Celebración Eucarística clausura del mes del matrimonio y de la familia y inauguración del mes del migrantes






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JUZGAR


“Juzgar” es, en el espíritu y el lenguaje de la Iglesia, la oportunidad de analizar la realidad a luz del mensaje de Jesús y su Iglesia, para descubrir lo que está promoviendo o impidiendo la construcción del Reino de Dios, particularmente en esta dimensión de las Migraciones y la Nueva Evangelización.
Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: "He aquí que hago nuevas todas las cosas". Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio. La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos.”3 Una persona evangelizada es aquella que acogió la Buena Nueva, que es el propio Jesús, y la ha integrado plenamente en su vida, volviéndose así constructor del Reino de Dios entre los hombres. Al respecto, escribe el Papa Benedito XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.”4
Así, una América evangelizada es, pues, una América donde sus ciudadanos son testigos y portadores de un cambio interior, de una conversión al amor basada en el encuentro personal con Jesucristo, firmemente unida con el amor al prójimo, de forma que colectivamente, como sociedad, promuevan el espíritu y el compromiso del buen samaritano, atentos y preparados a atender a los más necesitados. Más sin embargo, comparando la realidad social, cultural, religiosa, política y económica de nuestras sociedades, marcadas por el secularismo, la corrupción, el egoísmo, la violencia, la discriminación, la indiferencia y la injusticia social, concluimos que para este compromiso por la justicia social sea una realidad en nuestro Continente es urgente una Nueva Evangelización.
El mismo Beato Papa Juan Pablo II no solo nos dio este nuevo término sino que nos entregó sus características principales: “Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”5. El Documento de Trabajo para el Sínodo de Obispos que se celebrará en el próximo mes de Octubre de este año, recoge y sintetiza el pensamiento actual de la Iglesia sobre la Nueva evangelización6. Entre otras afirmaciones, encontramos las siguientes: “Nueva Evangelización es… el coraje de atreverse a transitar por nuevos senderos, frente a las nuevas condiciones en las cuales la Iglesia está llamada a vivir hoy el anuncio del Evangelio… es una acción sobre todo espiritual, es la capacidad de hacer nuestros, en el presente, el coraje y la fuerza de los primeros cristianos, de los primeros misioneros. Por lo tanto, es una acción que exige un proceso de discernimiento acerca del estado de salud del cristianismo…”
Es presentar la buena nueva de Jesús como el camino del amor, la verdad, la justicia y la paz que construye el Reino de Dios en todos los pueblos. Reino de Dios es la opción por un estilo de vida basado en los valores del Evangelio. Es el amor a Dios por sobre todo, a nosotros mismos y al prójimo según el mismo amor con que Dios nos ama.
Así, la Nueva Evangelización no es una imposición de la Palabra de Dios, pero sí es una actitud interior de anuncio y acogida de Jesús, amor vivo del Padre, que se expresa en una conversión personal, familiar, eclesial, socio-económica, cultural, en fin, en todas las dimensiones de la vida humana en comunidad, y que se opone a toda forma de cultura de la muerte, expresada en todo tipo de ideología y mentalidad contemporánea que excluye al diferente y rechaza y criminaliza al migrante, o es sencillamente indiferente ante toda expresión de pobreza, denunciando un sistema económico que privilegia el capital y la inversión ante el bienestar de la persona humana.
Los cristianos de la Nueva Evangelización testimonian con la propia vida que su Dios no es un sistema económico, sino el Dios de la Iglesia universal, en la cual las fronteras no impiden que en cualquier parte del mundo el migrante se sienta acogido, tenga espacio eclesial y social para su desarrollo integral, todos sus derechos respetados y defendidos, y su dignidad garantizada. Los cristianos de la Nueva Evangelización no se guían por una ideología política, sino que levantan la bandera de la fraternidad y la solidaridad entre todos los hombres de todos los pueblos. Esta es la verdadera fuente de la paz: la equidad y la justicia para todos.
La Nueva Evangelización, en el campo de las migraciones tiene como punto de partida el cambio de una cultura basada en las barreras que se ponen al que llega de afuera, las fronteras como impedimentos al tránsito de las personas pero no de los bienes materiales, la violencia, la discriminación, el sufrimiento y la muerte de los migrantes, por una cultura de vida y de paz, de acogida y solidaridad, donde no es la economía sino la dignidad humana el valor más importante. A este modelo de cultura el Papa Pablo VI le llamó la Civilización del Amor.


  1. ACTUAR


Mons. Ángel Garachana, Obispo de San Pedro Sula, Honduras, en la revista de la Campaña de Evangelización 2012, haciendo referencia a la parábola del Buen Samaritano (Lc. 10, 25 – 37), destaca cuatro verbos: lo vio, se compadeció, se acercó y lo curó.

Partiendo de esos cuatro verbos tenemos los siguientes pasos-compromisos:

  1. Ver: con ojos de justicia y dignidad a tantas realidades de sufrimiento que tocan de cerca tanto a los migrantes como a sus familiares dentro y fuera de su país.




  1. Compadecerse: es decir, experimentar con el migrante y sus familiares los sentimientos de nostalgia, abandono, tristeza, miedo y tantos más, de acuerdo con las diferentes experiencias que se dan a raíz de una migración forzada. Es salir de mi propio yo y lograr ver a las otras personas y sus necesidades, tal como ellos mismos las sienten. Como dice el Papa Benedicto XVI en su Mensaje: “Su sufrimiento reclama…que haya actitudes de acogida mutua, superando temores y evitando formas de discriminación, y que se provea a hacer concreta la solidaridad mediante adecuadas estructuras de hospitalidad y programas de reinserción.”




  1. Acercarse: esta es una de las más importantes actitudes que caracterizan al discípulo y misionero, pues solo estando junto con el otro y conociendo sus necesidades, es que se puede identificar cuál es esa realidad del migrante a la que nuestra pastoral debe responder. Es ser como Jesús que ni era indiferente ni observada de lejos la realidad de su pueblo, sino que, acercándose a los suyos, compartía la casa y el pan de los pobres, enfermos y discriminados de su tiempo. Igualmente hoy, compartir el pan es compartir la vida. Indiscutiblemente, “acercarse” es una opción pastoral de fundamental importancia, no solo para con los miles de migrantes que se sienten solos y abandonados por el camino, sino también con los familiares que han dejado atrás en sus países de origen. Pero también muchas son las personas en las comunidades y parroquias que sufren solas y no encuentran apoyo de nadie porque falta este acercamiento del buen samaritano o samaritana.

  2. Curar: es la acción impulsada por el ver, compadecerse y acercarse. Sin la acción, todo lo que debería ser servicio hacia al prójimo que sufre se queda en sentimientos y emociones, inútil y estéril para transformar una realidad. El mismo hecho de que el prójimo es un ser humano, hijo amado de Dios, justifica de por sí todo el servicio pastoral que podamos brindarle, sin importar su etnia, religión, nacionalidad y color. Es importante recordar que el primero y fundamental servicio que se puede prestar a cualquier ser humano es la escucha. Escucha atenta, respetosa, sin prejuicios y discriminación. Muchas veces solo el hecho de escuchar puede sanar sentimientos y emociones que se pudrían en el corazón de una persona abandonada en su soledad. Curar las heridas físicas, emocionales, espirituales, etc, de los migrantes exige un amplio espíritu de colaboración entre todos los católicos. Es como nos dice el Papa Benedicto XVI en su Mensaje: “… las Iglesias de origen, las de tránsito y las de acogida de los flujos migratorios intensifiquen su cooperación, tanto en beneficio de quien parte como, de quien llega y, en todo caso, de quien necesita encontrar en su camino el rostro misericordioso de Cristo en la acogida del prójimo.”


Es importante subrayar que Parroquias Samaritanas son hechas de corazones samaritanos, de personas que desde su hogar testimonian la fraternidad y la solidaridad para con el prójimo y que lucha por la justicia y la paz para que todos tengan vida y vida en abundancia. Nuevamente las palabras del Papa Benedicto XVI nos iluminan: “Los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, los laicos y, sobre todo, los hombres y las mujeres jóvenes han de ser sensibles para ofrecer apoyo a tantas hermanas y hermanos que, habiendo huido de la violencia, deben afrontar nuevos estilos de vida y dificultades de integración. El anuncio de la salvación en Jesucristo será fuente de alivio, de esperanza y de «alegría plena» (cf. Jn 15,11).”


  1. CELEBRAR




CELEBRACIÓN EUCARISTICA
Clausura del mes del matrimonio y de la familia e inauguración del mes del migrante

26 de agosto
I.- Monición de entrada

Queridos hermanos y hermanas portadores de la Paz, bienvenidos a la casa del Padre.

El día de hoy clausuramos el mes del matrimonio y de la familia e inauguramos el mes del migrante. Anualmente celebramos esta Eucaristía con el propósito de que cada familia hondureña imite a la Familia de Nazaret que vive en sencillez, humildad y alabanza, en donde el otro es Cristo. Siendo así podremos construir una sociedad justa en donde cada persona que la conforma pueda vivir con la dignidad de los hijos de Dios.

La Iglesia nos convoca para que los miembros de las familias, unidas al Papa Benedicto XVI, conozcamos y trabajemos por los migrantes y sus familiares. Este año el tema de reflexión para el mes del migrante es “Migraciones y nueva evangelización”, con el lema “Parroquia Samaritana: un camino de fe, esperanza, justicia y paz por un mundo sin fronteras.
A través del amor de Jesús se derribó el muro que separaba a judíos de gentiles. Hoy los cristianos estamos llamados a borrar las líneas imaginarias de las fronteras que nos separan de otros hermanos (as) de diferentes países, de diferentes etnias o de comunidades al interior del mismo país. Estamos comprometidos a llevar la noticia de que Cristo está resucitado. Además de las palabras debemos demostrarlo con los hechos, siendo familias solidarias y acogedoras, expresión viva del amor de Dios en la construcción de Parroquias Samaritanas.
Pongámonos en camino, rememos mar adentro, no tengamos miedo, como decía nuestro Beato Juan Pablo II; …pidamos a nuestras autoridades que aprueben y hagan vigentes las Políticas de Estado y Leyes que propicien las condiciones para que nuestros niños, jóvenes, mujeres y hombres no tengan que verse forzados a migrar.

Con Fe y Esperanza, demos inicio a esta fiesta Eucarística con el canto de entrada.



  1. Antífona de entrada




  1. Acto penitencial



  1. Gloria




  1. Oración de la colecta




  1. Liturgia de la Palabra


Primera Lectura: Josué 24, 1-2a. 15-17.18b

Monición: La pregunta está hecha para todos los que escuchan la Palabra, autoridades y pueblo en general y a nosotros en especial, demos respuesta, ¿queremos servir al rey de éste mundo o serviremos a nuestro prójimo y a Dios Padre que por medio de su hijo Jesucristo nos dio la vida eterna?.
Lectura del Profeta Josué

En aquellos días, Josué reunió a las tribus de Israel en Siquem. Convocó a los ancianos de Israel, a los cabezas de familia, jueces y alguaciles, y se presentaron ante el Señor. Josué habló al pueblo: "Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis; yo y mi casa serviremos al Señor." El pueblo respondió: "¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por donde cruzamos. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!"
Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial: 33
Todos: Gustad y ved qué bueno es el Señor
Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor; que los humildes lo escuchen y se alegren.
Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos; pero el Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias; el Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor; él cuida de todos sus huesos, y ni uno solo se quebrará.
La maldad da muerte al malvado, y los que odian al justo serán castigados. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él.
Segunda Lectura: Efesios 5, 21 – 32


Monición: En esta segunda lectura, san Pablo habla de la unión del hombre y la mujer como una imagen de la unión de Jesucristo con la Iglesia. Cierto que habla con la mentalidad propia de su tiempo, pero sobre todo debemos fijarnos en la profundidad de esa unión, fundamentada en un amor tan grande que convierte a los dos en una sola cosa.
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios
Hermanos: Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne." Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
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