Celebración Eucarística clausura del mes del matrimonio y de la familia y inauguración del mes del migrantes






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Encuentro para comunidades


Parroquia Samaritana: un camino de fe, esperanza, justicia y paz por un mundo sin fronteras”.

  1. Saludo

Bienvenidos hermanos y hermanas a este encuentro en que nos sumamos a miles de cristianos para reflexionar sobre la Palabra de Dios y encontrar la mejor forma para aplicarla en nuestra vida cotidiana. Hoy vamos reflexionar el tema del mes del migrante Migraciones y Nueva Evangelización y lema “Parroquia Samaritana: un camino de fe, esperanza, justicia y paz por un mundo sin fronteras”.


  1. Canto Inicial:

Con nosotros está y no le conocemos

con nosotros está, su nombre es «El Señor» (2)
Su nombre es «El Señor» y pasa hambre,

y clama por la boca del hambriento,

y muchos que lo ven pasan de largo

acaso por llegar temprano al templo.
Su nombre es «El Señor» y sed soporta,

y está en quien de justicia va sediento,

y muchos que lo ven pasan de largo

a veces ocupados en sus rezos.
Su nombre es «El Señor» y está desnudo

la ausencia del amor hiela sus huesos,

y muchos que lo ven pasan de largo,

seguros y al calor de su dinero.
Su nombre es «El Señor» y enfermo vive,

y su agonía es la del enfermo,

y muchos que lo saben no hacen caso,

tal vez no frecuentaba mucho el templo.
Su nombre es «El Señor» y está en la cárcel

y está en la soledad de cada preso,

y nadie lo visita y hasta dicen:

«tal vez ese no era de los nuestros».
Su nombre es «El Señor» el que sed tiene,

Él pide por la boca del hambriento,

está preso, está enfermo, está desnudo;

pero Él nos va a juzgar por todo eso.

3. Reflexión desde la Palabra de Dios

Porque fui… forastero y ustedes me recibieron en su casa” (Mt.25, 35-40)
Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.» Entonces los justos dirán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y te fuimos a ver? El Rey responderá: «En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.»
Palabra del Señor.

Gloria a ti Señor Jesús.
En este Evangelio Jesús nos enseña cómo ser buenos samaritanos. El hambriento, el sediento, el privado de libertad, el migrante, los niños y las viudas eran los más necesitados en el tempo de Jesús. Todavía hoy estés grupos de personas siguen siendo los más necesitados, pero muchas veces también marginalizados y rechazados, abandonados en la sociedad. ¿Cuáles otros grupos de personas en nuestra sociedad son marginalizados y excluidos y por eso necesitan de nuestra escucha, acogida y solidaridad? ¿Qué violencias se comete en contra de ellos? ¿Cuál es nuestra actitud frente a estas violencias? ¿Cuáles hechos concretos necesitamos tener en nuestra comunidad para que nuestra parroquia sea samaritana, o sea, promotora de la justicia y equidad para todos?
En especial podemos reflexionar sobre la realidad de los migrantes y sus familiares. Ya en Levítico capitulo 19, versículo 34 encontramos la voz protectora de Dios que decía al pueblo de Israel “Al forastero que reside junto a vosotros, le miraréis como a uno de vuestro pueblo y lo amarás como a ti mismo; pues forasteros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. Yo, Yahveh, vuestro Dios”. El pueblo de Dios fue migrante, la Sagrada Familia fue migrante, Jesús fue migrante, la Biblia cuenta la vida de decenas de migrantes. Si no fuera por la migración de Pablo Jesús sería conocido solamente en una pequeña región donde vivían sus discípulos. La migración hace parte de la misma historia de la humanidad, del pueblo de Dios, pero el que está mal es la realidad de injusticia y violencia en que viven nuestros países que obligan a migrar.
Miles de personas san obligadas a migrar de su país por falta de las condiciones elementares para su vida y de su familia. Los Estados no se responsabilizan en garantizar los derechos fundamentales del ser humano como el de la alimentación, salud, vivienda, educación y trabajo. Violados en sus derechos muchos marchan rumbo a una tierra desconocida que pueda darle una mejor condición de vida, pero para la mayoría esta marcha en la ruta migratoria se vuelva una pasadía de violaciones, secuestros, explotación y hasta muerte. Todos sabemos de eso, pero ¿Por qué todavía somos duros de corazón y no nos acercamos a las personas que sufren las consecuencias de la migración forzada? ¿Por qué no miramos el migrante como uno de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nuestro pueblo como pide Dios al pueblo de Israel? ¿Por qué los papás de migrantes, esposas, esposos, hijos e hijas siguen sufriendo en su soledad la ausencia y preocupación por su ser querido que se fue, mientras hacemos bellos discursos de sernos discípulos y misioneros? La parroquia Samaritana es hecha de corazones samaritanos. ¿Tengo yo un corazón samaritano?
Compromiso

Asumir un compromiso individual y otro comunitario que le ayude a ser buen samaritano.

  1. Oración del migrante


Señor, tú me conoces y sabes el dolor y la esperanza que llevo
en el corazón. Dolor, pues mi familia se ha quedado sola y
Esperanza, ya que llevo la ilusión de lograr mejorar las condiciones
De vida para los míos.

Tú fuiste Forastero y desde muy pequeño tuviste que migrar a
otro País acechado por el peligro. También prometes
como recompensa el cielo a quienes sepan acogerte en cada
uno de los que, como Tu, vamos a otro País en busca de sueños.
Llena de tu bondad el corazón de cuántos, entendiendo nuestra
situación, nos alientan con su caridad a seguir luchando.
Bendice a quienes nos hacen el bien en tu nombre y transforma los
criterios y el corazón de cuántos se oponen, por egoísmo y orgullo,
a que nuestro ingreso sea legal en el País al que nos dirigimos.

¡Que se construyan puentes y no muros metálicos que nos permitan
encontrar una oportunidad para vivir mejor, crecer como personas
y sacar adelante a nuestra familia!

Cuida nuestro caminar. Que nunca nos sintamos solos y que no
olvidemos nuestra fe, al contrario, la salvaguardemos y seamos
testigos de ella con nuestra vida y actitudes.
Virgen Santísima tu protegiste del peligro a tu Hijo cuando
tuviste que migrar acompañando a José tu esposo. ¡Ayúdanos,
cúbrenos con tu manto y haznos tornar sanos y salvos con los
nuestros! Así sea.


  1. Peticiones libres




  1. Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre…


Canto: CRISTO TE NECESITA

Cristo te necesita para amar, para amar.

Cristo te necesita para amar. 2
No te importen las razas, ni el color de la piel

ama a todos como hermanos y haz el bien. 2
Al que sufre y al triste dale amor, dale amor,

al humilde y al pobre dale amor.
Al que vive a tu lado dale amor, dale amor

al que viene de lejos dale amor.
Al que habla otra lengua dale amor, dale...

al que piensa distinto dale amor.
Al amigo de siempre dale amor, dale amor,

al que no te saluda dale amor.

HORA SANTA





  1. Saludo: Estimados hermanos y hermanas, bienvenidos a esta hora santa en que más cerca a Jesús estaremos orando por todos los migrantes y sus familiares. Iniciamos nuestra adoración en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.




  1. Canto inicial




  1. Acto de adoración: Señor Jesucristo, realmente presente en medio de nosotras y nosotros, te adoramos y en ti glorificamos a Dios, Madre y Padre, y al Espíritu Santo, que nos une fraternalmente en el amor. Ayúdanos a descubrir que también estás presente en los más necesitados, sobre todo en quienes son pobres, migrantes, o extranjeros; ayúdanos a hacernos hermanas y hermanos suyos y permite que podamos adorarte también por medio de nuestra solidaridad y servicio, para que nuestra presencia en el altar te sea agradable. Haz que tengamos los mismos sentimientos que tuviste y seamos capaces de transformar las relaciones injustas que dominan al mundo e instaurar, contigo, tu Reino entre nosotras y nosotros.

Envíanos tú Espíritu para que con nuestras acciones te santifiquemos y con nuestra vida demostremos que somos discípulas y discípulos tuyos; y que con nuestro testimonio manifestemos que estamos convencidas y convencidos de que nuestro Dios es Santo y así también otros te adoren.

Une en el amor a quienes nutres con este Pan Eucarístico para que vivamos unidas y unidos en solidaridad. Amén.

Momento de Silencio



  1. ACTO PENITENCIAL

Somos limitados y nos cuesta amar y hacer el bien a los que no conocemos principalmente si son migrantes. Este es un pecado de exclusión que se suma a muchos otros pecados sociales relacionados con la migración forzada. Pesamos perdón a Dios diciendo después cada presentación: Señor, ten misericordia de nosotros y danos un corazón compasivo y solidario.
1. Pensemos en la grave crisis de la economía campesina y rural que le obliga a hombres, mujeres, a jóvenes y muchas veces a familias enteras a desplazarse hacia las grandes ciudades y con frecuencia hacia el extranjero, desgarrando sus raíces, dejando su cultura, su lengua, su familia.
2. Pensemos en lo agravamiento del desempleo, en los salarios que no satisfacen las necesidades familiares, en las situaciones de miseria que obligan a hombres y mujeres a dejar su casa, su tierra, a su esposa o esposo, a sus hijas e hijos, a sus padres... para ir tras la ilusión de la tierra prometida.
3. Pensemos en la desintegración familiar, debida a la ausencia del papá o la mamá que emigran, mientras quienes permanecen, sobre todo las mujeres, quedan solas al frente de la educación de hijas e hijos, de la administración del hogar y de los bienes.
4. Pensemos en los migrantes que van a otro país, sobre todo en la migración que se vuelve definitiva, en la que sufren el golpe cultural, la dificultad de otro idioma, el aislamiento, la desolación, el desarraigo, la discriminación y hasta la pérdida de valores fundamentales.
5. Pensemos en quienes viajan indocumentados, y el aumento del número de migrantes muertos en el intento; los peligros en los caminos, los engaños, y los riesgos a los que son expuestos por parte de los coyotes; el despojo ilegal por parte de autoridades locales y de los países que atraviesan; los abusos que se cometen en su contra, sobre todo de las mujeres migrantes; pensemos en el cinismo de una industria creciente de tráfico humano.
6. Pensemos en las niñas, los niños, las y los jóvenes que ven partir a su padre o a su madre al extranjero, en quienes se quedan solas y solos; pensemos en la violencia que les produce la ausencia del ser querido, la falta que les hacen su amor, afecto, orientaciones y consejos.
7. Pensemos en los atropellos a la dignidad humana de las y los migrantes, en las agresiones y la insuficiente atención que les prestan tanto las autoridades, la sociedad y la Iglesias.
8. Pensemos en la situación de las y los migrantes indocumentados que a varios años viven en otro país, situación muy preocupante, en incertidumbre, con el riesgo de una inminente expulsión, la cual dividirá a las familias.


  1. Pensemos en las deportaciones masivas, en la violación del derecho fundamental de las personas de movilizarse hacia el lugar que mejor les brinde techo y pan; pensemos en la desesperación y la frustración de las personas abandonadas sin recursos en las fronteras.


10. Pensemos en la indiferencia y en la dureza de los corazones que no se conmueven ante el sufrimiento de sus hermanas y hermanos empobrecidos y desarraigados, en quienes ingenuamente justifican la pobreza, en quienes se ocultan tras una religiosidad desencarnada para evitar ser molestados por el sufrimiento y la necesidad de las personas migrantes y sus familias.


  1. EVANGELIO

Monición: San Lucas, en su Evangelio, nos presenta al extranjero (Buen Samaritano) como modelo de acogida; que no hace diferencia de raza, cultura, idioma y credo.
Proclamación del Santo Evangelio según San Lucas Lc 10, 30-37

En aquel tiempo, un doctor de la ley le preguntó a Jesús: «¿Quién es mi prójimo?» Jesús le dijo: «Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: “Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso”

¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?» El doctor de la ley le respondió: «El que tuvo compasión de él». Entonces Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».
Palabra de Dios.

Gloria a ti Señor Jesús.
Reflexión: En este Evangelio Jesús nos enseña que para seguirlo es necesario estar dispuesto a servir, a atender las necesidades del prójimo. Nuestro amor a Jesús y nuestra relación con Él debe notarse en nuestra relación con las demás personas, como en las primeras comunidades: «Miren cómo se aman». Este amor de Jesús es la base fundamental para que nuestras relaciones en nuestra comunidad no sean de exclusión o indiferencia y sí de acogida, fraternidad, solidaridad, escucha y caridad. Si movidos por este amor logramos vivir estas virtudes, lograremos que nuestra Parroquia sea Samaritana, o sea, incluya todos desde los más pobre y necesitado. También este amor fraternal debe extenderse a los migrantes y familiares de migrantes. Por más que grande parte de nuestros hermanos y hermanas miembros de la comunidad tengan familiares migrantes, no se explica por qué tanta indiferencia, rechazo y descaso con el tema migratorio. Nuestras parroquias están llenas de familiares de migrantes que desean profundamente ser escuchados, pero ¿quienes les escucha? ¿Cuántas madres que no saben de sus hijos desaparecidos en la ruta migratoria visitamos para darle ánimo y apoyo espiritual? ¿A cuántos migrantes retornados con discapacidad estamos apoyando con nuestras oraciones, visitas y amistad? ¿A cuántos niños hijos de migrantes nos acercamos para platicarle, jugar y brindarles nuestro cariño y atención?
Momento de Silencio para reflexionar.


  1. Peticiones

Solidarios con toda la Iglesia peregrina, especialmente con quienes son migrantes, presentemos a Dios, Madre y Padre, por medio de Jesús, nuestras intenciones en este momento de oración y de adoración a Jesús en la Eucaristía y digámosle: Dios nuestro, escucha nuestras súplicas.
1. Por el Papa peregrino, por la jerarquía de la Iglesia, para que sepan guiarnos hacia la Luz, en este mundo tan violento y deshumanizado. Oremos
2. Por nuestra Iglesia local, para que juntos, pastores y comunidades siendo Parroquias Samaritanas, seamos capaces de trasformar la realidad de nuestros barrios, colonias, municipios, y la realidad de nuestro país. Oremos
3. Por las comunidades de las que salen y en las que reciben migrantes, por los familiares que se quedan, para que seamos capaces de descubrir en ellas y ellos el rostro de Cristo peregrino. Oremos
4. Por los gobiernos de los países desde los que se emigra para que legislen en favor de las mayorías y creen condiciones dignas de vida que no hagan necesario que la gente abandone su lugar de origen. Oremos
5. Por las autoridades de los países de destino, para que emitan leyes que protejan los derechos humanos: de inmigrantes, que eviten las deportaciones y para que no discriminen entre migrantes ricos y migrantes pobres. Oremos
6. Por las y los migrantes para que se acabe la violencia y el abuso en su contra, y para que encuentren la ayuda que necesitan para mejorar su vida. Oremos
7. Por todas las personas que han muerto en el intento de cruzar las fronteras, para que Dios los reciba en su Reino. Oremos
8. Por las y los migrantes que se encuentran privados de su libertad y lejos de sus familias, para que pronto puedan reunirse. Oremos
9. Por las y los migrantes para que den testimonio de su fe y de sus valores en el lugar en que se encuentren. Oremos

10. Por nuestras intenciones personales, para que Dios las escuche. Oremos
 

 
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