La Doctrina Búdica de la Tierra Pura






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Bodhisattva Mahâsthâmaprâpta.

Una vez realizada esta meditación, se deben bañar las imágenes de Buddha y de los Bodhisattva en una luz maravillosa. Esta luz es del color del oro: va a aclarar todos los árboles de joyas. Sobre cada árbol hay también tres flores de loto. Sobre todas estas flores de loto están las imágenes de Buddha y de los dos Bodhisattva. Todo este mundo está repleto de ellos.

Una vez consumada esta meditación, se escuchará cómo los arroyos, los rayos de luz, así como los árboles de joyas, los patitos, los gansos salvajes, los patos mandarinos machos y hembras proclaman todos la Ley Maravillosa. Se salga de la meditación o se entre en ella, se oirá sin cesar la Ley Maravillosa. Quien es capaz de oírla, se acordará de ella constantemente, incluso durante el tiempo de la meditación.

Todo ello deberá ser conforme a los Sûtra. Si no es conforme, es lo que se llama una meditación mentirosa. Si es conforme, es lo que se llama la visión grosera de la Tierra de la Suprema Felicidad. Esta meditación descansa, en efecto, en las imágenes, y se llama la Octava Contemplación.

Aquel que medite de esta manera borra las faltas cometidas en el ciclo del nacimiento y de la muerte durante innumerables millones de Kalpa. Meditar así durante la propia vida, es obtener el Samâdhi del Nembutsu.

Contemplar de este modo se llama contemplación correcta. Contemplar de otra manera, se llama contemplación errónea.»

Dijo Buddha a Ananda y a Vaidehî:

«Consumada esta meditación, es preciso ponerse a contemplar los luminosos y brillantes signos del cuerpo del Buddha de la Vida Infinita.

Sabe ahora, oh Ananda, que el Cuerpo del Buddha de la Vida Infinita es más bello que cien, que mil, que diez mil, que cien mil veces el de Yâmadeva o el color de oro del río Jambû.

El cuerpo de Buddha se alza a una altitud de tantos Yojana como arenas de seis miríadas de millares de ríos Ganges.

Los pelos de plata entre sus cejas se inclinan hacia la derecha y se parecen a cinco Montes Sumeru.

Los ojos de Buddha son claros y puros como el agua de los cuatro océanos. En ellos, el azul y el blanco son claramente distintos.

Todos los poros de su piel despiden rayos de luz tan altos como el Monte Sumeru.

El halo luminoso de este Buddha es diez millones de veces más extenso que tres mil millares de mundos. En ese halo luminoso están los Buddha de Transformación6 tan numerosos como las arenas de diez millares de ríos Ganges y cada uno de estos Buddha de Transformación posee una innumerable multitud de Bodhisattva de Transformación que lo escoltan.

El Buddha de la Vida Infinita posee 84.000 signos7. En cada uno de estos signos hay 84.000 características. Y cada una de estas cualidades despide 84.000 rayos de luz. Y cada uno de estos rayos de luz se difunde por todas partes e ilumina todos los mundos en las diez direcciones.

Todos los seres vivos que piensan en Buddha son abrazados y no abandonados ya jamás.

No resulta posible detallar estas excelentes marcas de luz, ni tampoco los Buddha de Transformación. Sin embargo, cuando se efectúa esta meditación es suficiente con ver mentalmente la luz. Y así se será capaz de ver a todos los Buddha en las diez direcciones.

La visión de todos los Buddha se llama Samâdhi del Nembutsu.

Esta meditación se llama la contemplación del Cuerpo de todos los Buddha.

Contemplar el Cuerpo de Buddha es igualmente ver el corazón de Buddha. Y el corazón de Buddha es el gran amor de compasión que consiste en amar y aceptar de igual manera a todos los seres vivos.

Aquel que realice esta meditación renacerá, tras su muerte, en presencia de todos los Buddha. Por eso el sabio debe fijar su corazón en la contemplación del Buddha de la Vida Infinita.

La contemplación del Buddha de la Vida Infinita se inicia con un solo signo de excelencia. Es necesario contemplar de manera absolutamente clara los pelos de plata entre sus cejas. Ver los pelos de plata que están entre sus cejas es, al mismo tiempo, ver los 84.000 signos de excelencia. Ver al Buddha de la Vida Infinita es ser capaz de ver a todos los innumerables Buddha en las diez direcciones. Y al conseguir ver a todos los innumerables Buddha, la predicción (del propio despertar) se recibe en presencia de todos los Buddha.

Esta es, pues, la contemplación universal, la meditación sobre todas las formas que se llama Novena Contemplación.

Contemplar de este modo se llama contemplación correcta. Contemplar de otra manera, se llama contemplación errónea.»
Tras lo cual, Buddha enseña a Vaidehî a meditar sobre el Bodhisattva Avalokitesvara, y después sobre el Bodhisattva Mahâsthâmaprapta. Le enseña también a contemplar a los Tres Santos Seres de una manera perfecta.

La decimotercera Contemplación se presenta como una meditación simplificada.
Dijo Buddha a Ananda y a Vaidehî:

«Si alguien desea de todo corazón renacer en la dirección del Oeste, debe en primer lugar contemplar una imagen (del Buddha Amida) de dieciséis pies de altura sentada sobre las aguas del estanque.

Como ya ha sido dicho, el cuerpo del Buddha de la Vida Infinita es sin medidas. No puede ser alcanzado por el poder del corazón del hombre ordinario. Pero por el poder de los Votos de este Tathâgata, aquellos que piensen en él alcanzarán necesariamente la meta. Incluso pensando en la imagen de Buddha, se obtiene una felicidad inconmensurable. ¡Cuánto más, entonces, contemplando los signos de su cuerpo completo!

El Buddha Amida tiene el divino poder de mostrarse tal como desee en los mundos de las diez direcciones. O bien aparece con un inmenso cuerpo que llena la totalidad del espacio, o bien aparece con un cuerpecillo de dieciséis o de ocho pies de altura. La forma con la que aparece siempre tiene el color del oro puro.

Los Buddha de Transformación y los lotos preciosos que aparecen en su halo de luz son como los ya descritos.

Los cuerpos de los Bodhisattva Avalokitesvara y Mahâsthâmaprâpta son semejantes en todo. Sin embargo, gracias a los ornamentos de su cabeza, todos los seres vivos saben quién es Avalokitesvara y quién es Mahâsthâmaprâpta. Ambos Bodhisattva ayudan al Buddha Amida a liberar a todos los seres.

He aquí la llamada meditación resumida, correspondiente a la Decimotercera Contemplación.

Contemplar de este modo se llama contemplación correcta. Contemplar de otra manera, se llama contemplación errónea.»
Las tres últimas contemplaciones se presentan con un aspecto particular. Ya no se trata, en efecto, de un método de meditación, sino de una descripción de las diversas cualidades que deben poseer aquellos que aspiran a renacer en la Tierra de la Suprema Felicidad.

Aquellos que experimentan tales aspiraciones se dividen en tres grandes clases, divididas a su vez en tres grados.

Pertenecen a la clase superior todos aquellos que, en diversos grados, practican todas las virtudes, estudian los Sûtra y se consagran a largas meditaciones.

La clase intermedia agrupa a todos aquellos cuyas prácticas son incompletas y más especialmente orientadas hacia la perfección moral.

En la clase inferior están colocadas las gentes incapaces de practicar las virtudes y de dedicarse a los ejercicios tradicionales, e incluso todos aquellos a los que corrientemente se considera como malvados y perversos.

Veamos el pasaje que concierne al último grado de esta clase inferior:
Dijo Buddha a Ananda y a Vaidehî:

«He aquí el grado más bajo de la clase inferior de renacimiento: quizá haya seres vivos que, a causa de un mal Karma, han cometido todo lo que no está bien: las cinco faltas imperdonables y las diez malvadas acciones. Así, estos seres estúpidos, a causa de su mal Karma, deben caer en las vías malas y pasar en ellas, normalmente, numerosos Kalpa sufriendo penas interminables.

Sin embargo, he aquí que estos seres estúpidos, en el momento de morir, encuentran a un buen maestro que les trae toda clase de apaciguamientos, les expone la Ley Maravillosa y les enseña a meditar sobre este Buddha.

Pero estos seres, en su angustia, son incapaces de meditar en este Buddha.

Ese excelente amigo les dice: “Si no podéis meditar sobre este Buddha, es necesario que toméis refugio en el Buddha de la Vida Infinita.”

Y así es como, de todo corazón, repiten hasta diez veces: “¡Reverencia al Buddha Amida!” (NA-MU A-MI-DA BUTSU).

A causa de la repetición del Nombre de Buddha en su corazón, borran las faltas cometidas en el ciclo del nacimiento y de la muerte durante ocho millares de Kalpa.

En el momento de morir, ven un loto de oro semejante al sol detenerse ante ellos. En el espacio de un pensamiento, logran así el renacimiento en la Tierra de la Suprema Felicidad.

Permanecen dentro de esa flor de loto durante doce grandes Kalpa8.

Cuando se abre esa flor que los recubre, se les aparecen Avalokitesvara y Mahâsthâmaprâpta y, con voz dulcificada por la gran compasión, les enseñan lo que son realmente los fenómenos y cómo anular sus faltas. Llenos de gozo, son entonces capaces de producir el Pensamiento del Despertar.

He aquí lo que se llama el grado más bajo de la clase inferior de renacimiento.»
Damos a continuación el texto íntegro de la última parte del Sûtra:
«Cuando el Venerado del Mundo hubo terminado su discurso, Vaidehî y las quinientas damas de honor que habían escuchado las palabras de Buddha, se tornaron capaces de contemplar el inmenso espectáculo del Mundo de la Suprema Felicidad.

Lograron ver el cuerpo de Buddha, así como a los dos Bodhisattva.

De sus corazones nació una gran alegría, y exclamaron: “¡Jamás se ha visto algo semejante!”

Realizando así un gran despertar, obtuvieron el grado de Aguante denominado “Sin-nacimiento”.

Las quinientas damas de honor produjeron el Pensamiento del Supremo y Perfecto Despertar e hicieron el voto de renacer en esa Tierra.

El Venerado del Mundo les predijo que irían a renacer a esa Tierra y, que tras haber nacido allí, obtendrían el Samâdhi que sitúa en presencia de todos los Buddha.

Los innumerables dioses produjeron también, entonces, el Pensamiento de la Suprema Realización.

En eso, Ananda se levantó de su asiento y dirigiéndose a Buddha, dijo: “¿Cómo se llama este Sûtra y qué es lo que debemos considerar como lo esencial de su enseñanza?”

Dijo Buddha a Ananda:

“Este Sûtra se llama: ‘Contemplación del Buddha de la Vida Infinita, del Bodhisattva Avalokitesvara y del Bodhisattva Mahâsthâmaprâpta en la Tierra de la Suprema Felicidad’. También se llama: ‘Desenraizamiento de los obstáculos debidos al Karma de manera que se renazca en presencia de todos los Buddha’. Así es cómo deberéis recibirlo y guardarlo sin permitir que se olvide.

Realizar este Samâdhi es poder ver, en esta vida misma, al Buddha de la Vida Infinita y a los dos grandes sabios.

Si hijos o hijas de bien, sólo con oír el Nombre de Buddha y el de los dos Bodhisattva, borran las faltas cometidas en el ciclo del nacimiento y de la muerte durante innumerables Kalpa, ¡cuánto más, entonces, si se acuerdan de Buddha y piensan en él!

Hay que saber que serán como lotos blancos entre los hombres. El Bodhisattva Avalokitesvara y el Bodhisattva Mahâsthâmaprâpta serán para ellos excelentes amigos. Tendrán un lugar en la Terraza del Despertar y renacerán en la morada de todos los Buddha.”

Dijo Buddha a Ananda:

“¡Porfiad en guardar mis palabras!

Ahora bien, guardar mis palabras es guardar el Nombre del Buddha de la Vida Infinita.”

Cuando Buddha hubo terminado de hablar, el Venerable Mavdgalyâyana, el Venerable Ananda y Vaidehî se alborozaron en grado sumo por haber escuchado la enseñanza de Buddha.

Entonces, el Venerado del Mundo, lanzándose a través del espacio, volvió a la Montaña del Pico de los Buitres y Ananda comenzó a enseñar a las gentes, tal como le había sido prescrito.

Innumerables seres: dioses, dragones divinos y genios9, que habían escuchado lo que Buddha había dicho, fueron colmados de una gran alegría y se retiraron mientras alababan a Buddha.»
III

EL «GRAN SÛTRA DEL BUDDHA

DE LA VIDA INFINITA»


El «Gran Sûtra» empieza con una grandiosa visión. Buddha Sâkyamuni habita en el Pico de los Buitres, cerca de Râjagriha, rodeado de una multitud de discípulos y de Bodhisattva. De pronto su cuerpo aparece transparente y luminoso. La asamblea se ve atravesada por un estremecimiento de alegría.
En eso, todos los sentidos del Venerado del Mundo empezaron a irradiar de felicidad y su belleza alcanzó la pureza absoluta. Y su rostro de luz, lo sublime.

El Venerable Ananda, percibiendo la divina intención de Buddha, se levantó de su asiento, descubrió su hombro, se arrodilló respetuosamente, juntó sus manos y, tomando la palabra, dijo a Buddha:

«Hoy, todos los sentidos del Venerado del Mundo irradian de felicidad y su belleza es perfectamente pura. Sublime es su rostro de luz. Como el destello de un espejo puro, su presencia penetra por todas partes, por fuera y por dentro.

La majestad de su aspecto resplandece hasta superar la luz del sol.

Jamás se había visto nada tan maravilloso hasta ahora.

Sí, Gran Sabio, este es el pensamiento de mi corazón:

¡Hoy, el Venerado del Mundo reside en la Ley Única y Maravillosa!

¡Hoy, el Héroe del Mundo reside en el Asiento de Buddha!

¡Hoy, el Ojo del Mundo reside en la Vía más sublime! ¡Hoy, el Venerado de los dioses transmite la cualidad de Tathâgata!

Los Buddha del pasado, del presente y del porvenir se contemplan unos a otros: ¿puede ser que Buddha no vea ahora a todos los Buddha?

Si no, ¿cómo logra que su íntima naturaleza sea tan majestuosa y brille con tal claridad?»

Entonces, el Venerado del Mundo respondió a Ananda diciéndole:

«¿Son los dioses quienes te han enseñado a interrogar a Buddha, o es en virtud de tu propia inteligencia como le inquieres sobre la majestad de su rostro?»

Respondió Ananda a Buddha:

«Ningún dios ha venido a enseñarme. Sólo por mí mismo he querido indagar.»

Dijo Buddha:

«¡Es verdaderamente excelente, oh Ananda! Tu pregunta me gusta mucho.

Has expresado una profunda sabiduría y una comprensión ciertamente maravillosa. Has preguntado por compasión hacia la multitud de seres vivos.

Mediante una compasión sin límites es como el Tathâgata acoge en su piedad a los Tres Reinos.

He aquí por qué aparece en el mundo: para poner en evidencia las enseñanzas de la Vía con el deseo de salvar al ingente número de criaturas comunicándoles la verdadera felicidad.

Durante infinitos centenares de millones de Kalpa, encontrarlo es difícil, ver a un Buddha es difícil. Tan difícil como ver florecer la higuera Udumbara.

Ahora cambiaré por completo el corazón de todos los seres, tanto de los humanos como de los celestes.

Ananda, debes saber lo difícil que es medir esta sabiduría que es el Perfecto Despertar del
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