La Doctrina Búdica de la Tierra Pura






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Buddha son de orden espiritual.

Así, pues, consideradas primero como idénticas al mundo en el que los Bodhisattva ejercen su actividad misericordiosa, las Tierras de Buddha son mostradas ahora como moradas espirituales que se superponen a ese universo de los seres. Construidas sobre el fundamento de los Grandes Votos, se componen de virtudes y méritos que los autores de los Sûtra con gusto compararán a esplendorosas piedras preciosas. Este carácter espiritual de las Tierras Puras está particularmente subrayado en el «Sûtra de Vimalakîrtî»:

«El ámbito de los Bodhisattva es un ámbito donde se comprende que todas las Tierras de Buddha son absolutamente imperecederas, inmutables, parecidas al espacio… Una Tierra de Buddha es una tierra vacía…»

En otra parte, abordando el tema de la purificación de las Tierras de Buddha, el mismo documento afirma:

«El Bodhisattva que quiera purificar su Tierra de Buddha debe, en primer lugar, esforzarse por ornar hábilmente su propio pensamiento. ¿Y por qué? Porque en la medida en que el pensamiento del Bodhisattva es puro, su Tierra de Buddha es purificada.»

Esta declaración causa, en el texto, una discusión en la que la verdadera naturaleza de las Tierras de Buddha es revelada a plena luz.

En efecto, al oír estas palabras, Sâriputra empieza a reflexionar y una objeción de envergadura surge en su corazón: si lo que acaba de decirse es cierto, hay que creer que el propio pensamiento de Buddha es impuro, ya que este mundo donde vive está cubierto de impurezas. Sâkyamuni, percibiendo el pensamiento de su discípulo, le responde con una parábola: si los ciegos de nacimiento no ven el sol, no es culpa del sol. Y añade: «Si los seres no ven el esplendor de las cualidades de la Tierra de Buddha del Tathâgata, la culpa es de su ignorancia, no del Tathágata. Sâriputra, mi Tierra de Buddha es pura, pero tú no la ves.»

Afirmaciones de este género se encuentran en otros textos búdicos. Por ejemplo, puede leerse en el «Sûtra del Loto»:

«Cuando los seres vivos ven que sobreviene el fin de los tiempos y que el gran incendio abrasa esta morada, esta tierra mía permanece tranquila y apacible, siempre llena de hombres y dioses.

Los seres vivos gozan en ella de numerosos recreos: jardines con grandes palacios, colinas compuestas de toda clase de joyas, árboles preciosos cubiertos de flores y frutos.

Los dioses redoblan allí los tambores celestes y hacen resonar hábiles melodías. Haciendo llover flores de Mandârava, las derraman sobre Buddha y la multitud que le rodea.

Mi Tierra Pura no se destruye, ni siquiera cuando los seres, sobrecogidos de temor, la vean completamente abrasada y cubierta de miserias.»

Las Tierras de Buddha son, por tanto, todo pureza para los Buddha que reinan en ellas, pero aparecen repletas de miserias a los ojos de los seres ordinarios que las habitan.

El «Sûtra de Vimalakîrtî» explica esta diferencia mediante una comparación:

«Los hijos de los dioses “Treinta y tres” comen de un único y precioso recipiente, pero la ambrosia, que es el manjar de los dioses, se diferencia según la diversidad de los méritos acumulados por ellos. De igual manera, Sâriputra, los seres nacidos en una misma Tierra de Buddha ven en función de su pureza el esplendor de las cualidades de la Tierra de Buddha de los Buddha.»

Paralelamente a esta noción, aparece otra en el texto: si una Tierra Pura parece impura a los seres, no es sólo porque su corazón sea impuro, sino también porque la miseria que ven en ella les resulta de una gran utilidad para su desarrollo espiritual:

«Sâriputra, mi Tierra de Buddha es siempre igual de pura, pero para que los seres inferiores maduren, el Tathâgata hace que parezca un campo viciado por numerosos defectos.»

En otra parte los preciosos adornos de las Tierras Puras son considerados los medios hábiles que sirven a la causa de todos los seres:

«Es maravilloso que los Bienaventurados Buddha que penetran la igualdad de todas las cosas, manifiesten toda clase de Tierras de Buddha para que maduren los seres.

Hay Tierras de Buddha en las que Buddha actúa a través de los Bodhisattva, de las luces, del Árbol de la Iluminación, de la visión de la belleza y de los signos físicos del Tathâgata, de seres ficticios, de los hábitos, de los sitiales, de la comida, del agua, de los bosquecillos, de inmensos palacios, de belvederes, del espacio vacío o también de la iluminación del espacio. ¿Y por qué? Porque los seres se convierten en virtud de tales medios salvadores.»

El texto afirma también que hay Tierras de Buddha que salvan a los seres por los sonidos melodiosos que resuenan en ellas, por la predicación de la Ley, por su sosegado silencio o incluso por las pasiones y las obras de Mâra, el Tentador.

Los mismos elementos enumerados en el «Sûtra de Vimalakîrtî» son los que utilizan las descripciones de la Tierra de la Felicidad tal como pueden leerse en los «Tres Sûtra».

Estas consideraciones han permitido a los Maestros de la Tierra Pura distinguir dos planos en la Tierra de la Suprema Felicidad. El más alto se llama «Tierra de Retribución» o «Tierra del Cuerpo de la Ley»: es idéntico al Nirvâna y realmente no puede ser descrito. Para hacer volar la imaginación de los seres e inducirlos así a tender hacia él, Buddha lo describe con el aspecto de una tierra maravillosa, engalanada de ornamentos y dotada de todas las cualidades. Aquí se trata de los medios hábiles. Este plano de la Tierra de la Suprema Felicidad se llama «Tierra de los Medios hábiles».

Más arriba hemos definido tres sentidos de la expresión «Tierra de Buddha». Se comprende ahora que es el tercer sentido, el más elevado, el que consideran los Sûtra del Gran Vehículo cuando describen los maravillosos adornos de los mundos donde habitan los innumerables Buddha. Las Tierras de Buddha son realidades de orden espiritual. Constituyen un plano superior de conciencia donde todo es visto en un estado de pureza perfecta, porque todo se percibe con un pensamiento sin apegos, es decir, tan vacío como el espacio.

En consecuencia, cuando un Sûtra afirma: «En tal dirección existe un mundo que se llama de tal manera. Allí es donde vive un Buddha llamado tal o cual», esto nada tiene que ver con las afirmaciones de los geógrafos o de los astrónomos: «En dirección al Oeste existe un continente llamado América», o bien: «En el hemisferio meridional hay una constelación que se llama Cruz del Sur.» En realidad la afirmación de los Sûtra significa: «Existe un plano superior de consciencia al que tú puedes tener acceso.»

El «Sûtra de Amida» comienza con la siguiente afirmación:

«En dirección al Oeste, más allá de una miríada de millares de millones de Tierras de Buddha, existe un mundo llamado Tierra de la Suprema Felicidad.

En esa Tierra vive un Buddha que se llama Amida.

Allí reside actualmente y allí enseña la Ley.

Sâriputra, ¿por qué se le llama a ese mundo Tierra de la Suprema Felicidad?

En ese mundo no hay caudal de sufrimientos para su multitud de habitantes. Al contrario, están colmados de gozo. He aquí por qué es llamado “Tierra de la Felicidad”.»

Podemos parafrasearlo ahora así:

«Más allá del mundo de la Impermanencia, hay un plano superior de consciencia que se llama “Suprema Felicidad”. Ese plano de consciencia es el de los Buddha. Todos aquellos que tienen acceso a él, son liberados del sufrimiento y gozan de una felicidad inefable.»
XIV

LA COMUNIÓN UNIVERSAL


A través de la doctrina de las Tierras Puras tal como aparece los «Tres Sûtra», «La enseñanza de Vimalakîrtî» y los libros del Gran Vehículo, se perfila la siguiente concepción: el universo de los seres es objetivamente maravilloso y puro, de una extraordinaria belleza, si bien, lleno de preocupaciones vulgares, de pasiones y sufrimientos, los seres no se dan cuenta de ello. Inconscientemente, proyectan en la realidad todo lo que llevan en lo más profundo de sí mismos. Este universo les parece entonces vulgar, manchado de suciedades, con altibajos, repleto de miserias y sufrimientos. Sólo en los seres cuyo pensamiento está purificado por completo, el mundo se muestra con su verdadera claridad, es decir, receptáculo de belleza y armonía, fuente inagotable de felicidad.

En efecto, para estos seres de pureza, las barreras se derrumban, los obstáculos se desvanecen. La realidad se convierte en algo transparente y sosegado. En este nivel, todas las Tierras de Buddha, inherentes a la inmensidad del universo, se superponen y se compenetran. El plano de la consciencia superior y absolutamente pura de los Buddha es la comunión universal. Por todas partes brilla la gozosa luz de los Buddha, por todas partes resuena el Sonido de la Ley Suprema.

En el «Sûtra de Vimalakîrtî», este sabio, en un momento dado, hace que aparezca el universo Abhirati, situado al Este y habitado por el Buddha Akshobhya. En un instante, lo transfiere al monte Sahâ, es decir, a nuestra tierra. El texto añade:

«Aunque el universo Abhirati fue introducido en el universo Sahâ, no se comprobó en éste ni aumento ni disminución: ni ha estado comprimido ni obstruido. Tampoco aquél se ha visto reducido. Ambos han aparecido después tal como eran antes.»

En el «Sûtra de la Guirnalda de Flores», la interpenetración de las Tierras Puras es descrita con términos de una gran belleza:

«Nada puede detener al poder espiritual de Buddha. Todas las Tierras de Buddha presentan, según nuestro propio espíritu, aspectos diversificados hasta el infinito; ya puras, ya degradadas, giran en ciclos de goce y sufrimiento, y todas las cosas persiguen su evolución y son cambiantes. Todas las Tierras de Buddha se penetran mutuamente y son innumerables. Abarcan todo el universo y se mueven con perfecta espontaneidad. En una sola Tierra de Buddha están comprendidas todas las Tierras de Buddha y cada una incluye en sí a las demás. Sin embargo, ninguna está dilatada ni comprimida, y cada una de ellas abarca las diez regiones del mundo, y todo el universo, con todo su contenido, está comprendido en una sola.»

En los «Tres Sûtra» esta idea reviste dos formas diferentes.

Por una parte, todos los Budha repartidos por las Tierras Puras de todas las direcciones, cantan las inconcebibles virtudes del Buddha Amitâbha y proclaman su Nombre. Esto implica que la Tierra de la Suprema Felicidad refleja todas las Tierras de Buddha y que éstas, en su conjunto y cada una en particular, reflejan la imagen del reino de Amitâbha.

Por otra parte, los habitantes de ese mundo de pureza contemplan constantemente todas las Tierras de Buddha repartidas por el infinito del espacio, y cada mañana recorren todas las direcciones para honrar con múltiples y variadas ofrendas a todos los Buddha Bienaventurados. Esto significa que su pensamiento es capaz de reflejar todos los mundos y que su amor, en el seno de una comunión universal, puede abrazar a todos los seres.

Se puede deducir de todo lo precedente que la doctrina de las Tierras Puras no es el fondo sino una manera nueva y extraordinariamente poética de definir los principios fundamentales que Sâkyamuni enunció en su discurso de Benarés:

«Existe el Sufrimiento». Dicho de otro modo, este mundo está lleno de impurezas y miserias.

«Existe el Origen del Sufrimiento». Si este mundo es impuro es porque nuestra mente no funciona bien, cegada como está por la ignorancia y las pasiones.

«Existe la Supresión del Sufrimiento». Al nivel de la consciencia superior, es decir, al nivel del Nirvâna, este mundo es puro, es paz y felicidad, es libertad total.

«Existe el Camino que conduce a la Supresión del Sufrimiento». Si queremos vivir en lo real y ver este mundo como es, si queremos beneficiarnos de la gran paz y de la suprema felicidad, debemos «ornamentar hábilmente nuestro pensamiento» y purificar completamente nuestro corazón.
XV

EL RENACIMIENTO EN EL «SÛTRA DE AMIDA»


El sabor único de todas las enseñanzas búdicas es el de la liberación. Los «Tres Sûtra» no predican otra cosa. Sin embargo, en ellos la liberación toma el aspecto de renacimiento en la Tierra de la Suprema Felicidad.

Renacer en la Tierra de Pureza se revela, pues, como el punto central de los «Tres Sûtra». La causa de este renacimiento constituye su cuestión fundamental. Cada uno de ellos responde a esta cuestión a su manera, si bien sus diferentes respuestas se muestran complementarias.

Escuchemos en primer lugar lo que dice el «Sûtra de Amida»:

«Sâriputra, no puede nacerse en esta Tierra mediante raíces de bien o virtudes de poca importancia.

Sâriputra, si hijos o hijas de bien oyen hablar del Buddha Amida y guardan su Nombre durante un día, o dos, o tres, o cuatro, o cinco, o seis, o siete días, con un corazón unificado y sin agitación, en el momento de su muerte el Buddha Amida aparecerá ante ellos con toda la multitud de Santos. En el momento de morir su corazón no desfallecerá: al punto, obtendrán el renacimiento en la Tierra de la Suprema Felicidad del Buddha Amida.

Sâriputra, he dado esta enseñanza porque he visto el efecto y la causa. Todos los seres vivos que la escuchen deben emitir su voto de renacer en esa Tierra.»

Como se ve, la respuesta es simple: hay una causa, hay un efecto.

El efecto es el renacimiento. Al morir se tiene acceso al plano de consciencia sin apegos que es el de los Buddha. Otro efecto, que «el corazón no desfallecerá» ante la muerte próxima; dicho de otro modo, que la muerte será tranquila y confiada.

La causa, es la guarda en el corazón del Nombre de Amida. Guardar el Nombre es pensar en Buddha como supremo ideal de vida. Pensar en Buddha cristaliza en la recitación del Nombre. Hay que resaltar, a este respecto, que esta recitación se realiza en calma y con confianza, «con un corazón unificado y sin agitación». La mención de los días hasta siete, sugiere que esta práctica debe ser algo duradero, incluso de continuo, que el recuerdo de Buddha sirva como telón de fondo a todas las actividades de la vida.

El final del citado pasaje añade, a la invocación confiada del Nombre, otro elemento: «el voto de renacer en esa Tierra». Recitar el Nombre de Amida carece de significado si no se está resuelto a tener acceso al plano de consciencia que la Tierra Pura simboliza.

El Sûtra subraya, en otro lugar, la eficacia de este voto:

«Sâriputra, si hay seres que, en el pasado, han emitido el voto de renacer en la Tierra del Buddha Amida, lo emiten ahora o lo emiten en el porvenir, todos ellos alcanzarán, sin nunca más retornar, el Supremo y Perfecto Despertar. Han nacido en esa Tierra en el pasado, nacen en ella ahora o nacerán en el porvenir.»

El conjunto de la práctica deriva evidentemente de la fe que se tenga en este Sûtra. Esta fe es una disposición interior muy importante, punto sobre el que insiste el Sûtra de manera muy solemne. Todos los Buddha de las diversas regiones del espacio invitan a los seres a creer en esta enseñanza; por todas partes resuena su voz diciendo: «Vosotros también, multitud de vivientes, desarrollad en vosotros la fe en este Sûtra que alaba las virtudes inconcebibles del Buddha Amida protegido y proclamado por todos los Buddha.»

Creer en el
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