicen que eres sabio, pero ¿no comprendes que con tu ayuda algún día el hombre desafiará a los dioses?

  • No tiene por qué suceder, si lo amamos y le damos buenas enseñanzas –respondió Prometeo.


Pero Zeus se enfureció sobremanera y no quiso oír más explicaciones. Ordenó que Prometeo fuese llevado a las montañas del este y encadenado a una roca. Un águila feroz se alimentaba todos los días con su hígado, y el hígado volvía a crecerle durante la noche para que la tortura pudiera empezar otra vez. Pasaron muchos años antes de que Prometeo fuera liberado: hay quien dice que treinta mil, y no está claro cómo sucedió. Según una leyenda fue a liberarlo el poderos Hércules. De todos modos Zeus no había quedado satisfecho con su venganza e hizo sufrir todavía al género humano.
Por voluntad suya su hijo Hefesto modeló una muchacha con una mezcla de arcilla y agua. Atenea le infundió el soplo de la vida y la instruyó en las artes femeninas de la costura y la cocina; Hermes, el dios alado, le enseñó la astucia y el engaño, y Afrodita le mostró cómo conseguir que todos los hombres la desearan. Otras diosas la vistieron de plata y le ciñeron la cabeza con una guirnalda de flores; luego la llevaron en presencia de Zeus.
-Toma este cofrecito –le dijo, entregándole una cajita de cobre bruñido. Es tuyo, llévalo siempre contigo, pero no lo abras por nada del mundo. No me preguntes la razón y sé feliz, ya que los dioses te han dado lo que todas las mujeres desean.
Pandora, que así se llamaba la muchacha, sonrió. Pensaba que el cofrecito estaría lleno de joyas y piedras preciosas.
-Ahora tenemos que encontrarte un marido que te ame, y yo conozco al hombre adecuado: Epimeteo. Él te hará feliz.
Epimeteo era hermano de Prometeo, pero le faltaba toda la prudencia de su hermano. Prometeo le había advertido que no aceptara ningún regalo de Zeus, pero él, un poco halagado y quizá temeroso de rechazarle, aceptó a Pandora como esposa. Hermes acompañó a la muchacha hasta la casa del flamante marido en el mundo de los hombres.


  • Bueno, amigo Epimeteo –le dijo- No olvides que Pandora tiene un estuche que no debe abrir por ningún concepto.


Epimeteo tomó el estuche y lo colocó en sitio seguro. Al principio, Pandora fue feliz viviendo con él y olvidó el estuche; más tarde empezó a reconcomerla el gusanillo de la curiosidad.


  • ¿Por qué no podemos ver al menos lo que contiene? –dijo a su marido.


Luego, mientras Epimeteo dormía, abrió el cofrecito y, rápidos como el viento, salieron todos los males que desde entonces nos afligen: el cansancio, la pobreza, la vejez, la enfermedad, los celos, el vicio, las pasiones, la suspicacia,... Desesperada, Pandora intentó cerrar el cofrecito, pero era demasiado tarde. Su contenido se había desparramado por todas partes. La venganza de Zeus se había realizado: la raza humana no podía ser noble como había querido Prometeo. La vida sería una lucha constante contra dificultades de todo género. Había pocas probabilidades de que el hombre pudiera aspirar al trono de Zeus.
Pero el triunfo del rey de los dioses no era completo. Una cosita de nada había quedado en el fondo del estuche y Pandora consiguió encerrarla. Era la esperanza. Con ella el género humano había encontrado la manera de sobrevivir en este mundo hostil. La esperanza les daba una razón para seguir viviendo.
Los físicos jonios: el logos teórico.
Los primeros desarrollos filosóficos parecen haber surgido a principios del siglo VII a.C., en Jonia, en la costa oeste del Asia Menor (la actual Turquía, justo al otro lado del mar Egeo desde la Grecia continental). Más concretamente hizo aparición en la ciudad de Mileto, en la costa sur de Jonia, de la mano de Tales, Anaximandro y Anaxímenes, extendiéndose posteriormente por todo el territorio.
Mientras la misma Grecia se hallaba en un estado de caos y de relativa barbarie, a consecuencia de las invasiones dorias del siglo XI a.C., que hundieron la antigua cultura egea, Jonia conservó el espíritu de la civilización anterior. Fue en Jonia donde se originó la nueva civilización griega. Jonia, donde la vieja sangre y el espíritu egeos perduraron más. Enseñó a la nueva Grecia, le dio las monedas acuñadas y las letras, el arte y la poesía, y sus marinos, quitándoles la primacía a los fenicios, llevaron su nueva cultura hasta los que entonces pasaban por ser los confines de la tierra.
La filosofía nació allí con el carácter de una actividad ociosa, es decir, no impulsada por las necesidades de tipo práctico, sino ocupada tan sólo de la verdad: como un modo de saber que sólo pretende saber.

Para entender bien la transformación del espíritu griego será útil pasar de lo accesorio o meramente descriptivo a lo fundamental, de modo que podamos formarnos primero una imagen mental del impacto socio-cultural que debieron causar aquellas nuevas formas de vida. Para a continuación entender las profundas motivaciones que hacían de la vida de aquellos hombres algo verdaderamente nuevo.
Lo que salta claramente a la vista en la figura de los primeros filósofos –que no se atribuyeron, naturalmente, a sí mismos este nombre platónico- es su peculiar actitud espiritual: su consagración incondicional al conocimiento, al estudio y la profundización del ser por sí mismo. Esta actitud pareció a los griegos posteriores, y aun a los contemporáneos, algo completamente paradójico, pero suscitó al mismo tiempo, su más alta admiración. La sosegada indiferencia de aquellos investigadores por las cosas que parecían importantes al resto de los hombres, como el dinero, el honor, e incluso la casa y la familia; su aparente ceguera para sus propios intereses y su indiferencia ante las emociones de la plaza pública, dieron lugar a las conocidas anécdotas relativas a la actitud espiritual de aquellos pensadores que, recogidas especialmente por la Academia platónica y por la escuela peripatética, fueron puestas como ejemplo y modelo de la vida teorética, considerada por Platón como la verdadera praxis de los filósofos. En estas anécdotas el hombre es el gran extravagante, algo misterioso, pero digno de estima, que se levanta por encima de la sociedad de los hombres, o se separa deliberadamente de ella para consagrarse a los estudios. Es ingenuo como un niño, torpe y poco práctico y existe fuera de las condiciones del espacio y el tiempo. El sabio Tales, abstraído por la observación de algún fenómeno celeste, cae en un pozo, y su criada, natural de Tracia, se burla de él porque quiere saber las cosas del cielo y no ve lo que hay bajo sus pies. Pitágoras, al serle preguntado por qué vive, responde: Para considerar el cielo y las estrellas. Anaxágoras, acusado de no cuidar de su familia ni de su patria, señala con la mano hacia el cielo y dice: Allí está mi patria. Común a todos es esta incomprensible consagración al conocimiento del cosmos, a la “meteorología”, como se decía todavía entonces en un sentido más amplio y más profundo, es decir, a la ciencia de las cosas de lo alto.
Lo que no saltaba tan claramente a la vista, y sin embargo constituía el verdadero manantial de la filosofía, era la novedosísima consideración del fundamento como asistencia intrínseca ejercida en la propia realidad, ello fijó la indagación de un modo preciso. Los presocráticos repiensan la forma mítica de considerar la realidad y se dicen: ¿cómo va a estar el fundamento o principio de las cosas que ahora existen en un pasado?; ¿cómo se puede pensar que lo que hace que algo sea real no sea él mismo ya real, sino que lo fue?; el pasado es “lo que ya no es” y el futuro es “lo que todavía no es”, pero entonces, en rigor, ni el pasado ni el futuro son. ¿Cómo entonces el no-ser va a ser fundamento y origen del ser? Véase lo decisivo de su concepción del tiempo: en el mito, “lo que ya no es” es; ¿se puede decir un absurdo más grande? esto es para nuestros amigos una pura contradicción, locura desatada. Ellos piensan: sólo el presente es. Y de pronto el mundo se les ilumina: ¡se ha hecho la luz, el fundamento de las cosas está en las cosas! El fundamento no es independiente de lo fundado y viceversa. Un objeto pasado o futuro no es objeto en absoluto. Los objetos sólo lo son en presente, por ejemplo: la lluvia llueve. A esta indisoluble unidad de verbo y nombre, sin la que es imposible pensar nada real, es a lo que habitualmente se denomina physis. Aquello que se busca es, sin embargo, la arché (que significa principio). Así pues, la physis es el modo de considerar el principio (el principio es principio, no por ser una cosa material, sino por fundar el aparecer de la cosa).
La determinación de la arché aparece con nitidez en el comienzo de esta nueva modalidad sapiencial. Se trata de un pensar concentrado, que sabe de antemano dónde ha de buscarse el fundamento, por más que sea recóndito o difícil de identificar. La dificultad no se debe a que el fundamento esté colocado en el pasado (mito), sino que es cuestión de profundidad. El fundamento está, en todo caso, en el fondo: el fundamento es fondo, pero lo es ahora, ya.
La filosofía o cosmología jonia es pues, principalmente, un intento de aclarar en qué consiste el principio de todas las cosas o dicho de otro modo, en qué consiste su ser. El saber qué elemento eligió cada filósofo como arché no importa tanto cuanto el hecho mismo de que tuvieron en común esta idea.
La escuela de Mileto, denominada así por proceder Tales, Anaximandro y Anaxímenes (siglo VI a.C.) de esta ciudad de la costa sur de Jonia, propusieron una explicación monista, es decir, defendieron la existencia de un único principio de toda la realidad.
TALES DE MILETO:
Dos ideas principales:


  1. “La tierra flota sobre el agua que es, en cierto modo, la fuente de todas las cosas”.

  2. “Incluso los seres aparentemente inanimados pueden estar vivos, el mundo está lleno de dioses”


Ambas ideas presentan la posibilidad de ser interpretadas de diversos modos. ¿Quiere decir que todas las cosas proceden del agua, o que el agua es un constitutivo de todas las cosas y no sólo su origen? ¿Podemos decir que todas las cosas tienen un alma o que el mundo, como un todo dinámico, posee alma?

ANAXIMANDRO
Anaximandro se plantea cómo de un elemento determinado (el agua) puede surgir su contrario (el fuego, por ejemplo) y para solucionarlo piensa que el “arjé” es el “ápeiron”, que se puede traducir por indefinido, ilimitado, infinito, indeterminado, en definitiva, falto de límites.
El problema que plantea lo “ápeiron” es el de su naturaleza, ya que para unos será algo conceptual y para otros será algo material. Y de cualquier manera, sigue planteando el problema de cómo a partir de algo indeterminado puede surgir algo determinado.
ANAXÍMENES
El principio constitutivo de todo para Anaxímenes es el aire. Para algunos esto significa un retroceso respecto de Anaximandro, pero si nos damos cuenta, realmente viene a solucionar el problema que éste se planteaba, ya que el aire no tiene un contrario determinado y, además, es un elemento determinado, con lo que soluciona el problema de lo “ápeiron”. Además, el aire tiene una similitud con el “pneuma” (aliento) que para los griegos es el alma, por lo que el aire parece el “pneuma” del mundo.
Otros filósofos presocráticos importantes son:
JENÓFANES
Para su temática plantea el problema de dónde encuadrarlo. Critica la inmoralidad y el antropomorfismo de los dioses homéricos. Resalta tres notas de dios: su unidad, su no antropomorfismo y su inmutabilidad. Critica además el alcance del conocimiento humano del que parece sugerir su relatividad.
PITÁGORAS
Se ha especulado con la posibilidad de que no sea una persona física, aunque los últimos estudios sí se inclinan por esta posibilidad (que es una persona física). Funda una secta de tipo religioso-intelectual-político, secreta y con ritos un tanto extraños. Cualquier descubrimiento de la secta se atribuye a Pitágoras. Entre las teorías que podemos considerar suyas están: la transmigración de las almas; la idea de purificación progresiva mediante la contemplación del orden del universo; la reducción de las cosas a números; el dualismo.
Otros pitagóricos posteriores tienen ideas como la existencia del vacío, como que la tierra no es el centro del universo, sino que el centro es el fuego, sobre el que giran las estrellas.

HERÁCLITO
Se ha pretendido un enfrentamiento real con Parménides, hoy descartado. Por ello, se le considera el filósofo del devenir, dado que pone de manifiesto la universalidad del cambio. Ello implica una valorización de los sentidos, desvalorizados por las concepciones pitagóricas. Pero, por debajo de esa universalidad del cambio, defiende una unidad subyacente, el “logos universal”.
El problema que se plantea Heráclito es: ¿es el hombre capaz de captar esa unidad? Se ocupa en mayor medida que sus antecesores del tema del hombre. Su primer principio es “los hombres deberían tratar de comprender la coherencia subyacente a las cosas”, en decir, el logos universal. Este logos le lleva a considerar que los opuestos son lo mismo y la misma unidad depende del equilibrio de los opuestos: “la guerra es el padre de todas las cosas”. Establece una similitud con el fuego. En sus concepciones religiosas se acerca a las posiciones de Jenófanes.

PARMÉNIDES
La concepción clásica hace de él el filósofo de la estabilidad frente a Heráclito, según esta concepción Parménides negaría la posibilidad del movimiento. Su teoría es el desarrollo lógico de un primer principio: “El ser y el no-ser no es”, el devenir, el cambio es mera ilusión, porque si algo empieza a ser, una de dos, o procede del ser, en cuyo caso ya es y por tanto no empieza a ser, o procede del no ser y entonces no es, puesto que de la nada, nada procede.
Esto lo llama Parménides “Vía de la Verdad”, ya que él distingue tres vías de conocimiento o investigación: La de la Verdad (o del ser); la del No Ser y la de la Opinión. Sólo la primera es una auténtica vía de conocimiento. Se suma a la tradición de desprestigio de los sentidos como forma de conocimiento. “Lo mismo es el pensar que el ser”. Todas las características del Ente se deducen de la primera afirmación y estas características son que el Ser es completo, increado (inengendrado), imperecedero (eterno), indivisible, compacto, inmóvil, homogéneo.
Su filosofía contiene los gérmenes del idealismo posterior. De todas formas la Vía de la Opinión, deja abierta la posibilidad de un cierto cambio a nivel local y nos lleva a un cierto conocimiento de la realidad. Según esta interpretación lo que Parménides negaría es que el Ser pueda ser engendrado o desaparecer y que pueda ser trasladado en bloque de lugar.
Seguidores de Parménides son Zenón de Samos y Meliso.
EMPÉDOCLES
Más que crear una filosofía, intenta conciliar el pensamiento de sus predecesores.
Parménides había sostenido que el ser es y que es material y que el ser no puede nacer ni desaparecer, por tanto la materia no tiene principio ni fin, es indestructible. Ello es aceptado por Empédocles.
Pero el devenir, puesto de relieve por Heráclito, no se puede negar, por tanto hay que encontrar el modo de conciliar la tesis de que el ser no puede empezar a ser ni desaparecer con la tesis del movimiento y el cambio. A ello viene la teoría de las mezclas.
El objeto, en cuanto un todo, comienza a ser y deja de ser, pero están compuestos de partículas materiales que son en sí mismas indestructibles. Por tanto, hay unos elementos inengendrados e indestructibles (aire, agua, tierra y fuego), pero varían en la proporción en que se mezclan. Ello está regido por el “amor” (armonía) y el “odio” (discordia).
ANAXÁGORAS
Sigue la teoría de las mezclas, pero más complicada que Empédocles. Habla de “partículas homeómeras”, “en todo hay una porción de cada cosa”.
Su gran idea es el “nous” que rige las mezclas.

Ethos y polis: el logos práctico.
El logos teórico se nos ha mostrado como razón, ley o medida que rige toda la actividad intelectual. Al analizar la índole del logos comprendemos que esas leyes no proceden del capricho o de la voluntad de los hombres, sino que naturalmente subyacen como requisitos del pensar. Son leyes naturales, contrapuestas a las convencionales.

¿Existe un logos práctico natural? ¿Existen leyes naturales de la convivencia? Convivir es naturalmente, algo más que coincidir en el espacio y el tiempo. La unidad espiritual a que aludimos con la convivencia se plasma en la cultura y tiene como elemento indispensable el lenguaje (sin lenguaje o comunicación no hay convivencia). La convivencia es tanto mejor cuanto mayor es la comunicación. La comunicación admite grados: hay signos que entenderían todos los seres humanos independientemente de su idioma, pero parece indudable que es el desarrollo del lenguaje y su carácter comunitario lo que permite la comunicación y la convivencia. El desarrollo de espacios físicos que fomenten la palabra será imprescindible para el pueblo griego.
Elementos de la polis

  1. Ágora, imprescindible en el desarrollo de la ciudad como ente corporativo. Hay dos tipos fundamentales: uno de tipo administrativo y reunión del pueblo en solemnidades y otro como lugar de comercio y negocio.

  2. Stoa: pórtico cubierto, suele levantarse cerca de lugares de recreo público como gimnasios y teatros.

  3. Gimnasio y palestra: lugares de ejercicio físico y escuela de lucha.

  4. Buleuterio y eclesiasterio: edificios públicos para reuniones políticas.

  5. El teatro. Los dos géneros cultivados en el teatro griego eran la tragedia, en la que se relataban leyendas o hechos históricos, y la comedia, en la que se ridiculizaban las costumbres y los personajes notables de la época. Entre los autores de tragedias se destacaron: Euripides, Esquilo y Sófocles, y en la comedia se destacaron Cretino y Aristófanes.


El otro elemento a que debemos aludir al hablar de logos práctico (razón, ley, medida, orden) es el de derecho. El derecho es un cierto poder moral (no físico ni intelectual) por el que cada uno recibe lo que es justo. En función de qué consideremos que merece cada individuo y cada estamento social, obtendremos diversos sistemas políticos: monarquía, aristocracia, timocracia/democracia, oligarquía, tiranía.
Organización política: la polis.
Frente a los grandes estados orientales, cuyas dimensiones territoriales exigen un poder coactivo, que suprime la libertad del individuo, el griego se organiza en ciudades estado. Las guerras médicas, entre persas y griegos, son un enfrentamiento entre dos concepciones políticas antagónicas, una confrontación entre subditos y ciudadanos. En la organización primitiva, la koiné (aldea), se mantenía el régimen gentilicio, el grupo de familias unidas por un tronco común. Las sucesivas invasiones de pueblos que entran en la península helénica obligan a buscar una organización más amplia, la polis, que se antepone a los intereses de los genos, los grupos familiares.

Tres funciones influyen en el emplazamiento y estructura de la polis:

  1. Militar: se elige el lugar más fácil de defender, la acrópolis, fortaleza, que repite la fórmula de Micenas.

  2. Económica: se busca un emplazamiento próximo al mar o a caminos naturales. En Atenas, el ágora desplazó a la acrópolis como centro de la vida urbana, cuando la complejidad de los intercambios comerciales exigió una ubicación en un lugar menos agreste que la colina sagrada.

  3. Estética: el marco natural ha de satisfacer unos ideales de belleza.


Ideal político griego: la democracia.
Una serie de hombres públicos relevantes, Solón, Efialte, Clístenes, Pericles, se esfuerzan en configurar para Atenas un régimen político basado en la igualdad y el gobierno del pueblo. Los griegos se enorgullecen de someterse a un orden, no a un hombre. La ley aglutina la ciudad más hondamente que la tierra, el comercio o la religión. Heráclito dirá: “el pueblo debe combatir por la ley como por la muralla de la ciudad”. Algunos pensadores consideran la norma objetiva (ley) como una invención y un don de los dioses. Frente a la concepción aristocrática de que existen hombres con talento político innato, Protágoras defiende la idea de que cada hombre tiene una parcela de sentido cívico perfeccionable por la experiencia. En consecuencia, el ciudadano tiene el deber de colaborar en los asuntos públicos, como expresa Pericles en la emotiva Oración fúnebre por los muertos en la guerra del Peloponeso: “pues somos los únicos que consideramos no hombre pacífico sino inútil al que nada participa en ella” (la cosa pública), “fue por una ciudad así por la que murieron ellos”.

El funcionamiento de la democracia ateniense se basaba en tres instituciones:

La Asamblea o Ekklesia tenía el mayor poder. En ella se trataban los asuntos más importantes de la polis, se aprobaban las leyes se decidía sobre la guerra y la paz.

Formada sólo por los ciudadanos (varones mayores de 21 años, hijos de padre y madre atenienses). Se reunían al menos cuatro veces al mes, y en ella, los ciudadanos podían expresar su opinión. Al finalizar, se votaba a mano alzada y se proclamaba el resultado.

La Boulé o Consejo de los Quinientos preparaba las leyes y asuntos que se trataban en la Asamblea, y controlaban su funcionamiento y el trabajo de los magistrados. Constaba de 500 miembros, elegidos cada año por sorteo.

Los magistrados ejecutaban las decisiones de la Asamblea. Eran 9 arcontes, responsables de los asuntos civiles y militares, y 10 estrategas o jefes de ejército. Los elegía en parte la suerte y en parte la Asamblea.
Clases sociales de Atenas.
En la sociedad ateniense existieron tres grupos sociales:

Los ciudadanos. Sólo ellos tenían derecho a participar en la vida política.

Los metecos o extranjeros trabajaban como artesanos y comerciantes. Pagaban impuestos y formaban parte del ejército, pero tenían limitados los derechos políticos.

Los esclavos trabajaban en el campo, las minas y las canteras, o en el servicio domestico y carecían de derechos. El origen de la esclavitud era muy variado: deudas, guerra, condena judicial, etc.
Todas las manifestaciones culturales de Grecia están presididas por una preocupación por el hombre. Se trata de una cultura antropocéntrica, como define la famosa sentencia de Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas” o la de Menandro: “nada es más amable que el hombre cuando es hombre”.
A diferencia de la cultura egipcia, todos los edificios deben estar proporcionados a la escala del hombre. Estos edificios no se entienden como entes aislados, sino como
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